Tierra Adentro
Ilustración por Eduardo Ramón Trejo

“Nadie sabe lo que puede un cuerpo”, dijo Spinoza1, y sí, nadie lo sabía. A mi madre  solo le dijeron que quedaría postrada en una cama, toda mi vida.  Parálisis cerebral, fue el nombre del diagnóstico que los médicos dijeron para nombrar lo que tiempo después se convertiría en el leitmotiv de mi creación artística.

Fue la falta de oxígeno al nacer; primero sacaron a mi hermana gemela, del vientre de mi madre, y cinco minutos más tarde a mí. No poder respirar a tiempo, me provocó un daño en el cerebelo, el área que controla los movimientos. Meses después de mi nacimiento, mi hermana evidenció que algo no estaba bien conmigo, en mi motricidad, pues mientras ella podía sostener su cabeza y sentarse bien, yo me desparramaba sin fuerza en la cama. Así que tras varios exámenes médicos el veredicto osciló de retraso motriz a parálisis cerebral infantil, nombre demasiado fuerte, y una etiqueta  para una niña de dos años, que apenas comenzaba su vida y, según los doctores, nunca podría valerse por sí misma.

Recuerdo las terapias, los ejercicios dolorosos, tener que esforzarme por decir una palabra para que supieran lo que yo quería o necesitaba, ir de aquí para allá con mi madre y hermana para hacerme valoraciones médicas, comprarme aparatos para corregir posturas, y todo lo necesario para que yo pudiera tener fuerza en el cuerpo y poder moverme. Siempre afronté todo eso con una sonrisa, porque sabía que al final del día podría jugar con mi hermana, y llegaría mi padre a leernos cuentos de Julio Cortázar, Nicanor Parra, Edgar Allan Poe, Horacio Quiroga, y novelas de Michael Ende; o hacer el montaje de la obra de Romeo y Julieta, con  muñecos de peluche.

El arte es algo que siempre ha estado presente en mi vida. Mis padres pensaron que el arte contribuiría a mi desarrollo mental y físico así que, aparte de las terapias, decidieron inscribirnos, a mi hermana y a mí, en diversos talleres de pintura, dibujo, modelado en barro y plastilina, teatro y cuenta cuentos.

Esa era mi vida, terapias y talleres, hasta que llegó la hora de ir a la escuela y mis padres se toparon con una sociedad poco preparada para atender y entender a  personas como yo. Aprendí a leer en casa (porque no me aceptaron en la escuela) con ayuda de mi madre, quien ya había trabajado alfabetizando a personas mayores. Ahora le tocaba a ella aplicar ese conocimiento con su pequeña hija de ocho años, y lo hizo con gusto para que yo pudiera aprender, mediante los libros. Pasaba la mayor parte del tiempo leyendo cuentos, novelas o textos escolares como los que me daba mi padre, quien siempre fomentó en mí el amor por la literatura, la poesía y la música, abriendo mi perspectiva de la vida y dotándome de una sensibilidad propicia para la creación artística.

No me di cuenta de mi condición diferente hasta que me topé con la sociedad y todos sus prejuicios, tabúes y creencias. Mis padres siempre me trataron igual que a mi hermana, nunca me sentí diferente al resto de los niños, aunque mi manera de moverme fuera gateando o sosteniéndome de las paredes o muebles, en todo lugar. Fue hasta mi adolescencia que me empecé a hacer consiente de mi condición física y de lo que implicaba tener un cuerpo diferente, pues me enfrenté a todo tipo de limitantes que la misma sociedad me ponía y, cuando veían que podía traspasar esas limitantes, los confrontaba con sus propias carencias de pensamiento y visión de las cosas.

Con todas las herramientas que me proporcionaron mis padres y la escuela académica, superé mi propio diagnóstico médico. Decidí estudiar la licenciatura en arte digital, pues mi habilidad con la computadora y la tecnología siempre ha sido destacada. Ya en la facultad de artes empecé a cuestionarme muchas situaciones sobre mi cuerpo, y de cómo vivía habitándolo. En primer estancia me sentía separada de él, como si mi mente y mi cuerpo fueran dos partes, sobre todo el lado derecho, pues es el que menos puedo controlar. Sentía que estaba en un cuerpo invadido por el caos. Tras varias reflexiones me di cuenta de que si bien había caos en mi cuerpo, que se manifestaba en movimientos involuntarios, también había un orden visible en mis movimientos de precisión. Esos dos aspectos (caos y orden) conforman mi cuerpo, creando un equilibrio.

El medio que encontré para trasladar mis reflexiones sobre mi cuerpo al arte es el performance o arte acción, el cual me permite expresar, mediante acciones, lo que me inquieta, además de explorar nuevas posibilidades corporales. Este arte también abre mi consciencia sobre el estado natural de mi cuerpo, y no el que le impusieron mediante patrones de movimiento “normal”. Aquí puedo ser yo, inmersa en una sociedad donde puedo expresarme libremente, y artísticamente tener contacto directo con el espectador. Esta experiencia compartida es muy enriquecedora, tanto para mí como para el público asistente.

Considero que mi arte nos invita a repensar el cuerpo y a cuestionarnos sobre las normas impuestas. Hace una invitación a romperlas desde la aceptación y el auto conocimiento del cuerpo, para tener mas empatía con el otro y asumir las diferencias como algo que enriquece al mundo y lo conforma como un todo, en donde la diversidad es necesaria para nuestro crecimiento pues, después de todo “nadie sabe lo que puede un cuerpo”.

 


Autores
(Metepec, 1992). Ilustradora, performer, pintora y escritora. Licenciada en Arte Digital (Facultad de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de México). Becaria del Centro de Actividades Artísticas (CEAC) de la UAEMéx en donde se especializó en pintura al óleo (2003). Becaria del FONCA Jóvenes Creadores (2018). Ganadora del Programa de Apoyo a la Producción e Investigación en Arte, Medios y Discapacidad (PAPIAM-D, 2019). Por sus conocimientos en el diseño de ilustraciones, ha colaborado en algunas revistas de carácter literario, como La Colmena (UAEMéx, 2016), Dislexia Mundial (2016) y Revista de la Universidad de México (2020).
Protestas en Cali contra la reforma tributaria de Duque y Carrasquilla, 1 de mayo de 2021, autor: Remux, Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.

