Tierra Adentro
Altar de la esquina del movimiento. Irving Cabello.

Gracias a los sonideros existe la música en la calle. Todo comenzó con alguien encargado en amenizar el pachangón. La historia se remonta a la década de 1940 a 1950. En esa época, el historiador y antropólogo, Oscar Lewis, en su libro Antropología de la pobreza ya menciona a un director de orquesta que le pone música y sabor a un cumpleaños. Eso sucedió en la colonia Morelos (Barrio Bravo de Tepito), en una vecindad de la calle Panaderos.

“Había soñado con alquilar el tocadiscos y los discos para bailes semanales, como hacían algunas personas en las vecindades grandes”, se puede leer en aquella obra publicada en 1959. Desde entonces, el sonidero (hermanastro del sound system de Jamaica y del DJ neoyorquino ligado al hip-hop) ha coexistido en nuestra cultura popular, en el bailarín o la bailarina que llevamos dentro a la hora de escuchar salsa, cumbia y demás ritmos afroantillanos.

La principal tarea del sonidero sigue siendo, tras más de seis décadas, la misma: complacer a su público con ritmos tropicales. ¿Cómo? Haciéndole oír temas que toquen el corazón. Su tradición así lo dicta, como la famosa Dinastía Perea del Peñón de los Baños, “La Colombia Chiquita” de la Ciudad de México; cuyos protagonistas, don Pablo y Manuel, se aventuraron a viajar por discos de su música favorita al Continente Americano y el Caribe. Cuando lo hicieron no se imaginaron que influenciarían a otros para hacer algo similar.

Las melodías que introducían a su gente se volvieron piezas representativas del movimiento sonidero: “Así son”, de Los Neutrales; “Eres mentirosa”, de Los Mirlos; “El hijo del guaguancó”, de The Latin Brothers; “Plegaria”, de Rodolfo Aicardi.

El sonidero también es conocido por mandar saludos muy folclóricos. En los primeros años solo iba dirigido a la festejada o festejado, pero al convertirse en un locutor del barrio desempeñó la función de vía de comunicación que unifica a las amistades y la familia con quienes cumplen sentencias en la cárcel, con el amor platónico de toda la vida, con los que se encuentran lejos de casa, o incluso para quienes recuerdan a sus seres queridos que ya no están con ellos.

De fiesta callejera en Tepito. Irving Cabello.

De fiesta callejera en Tepito. Irving Cabello.

Y si alguien dice ser un sonidero de verdad, se le reconoce por su pasión y conocimiento musical. Así, estos personajes que vienen de abajo trascienden a leyendas; ya sea porque viajan por las carreteras en sus tráileres, con sus equipos de luz y sonido para montar el baile en cualquier rincón del país, o porque siempre permanecieron como gurús del ambiente sonidero, sin ir más allá de los límites de sus barrios.

Otro fenómeno importante se percibe en los clubes de baile. Ahí la comunidad gay y transexual se convirtió en algo esencial del movimiento sonidero, el cual se ha expandido por gran parte de México y los Estados Unidos (la raza mexicana recuerda sus lugares de procedencia al escuchar cumbia, guaracha, salsa).

También las mujeres han tomado un espacio para poner música y mandar saludos; tarea que en los últimos años ha hecho el colectivo Musas Sonideras, teniendo como referencia a doña Guadalupe Reyes Salazar, Sonido La Socia, la primera mujer sonidera del país, oriunda de una de las vecindades más populares y con más memorias del Barrio Bravo: la Casa Blanca.

Entre 1970 y 1990 es considerada la época de oro del movimiento sonidero  gracias al auge que tuvieron los ritmos tropicales durante la decada anterior (1950-1960). La gente que se enamoró de esa música comenzó a coleccionar discos y a reproducirlos en celebraciones a las cuales asistían porque eran los invitados especiales. Hoy en día, la movida sonidera sigue vigente en los sectores populares y, a pesar de que un inicio la esencia del sonidero era la apropiación del espacio publico, este se ha visto mermado por la violencia y marginalidad, y por quienes lo consideran peligroso. El ambiente, a consecuencia de eso, se ha refugiado en salones de bailes, y muchos recuerdan con nostalgia sus orígenes en las vecindades, donde estos dioses del barrio lograron transformar las calles en pistas de baile.

SONIDO PANCHO Y LA ESQUINA DEL MOVIMIENTO

Inició en 1968 cuando doña Panchita, madre de los siete hermanos González, compró una consola. Un día se la rentó a una vecina de su misma calle (Pintores, de la colonia Morelos), quien tenía un XV años en la vecindad marcada con el número 4. De esa forma, Francisco, “Pancho”, el hijo mayor de Panchita, inició la carrera de “La Máquina de la Salsa” (así se le conoce a Sonido Pancho, ya que al Barrio Bravo se le considera cien por ciento salsero, y porque había una amistad con Polymarchs, “La Disco Máquina”, uno de los sonideros más reconocidos de música disco y Hi-NRG).

—En un principio los sonideros no acostumbraban tener nombre. Esto era un hobbie y nuestro sonido se dio fortuitamente, a partir de esos XV años. De ese día en adelante mi hermano Pancho se encargó de amenizar fiestas en diferentes vecindades de Tepito —comenta Jesús Chucho de 50 años, el actual encargado de “La Máquina de la Salsa”, y el hijo menor de doña Panchita.

Jesús González, líder del Sonido Pancho.

Jesús González, líder del Sonido Pancho.

Una de las razones para que Sonido Pancho iniciara tuvo que ver con que a los González les gustaba la música tropical y conseguir acetatos que datan de los cuarenta a los sesenta.

—Por la gran popularidad del cine de rumberas y porque algunos cubanos se mudaban a México, mis hermanos empezaron a coleccionar música de La Sonora Matancera —recuerda Chucho, sentado frente a su computadora donde hace mezclas y arreglos de canciones.

Para la década de los setenta, cuando la movida sonidera se desbordaba por distintas colonias de la Ciudad de México, Sonido Pancho vio cómo las celebraciones dentro de las vecindades se trasladaban a la calle (ya era mucha la gente que gustaba bailar canciones tropicales). Así, y gracias a los González, nació La Esquina del Movimiento, un baile callejero popular del Barrio Bravo.

—Fuimos de los primeros en hacer algo así. El baile duró de 1985 a 1995. Inició en el cuadro que hacen las calles Pintores y Alfarería —describe Chucho, rodeado de cuadros religiosos, consolas, viejos tocadiscos, vinilos, libros y reconocimientos que el ambiente sonidero o algunas estaciones de radio le han dado.

—¿Por qué le pusimos así? Porque antes toda la calle Pintores era la arteria donde pintaban coches y siempre había mucho meneo. Entonces adoptamos un tema de La Sonora Matancera llamado “La esquina del movimiento” —cuenta—, sin embargo el baile acabó porque las autoridades comenzaron a limitarnos por los pleitos y la delincuencia. Ya no era pura gente de aquí la que formaba la rumba. Venían de la Guerrero, la Peralvillo, La Merced y otros barrios céntricos, donde igualmente se organizaban bailes. También tuvo que ver que tocábamos en otros lados, y no únicamente en Tepito.

Altar de la esquina del movimiento. Irving Cabello.

Altar de la esquina del movimiento. Irving Cabello.

Sonido Pancho se ha presentado en gran parte de Estados Unidos, ha participado en festivales como el Vive Latino (2015), ha llevado su estilo chilango-tropical a España (2015), e incluso apareció en la película mexicana de 1976 Chin Chin el teporocho (adaptación del libro que escribió Armando Ramírez en 1972).

—La participación en Chin Chin el teporocho se dio porque Armando Ramírez es vecino; él es tepiteño —menciona Chucho, mientras parte de su equipo de trabajo arriba a su hogar, y se prepara para salir por la noche a Tlalnepantla, Estado de México—. Lo de España vino después de la participación en el Vive Latino. Ahí conocimos gente de aquel país que nos invitó a una especie de intercambio cultural. Allá tocamos como antes, con discos de acetato. Nos presentamos junto a un picotero, que son los sonideros colombianos.

Algo que ha caracterizado a Sonido Pancho es que ha tenido diferentes locutores a lo largo de su trayectoria. La batuta de mandar saludos se la han pasado entre familia y amigos. Pero los dos locutores que más recuerda la gente son Gustavo Serrano (Sonido Jasso La Voz) y Jorge Romero, “La Voz del Barrio” (Sonido Berraco). No obstante, Chucho, desde 1985, después de que sus hermanos El Inglés y Morusas estuvieran al frente, ha sido el responsable de seleccionar la música.

—El primer locutor fue mi hermano Pancho, pero al casarse se alejó del sonido. Después mis otros dos hermanos se encargaron del sonidero; solo que a nosotros nunca nos ha atraído el asunto de la locución —aclara Chucho, dejando saber que lo de él es ser un gran conocedor de música tropical, que eso viene de familia.

"Don Chucho", el encargado de la música del Sonido Pancho.

“Don Chucho”, el encargado de la música del Sonido Pancho.

Por eso mismo, comenta, quien sigue con la historia de este sonidero (uno de los más conocidos en todo el país) sabe que la tarea del locutor no es algo sencillo, y que se da poco a poco.

—Lo que hace a un buen locutor es que conozca a la gente, que sea inteligente para recordar los nombres de las personas que van llegando al baile. Mientras más facilidad se tenga en memorizar, es más sencillo desempeñar la locución. También algo muy importante es darle un estilo propio, con el caló del barrio —dice Chucho.

Hoy Sonido Pancho es considerado por sus fans una escuela que formó locutores y próximos sonideros.

—Trato de transmitirles mi experiencia a los nuevos locutores —explica Chucho, mientras voltea a ver a su sobrino Osvaldo (Disco Móvil Osvi), de quien dice, tiene un don para reconocer canciones—. Esta tarea no la puede hacer cualquiera. Quienes han estado con nosotros saben de música y se adaptan al estilo que manejamos.

En cuanto a la labor que “La Máquina de la Salsa” desempeña, introduciendo artistas y canciones nuevas, asegura Chucho: “Hemos traído salsa, cumbia, entre otros ritmos. Hacemos eso para consolidarnos en el Peñón de los Baños, Aragón y otros sitios importantes del movimiento sonidero, como también lo es el estado de Puebla. Incluso, muchas de las canciones que se han convertido en éxitos no han sido gracias a la radio. Eso ha sido gracias a nosotros, los sonideros, quienes nos empeñamos en traer algo inédito”.

Chucho sabe que los tiempos han cambiado, que el Internet ha facilitado todo y que ahora muchos sonideros cuentan con música desconocida (tanto vieja como contemporánea). Hoy  simplemente con un clic se puede descargar un centenar de melodías. Aun así, Sonido Pancho, gracias a la gran trayectoria y los contactos que tiene por distintos lugares del país y el extranjero, ha sabido mantenerse en el gusto del público con clásicos del género tropical, como también con nuevos temas que le hacen llegar artistas que comienzan sus carreras.

