El presentador de las noticias no leía los titulares en el teleprompter. Sus palabras y mirada iban dirigidas al recién iluminado, al rey del carnaval de aquel año, a mí, el encarnado espíritu de Osiris, la luz del mundo. El renacimiento de la flamante primavera. La Semana santa estaba próxima y yo era el nuevo Sol, el Señor del Bosque, Jesucristo cubierto con una piel caprina.
Escuchaba las voces detrás de las cosas y los acontecimientos. Era incapaz de aceptar las coincidencias. Estaba extasiado por una supuesta personalidad mágica y podía jurar que con tan solo ver de cerca a alguien leía sus intenciones. Cerraba los ojos y del negro aparecían calaveras, cucarachas, ratas, cuerpos decapitados. Los mitos cobraron vida. Shiva, con su cobra al cuello, me abría el costado con un tridente. Mi sangre salía y formaba una alfombra roja desde la base de la cruz hasta mi tumba.
Un terror nocturno me azoraba como a un niño cuando se le viene el techo encima en las noches lluviosas, o cuando en las sombras de las ramas ve fantasmas. Trasnochado, con las manos temblorosas de cansancio, imaginé ser el rey de burlas, otro crucificado elegido por el popular culto a la Muerte. Sabía que mi asesinato estaba fechado según la agenda esotérica del Poder Secreto, y no pasaría mucho tiempo para que llegara el día de la ceremonia.
Toda información sobre ocultismo que encontré en internet la integré a mi nuevo sistema de creencias. Vinculaba hechos científicos, económicos, políticos y artísticos a través de las conexiones más insospechadas. En este siglo cibercultural del Nuevo Orden, donde la labor del investigador es extraer la verdad entre tanta mentira subida a la red, cualquiera puede tener un episodio esquizofrénico, con más razón si consume constantemente cristal y LSD.
Mi perro era un robot, mis familiares brujos y asesinos, mis amigos una bola de espías, y mi novia había vendido su alma y la mía en la corte infernal. Cuando nadie me observaba, me comunicaba con la televisión. Si veía un documental de la vida salvaje, estaba seguro de que se referían a mí cuando hablaban del animal más exótico en la cadena alimenticia; si cambiaba de canal a un programa de cocina, el platillo principal era mi carne; si había una película en la que perseguían a muerte a un personaje, ese era yo, la víctima estelar del mundo que controla al otro mundo a partir de holocaustos humanos. La televisión, con su simbología camuflada, me explicó que estaba destinado a ser el nuevo profeta de las naciones. Yo me consagré delante de ella a tal misión.
En las calles todas las mujeres querían mi sexo y todos los hombres mi cabeza. Me sentí el deleite de sus perversiones. Aún así, continuaba con mis asuntos diarios. Sacaba los pendientes en la oficina. Visitaba a Gaby, mi novia. Paseaba a Blas por el parque. Iba a una que otra reunión familiar. Salía de fiesta. Pagaba la renta y los servicios. Llenaba el refrigerador. Mis alucinaciones pasaban desapercibidas. Incluso varios amigos me dijeron que parecía estar en mi mejor momento.
II
Quería fumarme todo el opio del planeta. La cabeza me punzaba. Regresaban mis suegros a la ciudad luego de unas vacaciones, y acompañé a Gaby al aeropuerto. Le dije que fuera ella a buscar a sus padres, que no aguantaba el dolor, y me senté en una cafetería a hojear el periódico.
Los encabezados de las notas eran las claves necesarias para entender mis peligros y fortalezas. Los números guardaban significados dobles. Las palabras brillaban. Mis canales se abrieron totalmente. Tenía la certeza de que algo extraordinario sucedería. El aeropuerto se volvió un gran teatro y yo era el actor principal.
Los símbolos aparecieron más allá del papel. Todo hablaba. Todo se comunicaba conmigo. No había lugar para la casualidad. Cerca de mí pasó un niño corriendo que traía puesta una playera con el estampado de un conejo —en el antiguo Egipto, Osiris era representado como una liebre—. Yo, Osiris reencarnado, lo seguiría hasta su madriguera.
Dejé mi asiento y fui de señal en señal hacia la verdad de mi propósito mesiánico. No sé cómo terminé abriendo una maleta. ¿Qué pensaba encontrar ahí? Una llave, un libro, una fotografía, un talismán, hasta un pedazo de vidrio o una envoltura de chocolate hubiesen tenido sentido. Las teorías más descabelladas iluminaban mi cerebro. La dueña del equipaje gritó al verme sacar sus cosas echándolas por todos lados. Me vibraba contra mi voluntad un ojo. Dos guardias me sometieron con una llave de lucha y me llevaron a un cuartito para ser interrogado.
—¿Por qué abrió la maleta, joven? —inquirió el que parecía más buena onda de los dos.
—Son parte del teatro. Ustedes saben.
Se quitó la gorra y le preguntó a su compañero sin dar crédito a sus oídos:
—¿Teatro?
—No estamos jugando —dijo enojado el otro, de bigote—. Cometió un delito y podría ir a la cárcel.
Con la esperanza de ser escuchado por un maestro de alta jerarquía de la élite mundial que hiciera una llamada y solucionara mi problema, les dije:
—Los corderos sacrificados a los dioses resultan bastante humanos. No hay misterio. El rey Salomón sigue vivo, hasta los niños y los perros de la calle lo saben.
Hubo un silencio. El guardia buena onda dio unos pasos alrededor del escritorio y se talló los ojos. El de bigote no quitaba su mirada de la mía. Yo permanecía quieto en la silla tratando de mantener una expresión inteligente.
—¿Cuál es su nombre, joven?
—Natanael Cienfuegos.
—¿Qué edad tiene?
—Veintisiete años.
—¿Cuál es su domicilio?
—Calle Pinos número 731, departamento 10, colonia Roma.
—¿Tiene alguna identificación oficial?
Saqué de la cartera mi credencial de elector y se la di.
—¿A qué se dedica, Natanael?
—Trabajo en una agencia de publicidad, soy diseñador gráfico.
—¿Sabe lo que hizo?
Enderecé la espalda dispuesto a soportar los latigazos.
—Tiene suerte de que no se vayan a presentar cargos en su contra, joven. Su pareja habló con la dama propietaria del equipaje y arregló todo. Si no fuera por ella, no sé que habría sido de usted.
—Soy —declaré con seriedad— una pantera rosa más, ningún Cristo.
—¿Qué te pasa? —secundó de sopetón el de bigote—. Necesitas ayuda profesional.
—¡Ggrrrruaff! —le ladré como un perro, clavándole los ojos.
III
A sugerencia de mis suegros, al día siguiente me llevaron al psiquiatra, un señor de barba bien recortada con los ojos muy pegados. No tardó en valorarme y me recetó Diazepam y Risperidona, sus caballitos de batalla. La historia se corrió: Natanael anda muy mal.
No me dejaron solo ni un instante a partir de esa mañana. Se turnaban para acompañarme en el departamento; a veces Gaby, otras mi primo, mi hermana. Me sacaban plática para saber cuán afectado estaba. Se asustaban cuando oían que hablaba con la televisión o con la boca pegada a la muñeca.
Con la excusa de que tenía que descansar no me permitían ir al trabajo, mucho menos fumar mota o tomarme una cerveza. En vano luchaba contra el aburrimiento. Tirado sobre la cama, estiré el brazo y tomé del librero lo primero que alcancé: el Kybalión. Leí hasta la última página. Cerré los ojos y proyecté en mi mente un salón de vigilancia de la Gran Logia de Logias de los místicos. En múltiples pantallas se transmitía la vista cenital de mi recámara. Llamaba su atención pintándoles el dedo.
IV
Cuando llegué a casa de mi madre, me di cuenta de que era a mí a quien esperaban. No cabían en la sala. Solo en año nuevo veía a tanta familia. Uno por uno me abrazaron. Sentí su protección. Descarté la idea de que eran ellos quienes buscaban mi sacrificio. La paranoia dejó de ser total, ahora tenía aliados.
Pregunta tras pregunta comprendieron la gravedad de mi trastorno. A cada respuesta hubo señales de preocupación. Al hablarles de las cámaras y micrófonos escondidos quedó bastante claro: Natanael enloqueció.
Así como la familia crece, también enferma y muere, y algo de mí estaba enfermo o muerto. Malentendí sus rostros de conmiseración, sus ojos llorosos. Imaginaba que estaba en la antesala de mi crucifixión.
—¿Qué te parecería internarte en un centro de rehabilitación por unos meses? —intervino mi tío Francisco, la figura más paternal de la familia.
—Estamos muy preocupados por ti —agregó una de mis tías.
—En un centro de rehabilitación vas a estar mejor, hijo.
—Queremos lo mejor para ti, primo.
—Necesitas tratamiento —reiteró mi hermana— lo más pronto posible.
—¿Y bien, Nat? —preguntaron de nuevo—, ¿estarías dispuesto a internarte unos meses para que te mejores?
Aluciné que su plan era refugiarme en un sitio donde estuviera a salvo. Confiado en que encontrarían un buen escondite donde no corriera peligro, acepté sin entrar en detalles. La habitación cambió de aire. Acordamos que me internaría después del fin de semana. Quería despedirme de mi novia.
—¡Bendito seas, Jesús! —exclamó al cielo mi madre.
¡Hemos tenido un año excelente! Y todo ha sido gracias a ustedes. La Redacción de Tierra Adentro está profundamente agradecida con cada uno de sus lectores y colaboradores, por eso, les hemos preparado esta playlist especial. Tiene algunas de las canciones favoritas de nuestros editores para las fiestas o reuniones familiares. Esperamos que puedan bailar, cantar y disfrutar al mismo ritmo que nosotros. No se nos vayan a atragantar con las uvas, ¡hasta el próximo año!
El animal con el rostro de mi padre voltea,
su ojo choca contra el mío.
Corro asustada a mi cama,
me cubro con las sábanas,
duermo de mentiritas.
Un líquido tibio inunda el colchón
La noche se me escapa.
Mamá cambia las sábanas por otras secas y limpias,
“eres una chiqueada”.
Papá besa mis mejillas,
su barba me pica.
Pollito actora
Oscuridad.
Mamá: ¿Empezamos de nuevo? Pollito: Pío, pío, pío.