No puedo, ni quiero, ni debo renunciar a un sentimiento básico: la indignación ante el atropello, la cobardía y el asesinato.

Rodolfo Walsh

Lo que sucede en Colombia es digno de Pinochet, Videla y Somoza —pero peor, porque estamos en 2021. El mazo del eterno retorno golpea nuestra memoria. Veintiséis cuerpos muertos afloraron en los últimos cinco días en las calles de Cali, Bogotá, Medellín, y en numerosos rincones de la zona rural del país.

¿Quiénes son los difuntos? Los mártires de siempre, los manifestantes, “Los nadie1 del poema de Eduardo Galeano: jóvenes estudiantes, líderes y lideresas sociales, miembros de las etnias indígenas, elementos de una clase trabajadora que no tiene trabajo. ¿Cuántos muertos más habrá en esta lista negra? Imposible saberlo —escribo estas líneas el tres de mayo, a solo dos días de la jornada internacional de los trabajadores, otra fecha que vuelve a golpearnos la memoria.

¿Qué sucedió? Habría que explicarlo como un drama en tres partes y un epílogo desconocido.

Prólogo: El gobierno del presidente Iván Duque (el títere político del expresidente, exsenador y expresidiario Álvaro Uribe Vélez) enfrentaba un panorama político adverso; en 2019 su ministro de defensa renunció tras el escándalo mediático que suscitó el bombardeo del ejército a un campamento guerrillero con dieciséis niños; meses antes, el financiamiento de su campaña fue puesto en entredicho por sus vínculos con Odebrecht y sobre todo con el narcotraficante Ñeñe Hernández, abatido en Brasil en mayo de 2019.

Para completar, el asesinato de lideresas, líderes sociales y desmovilizados de las guerrillas que entregaron las armas tras el acuerdo de paz en 2016 no hacía sino aumentar, así como los falsos positivos: las ejecuciones extrajudiciales de las Fuerzas Militares cuyo número, que crece conforme se descubren las fosas comunes, se estima en más de 6400 —campesinos, jóvenes desempleados e incluso soldados que fusilan y luego disfrazan de guerrilleros porque valen más como un número para incrementar las “estadísticas de efectividad”. He ahí el telón de fondo.

Estadísticas de Temblores ONG (https://www.temblores.org/ ) sobre la violencia estatal en medio de las manifestaciones al 3 de mayo de 2021.

Estadísticas de Temblores ONG (https://www.temblores.org/ ) sobre la violencia estatal en medio de las manifestaciones al 3 de mayo de 2021. Estadísticas de Temblores ONG (https://www.temblores.org/ ) sobre la violencia estatal en medio de las manifestaciones al 3 de mayo de 2021.

Primer acto: En plena crisis sanitaria el gobierno de Duque propuso una reforma tributaria (impuestos a productos básicos como el arroz, el huevo y el café) para “amortiguar” el coste de la pandemia y unas supuestas pensiones sociales que terminarían pagando mayoritariamente las mismas personas a quienes debían beneficiar en un principio.

Entretanto, la rentabilidad financiera de los bancos subía como palmas (llenando el bolsillo de Luis Carlos Sarmiento Angulo, la versión colombiana e híbrida de Carlos Slim y los Rothschild) mientras la producción real del crecimiento económico (la agricultura, la manufactura y el comercio) bajaba en picada como cocos.2

Pero el peor agravante lo constituye el gasto de 4 mil millones de dólares en la compra de 24 aviones de guerra3 por parte del gobierno en tiempos de crisis económica y, peor aún, cuando la amenaza de las guerrillas es mínima en comparación con el resto de problemas de salud y educación en el país. ¿Cuál era la excusa? Una desventaja militar respecto al armamento de Venezuela. ¡El gobierno se ocupaba de una improbable y ridícula guerra antes que en los tanques de oxígeno y las vacunas para el COVID-19!

La reforma tributaria fue la gota que rebasó la copa; y la gente salió masivamente a protestar.

Segundo acto: Si un pueblo marcha en medio de una pandemia es porque su gobierno es más peligroso que el virus. Con manifestantes en todas las ciudades y zonas rurales de Colombia, el 28 de abril sentó un precedente histórico.

Casualmente la semana pasada el DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadística), arrojó sus estadísticas anuales sobre la pobreza y mostró que la política de reactivación económica fue un fracaso, pues solo se crearon 270 mil empleos cuando se perdió el doble y las cifras de la pobreza también subieron al doble4.

¿A quién se le ocurre combatir el hambre con un alza en los impuestos de los productos alimenticios que consumen las clases más pobres? Al presidente y a su ministro de hacienda. Por tanto se decidió un plantón que duró dos días para pedir el retiro de la reforma tributaria. La represión de “las fuerzas del orden” no se hizo esperar y dejó, según los primeros datos, una decena de muertos y cientos de heridos.

En ese momento la situación era grave pero las cosas todavía no se habían salido de control. Sin embargo, el 30 de abril, Álvaro Uribe —que realmente dirige el poder militar y político del país— apretó el gatillo: a través de su cuenta de Twitter exhortó a la fuerza pública a usar las armas “para defender el orden” y a la ciudadanía a apoyar su violencia legal (siendo Uribe mismo quien organizó, entre otros, los grupos paramilitares de las CONVIVIR en los noventa5):

uribe

Las afirmaciones de Uribe fueron el preludio a una ola de brutalidad policíaca, vandalismo y una atmósfera de estado de sitio que ya es una masacre y está a poco de convertirse en una guerra civil. Horas más tarde los administradores de Twitter borraron la declaración por la incitación a la violencia, como ocurrió hace algunos meses con Donald Trump.

(Aunque nos distraiga de los hechos actuales, la relación ideológica entre Trump y Uribe merece una acotación.6)

El gobierno retiró la reforma tributaria prometiendo ajustes para pasar una nueva propuesta y al día siguiente el rapaz ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, presentó su renuncia.

