Tierra Adentro

El productor inglés Willi Holland, también conocido como Quantic, en colaboración con el musicólogo bogotano, Mario Galeano, de Frente Cumbiero, un grupo nativo de aquel país, lanzaron en el 2012 el disco Ondatrópica. El cual provocó un cisma en la música colombiana de las proporciones y efectos similares a los que causó en Cuba el proyecto Buenavista Social Club (1996) de Juan de Marcos y Ry Cooder, quien con la visión y brío necesarios realzó un valioso acervo musical de aquella isla.

El británico había dejado atrás una carrera de gran reconocimiento, tanto en calidad de productor como haciendo de Dj. Fascinó a Europa con la riqueza musical del folklore colombiano y se instaló en el país sudamericano para hacerse de muchísimo material añejo y conocer a músicos veteranos; entró en contacto con el líder de Frente Cumbiero y juntos le devolvieron las ganas de tocar a un puñado de veteranos. Pertrechos de un antiguo equipo análogo en la legendaria compañía discográfica Discos Fuentes, recurrieron a sus viejas glorias y pasaron siete meses grabando a sus anchas.

Definitivamente, Holland no cambió de continente para perder el tiempo. Se instaló en Cali, ciudad de aquel país, para no parar y multiplicar sus proyectos: The Quantic Soul Orchestra, Quantic and his Combo Bárbaro, Flowering Inferno, Quantic & Alice Russell y Ondatrópica.  Lo mejor de todo es que ha sabido establecer lazos con otros músicos de allá: Markitos Micolta, Alfredito Linares y Pedro Ojeda, entre otros.

Apenas en el pasado XV Festival Vive Latino pudimos sorprendernos con sus habilidades para mezclar discos de siete pulgadas –los vinilos pequeños–. Durante su set logra cambios abruptos entre temas antiguos y novedades. Su rango de elección es muy amplio y potencia lo impredecible en sus intervenciones; no se trata de desplantes de lujosa técnica sino un tupido viaje de diversidad sonora: cumbia villera, chicha, salsa, mambo, temas sonideros y demás.

Su incansable espíritu creador le ha llevado a editar un nuevo disco, Magnetica (Tru Thoughts, 2014),  bajo su apelativo más conocido y compacto, tras ocho años de no hacerlo. Después de escucharlo por primera vez, bien podemos señalar que el músico y productor da cuenta de una forma sintética de las vivencias acumuladas en todos estos años. Se aprecia que puso esmero para hacer caber distintas vertientes estilísticas sin que el resultado perdiera coherencia.

El sucesor de An Announcement To Answer (2006), tras un comienzo burbujeante e instrumental –sumamente sexy–  que le da nombre, no tarda en acudir a Alice Russell, una de las cantantes más exquisitas con las que suele trabajar. “You Will Return” es un clavado en el folk psicodélico de antaño al que se le incorpora un banjo que luce elegante junto a unas cuerdas majestuosas. Se nota que ha sabido asimilar las aportaciones de maestros como David Byrne a la hora de apropiarse de la aldea global.

Actualmente, Holland se trasladó a Nueva York a vivir una temporada, aun así considera cada contexto donde ha estado en su quehacer artístico; en él no hay referencias únicamente de Sudamérica, sino que hace caber sonoridades procedentes de Jamaica, África y el mundo árabe.

Incorpora unos metales salvajes y lujosos junto a teclados vintage haciendo maridaje con secuencias rítmicas programadas –que le brindan la pátina de actualidad–. A eso se refiere cuando nombra “Descarga cuántica” a un tema en el que se acompaña de dos gigantes de la música colombiana: Fruko y Michi Sarmiento; pero también sabe mostrarse como discípulo adelantado de Mad Professor y Lee “Scratch” Perry cuando se acerca al dub en compañía de Shinehead, estrella del reggae; “Spark It” es una fusión caribeña total con un saxofón de la vieja escuela a plenitud.

Will es un músico en toda la extensión de la palabra, ya que sabe de arreglos y orquestaciones. Se nota que dirige a los participantes y consigue composiciones originales.

Dos son los cortes que concentran la atención: el sencillo “Duvidó”, que cuenta con una excelente sección de marimba y en el que la parte vocal la lleva la cantante angoleña-portugués Pongo Love, miembro de Buraka Som Sistema. Punteos de guitarra, exuberancia rítmica y visión de futuro. Percusiones tribales que se ajustan a una especie de vals hip hop atascado de subgraves.

El otro hallazgo notable es “Sol clap”, en la que no recibe ayuda externa y se da tiempo para secuenciar una flauta andina sobre un tema que se volverá uno de los favoritos de los cazadores de delicatessen musical. No cuesta trabajo imaginarla siendo pinchada por alguien como Gilles Peterson y haciendo enloquecer a los clubbers con esa línea de viento que conduce la pieza con toda la magnificencia del High Life africano. Holland hace que dos continentes se encuentren y convivan desatando una fiesta sin fronteras.

