Tierra Adentro
Fotografía por Pixabay.

Participa y enriquece el espacio del Programa Cultural Tierra Adentro. Si eres un escritor joven de la República Mexicana, envíanos una colaboración para la web y la revista Tierra Adentro.

Buscamos los siguientes géneros:

 

♦Cuento
♦Ensayo literario*

 

*No buscamos ensayos académicos.

 

¿Hasta cuando puedes enviar tu colaboración?

La recepción de textos será del 31 de julio al 29 de agosto de 2014.

¿Qué tienes que hacer?

Envíanos tu colaboración a tierraadentro@conaculta.gob.mx, en formato .doc, .docx o .rtf en Times New Roman, 12 puntos a doble espacio, con una extensión máxima de 28 000 caracteres, con espacios. Incluye tu ficha biográfica (nombre, lugar y fecha de nacimiento, estudios y, si lo prefieres, datos más relevantes de tu trayectoria artística) en máximo 500 caracteres.

Antes de enviar tu colaboración, considera revisar nuestras secciones de cuento y ensayo para conocer la oferta del Programa en estos géneros.

No consideraremos propuestas fuera de los géneros planteados, incompletas, que excedan la extensión. No hay acuse de recibido. Los textos tienen que ser inéditos y sólo puedes enviar una propuesta por cada género.

La convocatoria para los demás géneros se abrirá en septiembre. 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
Fotografía por Nidia Rosales Moreno.

Quería que el arte llegara a más gente, sacarlo de las esferas intelectuales para evidenciar que ante todo es parte de la vida cotidiana, me dijo alguna vez mi padre refiriéndose a las obras de teatro y danza que presenta en esta ciudad. Crecí con esa idea, pensando que el arte era ante todo dar al otro sin pedir nada a cambio más que aplausos, momentos de felicidad y entrega. Cuando comencé a estudiar literatura, otro mundo chocó con esa pequeña inocencia. El arte era también violencia pura, un diálogo inconcluso que destruye todo lo que damos por hecho y mina así las estructuras del pensamiento, las formas en que el poder nos alcanza y hace partícipes de sus dinámicas de dominación y ceguera.

Donají, la leyenda es una obra de teatro y danza que desde hace treinta años narra una historia simple que parece de amor, pero que en realidad aborda el sacrificio de una mujer por su pueblo, por esta tierra heterogénea, políglota, donde se cuecen distintos modos de ver el mundo. Es una ficción, un espectáculo atractivo y gratuito para un público que no suele tener contacto con estas formas de expresión artística. Es teatro popular, por catalogarlo de alguna manera, que cautiva a un auditorio ubicado en un espacio abierto donde a veces llueve o hace frío, pero que aun así la gente espera pacientemente que comience. Aquí se permite gritar, chiflar, interrumpir, y se sienten las voces de los 11 500 espectadores.

Durante mucho tiempo, Donají, la leyenda se presentó en las noches de los Lunes del Cerro, pocas horas después de haber terminado la Guelaguetza.[1] El mismo auditorio que en la mañana se llenaba de turistas, por la noche lo hacía de familias provenientes de las periferias de esta ciudad, de barrios a donde difícilmente llegan eventos culturales de esta magnitud. Hasta hace algunos años, este espectáculo se mantenía totalmente gratuito, desde sus inicios esa había sido la decisión de sus creadores: Fernando Rosales García y Víctor Vásquez Labastida. Después, el gobierno municipal decidió cobrar el acceso a algunas secciones para solventar una parte de los gastos que se generan.

Quizás la permanencia de esta obra y la cercanía que ha mantenido con el público durante treinta años provengan, por un lado, de su origen. Si bien se desconoce cuándo comenzó a circular esta leyenda, sabemos que desde 1827 el escudo de la ciudad de Oaxaca ostenta la cabeza de Donají, de cuya oreja nace un lirio del valle. De acuerdo a esta historia, a principios del siglo XVI Donají, nombre que en zapoteco significa alma grande, se sacrificó para mantener la paz de su pueblo. Antes de la Revolución, resulta difícil pensar que quienes decidieron utilizar esta imagen para el escudo municipal lo hicieran para legitimar un discurso nacionalista basado en la grandeza del pasado prehispánico. Así que la leyenda debió resonar fuertemente en el imaginario colectivo, debió llegar al sitio profundo donde hablamos de pertenencia y sentimos cariño y respeto por el lugar que nos vio nacer.

