A la una de la tarde ya se me hace tarde para llegar al Canal Once, pero todavía no tanto como para realmente alarmarme: puedo comprar un agua mineral en el oxxo de la esquina de mi calle. Ya entonces domina el paisaje el mandil rojo del taquero del puesto emplazado frente a la entrada, que no sé para entonces cuántas horas lleva despachando. El otro día lo vi recostarse en la tipificada pared gris de la tienda regiomontana, reventado de un sueño que trataba de aplacar a discreción. Entonces solo había un cliente; fortuna. La circunstancia relajada le permitió encargarle la responsabilidad unos minutos a ese comensal, en lo que se desvanecía dentro del complejo comercial que instalaron hace unos años en lo que fue durante mucho tiempo un lote subutilizado de los modestos empresarios multimillonarios Hermanos Vázquez.
Reventado de sueño, eligió abandonarlo todo por unos minutos, confiar a ciegas en su único cliente y desaparecer, probablemente en busca de algún estimulante.
1.
Nueve años antes, ya entrada la tarde, Hillary Clinton tuiteó de repente una fotografía suya abrazando a una niña, acompañada de un texto ambiguo que apestaba a resignación. Ellos saben, soltó en la redacción Édgar Cera, docente de la UNAM y coeditor en la sección Nacional del periódico Reforma.
Comenzaban las especulaciones de derrumbe de la ruta demócrata rumbo a la Casa Blanca incluso en el gabinete federal mexicano, entonces un poco más monigote, más indigno de confianza: las criaturas del Partido Revolucionario Institucional (PRI) habían vuelto a Los Pinos mediante el apuntalamiento de una figura de cera y de televisión que en todas sus esferas públicas se mostraba guionado y a quien la prensa debía tratar con excesiva diligencia —de otro modo, resultaría excesivamente sencillo deshilachar la marioneta.
Claudia Ruiz Massieu, entonces titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores, conforme se desarrollaba aquel martes 8 de noviembre de 2016 en Estados Unidos, convocó a un monitoreo de la situación, en diálogo con la embajada mexicana y los consulados en el vecino más incómodo desde el siglo XIX y lo que se acumule.
Antes de la fotografía de Clinton flotaba una especie de pacto colectivo de interpretación de la realidad que decretaba inconcebible una victoria popular de Donald Trump. Fue, por ejemplo, precisamente contra lo que se inconformó el documentalista Michael Moore desde su cuenta de Facebook aquella noche, cuando llamó a subrayar que el millonario había ganado las elecciones según los puntajes del Colegio Electoral, pero que la mayoría concreta, numérica, sufragó en favor de la candidata del Partido Demócrata. Fue ese mismo, también, el sentido del ejercicio editorial del New York Times, que vendió la piel antes de matar al oso y formó una portada con Clinton como ganadora. La primera mujer presidenta de los Estados Unidos. Madam president, rezaba la cabeza a ocho columnas que devino ficción, literatura ucrónica.
Desde la redacción del Reforma, la que se presupuestaba como una jornada difícil terminó por reventar expectativas y volverse incomodísima. Todos los periodistas saben que cerrar edición es una alquimia que se perfila sobre la medianoche. Saben también que es moneda corriente en el diarismo encarar los bomberazos: esos impactos de la realidad que obligan a reformular el camino andado y comenzar a trabajar en la elaboración desde abajo, desde varias páginas inesperadas, a las horas en que los hechos se aventuran a ocurrir. Arrugas del oficio y una pasión malsana.
Pero hasta en los más flexibles presupuestos gruñen los accidentes. Sería lindo escribir una historia de los hechos que, por la hora liminar en que ocurrieron, no alcanzaron a asomar en las portadas de los impresos. Es, por ejemplo, el caso de la fuga del Chapo en 2015, ocurrida sobre el fin de semana y ya entrada la noche, quién sabe si a la manera de un pacto entre la Secretaría de Gobernación y la cultura mediática para amasar lo que se conoce como madruguete noticioso.Quién sabe, insisto. Algo de todo eso, como quiera, fue agrietando la simulación en la conciencia colectiva: la marioneta se venía deshilachando.
Fue el caso, también, del fallecimiento de Jorge Mario Bergoglio, reportado hacia las dos de la mañana mexicanas del 21 de abril. Felizmente, las rotativas ya rotaban para entonces, las ediciones se habían mandado a imprenta y el vicario de Cristo aprendió a esperar.
2.
Pero aquel martes de noviembre de 2016 la aparición de la fotografía de Hillary entraba en el margen razonable de activar la obligación de modificarlo todo. A mí me tocaba la edición digital; tuve que montar el mapa informativo con que los lectores amanecerían al día siguiente para comenzar, con el sol, a aterrizar sus pulsiones, temores, incertezas. Traía el cierre, decíamos.
Además de la consolidación de un autoritarismo explícito en esa nación que opera como una empresa y un entramado militar, entonces lo más claro era que volveríamos tarde a casa. Tan tarde que comienza a ser temprano.
3.
Hay un cartón de Rius muy bello que muestra a dos sujetos con calzón de manta y sendos cuencos, y que de repente se interrogan.
“—¿Nos dedicamos al trago o al periodismo?
—¿Pos qué no es lo mismo?”
Reporteros, editores, correctores, diseñadores, ilustradores, tuiteros, vigilantes, transportistas, habitan una ausencia común que los convida al mismo entretenimiento desesperado de madrugada, que los orilla a las mismas técnicas arcaicas del éxtasis.
Eso explica oficios como el de la mítica cantina El Oso, ubicada en torno a la histórica esquina de la información y cuya virtud son sus servicios trasnochados que se decantan por las amargas, las muertas, las heladas y las espumosas, entre paralelos por taco. Al encierro emocional de la rutina a deshoras y a su frustración implícita, a la molestia innegable de deshacer lo andado para formar la página cuando ya es tarde, lo bendicen los bautizos del alcohol, que ensaya la distensión, las necesidades del baile desesperado sobre las cuatro de la mañana, los ruegos por desanudar la fatiga entre los cómplices que por su destino compartido dejaron de ver los golpes del sol sobre la explanada del Palacio de Bellas Artes en los atardeceres distraídos de los domingos, encerrados entre las teclas de las redacciones. Ritos de los animales linotipistas, a los que Borges les ofrendó un verso: “El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada”.
4.
La noticia no descansa, hay quien dice. Los riñones tampoco.
Ese editor, rumoran, es cocainómano y suma su tercer divorcio.
A aquella editora de la agencia de noticias le arrebató la vida un accidente en los taxis colectivos que reparten a los empleados de madrugada. En 2017 terminó todo en Periférico Poniente.
A ese fotógrafo, espectacular, lo hicieron desistirse de recoger un reconocimiento porque la empresa arguyó su derecho a la impersonalidad estratégica, sin tomar en cuenta las resonancias profesionales que podrían convenirle a su empleado. No será hasta que se vaya del diario —órgano de comunicación del empresariado de Monterrey— cuando sienta licencia para denunciar los hechos y se atreva a moverse de otra forma, mientras su cámara sigue registrando el pulso del mundo. Una de sus más bellas fotografías será la de Sebastiao Salgado inaugurando su exposición sobre el Amazonas en el Museo de Antropología: conocedor del gremio, el artista convoca a que sus colegas, por una vez, sean la imagen y lo arropen y se arropen en una conciencia de mirar la víbora por detrás.
A aquella reportera de cultura la incluirán en el paquete masivo de despidos de aquel ayer —una empresa en una constante angostura para que el dueño siga aterrizando en los helipuertos de las sedes de su diario emplazadas en Monterrey, Guadalajara y la Ciudad de México: pensador estratégico— porque su contrato ya reluce ventajas históricas de las que han logrado desproveer a las generaciones más recientemente incorporadas, y entonces los derechos laborales de los veteranos han comenzado a estimarse en reuniones de mandos como cargas presupuestales susceptibles de recorte, no obstante que Office Depot paga millones por sus planas de publicidad. O Samsung. O Telcel. O el gobierno del Estado de México. O el gobierno federal.
Las noticias no descansan. Los riñones tampoco. Y los dueños del juego todavía menos.
5.
Aunque para entonces ya conozco algunos de los rudimentos del gremio, ese martes de noviembre de 2016 no nada más me tensan las obligaciones editoriales, sino que comparto con el mundo la incomodidad de una garganta atravesada por una pera de metal: sobreviene la era de Trump. Los muchachos de la portada todavía se quedan frente a las computadoras, me les despido y coincido con César en que todo podía pasar, y pasó. Nos falló el entusiasmo de Michael Moore: Estados Unidos se mueve a una velocidad que, pese a las históricas evidencias patentes, no queríamos notar. Me voy a casa encorbatado, requisito de la oficina.
