Tierra Adentro
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Primera noche

I

Nada hay más que desastre: llena está la sangre de luz ¿Es el sistema solar o el circulatorio el que ilumina día a día?

El tiempo, el aire se consume las ciudades, las penínsulas la realidad inmóvil, su figura animal que andando se acabó.

El siglo es tempestad que se hunde en el cielo y brutal y moribunda es la lluvia porque renace de sí misma, construye los desiertos colma la fosa de la vida mientras el polvo devora todo desde los huesos hasta las montañas, los milenios y las flores.

Incapaz de rebelarse el cuerpo, de expandirse más que el agua y el aceite que son el vino y la sangre cuando el sacrificio significa quemar el pasado como si fuera un libro. Así comienza el desastre, un presagio incandescente, inminencia total.

II

El miedo de las cosas a morirse a fundirse con los sueños que las hicieron posibles en un infierno que tiene rotación y traslación y donde el mar no huele como las tinieblas que inventan los ojos de quienes escriben con el rayo y leen en los confines de los aires el número del día y la cantidad de olas que hay allí adelante donde ustedes sólo ven ruinas.

Años y ruinas en este lugar agallas, branquias, pulmones: ruinas la materia es ruina preguntas, respuestas, hospitales calabozos, paraísos no más que ruinas. Es esto y es otra cosa.

III

Las aguas del diluvio salen aún de los baños y cocinas de este hotel y los cadáveres de cientos de ciudades resplandecen monumentales en su resurrección, pues no volverán a vivir.

Toda la noche oí los neones desde mi ventana; se quemaba mi poema y su hoguera es esta R.

Regreso del ángel

Mi corpus secreto espera seguir volando a pulso en silencio sin que haya rastros de mí

Los huelo en el mapa de todos estos años y aparecen en otros cuerpos

Cada R es un catálogo pornográfico del tacto entre dos espaldas que guardan un secreto

La cerveza es luminosa Veo mi mano mi lengua y mi ojo ofreciéndose de un solo golpe al aire Solo y se oyen las aves de mal agüero derramándose desprendiéndose cayendo anticipando Y sé yo sé que el cielo es un colchón donde gemir en la oscuridad como el embrión dormido de un nuevo santo

El cuerpo limpia su soledad con el deseo por eso no es importante otros brazos otros muslos otros dedos escriben una biografía póstuma en él en la altura de su imaginación sobre los cables eléctricos donde hacen fiestas de papel picado y las cenizas vuelan al mar

Vienen entonces estigmas del futuro en su papel

sobre la piel suave después llega el milagro

Guárdenselo               Silencio

Blancos glóbulos

pasillos        ojos        cloro       gusanos

para sí        sólo para sí

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“Primera noche” es una reescritura a partir de El reposo del fuego de José Emilio Pacheco (1939-2014) y “Regreso del Ángel” es una reescritura a partir de Sus brazos labios en mi boca rodando de Sergio Loo (1982-2014). Ambos poemas son parte del libro Debajo de la Lengua (2009). In memoriam.