Se enciende el único foco de la habitación de Pollito. La luz es tibia. Mamá viste un camisón amarillo, transparente. En las manos lleva una cámara de video; la enciende y graba a su hija: su boca y su cabellito mojado, hace un zoom a sus ojos grandes. Pollito está montada en su cabra gigante de peluche y luce una bata de baño amarillo brillante.
Mamá: ¿Quién quiere morder tus piernas?
Pollito señala la cámara.
Mamá: Ñam, ñam, ñam, ñam. Corre que te alcanzo.
De un salto Pollito baja de la cabra.
Pollito: No me alcanzas. Mamá: A que sí te alcanzo. Pollito: No, no, noooo. Mamá: Te comeré. Pollito: ¡Uy, no me espantes! Mamá: Pollito, Pollito, me voy a comer tus alitas.
Mamá apresa a Pollito y le hace cosquillas aquí y allá. Pollito, sonriente, mira hacia la cámara, le manda besos.
Pollito: Pío, pí, pío. Mamá: ¿Cantamos para él? Pollito: Chi.
Mamá deja la cámara sobre la mesa y va por su guitarra. Pollito se prepara. Ambas se acomodan frente a la cámara.
Mamá: ¿Lista? Pollito: Listisísima.
Mamá toca la canción “La gallina cocoua” mientras Pollito hace una coreografía y canta.
Ambas (coro): “Coco ua ua, coco ua ua, coco coco ua” (bis).
Mamá se acerca a la cámara y sonríe muy coqueta. Pollito continúa bailando y cantando.
Mamá: Ha crecido mucho. Yo digo que será alta como tú. Alta y tonta. Va mal en la escuela. Las maestras nunca olvidan recordármelo. Me fastidian. Deberías escucharlas: “Su hija aún no sabe contar ni sumar ni restar y su letra es terrible. La hemos diagnosticado
con retraso emocional”. ¿Retraso? Por favor, tiene seis años, ¿quién sabe sumar a los seis años? Me dejaste una hija retrasada. “Creemos que las cosas no marchan bien en casa. Necesita mayor atención.” ¿Atención? Lo único que hago es ponerle atención. “Le cuesta trabajo hacer amigos, relacionarse con otros de su edad. ¿Dónde duerme?” “En… no entiendo la pregunta.” “Pensamos que no está bien llamarla Pollito.” “A ella le gusta.” “Pero no es un nombre, al menos no un buen nombre para una niña.” ¿Qué les importa cómo se llama nuestra hija? “Sería importante hablar con el papá.” ¿Puedes creerlo? Quieren hablar contigo. “¿Podemos hacer una cita con él?” “Él… La cambiaré de escuela. No, mejor yo la educo en casa.” “No es lo adecuado para un pequeño…” “¡Ya! Tenemos bastantes libros en casa y… total, si ya es tonta, no necesita más. Le bastamos nosotros.” De verdad son insoportables. Pollito (imitando a Mamá): “insoportables”. Mamá: Pollito, ¿nos enseñas cómo le hacen las vacas? Pollito: Muuuuu, muuuuu. Mamá (acariciando la cámara): Así te siento más cerquita.
Pollito le extiende los brazos a Mamá.
Mamá: No. No voy a cargarte. Ya estás muy pesada. Mamita es flaca, y Pollito, gorda. ¿Quieres lastimar a mami? Ninguna comerá más pastelitos. Te tendré que coser tu piquito. A ver, muéstrame el pico. Pollito: No. No me cocines el piquito. Mamá (riendo): ¡En aceite! (más risa). Eres muy ocurrente. Mami solo necesita un piquito de su Pollito. Un piquito así.
Mamá para la boca. Pollito sonríe y besa a Mamá: un beso tierno y polluelo.
Mamá: Mmm, ¡qué rico! ¿Qué le tienes que decir? Pollito (mirando la cámara): Te extrañamos. Mamá: Así no te va a creer. Recuerda lo que ensayamos. Pollito (exagerando): Regresa. Mamá: Vamos, debes hacerlo mejor. Como cuando estás
sola. ¿Crees que no te he visto? Pollito (dramática): ¿Con quién haces el animal ahora? Mamá: El amor. Pollito: El amor. Mamá: ¡Muy bien!, casi me convences. Pollito (con sinceridad): Quiero ser electricista. Mamá: ¿Para qué? Pollito: No sé. Mamá: No puedes ser electricista. Pollito: ¿No? Mami, ¿qué sí puedo ser? Mamá: Pollito y punto. Anda, mejor dile que me imagino su barba haciéndome cosquillas aquí… y aquí… y que nos sentimos… Pollito: Shhh, yo lo digo. (con gestos que bien pueden ser de Mamá) ¡Uy, nos sentimos tan solitas!, ¡uy, uy, uy! Mamá: Ahora manda besito. Pollito: Mua, mua. (emocionada, abraza a Mamá) Te quiero. Mamá: ¿De nuevo? No es necesario que lo repitas todo el tiempo. ¿Qué quieres escuchar? No pongas cara de puchero. Ten (besa a Pollito, un beso no tan tierno. Voltea a la cámara). ¿Cuándo regresas? Pollito: ¿De nuevo?
Mamá mira a Pollito de manera fulminante.
Mamá (a la cámara): ¿No vas a contestar? Se fundió el foco de la cocina, el del baño… Pollito: Nos bañamos en la oscuridad. Mamá: Se hace pipí en la cama. Pollito: No le cuentes. Mamá: Es papi, tiene que saber que todo se acaba en casa. (a la cámara) La alacena se vacía y la carne se pudre; aquí solo tú comías carne. La cama, nuestra cama, pierde tu aroma. Sigue tu espacio reservado, intacto. Pollito: A veces mamá me deja dormir allí. Mamá: Mis lunares te esperan impacientes y oscuros. Huye la luz de nuestra casa. ¿Escuchas cómo lloran mis lunares? (acaricia su piel, sus piernas, su pecho. Una de sus manos se desliza por su cintura. Un dedo travieso llega a su ombligo. Siente la mirada de Pollito y se cubre). ¿Qué haces? Pollito: ¡Quiero ver! Mamá: Sal de aquí. Deseo estar sola con él. Pollito: ¿Puedo mirar? Mamá: No. Hoy no tengo ganas de tu mirada. Ve al jardín.
Pollito se tira en el piso, se revuelca, aletea.
Pollito: ¡Pío, pío, pío! Mamá: No, por favor. Ya sabes que detesto los berrinches. ¿Qué les pasa a las berrinchudas?
Mamá hace un gesto que asusta a Pollito, quien se levanta y avanza hacia la puerta.
Mamá: Espera. ¿No vas a despedirte?
Pollito regresa, se acerca a la cámara, sonríe y besa el lente con mucha fuerza.
Mamá: ¡Ya!, no lo ensucies. Deja algo para mí.
Pollito le saca la lengua a Mamá y sale corriendo de la habitación.
Mamá (a la cámara): ¿Me quieres? (muerde sus labios, los cuales revientan y sangran. Lleva sus dedos a la boca y el foco empieza a parpadear). Te dije… a la luz le gusta escaparse.
Los hermanos Lumière no inventaron el cine. El cine, se podría decir, siempre estuvo entre nosotros. Tal vez las primeras civilizaciones, como planteó alguna vez Siegfried Kracauer, ya estaban pensando en capturar el movimiento kinético de hombres y animales en las pinturas rupestres; tal vez dibujaron un jabalí con ocho patas para representar el movimiento que hacía al correr; o tal vez, como lo planteó Werner Herzog en Cave of Forgotten Dreams, el cintilar del fuego en una cueva animaba a las criaturas que habitaban sus paredes estáticas. Pero, si el cine siempre nos ha acompañado, ¿por qué decimos que los hermanos Lumière lo inventaron?
El día del mito
El 19 de marzo de 1895, un grupo de hombres se agazapaba detrás de una ventana. Las persianas intentaban ocultar el enorme objetivo del primer cinematógrafo. Para utilizar el aparato, están presentes los hermanos Auguste y Louis Lumière, además de algunos operadores y técnicos. Están esperando el momento justo, la salida de la industria Lumière por la puerta que se encuentra en el edificio frente a ellos. Necesitan grabar precisamente a medio día, cuando el sol está alto en el cielo y puedan tener 15 minutos continuos de luz.
https://youtu.be/uPmG8ppUhSw
Como dijo el novelista Jacques Rittaud-Hutinet, en estos tiempos modernos el mediodía no lo marca el reloj sino la salida de la industria. Suena un pitido agudo y cientos de trabajadores salen a la calle. Los operadores de la cámara comienzan a mover una manivela a la velocidad de quince imágenes por segundo. “Tourner la manivelle” (dar vuelta a la manivela) fue una idea que quedó tan impregnada en el nacimiento del cine que, todavía hoy, en francés se dice “Tourner” (rodar, dar vuelta) para hablar de hacer una película.
Señores y señoras, un perrito, caballos, sombreros, gabardinas, bigotes. Gente común que sale del trabajo en un día soleado con la alegría compartida del ocio por disfrutar; gente común que no sabe que la están filmando; gente común que será parte de la historia. Dos días después de grabar la salida de los obreros desde ese cuarto frente a las industrias Lumière, Auguste y Louis presentaban, ante un público escogido de la Sociedad para la Promoción de la Industria Nacional, en París, los resultados de sus experimentos. Fue la primera proyección privada de cine en la historia. Algunos meses después, el 28 de diciembre de 1895 en el Salon indien du Grand Café del número 14 en el Boulevard des Capucines de París, se hizo la primera proyección pagada, con público, en la historia. Éste es el momento que se reconoce, generalmente, como el principio del cine.
En la proyección, los Lumière escogieron diferentes grabaciones para presentar ante un público atónito. Ahí estaba La salida de la fábrica Lumière en Lyon (La Sortie de l’usine Lumière à Lyon), pero también L’arroseur arrosé (El regador regado) que es considerada como la primera película de ficción jamás filmada: un niño pisa la manguera de un jardinero que riega plantas, al ver que no sale agua, el jardinero voltea a ver la manguera al momento en el que el niño levanta el pie; el chorro le pega en la cara y el jardinero persigue al niño para darle nalgadas. La pequeña sala, con 33 espectadores, estalla de risa.