Nueve años después tengo que nivelarme con los taxis pirata del metro Lomas Estrella —la desplomada línea dorada— para alcanzar mi rincón en Coapa de regreso de San Cosme y de la televisión politécnica. A estas horas aquí ya no hay regularidades para la movilidad, así que me restan las opciones informales. Para despistar —ciudad es suspicacia— y no bajarme de los automóviles en la mera puerta de mi casa, uso como referencia el oxxo de la esquina. Pasa de la medianoche, la tienda ya cerró su puerta para despachar únicamente por la ventanilla y el mandil rojo del taquero sigue operante a la vista; todo parece proyectar que le funcionó el estimulante. Está lavando sus chunches, al menos.
–trabajo, en fin pero trabajo amado si hay amable trabajo– 1
Exhausto es vivir siempre cansado
necesito escapar porque me asfixia la respiración de mi congénere
Mis pequeños –de por sí– ojos están enrojecidos llorosos por la baja calidad del sueño
En el baño las mujeres presumen sus gastritis como si fueran ascensos en la escala laboral ahí se nota tu entrega, tu perseverancia, el compromiso que adquiriste con la empresa, directamente proporcional a las tabletas de omeprazol que llevas en el bolso
Nos obligaron a hacer ejercicios en la reunión de la oficina: levántense, estiren los brazos hacia arriba, inhalen y exhalen tres veces para que no se duerman, para que pongan atención en la junta.
El antídoto contra el sueño no es estirarse sino dormir dile eso a los capitalistas
En el baño hombres y mujeres se esconden para descansar un rato, mojarse el rostro, simplemente quejarse de algo
Sentada en el váter miro mis zapatos La mariposa que adorna la hebilla será lo más cercano al cielo que veré esta semana.
Oficio: poetA
El oficio de fregar los trastes que cuando lo hace el poeta necesita el ritual de la sonata, del aria alemana
En cambio si lava su mujer transcurre en silencio
Ella no divaga con la reflexión filosófica mientras enjabona el vaso o el cubierto piensa, cavila, eso sí qué cocinará para la cena cómo quitará el cochambre de la estufa
Ella no cae cual principiante en la metáfora del agua del grifo como el manantial
Ella retira del fondo del plato y tira en el balde las migajas de pan, los trozos de cebolla, el pimiento que el poeta dejó
Y en silencio recopila las palabras que signará más tarde en un poema.
Break
Un ave cuya especie no conozco se posa en la rama más alta del árbol con un graznido molesto anuncia un cambio inadvertido
desde abajo la observamos las mujeres asomamos la cabeza por la puerta o sobre el borde de la ventana en la oficina
con experiencia para especular sobre lo ajeno imaginamos un pasado para el pájaro que desde arriba chilla
la primera de nosotras se aventura: es joven y extraña el calor de su madre interpela la segunda convencida de la madurez de la creatura: busca su nido o ha perdido uno de sus hijos
desde mi rincón también supongo mientras imprimo el sello –indispensable en los oficios– añado por lo bajo: está buscando a su marido
mi compañera de escritorio ríe con la efímera alegría del distraimiento un segundo más miramos el ave, conformes cada una de su interpretación del canto
enseguida regresamos a lo nuestro: la oficina imprimir las actas, ordenar los documentos, esperar a los burócratas y vigilar que cuando firmen no se salgan del cuadrito.
“Las plazas, las calles austeras, los edificios bajos, los talleres sin muros, estaban colmados de vitalidad y actividad. Mientras caminaba, Shevek sentía la presencia de otra gente, gente caminando, trabajando, conversando, rostros que pasaban, voces que llamaban, cuchicheaban, cantaban, gente viva, gente que hacía cosas, gente en movimiento”.
Abbenay, una de las comunidades odonianas del satélite Anarres, es una ciudad de trabajadores. En Los desposeídos, Úrsula K. Le Guin muestra dos mundos en espejo: Urras y su luna Anarres. En uno, la monarquía y el capitalismo conviven en un equilibrio desigual; en el otro, la subsistencia depende de una economía anarcocomunista, regida por una estricta división del trabajo orientada a satisfacer las necesidades colectivas.
El modo en que las sociedades trabajan —y cómo se organizan en torno a ese trabajo— es, para Le Guin, una exploración ética. En Urras, el miedo al monarca silencia y conspira; en Anarres, la hostilidad del entorno obliga al sacrificio, pero permite la justicia. La autora no presenta solo una crítica política, sino una meditación sobre la capacidad humana para organizar el mundo.
Más que un recurso temático o un leitmotiv, las formas de producción atraviesan la ciencia ficción como una corriente subterránea que alimenta sus posibilidades. El trabajo no solo construye ciudades: también crea mundos posibles. Algo semejante ocurre en Tiempo de Marte, de Philip K. Dick, donde el conflicto entre colonos y terrícolas revela tensiones económicas disfrazadas de nostalgia y decadencia. Pero si Dick aborda la colonización con tintes psicológicos, otros autores latinoamericanos proyectan estas mismas preguntas hacia una dimensión más cruda, cruel incluso.
Exploración
Antes de cultivar yerbajos en páramos de tierra infértil o de extraer minerales en el cráter de un satélite, es necesario explorar. Reconocer rutas, trazar mapas, comandar una nave o ser comandado dentro de una. En Persistencia, el peruano José B. Adolph narra ese momento inaugural de la expansión humana: la transición entre la búsqueda de nuevos recursos y el establecimiento de asentamientos en planetas hostiles.
“Gobernar la nave se hace cada vez más problemático. Los hombres están inquietos; sólo la más ardua disciplina, las más dulces promesas, las más absurdas amenazas mantienen a la tripulación activa y dispuesta”, dice el narrador del cuento.
El trabajo aquí no es la siembra o la construcción, sino el dominio de lo desconocido. La exploración como forma de producción: de datos, de experiencia, de sentido. Una producción previa, sin la cual no hay asentamiento ni civilización posible.
Conquista
De la exploración a la conquista. En Crónica del gran reformador, Héctor Chavarría imagina una historia alternativa: ¿y si los mexicas hubieran derrotado a los españoles? ¿Qué tipo de civilización habría nacido?
Cuatro trabajadores, un médico, un ingeniero, un escritor y un socorrista, son los artífices de un nuevo orden. En esta ucronía, la guerra no es el único motor de la expansión: también lo son la organización, la técnica, la ciencia.
“Muchas de las cosas que hicieron siguen siendo enigma, pero con su ciencia, sus costumbres y su personalidad influyeron definitivamente en la formación de nuestra cultura y civilización”, escribe el cronista, quien aclara que la victoria del Imperio mexica fue alcanzada por hombres, no por dioses.
El trabajo no solo construye el presente: reescribe la historia. La conquista de “los pueblos bárbaros de Europa” se realiza con la espada, sí, pero también con el esfuerzo organizado, la ingeniería, el conocimiento acumulado. La tecnología y la producción se convierten en herramientas de hegemonía cultural.
Explotación
No la del asentamiento primitivo ni la del imperio naciente, sino la de una estructura ya cristalizada, jerárquica, sofocante. En La garra perpetua, del uruguayo Tarik Carson da Silva, la sociedad está dividida en castas, regida por algoritmos y controlada por una élite que perpetúa su dominio a través del conocimiento y la crueldad.
El doctor Selmer debe “producir un hecho irrefutable e imprescindible para la clase dominante, que obligara a la miserable clase a asimilarlo forzosamente”. La producción científica se vuelve herramienta de exclusión: crea verdades que legitiman el orden establecido y eliminan la resistencia.
La explotación alcanza su forma más siniestra. Enanos macrocefálicos y morpólipos hipersexuales son usados como sujetos de experimentación, aniquilados sin remordimiento. “El cuerpo de un enano era igual al de un hombre común; y para injertos, superior”. El conocimiento médico, lejos de liberar, sirve para justificar la barbarie.
Se les llama muchachos porque Selmer los asocia a los esclavos negros del siglo XIX. Como ellos, pronto son forzados a satisfacer las perversiones del amo. El trabajo, reducido a obediencia ciega y golpes, se convierte en castigo corporal, en explotación biológica, en mercancía. Un Sistema de las Oportunidades.
Enfermedad
Cuando la producción y la explotación alcanzan su límite, los sistemas no colapsan de inmediato: se degradan. Nuestro mundo muerto, de Liliana Colanzi, muestra ese desgaste.
Un contrato de por vida con la Lotería marciana. El desierto es lo único que queda después de tiempos más felices en la Tierra. “Éramos satélites girando eternamente alrededor de lo perdido”, dice la protagonista y narradora del cuento.
La colonización de un planeta no es un paseo agradable, sino una forma de exilio. La locura y la enfermedad rodean a quienes buscan escapar de su pasado. “¡La aventura más grande después del descubrimiento de América!”, aunque para los colonos se trata más bien de un Gran Sinsentido: trabajar para la muerte.
Resistencia
La resistencia no surge como un acto heroico, sino como un cortocircuito en los mecanismos de obediencia. Una robot reconoce lenguajes de programación arcaicos. Recuerdos difíciles. Borra “las reglas de autopreservación de sus circuitos”. Busca la espiritualidad que le ha sido negada en medio de las dunas de arena artificial y plásticos que rodean a una vieja plataforma petrolera.