Algo que no se agota fácilmente, es el etíope Dereb The Ambassador, enriqueciendo con su canto “Arada”, y el tremendo acordeón vallenato de Aníbal Velásquez sazonando en “La callejera”; sin faltar el peculiar timbre de voz de la vocalista de Ondatrópica, Nidia Góngora,

Es increíble que un universo tan vasto se expanda apenas en 13 piezas que conforman Ondatrópic; y eso que Quantic promete sorpresas: trabaja en un disco que explorará la influencia del Jazz en los ritmos tropicales de Haití. Se trata de alguien que ama al pasado como el mejor pretexto para imaginar un futuro posible.

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
De los años sesenta tomó la inconformidad recalcitrante; de los ochenta una pasión crónica por la música; de los noventa la pasión literaria. Durante la década de los dosmil buscó la manera de hacer eclosionar todas sus filias. Explorando la poesía ha publicado: Loop traicionero (2008), Suave como el peligro (2010) y Combustión espontánea (2011). Rutas para entrar y salir del Nirvana (2012) es su primera novela. Es colaborador de las revistas Marvin, La mosca, Variopinto e Indie-rocks y los diarios Milenio Hidalgo y Reforma, entre otras publicaciones.
La imagen ausente, dir. Rithy Panh, Francia-Camboya, 2013.

Ambulante, Gira de Documentales 2014, recorrió lo contrastante de la existencia con títulos aclamados nacional e internacionalmente. Este viaje incluyó temáticas que muestran un profundo malestar humano a través del arte (Cutie y el boxeador), la política (La imagen ausente), y la justicia (Criminólogos: una mirada al abismo). Desde diferentes perspectivas, los directores Zachary Heinzerling, Rithy Panh y Barbara Eder exploran la ambivalencia de la conciencia humana; así, la ausencia, el otro y lo amoroso son tres facetas que encarnan esta separación.

El camboyano Rithy Panh decidió regresar al momento en que vio caer la memoria de una niñez feliz; abrigar los recuerdos amargos, el dolor y la soledad; contar la desazón de una nación para entender que el aislamiento es una forma de recobrar lo perdido. En La imagen ausente, Panh narra los horrores cometidos durante el régimen del dictador Pol Pot, momento en que Camboya se transformó en Kampuchea Democrática.

El director recurre a fotos, piezas musicales, audio, video y figuras de arcilla para mostrar un capítulo negro en la historia de su país. Gracias a un trabajo de investigación sobresaliente, La imagen ausente reúne distintas formas de expresión que buscan encontrar la reivindicación. La cuidadosa selección de los archivos,la labor con la arcilla y el guión son los pilares para que el espectador sea un testigo de las crueldades que recaerán en el dolor de Panh y sus compatriotas. La brutalidad de ser ausencia a pesar de existir como hombre deja huellas imborrables impresas en el estilo cinematográfico del cineasta.

Candidata en los premios Oscar en la categoría a Mejor Cinta Extranjera, La imagen ausente combina un estilo que podría considerarse infantil por el uso de figuras de arcilla, con una estructura reforzada con vivencias y pasajes melancólicos que ironizan el anhelo de cambio de un país que experimentó los rezagos de la dictadura. Sin embargo, fue esta experiencia violenta la que Panh usó para comprender que las raíces propias están en la memoria.

Este largometraje es un catalizador, una deuda saldada con los que ya no están. La dimensión de significado del exilio oscila en arenas movedizas. Lo político y social de una nación representada a través de la experiencia de un individuo surge de la necesidad de mirar al otro. Cuando se comprende que el hombre es absolutamente social, los alcances de estos conceptos invaden la otredad como una experiencia única de conocimiento y hallazgo.

La otredad es compleja, conocer al “otro” es una tarea titánica y abrumadora que no da licencias. Ser parte de la historia de alguien más es un ciclo hermético que se ve comprometido cuando esa historia es la del binomio por excelencia: asesino serial-criminalista. ¿Cómo equilibrarlos? Criminólogos: una mirada al abismo (2013), de la cineasta austríaca Barbara Eder, se atreve a explorar la cotidianidad de los criminalistas y todas sus implicaciones.

La particularidad de esta cinta es su naturaleza que resalta emociones como la ira, la violencia y el desasosiego. El documental se desenvuelve con un ritmo lento y se apropia de temáticas ambiciosas: un collage de vivencias criminales en Virginia, Chicago, Alemania, Finlandia, Sudáfrica y otras partes del mundo.

Los protagonistas son sujetos que asumen la reclusión como individuos dueños de su propia vida: el descuido, la monotonía, el trabajo imparable y absorbente que ahoga poco a poco su voluntad. A pesar de la larga presencia en diferentes medios, estas personas son los estudiosos de la mente criminal, los bichos raros que “adoptan” los vicios del hombre como parte fundamental de su vida.

Los asesinos seriales son un atractivo morboso: la distorsión sexual, moral, política, religiosa, la violencia como promotora de marketing… ¿Por qué sucedería lo mismo con los expertos en estos fenómenos sociales? Eder entrelaza la paradoja que se da entre el deseo utópico de una mejor sociedad y la negación del bienestar de los criminalistas: la cultura pop ha hecho tanto hincapié en la espectacularidad de la violencia que olvida a los que miran y estudian el abismo social.