Reconocimiento a Sonido Pancho por su trayectoria.

Reconocimiento a Sonido Pancho por su trayectoria.

—Actualmente hemos trabajado con artistas jóvenes de Republica Dominicana, quienes por supuesto ya saben de lo importante que son los sonideros mexicanos para ellos —finaliza Chucho, y reproduce algunos saludos que esos cantantes le han hecho llegar vía WhatsApp.

DISCOS MEDELLÍN, EL TESORO DEL AMBIENTE SONIDERO

Desde hace cuatro décadas don Manuel Pérez García, de 60 años, es el dueño de Discos Medellín. La tienda se localiza en la colonia Morelos, en el local 7 de la calle Aztecas 79.

Don Manuel, aparte de amar y vivir de la música tropical, practica la santería y es un sabio de los ritmos afroantillanos. Él, en un horario de diez de la mañana a seis de la tarde, recibe a sonideros que se especializan en salsa, cumbia, guaracha, son montuno y guaguancó. Mantiene visible en su negocio uno de los lemas más conocidos del Barrio Bravo: “Tepito existe porque resiste”.

En Discos Medellín se venden CDs, vinilos, mp3 y artículos relacionados al movimiento sonidero. Cuando don Manuel no está atrás del mostrador, ambienta fiestas y eventos bajo el nombre de Sonido Medellín.

—La tienda la comencé yo solo, pero ya sabes que cuando uno está chavo anda en la fiesta. Así conocí a mi cuate Javier Lemus, quien en aquel tiempo tenía su sonido llamado Medellín —narra don Manuel, en el interior de su guarida donde se pueden ver sombreros colombianos (vueltiao), cuelgan en sus paredes una playera de Héctor Lavoe, cuadros de santeros y de Ismael Rivera; imágenes de Willie Colón y el Grupo Niche, y flyers de bailes sonideros.

Manuel Pérez García, dueño de Discos Medellín.

Manuel Pérez García, dueño de Discos Medellín.

—Mi local tuvo muchos nombres: El Universo de la Salsa, Discos Géminis, La Crema de la Salsa. Pero eso cambió cuando mi amigo y yo comenzamos a convivir más, nos volvimos como uña y mugre: yo lo acompañaba a las fiestas con su sonido y él me ayudaba en la tienda. Nuestra amistad se hizo más grande y acordamos que él iba a ser Sonido Medellín y yo Discos Medellín.

Pero don Manuel, antes de involucrarse de lleno en la movida sonidera, era restaurador de muebles antiguos y hasta trabajó en la aduana de la Ciudad de México. Sin embargo, desde que era un niño, gozaba de la música tropical andando por las calles del Barrio Bravo, donde siempre ha vivido.

—Un día, de chamaco, descubrí a Sonido Casa Blanca, gracias a una canción que se titula “Pan de coco”, de Los Caballeros de Colón —comenta el dueño de Discos Medellín, después de atender a uno de sus clientes que pregunta por una chamarra sonidera que había encargado—. Ese tema hasta se convirtió en un himno tepiteño.

Actualmente, y como lo fue “Pan de coco” en alguna época de Tepito, don Manuel ahora menciona a artistas como Mariño, quien junto a Kike Maracas, por el cariño que le tienen al Barrio Bravo, le han dedicado canciones como “Barrio salsero”.

La composición da a conocer que la zona céntrica de la Ciudad de México no únicamente debe de ser señalada como peligrosa, sino que debe tomarse en cuenta que de su entorno han surgido futbolistas (Cuauhtémoc Blanco); boxeadores (Raúl “Ratón” Macías, Octavio “El Famoso” Gómez); escritores (Armando Ramírez); personajes picaros (Lourdes Ruíz, “La Reina del Albur”, Arturo Ayala Plasencia “El Tirantes”); o los sonideros que le dan una idiosincrasia musical (Gloria Matancera, Casa Blanca, Puma, La Changa, Pancho y muchos más).

Igualmente recuerda que, en los años setenta, a quienes podían considerárseles como verdaderos ambientadores (así les llamaba antes a los sonideros), solían ser personas que se desempeñaban como radiotécnicos; ellos sabían darles uso a los equipos de sonido. Un claro ejemplo, expone don Manuel, fue Sonido de Macario, quien acostumbraba rentar sus consolas para diferentes eventos y celebraciones en Tepito.

Un hecho que influyó para que la movida sonidera de Tepito creciera, expone don Manuel, se debe al trabajo que realizó Sonido La Socia en la década de los cincuenta, en su vecindad Casa Blanca. Ella se caracterizó por tocar la música de La Sonora Matancera, de quienes popularizo muchas de sus canciones, y hasta llegó a tener una entrañable amistad con el maraquero y corista de esa agrupación cubana, Carlos Manuel Díaz Alonso “Caito”.

—Hoy en día se reconoce a Sonido La Socia por ser el primer sonidero comandado por una mujer —afirma don Manuel, mientras ecualiza la bocina que tiene afuera de su local, donde tiene sonando música tropical durante toda su jornada de trabajo— Ramón Rojo, Sonido La Changa, antes de ser el más famoso y reconocido de todos, era bien bailador y le ayudaba a La Socia a acarrear su equipo de una fiesta a otra.

Además, indica que antes de que Sonido La Changa se conociera por toda la nación y viajara alrededor del mundo, sonidos como Gloria Matancera fue uno de los pioneros y de los más importantes del Barrio Bravo.

—Gloria Matancera es un sonido de los clásicos, de los de vecindad y sin estar mande y mande saludos. Esa es la diferencia con La Changa, quien se encargó de expandir la movida sonidera tepiteña, hasta el punto de ya ser considerado como un negocio hoy en día.

El concepto de mandar saludos por parte del sonidero, dice don Manuel, inició cuando llegaron los micrófonos al ambiente, y los locutores empezaron a felicitar a quienes cumplían años, se casaban, etcétera. Por eso mismo, considera el dueño de Discos Medellín, antes, en las primeras olas de personas que se involucraban y se daban el tiempo para crear sus sonidos, eran más profesionales.

La galería de Discos Medellín. Irving Cabello.

La galería de Discos Medellín. Irving Cabello.

—Las nuevas generaciones son más estudiosas; por eso saben el momento perfecto en donde mandar saludos —reconoce don Manuel—. O hasta llegan a hacerles historias a las salsas románticas, para que sean más llamativas.

Uno de los maestros de don Manuel, como el de muchos otros, fue don Pablo Perea (cabecilla de la Dinastía Perea). “Esta leyenda que comenzó a introducir música tropical al país junto a Manuel”, comenta el dueño de Discos Medellín con un semblante serio. Pablo le daba recomendaciones, y le decía dónde conseguir música en más países. Sobre la tradición de viajar por distintos lugares del continente americano y el Caribe para hacerse de música, revela don Manuel, hasta hace apenas más de un año solía hacerlo. No obstante, con el incremento del dólar, ya no ha vuelto a salir de México.

Un motivo más para que parte del ambiente sonidero haya decaído en los últimos años es que la era digital que aniquiló la competencia que existía entre los sonideros a la hora de conseguir canciones nunca antes escuchadas en México, al momento de traerlas desde lugares que casi nunca revelaban, e incluso ocultando el nombre real de la melodía, y tapando el título que aparecía en la etiqueta del acetato, cuando decidían hacerla sonar en sus tocadiscos, lo cual provocaba que los otros sonideros que también se presentaban, debían contar con algo inédito, nunca antes escuchado.

—Los sonidos se han convertido en empresas, ve el espectáculo con el que cuentan y el gran número de gente que convocan —contrasta don Manuel, recordando las épocas donde ayudaba a los sonideros para sentirse parte del ambiente, aun cuando no recibía ninguna remuneración y únicamente gozaban de las canciones y el baile.

Mientras tanto, Discos Medellín, el tesoro más valioso de don Manuel, seguirá recibiendo a cualquier interesado en este mundo.

Don Manuel Pérez y el tesoro del ambiente sonidero.

Don Manuel Pérez y el tesoro del ambiente sonidero.

—Continuaré distribuyendo música a un setenta por ciento de los sonideros. Haré eso aquí en Tepito, en más zonas de la Ciudad de México y en diferentes rincones del país y el extranjero.


Autores
Javier Ibarra (1987): Nació en la Ciudad de México. Escribe y hace periodismo de forma autodidacta. Colabora para distintos medios del país. Gran parte de su adolescencia la vivió en Santa Catarina, Nuevo León, donde tocó la batería en algunas bandas de hardcore punk. Junto algunos de sus amigos editó el fanzine literario-musical Punkroutine, con el cual obtuvo el Programa de apoyo a publicaciones impresas Raúl Rangel Frías 2015, de CONARTE Nuevo León. Actualmente vive al norte de la CDMX. En la tercera edición del Premio Nacional de Periodismo Gonzo, organizado por la editorial Producciones El Salario del Miedo fue mención honorifica con el texto Ciudadela: máquina del tiempo vuelta rumba. Su primer libro de crónica se llama Una tragedia en tres acordes. Historias desde el moshpit (Producciones El Salario del Miedo/CONARTE, 2018).

Ilustrador
Irving Cabello
Del asfalto de la Ciudad de México del 88, navegando entre sus grietas bajo la charola de periodista, siempre con una lente lista para enfocar, dedico mi tiempo a buscar historias. Tengo en mi trabajo documental un canal de desfogue y una identificación con sus actores, identificación que me ayuda a comprenderme a mi y a mi generación dentro de la sociedad contemporánea.

Una in(útil) guía del k-pop

Escribo esto mientras “Kill this love” suena en el fondo, el sonido ominoso de una trompeta sale de los altavoces de la computadora. La pieza se va construyendo con la adición de percusiones y la voz de una chica que anuncia “BlakPink in your area”. Los versos en coreano se entrelazan con palabras y frases en inglés para formar una lírica pegajosa e impronunciable. La canción ha roto todos los récords que se le han puesto enfrente, ha tomado puestos importantes en listas como Billboard Hot 100, se ha colado los charts de Reino Unido y alcanzado el número uno en distintos países, todo esto tras ser lanzada hace poco más de un mes.

La mayoría de las personas se sorprenden cuando, a lo largo del mundo y de la CDMX, estaciones de radio reproducen la canción. Los cibernautas miran las listas de récords de páginas como Youtube solo para descubrir que 5 de los 10 videos musicales más vistos en las primeras 24 horas pertenecen a agrupaciones coreanas. Cada vez más y más personas usan mercancía que lleva estampada los nombres de EXO, Twice, Got7, Wanna One, Dreamchatcher o BTS.

Así es, el k-pop está entre nosotros y no tiene intenciones de ir a ninguna parte. Puede parecer que se trata de una incursión reciente, de un movimiento que nos alcanzó hace poco, pero en realidad se trata de un acercamiento paulatino que comenzó en 2013 (Moinar, 2014; 159) y que ha conseguido su punto máximo entre los años 2017 y 2018.