Aunque “su cerebro positrónico no le permitía pedir ninguna explicación a la autoridad”, la robot encuentra la emoción de lo extraño. Se maravilla ante la aparición de lo bestial: una anomalía orgánica dentro de un mundo regido por el trabajo automatizado y la obediencia.
La ciencia ficción latinoamericana no trata el trabajo como metáfora, sino como hecho material que organiza territorios, cuerpos y futuros. El trabajo atraviesa todas las etapas de la vida social: funda civilizaciones, perpetúa desigualdades, produce enfermedades y, en ocasiones, abre posibilidades de fuga. En estos cinco relatos, trabajar no es solo construir o conquistar: es sostener sistemas complejos, la mayoría de las veces contra el propio interés de quienes trabajan. Repetir viejos ciclos de violencia, con nuevas tecnologías y bajo las mismas lógicas de explotación y emancipación, en el desierto marciano.
“Esclavos Unidos. La otra cara del American Dream” Helena Villar. Ediciones Akal, 2021
Si un concepto está cada vez más ausente del discurso político y mediático contemporáneo es el de lucha de clases. Pareciera que con la rendición ideológica y el derrumbe del socialismo en Europa del Este, todo o buena parte del aparato categorial heredado del marxismo hubiera caído en total desuso. Relegado al trastero teórico de la historia. Sin embargo la realidad, terca, sigue ahí. Y cuando renunciamos a los conceptos que la expresan adecuadamente, no detenemos por ello el curso de los fenómenos sociales, sencillamente oscurecemos su comprensión y las posibilidades de explicarlos.
Un claro ejemplo de las dimensiones de la lucha de clases en la actualidad lo tenemos en el excelente libro de Helena Villar Esclavos Unidos. La otra cara del American Dream, editado por Ciencias Sociales y Akal.
La investigación de la periodista española, corresponsal de RT en ese país, comprende numerosas aristas de la sociedad norteamericana actual. Entrelazando los datos con numerosas historias de vida, va emergiendo un panorama: el de una sociedad inmensamente rica donde las élites han logrado privatizar masivamente las ganancias y convertir en un problema privado la solución de la crisis pública que han generado sus acciones.
Así, mientras las grandes familias capitalistas como los Walton, los Bezos, los Gates, los Koch, los Mars han aumentado su riqueza casi un 6 000 %, la riqueza doméstica media del país ha descendido en torno a 3 %. Y continúa en declive, por la acción combinada de los efectos de la pandemia y la crisis económica mundial.
Estas élites tienen un pilar fundamental en el enrevesado sistema legal del país, donde se solapan legislaciones federales con estaduales y órganos de poder federal y local. En la práctica, las grandes fortunas pueden hacer lobby legal en defensa de sus intereses, financiar las campañas de legisladores, gobernadores y presidentes, y garantizar tanto leyes que las favorezcan como normativas laxas en la ejecución de aquellas leyes que van en contra de sus intereses.
El ciudadano trabajador se haya atrapado en una red donde la ley, la economía y la política son parte de un todo tributario a los intereses del afortunado 1 %. Las políticas neoliberales aplicadas a partir de la década de 1980 del siglo XX han agravado aún más esta situación, golpeando sobre todo servicios básicos que atentan directamente contra la calidad de vida de la población, como son salud, educación, agua potable, vivienda, etcétera.
El caso de la salud es sumamente alarmante. La COVID-19 solo desnudó los problemas que ya estaban ahí. Para 2018, 27,5 millones de norteamericanos, entre ellos cuatro millones de niños, vivían sin seguro médico. Eso en un país donde la salud es excluyentemente cara. Según datos del American Journal of Public Health, citados por la autora, se calcula que cada año 530 mil familias se declaran en quiebra económica en Estados Unidos por no poder hacer frente a los gastos médicos.
El negocio de la salud en el país es escandaloso. En su investigación, el libro refiere un escándalo desatado en 2019 referente al costo de la insulina para los diabéticos. En un país donde más de 30 millones de personas son diabéticas y más de 1,2 millones están diagnosticadas con el Tipo 1, o sea, dependen del consumo diario de insulina, las grandes farmacéuticas comercializan los viales de este medicamento a un precio que ronda los 140 dólares por vial, cuando su costo de producción es apenas 5 dólares.
Este costo injustificado de los servicios de salud ha llevado a que muchas personas opten por automedicarse para tratar dolores y padecimientos crónicos, antes de enfrentarse a una consulta que no pueden pagar. Muchos han optado por los opiáceos, provocando una verdadera pandemia de dependencia en el país. Otros, han buscado sucedáneos y no es raro encontrar personas consumiendo medicamentos para peces, porque son más baratos. En el libro se recogen varios testimonios.
La educación también ha visto cómo se reducen significativamente sus presupuestos. El resultado es un empeoramiento de la calidad de la docencia, sobre todo en las zonas más pobres del país, donde también, coincidentemente, se da una mayor concentración de población no blanca. Para intentar sortear esa crisis, muchos jóvenes deben apelar a créditos estudiantiles, que hoy son una de las principales causas de deuda en el país, junto con la salud y la vivienda.
Millones de norteamericanos acceden a un título a costas de deudas que arrastrarán durante buena parte de sus vidas adultas, a riesgo de que, ante cualquier impago, caigan sobre ellos y sus propiedades las garras del banco, respaldado por la violencia de un sistema que bendice, en los actos, ese estado de cosas.
La magnitud de esta crisis social no solo no es afrontada mediante políticas públicas coherentes, sino que está bastante ausente, en su total dimensión, del debate político. En un país que todos los años aprueba presupuestos récord de defensa, se alega la falta de dinero como principal explicación administrativa a la solución de los problemas sociales.
Los problemas públicos creados por el capital y su afán de ganancia deben ser paleados mediante donativos privados, ONG, colectivos de autoorganización ciudadana, iglesias, individuos, etcétera. Sin embargo, la solidaridad entre personas, que sin dudas salva numerosas vidas, es incapaz de dar una solución definitiva a problemas que son estructurales.
El resultado de este cerco sobre el trabajador es el malestar creciente que resulta palpable en la sociedad norteamericana. La derechización de importantes sectores de esa sociedad que buscan en un individuo como Donald Trump, que se presenta con un discurso mesiánico y aparentemente antisistema, una respuesta al deterioro constante de sus vidas y sus comunidades. Y cuando esta insatisfacción se expresa por el cauce de la ultraderecha, adquiere siempre claros tintes racistas y supremacistas. Es la respuesta natural del nativo que cree ver en el otro la causa de todos sus males.
Pero también la contradicción se ha expresado en el emerger de una conciencia de izquierda en importantes sectores de la sociedad norteamericana, aunque a esta conciencia le cueste mucho más trabajo, por la particular configuración de la escena política y mediática en el país, encontrar espacios para presentar y divulgar su discurso. Una parte de estos sectores acaban siendo canalizados dentro del seno del bipartidismo imperante por individuos como Bernie Sanders, los cuales cumplen una función que en la política norteamericana se conoce como pastores de ovejas.
A la hora de entender la cólera sorda que explotó en el asalto al Capitolio en 2020 o que explota periódicamente en numerosos espacios del país, es importante entender que esas personas son los derrotados en la lucha de clases. La mayor parte de ellos son la sociedad norteamericana trabajadora que ha visto de padres a hijos cómo les roban su tranquilidad material y espiritual, y los dejan cada vez más indefensos en manos de las grandes corporaciones que les ofrecen trabajos cada vez más precarios y con menos derechos, los cuales los dejan llenos de deudas y les cobran una fortuna por servicios públicos totalmente deficitarios.
Son las víctimas del capital, que, como en la siempre útil imagen de Marx, al igual que un vampiro, crece de chupar la sangre de todos y todas las que queden presas de sus redes.
(Monólogo para dos actrices o para una emoción esquizofrénica)
1.
Ella mira un nuevo video porno: un negro de una verga muy grande se la mete a una señora que hace de niña con unas tetas enormes, unas tetas tan falsas como hermosas. Ella —justo cuando el hombre dice: “Yo sé que te gusta” y la niña llora… perdón, la señora llora— le pone pausa al video para reírse por la falsedad de la escena. Le vuelve a poner play. Ella cree que están haciendo una escena de violación, pero solo lo cree porque la escena es una parodia, está hecha para que dé risa; nada pretende ser real o cruel, al menos en ese video. Mientras más lo mira se le va desvaneciendo la risa sutilmente, y de repente piensa que, si alguien la observara en este momento, descubriría que ha sido violada, pero solo está Terror, su perrita, que la mira con tanto amor, sin juzgar su pasado. Ella piensa que sí entiende la diferencia entre realidad y ficción, pero al parecer los hombres que alguna vez la violaron, no. Ella se pone contenta, dice: “Si no soy pendeja, Terror, ficción y porno son dos cosas muy diferentes”. A Ella le encanta el porno y ha visto mucho y se pregunta una vez más por los abusos por los que pasa una actriz porno. Sonríe. “Ay, por favor, si hasta las que no son actrices porno las violan, Terror, ¿tú crees que no la violaron?”.
