Tierra Adentro
Foto: Wikimedia commons

Era la 40ª edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y Quino había sido invitado a dar el discurso inaugural tras 41 años de haber dejado de publicar las tiras cómicas de Mafalda. Seis años antes había anunciado su retiro, pues tenía la intención de renovarse para no dibujar siempre la misma viñeta. La verdad, que anunciaría años después, era que estaba perdiendo la vista debido a un glaucoma. 

El mundo se le iba oscureciendo, pero se presentó en la feria del libro, y en lugar de un discurso, fue entrevistado por Cristina Mucci y Carlos Ulanovsky. Se habló de su trayectoria, de su estilo de dibujo, de su amor por el cine, y cuando el tema volvió inevitablemente a Mafalda, Cristina Mucci rememoró una pregunta que le habían hecho a Quino en una entrevista en Francia “¿Qué diría hoy Mafalda?”. 

Las personas le preguntaban eso frecuentemente, dijo Quino, le reclamaban también el haber terminado la tira cómica, el haber matado a Mafalda, como si los comentarios sagaces o el humor político se hubieran terminado ahí. “Mafalda siempre dijo lo que digo yo” dijo Quino, “Mafalda soy yo”.

 

Hijo de migrantes españoles, Joaquín Salvador Lavado Tejón, Quino, nació en Mendoza, Argentina en 1932. Inspirado por su tío Joaquín, que era ilustrador, inició su carrera como comiquero en el semanario Esto es. Pronto acumuló más colaboraciones en otras revistas y publicó su primer libro recopilatorio, Mundo Quino, pero ese era solo el inicio de una larga y homenajeada trayectoria. 

Era 1963 y Quino acababa de publicar su primer libro cuando la empresa de electrodomésticos Mansfield le encargó crear una serie de personajes que formarían parte de una campaña publicitaria. Quino entregó una propuesta que fue rechazada y el proyecto terminó sin haber comenzado, pero entre los personajes diseñados para ser parte de la publicidad de la empresa estaba Mafalda.

Del material entregado, Quino decidió rescatar a la entonces aún sin nombre niña de cabello abultado para reutilizarla como personaje de una tira cómica para la revista Leoplán. La tira fue publicada y después se cambió al semanario Primera plana, donde durante los siguientes nueve años Mafalda y Quino obtendrían amor y reconocimiento internacional inigualables.

 

Podemos hablar mucho del éxito que siguió, de cómo Mafalda pasó a formar parte de la infancia de cientos de miles de personas a lo largo del mundo, de las críticas políticas y sociales que la tira cómica hizo durante las dictaduras latinoamericanas de los años sesenta o de cómo su primer libro recopilatorio se agotó después de cinco días.  

Podemos hablar largo y tendido de premios, condecoraciones, felicidades y dificultades, o de cómo cuando dejó Mafalda, argumentando la necesidad de ser libre de dibujar siempre el mismo personaje, su popularidad y la de la misma Mafalda no hicieron más que seguir creciendo. Pero ahora, tras haber perdido a Quino el miércoles pasado, es importante recordar al hombre detrás del cómic, a esa persona que décadas después de haber dejado Mafalda, volvió a ella para participar en una campaña por los derechos de los niños en colaboración con la Unicef.

O de ese Quino que al ver que el movimiento Provida estaba usando la imagen de Mafalda con un pañuelo azul publicó el siguiente comunicado:

 

 

 

Kiara on Twitter: "En 2018, cuando los grupos provida alteraron una imagen  de Mafalda añadiendo un pañuelo celeste, Quino sacó este comunicado.…  https://t.co/KIeNTgm4eg"

Hay que recordar al hombre que tuvo que dejar Mafalda, y poco después Argentina, por el aumento de la violencia en toda latinoamérica: “Luego del golpe (de Estado) de Chile la situación latinoamericana se puso muy sangrienta (…) Si la seguía dibujando me pegaban uno o cuatro tiros”.

Si vamos a recordar a Quino, debemos hacerlo más allá de la nostalgia que nos provoca la niña de cabello abultado y odio por la sopa. Quino, por medio de Mafalda y más allá de ella, nunca dejó de hablar de lo que creía en sus tiras cómicas, de criticar los regímenes políticos injustos con humor e ironía. En sus obras posteriores (A mí no me grite, Gente en su sitio y muchas otras más) realizó críticas aún más potentes y nunca permaneció callado ante la injusticia.

No perdimos a Mafalda cuando Quino dejó de trabajar en su publicación porque, como dijo en esa 40º edición de la Feria del libro de Argentina, él era Mafalda.  

Quino se ha ido y el mundo pierde un poco más de la ironía y el humor que todos necesitamos, pero su trabajo no caerá en el olvido. En los pocos días que han pasado desde su muerte, la escultura de Mafalda, sentada en una banca y acompañada por Manolito y Susana en Buenos Aires, ha ido lentamente llenándose de flores.

 

En esa entrevista inaugural de la 40º edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, Quino dijo que dibujaba con la intención de que el mundo cambiara “para el lado bueno, el de los Beatles, el de John Lennon”. Pero que el mundo no había cambiado “a lo largo de leer la historia uno se da cuenta de que el mundo repite siempre los mismos errores”. 

Quizás, como dijo aquella vez, el mundo siga repitiendo sus errores hasta el infinito. En ese caso, por lo menos, sus cómics seguirán siendo tan vigentes ahora como cuando fueron pensados y entonces tendremos siempre el oasis de humor y astucia en el que Quino supo refugiarnos.


Autores
(Ciudad de México, 1995) Es dramaturga y editora. Estudió Escritura Creativa y Literatura en la Universidad del Claustro de Sor Juana.

 

—¿Qué es un fantasma?

—Un evento terrible condenado a repetirse una y otra vez,
un instante de dolor, quizá algo muerto que parece por momentos vivo aún,
un sentimiento, suspendido en el tiempo, como una fotografía borrosa,
como un insecto atrapado en ámbar. Un fantasma, eso soy yo.

Diálogo de El espinazo del diablo

 

 

Conocí a la escritora Solange Rodríguez Pappe (Guayaquil, 1976) gracias a una cita de su libro La primera vez que vi un fantasma (Candaya, 2018), que obró en mí a manera de hechizo: “Los monstruos, cuando nos encontramos, jamás volvemos a estar solos”. Poco después, el escritor Roberto Wong habló en su podcast (episodio “Tsunami: nueva literatura escrita por mujeres”) sobre el cuento de Solange titulado “Matadora”, publicado en dicho libro.

En diciembre de 2019 tuve la fortuna de coincidir con ella en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, pues ambas fuimos invitadas para distintas actividades. Finalmente, adquirí su libro en el stand de la editorial independiente Candaya, en el área internacional de la feria. Solange formó parte del Encuentro Internacional de Cuentistas, coordinado por Alberto Chimal. En el cuadernillo digital que reúne pensamiento y obra de los ocho narradores internacionales invitados, se publicó su relato “El mundo estará ahí afuera”, acompañado de un texto íntimo sobre la enfermedad y la muerte.

Esta catedrática y tallerista ecuatoriana es además una autora muy prolífica: ha publicado los libros de cuentos Tinta sangre (2000), Dracofilia (2005), El lugar de las apariciones (2007), Balas perdidas (Premio Joaquín Gallegos Lara 2010), La bondad de los extraños (2014) y Levitaciones (2017).

La primera vez que vi un fantasma recibió mención honorífica del Premio Joaquín Gallegos Lara 2019 y fue publicado por una editorial catalana. Está conformado por quince narraciones acogidas bajo el epígrafe “Toda historia de amor es una historia de fantasmas”, mismas que exhiben lo inhóspito del mundo y de nuestros propios cuerpos, y cuyas temáticas están relacionadas con la pérdida, diferentes catástrofes, fugas, excursiones, venganzas, ingesta de alimentos, separaciones, lo onírico y la mentira, así como abandonos y agresiones que van desde violencias sutiles hasta homicidios y crímenes de odio.

Los personajes que habitan estas páginas, en su mayoría femeninos, experimentan cierta desazón —que va de lo abrumador a lo meramente incómodo— hacia su realidad, donde, tarde o temprano, la irrupción de un elemento sobrenatural o extraño se abrirá paso a través de una grieta imperceptible. Dicho elemento suele ser un fantasma, entes que ansían ser vistos, reconocidos, y que están más presentes de lo que nos gusta suponer: “todas las ciudades están construidas sobre huesos y cementerios, así que, de cada cinco habitantes, uno es un fantasma”, nos dice Solange. Estos visitantes, obligados a permanecer ocultos en nuestro mundo a falta de un reino propio, son espectros de lo que alguna vez fue, presencias mudas, escondidas en resquicios a la espera del momento adecuado para mostrarse. Lo que hace Solange es mostrar precisamente dichos resquicios o fisuras para que el lector identifique aquello que se logra colar hasta su vista.

La narrativa de Solange es un acto de magia, hechizo de la palabra con el que crea atmósferas densas, espacios en su mayoría cerrados y escenarios nocturnos. Metaficción, vueltas de tuerca y finales abiertos operan tanto en sus minificciones como en los relatos extensos. Gracias a los mecanismos de la ciencia ficción y lo fantástico, la autora logra que lo insólito y lo peculiar se vuelva palpable, reconocible.

Dentro de estas historias inquietantes con tintes siniestros e incluso espeluznantes en las que las advertencias convertidas en amenazas abundan, Solange enfocó su mirada en lo inusual: recreó instantáneas únicas, imágenes de situaciones excepcionales que nos presenta en un álbum con una portada melancólica en tonos fríos, fotografía de Patrick Tomasso en la que podemos advertir un ente de pie, cubierto por una sábana blanca y rodeado por el abandono.

El álbum fotográfico inicia con “A tiempo para desayunar”, la instantánea de un hombre enfrascado en su recuerdo de un solo y traumático hecho —un accidente automovilístico en el que su padre arrolló a una persona—, mismo que se altera conforme lo evoca una y otra vez, convirtiéndose en una pesadilla recurrente en la que él mismo cambia de papel: lo mismo es la víctima que el victimario o un testigo. El protagonista está instalado en un hotel en el que todos asisten a un desayuno perpetuo y reconstruyen algún recuerdo fundamental en un presente laberíntico en el que, a fuerza de mutismo, incluso el lenguaje se desvanece.

La segunda fotografía se titula “Paladar”, e inicia con un epígrafe muy atinado de Patricia Esteban Erlés cuyas primeras palabras son: “El amor es una suerte de canibalismo”. Éste es el retrato de una pareja distanciada que basa su relación en la ingesta de comida y que recorre Lima a través de un turismo gastronómico que inicia con los olores infectos y colores llamativos de un mercado latino. Su relación está construida en torno a una alimentación excéntrica: ranas crudas como ingrediente principal de un licuado y gusanos y saltamontes para otros platillos. Gran parte de la historia transcurre entre las calles de la ciudad. La pareja está alojada en un hotel famoso por sus espectros, en el que la protagonista (quien se recupera de una mastectomía) no siente temor porque ella misma se aterroriza y sufre un dolor constante que, más que estar en su cuerpo, está en su memoria. Durante una madrugada, los colores atractivos de la ciudad ejercen su poder y ella decide salir mientras su esposo permanece inconsciente en la profundidad del sueño. En la soledad de las calles conoce a Lorenzo, un fotógrafo que aprovecha el lugar desierto para lograr tomas de ese “lado b” nocturno de la urbe. Tras acompañarse unas horas y terminar en un restaurante de pollo frito, ella regresa al hotel. En La primera vez…, Solange imita a Lorenzo: capta de forma certera hechos o situaciones alternas a nuestra realidad.

“Un hombre en mi cama” anuncia un futuro cercano: inicia con la descripción de una escena similar a la de la película Historia de fantasmas (David Lowery, 2017) en la que, desde dos ventanas que están de frente, las figuras de dos espectros se miran y se reconocen. En un mundo apocalíptico y desolado donde resulta imposible pasar tiempo en el exterior debido al calor extremo y dañino —incluso mortal—, las cámaras, pantallas y “carros comunicadores” se han convertido en el único vínculo con los otros. Noa, la protagonista, es devota de las imágenes de hombres dormidos. Su mirada, en apariencia inofensiva, se alimenta de la imagen inmóvil del otro, del anhelo de lo imposible, como ocurre en La casa de las bellas durmientes de Yasunari Kawabata, donde los que observan son ancianos acaudalados, y el objeto de contemplación, bellas jóvenes narcotizadas. Noa vive una situación de distanciamiento social y encierro muy similar a la actual, y debe salir a presenciar un acto singular: la boda de su hermana con un árbol. La situación se complica más tras sufrir trastornos del sueño e ingerir somníferos para tratar de descansar un poco antes de la unión. Experimenta algunas horas en un estado de somnolencia contra la que no puede luchar, hasta que finalmente un sueño pesado, indistinguible de la muerte, la vence.