El movimiento denominado como “La ola coreana” ha conquistado fronteras inalcanzables para muchos sectores del entretenimiento y ha consolidado una de las industrias más importantes de los últimos años. Porque el k-pop no es un género musical, sino una industria conformada por aproximadamente medio centenar de empresas especializadas en entretenimiento (Gendler, 2017; 2), las cuales se encargan de la formación de artistas multidisciplinarios conocidos como trainee, los cuales enfocan todo su tiempo para convertirse en idols. La proyección extranjera consolidó el poder de masa del k-pop con niveles de venta que aumentan cada año, “en el año 2015, se llegó a los 354 millones de dólares según un estudio realizado por la KOTRA (Oficina Comercial de Corea) y la KOFICE (Korea Foundation for International Culture Exchange)” (Hurtado Olmos, 2016; 4).

A pesar de su denominación como pop coreano, el género principal de la industria es el hip-hop, el cual se inserta dentro de la mayoría de las canciones mediante desarticulaciones que dan paso a las formaciones de rap —la mayoría de los grupos cuenta con, al menos, un rapero—, de igual forma, suelen combinarse una infinidad de géneros musicales que van desde el pop latino hasta el rock japonés.

El k-pop, en su mayoría se trata de agrupaciones coreográficas que suelen conformarse a partir de los cuatro integrantes y que pueden llegar a sobrepasar los diez, como es el caso de LOONA o Seventeen; sin embargo, también existen bandas o solistas. Es este proceso de marketing lo que suele diferenciar a los grupos coreanos de los grupos pop del resto del mundo. Los artistas k-pop suelen contar con dos enfoques: uno local y uno internacional. El primero se rige dentro de la construcción de la imagen del idol, condiciona su pensamiento, su forma de hablar y hasta de sentir, lo que los identifica como lo mejor de la ciudadanía coreana. El segundo es la manera en que los grupos son promocionados o acercados a los mercados musicales de otros países.

En la actualidad no es extraño notar la inserción de lenguas como el inglés o el español en las canciones coreanas, si bien la adición del primero no es nada nuevo, cabe destacar que el interés por el español ha ido en aumento en los últimos años y se expresa en la adición de pequeñas frases o palabras, como ocurre en las canciones de KARD, a las colaboraciones con artistas latinos como es “Otra vez“, canción interpretada por el grupo k-pop Super Junior y la agrupación mexicana Reik. Incluso se ha llegado a la elaboración de covers completamente cantados en español como “Ahora te puedes marchar” interpretada también por Super Junior.

Otra de las técnicas de marketing se encuentra en la construcción de conceptos interactivos dedicados a la elaboración de narrativas en universos alternos que permiten a los grupos contar una historia a través de sus videos, los cuales mantienen atentos al fandom mediante el uso de pistas a lo largo de la carrera del grupo, lo que convierte cada lanzamiento en una especie de juego detectives. Uno de los casos más notorios de la actualidad, mas no el único, es el de BTS, que basa su narrativa en Demian, una novela de Hermann Hesse.

No se puede demeritar la importancia del k-pop en su alcance, ni en su constitución mercadológica o en el trabajo requerido para poder tener éxito dentro de la industria —sin embargo, temas como la explotación laboral, la estructura económica, la cultura del fandom y las exigencias estéticas de los idols deberán quedar pendientes para otra ocasión— no cuando grupos como BlackPink han alcanzado más de 800 millones de visitas en su video DDU-DU DDU-DU, o cuando agrupaciones menos reconocidas como MAMAMOO comienzan a ganar subtítulos al español en sus videos. Puede que para las personas que se encuentran solo en las periferias de lo que implica el fenómeno de “La ola coreana” todo esto les parezca algo reciente y de poca importancia, una moda pasajera que en algún momento llegará a su fin, pero en la realidad este fenómeno lleva tanto tiempo entre nosotros que se ha vuelto parte de nuestra vida diaria.

Este no tan repentino boom producido en torno a las producciones coreanas ha dejado al descubierto al gran número de fanáticos que son capaces de ignorar cuestiones básicas como el idioma, la edad, el género, la cultura y la diferencia horaria. Personas que salen a la calle con tenis de edición limitada de su grupo favorito y que han aprendido a decir oppa y saranghaeyo, siendo en la mayoría de los casos chicas adolescentes, descritas principalmente como ruidosas, que realizan dance covers incluso sin saber bailar y memorizan canciones en una lengua que no terminan de aprender a pronunciar. Este, por lo general, es el sector visible de los fanáticos, aquellos que sin temor a las represalias sociales —las que tarde o temprano se hacen notar— se entregan al amor desmedido por una persona que vive a medio mundo de distancia.

 

Ser fan = Ser infantil
Cabe destacar que, si prestamos atención, podremos notar que más de una persona en esta horda de fans tiene barba y su IFE, —porque aún se llamaban así cuando realizó el trámite— mostrando la edad suficiente para haber votado ya en un par de ocasiones. Es esta parte del fandom, de cualquier fandom en realidad, la que suele recibir toda la atención, la cual es negativa en mayor parte. El fanatismo nunca ha sido bien visto y su connotación, tanto en los ámbitos históricos como sociales, es peyorativa. La edad suele ser otro de los factores determinantes de esta connotación pues parece que, entre mayor te vuelves menos derecho tienes a ser fanático de algo.

Juan Soto Ramírez en su texto Las modas culturales, publicado en 2015, habla sobre esta situación, refiriéndose a ella como “Infantilización Cultural” y, aunque no puedo evitar estar de acuerdo en muchos de sus puntos —sobre todo en lo que concierne al capitalismo y al existir en una sociedad “enajenada”— debo diferir ante su tratamiento de aquellos que él denomina “adultos niño” y la forma en la que se insertan en la sociedad. Soto Ramírez considera un “adulto niño” a toda persona que no se comporte ni se encasille dentro de los marcos sociales establecidos, a toda persona que, al rebasar la marca de la adolescencia, siga teniendo aficiones.

El adulto niño es capaz de nutrirse de gloria o las penas de su equipo de futbol, de su ídolo musical a quien le rinde tributo desmedido, de su escritor preferido a quien defiende a ultranza, etc. Ser un adulto-niño en la cultura no es poca cosa. El precio que se paga por ello tiene costes políticos, económicos, legales, culturales, ideológicos, etc. (Soto Ramírez, 2015; 137)

El discurso de Soto Ramírez se vuelve una oda a cómo los tiempos antiguos eran mejores, en la que desmerita la libertad de expresión y tacha de infantiloide a la necesidad de entretenimiento. Se vuelve Owen Wilson en Media noche en París, lamentando cómo la sociedad del consumo ha detenido el avance sociocultural, económico y político, ya que nos abstraemos al grado de ignorar toda responsabilidad. No voy a negar que parte de la idea central del discurso de Soto Ramírez tiene un peso importante como para ser ignorado, la época moderna corre sobre el desinterés, el derroche y el hedonismo, es una realidad con la que se convive todos los días y sería imprudente intentar encubrirla.

Sin embargo, también encuentro imprudente de su parte, y la de autores como Paco Gómez Nadal y todos aquellos que defienden esta visión unilateral del discurso sobre infantilización, el colocar a todos a la fuerza dentro de un mismo molde y después señalarnos con el dedo. De esta forma tampoco pretendo negar otro hecho tangible: hay de fanáticos a fanáticos. Siempre existirá alguna persona que sobrepase los límites de lo sano, que le quite la parte inocente y vuelque su vida a un determinado tema. En el caso específico del k-pop, estos fanáticos extremistas son denominados sasaengs. Se trata de personas que convierten el fanatismo en obsesión, desarrollan un fuerte sentimiento de posesión sobre su ídolo, al grado que, no solo los acosan, sino que ha habido intentos de secuestro o persecución.

La negatividad acarreada por estas personas suele contagiar a todo el fandom y lo que generaliza etiquetas y visiones sobre los fanáticos. Pero así como existen individuos cuyo nivel de abstracción con respecto de la realidad que lo rodea ha llegado a puntos críticos, también existen personas conscientes del lugar que ocupan y de sus responsabilidades como miembros funcionales de la sociedad.

Por norma general todos nos hemos burlado de una persona por ser fanática de algo. Y es por eso que solemos ocultar nuestras pasiones, nuestros gustos culposos. Por fuera permitimos que se muestre parte de nuestra personalidad, la parte que tiene más posibilidades de encajar dentro de los patrones estandarizados de lo socialmente correcto, y mantenemos un perfil bajo en torno a aquello que podría tacharnos de infantiles, con todos los puntos negativos que eso implica. Después de todo, caras vemos, playlist no sabemos. Es casi seguro que todos tenemos un conocido cuyo fanatismo se oculta entre sus listas de recomendaciones de Spotify, su galería y las paginas a las que da “me gusta” en Facebook.

 

El otaku malinchista

En el caso de que se pueda dejar de lado esta creencia que infantiliza a personas y actividades —volviéndolas inaceptables para determinadas edades— los gustos personales se enfrentan a un choque cultural. Cuando las visiones culturales y sociales de Occidente y Oriente se encuentran, no suelen hacerlo de buena manera. Los ideales y forma de vida de uno se contraponen en relación con las del otro. Los estereotipos se corrompen y alteran al grado de que las visiones generales de cada uno parecen irreconciliables. Incluso cuando existen múltiples puntos en los que superficialmente parecen coincidir con nuestra cultura, como lo son la imposición de roles de género, una mentalidad religiosa y una sociedad tradicionalista, no hay mucho más allá que desarrolle lazos que vinculen a ambas culturas. Aspectos básicos como los estereotipos de belleza son invertidos de forma agresiva de un extremo al otro del planeta.

Al no ser capaces de conciliar estas diferencias, se recurre al rechazo y la burla en torno a aquello que no se puede entender. Las personas que logran dejar de lado las primeras impresiones, aquellas que en lugar de desagrado o repulsión experimentan interés, se ven encasillados en el molde de otakus y los que se atreven a llevar esta fascinación un poco más lejos son clasificados como malinchistas. Tal parece que habitamos en una sociedad que pretende ensimismarse, que prefiere regodearse en sus carencias en lugar de solucionarlas y que ignora visones diferentes. Pero aun así existe esta interacción. Es gracias a esto que existen grandes sagas de anime dobladas al español, que algunos canales de televisión se dediquen solo a la emisión de doramas, o que los grupos de k-pop puedan obtener certificaciones de oro o platino en países de América Latina.

Aquello que suele generar más “desagrado” con respecto a la industria del k-pop es, sin lugar a duda, la apariencia de los integrantes de los grupos, los llamados idols «son una especie de versión asiática de los bellos elfos nórdicos de J.R.R. Tolkien» (Moinar, 2014; 161). Ellos trasgreden el canon occidental de belleza y lo llevan un poco más allá con el uso de maquillaje, cabello colorido, vestimentas estrambóticas y coreografías que desafían los límites de la coordinación humana. Es por su aspecto que comienza la lluvia de comentarios negativos, pues se asume que los cantantes y bailarines de esta industria solo son bien parecidos y que carecen de cualquier talento artístico. Si bien es cierto que no todos los que debutan tienen el mismo nivel de habilidades, también es cierto que todos los aspirantes a idol se enfrentan a un entrenamiento multidisciplinario que no se compara en nada con la formación de los artistas occidentales.

