Tierra Adentro
La rutina de un tenedor, video HD, 2013. Mover un tenedor hasta que quede en su posición perfecta.

La investigación de Chantal Peñalosa se desarrolla a partir de pequeños gestos de intervención en la vida cotidiana, pequeñas rupturas que resignifican las situaciones del día a día. Estos gestos se desarrollan, principalmente, en dos lugares: el trabajo y Tecate, Baja California, una ciudad pequeña que se ubica en los límites geográficos del noroeste de México. En ambos hay procesos de repetición, como sucede en el ambiente laboral, en donde los efectos de desgaste, alienación y rutina generan preguntas acerca de cómo se podrían documentar y codificar esos acontecimientos. La resignificación puede darse a partir de los elementos mismos de esas situaciones.

El trabajo de Peñalosa es una estructura que rompe con lo que se espera de la cotidianidad. A partir de la reflexión de los puntos de vista de un registro fílmico, se cuestiona el propio uso de la cámara como sistema de documentación, pues en su interés busca otras formas de codificar, representar y documentar la información; formas que vayan más allá de las subjetividades de una jerarquía.

 

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Baja California, 1987) estudió la licenciatura en Artes Plásticas en la Universidad Autónoma de Baja California. Ha participado en distintas exposiciones a nivel nacional y ha sido becaria del FONCA.
Fotografía por Pixabay.

El viernes 3 de octubre, las lluvias prolongadas, aunque no intensas, evidenciaron la terrible planificación urbana de la ciudad de Monterrey, capital del Estado de Nuevo León. Trabajos de reconstrucción luego del huracán Alex, en 2010, y de aparente remodelación vial que se ha llevado a cabo los últimos tres años necesitaron un sólo día lluvioso para mostrar la falta de conciencia ecológica. El viernes, durante todo el día, la ciudad literalmente se sumergió en el caos ya que hubo encharcamientos, debido a la débil infraestructura para el tratamiento del agua de lluvia y drenaje en los cauces naturales del agua, lo que provocó embotellamientos desde la mañana hasta la tarde y el cierre de arterias principales; el deslave de un paso a desnivel recién construido en la zona sur de la ciudad y el desborde de un río, lo que resultó en daños a mil 262 viviendas y 13 escuelas.

Dos días antes de esta catástrofe, el miércoles 1 de octubre, casi como una profecía, se sostuvo en la Sala 11 del Museo de Arte Contemporáneo (MARCO) una mesa de diálogo titulada Humano… Nuestra relación con el entorno, precedida por el arquitecto Ricardo Padilla, cofundador del colectivo ambientalista Reforestación Extrema y responsable de proyectos de planificación urbana como El Semillero; el fotógrafo Alfredo de Stéfano, artista invitado en la exposición In/humano, que desde el 11 de julio y hasta el 2 de noviembre se exhibe en el museo, y Luis Madaria, productor de televisión cultural y experto en la reflexión sobre las periferias y el medioambiente.

Durante la charla se entretejieron una diversa variedad de perspectivas, sobre todo en torno a la conciencia del medio ambiente en el país, específicamente en la mancha urbana de la ciudad de Monterrey. En palabras del arquitecto Ricardo Padilla, la ciudad a principios del siglo XIX era una belleza en su entorno, ahora se corona como la ciudad más contaminada de México. En los últimos cuarenta años ha cuadruplicado su tamaño y existe un fenómeno único y devastador en América Latina: la densidad vehicular, que se traduce en dos vehículos por habitante, en una ciudad (mal) construida para conductores y con graves problemas en cuanto a distribución de la riqueza y transporte público. Hace falta cambiar la manera en que se perciben ciertas circunstancias, sobre todo la idea del “yo” en el mundo. El arquitecto comenta la urgencia de ampliar la percepción del “yo” a “yo y las circunstancias” para con ello comprender las situaciones desfavorables que desembocan en consecuencias concretas y contundentes para cada uno de nosotros como individuos.

Por otro lado, en la charla también se reflexionó sobre el contenido de la exposición In/humano y la creciente preocupación del tema ambientalista en distintos rubros del quehacer humano. A este respecto Luis Madaria recordó que la destrucción ecológica no es un tema nuevo, todo lo contrario. Recordó a Rachel Carson que a través de un texto titulado Silent Spring (Primavera silenciosa) marcó el nacimiento del discurso ambientalista. Madaria, gran conocedor de las periferias, menciona que en este ámbito hay gran calidad humana y sentido de comunidad que se ha perdido en las grandes urbes, provocando vulnerabilidad en la condición humana. Durante sus intervenciones reflexionó en torno al contenido de la actual exposición del MARCO y relacionó algunas de las piezas con películas que retratan el tema de medio ambiente, ser humano y el entorno, por ejemplo: 2001: Odisea del espacio (1968), de Stanley Kubrick, o la película animada Wall-E (2008) que a su parecer es una metáfora de la condición actual del planeta. Menciona cómo a partir de las piezas subyace el cambio evolutivo en la percepción de los seres humanos cuando éste era un ser frágil y vulnerable en la vastedad del mundo y ahora es un cazador, un destructor del entorno.