Existen por lo menos tres versiones de esta leyenda. La más común narra la última guerra entre zapotecos y mixtecos por el dominio del valle. Los personajes principales, pertenecientes a bandos opuestos, se conocen durante la batalla y se enamoran. Sin embargo, la princesa es ofrecida por su padre como prenda de paz entre estos pueblos, y al no respetarse dicho acuerdo, es degollada por guerreros mixtecos. Su cabeza desaparece en el río Atoyac. Tiempo después, un pastor encuentra un lirio en sus márgenes, le parece extraño que florezca durante el invierno pero sigue su camino; en semanas posteriores, pasa por el mismo sitio y vuelve a ver el mismo lirio. Movido por la curiosidad decide arrancarlo de raíz y al escarbar se da cuenta de que ese lirio nace de la oreja de una cabeza humana que parece dormir. Se trata de la cabeza de Donají, que se encuentra intacta.

Instaurada esta imagen en el escudo de la ciudad, pasó más de un siglo para que un grupo universitario de danza decidiera llevar al teatro dicha historia. Ese fue el origen del espectáculo que durante treinta años ha llenado el auditorio Guelaguetza, en lo alto del cerro que preside esta ciudad. Desde pequeña he asistido anualmente, mi padre es director del Ballet Folclórico de Oaxaca y uno de los creadores de Donají, la leyenda. A lo largo de los años, lo que más me ha sorprendido ha sido la pasión inagotable de mi padre al realizar esta labor  y reafirmar así sus convicciones más profundas en un tiempo en que resulta casi imposible creer que alguien decida trabajar tanto sin recibir ningún pago ni, muchas veces, el reconocimiento que merece.

Aunque no me lo diga, sé por qué lo hace. En este espectáculo han participado generaciones de jóvenes, en su mayoría adolescentes, que no tienen experiencia bailando pero sí ganas de colaborar. La danza es disciplina, se trata de liberar el cuerpo bajo ciertos lineamientos, de someterlo a donde nuestra mente quiera llegar. Todos los que quieran participar y asistan a los ensayos pueden hacerlo, sin importar que no tengan experiencia bailando, ni condición física o buen oído. Eso con el tiempo cambia. Los chicos encuentran una parte de sí mismos que no conocían. Salir a un escenario donde se escuchan las voces de 11 500 personas no es fácil, los nervios calan, las equivocaciones y a veces las caídas no faltan.

Al final, este espectáculo habla sobre todo de quienes participan en él. Yo misma lo hice durante algunos años y aún recuerdo cómo se siente el aplauso, percibir que uno pertenece a una ciudad y entrega algo de sí mismo cuando baila. La tierra nos habita desde un corazón que es también el nuestro. Supongo que algo parecido sienten quienes participan en la Guelaguetza, o cuando uno baila con la persona que ama. En todo caso, bailar es disfrutar del propio aliento, dejar que el ritmo nos arrastre hacia lugares de paz y tranquilidad. Cuando uno baila, el mundo desaparece, ya no somos ni estamos.

En Baila, baila, baila, de Murakami, el hombre con máscara de carnero le dice al protagonista después de que éste ha entendido algunas verdades sobre sí mismo, que vivir es parecido a bailar, a seguirnos moviendo aunque no sepamos bien si el camino que elegimos es el correcto. De cualquier forma, hay que hacerlo, seguir esa trayectoria inconclusa y discontinua, interceptada siempre por las trayectorias de los otros. El fantástico documental Pina, de Wim Wenders, comienza precisamente con una frase de la coreógrafa Pina Bausch: “Baila, baila… si no estamos perdidos”. Como mirar, bailar inaugura el tiempo en que dejamos de ser uno y entendemos la importancia de la multiplicidad, de lo colectivo.

Donají la leyenda se presentó los pasados 20 y 27 de julio.

 

 Fotografías por Gerardo Morales Morales.

[1] La Guelaguetza es un espectáculo de danza que desde 1932 reúne a diferentes comunidades del estado para que participen con sus bailes o representaciones en esta fiesta anual. Su nombre proviene del zapoteco gueza; dar gueza significa dar al otro sin pedir nada a cambio y es una práctica común en muchas regiones del estado.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
Es licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas, por la UNAM. Junto al artista plástico Pavel Acevedo, dirige Espacio Centro, un lugar independiente de exhibición y producción artística ubicado en la periferia de Oaxaca. Trabaja lentamente en su ficción y en un pequeño huerto.
Fotografía por Pixabay.

Ocupáis tres asientos frente a mí en el autobús que se desplaza desde nuestro barrio alejado del centro al centro; al centro de nuestra localidad minúscula, entiéndase, no al centro de las cosas, no a la esencia misma ni a la materia nuclear donde la vida

bang

donde la vida

se expande y obedece a todos los fenómenos —etcétera— que dicta la astrofísica. Lo proclaman las asignaturas que rodeábamos porque éramos de letras; lo proclaman los inexpugnables mecanismos que atañen a vocablos tan comunes como universo, vida, muerte, amor. Ocupáis tres asientos frente a mí en la parte trasera del transporte público: el niño a la derecha, en el centro la niña, la madre a la izquierda.

