Tierra Adentro
Amapola, 2015. Gabriel Rosas Alemán.

Amapola, 2015. Gabriel Rosas Alemán.

Amapola, 2015. Gabriel Rosas Alemán.

 

 

 

 

 

El dentista dijo: tus muelas están entre el hueso y la carne, empujan a los otros dientes, provocando dolor constante en la mandíbula. Hay que sacarlas. El cirujano lo resuelve en un instante. El procedimiento parece una tortura, pero no es así. La intención es curarte.

Extracción de tres muelas cordales: sesión larga, balbucea el cirujano en un español pastoso. Triple dosis de anestesia al mismo tiempo. No duele. Fue como si me hubiera mordido una hormiga en los labios.

No voy a tener sujetos los brazos, pero es probable que alguien me tome de las axilas para inmovilizarme. Van a bajar el respaldo lo suficiente para que el cirujano pueda tener pleno control de mi boca.

Inicia el procedimiento pero no siento nada.

El cirujano toma una punta, la introduce, rasga la piel. El hueso se expone para ser perforado. Trato de contar las líneas del techo. En realidad, calculo el número de pestañas en los ojos grises del cirujano, que de pronto se vuelven verdes.

Puedo escuchar tres monedas deslizándose en el bolsillo de mi madre.

El cirujano está cerrando la piel abierta de mi mandíbula. ¿Te duele? No. ¿Sientes la aguja? No.

Sigue con la última muela.

El bisturí deja como vestigio un leve ardor. El cirujano arranca la muela con fuerza, y siento la raíz desprenderse del hueso. Duele. Mucho. Pero no digo nada. Ya sólo hay que cerrar la herida. Pero la espiral no se detiene.

El cirujano toma una aguja que atraviesa la piel, roza el hueso roto. Siento la presión ejercida, el punzón que penetra destrozando cada uno de los nervios de mi cuerpo. Quiero gritar, quiero más anestesia, pero algo me calla.

Son los ojos verdes del cirujano que me miran extasiados. Un sudor cálido cae de su frente.

La aguja cierra la carne abierta.

Mi boca, inundada por el férreo sabor de la sangre.

De mi sangre.

Los nervios se asustan, pero mis papilas gustativas se estimulan con el contacto del fluido rojo.

No pasa nada.


Autores
Yeni Rueda López. (Morelos, 1990) Narradora y co-organizadora de Lateralia|Festival de Edición Independiente en Morelos, así como cuentista, editora de la revista Moria y activa promotora cultural, Rueda López ha fungido como un elemento catalizador al realizar una eficaz difusión informativa en los medios electrónicos.
Corps / Rodin / Tete / Elizondo, s/f. Agustín González.

 

Corps / Rodin / Tete / Elizondo, s/f. Agustín González.

Corps / Rodin / Tete / Elizondo, s/f. Agustín González.

 

 

 

Lo miro en los umbrales del local, junto a la calle: el trompo de pastor, la carne roja. Vinimos a cenar después de clase.

—¿Y qué les pareció, aquí en confianza?

Millones de sinapsis estallan a la par.

—Se trata de aplicar el método Leng Tch’é al cuerpo-devenir que es la novela —asienten los demás a lo que dice el profesor. Qué pinche culto.

El taquero lo gira, lo rebana, lo vuelve a girar. La forma del recuerdo cambia en cada rotación, se cuece, olvida: un taco más a devorar, más entropía. Si llego hasta el final de esta conversación, me haré vegano.

—Elizondo quería llegar al hueso del instante con prosa de escalpelo, con ritmo troza-pubis.

Qué verbo tiene el güey.

Lo voy a recordar.

Ella saca Farabeuf de su morral.

—A ver… —amo su voz— escuchen: «como te abandonas a la muerte que reflejan los ojos de este hombre desnudo cuya fotografía amas contemplar todas las tardes en un empeño desesperado por descubrir lo que tú misma significas».

Recuerdo que ella nunca anda sin mangas, que jamás nos deja verla más allá de las muñecas, donde se adivina a veces una herida, un corte transversal, y cicatrices.

La conversación se va por rumbos de infinita presunción. Lacan y Hegel.

Cuando llega mi gringa, olvido. El queso gratinado se derrama en giros de corteza cerebral. Tomo el tenedor y el bisturí, trepano el seso.

Para mi trabajo semestral escribiré sobre la función social del suplicio en la China imperial. No era por atormentar al criminal (le daban opio), ni por dar una lección (para eso bastan la horca o el fusil). Era una puesta en escena, un espectáculo para calmar la pulsión de muerte de los súbditos, para satisfacer sus ganas de autodestrucción, su hambre… el trompo de pastor, ¿qué hace en la calle? ¿Por qué no está en la cocina con todo lo demás? Se trata de un Leng Tch’é… Me tengo que acordar de estas ideas. No quiero reprobar.