Lo onírico como dimensión alterna, presente en varios cuentos más, es de suma importancia en el universo narrativo de Solange, preocupación más que comprensible: el acto necesario de dormir, al que dedicamos en promedio una tercera parte de nuestras vidas, culmina en un fenómeno fisiológico intrincado cuyas imágenes hemos tratado de interpretar desde el misticismo, la metafísica e incluso la psicología.

“La historia incómoda que nos contó Olivia el día de su cumpleaños”, narración que ha sido adaptada al teatro, fluye con la noche como telón de fondo para una reunión de celebración que se convierte en lo opuesto. Una ácida crítica social y la clara distinción de clases en una ciudad que divide la opulencia de la miseria son la base de este cuento en el que la figura de una leyenda urbana irrumpe en la vida de la protagonista para trastocarla por completo. Esta aparición, que se anuncia con un toquido particular que llega hasta los asistentes de la fiesta, demanda lo que parecería imposible para la mayoría, pero la protagonista lo resuelve de una forma muy práctica.

Uno de los relatos más tenaces y originales, que actualmente se está guionizando, es “Matadora”: exhibe de forma cruda la violencia de género que revictimiza a las mujeres al cuestionar las razones por las que fueron atacadas o incluso asesinadas. Mediante una triada femenina (madre-hija-gata), Solange dilucida en la ficción cómo nuestra atroz realidad podría llegar a su fin: mediante la revancha. La Matadora sabe de la misoginia y el machismo imperantes, de los abusos sexuales, sobre los feminicidios y la violencia que no se condena ni se castiga porque, para la sociedad, la víctima siempre es la culpable, y no está dispuesta a soportarlo más: “Esto nunca va acabar, pienso con desesperanza, a menos que hagamos algo todas juntas”. Así, en sus rondines nocturnos acecha y ataca a quienes antes eran los cazadores.

“El Atanudos” es otro relato de corte fantástico basado en el folclor ecuatoriano.  Aquí, de nuevo, el sueño funge como portal a otra dimensión, y uno de los personajes afirma que “del mundo normal que todos habitamos, entran y salen seres que tienen el propósito de confundirnos”. El Atanudos, ente invisible, se encarga de anudar y entorpecerlo todo: desde la mente hasta el habla, el cabello, las extremidades y los intestinos. Es una especie de maldición que se hace presente mediante un hedor agrio y que se debe endilgar —o heredar— a alguien más para quedar libre, labor que incluso se puede realizar mediante el hecho de narrar la historia.

El último cuento da título al libro y es un cierre magnífico. En él, una pareja en fuga trata de llegar a Las Vegas fingiendo el secuestro de la mujer para poder cobrar una recompensa. Una notable diferencia de edad, reflejada en sus cuerpos y en los actos inmaduros del joven, permiten percibir lo que le ocurre a la protagonista, quien se estremece tanto por el abandono —y la doble estafa— del quien fuera su nueva pareja como por la aparición de un ente sobrenatural en su vieja habitación de hotel, y este avistamiento no le produce el sentimiento esperado de terror, sino una profunda tristeza. El sitio cuenta con su propio Pequeño Museo Norteamericano de la Muerte, en el que se le rinde tributo a criminales de la talla de Bonnie Parker, quien, junto con Clyde Barrow, conmocionó a la sociedad norteamericana cien años atrás. La sabiduría de una de las empleadas del sitio afirma que “si una deja que le decidan la vida, una se llena de odios, de fantasmas”.

En este catálogo de mujeres tan distintas como sus historias, atravesadas por rayos de oscuridad y negruras íntimas, familiares, encontramos una naturaleza aparentemente ajena pero que nos habita en lo más recóndito, que forma parte de nosotros sin saberlo. Estas instantáneas muestran diversos universos que van desde lo conflictivo de las relaciones interpersonales hasta los enfrentamientos con nosotros mismos, así como parejas en un choque continuo por la constante necesidad de evitar la soledad y el abandono, por lograr sobrevivir a costa del otro.

Los fantasmas presentes en este libro son entes multiformes, convicciones, creencias de quienes los vuelven visibles, existencias alarmantes que traen consigo el pasado, los errores, los secretos y el dolor que se creían ya olvidados. Representan diversos matices del inconsciente y de lo inexplicable que, sin embargo, resulta más real que lo concreto; lo escalofriante no reside en contemplarlos, sino en saberlos posibles.

Solange trabaja de forma creativa y original una escala del terror que colinda con la nostalgia y la pesadumbre. Su inventario fantasmagórico —de seres que no terminan de encajar, que no encuentran su sitio para estar—, nos desvela algunos de sus intereses y obsesiones, como la labor que ha adoptado para reivindicar la figura femenina dentro de la literatura.

Para conocer más sobre esta autora y su extraordinario mundo creativo, su bitácora titulada “El lugar de las apariciones” es una amplia colección de peculiares imágenes acompañadas de textos únicos, como la fotografía a blanco y negro de una persona cubierta con una sábana blanca y dos agujeros en forma de círculo a la altura del sitio donde deberían estar sus ojos: “Lo cierto es que tosemos fantasmas que tenemos atascados. Nos los sacamos de la solapa con un gesto de la mano y borramos sus vestigios cuando nos frotamos los párpados. En los intersticios de los dientes siempre nos quedan fantasmas y también bajo las uñas…”.


Autores
(Querétaro, 1987) es autora de los libros de cuentos Tusitala de óbitos, El vals de los monstruos, Tristes sombras y Despojos.
Ilustración por Aricollage.

Durante la cuarentena, “el valor de capitalización bursátil de 20 farmacéuticas ha crecido 194,360 millones de dólares” (Méndez, 2020), y resulta evidente cuán redituables son las farmacéuticas que recuperan su sentido más etimológico, en tanto remedio/veneno que en búsqueda de una sustancia capaz de aminorar los padecimientos de esta pandemia, también desestabilizan aparatos políticos y económicos.

Ya desde hace años, la industria dedicada a la producción y distribución de sustancias médicas ha desarrollado mecanismos para aumentar sus ganancias que, para el 2017, se estimaron en 1,11 billones de dólares (AIMFA, 2018). Y si ese mercado legal resulta rentable, en el mismo periodo, Global Financial Integrity reportó que el tráfico de drogas generaba 426 billones de dólares (Clough, 2017). Bajo las regulaciones, o desde el margen legislativo, los medicamentos se posicionaron como el elemento indispensable para la vida orgánica.

 

La genealogía de la moral de los fármacos

Si algo ha marcado la genealogía de los fármacos es lo contradictorias que resultan las fronteras para aceptar el consumo de algunas sustancias. Aunque nuestra época parece tener delimitado el problema, estas separaciones se diluyen en algunas prácticas cotidianas que se revisarán más adelante. Por ahora es importante recuperar un breve repaso de algunas sustancias que han sido censuradas, pero tras un largo periodo, fueron consideradas como fármacos en Occidente, a partir de la modernidad y su proyecto emancipatorio-colonial en las américas.

El Caribe sacudió a Europa con el tabaco, y México agitó la controversia sobre el chocolate y sus propiedades curativas. Para 1631 se publicó en Madrid el Curioso tratado de la naturaleza y calidad del Chocolate1, del médico Antonio Colmenero de Ledesma, quien describía la preparación, usos medicinales y hasta una reflexión filosófica:

en el Cacao hay diferentes sustancias, en las unas, es a saber en las no tan grasas, hay más cantidad de lo mantecoso que de lo terrestre; y en las partes grasas hay más de terrestre que de oleaginoso. En estas hay calor y humedad (sic) predominio, y en aquellas (,) frialdad y sequedad. (Ledesma, 1631, pág. 12).

Con este tratado, el chocolate se clasificó como un fármaco que, al popularizarse en Europa, cuestionaba las reacciones corporales que causaba; la sensación placentera y “adictiva” del cacao, junto con un jocoso origen americano, llevó a la estigmatización de la sustancia que se relacionaba incluso con la lujuria. Elementos que se diluyeron a través de los siglos, hasta que, ahora, con los cuestionamientos sobre el consumo de azúcar, se ha regresado a algunas de las discusiones al respecto.

Junto con el alcohol, la cafeína también fue motivo de polémica, mientras que se apropiaban de muchos de los espacios de sociabilidad. En el siglo XIX, los cafés y bares se volvieron los personajes principales de la vida de una ciudad.

No solo se trata de la sustancia que altera el estado de ánimo, sino de todo lo que posibilita y la escena que se crea, tal como lo demuestra la cadena de venta más grande del mercado de café en taza: Starbucks, cuyo producto principal es la experiencia.

El chocolate, la cafeína, el tabaco y el alcohol son las sustancias que lograron superar la genealogía moral que las persigue, y se convirtieron en industrias legales que no están exentas de cuestionamientos, pero que han entrado en la “hegemonía del poder farmacopornográfico que se vuelve explícita a finales del siglo XX y hunde sus raíces en el origen de la modernidad capitalista, en las transformaciones de la economía medieval de finales del siglo XV que darán paso a las economías industriales, a los Estados-Nación y a los regímenes de saber científico-técnicos occidentales”. (Preciado, 2008, pág. 112)

Si como se menciona al inicio de este texto, la industria farmacéutica y el tráfico de drogas suman ganancias estratosféricas, agregar los beneficios económicos del chocolate, la cafeína, el tabaco y el alcohol, solo nos haría más evidente la inmensidad de los flujos de capital que circulan en torno al cuerpo y sus alteraciones; además abriría la pregunta sobre cuántas y cuáles son las sustancias que intervienen en el cuerpo; desde la industria alimenticia y la química en los alimentos, hasta la cosmética y el cuidado higiénico que rodean la producción y presentan una amplia polémica para categorizarlas.

 

Entre ilegalidad y normalización: sociedad sustancializada

Todas las mañanas, corre porque la endorfina es el mejor café para despertar; luego de la rutina de ejercicios toma jugo de soya y un cóctel completo: el multivitamínico, las pastillas naturales para mejorar la digestión, un poco de espirulina para aumentar la actividad física, ginseng para la memoria, una tableta de calcio para prevenir la osteoporosis, una aspirina para evitar infartos, una tableta efervescente para la gastritis, unas gotas para nivelar la presión, una pastilla para el cólico y un parche antinconceptivo.

A veces toma las pastillas que le recomendó el psiquiatra, pero no le gusta “abusar” porque dicen que crean adicción. A su bebida añadió vitamina A y C, para prevenir los resfriados; el jugo es de soya porque “aminora” los síntomas de la menopausia.  Después del cóctel, solo come un poco de fruta, pues prefiere lo natural.

De camino al trabajo, piensa que necesita un chocolate caliente, aún no entiende esa necesidad repentina de la “sustancia” cuando está “en sus días”, aunque a manera de una masturbación alimenticia, cambia el chocolate por una barra nutricional; hay que darle placer al cuerpo, pero de manera controlada. El cuidado de su dieta está relacionado a su predisposición genética para desarrollar múltiples enfermedades, por ello, a través de dispositivos, desde los más sencillos a los más sofisticados, le han realizado pruebas para medir los niveles de las sustancias de su cuerpo y sustituirlas o compensarlas con fármacos.

Desde pequeña tiene todas las vacunas y asiste a las revisiones periódicas; los médicos examinaron cada parte de su cuerpo: contaron los dedos, midieron, pesaron, analizaron su sangre, examinaron sus reflejos, cuidaron su cuerpo de las “malformaciones”, la vacunaron contra el tétanos, sarampión, rubiola, escarlatina, y recibió alguna inyección que le dio un alergólogo. Se trata de una tecnología volcada al servicio de la normalidad, cualquier cosa se puede ampliar con una lente, sobre todo las igualdades y las diferencias, así se pueden “arreglar los defectos”.

Como en este relato, los fármacos sostienen la narrativa que ha pretendido estandarizar al cuerpo y sus reacciones. Lo mismo la conducta que los niveles de química corporal, la obsesión práctica que aspira a un cuerpo óptimo y deseable se traduce en comportamientos que reproducimos en nuestros modos de vida.

Hasta aquí la ¿ficción? para seguir con las preguntas: ¿se puede liberar el cuerpo de los fármacos que parecen necesarios para nuestros modos de vida?, ¿cuáles son los límites que posibilitan el uso de algunas sustancias y el desprecio por otras? Estamos en un mundo que coincide en la condena hacia algunos productos de este tipo, pero que ha creado mecanismos de argumentación científica para moldear las conductas a partir de las bases de esos mismos fármacos. Ejemplo de lo anterior es el creciente uso de medicamentos para atender el TDH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad), en especial, el aumento del consumo de Adderall.

El uso de los fármacos para la regulación de la conducta y la personalidad se normalizó a finales del siglo XX, y la psiquiatría ha encontrado en el proyecto de felicidad, impuesto por el capitalismo, un objetivo alcanzable a través del control de la química cerebral.