Ahora tú, hija pequeña de Virginia: chándal rosa gastado —igual que los plumieres de tu madre— con un personaje que mi edad y condición soltera ignoran.

Ahora tú, hijo mayor de Virginia, intuyo en tu barbilla y tus orejas los rasgos que heredaste de tu padre, y me pregunto si Virginia los maldice —Virginia, ¿los maldices?— a la hora del baño.

Pero tú, Virginia, tan rubia, ¿lo recuerdas? Allá donde entonces combatíamos piojos

ahora

bang

ahora

escondemos el tiempo.

Aquí tú lees una revista, Virginia, aquí tú no me reconoces: ¿te sirven los consejos del cuché, oh tú, tan rubia e inocente? Virginia, siempre con mi edad y ahora con dos hijos, sin anillo en el dedo, con un bolso colmado de galletas: Virginia, hijo mayor de Virginia, hija pequeña de Virginia, años luz caídos años luz quebrados en la comisura de los labios, cerrad los ojos y pedid un deseo

frente a mí

en el autobús destartalado que nos salva del barrio periférico y nos acerca al centro, lejos de los bancos en los que los adolescentes beben y las noches golpean los jardines, cierra los ojos, Virginia, porque en estos veintiocho minutos de trayecto he pensado en nosotras, en ti que no me reconoces veinte años más tarde, en tus canas donde la gente que nunca te habló, en tus canas donde la gente reía y se burlaba.

Cristal del autobús junto a Virginia, espejito de ambas, tus uñas rojas comidas al fregar los platos, una gota de laca roja en tu dedo anular, oh Virginia, oh rubia e inocente, yo he pensado en nosotras,

bang

yo he pensado en nosotras.

No sé si sabes a lo que me refiero.

Te estoy hablando del fracaso.

 

Este poema pertenece a Chatterton (Premio Fundación Loewe a la Creación Joven XXVI).

Autores
(España, 1985) es jefa de redacción de la revista Eñe y editora del sello de poesía La Bella Varsovia. Además de Chatterton, es autora de los poemarios Mi primer bikini (DVD, 2002) y Tara (DVD, 2006).
Bailarines de “The Heat”, Jungle.

En la sociedad contemporánea existe una tendencia irrefrenable hacia la impostura; a la gente le encanta hacerse pasar por lo que no es. Ahí están los portales de Facebook como prueba súbita, o bien, las cuentas falsas en otras redes sociales. Estamos envueltos en la simulación. No es tan importante quien seas sino por quién te haces pasar.

Parecería un complejo lastre sociológico, un trastorno colectivo con el que cada día estamos más conformes de cargar a cuestas. ¿Cuántas de las fotografías de perfil están modificadas, truqueadas o cuando menos manipuladas? De alguna manera se alimenta la idea de que es estimulante y emocionante ser un impostor, todos lo somos un poco.

Ubicándonos en el contexto de la música electrónica, caeríamos en la cuenta de que el anonimato posee una arista más que interesante. Cansados de los desplantes y excesos de muchos integrantes de la cultura rock, varios de los jóvenes que arribaban desde el tecno a la industria comercial de la música decidieron que era mejor ocultar sus rostros y dejar saber muy poco de su persona y entorno; en ocasiones ni siquiera el nombre propio.

A pesar de esa inclinación por el anonimato, actualmente, muchos de los DJs —de los más lucrativos— han caído en los excesos que tanto criticaban de los rockeros. Han desarrollado impresionantes shows con parafernalia costosa y se dejan ver como si fueran mesías recién llegados para oficiar cultos masivos. A la postre, les dio incluso por vocalizar. El canto de las sirenas de la fama terminó por atraparlos. Aunque existen figuras que prosiguen con esa especie de resistencia —no siempre conservada a ultranza— del enigma aparente.

La historia que hoy nos ocupa se centra en una pareja de jóvenes ingleses que de entrada le hicieron creer al mundo que eran gente de color, pues retomaban lo mejor de varios estilos añejos de la negritud: como el soul y el funk. Por lo que tenemos a dos emocionantes protagonistas del llamado soul digital o R&B futurista. Porque además les dio por cantar con falsete; un recurso que encumbró a figuras como Marvin Gaye, Isaac Hayes, Curtis Mayfield y Sugarhill Gang. Estilo vocal que en el mundo indie ha distinguido a Justin Vernon de Bon Iver y otros proyectos, y que a cuentagotas encontramos en el amo de esta corriente: el también jovencísimo, James Blake.

Los integrantes de Jungle eligieron ir soltando sencillos que resultan verdaderas delicias al incorporar mucho de nostalgia melómana con recursos tecnológicos del presente. Esos temas sueltos que se iban yendo como anticipo de un álbum todavía inexistente tenían videos en los que aparecían bailarines virtuosos. El público creyó que se trataba de los verdaderos protagonistas y, nada de eso, se trató de un despiste más.