Alfredo de Stéfano, por su parte, relató su experiencia como artista enfocado sobre todo en la estética del desierto, del cual se siente atraído por su misterio y vastedad. Él lleva veinte años trabajando en una exposición titulada Tormenta de luz. Ha viajado por los desiertos de todo el planeta realizando un documental dirigido por Everardo González. Aprovechó el momento para mostrar imágenes y video de sus viajes por los desiertos, mostró un adelanto cuyas imágenes captan el lirismo romántico de esas inmensas latitudes y de algunos grupos humanos que lo habitan. Comentó que sus motivaciones personales están dirigidas hacia la manifestación de la vida y la muerte desde la estética de los desiertos. Por medio de su obra ejercita la reflexión subjetiva para mostrar la trascendencia del desierto, para él fascinante, ya que ha sido la cuna de la civilización. Para el fotógrafo, el desierto ostenta una “belleza sublime” que le valió la clasificación de “romántico posmoderno” que si bien podría ser acertada resonó de manera extraña en el recinto, debido, quizás, a la diversidad de connotaciones que las palabras “romántico” y “posmoderno” tienen en la actualidad.

La conversación, cuya pluralidad de temas y perspectivas apuntaban a prolongarse, suficiente como para hacer un congreso al respecto, tuvo que darse por terminada algo abruptamente. Se dio pie a una sesión de preguntas y respuestas.

El arquitecto Padilla mencionó la creciente necesidad de revalorizar el desarrollo vertical y no horizontal de las infraestructuras, como se ha llevado a cabo durante los últimos años, ya que de esta manera se está perdiendo territorio verde no urbano, así como espacio que antes era adecuado para la agricultura. En esta ronda también se mencionaron las carencias en cuanto a transporte urbano, cuyo desarrollo es vergonzoso, si se toma en cuenta que sólo hay dos líneas de metro y condiciones terribles de transporte público. Durante la charla, los tres participantes estuvieron de acuerdo en la necesidad de cambio respecto a la manera de concebirse a uno mismo como parte del todo; de las circunstancias; evolucionar para ser una sociedad empática y activa en la gestión de políticas públicas socialmente responsables.

Se extiende la invitación para acudir a la exposición In/humano que permanecerá hasta el 2 de noviembre. Se recuerda que la entrada al museo es gratuita los miércoles. También para los interesados en materia de ambiente en la ciudad de Monterrey aquí la liga a la asociación civil Reforestación Extrema. Durante la intervención del público, alguien entre los asistentes aventuró una predicción: que la ciudad de Monterrey tocará fondo, en aproximadamente cinco años, y que sólo ante la tragedia comenzaremos a tomar conciencia y buscar cambios reales en la gestión de políticas favorables para todos. Ojalá no tenga que ser así y que los habitantes de la ciudad podamos tomar conciencia a tiempo.

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
nació en Monterrey, Nuevo León, México, 1991. Cursa actualmente estudios de Literatura Mexicana en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Participó como ponente y creadora en los encuentros y congresos organizados por la Red Nacional de Estudiantes de Lingüística y Literatura (REDNELL) en D.F., Querétaro, Mérida y Tijuana ininterrumpidamente desde el 2010 al 2012. En febrero del 2013 ganó el Primer lugar en el Slam Poético 3.0: Sobrevivientes del 2012 y participó como jurado en el Slam Poético 4.0: Monterrey es un laberinto (junio 2013). Ha sido publicada en Puño y Letra (Monterrey, 2012), La regia cartonera (Monterrey 2014), Los bárbaros del norte (CONARTE 2014), el periódico Barrio Antiguo (Monterrey 2014) y la página de internet de Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en México (FUNDEM 2014).
Ilustración de Pamela Medina (Ciudad de México, 1992)

Poema inédito que pertenece a Mapping, libro de pronta publicación que recibió recientemente el Premio de Poesía Carmen Alardín 2014.

el desierto

el pase usted al desierto: el campo

de exterminio capitalista:

en méxico

es un museo: piedra

sobre piedra

una catedral de botellas

desechables: taparroscas

como flores

plastificadas de origen: pero

tenga cuidado con

las corcholatas

encajan las espinas: gotita

de sangre: ay tan oxidada sale

del descuidado talón

capitalista

que atraviesa el hall la arena: pero

no importa: este campo

sorpresa es un refresco

sin salida: no

tema usted

de pasar al desierto: fábrica

de la muerte de utensilios

de cocina

o de baño de iglesia: pase

usted por méxico: del otro

lado le espera una

coca-cola: beba

beba y sonría

le pagarán en dólares

el anuncio

involuntario prisionero

de la bebida global

esta sed única: la

coca-cola se bebe fría

como un bebé

sonría: por la basura

no se preocupe: esta no

es su basura

sino su iglesia un vertedero

de petróleo sabor zero

por la coca-cola: no no no

no se preocupe: ya no usan

cocaína: con una mula

del narco

no le confundirán: usted

pase por méxico

y beba coca-cola: el petróleo

flor capitalista:

yacimiento

de corcholatas y espinas: pero

tenga cuidado: revíselas antes

de tirarlas

ya que aunque flores

malignas sean

unas vienen con premio: un campo

de petróleo

de por vida por las venas

catedrales

de la gran familia: pase usted

por méxico

y olvídese del sol con una

coca-cola

olvídese del calor: por méxico

el desierto piedra

sobre piedra

se vive mejor con

el petróleo sabor cola: beba

la coca

y el pase usted al desierto: el museo

de concentración capitalista:

en méxico no tema morir

de sed:

beba usted

coca-cola y olvídese

no hay salida


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Monterrey, 1982) es poeta. Recibió el Premio Nacional de Poesía Joven Francisco Cervantes 2009; ha publicado Perro semihundido, entre otros libros.
Ilustración por Paulina Mendoza.

’Tis but thy name that is my enemy;

Thou art thyself though, not a Montague.

What’s Montague? it is nor hand, nor foot,

Nor arm, nor face, nor any other part

Belonging to a man. O, be some other name!

What’s in a name? that which we call a rose

By any other name would smell as sweet.