Como condena, menester o sociabilidad, los fármacos diversifican sus estrategias de consumo y modelan la moral en turno. Con esto no se está obviando que algunas sustancias tienen fuertes e inmediatas repercusiones a la salud, por el contrario, lo que se propone es poner énfasis en sus usos sociales y los aspectos que se consideran para su incorporación en los flujos de capital.

Como se expuso al inicio, el consumo de algunas sustancias que fueron consideradas como dignas de prohibición, hoy se han normalizado. Sin embargo, es interesante observar que la producción y distribución de fármacos ha estado relacionada con la ilegalidad, al menos, desde la Edad Media, cuando “la inquisición condena a los cultivadores, recolectores, y conocedores de preparaciones a base de plantas, considerándolos brujas, alquimistas, parteras, herejes o desviantes satánicos” (Preciado, 2008), figuras que al margen de la naciente sistematización del conocimiento médico, guardaban experiencias colectivas, por lo que “se inicia así un proceso de expropiación de saberes populares, de criminalización de germoplasmas vegetales que culminará en la modernidad con la persecución del cultivo, el uso y el tráfico de drogas” (Preciado, 2008).

Un ejemplo de lo anterior es el cannabis, que ha permanecido dentro de las sustancias enjuiciadas debido a razones socio-culturales, sin tomar en cuenta sus efectos a la salud o al comportamiento; no obstante, que en algunas ciudades ha sido legalizado el consumo y/o la venta, esta planta solo ha conseguido entrar al diorama de “la progresiva transformación de los recursos naturales en patentes farmacológicas y la confiscación de todo saber autoexperimental de administración de sustancias por las instituciones jurídico-médicas.” (Preciado, 2008)

La moralidad de las sustancias parece definirse por una normalización, también depende de la posibilidad de cuerpos productivos y adaptados para mantener las configuraciones político-económicas de cada tiempo, y que se expresan en actos como los relatados previamente. De esta manera, y como propone Sayak Valencia en Capitalismo Gore (2010), las estrategias de producción, distribución y consumo de sustancias, replican los mecanismos de carácter expansivo y estándares de calidad propuestos por el capitalismo institucionalizado-legal.

Las estructuras de poder que imitan a los sistemas empresariales, también exponen los riesgos de la base de la pirámide, en este sentido, los cuerpos “de los disidentes distópicos (…) son ahora quienes detentan —fuera de las lógicas humanistas y racionales, pero dentro de las racionalistas-mercantiles— el poder sobre el cuerpo de la población, creando un poder paralelo al estado sin suscribirse plenamente a él, al tiempo que le disputa su poder de oprimir.” (Valencia, 2012, pág. 98)

El auge del saber técnico en torno a la normalización del cuerpo se basa en una idea de salud atravesada por valores éticos, políticos y estéticos, por lo que genera una industria farmacéutica con variantes médicas, cosméticas y conductuales. Ahora tenemos fármacos para todo, ya sea el blanqueamiento de piel, la regulación de la masa corporal, la higiene, la disfunción eréctil, o la ansiedad. En este sentido, el sistema de valores que guía a la investigación científica que se aleja de la búsqueda de “remedios” para las enfermedades y se centra en la homogeneización del cuerpo y sus conductas, conforma su ideal en valoraciones subjetivas que aún se encuentran en tensión, pero que se reafirman de acuerdo con el sistema hegemónico.

Está por demás decir que la salud, el ocio, e incluso la identidad y otras formas de subjetivación se envasan y compran en las estanterías de las farmacias, se tiñen con ellas, se incorporan al baño y la limpieza diaria, también se comen e introducen en nuestros cuerpos y en los rituales cotidianos.

La sociedad que ha sido pensada como confortable, está repleta de fármacos y sustancias para simular nuestra accesibilidad al discurso de la normalidad de los cuerpos. La producción laboral se sitúa en el centro de la configuración de lo de deseable y nuestras capacidades físicas y psicológicas estarán mediadas por la eficiencia profesional. Todo rasgo que queda fuera de los estándares puede ser modificado a través del diseño químico.

 

Referencias

AIMFA, A. d. (2018). Top 10 compañías farmacéuticas 2018 a nivel mundial. Obtenido de https://www.aimfa.es/top-10-companias-farmaceuticas-2018-nivel-mundial/

Clough, C. (2017). Transnational Crime is a $1.6 trillion to $2.2 trillion Annual “Business” Finds New GFI Report . Obtenido de https://gfintegrity.org/press-release/transnational-crime-is-a-1-6-trillion-to-2-2-trillion-annual-business-finds-new-gfi-report/

Ledesma, A. C. (1631). Curioso tratado de la naturaleza y calidad del chocolate. Biblioteca Nacional de España. Obtenido de http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000090098&page=1

Preciado, P. (2008). Testo Yonqui. Sexo, drogas y biopolítica . España: Espasa-Calpe .

Valencia, S. (febrero de 2012). Capitalismo Gore y necropolítica en México contemporáneo . (GERI-UNAM, Ed.) Relaciones Internacionales(19). Obtenido de https://revistas.uam.es/relacionesinternacionales/article/download/5115/5568/0


Autores
Maestría en Comunicación y Cultura, Universidad de Buenos Aires. Profesora de asignatura de la UACM y de la Universidad del Claustro de Sor Juana. Colaboradorx del diagnóstico de violencia de género en Ecatepec. Ha diseñado y gestionado: talleres, exposiciones, jornadas, podcast, conferencias y otras acciones para problematizar la naturalización de las prácticas sexo genéricas. Coordinadorx del círculo de lectura “Incomodar el género y descolocar el cuerpo”, Biblioteca Vasconcelos.

Ilustrador
Aricollage
(Cuernavaca, 1988) Collagista e ilustradora con residencia en la Ciudad de México. Desde el 2010, en el área de visuales, ha colaborado en revistas como “Letras Libres”, “Tierra Adentro”, “Armas y Letras”, "Antidogma" y en revistas electrónicas de arte y collage en diversas partes del mundo; así como en editoriales como Paraíso Perdido, en la Dirección General de Publicaciones de CONACULTA y el Fondo Editorial Tierra Adentro. Ha expuesto de manera individual y colectiva en las ciudades de Ciudad de México, Guanajuato, León, Cuernavaca, Pachuca, Barcelona, Norwich (UK), Kranj (SI) y Bogotá (CO). En el 2016 colaboró con Adidas Originals en el relanzamiento de los tenis gazelle en la Ciudad de México y en 2017 fue talented neighbor en la Flagship Store de la Condesa. Ha colaborado con músicos como Illias Asterion (MX), Herbsun (DEU), Swing Atoms (MX) y Fausto Leonora (MX). Desde el 2017 ha incursionado en el collage en gran formato inaugurando murales en sitios públicos como el mercado gourmet San Genaro, en Hostal Gael y en We Are Todos (en la Ciudad de México) y en Casatinta en la ciudad de Bogotá.
PickPic

¿Quién no ha jugado a encontrar formas definidas en las nubes de un cielo primaveral? ¿Quién no ha creído ver patrones nítidos al atravesar un patio lleno de azulejos o al pasar a prisa por una hilera de baldosas?  La paraidolia es una reacción psicológica que nos lleva a creer que vemos claramente una figura cuando se trata, en realidad, de elementos dispuestos de manera casual e involuntaria. Definir la línea que separa la especulación de la información parece una tarea sencilla, pero no lo es. Tomemos como ejemplo las constelaciones. Muchos creen que son sólo cuerpos celestes al alcance de nuestra vista, si bien se pueden tomar como referencias geográficas para localizar los puntos cardinales y recobrar el rumbo. Para otros, en cambio, las constelaciones trazan formas definidas en el firmamento: escorpiones, doncellas y seres de antiguas mitologías, símbolos arcanos con una influencia directa sobre la vida cotidiana y el destino de la especie humana. En este punto valdría la pena preguntarse si es posible sostener con sincera contundencia alguna de estas dos posturas, ¿acaso este dilema no se reduce a un asunto de creencia e intuición, a un conocimiento que rebasa la razón? Algo similar ocurre con ciertas teorías conspirativas cuando no abusan del sentido común y la lógica. Sin embargo, el conspiracionismo incita serios problemas en el marco de incertidumbre de la pandemia y sobre todo en una época en que los rumores, las mentiras y la falsa información se difunden en cuestión de minutos a través de sitios web y redes sociales. 

 

El discreto encanto del conspiracionismo 

¿Bill Gates elaboró el Covid-19 en sus laboratorios para vender vacunas con implantes de GPS y someter la población a un control total? ¿Los atentados del 9/11 fueron planeados por el gobierno de Bush para tener un pretexto de invadir Medio Oriente? Las teorías conspirativas suelen tener un lado fascinante. Nos insertan en un emocionante relato donde convergen los complots maquiavélicos, las profecías apocalípticas y mejor aún: los oyentes juegan un papel central en la historia con el simple hecho de conocerla, de alguna forma parecen ser los únicos capaces de detener la catástrofe inminente.  

Esto no niega la veracidad de algunas teorías conspirativas como el Watergate –el presidente Nixon tuvo que renunciar porque espiaba ilegalmente a sus opositores, y seguramente no ha sido el único– o “la conspiración de la bombilla de luz” –en 1924 diferentes productores de bombillas, entre ellos Osram y General Electric, acordaron limitar la duración de los focos de luz a menos de 1000 horas para forzar el consumo1 

Es innegable que la codicia, la ambición desmedida y otras enfermedades del poder llevan a los seres humanos a orquestar terribles golpes contra sus pares. De hecho, muchas sociedades secretas como el Kuklux Clan se han gestado con este propósito exclusivo. Pero la existencia real de algunas teorías conspirativas no es su único fundamento. También las situaciones de crisis (económicas, políticas, ecológicas) activan una disposición psicológica hacia la desconfianza que fácilmente puede disparar un criticismo desmedido. ¿Cómo reconocer una teoría conspirativa? En The psycology of conspiracy theories (2017) Jan-Willem Van Prooijen sostiene que tienen cinco características básicas e irremplazables:  

  1. Patrones: establece conexiones causales entre dos o más hechos sin relación aparente. Por ejemplo, a) Bill Gates patrocina investigaciones científicas sobre las gripas viales. b) El Covid-19, una gripa vial, se esparce por el mundo.  
  2. Voluntad: La maquinación de un plan con una clara intención.  
  3. Coaliciones: Un grupo (no necesariamente humano) se organiza entorno a una misión. 
  4. Hostilidad: La conspiración tiene un efecto negativo sobre la humanidad. 
  5. Continuo secreto: Una serie de impedimentos mantienen el plan en la clandestinidad. 

 Esta tipología habla mucho de cómo nuestra psique se relaciona con lo desconocido y a veces decidimos aceptar tal o cual creencia con una inocencia relativa.  

 

¿Por qué creemos en las teorías conspirativas? 

El conocimiento tiene un componente inevitable de buena fe. No se puede tener un doctorado en todas las áreas del saber. Aunque se pudiera, sería necesario creer en la veracidad de los documentos y los libros, en las enseñanzas de los maestros y el legado de pensadores, científicos y demás figuras de autoridad. Incluso las estadísticas tienen un margen de error, zonas de indeterminación. En resumen, las certezas son parciales. Por eso mismo todos creemos por lo menos en un par de conspiraciones.  

¿Cómo estar 100% seguros de que los astronautas norteamericanos y soviéticos pisaron la luna en la década de los sesenta?, ¿cómo verificar que fue William Shakespeare quien escribió sus obras y no su mayordomo, a quien previamente había cortado la lengua y encerrado en un calabozo para sacar provecho de su talento literario?, ¿cómo saber si la muerte de John F. Kennedy fue consecuencia de un plan urdido por un misterioso grupo de hombres poderosos? Todas estas son preguntas difíciles de responder a menos que el interlocutor posea recursos extraordinarios para sustentar las teorías que puedan llegar a surgir de cada pregunta. Por eso la cultura responde a un acto de confianza en fuentes y medios. Es un poco como el mecanismo de voto por procuración en la democracia participativaCuando uno no puede ir personalmente a votar pero desea hacerlo, puede otorgarle un “poder” a un tercero por medio del cual autoriza a votar en representación de uno. De cierta manera así funciona el conocimiento. Uno ejerce un acto de buena fe y deposita “un voto de confianza” en otros. De por sí confiar cuesta trabajo por ltiples razones (gobiernos corruptos, policía autoritaria, inseguridad, egoísmo, etc.)pero en tiempos de crisis aumenta el recelo, se añade un fuerte componente de miedo– después de las recesiones económicas, por ejemplo, hay una atmósfera de hostilidad que empeora conductas como la misoginia o la xenofobia.  