Tercer acto: Pese a la victoria parcial de los manifestantes el mal mayor ya estaba hecho: más de mil casos de violencia policial (cabezas rotas, rostros desfigurados, ojos perdidos por el impacto de las armas policiales), nueve casos de agresión sexual (¿a quién se le ocurre aprovechar el caos para violentar a una mujer, un joven?) y una tasa de muertes que hasta el día de hoy se estima en veintiséis pero que podrían ser muchos más.

Desde luego, este marco abre el campo a las acciones de vandalismo y crimen de una sociedad conformada por hijos de la miseria, la exclusión y el abandono político. Los medios oficiales en Colombia dicen poco o nada al respecto, pero una cadena solidaria de información a través de redes sociales se ha establecido entre los manifestantes, que denuncian los brotes de violencia policíaca.

Nos están matando. Nos siguen matando. El miedo, el insomnio y una tensión nerviosa se apodera de la sociedad. Una estela de sangre cubre las calles del país y un dolor indeleble se acumula como un karma social a espaldas de un gobierno que cada vez parece más una dictadura.

Epílogo: …

1 Los nadies

Sueñan las pulgas con comprarse un perro
Y sueñan los nadies con salir de pobres
Que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte;
Pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznitas cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba

Los nadies, los hijos de nadie, los dueños de nada. (…)

Texto completo diponible en: http://www.rizoma-freireano.org/los-nadies-eduardo-galeano

2 El tema se explica con cierta amplitud en la siguiente columna: https://cuartodehora.com/2021/04/25/banca-impuestos-y-crisis/

6 En sus más recientes declaraciones, Uribe habla de “La revolución molecular disipada”, una delirante narrativa conspirativa con tintes antisemitas, fascistas y militaristas según la cual Foucault, Guattari, Deleuze y los pensadores franceses de Mayo del 68 promueven la revuelta individual (premisa falsa) para desarticular del Estado de Derecho debido a su origen judío y a ser hijos de padres homosexuales. Así pues, el deber de los jefes de estado es usar el aparato militar estatal y todas las armas que estén a su alcance para reprimir esta “revolución molecular” de corte comunista que los llevaría a una guerra civil. Una aguda exposición al respecto se encuentra en: https://threader.app/thread/1389352891715133441


Autores
Lector. Escritor. Traductor de literatura francófona. Twitter: @Cajme
Ilustración por Eduardo Ramón Trejo

A mis padres

Según me cuenta mamá, porque con el otro nunca hablo, el hijo que soy fue un hijo deseado, bastardo, pero deseado. Cuando se conocieron, a principios de los noventa, él ya estaba casado con dos hijas pequeñas, ella trabajaba de cajera en el banco agrícola de la región, allá en Navolato, Sinaloa. También era el banco de él, pequeño comerciante de El Limoncito, Navolato, abogado de profesión. Originaria de El Realito, ranchería de Culiacán, donde vivió hasta 1969 cuando se muda a la capital del estado en busca de mejores oportunidades, ella es foránea en Navolato, municipio vecino, hasta donde se trasladaba en autobús todos los días para trabajar. No sé cómo empezaron a salir, pero él la pretendió a ella. Mamá, que ya había cumplido los 30 años y no tenía pareja, quiso tener un hijo con él, pero sin quitarle su esposo a nadie, me dice. El arreglo fue mutuo, tendrían un hijo sin formar una familia.

En el principio, eran mamá y sus padres. Ella, la hija mayor, la segunda contando a los varones, vivió con mis abuelos hasta el último de sus días. Siempre fue una hija para ellos, antes que una madre para mí. Puedo decirlo desde el amor, pero también desde la herida. No están peleados y eso es algo que se tiene que entender, no solo en mi caso particular, sino en el de todas las familias, especialmente en aquellas con hijos que padecen alguna “enfermedad mental”, como yo. Actualmente, después de haber andado un camino de la psiquiatría por 9 largos años, ya no puedo creer que TENGA algo, una entidad nosológica verificable por anamnesis1, mucho menos en términos objetivos de clínica dura, no solo “confiable”, creo que VIVO algo, que se manifiesta alucinatoriamente en mi cerebro, que es más que un órgano para mí, y socialmente en mi presentación y relaciones diversas, para los otros. Algo que va mucho más allá de mí como organismo y como persona, que parte de las raíces de nuestra sociedad y, en ella, las de mi familia. Algo que solo yo, como el que VIVE una “enfermedad mental”, loco cuerdo, puedo descifrar para mí.

Ni antes ni después de que yo naciera, mamá dejó de ser una hija, excepcionalmente amorosa, entregada y dependiente emocionalmente de sus padres, al grado de privarse de una vida propia como mujer, con o sin pareja, y luego como madre. Hecho que, en una sociedad patriarcal, no debe de sorprendernos, mucho menos de la generación de nuestros padres. Incluso, tras haber sido corrida de su única casa, la de sus padres, cuando se embarazó, al poco tiempo regresó conmigo en brazos, después de que mi abuela, que la había corrido, se lo pidiera. Ella, ama de casa que empezaba a ver a sus hijos marcharse, se dio cuenta de que también necesitaba de su compañía y del ingreso mensual que aportaba sin falta. Mi abuelo, campesino de toda la vida, ejidatario de “Pro-campo”, recibía un apoyo económico por el uso de sus tierras que no alcanzaba para los planes de mi abuela de arreglar la casa. Así, vine a integrarme en segundo plano a los Soto Ochoa. Para mis abuelos, el niño de la hija, su nieto. Para mamá, siempre un sueño, objeto querido que está ahí, seguro, en su realidad inconsciente. Nunca su hijo.

Del otro lado, el padre que no tuve. Nunca quiso estar conmigo, hijo bastardo, a fin de cuentas, que asumió y trató como tal, ni mamá que lo estuviera. El señor me quería poner “Efraín”, nada de eso, me cuenta que le dijo. Él será “Valentín”, como su padre. ¿Qué diría el Dr. Freud? Creo que fueron egoístas, pensaron en ellos mismos, antes que en mí. Mamá pensó que podía cuidarme sola, y creo que en el fondo quería estarlo, por eso me tuvo y no quiso que papá interviniera, por tal vez de hacerlo no hubiera podido asumirme como una extensión de sí misma u “objeto-del-sí” como dirían los psicólogos. El otro pensó que dándole dinero y comprando cosas para la casa podría sustituir sus funciones de padre. Locos los dos. No podían saberlo, pero su decisión marcaría el resto de mi vida. Esa fue la fórmula fantástica: un hijo que los uniera sin que estuvieran juntos.