Los idols son cantantes, actores, modelos, compositores, letristas, bailarines y conductores. Están moldeados dentro de los estándares más altos de disciplina y moralidad. Son el ejemplo a seguir de una gran porción de la población joven de Corea del Sur y múltiples países en Asia. Su formación y trabajo, sin caer en la exageración, sobrepasa por mucho la de la mayoría de los artistas occidentales.

La cultura coreana exige una vigencia constante, es debido a esta demanda que los grupos de k-pop sacan material cada pocos meses —desde una canción especial hasta un mini álbum— lo que implica conciertos y promociones en programas musicales. Aun así, enfrentan múltiples críticas. Los occidentales cuestionan su capacidad vocal, sus habilidades de danza, y sienten frustración debido a la tendencia experimental que conlleva el permanecer vigente para las personas de su país —no parecen soportar que cambien de género musical cada pocas canciones, y que transformen repetidamente su identidad—.

En Corea, por otra parte, existe un sentimiento de posesión que desprecia las promociones y actividades en el extranjero. Del mismo modo, y contrario a lo que se puede llegar a creer, es el público coreano quien más presión ejerce sobre la apariencia de los idols, siendo ellos quienes imponen un nivel de perfección idealizada e irreal, catalogando y despreciando a todo aquel que no se atenga a sus ideales. Sin importar si somos americanos o asiáticos, solemos encasillar y valorar con base en nuestros prejuicios y a través de primeras impresiones. Nos alientan a menospreciar las creaciones ajenas a nuestros estándares y a aquellos que disfrutan de ellas.

Es en aras de salir de los moldes que la sociedad ha impuesto para delimitar lo que es aceptable y lo que no lo es, que las personas escapan del fanatismo, lo esconden bajo el tapete y luego lo niegan. Se le hace un espacio en el clóset junto un montón más de tabúes que, debido a la mala recepción que puedan tener, preferimos esconder. Y si bien parece que se le da mayor relevancia de la requerida a estos temas al compararlos con asuntos de gran importancia sociocultural, como suele ser la expresión y orientación sexual o la religión, resulta ser una analogía de lo más atinada, ya qué ¿cómo esperamos ser capaces de enfrentarnos, como sociedad o individuos, a todos los problemas inmediatos de nuestro entorno cuando no podemos aprender a aceptarnos entre nosotros?

Existimos en una sociedad que se centra más en menospreciar el género musical que escuchamos y que pierde el tiempo hablando de nuestro estilo al vestir o los programas que consumimos, que en solucionar sus propias decadencias y errores. Una sociedad donde los gustos personales y la forma en la que pasamos muestro tiempo libre tiene más peso que nuestras habilidades laborales y opinión; que tacha a las cosas y personas por su apariencia y colorido, sin fijarse realmente en su trasfondo o importancia, sin considerar todo el trabajo que hay detrás. Y nosotros, como individuos, preferimos evitar todos los comentarios, prejuicios y burlas llevando a segundo plano lo que nos apasiona, lo resguardamos en nuestro teléfono, en listas de reproducción y dentro de nosotros para luego fingir que no está ahí.

 


 

Bibliografía:

Cabut, Mateu.
2011. “La crítica del adorno a la cultura de masas” en Constelaciones, Revista de teórica critica. Núm 3. Pp. 130-147.

Gendler, Martín Ariel
2017. Cuando el k-pop conoció internet (e internet conoció al k-pop): Retroalimentaciones dentro de un fenómeno global en crecimiento. Buenos Aires, Argentina.

Hurtado Olmos, Lorena
2016. El artista como producto en Corea del Sur: EXO y el fenómeno fan. Universidad de Valencia, España.

Martínez López, José Samuel.
2011. “Sociedad del entretenimiento (2): Construcción sociohistórica, definición y caracterización de las industrias que pertenecen a este sector.” en Revista Luciérnaga. Edición 6. Pp. 6-16.

Moinar, Victoria.
2014 “La ola k-pop rompe en américa latina: un fanatismo transnacional para las relaciones exteriores de corea del sur” en Questión, revista especialidad en investigación y comunicación. Vol. 1, Núm. 41. Pp. 159-179.

Soto Ramírez, Juan.
2015 “Las modas culturales” en Revista Iberoamericana de Ciencias. Vol. 2 Núm. 3. Pp. 125-138.


Autores
(Estado de México, 1992). Narradora y ensayista. Egresada de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ) en la licenciatura de Letras.
Imaginario Inverso: Futureglyphs.

 

Conceptos clave

Desde hace tres décadas ha cambiado radicalmente la relación con nuestros cuerpos y la forma de relacionamos con los otros. A partir de la digitalización de nuestros entornos hemos tenido que reflexionar sobre los procesos que nos atraviesan. Sin embargo la búsqueda por entender quiénes somos y hacia dónde vamos es bastante más antigua, y mucho más cercana a la virtualización que a la digitalización. En esta nueva pangea contemporánea existen una serie de nuevas fusiones que integren a ambos universos, como el tecnochamanismo.

Antes de avanzar hacia la historia, desarrollo y actualidad del término, vale la pena dar dos pasos atrás y entender desde dónde se aborda.

Performance 5.1 / Ritual Tecnochamánico por Bioscénica. Centro de Cultura Digital.

Performance 5.1 / Ritual Tecnochamánico por Bioscénica. Centro de Cultura Digital.

Conviene entender el concepto “tecnología” como propone Ortega y Gasset en Meditación de la técnica y otros ensayos sobre ciencia y filosofía: un “conjunto de instrumentos, recursos técnicos o procedimientos empleados en un determinado campo o sector”. Esta definición permite entender a la tecnología más allá de la creación de dispositivos, máquinas y plataformas, incluyendo a tecnologías como las tecnologías del cuidado, las tecnologías espirituales o las tecnologías pedagógicas.

Por otro lado, aunque “virtual” y “digital” son términos que parecen cercanos, apelan a percepciones distintas. Lo virtual hace referencia a aquello que “tiene existencia aparente y no real” (Oxford 2019), como la reflexión o verbalización de un acontecimiento (lo real es lo que sucede, lo virtual es su re-creación). Lacan, que habilitó tres espectros de la realidad (lo simbólico, lo real y lo imaginario), coloca a lo virtual entre lo real y lo imaginario.

Imaginario Inverso: Futureglyphs.

Imaginario Inverso: Futureglyphs.

En el caso del término “digital” sus raíces son más cercanas a lo técnico, aunque se desprenden del uso de los dedos (dígitos) para enumerar. Lo digital hace referencia a aquellos sistemas que “suministran los datos mediante dígitos o elementos finitos o discretos”. (Oxford 2019). De aquí que lo digital se refiere a un proceso de codificación.

Estos tres conceptos son clave para desentrañar la historia del tecnochamanismo y, sobre todo, para apuntar hacia cómo estos términos se han modificado a lo largo de los años, haciéndose cada vez más esquivos.

 Meditatio Sonus.

Meditatio Sonus.

Tecnochamanismo

En la década de los setenta, con el auge de las novelas de ciencia ficción, varios escritores se tomaron la libertad de ensamblar una serie de nuevas terminologías para lidiar con los cambios en la producción masiva vinculada al uso de máquinas; como el prefijo ciber para enunciar espacios/actividades dentro de la virtualidad maquínica.

La gran mayoría de estas obras se publicaron en países desarrollados con innovación tecnológica. Aunado a una generación marcada por la búsqueda de identidad y un frente de resistencia dirigido por la música y la cultura popular, desembocó en una fascinación por diversos rituales y procesos correspondientes a otras culturas que generalmente apelaban a la naturaleza como entidad omnipotente, como las culturas latinoamericanas.

Performance 5.1 / Ritual Tecnochamánico por Bioscénica. Centro de Cultura Digital.

Performance 5.1 / Ritual Tecnochamánico por Bioscénica. Centro de Cultura Digital.

Aunque inicialmente el uso del prefijo “tecno” de tecnochamanismo se utilizaba (desde Europa) para hacer referencia a la música techno y no a lo tecnológico, esto no se traduce de la misma forma a las prácticas tecnochamánicas que nacen en Latinoamérica. Para efectos de este texto me centraré en aquello que sucede desde y para Latinoamérica, dejando de lado las definiciones frente al tecnochamanismo que provienen de países europeos.

El tecnochamanismo latinoamericano nace en la selva del Amazonas, donde hacia la década de los noventa varios grupos locales de hackers, artistas y activistas buscaron reconectar con las tecnologías ancestrales para re-entender la acelerada innovación tecnológica y su posición frente a ella.

Performance 5.1 / Ritual Tecnochamánico por Bioscénica. Centro de Cultura Digital.

Performance 5.1 / Ritual Tecnochamánico por Bioscénica. Centro de Cultura Digital.

Ya entrados en la primera década del siglo, estudiosos como Fabiane M. Borges y Eduardo Viveiros de Castro buscaron esbozar analíticamente las ideas que dan forma al tecnochamanismo, una metodología de resistencia al aceleracionismo y al rescate de ontologías ancestrales.

A la unión de tecno + chamanismo nos podemos aproximar desde tres frentes:

1) la tecnología del chamanismo o el chamanismo visto como una tecnología para la producción de conocimiento (dada su capacidad para construir historias, mitologías y medicina, así como para recopilar datos, crear artefactos y modos de existencia);

2) el chamanismo de la tecnología o la búsqueda de poderes chamánicos a través del uso de la tecnología (vía teorías como la de los universos paralelos y las cuerdas, así como teorías más cercanas a la ontología chamánica);

3) y la combinación de estos dos campos de conocimiento históricamente obstruidos por la Iglesia y más tarde por la ciencia, especialmente durante el colonialismo religioso que buscó erradicar los conocimientos ancestrales en la transición de la Edad Media al Renacimiento (M. Borges 2015).

Imaginario Inverso: Futureglyphs.

Imaginario Inverso: Futureglyphs.

El Manifiesto Antropófago (1928) del poeta brasileño Oswald de Andrade puede leerse como antecedente del tecnochaminismo. Inspirado por Abaporu de la pintora Tarsila do Amaral, de Andrade cuenta cómo las sociedades hijas del colonialismo crean sus identidades a partir de fragmentos de quienes pasaron por ellas. Su frase más famosa “Tupi, or not tupi, that is the question”, une simbólicamente idiomas y citas literarias: se apropia de una frase de Hamlet para señalar a una comunidad originaria invisibilizada en el arte brasileño de inicios del siglo pasado; y cuestiona las nociones de alta y baja cultura (y de paso otras dicotomías binarias obsoletas: dentro/fuera, material/inmaterial, nosotros/ellos, arte/ciencia, ancestral/innovador).