 

 

 


Autores
(Ciudad de México, 1987) es narrador y ensayista. Autor de la novela Las mutaciones (Antílope, 2016) y del ensayo Yonquis de las letras (La Huerta Grande, 2017).
Fara, 2015. Minerva Cuevas.

Fara, 2015. Minerva Cuevas.

Fara, 2015. Minerva Cuevas.

 

 

 

 

Estás en el centro de esa plaza, rodeado por cientos de desconocidos, amarrado a un poste que un par de hombres sujetan. Tienes veinticinco años y apuñalaste al príncipe Ao Jan Wan por querer estar con tu esposa. Es su derecho, decían, además sólo eres un sirviente, debiste aceptar. ¿Qué maldita vida es ésta en la que ellos siempre hacen lo que quieren?

 

Observas el cuchillo filoso que cruza frente a ti, sientes el instante en que la aguja de acero se hunde en tu flanco izquierdo, desgarrándote por dentro como si fueras nada. El dolor es tan fuerte que tus gritos enmudecen al sentir el siguiente movimiento del verdugo que se posa sobre tu garganta. Ya no podrás cerrar la boca. Sientes la sangre recorrer tu delgado y demacrado cuerpo. No es mucha.

 

Aún estás consciente. No comprendes por qué morirás de esa manera, eres un pobre diablo y estás seguro de que eso también serás en la otra vida. Un pobre diablo.

 

Sientes cómo rebanan tu pecho, cómo te desprendes de esos músculos que hasta ahora habías ignorado. Un ayudante le da un nuevo cuchillo a tu verdugo que separa la masa muscular, te contraes en silencio sin poder decir nada, tu mudez es atroz, horrible, llena de nostalgia y desesperanza.

 

Los ayudantes del verdugo empiezan a trozar tus huesos, los bíceps, los codos, tus antebrazos. Aún faltan tus piernas, que seguirán el mismo camino que tus brazos y pecho, la izquierda, la derecha; apenas escuchas el crujir de tus huesos que son tan débiles como cascarones. Entre tus ingles el brotar de tu sangre es inmenso, se desborda por tus muslos cercenados.

 

El descuartizamiento continúa sin interrupciones, no habrá piedad y lo sabes. O lo sabías. ¿Por qué aún no mueres? Tu rostro convulso empieza a desaparecer, ya no gesticulas y sólo miras al cielo con ojos acuosos y perdidos, quizá buscando una respuesta que libere el dolor. Te vas pero sigues sin morir. Ya no duele, empiezas a soñar, te relajas. Tu cuerpo se desprende y tu respiración se detiene, regresa, el éxtasis que te invade va más allá de ti…

 

Ya nada importa.


Autores
(Ciudad de México, 1985). Es narrador y periodista. Escribe sobre música, futbol, terror y literatura en diversos medios impresos y digitales. Fue becario del FONCA (2015-2016) y del PECDA del Estado de México (2014-2015), en ambas como joven creador en letras con especialidad en cuento. Estudió la Licenciatura en Creación Literaria en la UACM y la Maestría en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana. Actualmente da clases de periodismo y de escritura creativa.
Hurt, 2015. Antoni Oki.

 

Hurt, 2015. Antoni Oki.

Hurt, 2015. Antoni Oki.

 

 

INCISION PRIMERA (*)

Dice Susan Sontag: «Desde que se inventaron las cámaras en 1839, la fotografía ha acompañado a la muerte».

 

INCISION PRIMERA (**)

El método: fotografiar y amputar se parecen. Debe seleccionarse aquello que permanecerá, y decidir qué se relega al olvido, a ese espacio ambiguo y dispensable que es el fuera de cuadro.

 

INCISION PRIMERA (***)

El Dr. Farabeuf se dice, se des-dice: la contemplación de una imagen en donde alguien muere cambia la naturaleza de quienes somos, y contiene —en el tiempo que tarda el obturador en dispararse— toda nuestra existencia. Me planteo entonces: ¿el desmembramiento del cuerpo ( físico y del texto) no es también el nuestro? 29 de enero de 1901: 1. El diario North China Daily News publica la fotografía de un hombre que padece el suplicio del Leng Tch’é; el Dr. Farabeuf observa. 2. Farabeuf toma la fotografía del supliciado y planea recortarla para que esté «a la medida de sus deseos» 3. Georges Bataille incluye la fotografía en Las lágrimas de Eros. Para él, la conjunción entre el horror religioso y el éxtasis erótico es, también, cosa de un instante. 25 de marzo de 2011: veo en el periódico la fotografía de un cuerpo dentro de una bolsa de basura. Hay que repetir «de basura». La nota habla de cinco personas que fueron descuartizadas en Acapulco. No encuentro la posibilidad de un rostro. Pongo el mío. Me aterro.