Intentaron mantenerse únicamente como J y T, pero la maquinaría mediática no para. Hoy sabemos que se llaman Josh Lloyd-Watson y Tom McFarland, que ni son veteranos, ni son negros.

“Platoon” y “The heat” fueron temas que los hicieron visibles con toda esa apropiación de sonidos del pasado catapultados al presente, bajo un concepto de producción que los hacía dialogar con distintas generaciones. Atrás quedaban los días en los que militaban en Born Blonde, un grupo de britpop sin mayor trascendencia.

Prefirieron echarse un clavado en la música negra —especialmente en la de los setenta— y trabajar desde la comodidad de un estudio casero, agregando algunos sintes y guitarras a la amalgama que iban logrando. Por un lado, depuraron su modo de cantar, mientras que en el fondo de los temas colocaban sonidos ambientales o efectos (como una puerta que rechina).

En muy poco tiempo se vieron elegidos como parte de una lista muy influyente que realizan críticos y figuras de la industria musical: la BBC Sound of 2014, y listo su debut en uno de los mejores sellos discográficos XL Recordings, casa de The XX y Vampire Weekend, entre otros.

Este primer disco los muestra cantando a dúo simultáneamente —no alternan las voces— y concentra incluso los lados B de los sencillo previos (“Lucky I Got What I Want”, por poner un ejemplo) que ya habían dado a conocer. Son temas en los que no se desbordan, se contienen elegantemente y van con parsimonia y muchísimo sex appeal. La crítica más severa podría encontrar a las canciones demasiado parecidas unas con otras.

La pareja no ha dejado de lanzar piezas de manera independiente—“Time” y “Busy Earnin”— y expandir su alineación en vivo hasta nueve miembros —en ocasiones siete— para robustecer la fórmula. No dejan de exaltar el baile a media velocidad —tan propio del soul y el R&B. Además han establecido una estratégica alianza comercial con Adidas, lo cual es evidente en el atuendo de los personajes de sus videos.

Por ahí de la mitad del disco, sorprenden con “Smoking Pixels”, un breve interludio que es un homenaje a la música de Ennio Morricone y su spaghetti western, antes de acometer con las inéditas “Julia” y “Son of a Gun”.

Con 12 cortes se ha convertido en uno de los actos más calientes con los que cuenta hoy el Reino Unido, quizá en un punto intermedio entre Disclosure —mucho más fiesteros y veloces— y James Blake —más lento y denso—. Su material parece ser ideal para que lo remezcle Jamie XX —veremos cuánto tarda en suceder.

En México los tendremos como parte del Festival Corona Capital 2014 que se llevará a cabo en octubre, para entonces habrán pasado algunos meses necesarios para aquilatar este trabajo y asegurarnos de su calidad, más allá del hype. Será entonces cuando habremos conocido sus verdaderos rostros, lejos ya del espejismo mercadotécnico.

 

 

 

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
De los años sesenta tomó la inconformidad recalcitrante; de los ochenta una pasión crónica por la música; de los noventa la pasión literaria. Durante la década de los dosmil buscó la manera de hacer eclosionar todas sus filias. Explorando la poesía ha publicado: Loop traicionero (2008), Suave como el peligro (2010) y Combustión espontánea (2011). Rutas para entrar y salir del Nirvana (2012) es su primera novela. Es colaborador de las revistas Marvin, La mosca, Variopinto e Indie-rocks y los diarios Milenio Hidalgo y Reforma, entre otras publicaciones.

Caída

La muerte le pertenece a los vivos y de la vida pueden hablar solamente los muertos. ¿Adentro de dónde está la vida? ¿Adentro del pecho de qué pájaro, adentro de qué voz palpitante? Vivir es una caída contemplativa. Saltar desde un edificio es otra forma de construirlo.

 

Casa

Vamos a poner una piedra sobre otra sobre otra, todas sobre la palabra baldío, y a eso le llamaremos casa. Vamos a pintar esa idea de cuatro paredes con un color visto en sueños y nos vamos a quedar adentro esperando al tiempo. Si dura más que nosotros podremos decir que duró para siempre.

 

Alfabeto

Aprender a hablar el lenguaje de los objetos, de las casas vacías. Aprender a no hablar desde el desamparo, desde la extirpación de la lengua. Dejar que el alfabeto del silencio escriba los mensajes bajo nuestros pies, desde las piedras de nuestro origen.

 

Sólo las cosas que no existen pueden ser perfectas. Todo lo que existe, existe por accidente, por error. Una cosa no existe sólo en la luz de lo visible. En su sombra, en su ausencia, es también. Desde su nombre que no se pronuncia, es.

 

Hay palabras que irremediablemente se suceden, que nacieron juntas. Si decimos abismo es inevitable decir después c a e r.