Ese día, se proyectan diez películas que pasan del registro cómico al documental y muestran escenas públicas y privadas de la vida de los Lumière (como la Le Repas en el que vemos a Andrée, hijo de Auguste y de Marguerite Winkler, comiendo). En el programa del espectáculo se podía leer, además del nombre de todos los cortos publicados, el siguiente mensaje:
“Este aparato inventado por los señores Auguste y Louis Lumière, permite recoger, a través de una serie de pruebas instantáneas, todos los movimientos que, durante un cierto tiempo, pasaron frente a su objetivo, y después reproducirlos proyectados, en tamaño natural, en una pantalla ante una audiencia.”
Mucho se ha hablado de la gente que salió despavorida de la sala pensando que un tren iba a arrollarlos. Sin embargo, eso no sucedió en las primeras proyecciones: pasó cierto tiempo antes de que L’Arrivée d’un train en gare de La Ciotat (La llegada del tren a la estación de La Ciotat) fuera proyectada en el programa. En cualquier caso, este mito perduró por la impresión que causó el realismo de las proyecciones. El escritor soviético Máximo Gorki contó una anécdota similar con el juego cómico del jardinero sorprendido por el niño: “Pensé que el chorro de la manguera me iba a pegar a mí también e, instintivamente, me encogí en mi asiento”.
El cinematógrafo, como invento, impactó tanto al público por la capacidad única que tenía de reproducir al mundo. Era una traducción de la realidad que iba más allá de la fotografía, que sumaba todos los impulsos de luz del impresionismo y los producía con la técnica del siglo del progreso científico. A partir de ahí, como bien profetizó Henri Bazin, el cine empezaría a perseguir otro mito que tardaría años en alcanzar: el mito del cine total, de la realidad perfectamente representada.
Faltó mucho tiempo para que surgiera el color en el cine, para que el sonido se perfeccionara y, aún así, seguimos persiguiendo películas en 360, realidades virtuales y todo tipo de parafernalia en tercera dimensión para representar con toda fidelidad la realidad que nos rodea.
El invento de los Lumière trascendió por mucho su contexto y los mitos que creó siguen persiguiendo nuestra obsesión con la realidad fotográfica. Pero, si los Lumière no fueron los primeros en capturar imágenes en movimiento, ¿qué los hace tan únicos?
El invento recurrente
Henri Langlois, uno de los más grandes conocedores de los albores del cine, hablaba de tres siglos de imágenes en movimiento antes de los Lumière. Con esto, se refería a la Linterna Mágica del siglo XVII cuyo invento se atribuye, con mucha polémica, a Athanasius Kircher. La Linterna Mágica proyectaba imágenes fijas que podían intercalarse y simular cierto movimiento. Sin embargo, no fue hasta mediados del siglo XIX cuando empezaron a multiplicarse los diferentes tipos de proyección que antecedieron al invento de los Lumière. Como señala Luis Alonso García, en esa época comienzan a aparecer las “prácticas cronofotografías, kinetoscópicas, praxinoscópicas, bioscópicas, taquiscópicas… cinematográficas (pues ni siquiera el nombre es propio de los Lumiére)”.
Tres años antes de la proyección de los hermanos, Charles-Émile Reynaud logró, con un dispositivo rotativo y placas de vidrio, animar rudimentariamente algunos dibujos. De hecho, se considera que la primera proyección de Reynaud fue la primera proyección de animación en la historia. Por otra parte, Étienne-Jules Marey y Eadweard Muybridge llegaron a desarrollar estudios de movimiento (incluido el famosísimo caballo corriendo que reconstruyó a través de fotografías fijas), pero se interesaron más en el movimiento mismo que en la proyección de imágenes. Finalmente, Thomas Alva Edison mostró al mundo el Kinetoscopio en 1893, dos años antes de la exhibición de los hermanos Lumière. Su invento, de alguna forma, como bien señala Luis Alonso García, previó el advenimiento del entretenimiento individual: sólo podía ser visto por una persona a la vez. Evidentemente, frente a la proyección a través de una mirilla, la proyección en una sala pública capturó toda la imaginación del mundo.
La diferencia, entonces, entre estos inventos y el invento de los hermanos Lumière está en que ninguna de las imágenes en movimiento que capturaron fue proyectada públicamente, en un espectáculo exclusivo (los hermanos Skladanovski incluían sus proyecciones entre otros espectáculos de circo), por el que se pagaba una cuota. Ese cobro de un franco (lo que suponía una pequeña fortuna entonces) cambió totalmente la forma en que se definió el cine. No se trataba de imágenes en movimiento (que ya perseguíamos desde los tiempos de las cavernas), ni de imágenes proyectadas en una caja o para un público selecto, sino de imágenes reales capturadas y proyectadas en un espacio público mediante el pago de una tarifa.
Como buen hijo del siglo XIX, el cine terminó por ser definido como un producto comerciable. Y, desde entonces, la ilusión de un cine desapegado de las leyes del mercado parece una romantización irrealizable. Todo cine, de una forma u otra, se vende. Y lo más importante aquí es notar cómo, en realidad, el aspecto material de la invención del cine está atravesado por las investigaciones de muchos personajes que antecedieron a los Lumière y la oportunidad económica que tuvieron los hermanos para llevar a cabo el sueño de tantos otros. Como bien explica Luis Alonso García:
“La historia de la invención debería dejar de ser la hagiografía de sus puntos señeros y luminosos -el sueño de una noche de invierno en el que Louis Lumière inventa el cine (“Mon frére, en une nuit, avait inventé le cinématographe”)- para transformarse en el recorrido por una serie de tentativas, fracasos, hallazgos… penumbras y oscuridades. Lo que aportaron los Lumiére en sentido tecnológico se puede reducir por tanto a una simple combinación de oportunidad técnica (mediante un trabajo de investigación documental por toda Europa) y de disponibilidad económica e industrial (poseen el dinero suficiente para hacer que sus diseños mecánicos se ejecuten correctamente y la infraestructura necesaria para realizar un proyecto larvado durante casi un año antes de su explosión).”
A diferencia de los experimentos de Edison con el movimiento o, más aún, de Marey y Muybridge, los Lumière entendieron que más allá de la técnica, su invención servía para reproducir la estética de la fotografía.
Edison, Marey y Muybridge intentaron capturar el movimiento en un estudio, con un fondo negro, para una visión mucho más analítica, taxonómica, científica de las imágenes. Los Lumière, en cambio, salieron a la calle, se escondieron en un pequeño cuarto y, tras las persianas, capturaron algo de un modo imprevisto.
Hay algo inasible y absolutamente diferente en este acto: no es un momento montado, experimental, sino un trozo de realidad que aparece, reproducido. Por eso la gente corría frente a la proyección de un tren, por eso Gorki sentía que la manguera lo salpicaba. Marey y Muybridge pensaron en el Hombre de Vitruvio de Miguel Ángel mientras los hermanos Lumière traducían el daguerrotipo: los primeros fueron científicos, los segundos, fotógrafos.
Así, el nacimiento del cine está ligado a dos cuestiones esenciales: el realismo fotográfico y el intercambio monetario. Entre esos dos polos se construyó un imperio cambiante; un imperio que Meliès iba a sacar de su zona de confort para olvidarse de la reproducción fotográfica de la realidad y empezar a pensar ficciones; un imperio que Griffith, con el desarrollo del lenguaje cinematográfico, iba a cimentar como arte único. Y sin embargo, en ese lejano siglo XIX, mediante un cobro y la reproducción fotográfica de la realidad, los Lumière inventaron todas las intuiciones del cine.
Tal vez no existía el montaje, pero todos sus encuadres estaban pensados y tenían una intención; tal vez no existían los paneos, ni los dollies, ni el traveling, pero ellos montaron por primera vez una cámara en un tren y un globo aerostático para filmar el movimiento del mundo; tal vez no existía la ficción audiovisual, pero ellos crearon los primeros cortometrajes cómicos entre sus familiares y actores espontáneos.
Como bien dijo Henri Langlois, lo interesante de la invención de los Lumière fue que no nos mostraron la historia, sino el espíritu de una época: “La vida no es nada más poner una cámara en la calle y ver pasar a la gente; la vida está en retratar un espíritu profundo, la filosofía de una era, los vestidos, las costumbres, los movimientos humanos”.
Entre los miles de fragmentos que filmaron los hermanos Lumière y sus operadores de cámara, percibimos la vida de la monarquía inglesa y a la gente que camina en Constantinopla; vemos un baile español en las calles de México y a una pequeña que acaricia a un gato; a los niños pasear en los Campos Elíseos de París sin sospechar que crecerán para morir en las trincheras de Verdún; imágenes de Bakou, de Cairo, de Jerusalem, de Tokio, Sevilla y Saigon; vemos las escaleras rojas del Kremlin en Moscú y a marinos disparando en lo que hoy sería Croacia; al presidente William McKinley Jr., cuatro años antes de ser asesinado, hablando a las masas congregadas frente al capitolio de Washington; el cortejo para el matrimonio del príncipe de Nápoles en Roma y a un muezzin rezando en Argelia. Todas estas imágenes son el precioso compendio de un cambio de siglo. Más que un pedazo de historia inmediatamente accesible, se trata de la vida misma del mundo, en un momento, que nos alcanza.
Estas escenas espectaculares están intercaladas con momentos íntimos, familiares, callejeros y cotidianos. Todos los grandes movimientos históricos se mezclan, por ejemplo, con la observación minuciosa y maravillada de una pecera atravesada por la luz. Porque, finalmente, eso fue lo que nos regalaron los Lumière con el invento que materializó su apellido: la posibilidad única y obsesiva, hermosa y constructiva, de atrapar la vida a través de la luz.
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Las reflexiones de este artículo deben mucho a las siguientes fuentes:
Bazin, André, Qu’est-ce que le Cinéma, Éditions du Cerf, France, 1976.
García, Luis Alonso, El caso Lumière: invención y definición del cine: entre el Affaire y la captura. Banda Aparte #11, Mayo, España, 1998.
Kracauer, Siegfried, Teoría del Cine, La Redención de la Realidad Física, Paidós, España, 1996.
Cada noche es lo mismo.
Al silencio previo a conciliar el sueño
lo interrumpe el zumbido de un mosquito.