 

INCISION PRIMERA (****) 

Escribir también es viviseccionar. Elizondo practica cirugías, meticulosas e incisivas, en el lenguaje, en el acontecimiento y en el sentido de la existencia. Lo pertinente es, pienso, preguntarnos por lo que se fragmenta en aquellos que contemplamos la imagen.

 

INCISION PRIMERA (*****)

¿Congelamos los efectos de la violencia porque alguien tiene que memorizarlos? Sin embargo es más tenaz el olvido, y los recuerdos, como las piernas, también son amputables.


Autores
Paulina del Collado Lobatón (México, 1990). Es pasante de la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Actualmente se desempeña como becaria de investigación en el Centro de Estudios Lingüísticos de El Colegio de México. Fue seleccionada por La Fundación para las Letras Mexicanas, Capítulo Monterrey (2013). Es egresada del diplomado de creación literaria Xavier Villaurrutia del INBA.
Sin título, 2015. Fritzia Irizar.

Sin título, 2015. Fritzia Irizar.

Sin título, 2015. Fritzia Irizar.

 

 

[…] It must move
As little as possible. This is what the
portrait says.
John Ashbery

Recuerda: hay fotografías que tienen poco movimiento y mucho ruido. Ésta es una. El Doctor Farabeuf (¿hay algún título más enigmático que «doctor» en la historia en la ficción?[1]) estaba obsesionado por encontrar el momento exacto entre la vida y la muerte, una forma de conservar el pasado en el futuro, una vía más de preservar la memoria. Recuerda ahora al protagonista de Memento. Él, como Farabeuf, encontraba el alivio a través de la sangre y el cuerpo humano por su imposibilidad de recordar. Tomaba fotografías instantáneas y anotaba en ellas pequeños datos (ella también perdió a alguien, no confíes en él). Cuando el papel no era suficiente utilizaba su piel, se torturaba a sí mismo con tatuajes que él mismo se hacía. Las marcas en su cuerpo eran lo único en lo que podía confiar. R…E…M…E…M…B…E…R Sammy Jankins. Esa película. Y ese libro… ¿recuerdas? El libro que dejé abandonado en la casa de alguien (¿la tuya?) y entre cuyas páginas amarillentas había una foto mía (La fotografía —dijo Farabeuf es una forma estática de la inmortalidad). No era el suplicio chino, pero estaba moribundo. Las fotografías tratan de la muerte constante, del temor a olvidar que alguna vez fuimos alguien más. Verlas es una suerte de advertencia para nosotros mismos, un mensaje de otro tiempo. («I am Lazarus, come from the dead, / Come back to tell you all, I shall tell you all», diría Eliot). La fotografía del suplicio chino es presente perpetuo, para recordar a Paz y que continúe Elizondo: presente, ahora, para siempre con nosotros, como la presencia del hombre. Por eso no aguanto tomarme fotografías. Me parecen un mensaje al vacío que olvido al siguiente día pero que reaparece en un mes o en unas semanas o en algunos años, como la foto que está en aquel libro que olvidé, pero ahora, en (este) presente, recuerdo. No la rastreo porque tengo miedo de lo que esa imagen dirá de mí. No alcanzo a imaginar qué se diría el hombre moribundo del suplicio chino, pero es ocioso pensarlo: esa fotografía de la vida eterna que niega la muerte, o de la muerte que abandona la vida, según se vea, sólo está para nosotros, los condenados a reencontrarnos con alguna foto del pasado que nos preguntará si estamos seguros de no haber olvidado nada.

 

 

[1] Lista de doctores ficticios que me han impresionado: Van Helsing, Frankenstein, Jekyll, John Watson, Octopus, Horrible, Emmet Brown, Venkman, Frank-N-Furter, Doogie Howser, Leonard McCoy, el Doctor, Harrison Wells, Zoidberg, Bruce Banner, Andonuts y, por supuesto, Farabeuf.

Constelación, 2015. Rui Gomes.

Constelación, 2015. Rui Gomes.

Constelación, 2015. Rui Gomes.

 

 

 