W. Shakespeare. Romeo and Juliet, II, 2: vv. 42-48.

 

Hace un par de semanas, en la esquina de Viaducto e Insurgentes, vi a un policía de tránsito empinarse una botella de refresco que se llamaba Jorge (el refresco, no el policía). Su chaleco (el del policía) era fluorescente; su papada, de pelícano; su panza, embarazo de once meses. “Puta madre —pensé— el poli me está bebiendo”, ya que esa poción oscura se llamaba como yo.

Pocos días después empecé a ver anuncios que explicaban el ominoso encuentro con mi gaseoso Doppelgänger: la Coca-Cola Company emprendió una campaña publicitaria que consiste en etiquetar refrescos con nombres humanos y difundir los lemas “Destapa la felicidad” y “Comparte una Coca-Cola con [el nombre de la víctima]”. No obstante los eslóganes, aquel policía no compartía su Coca-Cola con nadie, y no parecía haber destapado la felicidad sino la gordura.

¿A quién se le pudo ocurrir la idea de etiquetar con nombres propios un refresco? Opciones: (a) a un rotundo imbécil; (b) a un genio del marketing; (c) a un lacayo del capitalismo; (d) a un australiano; (e) a todos los anteriores. La respuesta correcta, como casi siempre en esta vida, fue (e): a todos los anteriores. En 2011 apareció en Australia la campaña “Comparte una Coca-Cola con… Charlotte” (Charlotte es un nombre muy común en Australia). Fue un éxito rotundo. Alguien podría pensar que los australianos, por vivir en una isla remota y descender de presidiarios, son proclives a la barbarie; “claro —dirían mis tías— ¿quién le pone a una niña Charlotte, come canguro y bebe refrescos con nombres humanos? Salvajes. Si no tuvieran tan buen PIB serían caníbales”.

Sin embargo, la campaña publicitaria de los nombres se ha replicado con gloria en más de cincuenta países, entre los cuales México, el máximo consumidor de refrescos en el mundo (ciento sesenta y tantos litros per cápita al año), no podría faltar. (En México nos gusta destacar en lo inútil o autodestructivo: la enchilada más grande del mundo, el coctel con más camarones del mundo, el hombre más rico del mundo, el hombre más gordo del mundo, etcétera).

Hay una Coca llamada Jorge porque somos (habemos, la verdad) muchos Jorges. En griego, Jorge significa “campesino” (de Geo-, tierra, y ergon, trabajo), pero ninguno de los Jorges que conozco se dedica a la agricultura: mis abuelos fueron oficinistas, mi padrino es abogado, dos o tres amigos son escritores, el argentino Jorge Bergoglio es sumo pontífice católico, mi panteón literario incluye a Jorge Luis Borges, Jorge Ibargüengoitia, George Elliot y Giorgio Manganelli, mientras que yo iba a psicoanálisis con un Jorge, andaba con una Georgina cuyo padre y hermano se llamaban… ad nauseam.

A pesar de esta arbitrariedad en el uso de “Jorge”, que igual nombra al portero más goleador del futbol mexicano, al primer papa americano y a un miembro de los Beatles, creo que los nombres significan algo por sí mismos, que marcan el destino de la gente que los porta, y que la Julieta de Shakespeare quiere engañar a Romeo cuando le pide que se cambie de nombre y le dice: “What’s in a name? that which we call a rose / by any other name would smell as sweet”. Si yo fuera agente publicitario de Coca-Cola haría un anuncio donde Julieta, después de darle un trago a su refresco, dijera: “What’s in a name? that which we call a Coke / by any other name would taste as sweet”. ¿Qué hay en un nombre? Mucho más de lo que aparenta.

Ilustración por Paulina Mendoza.

Ilustración por Paulina Mendoza.

¡Ulcerosos del mundo, uníos!

En primer lugar, el vicio. Muchas personas que conozco han sucumbido al placer corrosivo de ese refresco. Mi tía Carmela, de tanto sopear galletas Marías en Coca-Cola, murió desangrada por el colon; el tío Paco tuvo problemas renales; la dentista de mi padre se está haciendo millonaria y mi cuate anónimo, que me pidió no revelar su identidad, recibió un catéter por la uretra debido a unas piedras que tenía en la vejiga por las sales del refresco. Sentir que un catéter te sube por la uretra debe ser una experiencia única en la vida, y estoy dispuesto a lo que sea por no vivirla jamás.

A pesar de sus efectos nefastos para la salud, los anuncios de Coca-Cola son protagonizados por seres inofensivos como un obeso inexistente (Santa Claus), osos polares (que están en grave peligro de extinción) y coros infantiles. Ahora, los protagonistas de la campaña son los consumidores mismos. A través de las redes sociales, se anima a las víctimas a regalar a sus amigos latas con su nombre impreso, así como a compartir en internet fotografías de latas con su nombre. De ese modo, Yolanda, Luis y María se convierten en promotores del refresco, tarea por la cual nadie les paga. En la calle de Madero, en el Centro Histórico de la ciudad de México, hay un Centro de Personalización Coca-Cola, donde cualquiera puede llevar una lata y una máquina la bautiza con su nombre. Por el tamaño de las filas que se hacen frente a las máquinas, parecen cajeros automáticos en quincena. Todos quieren compartir una Coca con alguien, aunque sea consigo mismos. Esta epidemia de generosidad le va a arruinar el páncreas al país.

 

Coca-Cola lacaniana

Jennifer Healan, directora de marketing y diseño de Coca-Cola, apunta: “Cuando los adolescentes vean que el icónico logo de Coca-Cola ha sido sustituido por sus nombres o los nombres de sus amigos, no van a poder evitar tomar una foto y publicarla en internet”.1 ¿Por qué no van a poder evitar tomar una foto, qué clase de dominación simbólica ejerce la Coca-Cola sobre los adolescentes? Qué diera porque Roland Barthes no hubiera sido atropellado por una camioneta de lavandería o Michel Foucault hubiera usado condones, y estuvieran aquí, muy viejos, para hacer una crítica del fenómeno en cuestión.