Escuchamos su vuelo
ovillarse en la noche del cuarto
y esperamos que alguno de los dos
decida levantarse
para encender la luz.
A nuestros pies los gatos
sueñan que matan aves
de un zarpazo.
Buscamos el trayecto minúsculo
con la raqueta en mano,
y el aire de la habitación
se va rasgando
por la tormenta eléctrica de pilas doble A.
Antes de eso la ansiedad era muerta
a manotazos.
Siempre vuelve ese ruido.
Después de fumigar o de llegar a acuerdos,
el mosco logra entrar en nuestra calma
y nos susurra algo que no logro entender,
pero incomoda.
Al lado de la cama
donde los dos ponemos
lo que no es necesario para el sueño,
dejamos a la costumbre
establecer su imperio;
aceptamos cohabitar
en silencio este espacio.
La culpa nos espera en el buró
sin saber que dejamos historias
de las que el miedo comió profusamente.
¿Qué nos pesa
cuando dejamos al cuerpo
caer sobre el colchón tan caro
del arrepentimiento?
Hubo una soledad para nosotros
donde no cupo nada,
compartir lo que nadie
dijo que podía fragmentarse,
el pan y sus migajas
cuando el tacto
no logró cobijarnos.
Dos cuerpos que reposan
en plena oscuridad
y sin tocarse
deben tener más cosas que decirse.
GPS
más cerca que yo mismo.
Juan Bañuelos
Hubo trescientos metros de distancia
que redujimos a centímetros,
y los centímetros
los hicimos desaparecer
entre tu carne.
Hay distancias gozosas
para la comunión
con un desconocido.
Los doce mil kilómetros que ahora
nos separan no
los ocupa el mar
ni accidentes geográficos.
Hay hábitos que nos regresan
al lugar del que huimos:
una esposa, dos hijos, tres
nostalgias en fila india
podrían darle a la tierra
cinco vueltas.
¿Qué tan cerca estuvimos de dormir
sin que nos despertara
el ruido de un avión con sus motores?
Vuelo hacia la realidad,
aunque ciertas distancias me sean irrefutables:
los kilómetros que hay
entre nosotros
y con nosotros mismos.
Hoy estará nublado
en una ciudad en la que ya no vivo.
Mi teléfono calcula un sesenta por ciento
de probabilidad de lluvia Detalles
atmosféricos, temperatura, viento
y algo de granizo.
La aplicación del clima
me sugiere no olvidar
el paraguas y salir abrigado,
pero hoy como ayer, como todos
los días de los últimos meses,
este cielo está ileso y nada
lo interrumpe, y el sol cae
y rebota como en su propia playa.
Me asombra la soberbia tecnológica
de mi teléfono. Las notificaciones
que llegan tan exactas,
su nula propensión hacia la incertidumbre.
Yo sé que evitarás
las avenidas por las que caminamos,
el tránsito se intensifica
en algunas arterias Intuyo
ese trayecto alterno
para caer puntual
al capítulo que ya no
estaré viendo Tu realidad
y la mía que no se corresponden.
Mi teléfono miente o está desubicado.
Nuestros satélites triangulan datos
para dar ubicaciones exactas de las cosas.
Es una operación que no alcanzo a entender,
pero me alegra que ahora esté perdido.
Que no sepa si estoy aquí o allá,
o dónde dejé olvidado
el afecto Pero esa confusión
en la memoria
geográfica
nos hace más humanos,
falibles,
menos listos.
No se sabe a ciencia cierta quién fue el descubridor verdadero de la isla. Algunos aseguran que Américo Vespucio y otros que Alonso de Ojeda. Lo cierto es que Alonso de Ojeda lideró expediciones alrededor de la costa de Venezuela y Vespucio estaba bajo su mando. Parece, sin embargo, que en algún momento del viaje se separaron y cada uno tomó un rumbo diferente.
El historiador holandés Johannes Hartog se queja de que, a pesar de que los documentos españoles le dan crédito por el descubrimiento a Ojeda, no hay pruebas que cumplan satisfactoriamente los estándares de la investigación académica contemporánea y que puedan probar el hecho. Se desconoce por cuánto tiempo en realidad navegó Ojeda bordeando la costa de Venezuela; el historiador holandés concluye que, aunque pudo haber visto la isla, “no se le puede llamar su descubridor, porque el descubrimiento es un proceso que implica que, al menos, se exploró el territorio”. A lo que añade una nota más personal acerca del “descubrimiento” que, para él, no existe si no se documenta: “si Ojeda desembarcó en la isla, es quien la descubrió, pero no tenemos manera de saber esto. Una persona que no ha dejado para la posteridad ninguna documentación acerca del territorio que se supone que descubrió, no puede ser llamado un verdadero descubridor e, incluso, si no hay prueba de que haya visitado y atravesado el territorio en cuestión, tiene incluso menos derecho de reclamar el título.” De acuerdo con el historiador, para ser llamado “descubridor” de forma casi legal, es necesario que se documente con rigor el trayecto o que haya un recuento más o menos fidedigno de lo que se observó.
Para el historiador francés François Hartog, que escribe sobre descubrimientos y viajes en la Antigüedad, la figura del viajero y el viaje mismo son operadores discursivos y recursos narrativos a través de los cuales se define la identidad. El viaje prototípico dentro de este esquema es el de Ulises y su regreso a Ítaca luego de su travesía fantástica llena de tribulaciones. Al final, tras ser reconocido por su cicatriz, Ulises recobra la identidad que perdió a lo largo de su periplo, en el que se había convertido en “nadie”. Recupera la certeza de su “yo” al encallar las naves en el puerto que es, también, el espacio perdido de su origen. La identidad se puede definir como llegar al punto de origen, atracar en la isla en la que se deja de ser mendigo para ocupar el lugar que a uno le corresponde en una estructura social, histórica y económica.
Por eso para François Hartog los libros de Heródoto, el primer historiador viajero, buscan impedir que se borren de la memoria los hechos y hazañas de los hombres, tanto bárbaros como griegos. De esta manera el tropo del viaje se transforma en un recurso histórico-literario por medio del cual es posible comprender y teorizar el mundo, trazar los mapas del conocimiento y lo explorado. O, quizás, explorar el conocimiento a través de los mapas que traza la experiencia.
Johannes Hartog tiene una visión que no por ser más tradicional que la de François es menos interesante: el descubrimiento implica no solo ver, sino también explorar. Pero, y he aquí la clave, no hay un descubrimiento verdadero si no hay un documento que avale o compruebe que hubo una exploración. Si el testigo no da fe de su hallazgo, no existe tal hecho. Incluso una mención más o menos incidental o libre bastaría para que el Hartog holandés estuviera tranquilo y le adjudicara el descubrimiento a Ojeda. Sin embargo sin evidencia no hay descubrimiento.
Es decir: si no se cuenta con un acta de nacimiento que determine el origen, no hay identidad, porque el hecho no puede ser probado y sometido al juicio de la historia. El descubrimiento, por eso, se consolida en un nombre, el nombre en un acta de nacimiento, el nombre que le da el descubridor al territorio que exploró y documentó. Se trata de reclamar el título y no meramente de ser “el primero”, el “descubridor verdadero”. En este sentido, Johannes es un historiador que busca esclarecer, con ciencia (histórica) y legalidad, alguna certeza de lo que es imposible determinar.
En todo caso, hay “evidencia” de que Américo Vespucio estuvo en la isla el 6 o 7 de septiembre de 1499 y de que, como al historiador holandés le gusta, sí documentó su visita. Entre sus varias aventuras, Vespucio describe, en una de sus cartas, sus peripecias en Curaçao de la siguiente heroica manera: “después de sanados volvimos a nuestra navegación y por esa misma costa nos sucedió muchas veces combatir con una infinidad de gente y siempre conseguimos victorias contra ellos. Y navegando así llegamos a una isla, que se halla distante de la tierra firme 15 leguas, y como al llegar no vimos gente y pareciéndonos la isla de buena disposición, acordamos ir a explorarla […] y hallamos una población obra de 12 casas, en donde no encontramos más que siete mujeres de tan gran estatura que no había ninguna de ellas que no fuese más alta que yo un palmo y medio; y como nos vieron, tuvieron gran miedo de nosotros […] y nosotros, viendo a mujeres tan grandes, convinimos en raptar dos de ellas, que eran jóvenes de quince años, para hacer un regalo a estos Reyes, pues sin duda eran criaturas que excedían la estatura de los hombres comunes: y mientras estábamos en esto, llegaron 36 hombres y entraron en la casa donde nos encontrábamos bebiendo y eran de estatura tan elevada que cada uno de ellos era de rodillas más alto que yo de pie. En conclusión eran de estatura de gigantes, según el tamaño y proporción del cuerpo, que correspondía con su altura; que cada una de las mujeres parecía una Pentesilea, y los hombres Anteos”. Por un lado, está la precisión geográfica y numérica del explorador y, por otra, la imaginación literaria y mítica en términos de las cuales concebía sus descubrimientos y viajes. Como protagonistas de una gesta heroica, Vespucio y sus hombres salen victoriosos de todas sus batallas e incursiones. Y, para describir la tierra incógnita a la que llegaron en su circunnavegación, Vespucio se vale de la tradición literaria de la época. Las mujeres y hombres son Pentesileas y Anteos, figuras míticas, amazonas y gigantes que habitan en islas remotas y de ensueño. De muchas maneras, se puede pensar que Vespucio es una especie de geógrafo en el sentido griego, como el que define François Hartog: sabe describir el espacio geográfico y a los actores principales en la trama de los acontecimientos y sabe nombrar cada sitio. Vespucio es un geógrafo que traza, dibuja o delinea la tierra a través de un recorrido o inventario que se circunscribe en la literatura de los periplos y los primeros mapas. Junto con las mediciones, la ubicación de lugares y la invención de nombres, se aprecia un vínculo experiencial en el que hay un tiempo de trayecto y de aventuras.
Quizás no es coincidencia que se haya nombrado América al continente: la geografía de Vespucio precisó y documentó no solo con medidas y números sus observaciones y descubrimientos, sino también su experiencia, filtrada a través de imágenes literarias que le dieron vida a sus relatos. Y solo así, con la imaginación anecdótica del descubridor, se nombran los territorios.