Es la familia perfecta, la “no-familia”, fundada en un contrato sentimental, no en el amor, en la que ambas partes están de acuerdo de una vez y para siempre.

Al final me registraron como “Valentín Eduardo” los dos, aunque para mamá y el resto de los Soto Ochoa yo sería “Valentín”, con mi mamá, familia aparte aparte dentro de la familia, “Valentincito” para la familia del otro, un Valentín-hijo de Valentín-padre, a su vez hijo de un primer Valentín, que murió joven. Para unos, Valentín-hijo como extensión de la madre, para otros, Valentín-hijo como reafirmación imbécil del padre. Reconocido por aquel solo a nivel institucional, con un apellido que nada me vale hasta que me reconozca con mis medios hermanos y su esposa, y por la madre como un producto de sí misma, casi no procreado, encarnado en su seno por obra del otro, padre no-ausente, omnipresente, que confía en mamá y su voluntad para no sustituirlo, y en mí para convertirme de hijo en mi propio padre, como él lo hizo ¿Dios?

El mundo se acabará y yo soy y seguiré siendo tan solo un hijo, punto ciego del contrato en el que se funda mi “no-familia”: los Sánchez Soto. Vivo solo desde los 19 años y, aunque la emancipación ha comenzado, no me creo capaz de elegir otra familia para sustituirla. Nunca tuve un paraíso que perder, dichoso de mí, que nací con un paraíso al que llegar (cf. Santo Tomás). No soy creyente, no puedo serlo, pero tengo fe en que no estamos solos en el mundo, en que yo, aun con esquizofrenia, especialmente por mi esquizofrenia, no estoy solo.

 


Autores
(Culiacán, 1994). Esquizofrénico profesional desde 2010. Poeta y ensayista. Licenciado en Letras Españolas por la Universidad de Guanajuato. Ha publicado los libros Día cero (Crisálida Ediciones, 2020), de poesía, y La otra herencia de Borges: imagen de autor y ethos discursivo para el periodo 1974-1981 (Universidad de Guanajuato, 2020), de ensayo. Ha colaborado en revistas literarias y medios electrónicos tales como (Dis)capacidades, Cardenal, Los demonios y los días, De-lirio, Página Salmón, Golfa, entre otros. Becario del Festival cultural Interfaz en 2018. Coordinador del Laboratorio de creación literaria “GolfaLab” en Guanajuato de 2018 a 2019. Actualmente cultiva germinado en una granja de pollos.
Ilustración por Eduardo Ramón Trejo

I

A menudo me pregunto a qué me hubiera dedicado de no haber nacido con parálisis cerebral, de no habitar la superficie con estas especificaciones distintas, como ese enchufe que siempre necesitará de un adaptador distinto para funcionar correctamente. Siempre respondo: supongo que no habría sido escritora, que hubiera elegido otra cosa que hacer: sería médico, seguramente dermatóloga porque siempre me han llamado la atención los padecimientos cutáneos, de muy chica ojeaba los manuales de dermatología de mi padre con genuino asombro e interés. Me aprendí los síntomas de los distintos carcinomas de la piel, sus causas y sus tratamientos. Sabía reconocer entre una picadura de mosquito y un herpes. Pero no fui médico, cuando llegó el tiempo de elegir qué ruta tomar, escogí una que en la medida de lo posible no involucrara el cuerpo o al menos algo que no exigiera ser hábil con las manos.

Años antes mi padre había tenido una charla muy seria sobre mi precoz interés hacia la medicina: sí se puede, pero sería muy difícil. Van a pedirte exactitud, motricidad fina, precisión, vas a tener que usar el bisturí en las prácticas y no puedes titubear, me dijo la tarde en la que le comuniqué que elegiría la especialidad de laboratorio en el CBTis al que quería inscribirme al acabar la secundaria.

La idea de someter al escrutinio público -nuevamente- mi pulso y mi precisión, el recuerdo de la mañana de aquella disección de un sapo muerto en la clase de biología de segundo grado en el que casi le saco el ojo a mi compañera de mesa y el matraz roto que cayó al suelo del susto me hicieron reconsiderar mi decisión de ser doctora. No quería repetir esas situaciones desafortunadas y vergonzosas todos los días. No quería seguir comprando matraces para reponer mi falta de cálculo, para disculparme por tener parálisis cerebral y no controlar del todo los movimientos de mis extremidades superiores cuando me pongo nerviosa.

Así pues, me inscribí en un bachillerato general y dejé en paz los manuales de mi padre, los sustituí, mejor dicho, por las obras completas de Shakespeare, de Kafka, de Cervantes, y me volví, lo que se dice, una intelectual de pueblo.

Escribía y leía, y era todo lo que pensaba que sabía hacer en la vida, pues mientras el mundo físico se me había negado, lo metafísico se me abría como una posibilidad absoluta para desarrollarme y para no tener límites.

Y así un día salí del pueblo para estudiar periodismo y escribir poemas.

 

II

A diferencia de la vida real, somos en la hoja en blanco, lo que elegimos ser. Escribimos sobre nuestros deseos, emociones, visiones, a veces más personal, a veces menos, pero se diga lo que se diga, siempre somos el punto de inicio de lo que se escribe. Pero también somos y escribimos desde la suma de todo el azar que cargamos a cuestas, quiero decir, todo eso que no pudimos controlar y que fue a pesar de nosotros. Por ejemplo: no respirar correctamente a la hora de nacer y que el aire no llegara a mis pulmones y, por ende, a mi cerebro.

Reacción en cadena para el desastre. Hipoxia neonatal. Y aún así que el daño fuera solamente en la parte locomotriz de mi cuerpo y que mis capacidades intelectuales estuvieran intactas para tener la fantasía de una vida lo más normal posible; ir a una escuela normal, pública, pero darles explicaciones a los otros niños de tu forma de caminar cuando preguntan qué te pasó en el pie. Mentir cuando el que pregunta te mira con asco. Saber detectar el asco y la lástima en los ojos de los otros. Guardar los pormenores de mi condición para cuando tenía la certeza de que el otro que preguntaba valía la pena.