Como no sobrevive ningún otro filósofo tan profundo y tan mundano como ellos, veamos lo que Slavoj Žižek tiene que decir sobre esta bebida gaseosa. En El frágil Absoluto o, ¿por qué merece la pena luchar por el legado cristiano?, compara la Coca con el objet petit a lacaniano, cuya función es representar lo que hay de inalcanzable en un objeto deseado (la plusvalía del goce: surplus-jouissance): aunque el placer concreto de beber algo está en la saciedad, la nutrición y el sabor, la Coca-Cola posee una plusvalía psíquica que nunca nos deja satisfechos y nos compele a beber más. Por eso, Žižek considera la Coca como

la mercancía capitalista por excelencia y, como tal, el surplus-jouissance personificado. No es una sorpresa que la Coca apareciera como medicina —su extraño sabor no parece dar ninguna satisfacción particular; no es directamente agradable ni encantador— no obstante, es precisamente así, trascendiendo cualquier valor de uso inmediato (a diferencia del agua, cerveza o vino, que definitivamente sí calman nuestra sed o producen el efecto deseado de calma satisfecha), que la Coca funciona como la encarnación directa de “eso”: el puro surplus-jouissance sobre las satisfacciones ordinarias, del misterioso y elusivo X que todos estamos buscando en nuestro consumo compulsivo de mercancías.

La Coca-Cola decimonónica estaba hecha con hojas de coca y nuez de cola (de ahí su nombre, ahora vacuo), por lo que era una bebida muy tonificante. La Coca de hoy, hecha con fructosa y cafeína, es un pobre remedo de la bebida original. Aún peor, la Coca de dieta sin cafeína está despojada de todo químico estimulante, y en su lugar queda un pura simulación, un fantasma. Por eso, Žižek pregunta: “¿Acaso no, en este sentido, con la Coca de dieta sin cafeína casi literamente ‘bebemos nada bajo el disfraz de algo’?”.2

Al desmontar el mecanismo publicitario de la Coca-Cola (que nos hace la promesa falsa de la felicidad) encontramos a una empresa abocada a utilizarnos no sólo como consumidores cautivos por la adicción al azúcar y la cafeína, sino como distribuidores de la estafa, mano de obra gratuita, cómplices en el proyecto de hacer de la Coca-Cola el símbolo mundial del goce inalcanzable.

Ilustración por Paulina Mendoza.

Ilustración por Paulina Mendoza.

Personalización subvertida: de cómo nos volvemos Coca-Colas

En México, el éxito de la campaña ha llevado a algunas tiendas a prohibir a sus clientes que desacomoden los refrigeradores buscando a su tocaya gaseosa. Todos ansían encontrarse en el objeto. ¿Por qué? Para explicarlo en términos distintos a los de Lacan, podemos recurrir a Stuart Kronauge, vicepresidente de Coca-Cola, quien dice: “Para los adolescentes y los Millennials, la personalización no es una moda, es una forma de vida. […] Se trata de la libre expresión, la narración individual y mantenerse conectados con sus amigos. Share a Coke aprovecha todas esas pasiones”. En esta declaración descubrimos el núcleo de la perversión publicitaria: la del significado de la “personalización”.

En principio, personalizar implica que una persona incorpore modificaciones personales (según su voluntad, contexto y gustos peculiares) a un objeto, con el fin de plasmar su impronta en él, diferenciarlo de otros objetos iguales y, de ese modo, apropiárselo. Personalizar es lo que hace alguien cuando decora su casa, dibuja en la portada de un cuaderno o escribe una dedicatoria en un libro que va a regalar. Incluso los tatuajes y las perforaciones son formas (dolorosas) de personalización, pues significan una apropiación simbólica del propio cuerpo.

Todos queremos sentirnos especiales, únicos, irrepetibles, y la personalización es un recurso para lograrlo. Muchas empresas, conscientes de ello, han optado por facilitar el trabajo a sus clientes y personalizar las cosas de antemano: así, el empleado de Starbucks escribe el nombre de los clientes en sus vasos desechables y Apple ofrece, sin costo extra, grabar el nombre del comprador en la coraza de su Ipad. Sin embargo, la personalización empresarial de los objetos logra el efecto justamente contrario al de la personalización genuina: en lugar de que cada quien se apropie de los objetos de la manera que se le antoje, las empresas interceptan este deseo y se apropian de la identidad de las personas. Así, a través de la impresión del nombre “Juana” en las botellas de refresco, Coca-Cola se apropia de las Juanas que se ven obligadas (por la campaña publicitaria y por la sed de identidad) a comprar el refresco y convertirse en un vector publicitario de la marca. Recordemos las palabras de Jennifer Healan: “Cuando los adolescentes vean que el icónico logo de Coca-Cola ha sido sustituido por sus nombres […] no van a poder evitar tomar una foto y publicarla en internet”.

Esta coerción mercadotécnica es muy común, pero nunca antes se había usado con tanto descaro. Lemas como “Soy totalmente Palacio”, “Yo soy Telcel” e incluso “#Yosoy132” funcionan igual: a cambio de comprar ciertos productos o ideas, la empresa le da a los clientes una rebanada de identidad. En los Centros de Personalización Coca-Cola, uno va a comprar algo del prestigio de la marca para asignárselo a uno mismo a través del nombre.