El tecnochamanismo propone mezclas improbables como una resistencia o un despertar; es un intento de influir en el pensamiento contemporáneo y en las prácticas tecnológicas, en el desarrollo científico y la vida cotidiana (M. Borges 2015). Busca reflexionar sobre las condiciones históricas de nuestra existencia y la unión entre comunidades con aspiraciones similares.

 Meditatio Sonus.

Meditatio Sonus.

El tecnochámanismo es también una postura política que propone empoderar desde la creación de una red de colaboración utópica, distópica y entrópica con-y-desde las minorías que han sido saqueadas, oprimidas y abusadas por el capitalismo. Es una red vuelta utopía, pues cree en la libertad, autonomía, igualdad de género, etnia y clase, así como  en el equilibrio entre el medio ambiente y la sociedad. Pero trabaja desde la distopía porque no ve salida al capitalismo y los proyectos de control totalitario. Y es entrópica, pues habita este conjunto de fuerzas paradójicas a las que opone el ruido que le confieren dinamismo.

Performance 5.1 / Ritual Tecnochamánico por Bioscénica. Centro de Cultura Digital.

Performance 5.1 / Ritual Tecnochamánico por Bioscénica. Centro de Cultura Digital.

En las prácticas contemporáneas el tecnochamanismo se manfiesta en movimientos como DIY (Do it yourself, Hazlo tú mismo), la desobediencia electrónica, el software libre y la cultura del tutorial. Así como en las redes de comunicación comunitarias de Talea de Castro al sur de México o la estación en línea Radio Aratu; y en la producción creativa que va desde las artes hasta el diseño especulativo, en donde se trabajan proyectos que ven hacia el futuro y proponen un diálogo desde el trabajo colectivo que reúne diversas voces, como las propuestas de Arcangelo Constantini en las sesiones de mediación y experimentación sonora Meditatio Sonus o la investigación con salidas artísticas de Astrovandalistas que lleva por nombre Imaginario Inverso: Futureglyphs.

Imaginario Inverso: Futureglyphs.

Imaginario Inverso: Futureglyphs.

El tecnochámanismo latinoamericano (y su terminología) se encuentra en constante expansión y cambio. Lo que permanece es que apela a la creación de redes comunitarias para poder reescribir el futuro desde el presente, para imaginar contextos de crecimiento e innovación responsable e incluyente.

 

Bibliografía

De Andrade, Oswald. Manifiesto Antropófago. (1928)

Federici, Silvia, Caliban and the Witch: Women, the Body and Primitive Accumulation. Brooklyn, NY: Autonomedia (2004).

García dos Santos, Laymert, Amazônia transcultural – xamanismo e tecnociência na ópera. Ed. N-1, SP (2013)

Kopenawa, Davi y Albert, Bruce, The Falling Sky, Belknap Press (2013).

Ludueña, Fabián, La comunidad de los espectros: Antropotecnia, Mino y Davila (2010).

Borges, Fabiane, Xamanismo Transversal, Sujo ou dos Ruídos, SEU (Semana Experimental Urbana) Porto Alegre (2012).

Borges, Fabiane, Seminal thoughts for a possible technoshamanism. (2015)

Narby, Jeremy. The Cosmic Serpent: DNA and the Origins of Knowledge. Ed. Georg. França (1998).

Ortega y Gasset, José, Meditación de la Técnica y otros ensayos sobre ciencia y filosofía. Revista de Occidente en Alianza Editorial (1998).

Viveiros de Castro, Eduardo. A Inconstância da Alma Selvagem. Ed. Cosac & Naify – São Paulo (2002).

Viveiros de Castro, Eduardo. Cannibal Metaphysics, Univocal (2014).


Autores
(Toluca, México, 1992). Graduada con honores de la Maestría en Curaduría Contemporánea por Winchester School of Arts, especializada en culturas digitales, y de la Licenciatura en Arquitectura por el ITESM. Su trabajo se enfoca en la curaduría e investigación de arte digital, prácticas post-digitales y nuevas materialidades. Fundadora de [ANTI]MATERIA, plataforma en línea dedicada a la investigación y exposición de arte producido a través de medios alternativos, Ríos busca facilitar intercambios internacionales entre artistas, curadores, gestores y profesionales interesados en las prácticas digitales y post-digitales mediante exposiciones en línea/físicas.

El transmómetro no existe de manera física. Sin embargo las personas trans estamos sujetas a un sistema abstracto que —en todo sentido— mide de manera errónea nuestro nivel de transexualidad. Lo considero como erróneo, porque estos niveles no existen. Sin embargo algunas personas cis y trans— suelen hacer una extenuante investigación sobre «¿qué tan trans eres para saber de qué manera referirse a ti o cómo tratarte.

Las dudas se centran principalmente en saber desde cuándo eres trans, qué juguetes usabas en la infancia, cuál es tu orientación sexual, si estás operado genitalmente o si hay algo diferente ahí abajo. Si lo pongo a reflexión, no me son extrañas las preguntas, aunque suelen resultar incómodas.

Es entendible que la palabra transexualidad esté llena de dudas, porque es muy fácil estigmatizar por medio de un significante específico y un significado socialmente difuso. Muchas veces confundimos el ser trans con ser exponencialmente gay, cuando trans nos refiere a la identidad de género y ser gay a la orientación sexual. También hay que aclarar que cuando refiero a ser exponencialmente gay o lesbiana, me refiero a lo que se le llama dentro de la comunidad LGBT+ como obvio u obvia.

Así como no se puede ser exponencialmente gay, lesbiana o bisexual, porque no es algo que se pueda medir en niveles o porcentajes, no se puede medir qué tan trans eres. Sin embargo socialmente cruzamos esta línea entre lo gay/lésbico y lo trans, porque tenemos la concepción binaria y heteronormativa de que entre más gay eres, más femenino actúas y entre más lesbiana eres, tienes más actitudes masculinas.

Bajo la concepción anterior y por la falta de información sobre las identidades trans, también es entendible que la sociedad en la que vivimos entienda que la orientación sexual y la identidad de género se desprenden la una de la otra, porque la mayoría de los trans mayores a los veinte años, en algún momento nos identificamos socialmente como gays o lesbianas porque era nuestro safe place para poder ser más femeninxs o masculinxs. En el caso de muchxs, ni siquiera sabíamos que existía una palabra que nos identificara, por lo que estas identidades eran las más cercanas que teníamos a todo el espectro LGBT+.

Algo que hay que entender y poner en contexto, es que la palabra transexual está pintada de tantos estigmas que es difícil identificarse socialmente con ella, así como en su momento causaba complicaciones identificarse con ser homosexual o lesbiana. Han pasado muchas luchas, muchas muertes y muchas generaciones para poder despintar de a poco todos los estigmas que nos rodean. Y todavía así, quedan muchos estigmas más por despintar.

En junio de 2018, se comenzó a limpiar uno de los estigmas que más nos inquietaban a lxs trans, cuando se anunció la desclasificación de la transexualidad en la lista de trastornos mentales y de comportamiento de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Aunque es uno de los pasos más importantes para nuestro reconocimiento como personas íntegras, dignas y válidas, resbalamos en otro estigma cuando se anunció que la transexualidad ahora sería nombrada como “incongruencia de género”, que se encontrará en el capítulo de “condiciones relativas a la salud sexual”.  

Para la mayoría de las personas trans, el estar dentro de la Clasificación Internacional de Enfermedades es un arma de doble filo. Por un lado tenemos apoyo con protocolos de salud que nos dan acceso a los especialistas que cada cuerpo necesita, independientemente a la identidad de género que cada quien tenga —siempre y cuando sean binarias—. En algunos casos, existen instituciones públicas que proveen el tratamiento de remplazo hormonal, cirugías de feminización, masculinización y reasignación genital. Del otro lado de la navaja encontramos lo próximo estigma a tratar: ¿a qué se refieren con incongruencia de género? ¿a qué se es incongruente?

Realmente la respuesta es fácil e insatisfactoria. La congruencia refiere a ser cisgénero, o sea, a la correspondencia de tu género con el que te fue asignado al nacer. Este proceso de asignación es por medio de los genitales, si tiene pene es hombre, si tiene vulva es mujer, no hay más. Por supuesto, esta concepción del sistema binario, va más allá del área genital, ya que alude a que la mujer y el hombre son distintos de manera psico-sociocultural, por lo que tienen distintos roles en la sociedad, en el ambiente laboral y en el hogar.

Para el sistema patriarcal y heteronormativo es necesario que exista el binarismo ya que, a través de él, se definen las funciones y posiciones sociales de los hombres y mujeres —que sabemos de sobra, están llenas de desigualdades.  El sistema obliga a seguir una serie de reglas estereotípicas para ser mujer o ser hombre y esto implica todo, desde el color de los mamelucos hasta la facilidad para ingresar a un posgrado.

Aceptarnos como “incongruentes de género”, nos alinea por default al sistema binario. Es aceptar que nuestro género está hilado a nuestros genitales o a cualquier otra razón biológica. Significa aceptar los estereotipos arcaicos de lo que es ser hombre y ser mujer. Es también negar la existencia de los géneros no binarios.

Más allá del sistema binario, existen otras identidades que no se identifican como hombre o mujer. Dichas identidades han sido borradas o difícilmente están visibilizadas dentro de la sociedad. Estos géneros pueden ser comunes —una combinación entre hombre y mujer o la fluidez entre ellos— o neutras  —que no se identifican con ningún género binario—. Estas identidades abren una brecha —llena de introspección— sobre los estereotipos tradicionales y sobre las imposiciones de género que suponían ser un carácter nato.

Las personas trans socialmente binarias somos sometidas de manera indirecta a pasar por el estereotipo heteronormativo de una persona cisgénero. Se nos pide que seamos la exponencia del estereotipo femenino o masculino. En el caso de las mujeres trans, la sociedad pide tener una voz aguda, tienen que ser delgadas, sus rasgos faciales tienen que ser finos y por supuesto, ser el estereotipo andante de una dama. En el caso de los hombres trans, es requisito un cuerpo musculoso lleno de vello, la cara cuadrada, barba y bigote tupido, esconder los pechos y no tener mínima relación con cualquier tipo de feminidad.  

Cuando se habla de un sometimiento indirecto, no me refiero a que algunas de las cosas mencionadas en la lista anterior, sean cosas que nosotros repelamos. Algunas cosas las queremos para nosotrxs y otras simplemente no. Algo que no hemos entendido como sociedad es que el género es una identidad y sólo nos pertenece a nosotrxs, a los demás sólo les queda respetar —con pronombres y nombres— nuestra identidad de género sin cuestionar cómo tenemos que comportarnos, cómo tenemos que vestir o ser de manera física.

Aunque a las personas cis también se les impone un modo de vestir y actuar, se le da un papel más importante a todo ello en las personas trans, porque para la sociedad nosotrxs tenemos que pasar, para demostrar que realmente somos del género con el que nos identificamos. Lo cual nos hace cuestionarnos con frecuencia qué cambios estamos haciendo con nuestro cuerpo por la necesidad de pasar y cuáles cambios son los que queremos realmente.