A la isla, tanto Ojeda como Vespucio, la llamaron Isla de los Gigantes.
En 1513, el virrey de La Española, Diego Colón, declaró que Aruba, Bonaire y Curaçao eran “islas inútiles”.
La isla de La Española, el primer centro de dominio español tras el descubrimiento, padeció desde el inicio una crisis económica, pues el oro y la plata del pequeño territorio no era suficiente para sostener el caudal necesario para la colonización. Otros espacios del Caribe comenzaron a explorarse, pero estas tierras resultaron ser improductivas y estériles.
Colón las llamó “islas inútiles” porque no tenían oro ni recursos como Puerto Rico, Jamaica o Cuba. Al proclamarlas “inútiles”, los españoles se granjearon el derecho de esclavizar a sus poquísimos habitantes, que eran en apariencia el único recurso que se podía explotar en esos territorios. Tras la resolución de Colón, Curaçao y el resto de las Antillas se volvieron tierras legales para la caza de esclavos indígenas. La mayoría de ellos fueron llevados a trabajar a La Española en las minas de plata. Ahí, en un Caribe más productivo, acabaron sus días.
Después de 1625, la inutilidad de las islas atrajo a otras naciones con ímpetu colonial, como Francia, Holanda, Dinamarca y el ducado de Curlandia, que no pensaban descuidar los territorios presuntamente yermos. A diferencia de los españoles, estas naciones suponían que la riqueza de un territorio no radicaba ni en sus recursos ni en su población, sino en su localización estratégica y en las posibilidades que brindaba el vacío.
Los holandeses, en su propio continente, son conocidos por robarle terreno al mar de manera sistemática: vuelven parte del reino el espacio menos habitable. A partir del siglo XII, se empezaron a construir los llamados “pólderes”, pedazos de tierra ganados al mar. La técnica consiste en aislar por medio de diques un espacio cubierto por el agua que luego se drena mediante una red de canales y la fuerza de molinos de viento. El resultado es un suelo muy fértil que se puede aprovechar. Una cuarta parte de lo que hoy es Holanda son parcelas en pólderes: la conquista y colonización más contundente. De la misma manera, en sus ambiciones de ultramar, los Países Bajos le robaron las inútiles islas a España para aprovechar así los espacios descuidados y casi inexistentes del Caribe.
La inútil Curaçao fue conquistada por los holandeses, “representados” por la Compañía de las Indias Occidentales, en tan solo seis días. En julio de 1634 los holandeses anotaron que había: treinta y dos españoles (diez hombres y el resto mujeres y niños), cuatrocientos veinte indígenas (ciento cinco hombres) y un sacerdote. No se anotó que habitara algún gigante.
Hay territorios que son lotes baldíos; territorios que se rehúsan a ser partícipes de los circuitos comerciales, de los sistemas de producción. La etiqueta de la inutilidad implica al menos dos cosas: el permiso de vaciar el territorio, de invalidarlo, y la suspensión de la producción de sentido, la exclusión de la estructura lingüística.
Lo que se retira violentamente de Curaçao es la fuerza productiva, el trabajo, los trabajadores: para que sea verdaderamente inútil e improductiva, es necesario expropiar el potencial de trabajo. Al cazar y trasladar a los indígenas caquetíos a islas “más productivas”, los españoles querían usar el mínimo potencial del territorio inútil: sus trabajadores vueltos esclavos. Una vez hecho esto, la isla se torna en verdad inútil, un mero territorio inhabitable.
Precisamente por su inutilidad es que Curaçao ha sido el centro de todas las figuras liminales o excluidas de los sistemas discursivos de la economía política de la modernidad: los delincuentes, los corsarios, los piratas, los locos, los judíos expulsados, los pobres, los esclavos, los conspiradores, los mendigos, los refugiados, los traficantes y los contrabandistas. E incluso los gigantes, excluidos por desmesurados, por rebasar el estándar métrico y por exceder la imaginación histórica, desbordándola hacia la literatura.
En Curaçao habitan anécdotas expulsadas de la historia y la economía moderna. No tienen uso, no tienen cabida. Se trata de fantasmas que siempre están fuera del dominio del discurso del capital y, a causa de eso, se resguardan en la isla inútil.
En la isla inútil se puede proyectar tanto la prisión como la utopía, lienzo en blanco. Por eso en ese espacio inútil se refugiaron tantos desterrados. En su refugio invisible, en su invisibilidad son, sin embargo, la “mano invisible” del mercado.
La Corona española le otorgó al conquistador Juan de Ampiés el “perpetuo gobierno” de las islas de Curaçao, Aruba y Bonaire. Al casarse con la hija del gobernador, Lázaro Bejarano heredó ese derecho y facultad. Por treinta y cinco años el tercer gobernador de las islas ejerció su cargo la mayor parte del tiempo desde España o desde La Española.
Bejarano era un poeta satírico que había tenido problemas con la Inquisición a causa de sus escritos panfletarios. Antes y durante su mandato en Curaçao fue condenado por herejía, junto con su amigo el fraile mercedario Diego Ramírez, por denunciar “la teología eclesiástica, haciendo burla de ella y de sus doctores”, por afirmar que las prácticas de la iglesia eran con frecuencia supersticiosas y vanas y por pertenecer a un grupo de “alborotados, indisciplinados e ideológicamente peligrosos”. Otra de las acusaciones que le hicieron fue que, a pesar de haber estado tres años en la isla de Curaçao, “no oyó misa ni se confesó ni él ni su mujer ni los habitantes del lugar”. A lo que respondió que deseaba establecer buenos cimientos cristianos, pero no siempre tenía disponible a alguien que pudiera administrar los sacramentos, por lo que a veces, en vez de celebrar una misa, le encargaba a los legos que adoctrinaran a la población.
Juan de Castellanos defiende a su amigo Bejarano; dice de la siguiente manera en sus Elegías de varones ilustres de Indias (1589):
Por Juan de Ampiés, después por Bejarano se les daban cristianos documentos, y cada cual con celo de cristiano deseaba poner buenos cimientos; mas no siempre tenían a la mano quien les administrase sacramentos; mas este si faltaba se suplía con algún lego que los instruía… Lázaro Bejarano, que ya digo que como sucesor y como yerno fue destos dichos indios gran abrigo. Su musa digna fue de nombre eterno, lo cual no lo digo por le ser amigo, sino porque sus gracias y sus sales no sé yo si podrán hallar iguales.
Para acallar los rumores y tras localizar una cantera de piedra caliza, en 1542 Bejarano construyó la primera iglesia de cal y ladrillo de la costa sudamericana en Curaçao. Por supuesto, a quien invitó a que fuera obispo de la pequeña isla fue a su amigo, condenado también por la Inquisición, Diego Ramírez. En Curaçao, espacio que Bejarano ni siquiera habitó de forma permanente, el gobierno es una mera casilla para mover peones y erigir iglesias como fachadas. Esto empeoró sus conflictos con el obispo de Venezuela, otro de los factores que dañaron a Bejarano en el juicio inquisitorial.
Desde los espacios de burla, de denuncia, de superstición, de alboroto y de indisciplina se vuelve legible lo absurdo de la heterodoxia. Se es “ideológicamente peligroso” cuando se está fuera de toda jurisdicción y lejos de la visión panóptica del monoteísmo y la monarquía. Esa es la ventaja poética: habitar un espacio vacío, desde la escritura, para volver legibles las prácticas de los centros ideológicos. La poesía como un peligro, como la máxima herejía.
Este año, la Redacción de Tierra Adentro está ansiosa por comer bacalao, pavo y ensalada de manzana rodeada de sus seres queridos. Por eso, cada editor ha ayudado a crear esta playlist navideña que elevará a sus oyentes a estados festivos nunca antes experimentados. Prometemos que al escucharla se sentirán en lo más profundo del Polo junto con Santa y el Niñito Dios. Desde el clásico All I want for Christmas is you, hasta el Burrito sabanero, nuestra playlist tiene algo para cada oído, son nuestras canciones favoritas de navidad desde nuestros corazones para los suyos.
Esperamos que todos nuestros lectores pasen unas muy felices fiestas rodeados de sus seres amados, mucho ponche, cena y recalentado.
Creemos que las noticias deberían ser objetivas e imparciales, o que más allá de informarnos sobre lo que acontece a nuestro alrededor, la redacción de titulares, los datos que se deciden publicar y los que se omiten, no afectan nuestra realidad. La verdad es que la forma en la que entendemos el mundo afecta nuestras decisiones y las del resto de la sociedad.
Mientras vivamos en una sociedad que nos repite una y otra vez que las mujeres mentimos, que no desaparecemos sino que nos vamos de casa por gusto, que somos asesinadas porque no sabemos escoger a nuestras parejas o que somos acosadas por nuestros profesores porque no sabemos poner límites, seguiremos sin exigir políticas públicas, sin pedir que los ministerios públicos actúen de forma rápida y responsable; seguiremos viendo con apatía cómo aumentan los números de mujeres desaparecidas y de feminicidios; pensando que tal vez ellas hicieron algo para merecerlo, mientras sus abusadores y feminicidas continúan viviendo sus vidas en total impunidad.
Los medios son en parte responsables de la forma en que la sociedad percibe la realidad y es urgente que entiendan su papel y comiencen a hacer algo al respecto.
Por eso llamo a esto “el recuento de los daños”. Porque no son simples titulares mal escritos, son ideas que dañan a la sociedad y nos dañan a cada uno de nosotros.
¿Perspectiva de qué?
Solemos pensar que hacer periodismo con perspectiva de género significa priorizar a las mujeres, en realidad no es más que hacer un esfuerzo por ser neutrales, objetivos y hablar de la mitad de la población como si fueran seres humanos.
Durante el 2019, los medios no fueron neutrales, fueron machistas. Se siguieron refiriendo a las mujeres como objetos, como seres poco inteligentes, inmorales e inferiores a los hombres.
Aún los medios más serios del país siguieron enfocándose en publicar futilidades de mujeres mientras evitaban entrevistar en paridad a expertas en política, arte o tecnología; siguieron ignorando los feminicidios como problema social y continuaron dando horario estelar a la idea de la mujer mentirosa que desaparece por irse de fiesta, a la mujer que “muere” por tomar malas decisiones, a las “vándalas” que osan manifestarse en contra de la violencia que el gobierno continúa ignorando o ejerciendo, y sin prestar mucha atención a las miles mujeres que aún siguen sin regresar a casa o que han regresado dentro de un féretro.