Por eso me resulta tan obscena y ominosa la aparición de Jorge, la Coca-Cola; en lugar de enriquecido, me sentí enajenado. Sentí como si la empresa me hubiera robado algo que pertenece, de manera colectiva, a todos los que nos llamamos Jorge. Propongo al lector un ejercicio: vaya a la tienda más cercana, de preferencia un supermercado con seguridad privada, busque una botella de Coca-Cola con su nombre e intente llevársela sin pagar. Cuando los policías traten de impedirle la salida, muéstreles su identificación oficial y dígales: “Miren, me llamo Pedro y la botella dice Pedro. Es mía”. Si usted, después de ser acusado de intento de robo, demanda a la Coca-Cola por usar su nombre en uno de sus productos, prepárese para perder: los nombres propios, a diferencia de marcas registradas como “Coca-Cola”, no son propiedad intelectual, por lo que cualquier empresa puede usarlos con fines de lucro.

Otro experimento imaginario: si yo decidiera llamar “Coca-Cola” a mi línea de jugos de chicozapote (parecidos a la Coca pero más espesos, nutritivos y sabrosos), la empresa podría demandarme por explotar su marca, pero yo no la puedo demandar por lucrar con mi nombre. Si el lector juzga que mi comparación jurídica entre marcas y nombres propios es absurda, entonces está de acuerdo conmigo: la campaña de Coca-Cola transgrede la diferencia esencial entre el acto de nombrar una mercancía y un ser humano.

El hecho de que no nos escandalice la usurpación privada de los nombres por una empresa trasnacional es síntoma de cuán profunda y polifacética es la tragedia de nuestros bienes comunes: al parecer, lo único que los mexicanos sentimos como nuestro en sentido colectivo es el petróleo.

Cuando se nos ordena: “Comparte una Coca-Cola con Aarón (como mi primo), Abigaíl, Abelardo (como el gran filósofo castrado), Artur (sic), Brandon (¡abajo el imperialismo norteamericano!), Chucho, Daniela (como mi primera novia), Kary (sic), Lalo, Lucrecia (Borgia), Luis, Marisa, Maximiliano (dizque no lo fusilaron en el Cerro de las Campanas), Mitzy (¡sic!), Moisés, Nancy, Nora, Octavio, Orlando (furioso), Pamela, Renata, Reynaldo, Rosa (Melcacho, decía un cuate de la prepa), Samuel, Santiago, Silvia, Soledad (en llamas), Susana, Ulises, Virginia o Yolis”, lo que hace la empresa es adueñarse de nuestra identidad colectiva, del acervo nominal que cada cultura tiene para llamarnos y convivir.

Ilustración por Paulina Mendoza.

Ilustración por Paulina Mendoza.

Razones para no creer

Cuando la Coca-Cola Company cumplió ciento veinticinco años de existencia, en 2011, celebró con una campaña titulada “Razones para creer”. En su anuncio estelar, un coro de niños norteamericanos canta la canción “Whatever” de Oasis, mientras que en la pantalla se leen frases optimistas como “Por cada tanque que se fabrica en el mundo… se fabrican ciento treinta y un mil peluches”. El mensaje del anuncio (hay más cosas buenas que malas en el mundo) puede leerse de otra manera, como una lista de correlaciones horrorosas: por cada tanque fabricado en el primer mundo para imponer la hegemonía de los Estados capitalistas hay ciento treinta y un mil peluches maquilados por los niños del tercer mundo para satisfacer el consumismo del primero.

Otra cápsula de alegría: “Por cada persona que dice que todo va a estar peor… hay cien parejas buscando un hijo”. Con la primera parte de la frase, aparece la imagen de un noticiero de televisión sobre el calentamiento global (“Global Warming”, se lee en letras rojas). Con las cien parejas apareándose, aparece una secuencia de idilios: amantes en la cama, una mujer embarazada en una habitación lujosa, niños jugando en un jardín. Es decir: por cada alarmista que se preocupa por la catástrofe climática en ciernes, hay doscientas personas copulando sin cuidado por el desmadre que van a heredar a sus hijos.

Por último, esta joya: “Por cada arma que se vende en el mundo… veinte mil personas comparten una Coca-Cola”. Primera imagen: un batallón de soldados marchando; segunda: un ejército de hippies bebe Coca-Cola en una colina italiana (grabado para la campaña de 1971 “I’d like to buy the World a Coke”). Es decir: el tráfico de armas y el consumo masivo de mercancías van de la mano; el mundo feliz de Coca-Cola es defendido por dos clases de ejércitos: uno de soldados con rifles y otro de consumidores irresponsables.

“Veinte mil personas comparten una Coca-Cola”. ¿Qué comparten Aarón, Brandon, Daniela, Marisa, Rosario, etc., al compartir una Coca-Cola? Comparten a la trasnacional que aplasta o absorbe a todas las empresas locales, que obliga a las tiendas de abarrotes a someterse a contratos de exclusividad, que prepara sus bebidas con toneladas de edulcorante nocivo, y que se adueña del espacio público y de los nombres propios para condicionarnos, como ratas de laboratorio, a correr por el laberinto del consumo hacia la felicidad embotellada en cada “Coca-Cola”.

 

Comparte una Coca-Cola con Jehová

La Coca-Cola ha explotado desde sus comienzos el discurso religioso. En 1905, su lema en Estados Unidos adoptó términos de salvación protestante: “Coca-Cola revives and sustains”. En 1927, sus eslóganes parecían descripciones de Dios escritas por San Agustín: “Pure as Sunlight”, “Around the corner from Anywhere”. Entre la colección de eslóganes trascendentales, mi favorito es uno de la Coca-Cola Pakistán: “Dill Hai To Mango Aur” (Si tienes corazón, pide más).