En general, cada individuo confía más en una fuente que en otra, y esa decisión no está guiada como casi ninguna por un conocimiento 100% racional la razón pura tiene sus límites, dijo Kant. Una cantidad de sesgos nos determinan, seamos o no conscientes de ello. El prestigio es uno de ellos. La celebridad o fama de una persona, un grupo o una fuente, inclinan notablemente nuestras decisiones, poco importa si están bien o mal fundamentadas. Asimismo los sesgos que provienen del narcisismo, como el deseo de tener razón a toda costa o la expectativa de ver nuestras convicciones confirmadas –la antesala de los prejuicios–, ambos son factores capitales a la hora de entregar nuestro voto de confianza a un artículo informativo, un rumor o programa de noticias. 

En cuanto a la psicología colectiva, el delirio conspiracionista a menudo dibuja en esquema que divide las situaciones en dos grupos: “los buenos” y “los malos”. El primer grupo está conformado por quienes conocen la conspiración y de alguna forma, desconocida incluso para ellos mismos, van a detenerlo; el segundo grupo lo conforman los conspiradores y el resto del mundo que no ha tenido la agudeza para descubrir “la verdad”.  

De igual forma, un factor psicológico colectivo reside en sobreestimar el egoísmo y el alcance de los demás. La mayoría de los países esgrime una creencia o un dicho popular según el cual desconfiar del otro es un síntoma de inteligencia y astucia. Cuando Marc Zuckerberg donó el 99% de los beneficios de Facebook a organismos caritativos, cientos de bloggers y medios denunciaban su acto como egoísta y tramposo; hay un poco de hiperparanoia en esta reacción.  

 

Es cierto que vivir en sociedad implica estar prevenido y desconfiar aunque el peligro real varía según el lugarpero en situaciones críticas como guerras o crisis sanitarias el panorama empeora considerablementeLas poblaciones dudan de todolos individuos sospechan unos de otros y reina un clima de tensión que anticipa el caos. Es el terreno ideal para la proliferación de rumores conspirativos. Interesantes experimentos han probado la relación entre ambos fenómenos2. ¿Cómo llegaron miles de londinenses a creer que las torres de red inalámbrica 5G transmiten el Covid-19 por medio de ondas electromagnéticas? Peor aún, ¿cómo llegaron a tal nivel de paranoia que prendieron fuego a decenas de torres y dejaron heridos, muertos e innumerables problemas para los usuarios de la web? Quizás lo peor del asunto es que los artículos, videos y fakenews que consultaban por internet los llevaron a destruir los dispositivos que les permitían acceder a dicha información. Una ironía que coquetea con la esquizofrenia y el telón de fondo de la distopía 

 

Tanto más sucedió en la célebre anécdota de Orson Welles y “La guerra de los mundos”. El 30 de octubre de 1938 poco menos de 12 millones de personas oyeron un programa radial en el que Welles teatralizaba, junto a la compañía “The Mercury teather on the air”, la novela de ciencia ficción del escritor británico H.G. Wells. El futuro director interpretaba el papel del Dr. Pierson, un científico que presenciaba la invasión alienígena: “Señoras y señores, esto es lo más aterrador que he presenciado nunca… ¡espera un minuto! Alguien se está acercando desde el hueco. Alguien o algo… Puedo ver dos discos luminosos… ¿serán ojos? ¿o un rostro? O tal vez sea…” Pese a que se trataba de una emisión semanal consagrada a los clásicos de la literatura, y a una “pequeña broma de Halloween” en palabras de Welles, la audiencia se tomó tan en serio la representación del futuro cineasta que miles se escondieron en sus sótanos o salieron despavoridos de sus casas, la policía recibió incontables llamadas telefónicas y se reportaron varios accidentes de tráfico a esa hora a lo largo y ancho del país. ¿Por qué millones de personas habrían de creer esto?  

No se puede olvidar que en los años treinta amenazaba la expansión del nazismo y había fuertes rezagos del trauma social provocado por la Gran Depresión en 1929. Nacía entonces en Estados Unidos una desconfianza generalizada, una atmósfera del complot que ha revivido en momentos neurálgicos de su historia como el asesinato de Kennedy, el escándalo de Watergate y los atentados de 9-11. En estas situaciones la gente estaba muy nerviosa, sentía miedo y en especial tendía a sobreestimar el alcance de un grupo ajeno y desconocido (los extraterrestres, los misteriosos opositores al gobierno de Kennedy o el grupo de poderosos detrás del presidente Bush), que es otro de los rasgos psicológicos del conspiracionismo. Lo distinto puede suscitar horror y aversión en las poblaciones, un escenario perfecto para el oportunismo de líderes políticos con figura paternal y un discurso nacionalista que reivindica ideologías en las cuales el racismo y la xenofobia son puntas de lanza.  

 

Las conspiraciones y las ideologías  

La historia de las conspiraciones es tan larga como la del ser humano. Los antiguos atenienses ya desconfiaban de la presencia de foráneos en tiempos previos al ejercicio democrático. De hecho, el juicio contra Sócrates fue producto de un acuerdo entre varios hombres poderosos pertenecientes al Tribunal de los Heliastas que dictaminó su muerte por toma de Cicuta3. ¿Qué agregar sobre el complot de Marcus Brutus y los senadores del Imperio Romano para asesinar a puñaladas a Julio César? 

En la edad media, la Inquisición acusó a las mujeres de conspirar con el diablo para lastimar a la población.  Monjes  radicales como Heinrich Kramer, autor del Malleus Maleficarum, señalaron a las “brujas” campesinas viejas o jóvenes, solteras y desligadas del poder eclesiástico como responsables directas de fenómenos dispares y no relacionados: epidemias que diezmaban a la población, sequías que afectaban los sembradíos, abortos y muertes durante el embarazo, tales fueron algunos de los injustos cargos que se tradujeron en una conspiración a gran escala. Secundados por el episcopado, los agentes de la Inquisición iniciaron una brutal “cacería de brujas, un genocidio de miles de mujeres en la horca o la hoguera4. 

El Holocausto también es en buena medida el fruto de un complot: un cenáculo de líderes nazis, oficiales y agentes de la S.S. encabezados por Hitler, se reunió en enero de 1942 en una villa de Wansee, cerca de Berlín, dictaminó el exterminio a la población judía de Europa. Este evento ha sido registrado en la historiografía como “La conferencia de Wansee5. 

Asimismo, en Tuskegee, Alabama, tuvo lugar un abominable experimento entre 1932 y 1970. El servicio de salud pública de Estados Unidos examinó cientos de pacientes negros enfermos de sífilis sin informarles que eran objeto de una investigación. En vez de tratarlos con penicilina para lograr su recuperación, observaron los efectos de la enfermedad hasta sus últimas consecuencias. Incluso provocaron la enfermedad en pacientes sanos con el fin de realizar su maquiavélico diagnóstico. Como resultado, murieron casi 150 afroamericanos.  

En los últimos treinta años, las conspiraciones han tomado un giro particular con la militancia cibernética de personajes como Julien Assange, Edward Snowden o Aaron SchwartzDesde sus computadoras, estos individuos accedieron a información celosamente guardada en los archivos gubernamentales o judiciales de instituciones como el pentágono o la CIA, e hicieron hasta lo imposible para liberar la información al dominio público. Como retaliación, han sido perseguidos con saña, sus vidas y su libertad sufrieron numerosos atentados. Assange, por ejemplo, sacó a la luz Kenia: el llanto de sangre, un informe sobre los cientos de ejecuciones extrajudiciales cometidas por la policía de Kenia desde 2007 y atribuidas a pandillas o grupos rebeldes6. Ese mismo año, presentó al mundo el portal de Wikileaks, una red de páginas web desde donde filtró sucesos como crímenes de guerra perpetrados por el ejército norteamericano en Irak y Afganistán7. A partir de ese momento se convirtió en uno de los hombres más buscados en el mundo y a su alrededor se fraguó una alianza de sus enemigos políticos para inculparlo y atraparlo. Assange huyó de Australia, de Francia y se refugió durante años en la embajada ecuatoriana en Inglaterra, donde vivió en un estado constante de aislamiento y sin comunicación con el mundo exterior. Finalmente el gobierno ecuatoriano cedió a la presión internacional en abril de 2019Assange fue apresado inmediatamente y encerrado en la prisión de Belmarshen Londres. El gobierno de los Estados Unidos ha manifestado en repetidas ocasiones su deseo de extraditar al activista para juzgarlo por “alta traición”, un delito que todavía es castigado con la pena de muerte en ese país.  

Todas las conspiraciones anteriores han sido comprobadas por diversas fuentes. Cada una expone una aberración de la ideología o una enfermedad del poder: racismo, antisemitismo, misoginia, fanatismo religioso y tiranía política. No obstante, son esencialmente distintas de las teorías conspirativas que circulan en nuestros días. ¿Por qué? Primero, hay pruebas fehacientes de su existencia, no se basan en rumores que suponen hechos improbables; además, no caen en abusos de la sensatez de teorías que declaraexcentricidades como la existencia de una asociación de reptilianos o vampiros-cyborg que nos controlan de maneras energéticas, espirituales e insospechadas así lo sostiene en sus extraños videos8  Laura Eisenhowerbisnieta del expresidente y general estadounidense Dwight Eisenhower, cuya paranoia conspiracionista y constantes menciones del “gobierno en las sombras” (shadow governementlo preceden.  

 

Los peligros de la conspiranoia  

En nuestros días las teorías conspirativas ejercen un impacto nunca antes visto. La inmediatez de su difusión entre los cibernautas entraña consecuencias inmediatas a nivel mundial. Actualmente son capaces de determinar la dimisión de un presidente o su elección como es el caso de Donald Trump, quien repetía sin cesar que el cambio climático era una farsa inventada por los chinos y que Barack Obama no nació en Estados Unidos sino en Kenia9. Asimismo, las conspiracioneconllevan el riesgo de esparcir una enfermedad mortal y causar muertes, como ocurre con la población que no se vacuna (o no vacuna a sus hijos) porque considera que las vacunas son inventos de la industria farmacéutica para ganar dinero, están manipuladas para someter la voluntad humana y causar autismo10. Peor aún, los delirios conspiranoicos provocan agresiones racistas o xenofóbicas. Así ha venido sucediendo con los linchamientos y las muestras de violencia sufridas por la población de fisonomía asiática11, juzgada como chivo expiatorio por la idea según la cual el gobierno chino elaboró el Covid-19 y lo esparció entre sus ciudadanos para derrocar la economía mundial“Una mentira repetida mil veces se vuelve verdad”, decía GoebbelsVivimos en una época en que las mentiras tienen tal influencia sobre el mundo que pueden modificarlo y hacer realidad algo que de otra manera no hubiera sucedido nunca. 

 

La mirada del observador transforma lo observado 

En 1927 Werner Heisenbgerg propuso un principio de física cuántica que establece la imposibilidad de medir con precisión la posición de las partículas. Según el físico alemán, su constante movimiento y la capacidad de superposición permiten a las moléculas ocupar más de un lugar al mismo tiempo. Además, la intervención del sujeto que mide también puede ejercer una influencia sobre lo medido. En otras palabras, si existiera un microscopio tan sofisticado que permitiera observar las partículas más ínfimas del universo, éste sería tan potente que las terminaría afectando por la interacción de la luz y los átomos. Por lo tanto, realizar muchas veces el mismo experimento puede arrojar resultados distintos. 

Es posible entrever un símil entre el principio de incertidumbre y las limitaciones de nuestro juicio en lo que respecta a las teorías conspirativas. Dado que ocupamos una posición singular en el mundo, estamos segmentarizados por factores como nuestrcontexto socioeconómico, nuestras creencias (políticas, religiosas, etc.) y nuestros deseos inconscientes (las ganas de tener la razón, de confirmar nuestros prejuicios, de oponernos a una ideología o creencia). De alguna forma estas condiciones nos imposibilitan para distinguir con claridad situaciones de una complejidad que nos rebasa y cuya impotencia nos inclina a aceptar conspiraciones imposibles de ratificar. Quizás la consciencia de esas limitaciones nos ayude a revisitar nuestras convicciones, a reconocer nuestros sesgos como los rediles de una pradera que acaso podemos ampliar o transitar con serenidad, aceptando que la experiencia de lo incierto forma parte de la vida misma.  


Autores
Lector. Escritor. Traductor de literatura francófona. Twitter: @Cajme
Rodrigo Fernández, El poeta Raúl Zurita; presentación del libro Íntegra de Gonzalo Rojas en la Biblioteca Nacional de Santiago, 25 de abril de 2013, Wikimedia Commons.
Rodrigo Fernández, El poeta Raúl Zurita; presentación del libro Íntegra de Gonzalo Rojas en la Biblioteca Nacional de Santiago, 25 de abril de 2013, Wikimedia Commons.