Eder trata de matizarlo con un trabajo que se adentra en los asuntos humanos con sus virtudes y defectos para afirmar que el abandono de esta comunidad es lo que la impulsa a seguir en esa carrera obsesiva: entrega, sacrificios y perturbación. El glamour de los asesinos seriales se suprime; sin embargo, la limitante de la duración del documental paraliza un trabajo próximo y profundo con los protagonistas. El conglomerado de imágenes trepidantes (que se mueven, exploran y muestran) es la expresión exacta de un mundo con ambientes e idiosincrasias diversas.

Criminólogos sobrepasa la simple cronología de las actividades diarias: es una combinación entre archivos y un paseo en la sociedad contemporánea con todas sus desviaciones y su incoherencia interminable. El documental se desenvuelve entre la decisión y el destino impuesto de asumirse como individuos ausentes en las relaciones que están dentro de los parámetros normales de la sociedad.

Para un individuo “normal”, estos parámetros van de acuerdo con un ciclo de vida en donde nacer, crecer, reproducirse y morir están vinculados a lo amoroso. Eso tan agridulce que moldea la mirada y se sale de los límites de la lógica y lo racional. En Cutie y el boxeador (2013), Zachary Heinzerling muestra a Ushio y Noriko Shinohara, una pareja que se enamoró sin pensarlo. Se alejaron de la realidad lógica, del predicho e inminente derrumbe de su relación, de las advertencias y los consejos. Fueron necios. Unidos por el arte y la creación, los Shinohara iniciaron una carrera artística. Él: pintor, famoso por sus boxing paintings; ella: ilustradora, famosa por ser su esposa.

Cargado de elementos técnicos formales sobresalientes, Heinzerling presenta un testimonio sobre la vida de ambos artistas: una existencia añeja, sobreviviente a cuarenta años de matrimonio y a la convivencia diaria en un departamento de Nueva York. Los personajes son experimentos con los que el director (con apoyo de material de archivo como fotografías y videos, entrevistas y una sobresaliente animación) teje una historia agridulce sobre las relaciones humanas: amor-odio, respeto-resentimiento, hartazgo-melancolía.

La dicotomía es evidente. El trabajo del cineasta como observador logra escenas memorables e intensas. La sinceridad que impregna las conversaciones entre Noriko y Ushio son el hilo conductor de un amor-odio que marcó su vida entre el exilio familiar y el autoexilio como creadores y artistas que viven cerca la crisis económica contemporánea. ¿Cómo hacer para que una relación sobreviva? Cansada de los problemas de alcoholismo de Ushio, de la falta de dinero, del autoexilio entre la comunidad artística neoyorkina, de la crianza fallida de su único hijo, Noriko se transforma en Cutie: un seudónimo que le permitirá establecer su primer proyecto en solitario como ilustradora, alejada de la sombra de Ushio. Así se vislumbra un doble desarrollo: para Noriko y para el propio documental, pues la artista japonesa es el eje central.

El director norteamericano encaja las piezas en esta historia (protagonistas, trabajo, alter ego, arte y amor) con tomas ejecutadas pulcramente gracias a un estilo íntimo, profundo, lleno del contraste entre colores pasteles y excéntricos, blancos y negros en la animación que dan un diagnóstico anímico del audiovisual.

Cutie y el boxeador capta la melancolía del paso de los años, de la incertidumbre, de la vejez, de la sobrevivencia en el día a día. En las cuatro paredes de su departamento y de sus talleres, ambos se aíslan. ¿Hasta qué punto se es capaz de oscilar del exilio al autoexilio?, ¿pueden saberlo cuarenta años de matrimonio? La relación de pareja se transforma en una de esas tantas facetas: no lo saben a ciencia cierta, lo único que tienen claro es que el exilio amoroso es el más complejo de todos.

Exilio es abandonar, alejarse, desaparecer: estar ausente, perder una parte de la humanidad. Como forma de expresión artística, también puede encarnar historias de vida, narraciones, significaciones que toman forma en los recuerdos, los conflictos, la redención y los claroscuros de la condición humana.

Exilio y autoexilio no son conceptos negativos, ambos sirven como vehículo expresivo en el cine contemporáneo, en la sed que caracteriza a los recientes creadores por abarcar un amplio repertorio de experiencias. Heinzerling, Panh y Eder encontraron una discreta ventana al pasado.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Estado de México, 1990) estudió Ciencias de la Comunicación en la UNAM. Ha colaborado para F.I.L.M.E Magazine y Corre Cámara.

Norman Mailer afirmaba que el problema más grave contra el que se veía obligado a lidiar el escritor no era la página en blanco, sino su mal humor. Algunos colegas agregarían que también la liquidez. Como mamífero dedicado a las letras, sumaría un inconveniente más: la inmovilidad. La sucesión de jornadas frente al teclado lo vuelven a uno susceptible a lo adiposo. Y si le añadimos un factor de riesgo, como por ejemplo el matrimonio, pronto se desarrolla un humor de la chingada. Y el maldito sobrepeso. Entonces, la preocupación se cierne sobre nosotros como una deadline. Y nos damos cuenta de que no somos Murakami. No correríamos ocho kilómetros cada mañana. Emprendemos una recapitulación sobre los deportes que podríamos practicar para desechar las opciones una a una: box, natación, jai-alai, hasta agotarlas todas, excepto una que brilla al final del túnel como si de una olla repleta de oro se tratara. Comprendemos en ese momento que si el perro es el mejor amigo del hombre, la bicicleta es la mejor amiga del escritor.