La Coca-Cola también ha privatizado la Navidad. Por eso Santa Claus aparece en sus anuncios, y el árbol navideño más grande que se erige cada año en la ciudad de México, ese que representa la trinidad cristiana y que el año pasado ardió durante una manifestación política, se llama Árbol de Navidad Coca-Cola.

Por estos días hay en México miles de botellas de Coca-Cola llamadas Jesús. “Comparte una Coca-Cola con Jesús” parece el anuncio de una iglesia evangélica, dispuesta a todo para hacerse de un lugar en el competido mercado espiritual del siglo XXI. Para ganarse al público hinduista sugiero: “Comparte una Coca- Cola con Vishnú”, y para los New Age: “Comparte una Coca-Cola con el Universo”.

Podría escribirse una historia espiritual del mundo moderno basada en la publicidad de Coca-Cola; gracias a la estrategia de apelar a nuestras motivaciones más irracionales, funciona como espejo perfecto de nuestro inconsciente. Al preguntar, como una Julieta sediciosa, ¿qué hay en un nombre?, apuntamos hacia algo íntimo, oscuro, fatal.

Ilustración por Paulina Mendoza.

Ilustración por Paulina Mendoza.

 

 

 

1 Las declaraciones de ejecutivos de Coca-Cola las extraje de Jay Moye, “Un verano para compartir: La campaña “Share a Coke” llega a los EE.UU.”, 20 de junio de 2014,[consultado el 11 de agosto de 2014].

2 Slavoj Žižek, El frágil Absoluto o, ¿por qué merece la pena luchar por el legado cristiano?, Londres y Nueva York, Verso, 2000, pp. 22-23. Las traducciones del inglés son mías.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Ciudad de México, 1987) es narrador y ensayista. Autor de la novela Las mutaciones (Antílope, 2016) y del ensayo Yonquis de las letras (La Huerta Grande, 2017).

Instrucciones para contar muertos, dice Sara Uribe en su poemario Antígona González. Quiero escribir sobre esos cuerpos que faltan y no puedo. ¿Pueden a uno quitarle nombre y rostro? Ahí están las notas, las cuentas y el silencio rodeándolo todo como un yugo, envileciendo cada parte humana que nos queda. Los nombres de los desaparecidos se han vuelto un mar de sombras, una fosa común que poco a poco adquiere la medida exacta de este país. Este país que se ha vuelto una llaga infectada de silencios.

Antígona (conductora del poemario) busca a su hermano entre las filas interminables de desaparecidos, quiere someterse a la terrible tarea de reconocerlo tendido y polvoriento en una húmeda morgue. Ruega porque haya escapado y se encuentre escondido en algún lugar de la frontera, pero en el fondo sabe que ha pasado a engrosar las cifras no oficiales, listas negras e infinitas de violencias que tiñen de rojo lo cotidiano. No quería ser una Antígona, pero me tocó, dice resignada y continúa su búsqueda.

En 2012, este poemario fue publicado por la editorial oaxaqueña Surplus. Desde el 12 de septiembre de 2010, el blog Menos días aquí, en el que voluntarios realizan un conteo nacional de asesinatos por violencia en México, informa de 51 474 casos. En su entrada se lee “Proyecto colectivo. Contamos muertes por violencia en México. Mantenemos viva la memoria de nuestros muertos. Reclamamos paz”. Sara Uribe ha sido parte de esos voluntarios, registró cientos de asesinatos cuyas historias suelen esfumarse entre papeles viejos y links en la web; comenzó a trabajar en Antígona durante el sexenio calderonista  ante la creciente violencia en el norte del país, empleando técnicas de apropiación, intervención y reescritura de las Antígonas de Sófocles, Judith Butler, María Zambrano, Griselda Gambaro y Marguerite Yourcenar.

¿Son esas muertes distintas a otras? Mi bisabuela se fue a los noventa y tantos años, tranquila en su cama, recordando a su hija. La vi dormida y toqué sus manos de arena. Tiene un pedazo de tierra donde a veces voy y pongo flores, un lugar donde acomodarme en los días más fríos, una historia que contar. Uno se va y todo se acaba. El problema es que no es así, uno se queda. Permanece porque existe un nombre, porque hubo un cuerpo y algo que decir sobre lo que ya no es. Los desaparecidos no tienen esa oportunidad, han sido doblemente violentados, alguien decidió por ellos sobre su principal derecho, y más aún, les negó tumba y nombre: aquí yace el ser amado, el que alguna vez pude abrazar y ahora recuerdo. Besar la piedra, saber que ahí descansa el cuerpo propio, no el ajeno.

Derecho a morir con dignidad. Pedimos que no nos quiten la única certeza: que hemos de regresar a la tierra acompañados de otras voces, volvernos minerales donde crecerán plantas y recuerdos. En Antígona González, Sara Uribe clama por la recuperación del cadáver, la voz para decir tengo derecho, aún a esto. Surplus recientemente reeditó este libro; Maricela Guerrero, Roberto Cruz Arzábal y su autora lo presentarán este viernes 10 de octubre en la Feria del libro en el Zócalo de la Ciudad de México.

Apropiación, intervención y escritura pueden entenderse como la necesidad de formar parte de lo colectivo y renunciar de una vez por todas a esa soledad anquilosada llamada sujeto, propiedad, moneda de cambio. Antígona González es un texto intervenido por los otros, obra cuerpo que mantiene su cohesión y al mismo tiempo señala la distancia. Esta obra desplaza al autor entendido como una variante más del capital bajo la premisa de que el lenguaje ha sido siempre un espacio compartido, en constante destrucción. Los cuerpos son palabras adheridas a superficies ásperas o dejadas al sol para pedir a los dioses por su sombra. ¿De qué nos hablan los cuerpos cuando no están, las desapariciones?