Nació en Chile, pero su primera lengua fue el italiano. A diferencia de otros niños que crecieron al amparo de literatura infantil, él lo hizo escuchando relatos de la Divina Comedia, en boca de su abuela materna, quien lo cuidaba mientras su madre iba a trabajar.

Quedó huérfano de padre cuando apenas contaba con dos años de edad y, a pesar de pertenecer a una familia ilustrada, padeció la miseria económica. El día en que se dio el golpe de Estado, en 1973, fue hecho prisionero y trasladado al carguero “Maipo”, donde fue torturado y permaneció recluido con ochocientas personas en un espacio para cincuenta.

Estos datos que parecen perfilar un personaje de novela dramática son hechos reales en torno a la vida de Raúl Zurita Canessa, quien este año fue distinguido con el Premio Reina Sofía, en su XXIX edición, y charló en exclusiva para el Fondo de Cultura Económica (FCE).

“Sobreviví años robando libros caros, de arquitectura o medicina, para venderlos. Hasta que fui descubierto. En 1979, cuando salió mi primer libro, Purgatorio, yo podía verlo en las vitrinas de todas las librerías de Santiago. Pero no podía entrar a ninguna. El acuerdo para no mandarme preso me prohibía ingresar a cualquier librería y quedé fichado en todas”, refiere en Verás un mar de piedras (FCE, México, 2017).

“Mi abuela fue un personaje importante en mi niñez porque nos contaba cuentos con personajes de la Divina Comedia. ¡Era terrible! Yo no sabía del amor cuando era pequeño. La nostalgia de mi abuela, que no pudo volver a su país, Italia, nos hablaba permanentemente a mí y a mi hermana de Da Vinci y Miguel Ángel. Ya de adulto me di cuenta de que todo lo que escribiría tenía que ver con ella y su relación con un país al que nunca volvió relación. Cuando años después que muriera yo fui a Italia, me di cuenta de cuenta de que había ido solo cumplir la deuda de su nostalgia”, comentó Zurita.

Al referirse a la trilogía Purgatorio, Anteparaíso y La vida nueva, cuyo diseño está trazado para soportar la estética y la belleza de las palabras, y donde se asoma su lado de ingeniero, el poeta dijo: “Fue una imagen que tuve a propósito de la situación terrible que pasaba Chile, con la dictadura del año 1973, cuando Pinochet derrocó a Allende, del cual yo era un partidario fervoroso, me apresaron en la mañana muy temprano y me di cuenta de que mi situación era muy mala por dos razones, una, porque los marinos siempre han sido golpistas, y dos, porque yo no he comido ni he dormido en dos días, pero salí y no pasó nada grave, comparado con otros que no están para contarlo.

“Tiempo después estuve en una situación más humillante. En Santiago me detuvieron durante horas por reírme. Recuerdo que cuando salí de eso, lo que menos me interesaba en el mundo era la poesía. Lo que necesitaba era conseguirme un trabajo como fuera. La poesía me interesaba nada. No podía interesarme menos. No era lo que se necesitaba. En ese entonces ser fotógrafo no era una acción de arte, sino un gesto desesperado, e hice un performance encerrado solo, en un baño. Al hacer ese  performance sentí que algo había pasado. Que se mermaba algo. Que era un comienzo. Si la guagua no chilla es porque está muerta, ese fue mi chillido”.

La de Raúl Zurita es una poesía en la cual se amalgaman el dolor y la rabia. “Estamos inundados de poesía autista, autorreferente. Creo, con toda humildad, que si la poesía comienza a interrogarse sobre sí misma es porque ha desaparecido. Hay una fuerza tan potente que se rencarna en tu cuerpo, en tus órganos, en tu sufrimiento, en tu llorar, en tu dolor, en tus deseos de amor, de muerte. Finalmente no somos sino distintas metáforas de lo mismo. Tenemos la misma necesidad de amor, el mismo temor ante la muerte y, ante esa metáfora, también aparecen las manos monstruosas. Los monstruosos hermanos nuestros que se crearon en las mismas ciudades y  caminaron las mismas calles. Sin embargo, son seres monstruosos. Nos amargan, nos linchan… Prometo que nunca he pretendido, nunca, en ningún momento, ni en mi mayor locura, que lo que yo digo pueda ser o servirle a otro para algo, para mí es así”, dijo el creador chileno.

Pensando en la idea de que la poesía no sea autorreferencial, el yo poético y el real funcionan de manera similar. “No hay nada más parecido al relato de la vida de un ser humano que la escritura y, al mismo tiempo, no hay nada más diferente en el universo que una vida al relato. Como si estuvieran separados en una distancia muy pequeña, pero insondable, un abismo infinito”. En Zurita aparece una base real, sin embargo, los escenarios son absolutamente fantásticos. El Pacífico se ha secado hace miles de años. Los escenarios son apocalípticos, como si vieras una película de mil años después. “Así lo entiendo, pero sé que un libro nunca va a ser ea vida, ni yo, ni yo tampoco voy a ser ese libro. No hay nada más parecido a un libro que una vida y una vida a un libro al mismo tiempo, es una contradicción irresoluble”, afirmó.

El poeta sudamericano ha sido un fuerte crítico con la poesía contemporánea. En ese sentido, habló de su percepción en torno al rol de la poesía contra la realidad. “Cuando uno es joven, la arrogancia tal vez sirve para autoafirmarse, pero con el tiempo te das cuenta de que perteneces a un río mucho más ancho, en mi caso, al río de la poesía chilena, pero que hay montañas de poesía autista. Si viniera un extraterrestre a la tierra y lo único que leyera fueran los libros de poesía de los últimos 60 años, lo más probable es que llegaría a la conclusión de que, salvo las decepciones sentimentales, problemas de soledad y angustia, acá en la tierra no ha pasado nada”.

Zurita reconoce tener una relación estrecha con la música, misma que se pone de manifiesto en lo que ha dado en llamar performance. En ese sentido, el vate sudamericano confesó: “La música me alucinó siempre. No soy melómano porque soy de gustos desordenados. El segundo movimiento del Sexteto de cuerdas No. 1, de Brahms. es increíble. ¿Cómo alguien puede hacer algo tan increíblemente bello? La música para mí es fundamental. Es parte de mi vida. Sin música me muero y al mismo tiempo no sé nada. Si eso se traspasa a mis libros no lo sé. Uso muy conscientemente letras de canciones bolivianas, de José Alfredo Jiménez y de Cuco Sánchez. Uno descubre imágenes en gran parte de la música popular: ‘Grítenme piedras del campo’. Esa es una invocación cuyas raíces se remontan a dos mil quinientos años: es Isaías”.

En contraparte a la sonoridad de la música, está también el silencio como ingrediente capital en la poesía de Zurita. “El silencio tiene que ver con Dante y el silencio a la entrada del infierno, cuando ve a los poetas que están en el limbo, porque ellos no podían ver a Dios. Habla con Homero, Ovidio, Lucano, y recién allí hablaron de las cosas que en vida es mejor callar. Creo que la poesía es una lucha a muerte con el silencio. Es darse de cabezazos contra lo que tú no podés. Nunca he creído en la autocensura. Son tus propios límites y son reales, y aunque te rompes la cabeza no podés ir más allá. Eso sucede cuando uno escribe poesía. A mí por lo menos me sucede. De repente sentís la impotencia y no podés ver algo que crees que está allí, pero no está”.

¿Un mar de piedras podría ser leído como una biografía? “En ese libro se engarzaron pedazos hasta el punto de construir una biografía literaria. Sin embargo, necesariamente, una biografía deja siempre lo más importante fuera, como dice Hemingway: ‘Lo verdaderamente importante no se dice’”.

Al referirse al Chile contemporáneo, a la encrucijada por la que atraviesa, así como a sus jóvenes, Raúl Zurita reflexionó un momento antes de responder: “No ilusiona. No puede dejar de doler todo el cúmulo de desigualdades, de abuso, de impunidad que había en las calles. Cómo no prever con una mirada que están construyendo casas sobre papel, sobre una fragilidad inmensa, la clase media chilena y su frase famosa ‘es una clase absolutamente endeudada, al borde permanente de la pobreza’. La diferencia en la salud entre los ricos y los pobres es abismal, una educación que no es tan buena ni para los que la pueden pagar, y para los que no lo pueden pagar es terrible, por las condiciones: cursos de 70 niños con problemas familiares tremendos. Eran tan predecibles las cosas que iban a pasar. Lo que me impresiona es que si hubieran leído lo que estaban escribiendo los poetas jóvenes hace diez años, ya estaba escrito todo. Porque claro, la poesía es como el mito de Casandra, una adivina que lo sabe todo sobre el pasado, presente y futuro, pero nadie la escucha, esa es su condena: que nadie la escucha”, concluyó el poeta.

A decir de Luis García, director del Instituto Cervantes, Raúl Zurita es un referente de la poesía iberoamericana desde su primer libro, por su lenguaje “libre, arrebatado y ajustado (…) es emblema de la gran tradición de poesía chilena” y con ella ha demostrado cómo se puede hacer frente al miedo “con la dignidad de la palabra poética”.

El Fondo de Cultura Económica cuenta en su fondo editorial con dos libros de Raúl Zurita: INRI (2003), donde refleja la fuerza poética del autor, y Un mar de piedras, que preparó el editor Héctor Montesinos.


Autores
Es doctora en filosofía por la Universidad Complutense de Madrid,. Fue editora de las colecciones de Economía, Sociología, Política y Derecho, Comunicación y la Gaceta del Fondo de Cultura Económica. Actualmente imparte clases en la Universidad Iberoamericana, campus Santa Fe y es subgerente de Proyectos especiales en el Fondo de Cultura Económica y directora de la Colección Popular de la misma institución. Autora de _El Laberinto digital. Cómo crear contenidos en la era internet _
Estudió Ciencia Política en la UNAM y maestría en la Universidad de Chile. Ha sido editor de sellos independientes entre los que destacan Sexto piso y Hueders. Ha dado clases en distintas universidades de México y Chile. Actualmente se encuentra a cargo de la subsidiaria del FCE en Chile.

Lo más fatal que un hombre puede hacer  

es tratar de estar solo1. 

 

La primera vez que te encontraste con el libro, tu amiga V te contó que El corazón es un cazador solitario, primera novela de Carson McCullers, se publicó en 1940 cuando su autora tenía 23 años y desde el primer momento fue un éxito tanto comercial como crítico, es más, el New York Times la consideró “la obra literaria del año”.  

Estabas en su casa en Iowa City, curioseando en el librero mientras esperabas que terminara de alistarse para salir. Te llamó la atención el título y cuando le preguntaste sobre él, su voz desde el baño te dijo que lo había sacado de la biblioteca porque era uno de sus favoritos. Lo hojeaste, pero antes de que decidieras si el libro te había atrapado o no, V volvió al cuarto y declaró que estaba lista. Si no lo has leído, llévatelo, te dijo. No recuerdas qué excusa diste, tal vez era justo ese momento del semestre donde no había tiempo más que para las cosas que tenías que leer para las clases. Lo leeré cuando sea el momento, le dijiste guardando el título en tu memoria. ¿Cómo olvidar un título tan bueno? Desde esa primera vez sentiste que era uno de esos libros que llegaría a tu vida en el momento justo.  

* 

 “En la ciudad había dos mudos, y siempre estaban juntos” (p.17) comienza el libro. Los mudos son John Singer y Spiros Antonapoulos, mejores amigos que viven juntos en una ciudad obrera, sin nombre, en el sur de Estados Unidos hasta el día que internan a Antonapoulos en un manicomio en otra ciudad. Cuando Singer se queda solo, se muda a la casa de huéspedes de la familia Kelly y comienza a frecuentar el café Nueva York. Así conoce a los otros cuatro personajes principales que durante el resto de la novela lo buscarán para hablar con él: Mick Kelly, una niña de trece años que sueña con ser compositora; Jake Blount, un alcohólico comunista que acaba de llegar al pueblo; el doctor Copeland, un médico afroamericano, y Biff Brannon, el dueño del café. El libro narra el año que dura la relación de estos cuatro personajes con Singer, que como sordomudo es capaz de entenderlos, pero no de responderles. Esto no impide que todos vuelvan una y otra vez a verlo en busca de compresión. “La visita contribuyó a disipar la sensación de soledad que le atormentaba, de manera que cuando se despidió se sentía en paz consigo mismo una vez más” (p.166) dice el narrador desde el punto de vista del doctor Copeland después de una de sus visitas. 

Te encuentras con esta frase a principios de septiembre, más de seis meses después de que comenzara la pandemia, seis meses de encierro solitario en tu departamento, y te sientes profundamente identificada. De hecho, todo el libro te remueve tanto que varias veces te detienes y prefieres leer sobre la autora que seguir. Leealrededor de la novela es más fácil que enfrentarte a sus personajes alienados que intentan sobrevivir a la soledad y al rechazo social a través de la única conexión humana que tienen a su alcance. ¿Qué quiere decir, piensas, que el único dispuesto a escucharlos de verdad es un sordomudoDesde el comienzo la interacción está desbalanceada y, por eso, condenada al desastre.  