En mi caso, como siento aversión contra la fascinación hipster que ha despertado la bici en los últimos años, he optado por comprarme una bicicleta estacionaria. ¿Amargado? Aunque los médicos recomiendan hacer ejercicio al aire libre, he decidido ahorrarme el paisaje. Me trepo a mi mula de hierro y observo una sección de la urbe desde un tercer piso. Ignoro cómo es andar en bici por la ciudad. No sé qué se siente. En lo que sí soy un crack es en no salir de casa mientras bofeo.

Montado en el encierro pienso en Henry Miller, en los paseos en rila que se daba por París. Y llego a la conclusión de que por mucho cardio que haga, no voy a llegar a ningún lugar. En una baika normal podría recorrer la ciudad de punta a punta, sin embargo, me consuela constatar que la escritura es similar a la bici estacionaria: pedaleas y pedaleas sin arribar nunca a ningún destino. Salvo cuando logras pergeñar unas buenas líneas o ves que el cronómetro ha marcado 120 minutos, pero ninguno de esos dos minúsculos triunfos desaparecen el mal humor.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Torreón, 1978) es autor de los libros Cuco Sánchez blues (2004), La Biblia Vaquera (Fondo Editorial Tierra Adentro, FETA, 2009), La marrana negra de la literatura rosa (2010) y La efeba salvaje (2017), entre otros.
Imagen por Juan Pablo Ruiz Núñez.

Como todas las cosas que valen la pena, los libros nos llegan a las manos en momentos inoportunos. Lo inesperado es una condición inherente del lenguaje. Leer puede conducirnos a estados de desesperación y angustia, a reflexiones laberínticas que con suerte desembocan en una fascinación ante la nada. Cioran lo sabía muy bien, alcanzó esa sima donde solemos aventar las palabras a medias, esos instantes preciosos que dejamos pasar por miedo o por placer. Recurrimos entonces a otros lenguajes, formas para convencernos y repetir que tal vez no lo hicimos tan mal. Pero a veces algo solicita que vayamos más hondo, que escarbemos hasta destruir las trampas que impone la memoria y encontrar ese impulso que nos ayude a salir de nuestro propio laberinto. Ese salto, no obstante, es también una caída. Caerse hacia adentro, volar hacia uno mismo.

Teseo lo supo cuando conoció a Ariadna. Las palabras de los otros, como la música, pueden llevarnos de regreso. Rutas que uno necesita trazar o está perdido. Yagular es una revista gratuita de creación, crítica y reflexión literaria y visual con base en la ciudad de Oaxaca. Su nombre es la conjunción de Yagul, un sitio arqueológico hermosísimo y donde si uno sube al cerro que lo cobija puede escuchar un mar distinto: viento sobre el paisaje, y yugular, en alusión a esa arteria principal que también podemos llamar poesía. Se trata de un proyecto de Saúl Hernández Vargas y Juan Pablo Ruiz Núñez, quien fuera editor de El jolgorio cultural, revista de difusión cultural recientemente extinta de la Fundación Alfredo Harp Helú. Sus primeros números se imprimieron siendo un apéndice de esta publicación pero a partir del tercero se consolidó como proyecto independiente. El contenido de cada número gira en torno a una palabra, algunas han sido: piedras, juguetes, izquierda, luvina, pozo y humo.

El número más reciente de Yagular indaga en el campo semántico de humo y fue presentado la semana pasada en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca. Encontramos ahí poesía de Antonio Calera-Grobet y Ricardo Aleixo, ensayos de Juan Pablo Anaya y Guillermo Núñez Jáuregui, reseñas de Mónica Nepote y Roberto Cruz Arzábal, una entrevista a Eugenio Tisselli sobre su proyecto comunitario Ojos de la milpa, entre otros textos igualmente valiosos. Dice Mónica Nepote, tras su lectura de The Uprising, de Bifo: “La resistencia es una condición suscrita a la poesía”. Y luego Nadia Cortés agrega sobre los rastros que deja la escritura en los cuerpos: “Cada escritura y lectura es incendiaria, prenderle fuego a las palabras una vez en la inscripción y emisión del aliento, tomarlas en la boca o en la mano (las cenizas del otro) para habitarlas, estar en ellas, in-cendiar”.

Ya vamos viendo hacia dónde nos lleva esta publicación. Hay una premisa del arte que nos han hecho olvidar a punta de comerciales televisivos. Leer es un acto placentero pero peligroso, violento. Cuando uno lee, como cuando se detiene frente a una pintura desgarradora y cierra los ojos tratando de entender sus propias emociones, tratando de fijar ese instante en la memoria para que no sea nunca en vano, corre el riesgo de encontrar alguna parte de sí mismo poco honorable y verdadera. Leer es siempre apostar, jugarse la piel sobre el asfalto. Yagular apuesta por esa entrega, de ahí la yugular y la poesía, ambos torrentes de significados posibles, experimentos con ese otro cuerpo: el lenguaje.