La necesidad de pasar es nuestra necesidad de sobrevivencia. Nosotrxs no queremos pasar. Queremos ser nosotrxs, con nuestras propias formas —en las que veníamos y las que fabricamos—. Pasar para nosotrxs es que a la vuelta de la esquina alguien no te pregunte si eres hombre o mujer, o que incluso te agreda al descubrir que eres trans. Pasar es la seguridad de que las personas van a respetar tus pronombres y creer tu nombre en todo momento. Pasar no es para nosotrxs, sino para ser aceptados.

 

Necesitamos con urgencia que todos los transmómetros sean rotos. Necesitamos que haya hombres con senos y mujeres con vello facial. Necesitamos ser válidos y ser respetados. Necesitamos todos los tipos de cuerpos, porque necesitamos ser nosotrxs mismxs. Necesitamos saber que si hay cambios en nuestros cuerpos, serán para nosotrxs y no para alimentar sus estereotipos arcaicos en una sociedad que ni siquiera sabe nombrarnos correctamente.


Autores
Nació el día que se estrenó Victor/Victoria en Broadway, justo 57 años después de la muerte de Alfonsina Storni. Desde chico supo que su pasión era la procrastinación; mientras tanto persigue su meta es estudiante de Letras Hispánicas en la Universidad de Guadalajara.

Estoy más en esta vida que en
ninguna otra, y no puedo
responsabilizar a mi madre por
mi nacimiento, no así soy
responsable de su muerte,
de la mía.

no quiero ser Alguien, tan solo,

que piensa humanamente

en sí mismo

Alguien representado

en un acto

fingido como vivir

cuando únicamente se hace

recordar al amigo

fenecido ya.

 

En algún rincón de su memoria humana

ha creído fielmente en el axioma:

Necesitamos morir.

 

Alguien apenas, Alguien tan sólo

y solamente

piensa que vive,

pero el lugar de la vida

más allá de sus pasos

tampoco

no hay manera de que por estar

sea humano

no hay manera de que por nacido

sea yo humano

Alguien tan sólo

y solamente

encuclillado presiona el estómago

se abre

se está abriendo un poco en la memoria

 

Yo, para iniciar la correspondencia conmigo,

esperaba al alba la llegada

Yo que alguien

soy el niño encuclillado

presiona el estómago

para abrir el aullido

pero no llego

llega el alba, el alba partido

y me ofrece una flor…

 

En cuanto a El día

ha sido

un tanto en el sueño

un tanto en la memoria

Era entonces que el niño

se encogía en la estancia…

Si conociera, al menos, a quien me piensa…

quizá mi madre, en su infancia,

me pensó conocido

Ocurro como alguien que vive, acaso,

las formas de mi infancia

se experimentan en el vientre,

Era entonces que el niño encogido

en la estancia…

Si yo muriera

aunque he muerto

en la sonrisa torcida

o en la piel casi cuerpo

En ese gesto humano

desconocido

allí quisiera dormir niño

abrazado a la mano del sueño

 

el alba no acaba

¿Qué flor florece en la memoria?

si él dijese la palabra

si yo hablara humanamente

pero al día,

al día termino Alguien

 

死 た  人

に と  間

た え  ま

い ば  が

死 僕  い

に が  人

た 死  間

い ん  ま

死 だ  が

に ら  い1

た .      !!

い .

死 .2

3

 

4

 

Yo me encojo niño

para presionarme el estómago

entonces puedo llamar

a la sombra ausente

Ella que ha precedido en el lugar

se carga con la memoria de mí muriendo

muero en verdad con su presencia.

 

Ella me abre al sueño de mi muerte

yo soñaba que moría

¿pero era un sueño

y nada más?

En verdad, es que en verdad,

si yo hubiera visitado

El lugar de morir

los árboles habrían crecido

 

Mi joven amigo

marchita sus hojas

solía pensar que nacía

solía, también, insistirme humano

¿Es aquí, que he llegado, mi hogar?

He nacido igual a todos

Alguien se ha llamado madre

para entregarme a una forma

Qué vida la mía

silencioso

abrazo al otro

que es conmigo

el otro que no es sin mí

pero otro a mi lado…

 

Ella que me ha sido hasta el cuerpo

espera mis prendas

Ella que me abre al sueño de mi muerte

intercambia unas palabras

yo que tan sólo, y solamente,

he querido ser humano

y lo he sido equivocadamente

con el dolor de siempre

y siempre en todo el cuerpo

presiono el estómago

presiono alguna parte hasta la médula

Era entonces que dormía

Era entonces que Alguien muriendo

yo que he sido hasta el cuerpo

alguien extenuado

¿no alcanza el amor para una forma

mínima de vida?

yo espero a que muera

 

Es esto únicamente que éramos al nacer

No he vivido lo suficiente como para decir que muero

él era apenas una flor que nacía

¿y esta vida, nada más, que la mía?

él presionaba el ombligo

pero no lo abría al sueño…

 

No puedo responsabilizar a mi madre

por mi nacimiento

yo, hacedor de la muerte

soy responsable de ellos muriendo,

yo, hacedor de la muerte

me insisto humano

 

De pequeño cantaba

la canción de cuna

y dormía

a un lado

conmigo

que moría

 

De pequeño soñaba mi muerte

había muerto para siempre:

a nadie di mi nombre

¿y las hojas?

¿y mi joven amigo?

Me atavío con la memoria heredada

Mi madre no es responsable

de mi nacimiento

Ella dirá que he muerto

que he muerto para siempre

yo, entonces, heredo mi nombre

 

y por expresarlo de alguna manera

que por decirlo estoy muriendo

 

he muerto para siempre,

yo no quisiera

esta vida

cuánto agota

insistirme humano,

yo quisiera que el sol

me amara

como a sus hijos

pero no puedo responsabilizar

a mi madre por mi nacimiento

 

Ciertamente nací,

es verdad que vivo

¿He muerto para siempre?

 

5

 

mas no hay con quien disculparse

Humano soy alguien que sonríe

 

hermano, yo vivo y he vivido

a un lado

enseguida

con el estómago roto

Humano soy alguien, ciertamente

 

En ocasiones quisiera doblarme hacia el ombligo

y estrujarme el estómago

Humano soy alguien, ciertamente

pero yo sé que estoy vivo

 

A mis 24 años

la memoria heredada

extenúa el cuerpo

padezco la forma humana

duele el cuerpo

y lo cansa su dolor

el suyo

A mis 24 años

no he vivido lo suficiente

como para decir que muero

A mis 24 años

soy el niño encuclillado

en la estancia

A mis 24 años

he sido sólo

y solamente

alguien que piensa el cuerpo

en edad

Alguien tan sólo

y solamente

que envejece en la memoria

 

De pequeño padecía la forma humana

en el cuerpo

De pequeño padecía la forma

de mi cuerpo

A mis 24 años era el niño

que cantaba la canción de cuna

A mis 24 años, yo que alguien durmiendo,

recuerdo cuando moríamos en el sueño

o en un rincón de la memoria

recuerdo cuando, niño,

me presionaba el estómago

y no asistía

yo que vivía, yo que estaba

en mis actos humanos

!!

 

¿Qué humano soy?

Alguien, al menos…

 

Apresurado amo a quien

muere a un lado

aquí

conmigo

aprovecho el rose

de su cálida mano

para abrasarme

entonces, ¿sólo entonces?,

me permito la vida

yo sé que estoy vivo

 

Yo muero en la memoria

cargado de mi sombra

¿Quién ha muerto

que en verdad

visitaba los días?

En cuanto a mí

olvido

digo ‘yo’ como  si algo ocurriera

 

Cuando era niño

me tomaba la mano

Cuando era niño

pensaba que mi madre

pensaba que mi padre

me estrujaba el estómago

y asistía

Cuando era niño

me estrujaba el estómago

olvidaba que mi madre

olvidaba que mi padre

Hoy, al menos, asisto

a mis actos humanos

 

Pocos pueden cambiar el corazón

con que han nacido

Él espera y pasa

asido de mi sombra

Estoy en el lugar

en que murió mi amigo

Él espera la hora

en que los árboles crezcan

espera conmigo que muera

pocos pueden cambiar el corazón

con que han nacido

si hubiera asistido al sueño…

 

Estoy en el lugar

Estoy

ataviado de cuerpo

y qué de mi escasa muerte

he venido a conocer al amigo;

qué de esta vida

simulada humana

he venido con la sombra-amiga

al árbol-altar

niño, presiono el estómago

la vela se consume

al alba recuerdo que soy

el amigo de siempre

 

Él asiste a mi vida

espera

y pasa

y qué si he venido tan sólo

y solamente

a visitar al amigo

Él asiste a mi vida

espera

y pasa

Ha muerto para siempre,

asegura,

Ha muerto para siempre…

yo sé que estoy vivo

 

じゃ

カャ6

 

Estoy tanto en esta vida

que en ninguna otra

mi muerte

lejana

la acontezco

¿Qué son estos actos con mi forma?

alguna vez mi corazón cambia

es entonces que la vida…

estoy más en esta vida

que en ninguna otra

 

Vengo cargado de la sombra

de mi amigo

asisto a mi vida

Vengo ataviado de cuerpo

en verdad, es verdad que él

en verdad, es verdad que yo

visité al Asfódelo

じゃ

カャ

 

Este lugar es bueno para la llegada

 

じゃ

カャ

 

Aquí los árboles crecen

 

 

Epílogo

 

Humano soy alguien que sonríe

ataviado de estas ganas de morir

que me nacen a diario,

pero yo tengo un perro

que necesita la caricia

un perro, que ni mío,

me ancla a estar vivo

viviendo

y aquel día en que olvido

llorarme vivo

yo sé, y he vivido

 

Humano visto la máscara

humano tan sólo

y solamente

¿Quién he nacido con esta forma

que me ancla a estar vivo

viviendo?

En consecuencia de mí

¿actuar humanamente?

Ser entonces ¿y en verdad?

Ellos mueren por mi sangre

tanto y tan poco

se ha tensado la vena

que me ancla a estar vivo

viviendo

Él que salió a morir

con la sangre

en el estómago

Ella que salió a morir

con el intestino

destrozado

he sido entonces muriendo

nazco

con el llanto atravesando la garganta

vengo cargado de la sombra de mi amigo

asisto a mi muerte

vengo cargado de la sombra de mi amigo

Mi herencia:

un árbol y

su memoria

¡Asisto a mi vida!

 

No soy yo quien sufre solamente

son ellos quienes olvidaron el llanto

 

¿Quién de mí he sido

si humano

si alguien?

Tomo de algún sitio

mi aliento

y ando

a un lado

a un lado

Regreso a morir

 

Su dolor ha madurado

conmigo

su dolor que no es mío

y esa palabra terrible

yo

yo

¡yo!