Y escribir desde esta conciencia nos hace reconocernos, blindarnos de lo que no controlamos, masticarlo y transformarlo en literatura lo vuelve bello. O a lo mejor lo vuelve menos doloroso, solamente.

Así pues, escribo parálisis cerebral en mis poemas para combatir las veces que alguien me llamó mongolita, lavadora, batidora, meneíto Cabrera, coja.

 

III

Dice la escritora bielorrusa Svetlana Alexievich, en su libro de crónicas La guerra no tiene rostro de mujer que «recordar es, sobre todo, un acto creativo», y yo suscribo totalmente a esta sentencia cuando miro para atrás y pienso en las vidas paralelas en donde existo aún, con o sin parálisis cerebral:

Lo recuerdo todo, pero he aprendido a dejar que la literatura y mi creatividad blinde las partes horribles -las burlas, los apodos, el asco, la lástima-, es la única ventaja que supongo, tiene el pasado para poder seguir viviendo en nosotros y no lastimar tanto.

Me pongo creativa al recordar pero también lo soy para imaginarme viviendo como un médico cuando me miro a los siete u ocho años pasando las páginas de los manuales de mi padre, o como una bailarina de ballet con piernas fuertes y coordinación perfecta, pues después de todo yo también pasé muchas horas de mi infancia ejercitándome en barras metálicas, puntas, talón, puntas para dar mis primeros pasos.

Y no tengo una respuesta aún. Soy esta que escribe.

Nombrarme y reconocerme con la exactitud de quien toma un escalpelo, retira la bala y sutura para que una herida poco a poco cicatrice y sane es mi manera de hacer justicia a esa que fui.

Quiero decir, soy, desde otro modo, exacta y precisa con las palabras. O al menos lo intento.

No era tan difícil.


Autores
(Guerrero, 1988), poeta. Ha sido becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas, en el periodo 2014-2015, y del Programa de Jóvenes Creadores del Fonca, en el periodo 2017-2018. Ganadora del Premio Nacional de Poesía Tijuana 2018, es autora de los libros Una jacaranda en medio del patio (2018), Cosas comunes (2019) y La arista que no se toca (2019).
Ilustración por Eduardo Ramón Trejo

“¿Irías a ser ciega que Dios te dio esas manos?” 1 A pesar de la influencia cristiana, creo que queda bien este verso para mostrar las cualidades de la diversidad funcional. En este verso, y los que lo rodean, Vicente Huidobro habla desde el amor. Aunque debo admitir que tomé este pedazo fuera de contexto, pienso que permite abrir nuestras perspectivas. La ceguedad es solamente uno de los padecimientos que entran en la diversidad funcional. Enfatizo la palabra porque son padecimientos en tanto la normalidad; lo estándar; lo estadísticamente mayor.

No es solamente que el verso demuestre que a falta de vista el tacto se fortalezca. Como dije, viene desde una perspectiva amorosa. Es una cuestión de asombro que el poeta enfatiza. Huidobro queda pasmado frente a eso que no es como él, pero no lo rechaza. De hecho, todo lo contrario, celebra la diferencia. Así, espero que este, y los demás textos de la semana, les permita incluir estas nuevas perspectivas fuera de lo normal pero necesarias para una mejor convivencia.

Este texto solamente sirve para introducir el tema, pero a partir del 3 de mayo en adelante los textos que se publicarán en esta semana en la revista de Tierra Adentro dejarán claro la importancia de la diversidad. Cada uno de los autores de dicha semana han tenido que lidiar con la mencionada normalidad para abrirse paso en este mundo no hecho para ellos. Desde los obstáculos puestos por su, incomprendido, padecimiento hasta el rechazo de seres cercanos que no aceptan su diferencia.

Empezamos con Vidas paralelas de Zel Cabrera, donde se manifiestan dos perspectivas ante su desarrollo, una con parálisis cerebral y la otra sin ella. Luego, seguimos con Nunca tuve un paraíso que perder de Valentín Eduardo, que le escribe a los que lo rechazaron por su enfermedad. Después, Nadie sabe lo que puede un cuerpo de Ludmila Abril, que explora la creación artística junto con su parálisis cerebral. Y finalmente, Caminar de Brenda Isela Vázquez, sobre las dificultades de aprender a caminar. Cada uno de los textos, incluyendo este, están ilustrados por Eduardo Trejo.


Autores
Rodrigo Porcayo Jiménez (Ciudad de México, 1994) Editor y escritor, licenciado en Literatura Latinoamericana egresado de la Universidad Iberoamericana. Tiene certificaciones en marketing digital y escritura técnica otorgados por University of Illinois y Oregon State University, respectivamente. Escritor y editor de contenido freelance digital y SEO para empresas pequeñas. Actualmente colabora con la revista Tierra Adentro en publicaciones diarias de la página en línea y redes sociales.
Ilustración por Mariana González

Dime quiénes son los que tienen el don

Wisin & Yandel

El origen exacto del reggaetón, acaso como el de todo lo conocido en el universo, se desconoce y varía dependiendo de quién lo cuente. En algún momento de 2005, el Miami New Times reconocía a Daddy Yankee como el artista que llevó al reggaetón al siguiente nivel, luego de que Gasolina fuera un éxito total (su artículo se tituló, a propósito, «Who’s Your Daddy?»). Pero desde mucho antes, El General, Nando Bloom, Renato y Chicho Man ya estaban en Panamá mezclando y remezclando música, traduciendo reggae al español; al mismo tiempo, en Puerto Rico, Vico C, Tego Calderón y Big Boy estaban rapeando en ese mismo idioma y organizando fiestas en las que durante toda la noche, según una teoría casi conspirativa, imitaban maratones de reggae (maratón + reggae) que bautizaron como (=) reggaetón. Otra mezcla sobre mezcla.