Esta es una selección de los titulares, en orden cronológico y temático, que visibilizan el machismo mediático que invade nuestro país.
Dando voz a los feminicidas y agresores
Durante el 2019, continuamos leyendo las historias de violencia machista desde el punto de vista de los agresores y dando espacio a testimonios de feminicidas que logran que veamos los asesinatos no como la culminación de una serie de violencias o un problema social; sino como accidentes, como crímenes pasionales, locuras de amor o simples errores.
Los feminicidios no son accidentes; son crímenes de odio premeditados por personas que llevaban meses, años o hasta décadas ejerciendo distintos tipos de violencia.
[16 de enero] Cuando un hombre violó a una mujer en Mérida, Reporteros Hoy publicó “Se pasa de copas y viola a su compañera en Santa Rosa”
Titular de “Reporteros Hoy”
[15 de febrero] La madrugada del 14 de febrero, un hombre asesinó a su esposa y después quemó el departamento con el cuerpo de la mujer adentro. Inicialmente, Noticieros Televisa publicó el titular “Por infiel mata y le prende fuego a su esposa en CDMX”.
[20 de febrero] Cuando un hombre salió del reclusorio después de haber cumplido una condena por homicidio y asesinó de dos balazos en la cabeza y uno en el abdomen a Vanesa, una joven dos décadas menor que él con quien había salido siete años antes, El Universal inyectó un poco de romance exculpatorio a su nota y publicó: “Sale de prisión y mata a su exnovia por decepción amorosa en Tlalpan”.
[21 de marzo] Cuando un hombre de 21 años interceptó a su vecina de 13 años, la jaló a unas casas en construcción y la violó, el portal El Grillo, de Yucatán, publicó que “Con tan solo 21 años de edad, Tomás H. H, prácticamente echó a perder su vida, luego de ser detenido por violar a su vecinita de apenas 13 años”.
[9 de abril] Cuando Dana Lizeth fue acuchillada por su novio y tirada entre los matorrales de un parque público, el periódico digital Tiempo usó el titular “Dana comenzó agresión por boleto del Tecate Supremo, dice David”, explicando que el feminicida casualmente traía una navaja que usó para defenderse y “no se dió cuenta” dónde hirió a la víctima. Al parecer tampoco se dio cuenta que dejó su cuerpo tirado y desangrándose, ni que la dejó incomunicada al robarse su celular.
[28 de abril] Cuando Sheila Marieli fue asesinada a golpes por su esposo, quien después de matarla se llevó a sus dos hijas, el periódico La Prensa publicó una foto del cuerpo de la víctima acompañado del titular “Joven enloquece y le quita la vida a su novia de 22 años en Neza”.
[6 de mayo] Shaila Marielly, de 22 años, fue asesinada a golpes por su esposo en Estado de México, y el periódico Vanguardia usó el titular “Mató a golpes a su esposa, le encontró mensajes ‘sospechosos’ en el Whatsapp”. En el texto usan la frase “comenzó a golpearla hasta que perdió la vida”, (no la perdió, su esposo se la arrancó) y como nota final agregaron que el hombre había estado recluido en el penal Neza-Bordo, en el Reclusorio Oriente y en el Reclusorio Norte, y que también se le investiga por otros tres homicidios. Pero fueron los celos.
[29 de mayo] Cuando el exdirector de Seguridad Pública de un municipio en Guanajuato fue detenido por ir a exceso de velocidad y los agentes encontraron armas, una de ellas ilegal, y a dos mujeres “maniatadas y amarradas de los pies con cinta industrial color negra”, a quienes iba amenazando con “matar y cortar en pedacitos”, Zona Franca publicó “Ruptura sentimental habría llevado a exdirector de policía a ‘secuestrar’ a dos mujeres.”
[30 de julio] Cuando Miguel Ángel pateó a su esposa América hasta dejarla inconsciente y huir, fue vinculado por feminicidio en grado de tentativa, Periódico Zócalo publicó “América no le concederá el perdón al padre de su hija”. Sí, porque la “malvada mujer” no perdonó a quien la había golpeado hasta casi matarla. Resulta interesante que el mismo diario suela criticar a las mujeres que han perdonado a sus abusadores y las señale como responsables de la violencia que reciben.
[10 de septiembre] Después de que Sergio Armando Mitre, beisbolista de los Saraperos de Saltillo, golpeó brutalmente a su pareja “dejándola con huesos rotos y el rostro desfigurado” y la trató de estrangular, se le vinculó a proceso por violencia familiar. El abusador intentó pagar 400 mil pesos como reparación del daño para que se concluyera la causa penal en su contra y salir libre, pero la juez le comentó que así no funcionaban las cosas. ¿El titular que escribió Periódico Zócalo? “Víctima hunde a sarapero: rechaza acuerdo”.
[30 de septiembre] Cuando Giovanni asesinó a tres personas, El Universal escribió: “Giovanni nunca pudo soportar el desamor de Karen Daniela y, en venganza, desató una ola de ejecuciones”.
Pero no fue ira. Para poderla asesinar, el feminicida le pidió al hijo de Raquel, un adolescente de 12 años, que esperara afuera, mintiéndole sobre un juego, y cuando este entró a ver qué pasaba, lo encerró en un baño. Fue un ataque premeditado de un hombre que los hijos de Raquel describieron como machista, celoso, peleonero y grosero.
[1 de diciembre] Grupo Reforma publicó íntegra la carta del presunto autor intelectual del feminicidio de Abril Pérez en la que describe como “llegamos a los golpes y nos causamos daño“ el haberla golpeado en la cabeza con un bate mientras dormía, haber intentado degollarla con un bisturí y haberla asfixiado al punto de casi matarla, cosa que no logró gracias a la intervención de su hijo adolescente. La carta publicada no tenía aclaraciones al respecto.
[12 de diciembre] Terminamos el año leyendo el caso de la profesora del Ballet Folclórico de la UAEM Sonia Pérez, quien tenía una orden de restricción en contra de su expareja por violencia de género. Y aunque él ya la había agredido dentro de las instalaciones de la universidad, continuaba trabajando en el mismo lugar.
Así, la universidad inadvertidamente la estaba forzando a convivir con su agresor para mantener su trabajo. Pero mientras la publicación del caso y el análisis de la violencia en un ambiente laboral podría servir a la sociedad para examinar ese tipo de problemas y hacer cambios para evitar que algo así volviera a suceder, los diarios se enfocaron en lo que sintió el asesino cuando la vio bailando con “otro”.
[27 de abril] En un caso no violento, pero de invisibilización de las mujeres como estudiantes y profesionales exitosas, cuando cuatro estudiantes de la Universidad Autónoma de Campeche ganaron un premio de tecnología, la televisión local Tves Escárcega publicó una foto con los cuatro, pero solo escribió los nombres de los tres hombres y mencionó que eran tres jóvenes, ignorando a Marisol Escamilla, la estudiante cuyo nombre aparecía claramente en la publicación de la que copiaron la información y en la fotografía.
[1 de mayo] Cuando un hombre en Nuevo León atacó con una granada de gas el lugar en el que creía que se encontraba su expareja, a quien había intentado estrangular anteriormente, revista Proceso publicó el titular “Hombre ataca con una bomba de gas la casa de su exsuegra”. Rosa Patricia, de 62 años y madre de su expareja, estaba adentro y tuvo que salir corriendo, pero el titular se refiere a que una casa fue atacada, sin mencionar que la intención era atacar a la mujer.
[22 de mayo] Cuando cuatro profesores de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez violaron a una colega, La Polaka publicó “Orgía de Médicos en ICB” y dos días después, ElDiario de Juárez usó el titular “El ‘inocente perreo’ con final trágico”. Ni fue una orgía ni fue inocente, fue una violación con saña, un ataque contra una mujer que no aparece en los titulares.
En 2019 las mujeres siguieron “apareciendo muertas”
Cuando una familia regresa a casa y la ve sin muebles, no exclama “¡Uy, desaparecieron los muebles!”. Aunque no sepan exactamente qué sucedió ni tengan pruebas de que alguien haya entrado a llevarse las cosas, dirán: “¡Nos robaron!”. Y todos estaremos de acuerdo. ¿Cómo puede ser que sí lo entendamos con objetos, más no con personas? ¿Cómo es que de repente olvidamos todo el sentido común para no entender que una mujer que ha sido apuñalada hasta la muerte fue asesinada y no “apareció” muerta?
[2 de enero] Un hombre de 26 años raptó a una niña para abusar sexualmente de ella y la estranguló hasta matarla, pero Excelsior publicó: “Solo unos instantes de descuido y Camila de 9 años perdió la vida”.
[7 de marzo] Cuando encontraron al feminicida fugitivo de Campira, Excelsior publicó el titular “No le importaron las apariencias, se enamoró y terminó muerta”. El artículo comienza explicando que el entonces novio de la víctima aparentaba llevar una vida normal, era chef en un restaurante y se ganaba la confianza de sus víctimas; pero termina diciendo que debido a que a Campira no le importaron las apariencias (el hombre tenía tatuajes, al igual que casi 12 millones de mexicanos y que algunos de los chefs más famosos del mundo), sus dos hijos quedaron en orfandad.
[26 de abril] La Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco publicó en Twitter que había iniciado una queja de oficio “tras los hechos violentos ocurridos este jueves, en los que una mujer perdió la vida a manos de su pareja sentimental”, refiriéndose al feminicidio de Vanesa Gaitán, de 25 años, quien después de haber denunciado a su marido por violencia y tener órdenes de protección contra él, llegó a pedir ayuda a la residencia oficial del gobernador, pero su esposo la embistió con su vehículo y después bajó a asesinarla con un cuchillo.
[19 de agosto] Cuando encontraron el cuerpo semidesnudo y con signos de violencia y huellas de ataque sexual de María Eugenia de 19 años en un camino de terracería en Zicatela, Puerto Escondido, Oaxaca, un portal local publicó: “Muere jovencita en Zicatela”.