Lees en My Autobiography of Carson McCullers de Jenn Shapland que McCullers acababa de mudarse a Nueva York y pasó el 14 de junio de 1940, el día que se publicó El corazón es un cazado solitario, en un cuarto de hotel “aislada y sola” como los personajes de su novela. De hecho, lees que en todos sus libros (cuatro novelas y un libro de cuentos) regresa a los mismos temas: amores no correspondidos, alienación social y el intento infructuoso de conectar con otros seres humanos. Su vida, como la de muchos de sus personajes, se encuentra marcada por la tragedia. Se casó con el mismo hombre dos veces en un matrimonio que la hizo infeliz; se enamoró (u obsesionó dependiendo de la interpretación) de Annemarie Schwarzenbach; sufrió depresión y alcoholismo; muy joven tuvo fiebre reumática, enfermedad que la dejó débil y con una condición cardiaca de la que murió a los cincuenta años.  

Cuando retomas el libro, en la página 24, subrayas el siguiente fragmento en el que John Singer intenta comunicarse por última vez con su mejor amigo antes de que éste se vaya: “Hablaba y hablaba. Y aunque sus manos jamás se tomaban un descanso, no era capaz de decir todo lo que tenía que decir. Quería contarle a Antonapoulos todos los pensamientos que había albergado su mente y su corazón, pero no había tiempo”. Y sabes que así te has sentido muchas veces en los últimos meses, cuando cuelgas una reunión de Zoom y el silencio de tu departamento te aplasta y te das cuenta que apenas dejaste hablar, que interrumpiste a todos, que no fuiste capaz de preguntarles nada de regreso a tus interlocutores, porque cuando comenzaste a hablar, no podías callarte.  

* 

Lees como nunca lo has hecho antes, consciente de cada página que falta para el siguiente capítulo, pero no es porque el libro te aburra, sino porque el confinamiento te ha dejado la concentración suficiente para escribir, pero te ha despojado de alguna facultad clave para leer. Cuando no puedes evitarlo más y la entrega del artículo está sobre ti, te obligas a leer. Conforme avanzas, surgen frases e ideas en tu cabeza, todas en segunda persona. Sigues el impulso, aunque te incomoda. Dudas porque no sabes si el recurso tiene algún sentido o si, por el contrario, al distanciarte en el punto de vista de tu artículo, estás huyendo de esta novela que tanto te apela. Al final, te aferras a tu segunda persona y te enfocas en los detalles: 

Te sorprende que los hechos más violentos, aquellos que cambian la vida de los personajes, duren apenas unas líneas, llegan de improviso, ponen de cabeza la vida del personaje, lo dejan más solo que antes, pero el narrador no se detiene en ellos, sino que los cuenta con sequedad y se concentra en lo que viene después, en las reacciones de los personajes. Pasa una y otra vez. McCullers captura algo con esto; la forma en que los momentos más decisivos de la vida son puntuales. Casi podrías perdértelos si no lees con cuidado, pero las secuelas del cambio permanecen, reverberan en la vida de cada personaje. 

Te sorprende cómo los temas políticos que toca la novela siguen vigentes. Todos los personajes se encuentran insatisfechos con sus circunstancias. Todos son productos de su época. Pero en sus discursos a Singer, encuentras ecos que retumban hacia el presente con las manifestaciones después de la muerte de George Floyd; con las limitaciones que la pobreza pone a los sueños de las personas; con las discusiones sobre la voracidad del capitalismo.  

Durante todo el libro esperas el momento en que dos de los personajes, Blount y el doctor Copeland, por fin hablen porque parece que ellos podrían entenderse. Ambos admiran a Karl Marx y quieren cambiar el mundo en el que se encuentran, ¿qué fácil sería hablar y conectar si comparten las mismas ideas? Pero cuando por fin sucede, discuten, no se entienden y terminan peleando. Comparten ideas, pero las estrategias de acción son distintas, mientras más hablan, más parecen incompatibles. No son capaces de escucharse y cada uno se aferra a las conclusiones a las que ya había llegado, decretando que el otro está equivocado. Concluyes que en el mundo del libro las circunstancias de los personajes evitan que puedan comunicarse de verdad y cuando piensas en las discusiones de Twitter que lees a cada rato, piensas lo vigente que sigue siendo esta idea.  

* 

Te preguntas si leer algo que te apela, te afecta, de manera tan directa podrá curarte de la aflicción de la lectura o si es esperar demasiado del libro. Tratas de leer con mente crítica, pero una y otra vez vuelve a subrayar alguna frase como “Sintió deseos de no volver a ver una cara humana. Sin embargo, al mismo tiempo no se veía capaz de permanecer allí sentado, solo, en la vacía habitación (p. 280) y no puedes evitar pensar en todas las veces que has tenido lo que llamas “ataques de soledad”. Llega la ansiedad y te sientes incómoda en tu propia piel, incapaz de estarte quieta, de concentrarte, de hacer cualquier cosa. La única cura que has encontrado hasta ahora es sentarte en la misma habitación con otra persona y hablar. 

¿Será por eso que tus párrafos están en segunda persona? Más de una vez cambias los verbos, vuelves al “yo”, pero cada vez esto te estanca. Casi parece que este libro en el que nadie logra realmente ser escuchado, te ha empujado a hablar contigo misma. En la página 236 Singer le escribe una carta a Antonapoulos, aunque éste no sabe leer. Cierra: “No sirvo para estar solo y sin alguien como tú, que comprende”. Lees esta cita y dejas de lucha con el punto de vista porque, al final, ¿qué es escribir en segunda persona sino pretender que el texto es una conversación y no un monólogo?  

* 

No sabes de dónde salió esa creencia tuya de que los libros llegan a tu vida en el momento correcto, pero hasta ahora habías confiado en ella ciegamente. A ratos parece sólo una buena excusa para explicar por qué no has leído un clásico, pero te ha pasado tantas veces que cuando te encuentras con ciertos libros que casi puedes asegurar que serán para el futuro. Te pasó con Los detectives salvajes que intentaste leer cuatro veces antes de devorarlo en un viaje a Lisboa o con Memorias de Adriano el libro favorito de tu madre que cargaste a varios países hasta que por fin lo leíste al regresar a México.  

La segunda vez que intentaste leer El corazón es un cazador solitario estabas de nuevo en la casa de V, pero esta vez en su departamento de Madrid. Te estabas quedando allí unas semanas antes de irte de España y, de nuevo, curioseando el librero te encontraste con su copia, la que leyó en la universidad cuando estaba estudiando letras inglesas y pensaste que tal vez por fin llegó el momento, pero entre las despedidas, las semanas se te fueron y de nuevo lo dejaste de lado.  

Por eso, cuando viste el título del libro entre los temas a elegir, pensaste que ahora sí había llegado el momento y que, si no era el correcto, te obligarías a leerlo de todas formas. En la página 47 lees los pensamientos de Biff Brannon sobre el primer encuentro entre Singer y Blount. Se pregunta por qué éste tuvo esa necesidad de entregarle todo lo que llevaba en su interior al sordomudo y concluye: “Porque forma parte de la naturaleza de ciertos hombres entregar en un momento dado todo lo que es personal, antes de que fermente y envenene…, arrojárselo a un ser humano o a alguna idea humana. Tienen que hacerlo. Está en su naturaleza” y una parte de ti se alegra de la obligación, aunque al terminar de leer lo único que quieres es eso mismo, entregarle a otro ser humano todo lo que has sentido. Al final, lo único que haces es mandarle un mensaje a V que dice: “Estoy destrozada”. 

¿Fue este confinamiento el momento correcto para el libro? No lo sabes, pero intuyes que esa no es la pregunta más importante. Al pensar en el “momento correcto”, te das cuenta que la experiencia de leer ha quedado marcada por tus propias circunstancias y es imposible disociarlas. El libro te afectó y lo que sacaste de él está unido a este momento vital. Hay muchas más lecturas en él de la que puede contener este artículo, pero a ochenta años de su publicación, El corazón es un cazador solitario te habla del presente tanto como del pasado. No tiene una respuesta para la soledad que estás sintiendo, pero al menos está allí para hablarte de verdad.  

 


Autores
(Ciudad México, 1990), química y escritora. Es autora de cuatro novelas juveniles de fantasía, el libro de ensayos Grados de miopía y de los libros de cuentos Un año de servicio a la habitación y Ansibles, perfiladores y otras máquinas de ingenio. Fue becaria del Fonca en el Programa Jóvenes Creadores y del Ayuntamiento de Madrid en la Residencia de Estudiantes. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2018 de cuento y el Premio Nacional Juan José Arreola 2019. En 2021 fue seleccionada como parte de los 22 Novelistas Jóvenes en español por la revista Granta. Actualmente estudia la Maestría de Estudios de Asia y África en el Colegio de México.
Imagen de Mariana Martínez
Imagen de Mariana Martínez

Los rumores a la salida de la iglesia viajaban en pequeños susurros y miradas indiscretas que consiguieron incomodar a don Mario Patlani y doña Marta, su esposa. Casi todo el pueblo asistió a misa aquel domingo, pues el sacerdote daría anuncios importantes para la mayordomía.

En un inicio don Mario pensó que la gente los miraba por la expectativa de lo que pudieran hacer en su administración, pues a su familia le correspondía ese año ser los mayordomos de San Juan Bautista. Pero poco a poco le fue pareciendo sospechoso que nadie se acercara y solo los miraran. Después supuso que los comentarios tenían que ver con que Lupita, su única hija, quien no los acompañó aquella mañana tan importante para la familia. Pensó que bastaría con aclarar que Lupita les pidió permiso para quedarse en casa porque se sintió enferma toda la semana y quería descansar.

Don Mario no aguantó la curiosidad, se acercó a su compadre Gilberto y le preguntó qué se traía la gente. Gilberto le contestó que una compañera de su hija había corrido el rumor de que, mientras estaban en misa, Lupita aprovecharía para fugarse a la capital, que lo llevaba planeando semanas. En el pueblo de Ixtenco nada había causado tanto revuelo desde hacía bastantes años.

Guadalupe, una joven de 18 años, hija única del matrimonio de los señores Patlani, recientemente había terminado el bachillerato durante el que demostró un gran interés por el conocimiento, se interesaba por la literatura y a diferencia de sus compañeros ella disfrutaba de los libros. Varias fueron las discusiones con sus padres por su intención de seguir estudiando, para lo que debía dejar su hogar. Ninguna mujer de la familia se había atrevido a salir del pueblo, no había nada que buscar fuera de ahí, le decían sus padres, todo lo que se necesita para vivir tranquila y dignamente estaba con ellos.

Pasaron varias semanas en las que intentaron conocer a dónde se había fugado Guadalupe, pero nadie sabía; a sus amigas solo les dijo que quería irse a la capital a estudiar, pero no comentó con quien o a que lugar llegaría. Don Mario y doña Marta se entristecieron. En algún momento se les planteó que cambiaran para otro año su mayordomía, pero don Mario se negó, dijo que el compromiso con el santo era mayor a cualquier otra cosa.

Para los primeros días de junio Guadalupe cumplía cinco meses de haber salido del pueblo. Los preparativos para la celebración estaban en marcha. El santo se encontraba en la casa de los Patlani para unas pruebas de los ropones que utilizaría en las festividades. Mientras en la casa se encontraban varias personas ayudando con la preparación de la indumentaria del santo, llegó una carta. El sobre que entregaban a doña Marta venía firmado por Guadalupe Patlani. Al fin se sabía algo de ella. Doña Marta le pidió a una jovencita que le leyera la carta.

 

Padres:

     Tengo un recuerdo en el que estoy, a mis doce años, esperándolos fuera de la secundaria, al fin logro verlos llegar. Caminamos en dirección a la casa y me emociona poderles contar sobre un nuevo libro que leí, habla sobre las ranas y he descubierto mi gusto por los animales; tenía un nuevo sueño, el de estudiar para médico veterinario. Camino entre ustedes y mi padre parece no escucharme, mamá me acaricia la cabeza pero no hace ningún comentario.

    Sigo preguntándome de donde saque el valor para salir del hogar, salir del pueblo. Sé la pena que les he causado, imagino el enojo de papá, me lastima pensar en la angustia de mamá. Pero debía arriesgarme a salir o tendría que vivir con la eterna duda de si soy capaz de perseguir mis sueños, de buscar la felicidad lejos de casa.

     Fui la primera en muchas generaciones que se alejó del Valle, la única que dejó la casa. Espero encontrar mi propio camino.

