Tierra Adentro
Sin título, 2015. Fritzia Irizar.

Sin título, 2015. Fritzia Irizar.

Sin título, 2015. Fritzia Irizar.

 

 

[…] It must move
As little as possible. This is what the
portrait says.
John Ashbery

Recuerda: hay fotografías que tienen poco movimiento y mucho ruido. Ésta es una. El Doctor Farabeuf (¿hay algún título más enigmático que «doctor» en la historia en la ficción?[1]) estaba obsesionado por encontrar el momento exacto entre la vida y la muerte, una forma de conservar el pasado en el futuro, una vía más de preservar la memoria. Recuerda ahora al protagonista de Memento. Él, como Farabeuf, encontraba el alivio a través de la sangre y el cuerpo humano por su imposibilidad de recordar. Tomaba fotografías instantáneas y anotaba en ellas pequeños datos (ella también perdió a alguien, no confíes en él). Cuando el papel no era suficiente utilizaba su piel, se torturaba a sí mismo con tatuajes que él mismo se hacía. Las marcas en su cuerpo eran lo único en lo que podía confiar. R…E…M…E…M…B…E…R Sammy Jankins. Esa película. Y ese libro… ¿recuerdas? El libro que dejé abandonado en la casa de alguien (¿la tuya?) y entre cuyas páginas amarillentas había una foto mía (La fotografía —dijo Farabeuf es una forma estática de la inmortalidad). No era el suplicio chino, pero estaba moribundo. Las fotografías tratan de la muerte constante, del temor a olvidar que alguna vez fuimos alguien más. Verlas es una suerte de advertencia para nosotros mismos, un mensaje de otro tiempo. («I am Lazarus, come from the dead, / Come back to tell you all, I shall tell you all», diría Eliot). La fotografía del suplicio chino es presente perpetuo, para recordar a Paz y que continúe Elizondo: presente, ahora, para siempre con nosotros, como la presencia del hombre. Por eso no aguanto tomarme fotografías. Me parecen un mensaje al vacío que olvido al siguiente día pero que reaparece en un mes o en unas semanas o en algunos años, como la foto que está en aquel libro que olvidé, pero ahora, en (este) presente, recuerdo. No la rastreo porque tengo miedo de lo que esa imagen dirá de mí. No alcanzo a imaginar qué se diría el hombre moribundo del suplicio chino, pero es ocioso pensarlo: esa fotografía de la vida eterna que niega la muerte, o de la muerte que abandona la vida, según se vea, sólo está para nosotros, los condenados a reencontrarnos con alguna foto del pasado que nos preguntará si estamos seguros de no haber olvidado nada.

 

 

[1] Lista de doctores ficticios que me han impresionado: Van Helsing, Frankenstein, Jekyll, John Watson, Octopus, Horrible, Emmet Brown, Venkman, Frank-N-Furter, Doogie Howser, Leonard McCoy, el Doctor, Harrison Wells, Zoidberg, Bruce Banner, Andonuts y, por supuesto, Farabeuf.