Autores
(Xalapa, 1988) es poeta y ensayista. Su obra aparece compilada en diversas antologías y ha publicado en revistas como Punto de Partida, eSpiral y Periódico de Poesía.
Still de The Congress (Folman, 2013).

Oí una conversación en una fiesta. Uno defendía que los trabajos más abstractos de Rothko, por lo menos la serie negra, Rojo sobre naranja o Negro sobre marrón, vivían en la delgada línea que hay entre el diseño de interiores y la pintura; la otra argumentó con una pregunta: “¿Alguna vez has visto un Rothko en vivo? Si no, no sabes de lo que hablas”.

Fue una respuesta peculiar. Como cuando se va a escuchar una banda en vivo o a la Rothko Chapel a ver un Rothko “en vivo”.

Es decir, que para entender a Rothko, para entender esa sutilidad y acceder a la experiencia mística que el pintor pugnaba en sus cuadros, se tendría que pagar una Visa, un boleto de avión a Huston y la entrada a la Rothko Chapel (o haber aprovechado cuando trajeron algunas piezas del pintor al Museo de la Ciudad de México).

Tal simonía en el arte es un argumento pocas veces enunciado: un esnobismo que excluye a la mayoría en favor de unos cuantos. La diferencia actual es que el que accede al verdadero significado del arte es el que tiene dinero (empresario que tiene para ir a las mejores galerías y museos de Europa), mientras que antes era el chamán o el sacerdote el que, por estatus divino, podía entrar a las cámaras y admirar esos productos humanos.

Benjamin advierte sobre el peligro de esos conceptos de “misterio”, “genio”, “valor imperecedero”, “exclusividad”, “inspiración”. No sólo eso, sino que especifica que son inservibles para juzgar el arte en la época de su reproductibilidad técnica.

En una columna anterior, abordé el concepto de autenticidad del arte, que Benjamin define como “un entretejido muy especial de tiempo y espacio: aparecimiento único de una lejanía, por más cercana que pueda estar”.

Para el filósofo alemán, la autenticidad de una obra (sobre todo en la plástica) se basa en que siempre está fuera del alcance de uno, ya sea en títulos de propiedad, pero sobre todo en sentido de apropiación: no la podemos hacer parte de nosotros porque hay algo que se fuga en ella, un “misterio”, casi una mística a la cual sólo podemos acercarnos en la contigüidad espacial (estar frente a la obra original) pero que nunca podremos penetrar de manera total. Algo que le está vedado a las masas y no permite que se reflejen en ello.

A este “misterio”, Benjamin le llama aura y, además, establece que es lo que está en crisis en la época de la reproducción técnica. Es decir, a partir de un cuadro puede ser fotografíado, es suceptible de aparecer en espacios no rituales: fuera del museo, en un baño público, en una sala de estar de un departamento suburbano, en el metro. En espacios donde se prefiere la reproducción a la imagen, la copia sobre el original.

De la aparición única y lejana, se pasa a la aparición múltiple y cercana, una aparición fugaz y repetible pero que permite que la masa se acerque a la obra y, si quiere, la modifique, la intervenga. Se la apropie, en pocas palabras.

En la primera parte, The Congress (Folman, 2013) presenta una actriz, Robin Wright, al final de su carrera. Frente al olvido completo, un ejecutivo de Miramax le propone el último contrato que firmará en su vida: le harán un scanning exhaustivo de sus expresiones y movimientos para recrearla digitalmente en cualquier proyecto que decida el estudio. Wright seguirá recibiendo regalías pero nunca más podrá hacer un acto artístico en su vida: no más películas, obras escolares, comerciales, anuncios en la radio, y un largo etcétera.

Wright se niega y argumenta que no le pueden quitar su poder de elección, que no puede ser un títere de los caprichos mercantiles de ejecutivos. Su agente (Harvey Keitel) la convence: siempre ha sido un títere, sólo creía que no lo era. Las largas jornadas en el set, seguir las indicaciones del director, iluminador, del fashion, someterse a cirugías plásticas para siempre aparentar menos años. Todo eso la había vuelto un títere. El trato de convertirla en una actriz digital la libera de, por lo menos, tener que asistir a alguna de estas charadas. Puede disponer de su tiempo. De algún modo retorcido, será más libre que antes.

Robin Wright acepta e inicia la siguiente parte de la película: 20 años después.

La actriz digital Robin Wright, el producto que creó Miramax a través de los gestos de un ser humano, resulta ser mucho más exitoso de lo que fue la Wright de carne y hueso. A la Wright original la invitan al Congreso de Futurología (al cual sólo puede entrar en su versión animada) para que sea la portavoz del nuevo invento de la Miramax-Nagasaki: han logrado recrear a los seres humanos por medio de la química. Así, Robin Wright será la primera en ser sintetizada en su composición base y añadida a cualquier producto que se quiera: helados con sabor Robin Wright, perfumes con olor Robin Wright. La esencia y sustancia de Robin Wright ha sido decodificada y añadida como un colorante más. Como si fuera chocolate.