Vuelve a poner pausa, al rato estará de humor para masturbarse una vez más, se mete a otra app de citas dentro de su celular. “A Terror, mi perrita, también le gusta el porno”, le escribe a un chico. “Aúlla, siempre aúlla cuando las mujeres gritan de placer, entre más fingido, más aúlla”. Platican y él quiere solo sextear, y ella también, quizá, solamente si él le dijera cosas bonitas de verdad. No es así. Ella deja de contestarle cuando le ha mandado por cuarta vez su pene, y aunque a ella le gusta, hoy no está de humor para alabarlo una vez más. Regresa a la pantalla del porno, mira los ojos de la señora-niña y como si Ella pudiera entrar en la pantalla, la ve frente a frente y le pregunta: “¿Tú qué quieres de tu vida?”, como si Ella tuviera el poder de rescatarla y bastara un momento para que la actriz le dijera con absoluta verdad lo que desea a una desconocida adicta al porno. “¿Quién quiere hacer porno?”, le dice a la actriz, y la actriz responde, “El porno es mi vida”, y ella le quiere creer con absoluta devoción, aunque sepa que miente, que finge tanto como cuando le responde al negro “Me encanta, papito, me encanta”.
Ella siempre ha sido una mujer muy sexual, aunque no tanto como para acostarse con todo el mundo. Lo que intento decir es que no se acuesta con nadie, pero siempre quiere sentir placer en su cuerpo, todos los días. Al menos cinco veces por día se masturba, pero desde hace ocho años que no coge con nadie. Se siente juzgada, antes de que lo dejara de hacer, cuando contaba su intimidad a algún patán, la trataba como a una puta sin paga.
Tiene hambre y Terror tiene más, no le alcanza para las asquerosas croquetas que le compra, le encantaría darle otro tipo de comida, croquetas que no sean una mierda, pero ni para esa mierda le alcanza. “Me corrieron del bar, Terror, ahora resulta que una no se puede masturbar en el baño a gusto: Mari pensó que había metido a un pendejo al baño y era yo solita, Terror, yo y mis dedos, y ese grito fue el culpable de que me corrieran, no se puede tener placer en lugares públicos”. Le explica a Terror, que la lame mucho para que deje de quejarse y constantemente le da la pata. “Ya no había clientes, Terror, yo he visto cómo ellos lo hacen y no les dicen nada, he visto cómo se jalan la verga en pleno trabajo, todos los hemos visto, Terror. Habrá que buscar empleo, lo único bueno es que ya no estoy en el puto bar de mala muerte oliéndoles el hocico a esos viejos asquerosos y notando cómo, aunque tengo un par de senos bien caídos, se la jalan debajo de las mesas”. Piensa que seguro la corrieron por fea, las guapas atraen a más clientes; “cuando salí de hablar con el gerente vi a otra mujer fea, no tan fea como yo, pero fea como todos los mortales, actriz de Hollywood no era, Terror, pero eso sí, tenía la cara perfecta, sin acné, y flaca, flaca. No me duele aceptarme fea, deberíamos hacerlo más a menudo y abrazarlo”. Ella ha escrito muy mal un poema que es una apología a la belleza.
Mientras se distrae pensando en cómo va a pagar la renta, pone otro video. No voy a mentir, la he visto tocarse mientras lo mira, aunque a ella la pornografía no la excita, sabe tratar a su clítoris para venirse cuando ella lo desea, no necesita el porno, solo que aprendió a masturbarse muy grande, hasta los 27, cuando vio esos videos por primera vez y entonces se obsesionó con ellos. Ahora sabe que nunca necesitó de un hombre ni de ningún ser humano para sentir placer. De hecho, cuando está con alguien es raro que lo sienta verdaderamente. Ella se ha dado cuenta que ha fingido tanto como en el porno. Le hubiera gustado dedicarse a ser una actriz de esas, porno, de las serias, de las buenas; hubiera llegado lejos, porque así como las actrices aprenden a llorar, Ella domina su placer desde su clítoris, y lo maneja tan bien que el orgasmo clitoriano lo puede tener muy rápido, casi con solo pellizcarse. También domina otros orgasmos y eyacula como si fuera una mar. Tomó un curso para entender que las mujeres tienen una próstata y se enamoró de esa idea, de tener una próstata y eyacula a la menor provocación. “Soy buena, realmente soy muy buena, debería de ganar mucho dinero porque, puta madre, soy una chingona”, le dice a Terror cuando se termina de masturbar, “Soy una chingona”. Entonces va al baño y se lava las manos y se ve al espejo y se advierte fea. Se dice “Pero las feas no llegamos a donde queramos, por ser feas”.
De todos los videos porno ama el profesional, el bien iluminado, el estético. Le da mucho asco que la gente se excite con los videos caseros tan horribles como los que ella hace. “Yo los hago por gusto, para mí, y para algunas personitas muy especiales, son amateurs y las amateurs no debemos cobrar, porque aunque soy fea tengo derecho a exigir cosas bonitas, a aspirar a ser bonita y exigir lo precioso, lo inalcanzable”. Ella critica el porno casero con una severidad aterradora, casi como un hater. Comenta en los videos cuán feas y feos le resultan las personas que aparecen en ellos, que el verdadero porno es como el cine de Hollywood, que no se mientan, que un labial rojo no las hará más lindas, “pinches feas”, que andan por ahí diciendo que son hermosas cuando son hasta más horribles que ella. Por eso odia a las feas, porque no solo son feas, son mentirosas o son estúpidas, se dice siempre. De las pocas cosas que le cae bien de los hombres es que si están feos hacen poco para verse mejor e incluso no hacen nada, son más honestos con su fealdad, porque nadie se las cobra tan caro como a nosotras, eso sí.
Ella revisa su feed y casualmente le salen todas aquellas que trabajan dentro de la página azul, el empleo ideal para Ella, donde podría ganar mucho dinero, conforme a una lógica diabólica que ofrecen en todas partes: “Tú eres tu propio jefe, sin horarios, cuando tú quieras y tengas ganas, dedícale el tiempo que te sobre”. Un par de amigas ya se lo habían dicho, que sería su lugar ideal y que seguro ganaría más que el resto, que lo de Ella era una auténtica vocación y no solo sería verse “linda” o “sexy”, que no le imaginan un mejor trabajo, que si ellas fueran tan sexuales como Ella seguro lo harían pero les da pena. Sin trabajo y siendo una profesional del clítoris y la eyaculación, se dice: “A la verga, Terror, directo a la verga ahora sí, a pagar impuestos, que me paguen por masturbarse conmigo, esto sí va a ser un trabajo de verdad y no las mamadas del bar”. Se siente inspirada y quiere demostrarse a sí misma la vocación que tiene sin necesidad de estar con alguien, todo por medio de la pantalla, la vocación de ser alguien en la vida, ese impulso por demostrar que no hay nadie mejor que haga lo que Ella hace. “Tengo muchos videos y fotos por las que no cobro, Terror, alguna vez me prostituí por un trago o unas rayitas de cristal, por lo que fuera, la cola siempre se vende hasta por un cigarro. Terror, si a un hombre se le ocurriera, encontraría la manera de prostituirte a ti también, Terror, y te crearían la necesidad de comprarle leche a tus cachorros, aunque no la necesitaras y la tuvieras en tus chichis, y solo lo harías para saber que ellos necesitan verte el culo, Terror. Pero ¿sabes qué es lo más culero?, que he dado mi culo por un empleo. Qué mierda venderte para conseguir un trabajo, no dinero, no placeres, no un gustito, no, no: trabajo. Que se la mames a alguien para que tengas que limpiar su casa y te pague, que se la mames a alguien para que te deje poner la cola y te la metan, como las actrices porno, ¿cuántos pendejos productores o directores no crees que les hayan pedido la cola para que tuvieran esos trabajos que consisten en mostrarla y en permitir que otros les den por ahí?”.
“Tus orificios son el tesoro más grande, Terror, cuídalos”. Ella la está educando diciéndole las verdades del mundo, a fin de cuentas, también Terror es una perra.
2.
La mente empieza, gira y gira, la domina por completo, sodomiza el pensamiento. Estoy en la cama y doy vueltas, escucho en la pared el fingir de su deseo, está trabajando, son las cinco de la mañana, ¿por qué trabaja a esta hora? “Porque en Alemania es diferente el horario”. No es tan fea como ella cree, pero definitivamente no es linda. Me paso al suelo para que ya no me duela la cabeza, descanso, ¡ah! Mi cabeza siente el frío del mosaico, que me da paz cuando no puedo dormir. Terror se echa a mi lado y me lame un poco. La otra no ha hecho nada de su vida. Ya se compró su puto celular y lleva tres semanas en esa página azul. Es una puta más, como todas, como yo no podría ser. Qué fácil es ganar el dinero fácil; a ver, gánalo tú, me digo. Sí podría, pero no quiero, puedo hacer más que vender la cola, algo más decente. La muy tonta piensa que la van a reconocer en la calle porque lleva tres semanas y aunque diga que no, siempre que sale a comprarle croquetas a Terror, se pone sus sudaderas largas, ni que fuera quién, con 800 dólares en su cuenta piensa que es la reina de Inglaterra, ¡puta madre! 800 dólares son una mierda, una mierda que se ganó en dos semanas, que yo no tengo, pero debería de tener, que podría tener; si quisiera ganaría más que ella y sin hacer eso. Escucho sus putos videos toda la mañana, todo el día, hasta cagando los ve. “¿Cómo hacer para tener a más suscriptores?”, no clientes, no, no, no, suscriptores, fans. ¡Qué pendeja!