Apropiarnos del territorio, expropiar las palabras ante estas políticas de silencio y terror. En Antígona, renombrada, Marina Azahua dice que para no olvidar a esos muertos tendríamos que renombrar el mundo, cambiarle el nombre a todas las cosas y aprender de nuevo otro lenguaje, quizás así nos veríamos obligados a recordar cada historia, cada principio aunque sea por su final. Apropiarnos de esos cuerpos como de palabras que intentan describir circunstancias distintas, formas de vivir y entender la realidad sesgadas por un sistema homogéneo y totalizador. ¿Qué haremos para volver a escribir?, preguntó hace poco Antonio Calera-Grobet en redes sociales, para que las cosas simples vuelvan a importar si todas las Antígonas siguen buscando y sin remedio.

 

 


Autores
Es licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas, por la UNAM. Junto al artista plástico Pavel Acevedo, dirige Espacio Centro, un lugar independiente de exhibición y producción artística ubicado en la periferia de Oaxaca. Trabaja lentamente en su ficción y en un pequeño huerto.

El Conaculta, a través del Programa Cultural Tierra Adentro, la Coordinación de Literatura de la Secretaría de Cultura de Jalisco y el H. Ayuntamiento Constitucional de Cocula, Jalisco

Hacen del conocimiento público que el

Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 2014, que se había otorgado al libro Cartas de amor para mi amigo cerdo, firmado con el seudónimo “Nativa Wolken”, de Carla Xel-Ha López Méndez

se declara desierto

debido a que se incumplió la cláusula 2 de la Convocatoria 2014:

Quedan excluidos los trabajos que participan en otros concursos o se encuentran en espera de dictamen, obras premiadas en otro certamen, autores que hayan recibido cualquier premio del Programa Cultural Tierra Adentro, y el personal de las Direcciones convocantes del Consejo, así como de la Secretaría de Cultura de Jalisco y del H. Ayuntamiento Constitucional de Cocula, Jalisco.

La resolución tomada por el Comité Organizador se apega a las bases y lineamientos que se publican en la convocatoria.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.

Semana italiana

Antes de que Hollywood conquistara las industrias cinematográficas nacionales (en los ochentas) la producción de películas italianas ya respondía a las demandas diversas del público. Una de ellas era el entretenimiento puro y duro.

De hecho, desde el neorrealismo, Italia entró en el mapa del cine. Fellini, Rosellini, De Sica, Antonioni, y muchos más “nis” han marcado la forma en que se ven y hacen películas.

El cine de arte y el cine comercial italianos usaron un “doble nicho”: ocupaban los mismos estudios, los mismos actores (Barbara Steele fue una gran scream queen, además de actuar en 8 ½) y los límites formales del cine preocupaban a toda la empresa fílmica de este país.

Bava, Fulci, Argento, Deodato, D´Amato y Lenzi formaron la otra cara del filme italiano, aquel que no se dedicó a hacer “arte” sino terror, gore, zombis. Este cine (que ha sido excluido de la historia como algo valioso) intentó renovar y explotar las posibilidades del medio de la misma forma que su contraparte “intelectual”: hacen y deshacen las narrativas aristotélicas, el uso de zooms no tradicionales está a la orden del día, el softfocus y el montaje caótico iban de la mano. La experimentación formal que encontramos en Fellini la encontramos en Fulci, sólo que uno ha pasado a la historia como creador; el otro, como entretenedor.

Esta lista es un intento de, uno, demostrar que la valía del cine no siempre tiene la etiqueta “de arte” (puesta por quién sabe quién y para quién sabe qué fines) y, dos, que el cine que surge como producto de entretenimiento no está peleado con la posibilidad de una visión crítica y de un aprovechamiento estético.

Punto aparte es la música y un nombre lo resume todo: Goblin. Una banda italiana de progresivo que tiene líneas inolvidables de bajo y pone énfasis en el uso de los sintetizadores, es responsable de muchísimos de los aciertos de estas producciones.

 

Profonso Rosso (8 de octubre)

https://www.youtube.com/watch?v=mzOJ_63u3mM

Película completa aquí.

¿De qué va?

Una vidente, durante una conferencia, anuncia que entre el público se encuentra un asesino serial. En la noche, la vidente muere y un pianista (que de causalidad pasa por la escena del crimen) decide, junto con una periodista, resolver el crimen.

¿Por qué verla?

Argento es una figura fundamental del giallo (un género de películas de corte policiaco con mucho sangre y violencia explícita) y Profondo Rosso, con la actuación de David Hemmings —protagonista de Blow up, de Antonioni (lo del doble nicho no era broma) —, es, si no la obra maestra de este italiano, sí una de las más depuradas. Con Goblin en la parte musical, no hay pierde (si no les gusta la película, al menos deben escuchar el soundtrack). Además, la escena de apertura es inolvidable y enrarecerá toda la película hasta que, al final, la revelación del misterio sea dada; es una historia perfectamente circular.

 

The Beyond (9 de octubre)

Película completa  aquí.

¿De qué va?

Un pintor acusado de ser brujo, es crucificado en un hotel. Con este acto, una de las puertas del infierno se abre en el sótano del lugar. Varios años después, una mujer hereda el edificio y comienza los planes de reapertura comercial. Las obras despiertan a los muertos y la mujer, junto con un doctor y una muchacha ciega, deben enfrentarse a estos revenidos del infierno.

¿Por qué verla?