     Los extraño mucho y cada día me duermo pensando en ustedes. Espero algún día puedan entenderme, me vine a la ciudad a estudiar, he encontrado el apoyo de la maestra Raquel. No se preocupen de mí, espero pronto visitarlos.

Los quiere Guadalupe.

Las palabras fueron para doña Marta un alivio, por fin tenía noticias de su hija. Para don Mario la carta fue motivo de un gran coraje, manoteaba y gritaba que era un descaro, que más le valía a Guadalupe no regresar. Entre la gente que estaba ayudando se encontraba Gilberto, el compadre. En un intento por calmar a don Mario, Gilberto quiso tomarlo del brazo pero don Mario se jaloneó y rompió la mano derecha de San Juan Bautista, la mano de yeso cayó al piso y se destrozó. Todo ruido que había en la casa desapareció.

La creencia dicta que las lluvias llegarán siempre y cuando el dedo de San Juan Bautista se mantenga apuntando hacia arriba. Ahora la figura del santo patrono no tenía la mano derecha.

El 24 de junio se realizó la tradicional peregrinación a la cueva en el volcán, con el brazo del santo roto. Los creyentes iban temerosos de que la Malinche estuviera enojada. El recorrido se llevó a cabo, pero la lluvia que año con año los acompañaba nunca llegó. El presagio de que la lluvia solo aparecería mientras el santo patrono mantuviera el dedo de su mano hacia arriba se había cumplido. San Juan Bautista había perdido la mano, el volcán estaba enojado, la Malinche estaba enojada. Don Mario culpó a su hija de la desgracia del pueblo. Pasó una semana y las lluvias no llegaron. La desobediencia, aquella traición, aquella carta, aquel enojo, aquel brazo roto, todo era culpa de una mujer rebelde: Guadalupe.

La hija de los Patlani se enteró de lo ocurrido en casa de sus padres cuando recibieron la carta. La maestra Raquel, que aún visitaba el pueblo donde alguna vez dio clases, le platicó. Un par de semanas después, Guadalupe, tomó la decisión de enviar una nueva carta a su padre:

Padre:

    Me he enterado de lo que ha pasado en Ixtenco y lo lamento mucho. Sé que no podré regresar y me pesa. Solo quiero escribirte lo que pienso aunque creo que no me entenderás. Ahora estoy haciendo algunas de las cosas que anhelaba: conocer la ciudad, tomar mis propias decisiones y asumir sus consecuencias. Entiendo que me protegían pero en mí estaba esa necesidad de salir a enfrentar el mundo: moverme de la pasividad del pueblo.

     Estos movimientos de rebeldía como tú les llamas no saldrían de mí si no hacia esto, tarde o temprano sucedería. Entiendo me costará muy caro, en momentos me he sentido estúpida e impotente, pero continuaré tras mis deseos, tras nuevos horizontes. Fui muy hocicona e indiferente a muchos valores que intentaron inculcarme, pero he crecido y sentido que esas costumbres y valores me traicionan. Comprendo que no te parezca lo correcto, pero es lo mejor para mí. Ojalá algún día me comprendas.

Te quiere Guadalupe.

Sentado fuera de su casa, don Mario, revisa la correspondencia, mientras espera que reparen la mano del santo patrono. Entre el correo que llegó está el periódico del día y la carta de Guadalupe. No podía decidir entre leer o no la carta de su hija, aún la detestaba, pero quería saber qué tenía que decirle. Don Mario hace a un lado el periódico, lee la carta de Guadalupe, al terminar la rompe y la tira quedándose quieto en su silla.

Don Mario escucha que alguien se acerca y en seguida toma el periódico, es doña Marta que sale para avisar a su marido que el santo ha quedado reparado. Lo mira; él está leyendo. La esposa ve que una gota cae sobre la hoja del periódico que lee su marido. Don Mario avienta el diario y cae abierto en las noticias del clima donde dice: “Después de unos días de retraso, las lluvias al fin llegarán al volcán la Malinche: se espera para hoy por la tarde”. Don Mario mueve la cabeza negativamente, su rostro se humedece y observa la lluvia caer.

 


Autores
José Alberto Méndez Severiano, Estado de México (1986). Estudia la carrera de Creación Literaria en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). Participó en el compilado de minificciones "Mínimas perdurables" publicado en colaboración con la Secretaría de Cultura, también ha participado en la revista Cultura Urbana.

Ilustrador
Mariana Martínez
Foto de form PxHere

Mi deseo de dominar al mundo y mi ambición expansionista imperial comenzaron con un videojuego. En los años noventa, cuando se popularizaron los juegos de computadora para Windows, me fascinaba jugar el World Empire IV. El juego era muy simple y mostraba un mapa de colores con las naciones del mundo y los nombres de los países. El objetivo era conquistar los diferentes territorios por medio de invasiones por tierra, mar o aire convertirlos a tu “ideología”Loconflictos eran señalados por globos rojos y amarillos con picos asimétricos que parpadeaban por unos segundos y marcaban las supuestainvasiones, tras lo cual se lograba o no la conquista. Poco a poco y con suerte, iba coloreando el mapa de todos los continentes del color predeterminado que había elegido para marcar la expansión de mi imperio. Así me aprendí los nombres de los países y podía reconocer sus banderascapitales y población aproximada (según el juego), que se mostraban en una barra lateral antes de efectuar la conquista. 

Cuando me regalaron mi primer globo terráqueo para ver en tercera dimensión los países, lo primero que hice fue compararlo con el viejo globo que estaba en casa de mi abuela que era mi fascinación porque todavía marcaba la “Unión Soviética”. El mío, renovado y con colores más brillantes, ya tenía las particiones de todas lanaciones nuevamente independientesDesde entonces, me obsesioné con la geografía y la cartografía, y me preguntaba si los países que yo veía en el mapa existían en realidad y si sería posible realmente conquistarlos con facilidad o simplemente re-trazar los límites de los estados, como en el videojuego. Lo que más me fascinaba era encontrar nuevas ciudades o regiones en los pliegues, cuyos nombres desconocía. Luego de “descubrir” un nuevo lugar corría a la enciclopedia a buscar más información sobre el remoto espacio que aún no había cartografiado. 

Las micronaciones que han surgido en los últimos cincuenta años son prueba de que mi ambición expansionista imperial no es única, sino que forma parte de un deseo compartido por todos los pobladores de la tierra que nos sentimos súbditos, muchas veces inútiles y mínimos, de naciones en las que poco podemos influir. La solución de los micronacionalistas ha sido crear sus propias naciones, colorear los espacios ficticios o en disputa de sus propios colores ideológicos y multiplicar la lista de naciones con adherencias afectivas pero sin reconocimiento oficial. 

*** 

En 1966 un mayor retirado de la armada británica, Paddy Roy Bates, se apropió de una vieja plataforma marina, Roughs Tower, y la proclamó su territorio soberano. La plataforma, que está en el mar del norte diez kilómetros de la costa de Suffolk, Inglaterra, era una vieja estructura que había sido usada por la marina como puesto defensivo durante la Segunda Guerra Mundial. La plataforma es del tamaño de dos canchas de tenis (tiene una superficie de 550) y está colocada 18 metros sobre el mar, sostenida por dos columnas huecas de concreto. En un principio, Roy se apropió de la torre para que fuera la base de su estación de radio pirata. En los años sesenta, la BBC tenía el monopolio de las transmisiones de radio y no había ninguna estación que tocara música sino hasta la media noche. Algunos aficionados establecieron estaciones piratas en barcos o, como Roy, en plataformas, para transmitir música las 24 horas del día desde fuera de las fronteras de Inglaterra.   

Después de establecer su nueva estación de radio en la plataforma de artillería, Roy decidió regalarle la isla a su esposa por motivo de su cumpleaños. Poco después, en 1967, establec formalmente el estado independiente de la “Principalidad de Sealand”, invocando la Ius Gentium Derecho de gentes” sobre un territorio que era Terra Nullius, es decir, Tierra de nadieRoy izó su nueva bandera y junto con la recién coronada Princesa Joan establecieron una monarquía constitucional, parlamentaria y unitaria. 

La improbable historia de la creación de la nación marítima más pequeña del mundo fue un golpe para el derecho internacional y abrió la puerta para que surgieran muchas otras micronaciones. Aunque ningún país reconoce formalmente al Principado de Sealand, es muy difícil negar su soberanía. En más de una docena de ocasiones, el gobierno británico ha intentado reconquistar la plataforma ya sea por la fuerza o legalmente, pero ha perdido cada una de estas batallas. La plataforma está localizada en aguas internacionales y por lo tanto fuera del mar territorial de Inglaterra. Luego de que Michael, el hijo de Roy, disparara a trabajadores que se aproximaron a la plataforma en un barco, se declaró en una corte inglesa que Sealand tenía el derecho soberano territorial de defenderse porque está a más de diez kilómetros de la costa, en aguas internacionales, desde entonces los Bates toman este precedente legal para mantener su principado. 

En las cinco décadas desde su establecimiento, Sealand ha sido víctima de golpes de estado, ha tenido crisis de rehenes, ha intentado resolver sus problemas económicos siendo un casino flotante, un paraíso digital para el crimen organizado o una base para WikiLeaks. Sealand es el espacio ideal para el sueño de libertarios que buscan una nación lejos del alcance de toda regulación gubernamentalPese a que no es reconocida legítimamente, es la micronación más conocida del mundo y ha sido modelo para la fundación de otras micronaciones que buscan rehuir al derecho local y encontrar espacios de soberanía en territorios en disputa. 

 

Vista aérea del Principado de Sealand Foto por Ryan Lackey - Flickr CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=6911235

Vista aérea del Principado de Sealand Foto por Ryan Lackey – Flickr 

 

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La geografía y la cartografía puras son neutrales en su condición de ciencias y métodos basados en las ciencias naturales o las matemáticas, pero son la base para toda cuestión y disputa políticaLas delimitaciones geográficas y el trazado de líneas contienen en sí mismas ideas políticas acerca del espacio y la ordenación del mundo para su aprovechamiento y dominio. Las líneas imaginarias, hasta hoy, nos impiden acceder a ciertos espacios o nos dan el beneficio de entrar gracias a un pasaporte con la denominación de origen de nuestro cuerpo. 

La toma de la tierra es el acto primitivo que establece un derecho ya que “la historia de todo pueblo que se ha hecho sedentario, de toda comunidad y de todo imperio se inicia, pues, en cualquier forma con el acto constitutivo de una toma de la tierra…precede lógicamente… e históricamente a la ordenación que luego le seguirá. Contiene así el orden inicial del espacio, el origen de toda ordenación concreta posterior, de todo derecho ulterior. La toma de la tierra es el arraigar en el mundo material de la historia”1.  

El jurista alemán Carl Schmitt, adscrito en sus inicios al régimen nazi, publicó en 1950 El nomos de la tierra. El libro conforma una compleja teoría que liga las ideas históricas de la tierra y el territorio con el derecho que se fundó a partir de cada uno de los diferentes ordenamientos espaciales. Para Schmitt todo orden social es una ordenación del espacio y está condicionado por las concepciones que se tienen del espacio y, por lo tanto, toda revolución social es una revolución espacial, es decir, un cambio radical en cómo se concibe la dimensión del espacio. Para Schmitt, la conquista de un territorio es el acto que funda el nomoses decir, el principio auténtico de legitimación más allá de la mera legalidad2.

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Las micronaciones son entidades constituidas como países modelos que proclaman ser estados independientes pero no tienen el reconocimiento del resto de los estados u organismos internacionales. Generalmente ocupan territorios muy pequeños o imaginarios y casi no tienen población. Tampoco tienen muchos de los atributos de un estado tradicional como control de su territorio, población o monopolio de la fuerza y soberanía. Muchas micronaciones reclaman territorios o le disputan territorios a otros estados, pero muchas de ellas existen solo de forma virtual (como un espacio social o un dominio en internet).  

En los últimos cuarenta años, gracias a la expansiva desterritorialización del internet y a la tentativa de reterritorialización de viejos reclamos territoriales, se han multiplicado las micronaciones. 

Es importante distinguir a las micronaciones de los pequeños países o microestados, que sí tienen un reconocimiento legítimo como Andorra, Mónaco, FijiLichtenstein, San Marino, Palaos, Tuvalu o el Vaticano. Las micronaciones, a diferencia de los microestados, no cuentan con ningún reconocimiento de su soberanía o territorio y muchas de ellas no tienen los atributos de un estado tradicional. Pero no hace falta mucho para fundar una micronación y legalmente es relativamente fácil hacerlo.  

Lo que tienen en común las micronaciones es que se mantienen dentro de los cuatro principios que definen a un “Estado” según la Convención de Montevideo: población permanente (aunque sea solo una persona), un territorio definido, un gobierno y la capacidad de entablar relaciones con otros estados. Todas las micronaciones cuentan con un nombre, un territorio (que va desde un dominio en internet, un cuarto adolescente o el universo entero), ciudadanos y tienen algún objetivo para legitimar su fundación. 