¡Ahhhh! ¿Cuánto duran sus “en vivos”?, puta madre, ya me quiero dormir. ¡Para, puta madre!, golpeo la pared. ¡Para!, le grito, todo el día está en la cama, todo, maquillándose, aunque se ve más fea de lo que es con los labios rojos de puta.
Deja de pensar, respira, mente en blanco, mente en blanco.
Me encabronan las risas de estúpida, finge tanto que da asco. ¿Cómo puede fingir así? Yo he tomado clases de teatro profesionales y podría hacer de su aullido algo más real. Terror, aúlla. Ella ¿qué estudió?, ¿un curso para fingir? No, no, solo necesitó entregarse a su adicción al porno, a tocarse, a masturbarse por todos lados. Es asqueroso verla tocándose por la cocina, sí, su trabajo ideal, pinche prostituta.
La envidia no es buena, la envidia no es buena. Sale del cuarto, va al baño, hasta aquí en mi cuarto oigo sus meados, sus meados me arrullan… si se va, ¿quién pagará la renta?
3.
Ella no deja de preguntarse cómo pueden gastar tanto en una puta foto. Solo le han pagado 20 dólares, pero para Ella es una cantidad enorme por una simple foto, tomada con su celular, incluso sin la iluminación adecuada. Hay veces que comprueba que pueden ser tan imbéciles… cuatro semanas lleva dentro de la página azul y ninguna mujer, ninguna, ha gastado su dinero en verle la cola. Cuando más ama a los hombres es cuando son más pendejos. Se casaría con Gympower, que le manda mensajes llenos de una ficción tan falsa como el porno que más le gusta a Ella, hasta poemas le escribe con tal de seducirla, ya la tiene por el dinero, pero a Gympower le encanta sentir que la conquista para que haga ese tipo de marranadas por él. Gympower le ofrece matrimonio cada vez que ella le manda una foto o un video. Todos los días le escribe a Ella. Aunque nunca se casaría con él, Ella se ha preguntado cuánto dinero le daría si fuera su esposa, y le dice a Terror que seguro nada. “Gympower es clasemediero, tiene un cuarto feo; bueno, tiene hijos y esposa, Terror. Qué pendeja quien se haya matrimoniado con ese animal y qué represión tan horrible es no poder salir del esquema de querer ser la esposa de un cerdo como esos”.
“Está obsesionado conmigo y obsesionado contigo, piensa que eres una perra muy linda. Me da muchas propinas y entre más aúllas cuando yo gimo, más me da, nos da. Te voy a enseñar más sobre mis técnicas, mi Terrorcita. A ver, ten una croqueta, pero aúlla más fuerte, Terror (Ella gime mientras le ofrece una croqueta a Terror). Cuando yo gima, tu aúllas, eso, Terror, más fuerte. (Le grita a la perra). Perdóname, Terror, me pongo intensa… ¿sabes?, nunca había obsesionado tanto a un hombre, después de todo, no soy tan fea, pensé que iban a querer cosas más asquerosas como… No es un trabajo tan feo, tú, no te voy a decir las cosas asquerosas que he visto en el porno, Terrorcita, pero aquí nadie me ha pedido nada demasiado pervertido, lo de siempre, nada más. Es un lugar seguro, es el mejor trabajo que he tenido. Desde mi casa, me siento segura, Terror. Hay moderadores para cuidarnos, es tan bonito ser esta clase de puta sin tener que olerle nada a nadie, sin besar a nadie”.
Ella sonríe, piensa que es realmente bello que alguien se la pueda “coger” sin que Ella tenga que padecer el cuerpo de otra persona encima suyo, pero nunca pagaría ni un peso por la suscripción para ver a alguien.
Se prueba lencería barata, le pregunta a Terror cómo se ve, “¿como las putas de mis películas favoritas? (Se pone a practicar posiciones ante la cámara).De a perrito como tú. Terror, te prometo que algún día me dejaré de mediocridades y voy a ser una puta actriz chingona, voy a estudiar y les voy a dar los mejores aullidos como tú, no me importa que ya no paguen la suscripción, voy a ser real, no voy a fingir, quizá haga un imperio de lo real, actriz del método para llegar a los orgasmos más verdaderos del placer aunque sean fingidos”. Ella sabe que la forma auténtica de prepararse es en el quirófano, aumentar su busto y sus nalgas, así lo hacen las actrices, todas, las que hacen porno y las que no. Piensa en que va a tener unas chichis de esas gigantes como para amamantar a todos los cabrones que están en la página azul, y que le pagarán mucho, mucho, por su leche. Se ríe de sí misma. Le han dicho en los cursos que ha tomado que no es necesario, pero no es verdad. Le pregunta a Terror, “dime qué puta modelo, qué puta actriz —les dicen actrices o modelos, no putas, no somos putas, jajaja—… dime una modelo que gane de verdad chingón y que no tenga unas enormes chichis. Ninguna, ninguna, aunque se me pudran los plásticos adentro me voy a poner tetas enormes porque no solo voy a ser una cam girl. Voy a hacer colaboraciones de todo tipo, Terror, voy a ganar lo que nadie ha ganado de mi familia en años”.
4.
Pobre pendeja, el único lugar en donde la dejan ganar dinero es ahí porque se va a poner tetas, pobre, ya está buscando cirujanos y no ha juntado ni sus primeros 5 000 dólares, ya hasta ha hablado con ellos. ¿Sabes, Terror? Me gustaría que hubiera una página para nosotras… si tuvieras una sexualidad activa, ¿cuál sería tu fantasía? Me molesta mucho que digan que los hombres son como animales, no lo son, para nada. Yo pienso que ustedes no son tan asquerosos como nosotros, como ellos, que no tienen límites. Si tuviera tanto dinero para mi placer, Terror, yo no compraría pitos, ¿compraría vulvas?, ¿compraría…? ¡Ya sé, sí: compraría hombres para verlos en cuatro! Y para decirles, echados a mis pies, que yo tengo el dinero, Terror, y entonces ellos harían lo que yo quisiera. Quizá solo me excitaría verles su agujero, no por el agujero en sí, sino porque serían sumisos a mí, como perros babeantes —sin ofender, Terror—. Eso compraría mi poder sobre ellos, por eso pagaría y mucho, eso sí que me excitaría, y no ver sus pitos parados de mierda, la vida de mierda que llevan en su escenografía detrás. Qué bonito ver a unos pendejos que hicieran lo que yo quisiera por mi placer, para satisfacerme, por unos dólares o por muchos. Que trabajen para tu placer es el mayor lujo y es un lujo accesible, muy accesible. (Pausa).
“Creo que soy muy moralina”, mira a Terror y le dice que no le gustaría comprar el espectáculo de una vulva que se introdujera algo delante suyo, no con dinero. No, ni me excita, segura, no lo pagaría, Terror. No me significa nada una vulva introduciéndose algo, o el cuerpo de una mujer a mis pies, ahí no pasaría nada; para excitarme, tendría que ser un hombre y yo sobre de él, en la cima, más arriba de él, y demostrarle todo el tiempo que soy mejor que él. Yo no trabajaría para gastarme mi dinero en pitos, jamás, Terror, jamás, antes prefiero comer mierda que hacerlo. Qué chistosa soy yo o qué chistosos son los hombres, más bien, Terror.
5.
Ella está harta, ve al negro de pito gigante para distraerse y reír otra vez, una forma de relajarse e inspirarse. Últimamente ha sentido que no tiene muchas ideas, todos los días trabaja a cada rato, siente hinchada la vulva, se masturba y se masturba y no siente. Quiero decir, sí siente, pero ya no siente el placer al que antes accedía inmediatamente, está perdiendo sus talentos. Ve otro video porno, se toca; otro video, graba otro material, y otro y otro y finge y no es real, y otro, y se ríe, pero no como antes, no se viene como antes. Empieza a sangrar de la vagina. “Puto trabajo de mierda, todos los trabajos son lo mismo”. Se siente mal, quiere trabajar, no quiere quedarse en cama, no quiere descansar, quiere vender su descanso y aunque no está menstruando se toma videos, con la sangre así, sabe que alguien los va a comprar, hace muchas tomas, sabe que es dinero y que no quiere perder ni un centavo. Está exhausta y aunque hoy no ha planeado ningún “en vivo”, grabó mucho material para varios días. “Qué mejor que la sangre y el sexo”, piensa. Le gusta estar en la cama, pero no así, siente que no puede respirar, su nariz está muy tapada, “Terror, cuídame. No quiero descansar, Terror, no quiero”.