A principios de los 90, en países caribeños se escuchaban «playeros» (nombre que adoptaron por DJ Playero, productor musical y su primer autor), que eran casetes clandestinos —porque se hacían, digamos, artesanalmente— con canciones de reggae y rap. Imagino que debieron existir al menos cientos o miles de ejemplos así, sobre todo porque era una manifestación de que en las periferias estaba ocurriendo algo lejos de los prejuicios de la clase media urbana y centralizada.

Muchas personas cuestionaron la verdadera raíz de la palabra y, por tanto, la forma correcta en que debía escribirse: reguetón, regueton, reggaeton o reggaetón, pasaron a ser la base de múltiples debates académicos y no académicos, sobre la «verdadera» palabra. La correcta, la superior, la que estaba «bien». Como si importara. Por un lado, el Diccionario de la Real Academia Española estableció que se debe escribir reguetón, y añadió que se trataba de música con un estilo recitativo y un ritmo sincopado, caracterizado por ser una sucesión de notas musicales que originan un movimiento contrario al orden natural y que va a contratiempo. Por otro, el tesoro lexicográfico de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española lo reconoció como el género musical creado en Puerto Rico y Panamá con elementos del reggae, así que lo correcto, para el tesoro, es que debía ser reggaetón.

Aunque el consenso académico nunca llegue a un acuerdo, la forma en que lo llamemos individualmente responde a prácticas políticas en las que reconocemos las particularidades del contexto en el que se utiliza: el reggaetón es música subversiva y con potencial revolucionario.

Tego Calderón, reggaetonero, convirtió su carrera musical, iniciada en 1996, en una especie de activismo. Fue de los primeros en tratar temas políticos y sociales contra el gobierno de Puerto Rico, en denunciar hechos de corrupción —nada inusuales— en sus letras: tú te crees que metes cabra porque ladra cuando habla, he visto muchos como tú y a to’ se les ha ido la guagua. Al mismo tiempo hablaba de amor, de perreo y plasmaba reflexiones acerca de ciertas experiencias personales.

Eddie Dee (co-escritor de Gasolina), por ejemplo, no dejó de denunciar la discriminación y el racismo: muchos me miran como si yo fuera un tipo sin arreglo, como si nunca antes hubieran visto un negro, como si fuera un delincuente, como si con el lápiz y con mi libreta yo matara gente. De hecho, el reggaetón también sirvió para resistir frente a la criminalización que funcionarios del gobierno enarbolaban como parte de una guerra estúpida contra la violencia derivada del narcotráfico. Como si reggeatón y narco fueran lo mismo.

     Residente, siguiendo los pasos de Calderón, utilizó el reggaetón para hablar de los contrastes que había encontrado en un viaje que realizó a Sudamérica. No por nada, después de la fiesta, con Calle 13 vinieron los reclamos, el enojo, la sinceridad: soy el desarrollo en carne viva, un discurso político sin saliva, las caras más bonitas que he conocido, soy la fotografía de un desaparecido, la sangre dentro de tus venas, soy un pedazo de tierra que vale la pena.

Si el reggaetón sólo comenzó a ser nombrado cuando se transformó en éxito, lo sucedido con Daddy Yankee fue apenas el acercamiento que tuvimos hacia la vida de una otredad que las clases privilegiadas no entendían en sus dinámicas, en sus expresiones, en sus formas de ser. Y aún así, cuando un periódico estadounidense en Miami, ciudad donde la migración latinoamericana es abundante, el reggaetón tuvo «derecho» a ocupar un espacio en las burbujas del privilegio pero con restricciones, con condiciones a firmar casi porque no había de otra. Era eso o nada, era eso.

     El reggaetón de aquel entonces no era tan distinto al que escuchamos hoy: las letras remitían a situaciones violentas, al barrio, a las clicas, al racismo, a seducir mujeres, a cogérselas, y quienes lo producían generalmente se identificaban como pobres, negros o mulatos. Por ejemplo DJ Negro que, junto con Playero, fue uno de los primeros en remezclar cumbias, salsas, rap y reggae con dancehall. Esas mezclas hoy pudieran ser conocidas como un tipo de electrocumbias, por decir lo menos, pero que en su momento fueron un proto-reggaetón. Después, el mismo DJ Negro logró recopilar en The Noise distintas mezclas en las que voces como Baby Rasta y El Gringo comenzaron a sonar.

En aquel entonces no existía una relación entre la producción de canciones reggaetoneras y el pago millonario de grandes productoras. Incluso en los países caribeños donde surgió, el reggaetón era despreciado por quienes no lo entendían, porque venía de lugares casi inhóspitos, zonas grises donde nunca ocurre nada que nos interese. Como sucede con todo lo desconocido, primero hay que rechazarlo, asumir su inferioridad y luego, cuando compruebe su (poco) valor ante el gran capital, explotarlo. En Puerto Rico, Panamá y Jamaica los vínculos musicales estaban estrechamente relacionados con las migraciones para trabajar en la construcción del Canal de Panamá y con las migraciones a Estados Unidos, Miami o Nueva York, el reggaetón tuvo la oportunidad de superar aquellas fronteras imaginarias. Pero no había nada que superar. El contexto xenófobo no concedía que este tipo de música pudiera llegar a países ricos, avanzados, desarrollados (y demás clasificaciones inútiles), porque implicaba aceptar que en la migración están todas las respuestas.

Los otros, los de fuera, los desconocidos. Ellos fueron los que, estando en otro lugar fuera del centro, no importa cuál, produjeron lo que hoy llama la atención, lo que vale, lo que vende. Los otros, parecen distintos pero hacen lo mismo que nosotros, viven igual que nosotros; los de fuera, a los que nunca dejamos entrar a nuestros espacios porque había una diferencia irremediable, irreconciliable, que jamás estaríamos dispuestos a reconocer y primero viene la exterminación, la borradura, el olvido; los desconocidos, no, mejor los incomprendidos, aunque fuera nuestra culpa no saber lo que estaban diciendo, cantando, perreando, mejor utilizamos el poder para hacerlos callar y no encarar lo que nosotros nunca hemos podido enunciar, nos convertimos en dictadores listos para desplegar el ejército de las buenas costumbres y la policía de la buena moral.