Por hora y media estuvimos debatiendo en una junta si debíamos o no publicar la fotografía de la «Muerte de mil cortes» para ilustrar nuestro número dedicado a los cincuenta años de Farabeuf. ¿No era un poco —señaló uno de los editores, quizás sensible por algunos acontecimientos recientes— banalizar el sufrimiento amparados en la alta literatura del mismo modo que otros publicaban las imágenes de tipos decapitados convencidos de que estaban «informando»? «Elizondo, Bataille, Cortázar», dijo alguien para avalar aquella foto, pero alguien más dijo «Susan Sontag» y llegamos a un empate técnico, porque habíamos decidido que una opinión de mujer equivalía a tres de hombre, para balancear un poco la escasez de mujeres en la convocatoria. («¿Por qué a muchas mujeres no les gusta Farabeuf?», se quejó otro de los editores, aunque luego aclaró que había hecho esa pregunta con la distancia irónica suficiente para que no se le tomara por misógino). Hace un mes habíamos considerado un triunfo encontrar la manera de homenajear un libro que el cuarenta por ciento de nuestros colaboradores habituales había leído en medio de cierto sopor y no queríamos llenar la revista con textos que se llamaran «El erotismo, la muerte y la escritura en…», que parecía la única manera en que la gente con recibos de honorarios podía escribir sobre Farabeuf. Pero ahora nuestra mejor idea —la de centrarnos en la fotografía de los «mil cortes», más que en el libro— estaba a punto de irse al carajo. El editor que hizo el comentario de las mujeres y Farabeuf dijo entonces que una amiga suya había resuelto sus dilemas éticos que involucraban el dolor de los desconocidos de una manera más o menos práctica: cada vez que compraba joyas pensaba en si el pobre hombre que había sufrido para extraer ese diamante habría muerto ya de causas naturales. Si la respuesta era afirmativa, hacía la compra. «No es que su afición a la joyería vintage haya surgido de la nada», añadió. Nos pareció una manera elegante de salir del impasse. Verificamos que la foto fuera anterior a 1910. Acordamos seguir con nuestro número de homenaje.

 


Autores
(Campeche, 1979) publicó Ni siquiera es un trabajo, pero alguien tiene que hacerlo (Posdata, 2014), el primer tomo de su pentalogía sobre qué significa ser un hombre blanco heterosexual (algo de lo que nunca se había escrito).
Desmembramiento, 2015. Ignacio Gaticia.

Desmembramiento, 2015. Ignacio Gaticia.

Desmembramiento, 2015. Ignacio Gaticia.

 

En/el/centésimo/día/del/año/1905,/en/la/provincia/de/Zhili,/que/ahora/se/llama/Hebei/y/significa\«río\abajo»,\sobre\la\calle\de\Caishikou,\hay\un\hombre\atado\a\un\madero.\\Una\dosis/de/estimulantes/en/el/torrente/sanguíneo/ha/embriagado/sus/sentidos.//La/piel/y/la\consciencia\despiertan\con\opio.\\La\extensión\de\su\cuerpo\nunca\le\había\parecido\tan/clara.//Como/si/fuera/un/día/de/fiesta,/el/suplicio/se/realiza/en/la/plaza/pública,/a/la/vista\de\todos.\\Hay\que\castigar\el\crimen.\\Un\hombre\no\puede\rehusarse\a\que\su\esposa/comparta/la/carne/con/otro/cuando/se/trata/de/la/nobleza.//Mil/cortes/sobre\su\cuerpo\son\una\pena\ejemplar,\la\misma\que\habría\recibido\de\haber\matado\a\sus\padres/o/si/fuera/un/desertor.//Tras/las/primeras/heridas/pareciera/que/una/mariposa/gigante\con\las\alas\abiertas\se\ha\posado\en\medio\de\su\pecho\y\al\emprender\el\vuelo\ha/extirpado/ese/trozo/de/carne.//Se/asoman/la/caja/torácica/y/los/pulmones/palpitantes.//El\martirio\debe\alargarse\el\mayor\tiempo\posible.\\De\manera\paulatina\lo\despojan\de/los/brazos,/de/las/piernas/y/apilan/los/trozos/tibios/frente/a/sus/ojos/para/que/sea/testigo\de\su\desmembramiento.\\

Aquél/levanta/la/mirada/y/en/cuanto/cierra/los/ojos,/la/lente/que/apunta/registra/su/suplicio.\\El\cuerpo\hecho\jirones\del\infeliz\terminó\diseminado\en\doce\tarjetas\postales\de/9×14/centímetros/que/recorrieron/el/mundo.


Autores
Mariana Oliver (Ciudad de México, 1986) es ensayista y doctora en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana. Su trabajo de investigación se pregunta por las estéticas translingües en la obra de autoras contemporáneas. Fue becaria de ensayo en la Fundación para las Letras Mexicanas (2013-2015). Con Aves migratorias obtuvo el Premio Nacional de Ensayo Joven José Vasconcelos en 2016. Este libro fue publicado en México por el Fondo Editorial Tierra Adentro, así como por Tragaluz Editores (Colombia, 2019), Transit Books (EU, 2021), la traducción de Julia Sanches ganó el premio PEN en 2022, Il Margine (Italia, 2022), Modos de ensayo (Ecuador, 2024) y Libera (Turquía, 2024). Sus ensayos se han publicado en medios mexicanos como Este País o la Revista de la Universidad, así como en otros internacionales como LitHub, Words Without Borders o la revista Pessoa.