Escribir descoloca las cosas, decodifica el entorno. En El libro de cabecera, Greenaway lleva esta idea a sus últimas consecuencias. Decidida a encontrar el lienzo perfecto, la protagonista descubre que sólo el amor puede hacer brotar las verdaderas palabras, un amor que no se salva de su propia violencia, esa necesidad que inventamos para sentirnos menos solos: poseer, tomar, ser parte de, intentar asir un cuerpo o una distancia. ¿Seremos algún día, como dice Juan Pablo Anaya en su ensayo sobre Fahrenheit 451, hombres-libro? La utopía de Bradbury, señala, se encuentra en las posibilidades que abre la novela. Más allá de devorar libros como paisajes, de conocer sus historias e intentar explicarlas, de hacernos a la imagen y semejanza de algún personaje excéntrico, leer inaugura un territorio distinto donde la multiplicidad de discursos amplía esas fronteras impuestas por concepciones fijas en torno al sujeto, al otro, a las palabras y las cosas.

Humo, cenizas, rastros que dejamos por el mundo sin darnos cuenta. Cigarro, exhalación del alma. Ideas que suben y andan mezclándose siempre con vientos ajenos. Dice Nadia Cortés al final de Yagular: “Los caminos de nuestra escritura hechos de cenizas, cubiertas de ellas somos cuerpos, el mundo entero levantado sobre las ruinas. La ceniza como el humo no pertenecen al ámbito de la visibilidad, de la presencialidad, las cenizas aguardan en la sombra de las letras y los cuerpos, insertas en los poros cargamos aquello que ni sabemos, hay ahí ceniza, no aquí, sino siempre ahí, en la lejanía, como la historia por contar, la escritura por venir”. Vamos, cada día, tratando de encontrar ese camino correcto, hecho a la medida de nuestros pasos por un destino que juega a dejarnos libres por instantes. Hemos de perdernos, mientras tanto y como las cenizas, una y otra vez.

Si están en Oaxaca, pueden encontrar esta revista gratuita en: Biblioteca Andrés Henestrosa, Casa de la Ciudad, Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, Librería La Jícara, Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca, Museo de Filatelia de Oaxaca y Cafetería San Pablo. Están disponibles en línea algunos números de Yagular.

Para ver el último número de Yagular da clic aquí.

Fotografías de la presentación por Michel Hernández.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
Es licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas, por la UNAM. Junto al artista plástico Pavel Acevedo, dirige Espacio Centro, un lugar independiente de exhibición y producción artística ubicado en la periferia de Oaxaca. Trabaja lentamente en su ficción y en un pequeño huerto.

Los invitamos este sábado 14 de junio al homenaje “Tres esencias viajeras”, dedicado a Carlos Monsiváis, Gabriel García Márquez y José Emilio Pacheco, que organiza el Programa Nacional Salas de Lectura y la Dirección General de Publicaciones del Conaculta. La cita es en el Museo del Estanquillo, a partir de las 11:00 hrs.

Entre sus varias atracciones podremos ver desde una estatua viviente de Monsiváis, hasta los talleres de creación de personaje y de cuento urbano, a cargo de Ricardo Cucamonga y Aldo Rosales, respectivamente; además, el ciclo de cine que exhibirá las incursiones de los tres autores mexicanos en este medio, el cual merece especial mención.

El evento contará también con la presencia de autores como Rafael Barajas, El Fisgón, quien presentará junto a Elena Poniatowska su libro La princesa Selenita y de Rocío Cerón con un video-poema dedicado a José Emilio Pacheco. No olviden revisar el programa completo.

 

Programa de Tres esencias viajeras.

Programa de Tres esencias viajeras.


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En el Teatro Santa Catarina se presenta la obra Palimpsesto de la dramaturga y columnista de Tierra Adentro, Itzel Lara.

La obra está a cargo del director Carlos Corona y cuenta con la actuación de Carlos Orozco, Carmen Ramos y Sara Pinet.

Se presentará del 12 de junio al 6 de julio de 2014.

Horario: jueves y viernes 20:00 horas, sábados 19:00 horas, domingos 18:00 horas.

Más información.


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Si hay algo que distingue a  Luis Santillán,  además de su peculiar personalidad, timidez y talento, es la capacidad que tiene para retratar la naturaleza femenina. Poseedor, entre otros reconocimientos, del Premio Bellas Artes Baja California 2005. El también director es uno de los autores más frecuentados por el gremio teatral.  En esta ocasión, abrimos el espacio para que nos muestre un poco de su trabajo artístico.

Pollito

 

Música de Festival de primavera.

Una niña disfrazada de pollito sale al escenario. Comienza a realizar una coreografía. De pronto, antes de que salgan sus compañeros a escena, se quita la parte de la cabeza del traje. La música cesa. Fenicia muestra un artefacto.