 

 

Duele mi hermano

duele mi amigo

duele mi madre

duele mi padre

duele en todo

y  cada uno

en el lugar del cuerpo

en el cuerpo

pero ninguno es responsable

por mi nacimiento

 

Humano soy alguien que sonríe

 

tanto y tan poco

quieren mi presencia

tanto y tan poco

asen la vena del pecho

 

ciertamente extenúa el afecto humano

 

Tan cierto es que no termino de morir

sin embargo, el niño en la estancia

encuclillado

yo con la sangre en el estómago

Bien sé lo que no necesito

pero termino con la sonrisa humana

termino un día exhausto

como humano

como persona

y al fin soy alguien

que sonríe

 

No decir de sí mismo

si no los actos

padecidos en el cuerpo

 

para lo que se ha querido mi vida…

esta vida de estar vivo

como alguien que, humano, sonríe

alguien, aquel, que humano

sabe sonreír

pero qué ha sido de mi vida

la que nazco,

la que nace conmigo,

ésta que ninguna otra

¿y de mí?

si alguien…

 

Asisto al aullido

asisto algún día al alba

él que espera cargado con la sombra de mí

él que espera y pasa

con la flor en el hocico

Quién si alguien

que he sido

hasta la última hora

Alguien tan solo

cargado de cuerpo


Autores
[津島織田]. Egresado, en 2018, de la licenciatura en Lengua y literatura de Hispanoamérica de la Universidad Autónoma de Baja California, campus Tijuana; ha publicado en revistas independientes electrónicas y físicas tales como Espiral, Socializar, Simulacro y Monolito; poesía y ensayo. En 2015 a cargo de la editorial Poiesis publica su poemario Virgo. Participa, además, con el poemario 银海 [Yinhaizi] en el XVI Congreso Nacional de Estudiantes de Lingüística y Literatura (CONELL) Morelia 2018, durante el mes de marzo. Actualmente se publica, bajo responsabilidad de la revista Libélula de la editorial Gramanimia, el poema命の死神 [Inochi no Shinigami].

El miércoles 12 de junio convocamos a la PRIMERA CONSULTA DE TIERRA ADENTRO, que concluirá el proceso de participación el próximo 30 de julio. Se trata de un ejercicio democrático para conocer las demandas y sugerencias hacia el programa.

En el texto introductorio a la consulta propusimos algunos ejes temáticos: la experiencia como autor@s, la experiencia como lector@s, los premios a los que está vinculado Tierra Adentro, los precios de los libros y la equidad de género. La consulta queda abierta a la discusión de cualquier otro tema, y a pesar de que no lo mencionamos, los dictámenes de libros en Tierra Adentro merecen atención especial.

El procedimiento heredado (desconocemos su antigüedad) consistía en hacer una preselección de libros que se mandaba a dictamen externo, después los libros aprobados pasaban a corrección de estilo y eran publicados. Nosotros creemos que una dirección editorial debe tener mayor involucramiento en la selección de libros. En primer lugar, porque Tierra Adentro tiene un compromiso tanto con sus autores como con sus lectores, y en segundo porque el cuidado editorial es nuestro trabajo y responsabilidad.

Una de las labores a las que hemos dedicado más atención desde que recibimos la dirección editorial fue la revisión de los 16 libros con dictamen positivo, 9 de ellos dictaminados durante la transición. Leímos y discutimos los 16 libros, e hicimos una revalorización de ellos, en la mayoría de los casos coincidente con los dictámenes originales (algunos libros obtuvieron dictámenes positivos con reservas importantes).

Dos libros, una novela y un poemario, llamaron poderosamente nuestra atención: apostamos sin reservas por su calidad y el lugar de importancia que se harán en el mapa literario mexicano. Sin embargo, estos dos libros, con los que iniciaremos la nueva colección, han pasado por un proceso muy riguroso de edición y corrección. En ambos casos hemos trabajado muy de cerca con los autores, nos hemos reunido con ellos en numerosas ocasiones y los hemos exhortado a dedicar una parte sustancial de su tiempo a la relectura crítica de sus obras.

Otros dos libros, una novela y una colección de cuentos, nos parecieron excepcionales, incluso necesarios; pero, en ambos casos, más que un trabajo de edición y corrección, era necesario un replanteamiento estructural que pusiera de relieve los aciertos que descubrimos. Hablamos con la autora y el autor para explicarles nuestra apreciación, y les propusimos que hicieran un trabajo de reescritura intensivo, con miras a publicar sus libros en 2020.

Los doce libros restantes nos parecieron, en ocasiones, primeros borradores con potencial todavía no alcanzado; en otras, advertimos la necesidad de un trabajo profundo por parte de la autora o el autor, un trabajo que podría prolongarse por tiempo indefinido.

Ofrecimos tres vías a las y los autores de esos doce libros: 1) la publicación pagada de un fragmento (un cuento, un poema) de la obra en nuestra web, 2) trabajar sobre el manuscrito para presentarlo al dictamen de las obras a publicar en 2020 o 3) la publicación pagada en nuestra web de un texto distinto. Incluso, si lo desean, pueden acogerse a los tres ofrecimientos. No renegamos del compromiso de apoyar su crecimiento artístico y difusión.

Aunque nada nos gustaría más que recibir de vuelta versiones más potentes y pulcras de todos esos manuscritos, y publicarlos en 2020 o 2021, estamos seguros de que algunos de esos libros encontraran su camino por la vía de las editoriales comerciales, ya sean parte de consorcios mediáticos, independientes o autogestivas. Quizás otros cambien de nombre y maduren de alguna forma para nosotros imprevista. Y no descartamos que la historia se vuelva en nuestra contra: si André Gide dictaminó negativo el primer tomo de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, no queda más que asumir los riesgos del oficio.

En 2019 Tierra Adentro publicará 12 libros: 9 correspondientes a las y los ganadores de los premios nacionales, los dos previamente dictaminados a los que ya nos referimos y un poemario de una autora que lo envió en tiempo y forma para dictamen.

Esta es la cantidad de libros que consideramos apropiada para garantizar distribución, promoción y presentaciones en la escala que corresponde. Publicar un libro que no está listo para imprimirse sin una estrategia de comunicación clara contraviene la misión de Tierra Adentro: apoyar a la literatura joven mexicana. Una autora o un autor pierde cuando sus libros no aparecen en las mesas de novedades y están condenados a apilarse en una bodega.

Tierra Adentro mantiene su compromiso con las comunidades artísticas jóvenes y el anhelo de transitar por estéticas en construcción junto a quienes hacen la nueva literatura.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.

Dolores abrió los ojos tras sentir cosquilleos recorriendo su cuerpo, preso en las entrañas de la tierra. En cuestión de segundos su piel fue sacudida por punzantes escalofríos que desembocaron en un grito ahogado. Sus huesos paralizados le impidieron matar al maldito insecto que caminaba por sus labios agrietados y pronto sus ojos se empaparon de lágrimas.

—¡No quiero morir! ¡Por favor, ayúdenme! ¿Cómo es que estoy aquí? No quiero morir, no de esta forma, ¿por qué, Dios?, ¿por qué no me permitiste morir en vez de dejarme atrapada entre tierra y catalepsia? No puedo solamente esperar la muerte, tengo que encontrar la forma de vivir.

Cerró los ojos apretándolos lo más intensamente que pudo. Todo eso debía ser un terrible sueño, una paroniria. Pensó que sería despertada por su alarma o por el ruido citadino, pero en vez de eso solo escuchaba chillidos de ratas que se apresuraron a caminar sobre ella. Abrió los ojos de golpe. ¡Eso no era una pesadilla, era real! ¿Qué clase de embrujo, karma o maldición era esta que no podía siquiera recordar cómo llegó ahí?

Dolores miró a su derecha y observó una parte reblandecida de tierra, así que comenzó a rascar para encontrar una salida. La luz de la luna se asomaba por el agujero. Pudo saborear la promesa de la vida. Poco a poco sus temblorosas manos consiguieron moldear un hoyo más grande, sus lánguidos brazos le permitieron empinarse con dificultad para escapar de aquel precipicio, dejó caer su pecho sobre la tierra y se arrastró por el suelo hasta encontrarse sobre la superficie. El aire gélido alborotaba sus cabellos enlodados. Miró hacia atrás. En el lugar del hueco por el que se fugó. Había una tumba de tierra intacta con flores frescas y una cruz clavada con su nombre.


Autores
Ciudad de México, 1995. Estudiante de Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es una escritora iniciada en prosa de terror.

Ilustrador
Elisa Malo
(Veracruz, 1989) es ilustradora y fotógrafa, egresada de la Esmeralda.

«Para la mayor parte de la historia,

 “Anónimo” era una mujer.»

Virginia Woolf

 

La mejor forma de invisibilizar a alguien es negándole cualquier vía de expresión o, sencillamente, ignorándolo: mantenerlo bajo el yugo del silencio, prohibirle usar la herramienta de comunicación humana más básica e importante: el lenguaje. Impedir la exposición de ideas y emociones es anular, opresión que hemos experimentado las mujeres debido a la inequidad de género ocasionada por el heteropatriarcado, el machismo y la misoginia.

Cómo acabar con la escritura de las mujeres (coedición de Barrett y Dos Bigotes, 2018) es uno de los reconocidos ensayos de la escritora y académica Joanna Russ (Nueva York, 1937-2011), publicado por primera vez en 1983. Russ fue una reconocida autora de ciencia ficción galardonada con el Premio Nébula y contemporánea de Ursula K. Le Guin. Ambas fueron feministas, al igual que varias representantes más de ese género de literatura de ficción.

El ensayo de Russ cuenta con un objetivo y ácido prólogo, escrito por la editora y crítica Jessa Crispin (en el que afirma que «los hombres blancos siguen siendo los expertos, (…) la objetiva y universal voz de la razón»), y fue traducido por Gloria Fortún, también escritora y tallerista, creando un conjunto de voces que se engarzan a la perfección.

En once apartados, Russ expone los ejemplos más representativos sobre «la historia de la eliminación y disuasión de la escritura de las mujeres» que han perdurado al menos durante siglo y medio en la sociedad; las diferentes formas en las que los hombres que ostentan el poder dentro del ámbito literario han reprobado, censurado o desdeñado la obra de las mujeres y al género femenino, acusándolo de ser inferior e incapaz. Cada sección es precisa e indaga, desde comienzos de 1800, en la vida y obra de escritoras estadounidenses y europeas, y las conclusiones son contundentes.

Es increíble el esfuerzo de los involucrados para que este inquietante y esencial material que «muestra indignación sin ser pretencioso, es exhaustivo sin ser aburrido y es serio sin carecer de sentido del humor» llegue a los hispanohablantes. De la mano de Virginia Wolf y Un cuarto propio, Russ va encadenando a través de diversas voces y experiencias de numerosas autoras un extenso recorrido histórico evocando las problemáticas a las que se ha visto enfrentada su literatura debido a los «críticos comprometidos con el mantenimiento de la hegemonía masculina».