“Creo que sí soy una mediocre, Terror, ¿para qué ser actriz porno, para qué si puedo quedarme así con una cámara tocándome y ya? Imagínate cancelar un día un set porque te enfermaste… te corren, yo también me correría, cuando tienes que trabajar no te puedes enfermar. No quiero perder ni un centavo, yo creo que haré el “en vivo” así, aunque me muera de frío”. Mientras se queda dormida piensa que ojalá nunca más tenga que salir a trabajar, ¿hasta cuándo le durará este trabajo?, ¿cuántos años más podrá seguir tocando su ano y vulva sin dañarlos? Se da cuenta que es su propia jefa y se asusta, ya no hay jefe a quién reclamarle por la explotación: “Soy una tirana, Terror, me voy a explotar, explotar tanto para que podamos salir de aquí”.
6.
Terror ya no sale de su cuarto, Terror aúlla como la otra. Ella se ríe, oigo risas digitales de un hombre que se ríe tan feo como si tosiera, escucho que tiene videollamadas con ese tipo y ríen falsamente. Cuando hace sus… cuando hace lo que hace, realmente no sé qué hace. Me pego a la puerta, escucho para distinguir si Terror está… bien. Abren la puerta, huyo a mi cuarto y la perra sale, está feliz. Me tranquiliza, puedo dormir, espero que hoy ya no trabajen más.
7.
Gympower le manda un mensaje, le da muchos tips, propinas. Terror sabe fingir, y Ella también, no hay de qué preocuparse, esa perra es una gran actriz, casi tan buena como Ella.
“Son unos cerdos, Terror, si cada quien sacara sus perversiones, creo que te enriquecerías más que las que se ponen chichis enormes por todos lados. Hasta me dan ganas de hacerte una página en donde yo sea tu perra, Terror”.
No dejan de sonar sus notificaciones, una y otra vez. “Qué forma de rogar”, piensa y mira a Terror, piensa en ella, no hay manera de fingir con lo que el otro le pide. “No son tres pesos, Terror, es lo suficiente para irnos de aquí y ponerme mis plásticos”. Ella piensa que Gympower está tan desesperado que seguramente pidió un préstamo al banco para sus perversiones. Ella le responde sus mensajes con un: “No, eso no”, pero él insiste. Después de ignorarlo por unas cuantas horas, al final le pregunta: “¿Es ilegal?”. Él teclea: “No, no creo”.
8.
Se la llevan, Ella me dice que regresará pronto. Todo el dinero ahorrado lo gastará intentando salir de este lío. Qué mal que te encierren por las perversiones de ellos y no por las tuyas, Terror. Yo la iba a denunciar, no podría tener a una criminal en mi casa. Ya sé, Terror, ya sé que nunca te pasó nada, me lo dijo y le creí, porque fingir, fingir, no era lo suyo.
Se trata de sostener el aliento hasta el final de la línea, y al regreso las bestias de cuernos ahogados en música resistan la violencia y el idioma.
Es el vientre que tragó la voz del pájaro del alba y amplifica las cuentas de tierra negra como el ábaco de un dios descalzo y pobre.
Es el cuerno que agota el aire en la materia viscosa de la mañana y trasparenta: el algodón tejido, los huesos padres de mis huesos, la tos y los labios, madera apretada. Los ojos que aún miran la muerte.
¿En el inicio quién se advierte en pie sobre un país mientras la neblina silabea caótica arruinando en él aquellos versos de Yevtushenko que gritan que el País no existe?
Narahupía, un hombre muerto llega antes que el sol y sus manos les muestran a mis manos el ballestrinque y la aroma que fajan y libran.
Mi abuelo me sienta sobre las rejas del arado y abre la tierra bajo mis pies hasta completar el surco. Se detiene y levanta en peso toda la estructura que coloca al inicio de la siguiente línea: es mi Arte Poética.
Juego con mis bueyes traslúcidos en la agricultura de los signos, artesano que procura contener en la botella el velero y la tormenta mientras se debate el mismo en la tormenta y el velero que lo contienen.
Son bestias de cuernos espléndidos-terribles-sonoros que embrido a precio de muerte para que no se espanten ante la multitud de tu rostro, y luzcan serenos el hierro de mi nombre. Y parezcan míos.
Todo se trata de que parezcan míos.
Ñamandú
Siento el pavor de la belleza.
J. L. BORGES
Estoy escuchándome crecer. Dejo mi gastado corazón y forjo otro. La ciudad está cansada Ernesto, los pájaros no aguantan el peso de la noche, hiede a ayer en todos lados. ¿Y nosotros los poetas? dejamos que cayera España y Vallejo cayera, su esqueleto hace un ruido de semillas secas sobre el lomo negro caído y tomamos café tranquilamente, halados por un buey anoréxico y mudo. Me recuerdo lo pequeñito que era yo sobre el polvo, cuando me tomé del barro y con mis propias manos me hice a mi imagen y semejanza, hombre y árbol me hice, poeta. Luego estas voces naciéndome como un signo oscuro para que mi corazón eche luz y pazca tranquilo el toro que hay en mi sangre y en el Níger, o en el Bélico la sed apague. Ahora sobre el polvo la luz arquea el horizonte hasta romperlo en mi pupila, y apagado desecho conforma la silueta de mi padre. Recuerdo mi mano en el signo oscuro del adiós, recuerdo la sonrisa de mi padre y el rostro del Che en lontananza. En Santa Clara está la cacharrita del Ñancahuazu y está él, pero no sus manos. Yo era como él y como mi padre y cuando tuve sed puse un vaso de agua a su retrato. Yo imaginé la Revolución con el rostro del Che exacto al rostro de mi padre y si mañana cae la Revolución no podría mirar más el rostro de mi padre. Si mañana cae la Revolución creo no ver más la foto de korda (¿o era andy warhol?) Han pasado flotando los muertos de la Coubre por la mirada del hombre, la gente olvida, dicen. Los turistas van a Santa Clara por el Che, yo voy a Santa Clara a trabajar por la Poesía y por mí, aunque no sabría reconocerme, me sé poco, de vista apenas. Cuando mañana caiga la Revolución, es un decir, si cae: escribiré versos largos como un disparo y haré el amor a una mujer sobre la yerba desnuda, y en la yerba del país dejaré a mis hijos que deberán ser idénticos a sí mismos, y cobraré ánimos y calma.
El Viento Traicionado
(Descubrimiento de las Embarcaciones a vela)
El mar ya no reconoce a sus amantes:
Velas cuadradas mastican la brisa
Látigos de lino doman el viento.
Los marineros, arponeros de estrellas
ven el orbe contenido en mapas y brújulas
El timón, animal domesticado,
muerde las olas con dientes de cobre.
Antes, el viento era un Dios caprichoso
Ahora, ecuación en cuadernos de bitácora
Las nubes, testigo y cómplices de naufragios
Se disuelven en cálculos de trigonometría
En los puertos de madera los viejos narran
—con saliva salada—
De ballenas que arrastraban barcas
Y de noches en que el horizonte
era un susurro de sirena, no un número.
Paul del Rio (Río Canales, Cuba – Venezuela). Sueño de un obrero sobre fondo rojo. 1994. Acrílico sobre tela, 181,5 cm x 122,5 cm. Col. CELARG
“Sueño de un obrero sobre fondo rojo” (1994) es el nombre de la pintura que ilumina estas letras. Su creador fue Paul Del Rio, artista plástico cubano-venezolano que pareciera sacado de una película de acción latinoamericana o de una novela proletaria preñada de realismo mágico, pues el personaje en cuestión, además de pintar, robó aviones en operaciones guerrilleras internacionales, secuestró al astro del fútbol Alfredo Di Estefano con fines propagandistas para el movimiento revolucionario, y terminó, luego de haber diseñado el sarcófago del mismísimo Simón Bolívar, suicidándose en un cuartel ocupado por sus viejos camaradas, todos víctimas de la tortura infligida por el ejército y la policía de Venezuela, asesorada por la CIA.
Paul del Rio (Río Canales, Cuba – Venezuela). Sueño de un obrero sobre fondo rojo. 1994. Acrílico sobre tela, 181,5 cm x 122,5 cm. Col. CELARG
A pesar de esta dramática introducción debo advertirles que este texto tratará sobre las utopías de los trabajadores y las trabajadoras en el siglo XXI, contrastadas con la actual crisis programática del progresismo, y la obra de Paul Del Río nos servirá en esta reflexión para reflejar la realidad de una manera didáctica y creativa, pues estoy convencido de que el marxismo y los análisis políticos deben dejar de ser acartonados y ser más poderosos desde el punto de vista estético y narrativo, como ha planteado muchas veces el profe Buen Abad. A fin de cuentas, no ser tan heavy y ser más rock-pop, salsa, corridos, rap y trap (cuando sea necesario), por supuesto, sin que esto nos reste profundidad. Este texto, escrito al estilo de los artículos de la columna El arte de la política, procurará hacer praxis de este enunciado. ¡Go on! o ¡Поехали!, como diría Gagarin al despegar.