Fenicia: Todos cooperan y nadie sale herido. Alrededor de mi cuerpo tengo unas pequeñas pero letales bombas que haré estallar si no cumplen mis demandas. Soy una niña razonable que no desea el mal del prójimo, ustedes cooperan y no habrá necesidad de usar este detonador. Mis demandas son simples, nada del otro mundo, nada como para que las cosas salgan mal. Lo primero que quiero es que venga alguien de la Unicef; que manden a su embajador plenipotenciario. Sé que a tres cuadras de aquí, en el desayuno de la campaña para prevenir quemaduras, hay gente de la Unicef. Si Joselito, el portero, se echa una carrera, en veinte minutos ya estamos resolviendo mi pliego petitorio y todos de una pieza muy contentitos.

No es un chiste. No es una broma. Aclaremos las cosas. ¡Pongan atención! Esto no es parte del evento, no estoy haciendo una rutina ni tampoco fue ensayado. Todo esto es real y les recomiendo, si quieren seguir teniendo la mano sujeta a la muñeca y la cabeza fija al cuello, tomen todo esto con la seriedad que corresponde. No se burlen. Yo no sé distinguir una risa nerviosa de una risa mal intencionada, así que evitemos confusiones, nada de risas.

El único que puede salir es Joselito. Los únicos que pueden entrar es Joselito, el embajador plenipotenciario, un camarógrafo, y si llega a tiempo, mi papá. Al primero que vea con la intención, tan siquiera de imaginar hacerse el héroe… ¡Capum! ¿Entienden? ¡Capum!

Me he visto en la penosa necesidad de llegar a esto por culpa de muchos de los que apelmazadamente están aquí sentados. El primer culpable es mi mamá. Sí, mamá, fue tu culpa. Lo hiciste por amor, pero eso no te exonera. No te escondas, mamá. Sé lo apenada que te sientes en este momento, pero no te escondas entre esas señoras gordas. Tú sabías que me iba a sentir muy avergonzada con este disfraz de pollo y no te importó. Te lo dije toda la semana; yo no quiero ir de pollo, yo quiero ir de Kalimán, hasta te puse la canción de los Yucatán a go go, pero no me hiciste caso. ¿Sabes lo traumático que puede ser para una niña como yo vestirse de pollo? Además, el amarillo no me favorece. Muy distinto sería si por una vez en la vida me hicieras caso. Me vería muy bonita vestida de Kalimán, hasta inspiraría respeto, pero de pollo; de pollo, mamá, no inspiro más que burla. ¡Hey! ¿Qué dije de las risas? Esto es serio. Muy serio.

Una vez distribuida la parte proporcional de culpa que le corresponde a mi mamá, hablemos de los demás. Hipócritamente se preguntarán ¿si esto es cosa del disfraz de pollo por qué me veo involucrado en ese asunto? La respuesta es burda y obvia. Antes de que mi mamá decidiera vestirme de pollo, ustedes decidieron no hacer caso a mi propuesta de cambiar el horrible, denigrante y degradante festival de primavera. Un carnaval era mi propuesta. Un carnaval con triciclos y bicis alegóricas. ¡Ah, pero como les gusta ser obtusos! Festival de primavera.

Lo hacen por venganza. Por pervertidos. Vaya que los he visto poner ojos de pedófilos facebookeros al ver a los niños de primero disfrazados de ardillitas, quién sabe que traumas proyectan al decidir hacer festivales de primavera. Si la idea fuera hacerlo al estilo griego, me sumaria a la propuesta; eso de las togas y las uvas puede ser divertido. ¡Pero no! Su traumatizada mente les hace creer que la mejor idea es ver niños de seis a doce años como animales antropomórficos.

Y la directora de esta sagrada institución que se suma a la propuesta de la asociación de padres de familia sin siquiera leer mi proyecto del carnaval. ¿Dónde está, señora directora? ¿Dónde? ¡Ya la vi! Creyó que me tendría contenta al pedirme que leyera el poema de la primavera. Si realmente quería negociar conmigo un truco de magia es lo que me hubiera pedido. Imagínense. Todo sería muy distinto si estuviera vestida de Kalimán haciendo trucos de magia. ¿Qué pasa? ¿Qué?… ¡Ah! Es mi celular.

 

Fenicia saca su celular de entre el disfraz de “pollito” y lee el mensaje que le acaba de llegar.

Fenicia: ¿Cómo crees que se me olvido el poema? Me lo sé completito al derecho y al revés. No estoy haciendo tiempo en lo que se me ocurre algo. ¿Por qué no me toman en serio?

 

Vibra el celular.

Fenicia: “También queremos que nos vean nuestros papas.” “Papás” lleva acento en la última “a”.

 

Vibra el celular.

Fenicia: No seas mentirosa, Miranda. Sí se pueden poner acentos en el whatsapp. Y deja de mandar mensajes, ¿no sabes que con un celular se pueden detonar bombas? ¡Ah! Nadie cree que tengas bombas amarradas al cuerpo. Creen que sólo quiero un poco de atención. Mamá, esto no te va a gustar, pero no me han dejado opción. Estos párvulos mentales no me toman con la seriedad debida. Los párvulos mentales son ustedes señores, también la miss. Tú no, mamá. Tú sí me crees, lo puedo ver en esa carita de angustia que tienes, aunque tu cara bien podría ser de profunda vergüenza.