Los renombramos extraterrestres, aliens de la cultura musical, de la cultura en general; como no podemos descifrar su lenguaje: sucio, rápido, volátil, grotesco, punzante, grosero, mejor decir que era de otro planeta. Y lo era, lo es y no quisimos hacerle caso. No supimos escuchar.


Autores
(Ciudad de México, 1994) es editora y ensayista. Fue becaria del FONCA en ensayo creativo en 2022 y ha publicado textos en la Revista de la Universidad, Este Paísy Tierra Adentro.
Casa Versalles. Clavo

Porque le dimos al clavo, así nació este proyecto entre Diego Beyró y Amado Cabrales. Ambos creen en la necesidad de congregación a través del arte. Y qué mejor manera que una nueva propuesta artística creada por ellos y llevado a la realidad. Aunque ambos tienen sus proyectos personales, han tenido la oportunidad de trabajar juntos en proyectos pasados y concordaron que llevarían a cabo este movimiento. Y el propósito es reducir la brecha, que se hace cada vez más grande, entre el artista y el público.

foto por Ricardo Ganem

Diego Beyró: foto por Ricardo Ganem

 

 

Aquí en Tierra Adentro tuvimos la fortuna de entrevistar a Diego Beyró y Amado Cabrales, organizadores del movimiento artístico con 31 espacios que se llevará a cabo a partir del 30 de abril hasta el 2 de mayo de 11am a 7pm en Casa Versalles 113, Colonia Juárez, CDMX con un costo de entrada de 150 pesos. También entrevistamos a Juan Pablo Ramos, autor de TKM nunca cambies: Sensibilidad kitsch en el arte mexicano actual, que muestra varios artistas kitsch, una tendencia reciente, que serán parte de dicho movimiento.

¿Por qué es un movimiento y no una feria? Ambos organizadores nos dieron sus razones: primero, nos contaron sobre la importancia de relacionarse con los espectadores. Para eso, el arte contemporáneo que se mostrará en el movimiento tendrá una cualidad interactiva. Es decir, los espectadores se van a encontrar inmersos en la situación de ese momento mientras ven las obras de arte en la instalación. El recorrido no ha sido establecido en estos momentos porque Diego y Amado quieren que el camino sea parte de la experiencia a recibir.

La organización de dicho evento se ha hecho de tal manera que rompe con la forma tradicional, vertical y jerárquica. Dicho de otro modo, el movimiento se constata de proveer a cada artista y cada obra la misma importancia entre ellos. Es una visión horizontal que determina a los artistas como colaboradores y no solamente como invitados. También cabe recalcar que Amado y Diego proponen, como debería hacer cualquier curador, apoyar a estos artistas emergentes para proporcionarles mayor visibilidad y oportunidad.

Amado Cabrales

Amado Cabrales

 

 

Ahora, seguimos frente a una pandemia que ha durado ya bastante tiempo, pero los organizadores no ven esta limitante como un problema. Al contrario, han tomado esta situación para que el público tenga una convivencia de uno a uno frente a los artistas y las obras que van a presentar. Dicho esto, la colaboración de Juan Pablo destaca por convertirse de un artículo a la presentación que veremos de los artistas mencionados más otros adicionales que pertenecen a lo kitsch.

Tras platicar con Juan Pablo, nos queda claro que la sensibilidad kitsch es la tendencia actual; por lo menos en México. También ha estado presente en su vida personal a través de los años. Nos contó que lo kitsch al principio tenía una connotación negativa, pero se ha convertido en lo que veremos ahora en las exposiciones de Clavo.

¿Qué es lo kitsch? Juan Pablo lo define como todo artefacto que incite a la ternura o a la emoción. Lo kitsch toma lo popular y lo convierte en una obra nostálgica o irónica. Un claro ejemplo son los memes que vemos todos los días en redes sociales. El kitsch tiene su raíz en los recuerditos (souveniers) que rememoran, en este caso, situaciones desde una perspectiva humorística y popular.

Queda claro que el movimiento mencionado tiene un elemento interactivo, por lo que, a partir del 30 de abril, veremos no solamente obras plásticas, sino también performances como el de Brooke Diamond (drag queen de Iztapalapa) a las 6 de la tarde. En este movimiento estaremos en contacto directo con el arte contemporáneo mexicano que critica la sociedad en la que hemos vivido mientras propone un cambio de perspectiva con su humor e interactividad.

Juan Pablo Ramos

Juan Pablo Ramos


Autores
Rodrigo Porcayo Jiménez (Ciudad de México, 1994) Editor y escritor, licenciado en Literatura Latinoamericana egresado de la Universidad Iberoamericana. Tiene certificaciones en marketing digital y escritura técnica otorgados por University of Illinois y Oregon State University, respectivamente. Escritor y editor de contenido freelance digital y SEO para empresas pequeñas. Actualmente colabora con la revista Tierra Adentro en publicaciones diarias de la página en línea y redes sociales.
Imagen de OpenClipart-Vectors en Pixabay

En los próximos días se cumplirán 10 años de la muerte del líder terrorista, Osama bin Laden (1957-2011), sin embargo, es preciso hacer un recuento de su vida para ubicar a un personaje tan polémico en el S.XXI y establecer por qué su relación con EEUU, el terrorismo internacional y su impacto en el mundo contemporáneo lo llevaron de ser una figura aliada al ejercicio unipolar hegemónico estadounidense al final de la Guerra Fría, a una de carácter repudiable y constituyente del gran enemigo universal en los últimos tiempos: el terrorismo religioso radical.

Bin Laden el activista

Nacido en Riad (capital de Arabia Saudita) en 1957, dentro de la extensa familia (54 hijos) fundada por Mohammed bin Laden, constructor proveniente de Yemen que logró desarrollar de manera exitosa su empresa, logrando establecer vínculos satisfactorios con la familia real Saudí, por medio de préstamos que fueron correspondidos por los últimos mediante contratos de construcción, que volverían a la familia bin Laden una de las más ricas de la región.

A pesar de quedar huérfano de padre a los 10 años, Osama pudo incorporarse a la empresa familiar y participar de las ganancias de ésta, no obstante, no ocuparía estos recursos para derrocharlos en lujos ni fatuidades, sino que aquellos irían a parar a una misión mucho más elevada y loable a ojos de este personaje: la construcción de un movimiento político religioso basado en el islam militante1.