Éstos son los once apartados:

1. Prohibiciones – Uno de los precedentes es la Ley sobre la Propiedad de la Mujer Casada promulgada en 1882, que indicaba que los derechos (e ingresos) de las obras de las escritoras casadas les pertenecerían a sus parejas. Existía una notoria desigualdad de salarios incluso entre las propias mujeres, a quienes también se les prohibía la educación superior: las escritoras recibían ingresos irrisorios. Por otro lado, Russ señala que las labores domésticas y diversas responsabilidades adjudicadas a las mujeres representan obstáculos que los hombres logran sortear. Sylvia Plath («Haber nacido mujer es mi mayor tragedia.»), Katherine Mansfield, Kate Wilhelm y Ellen Glasgow son algunas de las escritoras que sufrieron constantes trabas y acoso de agentes y editores que juzgaban sus obras basándose en el aspecto físico, y estaban constantemente sometidas a comentarios denigrantes y desaprobatorios.

2. Mala fe – Los (hombres) privilegiados aplican procedimientos «moralmente atroces y terriblemente estúpidos». Actúan a través de prejuicios, convencionalismos y discriminación.

3. Negación de la autoría (No lo escribió ella.) – No reconocer la capacidad intelectual e inteligencia de las mujeres o ponerlas en duda, objetar la autenticidad de sus obras: «la mujer “estúpida” que escribe lo logra únicamente mediante el uso de su “ingenio masculino”». Y, si la obra es aceptada, la dotan con lo único que se considera meritorio: rasgos o características masculinos, o plantean que la obra es rescatable porque la escritora se relaciona con algún escritor (su pareja, un familiar o maestro…).

4. Contaminación de la autoría (De acuerdo, lo escribió. Pero no debería haberlo hecho.) – Las mujeres «respetables» son condenadas por no saber lo suficiente, y, de tener conocimientos, las repudian por no ser «virtuosas», usando argumentos ad feminam para descalificarlas, pues, para ellos, la vida personal pesa más que el texto. A partir de 1850, las escritoras, víctimas de tabúes, prejuicios y hostilidad, buscan resguardarse de los continuos ataques usando pseudónimos masculinos, y hay un rechazo de los temas íntimos por no ser considerados serios.

5. El doble rasero del contenido (Lo escribió ella, pero no es una artista de verdad y no es serio ni del género literario correcto.) – Hay varias razones para este menosprecio y desdén: la costumbre, la apatía, la ignorancia, no querer cuestionar lo establecido, el temor y el sentimiento de amenaza a la sexualidad o a la masculinidad y el empeño de pertenecer a «un club exclusivamente masculino y blanco» corrupto, y su parámetro de lo valioso estriba en lo masculino: «la masculinidad es “normativa” y la feminidad algo “anormal” o “especial”». Infravalorar la autoría femenina exalta la masculina: lo femenino tolera y obedece, lo masculino somete y es violento.

6. Falsa categorización (Lo escribió ella, pero sólo escribió uno.) – Las escritoras han sido desestimadas por no reconocer su categoría: pasan de artistas a «esposa/hermana/hija de…» hombres artistas. Y lo mismo ocurre con sus obras, que pueden ser erróneamente etiquetadas o incluso juzgadas por no pertenecer a ningún género, minimizando cualquier logro.

7. Aislamiento (Lo escribió ella, pero sólo interesa/está incluido en el canon por un único motivo.) – En el caso de que la obra de alguna escritora haya trascendido al canon, una selección de ésta (reunida en antologías, planes de estudios, manuales o compendios literarios en los que las mujeres siempre se encuentran representadas en un porcentaje mínimo [que, en una media, no supera la décima parte] y cuyos nombres varían) sólo dejará una muestra exigua que incluso podría no ser lo más representativo, pues se ciñe a parámetros masculinos. Así, el resto de la obra queda en el olvido o no resulta de interés.

8. Anomalía (Lo escribió ella, pero hay muy pocas como ella.) – Para destacar en su generación, a una escritora se le exige mucho más que a un escritor. Al excluirlas del canon literario, son aún más relegadas y los vínculos con otras escritoras se debilitan, lo que culmina en «restricciones numéricas y marginalidad permanente».

 

Cabe aclarar que esta marginalidad, actualmente revalorada por considerarse “de culto”, divide opiniones sobre la escritura de las mujeres incluso en el mismo gremio femenino: al mostrarlas como un caso singular, se duda del valor de su escritura por no seguir la corriente establecida de lo que “debería ser” la literatura femenina.

 

9. Falta de modelos a seguir – Saber que hay mujeres que han logrado destacar en ámbitos artísticos prueba que otras también lo pueden conseguir. La «falta de una tradición femenina» (en los 70, la obra de Woolf, Charlotte Brontë y Dickinson estaba muy limitada o se desestimaba por diferentes razones ya mencionadas). Esta supresión o anulación hace que cada nueva generación piense que debe confrontar los eternos problemas sexistas desde cero. Olvidadas, despojadas de la tradición literaria de su propio género, penalizadas y despreciadas e inculpadas sin motivo, Russ se pregunta cómo es que las mujeres siguen escribiendo.

10. Reacciones – La autora aboga por la solidaridad femenina y feminista: las mujeres enfrentaron y rechazaron prejuicios y aprensiones masculinas, crearon nuevas definiciones y buscaron a sus predecesoras. Décadas después, comenzaron a ignorar deliberadamente cada traba impuesta.

11. Estética – Indagar y volver a evaluar el arte de una minoría para integrarlo al acervo cultural solamente lo puede enriquecer. «Lo que asusta (…) del arte de las mujeres (…) es que pone en cuestión la idea misma de objetividad y los criterios absolutos» que han sido creados por las culturas autoritarias y dominantes que prohíben que quienes están al margen cobren notoriedad. La visión femenina del mundo se convierte en algo aterrador porque podría contrariar, alterar e incluso nulificar la visión preconcebida y aceptada de manera totalitaria por el hombre. Lo que se busca con el ejercicio libre del arte femenino es expandir las posibilidades creativas y perceptivas de las estructuras establecidas impuestas como únicas.

 

Estas ideas, acciones o pensamientos decimonónicos, actualmente son vigentes en una sociedad regida por hombres que se adueñan de cada espacio. Russ es incisiva para exponer distintos abusos y atropellos y busca conciliar, crear vínculos y empatía; deja claro que la igualdad y el respeto son necesarios, así como eliminar cualquier distinción que se haga con base en el género. Lo ideal sería que el público masculino leyera este libro sin prejuicios, sin sentirse obligado ni agredido, sino con la plena disposición de ver y comprender los errores que han alimentado y sostenido las estructuras machistas y cómo éstas han afectado en lo social, lo político, lo académico y lo cultural.

Russ es contundente, clara y acertada. El trabajo de investigación exhaustiva que realizó se refleja en cada línea, su profundo conocimiento histórico y literario hacen de éste un compendio excepcional sobre los diversos mecanismos de represión que han sufrido las mujeres en el ámbito literario (acaparado por el hombre occidental económicamente bien posicionado).

Mary Wollstonecraft y Mary Shelley, precursoras del feminismo moderno, Virginia Woolf y la descosificación de las mujeres, la igualdad de género buscada por Ursula K. Le Guin y la construcción social de los géneros de Judith Butler son sólo algunos guiños de esta gran lucha por la equidad.

En 2017, en Twitter se popularizó #ThingsOnlyWomenWritersHear para mostrar las diferentes muestras de machismo, el acoso y la displicencia que las escritoras enfrentan actualmente. En ese mismo tenor, en México surgió este año #MeTooEscriotresMexicanos, que buscó visibilizar los abusos y dar voz a las víctimas. A partir de este hashtag, surgió la colectiva #MujeresJuntasMarabunta, formado por mujeres inmersas en el ámbito cultural que buscan erradicar la violencia machista en el medio. Mujeres Juntas Marabunta, como voz colectiva y sin voceras, publicó un manifiesto en el que una de las exigencias es la paridad de género tanto en publicaciones como en lo laboral.

Si bien ha habido algunos cambios y las trabas han disminuido, varias de las denuncias de Russ, la violencia sexista y el limitado reconocimiento del genio, la creatividad y el intelecto femeninos continúan imperando.

En México, uno de los esfuerzos más recientes por tener presentes nombres y obras de narradoras mexicanas es el de la escritora Liliana Pedroza con la publicación de Historia secreta del cuento mexicano, 1910-2017 (Universidad Autónoma de Nuevo León, 2018), que reúne los datos bibliográficos de la obra de más de quinientas escritoras que publicaron al menos un libro en los años señalados. Está a la venta en formato físico, y se puede descargar de manera gratuita en la página de la Editorial Universitaria.

También destaca el proyecto cultural Escritoras Mx, que se dedica a la divulgación de la obra de escritoras mexicanas. Su sitio en internet cuenta con reseñas, citas, entrevistas, ensayos académicos y una enciclopedia, y acaban de publicar su primera antología.

Hace poco, la escritora Iliana Vargas publicó el primer número de su dosier Femina Incógnita (Femina de sueño, sangre y fuego) en la revista digital Vozed, cuya finalidad es «visibilizar a las mujeres que se dedican a la ficción». Tiene una convocatoria abierta, y recibe textos de diversos géneros bajo la cláusula de haber sido escritos por mujeres.

Otra apuesta es la de las editoriales independientes Paraíso Perdido (las autoras han ido en aumento en su catálogo) y Nitro/Press, que ha publicado las antologías Lados B desde 2011, selecciones que buscan incluir al mismo número de autoras y autores.

Estos esfuerzos crean generosos catálogos que ayudan a visibilizar la pluralidad de voces de escritoras mexicanas con distintas influencias y afinidades, con diferentes raíces.

A pesar de que la literatura escrita por mujeres ha sido marginada, rechazada, degradada o simplemente ignorada, hay una cantidad increíble de obras de gran calidad que no harían sino enriquecer y diversificar el arte.

Tal como lo afirma Russ, «Los redescubrimientos y las revalorizaciones no han hecho más que empezar». Encontraremos más luces, maravillas que representarán un parteaguas en nuestras vidas y en la literatura, «una propuesta para creer que hay mejores formas de habitar este y otros mundos», en palabras de Iliana Vargas.

En la última parte del libro, entre las múltiples referencias citadas en la sección de Notas, se encuentran las novelas Literary Women, de Ellen Moers, Lover, de Bertha Harris, y El bosque de la noche, de Djuna Barnes, y los ensayos Una habitación propia y Tres guineas, de Woolf, Thinking about women, de Mary Ellmann, Women Artists, de Petersen y Wilson, y Feminismo y arte, de Herbert Marder.

Al finalizar el epílogo, Russ dice que, a pesar del tiempo invertido en su trabajo, el ensayo no está terminado. Su última frase es: « lo terminas». Yo diría que nosotras lo continuamos.

A pesar de todo, escribimos. Y lo seguiremos haciendo.


Autores
(Querétaro, 1987) es autora de los libros de cuentos Tusitala de óbitos, El vals de los monstruos, Tristes sombras y Despojos.