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El Principado de Seborga decidió retomar un fragmento de tierra de 14 km² en el noreste de Italia, cerca de la frontera con Francia, que según Giorgio Carboneno pertenecía legalmente a Italia. Después de una búsqueda exhaustiva en los archivos del Vaticano, Carbone, un ambicioso floricultor de la región, trazó claramente la historia del territorio de Seborga del que luego se proclamó príncipe: durante la Edad Media Seborga había sido propiedad de los monjes benedictinos de San Onorato de Lerins y en 1079 el Abad del monasterio fue coronado Príncipe del Sacro Imperio Romano, con autoridad sobre la Principalidad de Seborga. En el siglo XVIII la Principalidad se le vendió a la dinastía Savoy pero en la Unificación de Italia de 1861 no hay ninguna mención del principado, por lo que la fundación de la República Italiana de 1946, para Carbone, fue un acto ilegítimo y unilateral porque no consideró en ningún documento la soberanía de Seborga. Los habitantes de Seborga proclamaron en 1963 la independencia del principado y eligieron a Carbone como jefe de estado. Carbone se proclamó “Su Tremendidad” (Sua Tremendità) Giorgio I, Príncipe de Seborga, y la mayoría de los menos de cuatrocientos habitantes de la región votaron a favor de la independencia de Seborga de Italia. 

El Principado de Seborga es una de muchas micronaciones que han sido fundadas por reclamos históricos válidos (o no tan válidos) como Sealand, la República Libre de Liberland, la Dependencia Real de Forvik o el Reino de Tavolara. En los archivos o en las lagunas de las leyes buscan que se les permita tener soberanía sobre un estrecho pedazo de tierra y así fundar un nomos sobre el cual arraigar su historia material y social. Las historias de los orígenes son ficciones que legitiman una trayectoria expansionista. Reclamos como el de Seborga revelan, en última instancia, que nuestra idea de soberanía fundada sobre el nomos de la tierra sutura el espacio del ser con el de la ley y el lugar y tiene brechas que nos muestran cómo se construyó el orden geopolítico a lo largo de la historia.

El principado de Seborga. Wikimedia Commons.

El principado de Seborga. Wikimedia Commons.

 

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A fines del siglo XIX e inicios del siglo XX la ordenación de la tierra y la idea de los Estados, que había nacido como vehículo de la secularización, cambió radicalmente y con ello el ámbito de la economía toma el primer plano en las relaciones que ahora son mundiales y dependen de la “libertad de la economía del mundo”3. Es decir, por encima de las fronteras político-estatales ahora está la economía mundial, no-estatal. El triunfo definitivo del capital marca la capacidad de descodificar el territorio como orden y de sustraerse al nomos para imponer su propia lógica devoradora. 

La tentativa capitalista vino a cambiarlo todo y como bien dice el filósofo Gilles Deleuze, “consiste en reinventar territorialidades artificiales para inscribir a las personas, para volver vagamente a recodificarlas… Y ahí donde las territorialidades son flotantes, se procede por reterritorialización artificial, residual, imaginaria4. Por un lado, bajo el capitalismo todo se desterritorializa constantemente, se descodifica toda identidad solida y estable o todo territorio fijo y consistente. Y, por otro lado, el capitalismo no cesa de reterritorializarse, de neo-territorializar, lo que no significa que resucite las viejas ideas de una soberanía que emerge de la posesión de la tierra o del cuerpo del soberano, sino que se trata de una reterritorialización subjetiva o de las subjetividades. La territorialización, no obstante, no se refiere solamente a la tierra, sino “todo doblamiento de los signos sobre aquello que puede servir de territorialidad en relación a ellos”5. 

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Cuando los estados fallan y no crean espacios de legalidad para reterritorializar a las subjetividades, nacen micronaciones. El Reino Gay y Lésbico de las Islas del Mar del Coral, por ejemplo, nació como una micronación autoproclamada a manera de protesta simbólica de parte de un grupo de activistas LGBTQ de Queensland, Australia. En 2004, un grupo reclamó las islas no habitadas del Mar del Coral y declararon su independencia de AustraliaLlegaron en el barco “Gayflower” a la isla de Cato e izaron la bandera del arco iris como protesta ante la decisión del parlamento federal australiano de prohibir los matrimonios homosexuales. En las pequeñas islas sin agua potable los activistas proclamaron su capital en un campamento de la isla Heaven. Basándose en la “Ley de enriquecimiento injusto” de la ley internacional que proclama que las poblaciones oprimidas tienen derecho de autogobierno y autodeterminación, los activistas proclamaron como “compensación territorial” un estado independiente gay y lésbico. La micronación existió de facto hasta 2017 cuando el parlamento australiano finalmente legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo y el autoproclamado emperador Matthew Briggs disolvió el reino.  

 

Estampillas. Wikimedia Commons

Estampillas. Wikimedia Commons

 

Algunas micronaciones también comenzaron como un experimento social o como protesta política como el Reino del Otro Mundo basado en el matriarcado, o North Dumpling, una isla en la costa del Estado de Nueva York que se declaró independiente cuando decidieron no construir una turbina eólica en la isla. En esta veta, hay micronaciones que comenzaron como un proyecto artístico o pedagógico como el Gran Ducado de las Islas Lagoan, el proyecto de arte colectivo esloveno Neuwe Slowenische Kunst (NSK) que fundó su propio estado soberano como parte de su programa artístico, o el Reino de los Libros de Hay-on Wye que declaró una ciudad independiente de la corona británica.  

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En 1979, Robert Ben Madison, con tan solo catorce años, fundó en Madison, Milwaukee, una de las micronaciones más antiguas que aún sigue vigente: el Reino de TalossaPoco después de la muerte de su madre y con una ceremonia en la sala de su casa, hizo lo que muchos soñamos: declaró que su cuarto era su propio “país independiente y soberano” y que él sería su monarca y único ciudadano. Madison escribió un periódico, diseñó una bandera y un emblema para su nueva nación e incluso diseñó su propio idioma, el Talossano. Pero lo que le dio notoriedad fue que en 1995 Talossa fue la primera micronación en registrarse en internet y tener una presencia muy activa. A partir de una serie de reportajes que se hicieron sobre su reino, muchos “ciudadanos” se unieron a Talossa y a partir de entonces Madison comenzó a declarar que él había inventado el término “micronación”. Talossa tiene su propia lengua, el glheþ Talossan con 35,000 palabras y 121 palabras derivadas que inventó el propio Madison e incluso hay un Comité para el uso del lenguaje Talossano que en su página web da cursos para aprender el idioma y periódicamente extiende decretos sobre los cambios del uso en el lenguaje y suplementos a la lista del vocabulario. En su libro sobre Talossa, Madison dice que en un referendo la mayoría de los ciudadanos estuvieron de acuerdo en describir a Talossa como “una comunidad de personas que se divierten haciendo cosas que son razonablemente similares a lo que hacen otros países (“reales”), ya sea por razones de nostalgia turística, por desear poder, en busca de ser una parodia o, también, como la construcción de una nación”[efn_ note] R. Ben Madison, Ár Päts, The Classic History of the Kingdom of Talossa. 1979-2008. Abbavilla, Atatürk, RT: Preẞeu Støtanneu, p. 6. https://docplayer.net/47443172-Ar-pats-the-classic-history-of-the-kingdom-of-talossa-r-ben-madison-m-a.html  [/efn_note]. A partir del surgimiento de Talossa en internet, han sido fundadas muchas otras micronaciones, territorialidades artificiales que existen exclusivamente en línea. 

Con el internet y el surgimiento de la propiedad sobre los códigos o dominios virtuales surgieron nuevas territorialidades indeterminadas. Como llegó a vislumbrar Schmitt con el colonialismo en Áfricaante una identidad abstracta del suelo, no puede comprenderse verdaderamente por qué ha de estar prohibida la adquisición de colonias a un Estado neutralizado y por qué un Estado cualquiera no ha de poder dominar, en cualquier parte del globo, por distante que se encuentre, cualquier trozo de tierra como territorio estatal6. Excepto que, ahora, la identidad abstracta es puramente virtual y lo que se adquieren son territorios ya sean extraterrestres o servidores remotos que constituyen territorios para las micronaciones y sus diversas ambiciones.  

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El Imperio Aericano (Aerican Empire) es una micronación fundada en 1987. Aerica no tiene ningún territorio soberano propio y tampoco ha sido reconocido por ningún otro estado soberano. Los ciudadanos aericanos reclaman la soberanía sobre un vasto territorio despoblado que incluye 1km² en Australia, el área del tamaño de una casa en Montreal, Canadá y otras áreas de la Tierra, además de una colonia en Marte, el hemisferio norte de Plutón y un planeta imaginario. Su bandera es similar a la canadiense, pero tiene una gran cara amarilla sonriente en el centro en vez de la hoja de maple. El lema del Imperio Aericano es: “El mundo es ridículo; mantengámoslo así” (“The world is ridiculouslet’s keep it that way”). El imperio fue fundado por el canadiense Eric Lis y un grupo de amigos. Durante los primeros diez años, el Imperio era enteramente ficticio y reclamaba soberanía solo sobre planetas ficticios y peleaba con otras micronaciones de forma virtual, pero después de la apertura de su sitio en internet en 1997, el Imperio fue declarado una entidad real y comenzó a emitir pasaportes, monedas y notas bancarias. A el Imperio Aericano le siguió otra veta de micronaciones que nacieron como un experimento legal o científico como Asgardia y Celestia que reclaman que todo el universo es su territorio. 

El impecablemente diseñado sitio de internet de Asgardiao el “Reino espacial de Asgardia”, micronación que nació en 2016, nos muestra lo lejos que puede llegar la ambición expansionista y de tener un espacio que abarca más que nuestras viejas ideas de territorialidad. Asgardia busca ser una nación digital independiente y quiere que el espacio exterior sea libre para todos, para que la humanidad sea inmortal y se perpetúe. La misión de Asgardia es “unir a la gente en una sociedad transnacional, igualitaria y progresiva y construir un nuevo hogar para la humanidad en el espacio para proteger a nuestra cuna, el planeta Tierra7. Asgardia quiere desarrollar una nueva ley espacial que elimine la militarización del espacio. Para ellos, los sistemas de gobierno existentes han probado ser ineficientes y creen que a través de la tecnología pueden crear un gobierno realmente humanista y democrático.  

 

 

Muchos ven a Asgardia como un proyecto viable dada la accesibilidad de la tecnología espacial y hace unos años lanzaron su primer satélite, Asgardia-1, que es su territorio soberano que protege a los símbolos nacionales, la constitución e información de los asgardianosSer ciudadano de Asgardia es muy sencillo y solo requiere la verificación del correo electrónico y aceptar la constitución. No me podía quedar con la curiosidad y les escribo como nueva ciudadana de Asgardia luego de haber leído meticulosamente la constitución y asegurarme de que no incluyera una contribución económica obligatoria. El fundador, Igor Ashurbeyli, un científico y empresario ruso, originalmente de Azerbain, me mandó ya un certificado virtual, prueba de mi nueva micro-nacionalidad. 

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En el serio juego de las micronacionalidades y el micronacionalismo las ambiciones no son tan distintas a las de cuando jugaba World Empire IVPoco a poco, la reinvención de territorialidades artificiales o de reclamos territoriales va coloreando el siglo XXI de colores insólitos e insospechados bajo el nombre de las mismas ideologías. La proliferación de las micronaciones me parece un síntoma de cómo nuestra ambición y ego buscan a toda costa o, quizás, a costa de todo espacio, poseer un territorio sobre el cual ser soberanos absolutos y ejercer nuestra (falsa) libertad plenaEl reclamo de soberanía de parte de las micronaciones no es muy diferente a la forma en que muchas identidades minoritarias reclaman su lugar en la esfera política y es parte de la misma maniobra de desterritorialización y reterritorialización de parte del capital, que nos atomiza cada vez más a su antojo, haciéndonos creer que somos únicos y diferentes e, incluso, que podemos ser ciudadanos de diferentes naciones. Al final, importa muy poco para el capital si nos declaramos soberanos de una nueva micronación, siempre y cuando sigamos disgregados, desarticulados y sigamos consumiendo las nuevas cartografías que nos prometen siempre más libertad, siempre más felicidad, siempre la realización de nuestro último deseo. 


Autores
(Ciudad de México, 1989), doctora en literatura latinoamericana por Cornell University. Psicoanalista en formación. Ha publicado múltiples textos académicos y crónicas en revistas nacionales e internacionales. Su libro Curaçao: costa de cemento pueblo de prisión (FETA: 2019) fue ganador del Premio Nacional de Crónica Joven Ricardo Garibay 2019.