[6 de mayo] Fanny Amarillas fue atacada por su expareja sentimental, quien fue a su lugar de trabajo y le roció gasolina para después prenderle fuego. Los médicos intentaron salvarla, pero murió en el hospital a consecuencia del ataque. De acuerdo al diario Radiza, de Chihuahua “Falleció mujer rociada con gasolina”.
[20 de mayo] Cuando miles de corredores aprovecharon una carrera para exigir justicia por los feminicidios de Ana Munguía y Luz Nallely en Puebla, La Jornada de Oriente escribió al respecto usando el titular “Siguen las muertas”.
Ellas hicieron algo incorrecto
[11 de julio] Daniela Ramírez fue raptada y no se supo más de ella hasta un mes después, cuando se encontraron sus restos óseos en una zona de difícil acceso, pero RT en Español publicó: “…Tomar un taxi incorrecto le costó la vida a una joven en México…”. Aunque ella no tomó un taxi “incorrecto”, tomó un taxi común como cualquiera de nosotros tomamos taxis todos los días. El problema no fue su elección, fue la persona que la raptó y quien o quienes la asesinaron.
[4 de agosto] Cuando Dulce fue estrangulada por su esposo, quien como muchos otros feminicidas la controlaba al punto de escribir o editar sus publicaciones en Facebook, Radio Fórmula publicó “…Presumía su gran amor en FB pero su esposo la estranguló”.
[26 de agosto] Cuando el exnovio de Gabriela confesó haberla asesinado y desmembrado, Zócalo publicó “Pese a golpizas, Gabriela volvió con su asesino”. Culpandola de su propio asesinato.
[7 de diciembre] Cuando Jonathan estranguló a Ana Daniela hasta matarla, Periódico AM León publicó la nota “Ana Daniela conoció a su asesino por Tinder”, aunque la forma en que se conocieron era irrelevante cuando habían salido durante 7 meses.
Tal vez no eran tan santas. Y probablemente no eran tan guapas.
Este año no faltaron los artículos en los que se criticaba la vida de las mujeres asesinadas. Ningún titular lo decía abiertamente, pero las personas que comentaban lo entendían a la perfección: tal vez las asesinaron, pero probablemente lo merecían. A parte eran mentirosas, porque en sus fotos se veían más guapas que en la vida real.
[21 de abril] Cuando sicarios en Veracruz asesinaron a trece personas, incluyendo a Santiago, quien acababa de cumplir un año, Sin Embargo publicó que “Los sicarios iban por ‘Becly Ryn’, una muy famosa transgénero de Minatitlán”. En el segundo párrafo se referían a ella en masculino y en el resto del texto escribieron suposiciones y versiones sin respaldo de razones por la que pudieron haber querido asesinarla. (“Amigos cercanos contaron… Aunque medios locales han señalado versiones…”, “Otra versión apunta…, incluso señalan…”).
[8 de mayo] Un mes después del asesinato de Myrna, de 19 años, cuyo cuerpo encontraron “tirado sobre una calle sin pavimentar, semidesnudo y con una prenda íntima enredada en el cuello que presuntamente se utilizó para matarla”, el periódico digital Tiempo publicó: “Hallan alcohol en el cuerpo de Myrna tras examen toxicológico: FEM” ¿Cuál fue el propósito de ese titular?
[4 de agosto] Poco después de que presuntos integrantes de un grupo delictivo asesinaron a balazos a Araceli Jiménez, conocida como Keilanny Boo, 24 Horas. El Diario sin Límites, publicó “En redes sociales muestran a Keilanny Boo con sobrepeso, además señalan que su tono de piel es más oscuro y utilizaba filtros en apps para aclarar su color”. Un día después, Radio Fórmula publicó “La vida de lujos y excesos que presumía Keilanny Boo antes de ser ejecutada.”
[23 de agosto] Cuando Laura Cristina fue asesinada de un tiro en la cabeza, Radio Fórmula publicó una serie de fotos de la mujer y agregó el texto “Laura Cristina ofrecía sus servicios como escort a través de Twitter y compartía provocativas fotografías”.
[31 de agosto] Después de que Cheila Navarro sufriera un intento de asesinato en Guadalajara, Mural.com publicó un album con el título “Presume modelo venezolana vida de lujos”.
Desapariciones
Aunque los protocolos de búsqueda de personas hacen hincapié en la importancia de actuar lo más rápido posible para tener resultados efectivos, existe la idea de que si buscamos inmediatamente a alguien que resulta estar a salvo, solo habremos gastado recursos. Así, por el miedo a preocuparnos en vano, damos tiempo a quienes raptan o asesinan a mujeres, adolescentes y niñas de actuar y huir impunemente. Sí, por miedo a las mujeres mentirosas no se usan los recursos que existen para encontrar a las personas sanas y salvas en lugar esperar a encontrar sus cuerpos en algún camino.
[24 de octubre] Eso le sucedió a la familia de Jessica Jaramillo, la última víctima de Óscar, el feminicida apodado por los medios como el “monstruo de Toluca” (los monstruos no existen, Óscar es una persona que pudiendo haber sido detenida después de su primer feminicidio, siguió asesinando mujeres impunemente por la negligencia de las autoridades), a quienes la fiscalía les dijo que no se podía comenzar la investigación hasta que pasaran 24 horas. Los familiares sabían que Jessica estaba en la casa de quien llevaba meses acosándola y estaban seguros de que el feminicida la había llevado ahí en contra de su voluntad, pero la orden de cateo llegó seis días después, ya que Óscar la había asesinado y había tenido tiempo para salir de casa y huir.
A principios de año, ZonaDocs publicó un reportaje sobre el Protocolo Alba en el estado de Jalisco, señalando que de 3 mil 938 mujeres y niñas desaparecidas de abril del 2016 a diciembre del 2018, solamente se habían publicado 47 Cédulas Únicas de Difusión. Y aunque el 66% eran menores de edad, el protocolo solamente realizó ficha oficial de búsqueda para ocho menores. Así, el 99% de las niñas y mujeres desaparecidas en Jalisco no tuvo acceso a la ficha oficial de búsqueda que se debe realizar de acuerdo a la ley.
Basándonos en esos datos, tenemos a 3,891 mujeres en un solo estado del país, quienes no salieron en las noticias, de cuyos casos no nos enteramos. Muchas seguramente habrán regresado sanas y salvas a casa, pero muchas nunca regresarán. Y oficialmente nadie las buscará.
[4 de diciembre] En este contexto, en el que diariamente desaparecen 20 mujeres solo en CDMX y ni siquiera tienen una cédula única de difusión, vimos en horario estelar el caso de una mujer que le hizo creer a su mamá que estaba siendo secuestrada, los videos que la mostraban bailando en un bar y la entrevista en la que se disculpó. Durante horas y días las noticias nos recordaron que no vale la pena buscar a las personas en cuanto desaparecen porque tal vez están bien y es solo una confusión o peor, una mentira. Y así mientras veíamos una y otra vez ese caso en redes sociales, en programas mañaneros y en pláticas con amigos, compañeros y familiares, continuamos nuestras vidas sin enterarnos de todos los demás casos de desapariciones en los que no hay videos, entrevistas, nombres, fotos, ni noticias de última hora. Así, la mañana del 5 de diciembre, el periodista Ciro Gómez- Leyva tuiteó “#KarenEspíndola estaba en un bar, todo indica que no fue secuestrada por un taxista. #ImagenNoticias consiguió videos de las cámaras de seguridad del bar donde permaneció unas 10 horas, de ahí salió acompañada de un hombre”, y más tardeEl Financiero publicó “Karen Espíndola habría estado en un bar, no desaparecida, según videos”.
Estigmatización y morbo
En México se estigmatiza a las mujeres que han sido víctimas de un ataque sexual. Una mujer violada es vista como una mujer dañada. Y es por eso que cuando una mujer “aparece” después de haber sido raptada, exigimos nos cuente con lujo de detalles lo que sufrió, lo que le hicieron, y cómo se lo hicieron; y si no lo hace, asumimos que se fue por gusto y minimizamos lo que pudo haber sufrido. De una u otra forma, las volvemos a victimizar. Ya sea porque hablan y las cuestionamos, o porque deciden dejar ese abuso enterrado en el pasado e intentar regresar a su vida normal. Sí, las adolescentes y jóvenes abusadas tienen básicamente dos opciones: entretener nuestro morbo o ser juzgadas. Y como muchas familias optan por la tranquilidad del silencio, entonces seguimos creyendo que en México no pasa nada.
Las protestas
De acuerdo al Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en el año 2018 se registraron 861 carpetas por feminicidio en el país, y el mapa de Feminicidios de la geofísica María Salguero contabilizaba 3,607 casos registrados.
Los reportes de la Comisión Ejecutiva de Atención a las Víctimas mostraron que anualmente se denuncian alrededor de 600mil casos de abuso sexual y se estima que el 94% no se denuncian, por lo que las cifras reales serían extremadamente alarmantes.
Las mujeres mexicanas terminamos 2018 hartas de tanta violencia. No solo de la que vimos en la tele o en redes sociales. La violencia nos ha afectado a nosotras y a nuestros seres queridos. Tenemos historias propias, de nuestras hermanas, nuestras amigas, compañeras y alumnas. Y gracias a las valientes voces de tantas mujeres que se atrevieron a contar sus experiencias, también logramos reconocer todas esas violencias que habíamos vivido o habíamos presenciado y comenzamos el año dispuestas a hacer algo para pararlas. A la violencia también se agregó la de grupos que intentan quitarnos derechos sobre nuestros cuerpos y buscan forzarnos a continuar embarazos no deseados, incluyendo a niñas y adolescentes que han sido violadas y a mujeres adultas que han decidido que no desean tener más hijos.
En ese contexto, en el que hemos entendido que la vergüenza no la deberían de sentir las víctimas, sino los agresores, hemos salido a las calles a gritar y exigir a nuestras autoridades que hagan su trabajo y dejen de revictimizar, ignorar y de poner en peligro a las víctimas de violencia machista.