Porque es del nunca bien ponderado Lucio Fulci. Si bien todos los directores de la otra cara del cine italiano son interesantes, Fulci es el bueno. Sospeché por algún tiempo que sólo era una filia personal, pero The Beyond (junto con The New York Ripper, City of the living dead  y House by the Cementery), demuestra que Fulci era uno de los más avezados directores de su época (tan avezado que, a veces, parece que improvisa). Dos razones más para no perderse esta película: la elección de Catrina MacColl como protagonista (y sus ojazos) y el final (el cual no arruinaré, ¡pero qué final!).

 

Cannibal Holocaust (10 de octubre)

Película completa aquí.

NOTA: La película está alojada en un servidor al cual sólo se puede acceder desde Estados Unidos. Para verla, bajen el complemento de navegador Hola (VPN que hace creer al internet que uno vive en otro lado; es completamente seguro). Con ese complemento pueden ver Netflix gringo, usar Pandora y saltarse las restricciones de Youtube. Otro punto malo: hay que sacar una cuenta en Hulu.com, pero la película lo vale.

¿De qué va?

Frente a la desaparición de unos antropólogos que filmaban un documental sobre unas tribus amazónicas, la casa productora encarga a un ejecutivo recuperar las cintas para completar la película. El ejecutivo viaja hasta la selva para descubrir que los antropólogos han sido asesinados y consumidos por caníbales. Pero ese no es el verdadero misterio.

¿Por qué verla?

Supongo que a los conocedores de la historia de la antropología, el tema del “invasor blanco” y su colonización-dominación del otro por medio de esquemas teóricos, no les será ajeno. Esta película parodia hasta el extremo esta condición del saber occidental, cuyas formas de explicación del mundo, muchas veces son representaciones de violencia y de justificación de una supuesta inferioridad de lo que se considera diferente. La imagen con la que se promocionó la película es una indígena empala; la secuencia en video es mucho más impactante.

 

Nightmare city (11 de octubre)

http://www.youtube.com/watch?v=VNd8aL41c5Id

Película completa aquí.

¿De qué va?

Un avión viene de una central nuclear con un grupo de científicos. Un periodista es enviado al aeropuerto para entrevistar al jefe de las investigaciones nucleares. Cuando el avión aterriza, gente deforme y armada que baja de él, inunda la ciudad con frenesí homicida.

¿Por qué verla?

Nightmare city no es exactamente una película de zombis. Tal vez lo sea de “infectados nucleares” o algo así. Sin embargo, el maquillaje y el gore están muy bien logrados. Y pecando un poco de chovinismo, sale Hugo Stiglitz, figura bastante presente en el cine mexicano de los setentas. Además, su influencia en la increíble 28 days after es innegable: gracias a esta obra de Umberto Lenzi, Danny Boyle pudo construir esos infectados ultra rápidos y mortales.

 

Beyond the darkness (12 de octubre)

Película completa, aquí.

¿De qué va?

Un taxidermista pierde a su mujer; atormentado por la soledad, la embalsama y duerme con ella todas las noches. Al no poder “tomar” el cadáver de su mujer, empieza a buscar a otras féminas. Frente a la decepción que le presentan todas esas mujeres, las termina.

¿Por qué verla?

¡Goblin ataca de nuevo! Pienso que cualquier película con música de estos italianos sube unas tres rayas en calidad. Beyond the darkness empieza lento pero gracias a la música, mantiene la tensión. Después, se abre una interesante línea erótica-incestuosa entre la mucama y el taxidermista, el gore es poco pero exacto y, al final, fantasmas. D´Amato, el director, tiende a ser un poco caótico en su montaje (aunque no al extremo de un Jess Franco), pero con Goblin, todo bien.

 

Demoni (13 de octubre)

¿De qué va?

Durante una función de cine de terror, una máscara “infecta” a una de las asistentes, quien se convierte en un zombi-demonio que comienza a infectar a cada miembro del auditorio. El cine, como descubren sus protagonistas, es una especie de criatura viva que quiere exterminarlos y no los dejará salir.

¿Por qué verla?

Argento es el escritor y parece que, en este guion, dejó salir muchos “excesos” que no se permitía en sus películas. Estos excesos, atajados por una cuidada dirección de arte, resultan en una película divertidísima. Es de notar la mezcla entre la ficción de la película que vemos con la ficción de la película que se ve en la película (metaficción, pues). Atentos a los créditos, hay que esperar para ver el final auténtico.

 

Sei donne per le assesino (14 de octubre) 

Película completa, aquí.

¿De qué va?

Una chica que trabaja en una agencia de modelos amanece muerta en uno de los armarios. La dueña y las demás empleadas sufren la pérdida hasta que otra mujer de la agencia muere asesinada en condiciones similares. La policía sospecha de un maniático sexual pero cuando encuentran el diario de la primera mujer asesinada, las cosas dejan de ser tan simples.

¿Por qué verla?

Mario Bava, director de la cinta, fue el maestro de esta generación italiana de directores trash y esta película fue la que empezó todo, la que codificó el giallo. Sin este filme, adiós a Wes Craven¸ a Nightmare on Elm Street, a Friday the 13th, a Chucky, a todo Argento e incluso, a los giallos de Fulci. Adiós, pues, a una gran parte del cine de terror. La paleta de colores me recuerda a Vertigo, de Hitchcock.

 

Para ver la primera parte de Octubre en películas da clic aquí.

 


Autores
(Chihuahua, 1986) vivió en Toluca y ahora en el Distrito Federal. Próximamente será maestro en filosofía. Ha publicado en las revistas Los bastardos de la uva, F.I.L.M.E., Icónica, Registromx y El portal de Toluca. En este momento forma parte de Kinotecnia cineclub.