Entonces, rojo intenso, rojo abrasador, rojo deslumbrante… sobre ese rojo vemos en la obra plástica a un obrero que se dibuja en primer plano a partir del humo. El psicoanálisis explica que los colores no aparecen azarosamente en nuestros sueños; en ese mundo interno en el que accedemos misteriosamente cada elemento contiene un mensaje del subconsciente, relacionado simbólicamente con nuestras experiencias, deseos latentes, traumas de la infancia o estados emocionales. El rojo, en este sentido, evoca lo más intenso, las pasiones que nos movilizan, así como el poder.
Ya en el terreno de la política, el color rojo ha sido históricamente asociado con la izquierda. Esta conexión se consolida con la Revolución bolchevique de 1917, donde los obreros dirigidos por Vladimir Lenin adoptaron la bandera roja con un martillo y una hoz como símbolo del movimiento revolucionario. Es la misma bandera que se ondeó como símbolo de victoria en Berlín, cuando el Ejército Rojo venció al nazifascismo en 1945. Fue entonces cuando el rojo irradió sobre el mundo, de una manera incandescente, para encarnar la gloria militar y social de una revolución socialista. Los obreros veían el cielo de la misma forma que Paul Del Río lo pintó.
En el siglo XX la utopía tenía un color, no obstante, ¿tendrán los obreros siempre el mismo sueño con fondo rojo?, ¿al transcurrir la historia son los obreros siempre los mismos obreros?, ¿o son los obreros y sus sueños resultado de las formas y las relaciones de producción de su tiempo? Estas preguntas me interpelan cuando veo la base del cuadro, esa fábrica humeante que se pierde entre el caos de una ciudad hecha a imagen y semejanza de su agobio. Un agobio que trasciende los temas de carácter material, producidos por el capitalismo en su fase industrial, para convertirse en una crisis humana de carácter existencial, en un capitalismo más sofisticado que Marx pudo interpretar desde la ciencia y Gorki desde el corazón, un capitalismo donde las relaciones de producción están mediadas por estructuras financieras globalizadas y complejos sistemas privados de comunicación, control cognitivo y vigilancia, donde los Estados nación se desdibujan y la clase trabajadora es víctima de nuevos modelos de explotación proxi y alienación sistemática. El capitalismo evolucionó en su tecnología económica para lograr un metabolismo mucho más eficiente a la hora de acumular capital, pero evolucionó aún más en el terreno de la guerra cognitiva y en la consolidación de una industria cultural que garantice “plusvalía ideológica” (Ludovico Silva, 1970), lo que nos deja a la izquierda retos inmensos en el terreno de la cultura y la comunicación ¿O es que acaso la IA y las redes sociales no son temas a abordar desde el movimiento revolucionario?
¿Si los obreros cambian según las condiciones históricas, determinadas por el modo de producción y la tecnología de su época, no deben también transformarse los programas de la izquierda? En la mayoría de los debates la respuesta predominante es sí. Sin embargo, pareciera que para la izquierda del siglo XXI las aspiraciones de la clase obrera aún resultan un misterio sin resolver, he ahí uno de los principales problemas del movimiento progresista en el mundo occidental contemporáneo: Los proyectos de la izquierda dejaron de tener como centro a las mayorías oprimidas para concentrarse en las minorías excluidas.
Es cierto que el final del siglo XX fue escenario del agotamiento de los discursos de la ultraderecha y de los gobiernos que se impusieron manipulando los márgenes de la democracia, al punto de vender el modelo neoliberal como apéndice del programa político “más moderno”. El resultado fue una miseria agobiante e indignante para los sectores populares. La desigualdad económica y el hastío permitieron a la izquierda mostrarse como una esperanza, y esa esperanza se convirtió en capital político. Así, se acumularon victorias significativas en lo que corresponde al control del aparato del Estado y el desarrollo social, no obstante, en ese tiempo en el que nacía el siglo XXI, no existió la visión colectiva ni la audacia necesaria para dar respuesta en el campo de lo económico a una sociedad que se enfrentaba a un cambio de época. Fue la propia izquierda la que garantizó las condiciones de carácter material (a través del subsidio y la redistribución) para que la clase trabajadora desarrollara nuevas aspiraciones, que solo será posible alcanzar con una moderna y radical revolución económica, que ninguno de los gobiernos de izquierda ha logrado aún. ¡Eureka… he ahí la cereza sobre el pastel conceptual y la gasolina que hace posible avanzar hacia el socialismo en una revolución que se proyecta al futuro!
La verdad, es evidente que entre lo material y lo identitario se entrampó el debate, y las prioridades entraron en desorden. Estando de moda y luego de lograr el poder político (especialmente en América Latina), la izquierda construyó una agenda que prestó especial atención a asuntos de carácter cultural, dejando de atender temas fundamentales en el terreno de lo material. Es así quellegamos a una coyuntura donde se complejizaron las aspiraciones socioeconómicas del pueblo y el movimiento revolucionario dejó de entenderse con su base social fundamental: las mayorías explotadas por el sistema capitalista en su condición de trabajadores y trabajadoras. Las dirigencias de izquierda comenzaron a interpretar la realidad como una vanguardia sesuda y progre, pero no desarrollaron nuevas formas de generación de riqueza… lo que trajo como consecuencia que, tras el asedio económico del imperialismo, los trabajadores vieron sus salarios diluidos en el agua mientras se levantaban banderas que no tenían nada que ver con el pan.
¡Ojo! Por supuesto que una mujer lesbiana, madre soltera, negra, vegetariana y de la clase media resulta un sujeto al cual atender, proteger y empoderar, para que tenga también los tornillos y llaves que tiene el obrero de Paul Del Río en las manos. No obstante, el centro del programa deben ser los trabajadores y las trabajadoras, ellos son el sujeto colectivo a los cuales debemos dirigir un discurso aglutinador, esperanzador y poderoso que interprete sus aspiraciones más concretas. Haciendo esto, podremos acumular el capital político para movilizar y organizarnos en función de administrar el poder del Estado, superar las relaciones de producción capitalista y en pro de cultivar una nueva conciencia social, que constituya un terreno fértil para que germine una nueva cultura, donde los temas de carácter sectorial sí puedan ser el centro del debate político, sin que eso nos distraiga del proyecto histórico que constituye el socialismo.
En dos platos y con metáforas: teniendo semillas, herramientas y tierra detrás de la casa, el problema fundamental de una familia será producir en esa tierra y garantizar los recursos para que cada individuo tenga la libertad de desarrollar su personalidad con base en los valores construidos de manera mancomunada y amorosa, en el proceso del trabajo colectivo que emprendieron. Esta lógica protege el bienestar de la familia y garantiza una visión de futuro. En esa familia, como en la sociedad, hay mujeres, infantes, hombres, gays, ancianos, enfermos, discapacitados, emprendedores, artistas, etcétera (todos de la misma clase social)… y cada uno tiene el deber de contribuir según sus capacidades y el derecho de recibir según sus necesidades ¿les suena?
Como en esa familia que nos imaginamos, la base social del progresismo hoy es mucho más heterogénea que la que está representada arquetípicamente por Paul Del Río en su obra, pues la clase trabajadora en el presente constituye una gama mucho más amplia que la que se pone overol para manufacturar un producto. Desde los freelancers hasta las campesinas, desde los buhoneros hasta las que hacen trending, pueden levantar los brazos como el obrero que sueña sobre fondo rojo. Todos ellos pertenecen a la clase trabajadora, pues no son dueños de los medios de producción y mucho menos son accionistas de una corporación farmacéutica o petrolera. En fin, los seres humanos que son susceptibles a constituir la base social de la izquierda han diversificado sus oficios y sus estatus, pero siguen teniendo la misma condición frente a los magnates del mundo. Una condición de dominados. Condición que rompe con el principio de igualdad en dignidad y derechos en cuanto humanos, pues como en todas las películas de ciencia ficción, son los ricos los que tienen los cohetes y al ver hacia abajo levantan su brazo derecho haciendo el saludo nazi. ¿O acaso alguno cree que tendrá los mismos derechos que Musk frente a una pandemia, un juicio, una guerra o en una crisis económica?
En fin, la superación de esa relación de dominación pasa por la liberación del sujeto en cuanto ente económico y ser colectivo. En el libro El Hombre y el socialismo en Cuba (1965), de Ernesto Che Guevara, podemos encontrar las siguientes líneas, con las que es posible abonar este debate:
El hombre, en el socialismo, a pesar de su aparente estandarización, es más completo; a pesar de la falta del mecanismo perfecto para ello, su posibilidad de expresarse y hacerse sentir en el aparato social es infinitamente mayor. Todavía es preciso acentuar su participación consciente, individual y colectiva, en todos los mecanismos de dirección y producción y ligarla a la idea de la necesidad de la educación técnica e ideológica, de manera que sienta cómo estos procesos son estrechamente interdependientes y sus avances son paralelos. Así logrará la total conciencia de su ser social, lo que equivale a su realización plena como criatura humana, rotas las cadenas de la enajenación. Esto se traducirá concretamente en la reapropiación de su naturaleza a través del trabajo liberado y la expresión de su propia condición humana a través de la cultura y el arte.