 

Fenicia se quita el traje de “pollito”. Alrededor de la cintura tiene sujetos varios cilindros que parecen explosivos.

Fenicia: ¿Traigo o no las bombas? Todo esto, por muy bizarro que les parezca, es real; absoluta y lapidariamente real. Ustedes estarán pensando que sólo es un truco, que esto es tan sólo un cinturón rosa conmemorativo de los cincuenta años de Barbie con tubitos, tubitos con azúcar, flores y muchos colores. Yo lo pensaría mejor. Tú lo hubieras pensado mejor, mamá, cuando decidiste vestirme de pollo. Ustedes lo hubieran pensado mejor cuando decidieron hacer este insípido festival. Señora directora lo hubiera pensado mejor al ignorar la idea del carnaval. La tragedia de la vida.

Kalimán, carnaval y trucos de magia es lo que tendrán que pensar para el futuro, pero… esperen… ¿Acaso hay futuro? Estos “tubitos” son explosivos, tienen fulminato de mercurio. Fulminato de mercurio. ¿Alguien aquí sabe lo que es el fulminato de mercurio? El fulminato de mercurio es una sal explosiva en forma de cristales blancos. Al accionar el detonador, se liberará ácido nítrico y etanol, eso va a provocar una reacción exotérmica y habrá una liberación de gases tóxicos e inflamables y nadie se va a divertir. Sólo aprieto este botón y… ¡Capum! Todo lo que acabo de decir será nuestro futuro. La internet es demencialmente perversa. ¿Sabían que hay páginas donde uno puede aprender a extraer órganos sin lastimarlos?, es de entender, ¿quién pagaría por un riñón al que le falte un pedazo?

 

Vibra el celular. Fenicia lee el mensaje.

Fenicia: Aunque lo diga la miss, no voy a ponerme el traje de pollito y me importa muy poco que algunos pueden mal interpretar que esté en… ¿calzones? No son calzones, son blumers. Se llaman blumers.

 

Vibra el celular.

Fenicia: No estoy enseñando los calzones a propósito y son blumers. Miranda, si sigues usando el celular puedes hacer que se active el detonador. Les aconsejo que traigan rápido al embajador plenipotenciario porque Miranda o cualquiera de ustedes, que no saben que las ondas del celular pueden estar en la misma frecuencia de mi detonador, pueden hacer que se acaben las negociaciones antes de que empiecen. Voy a quedarme aquí hasta que en todo el mundo sean abolidos los festivales de primavera. Nunca más los niños serán vestidos de pollitos. Mi traje de Kalimán o la muerte. ¿Mamá, estás enojada porque me quite el traje de pollito? Sé que lo hiciste con cariño, pero me vi obligada. Al final me lo pongo de nuevo para la foto con la abuela. No te enojes, mamá.

Si no quieren volar en mil pedazos deben traer a alguien de la Unicef o de la ONU que me garantice que a partir de hoy ya no habrá festivales de primavera, además de… ¿Qué haces Miranda? ¡No! Ya no uses el celular.

 

Un papel hecho bola llega a donde está Fenicia. Ella lee el mensaje.

Fenicia: ¿Esto qué?

 

Unas toallas blancas son arrojadas a donde Fenicia.

Fenici: ¿Toallas? ¿Para qué quiero toallas?

 

Otro papel llega a Fenicia.

Fenicia: Kalimán no usaba toallas, él usa un turbante. Una cosa es que quieran burlarse de los niños de primaria obligándolos a vestir de pollo y otra que quieran burlarse de Kalimán. Eso no lo voy a permitir. Se quejan de tanta violencia, pero cuando alguien quiere algo lindo, simple como vestir de Kalimán el día de la primavera, ustedes, con sus caras de señores ocupados, de señoras ocupadas, obligan a que una no tenga más opciones que usar lo que tanto pregonan en la televisión. ¿No han escuchado la frase “el mundo es de los niños”? En ese mundo ningún niño quiere vestirse de pollo. Es tiempo de que nos apoderemos del mundo. Esta escuela primara será el primer espacio del nuevo orden mundial. Y yo…

 

Fenicia se sacude, algo le impactó en la frente. Por un momento se queda estática, lentamente se lleva la mano a la frente para sobarse, conforme lo hace, la mano se llena de sangre.