Un grupo de rebeldes invade el congreso de futurología e intenta liberar al mundo del plan de Miramax-Nagasaki. Empieza la tercer parte de la película: ¿70 años después?

Wright descubre que el mundo, con base en ciertas drogas psicotrópicas, se ha convertido en una alucinación colectiva, donde no hay ego, no hay competencia, no hay envidias ni  odios porque todo el mundo es quien quiere ser. Todo el mundo está satisfecho. Algunos se ven como Michael Jackson, como Zeus, como la Venus de Milo. Pero no hay una especie de copia aspiracional, sino que el otro es en verdad Michael Jackson, Zeus y la Venus de Milo. La personalidad única, propia e irrepetible es un concepto arcaico que ha sido sustituido por la mera voluntad de ser quien uno quiera ser y, por lo tanto, ser realmente el que uno es. El otro no es máscara. Ser Michael Jackson y que haya otros miles de Michael Jackson no presenta conflictos, porque el original Michael Jackson ha sido sintetizado en toda su complejidad. Se le ha podido reproducir técnicamente.

En las tres partes de la película, se ejemplifica lo que Benjamin ha denominado “la destrucción del aura”. Ahora las masas se pueden apropiar de las obras de artes (justo como el cine está haciendo con la tradición) y, más allá, de la personalidad de quien gusten.

Ya no hay posibilidad, como en el Rothko, de un argumento por la presencia, por la autenticidad. Lo auténtico ha sido destronado de su lugar único y ahora lo que reina es la repetición. La “esencia”, el “misterio”, que distinguía a un individuo de otro ha sido abolida. Pero la libertad no. Más bien, es una libertad real, una que va más allá de lo que (sin pedirlo) le había tocado a cada uno ser.

En The Congress, la apropiación masiva que veían Benjamin en el cine sube un escalón más: del arte no exclusivo, cuyo principio de existencia era lo importante, se pasa a una vida cuyo principio de elección es lo que la rige.

Esta obsesión contemporánea de “ser quien verdaderamente eres” es sustituida por “ser quien quieras ser”.

Yo era uno de los que hablan sobre Rothko. El argumento sobre la presencia de la es complicado de debatir, es más, tal vez el aura en pintura sea innegable y lo que realiza la reproducción técnica es una mera difusión. Tal vez para entender una pintura, se tenga que ver el original. Porque todavía tiene sentido esta palabra en la plástica.

En el cine, el DVD original de una película no es más que una copia autorizada por la productora. Pero nadie (o casi nadie) tiene empacho por verla en streaming (pagando o no) o comprarla en el tianguis de los miércoles. Argumentar que no se tiene la experiencia completa de The Congress porque se vio en algún sitio de Internet.

En el cine —y, según The Congress, en las relaciones humanas del futuro— el original, la autenticidad, no tiene sentido. Las películas suceden en y por la reproducción técnica, no tienen otro espacio que su aparición masiva y repetible.

Y en su recepción masiva, lo que comienza a importar es el valor de exhibición (que la obra sea vista tiene más importancia que la existencia de la obra), lo que comienza a surgir es un arte no exclusivo, un arte cuyo principio de existencia es también su principio de exhibición.

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Chihuahua, 1986) vivió en Toluca y ahora en el Distrito Federal. Próximamente será maestro en filosofía. Ha publicado en las revistas Los bastardos de la uva, F.I.L.M.E., Icónica, Registromx y El portal de Toluca. En este momento forma parte de Kinotecnia cineclub.

La literatura mexicana, y en particular la poesía, según ha consensuado la crítica literaria, adolece de tres cosas: primero Villaurrutia y luego Paz argumentaron que le hace falta sol (aunque paradójicamente sus versos están llenos de la palabra “luz”), otros han dicho que le faltan rasgos autobiográficos no obstante su lirismo puro y, finalmente, que carece de sentido del humor. Desde luego, para cada una de esas características se encontraría a un poeta que refutaría tal aseveración o, como se suele decir, la excepción que confirmaría tan estrictas reglas: para el primer caso siempre se piensa en la floreciente poesía de Carlos Pellicer, en el caso del segundo está la obra autoreferencial de Salvador Novo, y para el tercero, esa especie de haikús paródicos de nuestra literatura que son los “poemínimos” de Efraín Huerta.

Desde principios de los años noventa, la poesía de José Eugenio Sánchez (Guadalajara, Jalisco, 1965) irrumpió con su desparpajo, su humor ácido, su ironía, su irreverencia y llenó nuestra poesía de otros personajes, no precisamente nuevos pues siempre habían estado allí sólo que no tenían cabida en la aséptica poesía mexicana. Sánchez los ha metido en su libros Escenas sagradas del oriente (reeditado por Almadía en 2009),  La felicidad es una pistola caliente (Visor, 2004), galaxy limited café (Almadía, 2011) y ahora en jack boner and the rebellion.