Si bien la izquierda está en un dilema político y programático, no es menos cierto que la crisis terminal de la modernidad occidental nos enfrenta al reto de construir una nueva modernidad, donde una nueva época de transición al socialismo florezca y finalmente superemos las falencias estructurales de un sistema de pensamiento que se agotó por el peso de sus propias contradicciones, pues llevó a la humanidad al colmo, es decir, a un punto donde la racionalidad imperante no puede dar explicación a fenómenos sociales, económicos y culturales que, contrastados con los principios fundamentales del humanismo, nos condenan a una quimera de barbaries. Por ejemplo, en el sistema capitalista el desarrollo tecnológico es lo suficientemente avanzado para acabar con el hambre en el planeta, no obstante, erradicar el hambre sigue siendo uno de los desafíos más importantes que tienen diversos países, así como sectores sociales en todas las latitudes del planeta. Ejemplos tan indignantes como este pueden verse en los diferentes campos del desarrollo humano, como la educación y la salud, dejando en evidencia que ni el sistema económico ni los fundamentos filosóficos que lo sustentan son útiles para solucionar los problemas materiales y existenciales que hoy enfrentamos. El llamado sueño americano se marchitó y el modelo europeo se muestra derrotado, como ha planteado Emmanuel Todd. Ahora, ¿existen modelos que nos permitan pensarnos de una manera diferente en esta confrontación con el capitalismo?
China ha logrado mantenerse en su proyecto histórico al tiempo que ha tenido la versatilidad científica de abordar los nuevos desafíos en cada época, fundamentalmente los económicos, tecnológicos y sociales. Ha logrado promover reformas que aportan a la transformación de las relaciones de producción capitalistas; en concreto, esto significa que se ha centrado en mejorar el sistema y el mecanismo para desarrollar lo que ellos llaman las Nuevas Fuerzas Productivas de Calidad, de acuerdo con las condiciones locales; se ha promovido el desarrollo del sistema económico socialista, teniendo como objetivo el mejoramiento de las condiciones de vida de cada trabajador; se ha optimizado la asignación de recursos de varios factores de producción avanzados en el territorio, generando alianzas estratégicas entre diversas instancias productivas y en diferentes escalas; se han integrado los factores sociales y económicos, como la innovación científica y la reforma institucional, a la producción total, y, en gran medida, se ha aumentado la productividad total de los factores frente a los desafíos de la economía global. Este es un tema fundamental en lo que La Fundación de Investigación Económica y Social de Beijing Longway ha llamado el socialismo 3.0. Respecto a este tema, el presidente Xi Jinping, teniendo como escenario la XI sesión de estudio grupal del Buró Político del Comité Central del PCCh (2024), afirmó que:
Las relaciones de producción tienen que adaptarse a la exigencia del desarrollo de las fuerzas productivas. Con miras a desarrollar nuevas fuerzas productivas, es imperativo profundizar más integralmente la reforma y la apertura, y formar nuevas relaciones de producción compatibles con aquellas. Es necesario ahondar en la reforma del sistema económico y el sistema de ciencia y tecnología, entre otros terrenos, esforzarnos por eliminar los obstáculos que dificultan el desarrollo de las nuevas fuerzas productivas, construir un sistema de mercado de elevados estándares, así como renovar formas de distribución de los elementos de producción, a fin de que todo tipo de elementos de producción avanzados y de alta calidad fluyan sin dificultad hacia el desarrollo de las nuevas fuerzas productivas. Al mismo tiempo, hace falta ampliar la apertura al exterior de alto nivel, creando un entorno internacional favorable al desarrollo de las nuevas fuerzas productivas.
En China también se ha alcanzado un nivel de justicia social que da seguridad a sus ciudadanos, sacando a 700 millones de personas del umbral de la pobreza; se ha organizado un sistema económico para que sea el Estado quien controle al mercado y no las clases dominantes, en una relación de sometimiento de las grandes mayorías. China nos permite reflexionar sobre la posibilidad de avanzar hacia programas que verdaderamente solucionen los problemas centrales y llenen de esperanza a las mayorías. Otros ejemplos menos espectaculares, pero igual de valiosos y necesarios de tomar en cuenta, podemos encontrarlos en el modelo cubano, donde la planificación de la economía y el resguardo de los derechos sociales fundamentales han sido vitales para mantener el país a flote, luego de sesenta y tres años de bloqueo económico contra la isla por parte del imperialismo norteamericano; en las experiencias organizativas y productivas de los movimientos sociales de Brasil, que sin tener el control del aparato del Estado avanzan con nuevas perspectivas organizativas con los sectores populares; y en las comunas de Venezuela, expresiones del socialismo territorial y de la democracia directa, donde se profundiza, cada vez con más fuerza, una revolución de carácter político y cultural que democratiza los poderes y los recursos del Estado, a fin de garantizar justicia social y promover la diversificación económica con un sentido topárquico. Quizá el “fondo rojo” de cada uno de estos ejemplos cambie de tonalidad, pero todos son esencialmente socialistas, entendiendo esto constatamos que no se trata de tener programas y métodos únicos, pero sí, horizontes comunes.
Los objetivos de los programas progresistas no deben desviarse del proyecto histórico y deben al mismo tiempo dar respuestas concretas a las aspiraciones de su base social fundamental. En tal sentido, el discurso de la izquierda en cada país debe ser más convocante, esto implica reformularse a fin de aligerar su carga woke y aumentar su sentido worker. Sobre todo, en un contexto donde la depredación neoliberal se expresa en la miseria material de la clase trabajadora y la revitalización de movimientos de ultraderecha (fascistas) en todas las latitudes. Al respecto de la organización de las fuerzas populares, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha expresado:
Llamemos a todos y a todas, eso es una metodología inclusiva necesaria, participativa, que la gente sienta la felicidad de opinar, de proponer, de ser útil integralmente, y todas las fuerzas bolivarianas verdaderamente chavistas, auténticamente patriotas, socialistas y progresistas de Venezuela, sientan que tienen un espacio para dibujar el futuro, y podamos nosotros consolidar esta fórmula mágica (…) la fórmula de integrar, de unir y de expandir las cinco generaciones que hemos visto y que actuamos de manera protagónica en el devenir de la Revolución Bolivariana del siglo XXI, y de construir el poderoso sistema de fuerzas de las siete grandes fuerzas sociales de Venezuela.
Se requiere de una izquierda que se renueve más allá de los discursos y las estéticas, estos cambios más bien deben ser consecuencias de las transformaciones conceptuales y programáticas del movimiento revolucionario. Una izquierda que haga equilibrio entre su amplitud y su radicalidad. La única manera es reconectar con las necesidades y esperanzas actuales de las mayorías deprimidas y oprimidas, en un sentido tanto económico como cultural, por el sistema imperante. En cada contexto nacional esta renovación amerita de un análisis particular sobre la realidad de la clase trabajadora, a fin de determinar cuáles son las contradicciones más sentidas por el pueblo. No se trata de ser ortodoxos y dogmáticos en relación a la teoría revolucionaria, por lo contrario, se trata de utilizar las herramientas de análisis y transformación de forma dinámica y versátil, en pro de cultivar una conciencia e identidad que nos unifique, incluso más allá de las fronteras, pero sobre todo de construir de manera participativa y sin sesgos de carácter ideológicos un programa de lucha que resuelva los problemas concretos de la gente. No permitir que la política se diluya en la retórica, sino, más bien, que se pueda ver hecha praxis revolucionaria en cada contexto y espacio.
En conclusión, la izquierda del siglo XXI no puede ser ni la vanguardia iluminada que existe solo en el plano de lo teórico, ni el movimiento progresista combativo, pero fragmentado y enajenado con los ombligos de sus parcelas (situación muy bien explicada por Juan Carlos Monedero en su libro Política para indiferentes). José Pío Tamayo, el precursor del socialismo científico en Venezuela, preso a causa de su militancia política, ya lo decía de la siguiente manera en 1930:
¡Ojalá algunos bien intencionados no se equivoquen engrosando filas destinadas al fracaso! Filas tal vez gubernamentales en primer momento, pero reducto último de un pasado vestido de espejismos y de retórica plagiada, destinadas a una rápida derrota porque no llegarán jamás a representar los deseos del pueblo ni podrán satisfacer sus necesidades. Nosotros sí. ¡El futuro será nuestro; de los que haremos el porvenir con las manos para moldearlo con líneas llenas de ciencia y arte nuevos!
El desafío es ser un inmenso condensador y catalizador de luchas, que dé respuesta, en un proyecto innovador y luminoso, a la rabia que germina del presente y a la esperanza de un futuro donde, como dirían Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, “el libre desarrollo de cada uno sea la condición del libre desarrollo de todos”. Solo así no veremos a ese obrero que sueña sobre fondo rojo de una manera tan dramática y solitaria, sino que el paisaje será populoso, tropical y cinético… podremos ser un pueblo hecho gobierno, garante de “la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de estabilidad política”, como diría Bolívar en el Discurso de Angosturas.