[8 de marzo] El Día Internacional de la Mujer, grupos en todo el mundo salimos a manifestarnos contra la violencia que vemos en nuestras casas, nuestras universidades, nuestros lugares de trabajo, nuestras calles y nuestras ciudades. Pero una vez más, los mismos medios que no consideran necesario publicar casos de feminicidio o dedicar recursos a analizar el contexto de estas violencias, se mostraron indignados al ver graffitis con frases como “Ni una más”, “Seguridad ya!”, “Nunca + la comodidad de nuestro silencio” o “Les jode ver paredes rayadas, pero no mujeres asesinadas” y publicaron titulares como “Mujeres embozadas realizan pintas en Reforma…” (El Heraldo de México), “Reprueba ciudadanía pintas feministas en el centro histórico de Zacatecas” (El Sol de Zacatecas).
[11 de marzo] Unos días después, Diario Cambio de Puebla publicó el titular “Feministas radicales vandalizan el centro, otra vez, durante marcha pro aborto”. El mismo texto describe que “Alrededor de dos mil personas marcharon para conmemorar el Día Internacional de la Mujer. Aunque demandaron equidad de género y justicia por feminicidios…” En el texto también se menciona que los graffitis eran frases como “Puebla Feminicida” y nombres de mujeres desaparecidas, pero la nota contenía citas de personas anónimas que repudiaban “el movimiento”.
[17 de agosto] “Vandalismo eclipsa la protesta por la violencia contra las mujeres” (Aristegui Noticias).
[25 de noviembre]
“Vándalas empañan marcha contra la violencia de género” (24 horas),
Los policías
De acuerdo a un informe de la Procuraduría de la CDMX, entre diciembre de 2018 y noviembre de 2019, 120 víctimas denunciaron violaciones, abusos y acosos sexuales de 132 uniformados (87% de ellos elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana), 95 del total estando en funciones. Solamente en el mes de agosto se abrieron 18 carpetas de investigación.
Ese es el contexto en el que, en agosto, una adolescente denunció haber sido violada por elementos de la SSC y las autoridades filtraron el caso y su información personal a los medios; también otra adolescente denunció haber sido violada por un agente de la Policía Bancaria e Industrial en los baños del Museo Archivo de la Fotografía.
[12 de agosto] Las mujeres salimos a marchar de la SSC a la PGJ exigiendo, entre otras cosas, la creación de un protocolo estricto en el reclutamiento de cuerpos policiales, la investigación de abusos sexuales previos por parte del cuerpo policiaco, transparencia en el trabajo del cuerpo judicial, juicios a quienes resulten culpables de delitos y sanciones a los actos de filtración de información, usando la frase #NoMeCuidanMeViolan. Durante las horas que duró la protesta, una de nosotras aventó brillantina rosa al Secretario de Seguridad Ciudadana, varias mujeres pintaron frases con aerosol, y otras rompieron una puerta de vidrio. Tras ello, la procuradora, quien sigue sin tomar medidas suficientes para detener las agresiones sexuales por parte de sus agentes, mencionó que no caería en provocaciones y que se habían abierto diversas carpetas de investigación para investigar los hechos. La jefa de gobierno también comentó enfocar sus recursos en investigar los actos de las manifestantes. Ese día, Reforma publicó “Acaba en agresiones protesta feminista”, Excelsior usó el titular “Con violencia repudian violencia durante protesta en CDMX”, y Diario Cambio subió un video con el título “Feministas encapuchadas destrozan la Procuraduría General de Justicia”.
[16 de agosto] Cuando ante la respuesta de las autoridades se convocó a una segunda marcha usando la frase #ExigirJusticiaNoEsProvocación los medios usaron titulares como “Vandalismo eclipsa la protesta por la violencia contra las mujeres” (Aristegui Noticias), “Protesta feminista en CDMX plagada de vandalismo y violencia contra la prensa” (El Debate), “Marcha feminista en CdMx concluye en vandalismo” (Milenio ) y Forbes escogió un titular que confundía la verdad al publicar “Derechos Humanos respalda al gobierno ante protesta feminista”. En el cuerpo, explican que respaldó que se evitara el uso de la fuerza.
Las ingenieras
Las estudiantes de la mayor casa de estudios del país llevan años quejándose sobre el acoso y hostigamiento sexual por parte de compañeros y profesores. Y aunque en el 2016 se logró instaurar un Protocolo para la atención de casos de violencia de género, todavía queda un largo camino para lograr una universidad justa y segura para sus alumnas.
De acuerdo a Prensa CIMAC, del 9 de junio del 2018 al 7 de junio del 2019 la UNAM “recibió quejas de 436 estudiantes y trabajadores sobre 385 presuntos agresores en su campus” y solo se iniciaron procedimientos contra el 87% de los casos. De ellos solo 178 (el 46% de las quejas) concluyeron con una sanción, 7 “con un acuerdo a través de un procedimiento alternativo” y 96 están pendientes de emitir sanción. “En 19 no se encontraron elementos para sancionar, 9 fueron declarados improcedentes y 26 se declararon insubsistentes”. El 44 por ciento de los agresores son alumnos, el 22 por ciento académicos y el 17 por ciento es personal administrativo.
En una protesta, una mujer cuestionó: “¿Por qué parecen insuficientes las más de 70 denuncias contra profesores y alumnos? Este espacio siempre ha sido para nosotras un peligro y no queremos que lo sea para las que vienen”.
Aunque las mujeres conforman el 50.7% de los estudiantes de la UNAM, los datos más actuales (2015) muestran que por cada 100 hombres estudiantes de Ingeniería, hay 28 mujeres.
[8 de noviembre] En este contexto, fue que algunas alumnas decidieron salir a manifestarse en contra del acoso y la falta de respuesta de las autoridades. Cuando el día en que se reeligió el rector Enrique Graue, la protesta llegó a la facultad de ingeniería, sus compañeros les gritaron, las insultaron y llegaron a golpearlas. También las amenazaron por redes sociales, y aún así, Excelsior publicó el titular “Mujeres se manifiestan dentro de CU; agreden estudiantes, hacen pintas y rompen vidrios”, y el periodista Ciro Gómez Leyva publicó en Twitter “Armadas con tubos, palos y extintores, feministas que se dicen hartas de la violencia machista, se manifestaron ahora en Ciudad Universitaria de la #UNAM. Pero esta vez, estudiantes de ingeniería las confrontaron”. Imagen Televisión subió dos videos, uno con el título “‘¡Fuera!’ Así impidieron estudiantes que feministas destruyeran la Facultad de Ingeniería de la UNAM” y el otro con “Estudiantes corren a feministas tras dañar la facultad de ingeniería”.
Cuando las adolescentes que están creciendo en un México extremadamente violento e inseguro para las mujeres tengan que decidir qué estudiar y en dónde pasar los siguientes años de sus vidas, probablemente un factor para elegir sea su seguridad y las posibilidades de poder estudiar tranquilas sin ser acosadas y violentadas por sus compañeros. Y cuando una vez más, por un conjunto de razones diversas eviten llegar a la facultad en donde manifestarse contra el acoso significa poder ser agredidas, la sociedad se volverá a preguntar por qué es que a las chicas no les interesan las ingenierías. “Macho no se nace, la facultad de ingeniería los hace”, leía un cartel el 12 de noviembre.
[15 de noviembre] Varios planteles de la UNAM se fueron a paro indefinido exigiendo acciones frente a los casos de acoso sexual por parte de profesores y alumnos. Se pedía atender las denuncias interpuestas por violencia de género, transparencia de la información al respecto, creación de una comisión encargada de supervisar y reestructurar la Unidad de Atención a la Violencia de Género, acompañamiento psicológico para las víctimas, entre otras cosas. Diario de Yucatán publicó “Crisis en la UNAM: Entre encapuchados, feministas y acoso”
[25 de noviembre] Cuando el Día Internacional de la Violencia contra las Mujeres, salimos a manifestarnos por la falta de acción de nuestros gobiernos ante el creciente número de mujeres violentadas y asesinadas, los titulares fueron “Feministas destruyen monumentos y pintan iglesias de la CDMX” (Siete24 Noticias), Milenio publicó la columna de opinión en la que un señor se lamentaba que “El vandalismo se impuso a la legítima protesta. Contra la violencia hubo práctica de más violencia”. El Periódico publicó “El vandalismo mancha el Día contra la Violencia hacia las Mujeres en México” y TV Azteca subió el video “Feministas realizan actos de vandalismo en marcha de violencia contra la mujer”.
El problema, obviamente, no es que los medios mencionen los actos de vandalismo, sino que las prioridades sean tan desequilibradas al punto de poder dedicar diversos artículos, videos y álbumes fotográficos a una fracción de la protesta de un día, y no tengan recursos para reportar el resto de los actos realizados continuamente en contra de la violencia de género, ni tampoco en publicar y analizar los constantes casos de ésta.
Y sigue…
Mientras terminaba de escribir este texto, recibí una notificación en Facebook. Aproveché para revisar las publicaciones de mis amigos y vi que alguien en un grupo al que pertenezco había compartido la noticia de una mujer que fingió haber sido golpeada por su esposo. La publicación iba acompañada de una diatriba contra las mujeres y sus mentiras. El caso sucedió en Australia, pero aún así Excelsior lo publicó el 8 de diciembre del 2018 con un titular que ignora ese detalle: “Mujer se golpea para denunciar a su marido por violencia”. La nota, que no incluía el contexto que los diarios en otros países agregaron, había sido compartida más de 18 mil veces y el día en el que se publicará esto, ya ha aumentado a 23 mil.
Un detalle que me interesa compartir es que, aunque obviamente hay medios más rigurosos con sus códigos de ética y la información que publican, no hay medios buenos y medios malos. Algo que no me deja de sorprender es que muchas veces los medios que publican los titulares más sexistas, son también los que publican titulares que podrían servir de ejemplo sobre cómo escribir algo respetuoso y neutral.
La violencia de género es un problema terrible en nuestra sociedad y es nuestra responsabilidad, desde el lugar en el que estemos y las herramientas que tengamos, trabajar para eliminarla. Los medios saben que cambiar la forma en la que nos comunicamos es cambiar nuestra percepción, pero también saben que la desinformación, las medias verdades y las publicaciones que reafirmen prejuicios son formas fáciles de atraer visitas a sus páginas y por lo tanto, dinero. La pregunta es ¿qué escogerán para este 2020, ayudar a mejorar nuestra sociedad a través de un periodismo ético, o continuar como hasta ahora, sin importar las consecuencias?