Así, la cultura de masas por primera vez tuvo un lugar en la acartonada poesía mexicana del siglo XX. Varios de los referentes de la cultura pop, que ya habían estado en la pintura pero no en la poesía, como los cantantes o grupos de rock, los repartidores de comida rápida y sobre todo mucho sexo (en varios poemas de Sánchez encuentro una fijación por el sexo oral, “las mamadas”, así tal cual dice), se mueven con total libertad y libertinaje en la poesía de José Eugenio Sánchez. Todo eso que entra en la categoría “Afterpop”, el término acuñado por Eloy Fernández Porta en su libro homónimo. Al respecto, Fernández Porta cita una frase muy atinada de Don Delillo: “El futuro pertenece a las masas”. Además, Sánchez ha inventado el fenómeno poético “underclown”, que consiste en la lectura desinhibida de su obra, como si se tratara de un rockstar ante sus innumerables fans.

En su más reciente libro, Sánchez vuelve a la mitológica generación Beat, a esas lecturas de la primera juventud, y cuyos protagonistas se han convertido en personajes, en una más de las imágenes de la sociedad del espectáculo, es decir, en celebridades convertidas por las masas. Por eso en jack boner and the rebellion algunos de ellos vuelven a tener una vida como la de cualquier ser humano: Sánchez los trata con familiaridad y entonces aparecen con sus nombres de pila, Jack, Lawrence, Neal, Allen, William… De esa manera, es mejor conocer su vida y no su leyenda.

Además, en este nuevo libro, Sánchez vuelve a los mitológicos cuadernos de Kerouac en los que escribía sus haikús; se cree que escribió unos mil aproximadamente y en 2003 se publicaron en libro sólo 500 de ellos. Si en Estados Unidos los herederos de Kerouac siguen escribiendo haikús, como es el caso de David Trinidad en Peyton Place. A haiku Soap Opera (2013), en nuestro país, José Eugenio Sánchez escribe sus propios haikús en jack bonner and the rebellion, con el mismo rigor poético pero también con el mismo desparpajo al que nos tiene acostumbrados a sus fieles lectores:
 

sus nalgas parecen sonreír al marcarse los hoyuelos

 

el mar viene con una lata de cerveza

 

la luna habla al oído después del peyote


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Ciudad de México, 1981) es autor de La síntesis rara de un siglo loco publicado por el FETA.
TRANSDrama.

Hace poco más de un mes, comenzó a circular una convocatoria por demás interesante que invitaba a actores y dramaturgos a unos talleres con personas de talla internacional, el nombre: TRANSDrama; las responsables: Silvia Ortega y Carmen Ramos, ambas figuras activas e indispensables de la escena actual, directoras, actrices, creadoras.

En esta ocasión abrimos un espacio para escuchar en su propia voz cómo se ha llevado a cabo la realización de este nuevo espacio para la expansión artística.

 

Itzel Lara: ¿Cómo surge la idea de TRANSDrama?

Carmen Ramos: Desde el momento que Silvia Ortega Vettoretti y yo decidimos fundar nuestra compañía de teatro, llamada Teatro de los Efímeros, la apuesta siempre ha sido por la convicción y ejecución de que no existen los límites en el espacio escénico teatral, de que el teatro es tierra de nadie y que eso da la ventaja absoluta de convertirlo en un laboratorio constante, zona de libertad y procesos creativos. Y no sólo me refiero a los límites escénicos, sino también a los geográficos. Con esto en mente, tiempo después, ambas fuimos beneficiadas, individualmente, con una beca de residencia para escribir una obra en el extranjero. Yo me fui a Buenos Aires, Argentina, y Silvia a España. Nuestros encuentros virtuales, vía Skype, confirmaron nuestro primer paso contundente para expandirnos más allá del teatro mexicano: compartir lo vivido, pero no como una experiencia anecdótica y personal, sino de hacerlo práctico en el teatro mexicano.

De unos 10 años para acá, la escena mexicana ha crecido mucho, nuevos dramaturgos, jóvenes directores que se arriesgan, actores que se ejercitan como creadores… Todo esto es un proceso que cuestiona ciertos aspectos, por ejemplo, el que un director sólo se enfoque en dirigir tránsito escénico; que los dramaturgos rompan con estructuras clásicas de tiempo y localistas, abriendo su lenguaje a una fuente universal y que los actores dejen de concebirse como simples ejecutantes y aspiren a crear escénicamente, a convertirse en artistas, en generadores de contenido. Sin embargo, muchos adolecen de falta de preparación académica, y no me refiero a la de estar metido tres o cuatro años en un espacio cerrado de aprendizaje, me refiero a aquel conocimiento que es necesario encontrar en el camino de la experiencia profesional, en el que decides parar para reflexionar.