Fenicia: Alguien lo tomó muy en serio y usó su celular. En pocos minutos estaba en posición el escuadrón especial, el flamante escuadrón antiterrorista. La Ciudad está aterrada. Los del escuadrón se volvieron profesionales, quizá tantas explosiones de C4 les dio la oportunidad de profesionalizarse. Dicen que estaban nerviosos, otros dicen que no podían permitir una atentado más sin volverse el hazmerreír. Pocos escucharon el disparo, el francotirador estaba en el quinto piso del edificio de enfrente. La bala entró justo en la frente, al lado de la cicatriz que me quedó de la varicela. El papá de Ana grita: “es solo una niña”. La directora está impactada. Miranda no sabe qué escribir en el whatsapp. Mi mamá no deja de llorar. Este año la abuela no tendrá una foto mía vestida de pollo.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
Ciudad de México, 1980. Dramaturga. Autora de Aún no recuerdo su rostro (FETA 2014). Fue Becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas (2009-2011) y de Jóvenes Creadores, FONCA, (2008-2009). Participó en los talleres de The Royal Court of London y realizó una residencia en la misma institución en marzo del 2013. Su obra Anatomía de la Gastritis, traducida al francés por David Ferré, fue editada por la editorial Le Miroir. Ha publicado Editorial El Milagro; Los Textos de la Capilla, segunda generación; Tierra Adentro, Buena tinta y la revista Este País. Su guion Distancias Cortas fue publicado en co-edición con IMCINE y Editorial Buena tinta, en 2012.

Uno de los máximos honores con que se reconocía al Cronista de la Ciudad de México era que la calle en la que vivía tomaba su nombre: es así como existe la calle Artemio de Valle Arizpe en la Colonia del Valle, la de su antecesor, Luis González Obregón, en el Centro, y la de su sucesor, Salvador Novo, en Coyoacán. (Don Artemio vivió en el número 16 de la que ahora es su calle.) Aunque nacido en Saltillo, Coahuila, en 1884, De Valle-Arizpe vivió desde mancebo –diría él– “en la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de México”, aquí permaneció la mayor parte de su vida y a esta ciudad dedicó la mayoría de sus libros así que no es extraño que se convirtiera en su cronista.

Su paisano Julio Torri recuerda que “Nervo fue quien descubrió a Valle-Arizpe, allá por los comienzos del siglo [XX] y quien le hizo publicar en la Revista Moderna de México sus primicias literarias, firmadas con este seudónimo: Astolfo de Nerval. Jamás volvió a servirse de nombres literarios, porque el suyo lo era bastante”. Ya con su nombre, firmó numerosos libros de crónicas, novelas y ensayos, entre ellos: Historias de vivos y muertos (1936), Por la vieja calzada de Tlacopan (1937), Historia de la Ciudad de México, según los relatos de sus cronistas (1939), Historia, tradiciones y leyendas de calles de México (1957) y sus novelas Canillitas (1941) y La güera Rodríguez (1949). En el Canillitas dice Torri: “bautiza a sus personajes con nombres de sus amigos y condiscípulos. Más de uno de ellos se sorprendió, hojeando este compendio de donaires, de hallar su nombre y apellidos en la persona de un tabernero, o de un callanesco don Juan de arrabal o en cualquier otro rufián”. Y agrega: “Artemio era la travesura misma” pues el mismo De Valle Arizpe se definía como “un místico forrado de picardía”.

En su juventud, don Artemio fue amigo del pintor Saturnino Herrán y en San Luis Potosí del poeta Ramón López Velarde, en quien se inspiró para escribir un poema que siempre se ha adjudicado al jerezano. Además de escritor, fue bibliófilo, anticuario y diplomático en Holanda, a donde después mandaba a encuadernar sus libros, Bélgica y España. En la puerta de su sorprendente biblioteca había una curiosa leyenda: “Esta biblioteca se hizo con libros prestados. No presto libros.” Sucedió a su amigo Victoriano Salado Álvarez en el sillón X de la Academia Mexicana, a la que ingresó en 1933 con un discurso sobre fray Servando.

Una tía de Carlos Monsiváis era la ama de llaves de don Artemio y el entonces niño visitaba a su familiar los domingos. Claro, allí se encontraba con don Artemio, a quien años depués recordó como “una figura excéntrica, hoy casi desconocida, que vivía resucitando vocablos del virreinato, en una casa llena de antigüedades”. En Don Victoriano Salado Álvarez y la conversación en México (1944), hace un repaso de sus muebles: “Lo vi muchas veces [a Salado Álvarez] en la mía propia, tan modesta, sentado en un sillón frailero de ancho regazo de terciopelo granate, con vieja clavazón dorada y chafados galones, en el que mucho le placía arrellenarse con toda comodidad y regalo, mientras yo le iba mostrando telas, marfiles, porcelanas, sortijas, vidrios, miniaturas, encajes, hierros cincelados, abanicos, tabaqueras, las mil y una brujerías que me he dado a coleccionar con inútil afán”.

Don Artemio tenía aspecto de dandy, así lo recuerda su sobrina-nieta, la poeta Claudia Hernández de Valle-Arizpe, quien cuenta que al igual que el número de iglesias en Cholula, don Artemio tenía 365 anillos: uno para cada día del año. A su muerte, el 15 de noviembre de 1961, donó su biblioteca al Ateneo Fuente donde había estudiado en su natal Saltillo, que años después, en marzo de 1984, se incendió con los cientos de incunables adentro. Letras vueltas humo que se llevó el viento, libros convertidos en ceniza.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Ciudad de México, 1981) es autor de La síntesis rara de un siglo loco publicado por el FETA.