Así fue que ideamos este Seminario, el primero de varios, como un espacio de encuentro, que se caracteriza por reunir a gente que busca dialogar con la creación escénica (en esta ocasión, desde la dramaturgia y la actuación), con personas de gran experiencia, como lo son Sergi Belbel y Alejandro Catalán, que han trascendido el ejercicio de dibujar creativamente lo que es para abrir paso a lo que puede ser.

“TRANSDrama 2014, expediciones dramatúrgicas” representa la necesidad creativa de Teatro de Los Efímeros y de todos los creativos escénicos e invitados que nos hemos encontrado en el camino, gracias a la oportunidad de salir de expedición y hallarnos con aquella gente que desea compartir la ruptura con sus propios límites escénicos.

 

IL: Cuéntanos un poco cómo ha sido la organización.

CR: Comenzó hace poco más de un año, con Silvia y yo como fundadoras y coordinadoras. Nosotras elaborábamos, de inicio, los contenidos del mismo. Partiendo de la idea de concebirlo como un laboratorio escénico internacional, definimos  a nuestros dos primeros tutores invitados, lo siguiente fue buscar el ejercicio del diálogo a través de incluir mesas de reflexión, workshops y masterclasses con ejecutores de la escena mexicana.

Entonces buscamos una sede que nos acogiera y apoyos institucionales interesados, bajo la visión muy clara de no variar nuestro contenido y sin perder nuestra autonomía curatorial. El Centro Cultural del Bosque nos apoyó con la sede, así como otras instituciones se han ido sumando a este proyecto. No hay fin de lucro. Los talleres intensivos tienen un costo porque nuestros tutores deben viajar, hospedarse y entregar un conocimiento que evoca una vida dedicada al riesgo y al perfeccionamiento. Contamos con eventos paralelos gratuitos, además se abrirán al público conferencias magistrales y workshops para conocer a los tutores invitados. Los recursos no son muchos y aunque seguimos en la búsqueda de apoyos de todo tipo, esta clase de seminarios requiere inversión, inversión que seguiremos buscando con tal de hacer los talleres más accesibles y de poder crear un encuentro con más tutores para el siguiente año. Nos hemos ido profesionalizando en el camino. Organizacionalmente ahora contamos con gente en difusión, en logísta, en diseño y enlaces.

También tendremos una publicación, titulada TRANSDrama, expediciones dramatúrgicas, que reunirá relevantes y arriesgadas obras realizadas durante el 2013 y 2014 en Iberoamérica. Contaremos con obras, textos dramáticos, muchos realizados sobre la escena de dramaturgos como Claudio Tolcachir, Francisco Zarozoso, Diego Arámburu, Manuela Infante, entre otros. Se trata de ampliar la cartografía.

 

IL: ¿Cuál ha sido la respuesta de la gente?

CR: Cuando lazamos virtualmente el anuncio la respuesta inmediata fue de sorpresa y les ha encantado. Nos falta difundir más la convocatoria y en eso estamos. Hay muy poca oferta de entrenamiento actoral profesional, pocas oportunidades de encontrarte con maestros de tal nivel artístico y académico, de rozarte con otras visiones, abrir el panorama, salir de expedición; así que nos toca meter mucha motivación a través de la difusión. Por lo pronto, esta convocatoria ya se abrió y estamos recibiendo muchas aplicaciones, sobre todo para la dramaturgia.

 

IL: ¿Por qué TRANSDrama ahora?, y ¿qué pueden esperar los teatreros de él?

CR: TRANSDrama ahora porque está dentro de una corriente de gente que quiere explorar sin pudor la escena, sin límites.

Y lo que pueden esperar… yo no diría eso, sino, lo que pueden encontrar: un espacio propio que los saque del encierro de crear solos en casa, o con unos pocos compañeros, y  un lugar que incita a abrirse al encuentro con los demás, al encuentro con su propia creación y su postura política y cultural al respecto.

 

Para saber más de TRANSDrama, pueden visitar su Blog y las redes sociales, Facebook y Twitter.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
Ciudad de México, 1980. Dramaturga. Autora de Aún no recuerdo su rostro (FETA 2014). Fue Becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas (2009-2011) y de Jóvenes Creadores, FONCA, (2008-2009). Participó en los talleres de The Royal Court of London y realizó una residencia en la misma institución en marzo del 2013. Su obra Anatomía de la Gastritis, traducida al francés por David Ferré, fue editada por la editorial Le Miroir. Ha publicado Editorial El Milagro; Los Textos de la Capilla, segunda generación; Tierra Adentro, Buena tinta y la revista Este País. Su guion Distancias Cortas fue publicado en co-edición con IMCINE y Editorial Buena tinta, en 2012.