Aquella oportunidad se presentaría en 1979, año de suma importancia para el despegue del islam político junto con su posterior radicalización. A este respecto, dos eventos marcarían la pauta de desarrollo, por un lado, la Revolución Islámica de 1979 en Irán2 y por otro la Invasión soviética de Afganistán (1979-1989), ésta última representó para bin Laden la plataforma ideal para realizar sus aspiraciones político-religiosas de unificar al mundo islámico contra uno de sus grandes enemigos (junto con EE. UU.), la URSS.

Es así como al calor de dicho conflicto, no solamente esta figura comenzaría el apoyo y organización de soldados (llamados Muyahidines) miembros de grupos guerrilleros también financiados por Washington junto con el grupo Talibán, para combatir la república secular establecida y apoyada militarmente por los soviéticos hasta 1989.

El triunfo islamista en Afganistán posterior a la retirada soviética en 1989, convirtió a bin Laden en una figura relevante dentro del movimiento político islámico posterior al fin de la Guerra Fría, generando simpatías en otros países del Medio Oriente y con población musulmana fuera de él que experimentarían la influencia directa o indirecta de EEUU, y de igual forma cimentó las convicciones personales de Osama respecto a su futuro como líder político dentro de la organización política que previamente había fundado en Afganistán, nos referimos a Al-Qaeda (la base).

Esta organización, nutrida ideológicamente por el Salafismo3 y el Wahabismo4, creada en 1988 se volvió para bin Laden el centro de reclutamiento para los guerrilleros combatientes contra el ejército soviético en Afganistán, pero posterior al término del conflicto, se volvería la plataforma de adscripción y coordinación de células y miembros terroristas encaminados a atacar a todos los gobiernos y Estados contrarios a sus preceptos político-religiosos.

Pronto así, Al-Qaeda se encontraba exportando soldados desde Bosnia (en plena desintegración yugoslava) hasta Chechenia (en pleno combate con el debilitado y recién formado ejército ruso), además, hacia fines de los años 90 y principios del 2000, el liderazgo de la organización comenzaría a ensayar ataques terroristas en diversas partes del mundo que culminarían con el ataque al centro financiero de Manhattan el 11 de septiembre de 2001.

Desgraciadamente, diversos elementos ayudaron a alimentar la idea de bin Laden y Al-Qaeda respecto al éxito político de los ataques terroristas, uno sería la incapacidad de los servicios de inteligencia estadounidenses (y de muchos otros países en ese tiempo) de detectar con anticipación suficiente los planes de ataque y su consecución; y otro sería la sobreexposición mediática5 de la nueva figura “maligna” de Osama como sustitución a la amenaza comunista para justificar las intervenciones y aventuras militares estadounidenses en el exterior.

Así, con un bin Laden convencido en sus ideales y un Al-Qaeda funcional, desde mediados de los 90, su actividad terrorista mundial comenzaría a despuntar. El 7 de agosto de 1998 se realizaron ataques bomba contra las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania, causando la muerte de 301 civiles y más de 5000 heridos; y para el 12 de octubre del año 2000, terroristas lograrían dirigir un ataque exitoso contra un destructor del ejército norteamericano causando su zozobra a no ser por la rápida intervención del capitán. Lo anterior sin duda atrajo la atención del gobierno federal en la Casa Blanca, no obstante, seguiría el poco interés de monitorear y establecer como objetivo la eliminación de aquella amenaza terrorista por su carácter menor.

Sería hasta los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 que todo ello cambiaría, luego del secuestro de aviones comerciales que tenían ruta interna en el territorio estadounidense (y cuyos controles de seguridad poseían una laxitud menor a los internacionales), los perpetradores afiliados a células de Al-Qaeda dirigieron la ruta para impactarlos hacia el WTC de Nueva York, el Pentágono, la Casa Blanca y el Congreso estadounidense, librándose éstos últimos dos edificios de daño pues los pasajeros lucharon contra los terroristas y derrumbaron los aviones antes de llegar a su blanco.

Luego de 10,000 MDD de daños materiales, más de 3,000 personas fallecidas y 25,000 heridos, el gobierno de George W Bush (2000-2008) experimentó la terrible realidad y seriedad con la que bin Laden y su grupo iban en contra de la yihad (guerra santa) contra el “imperio del mal”. A partir de ello, la realidad internacional y la dinámica de muchos Estados modernos6 no sería la misma.

Bin Laden el enemigo #1 de Estados Unidos

La respuesta ante dichos ataques por parte de Washington no se hizo esperar, comenzaría la llamada “guerra contra el terror” que tendría como principal área de objetivo todo el Medio Oriente, en primer lugar, en 2001 la campaña contra el gobierno encabezado por el Talibán en Afganistán (lugar donde supuestamente residía bin Laden desde entonces) sería derrocado y establecido un gobierno civil apuntalado por el poder militar extranjero (muy similar al problema nacional de 1979).

En segundo lugar, para inicios del año 2003, Estados Unidos contrario a las convenciones del Consejo de Seguridad de la ONU, invadiría Irak bajo el pretexto de eliminar la amenaza que representaba para ellos la posesión de armas de destrucción masiva por parte gobierno de Saddam Hussein (1979-2003), y un supuesto apoyo a la actividad terrorista de Al-Qaeda en la región7.

Aparte de las campañas militares encabezadas por EE. UU., sus organismos de seguridad designarían a Osama como uno de los objetivos principales de captura para avanzar hacia el triunfo en la lucha contra el terrorismo mundial, y así se lanzaban el FBI, la CIA y el ejército norteamericano a la caza de uno de los personajes más buscados por la justicia en el S. XXI, llegando a ofrecer hasta 25 MDD por información que lograra su arresto.

Mientras tanto, bin Laden no cesó su actividad político religiosa y planeación de ataques contra occidente, ello mediante publicación de comunicados, audio casetes y videos en los cuales pugnaba por una reforma al Islam y la implementación de la Sharia en todos los países musulmanes para combatir la corrupción secular y diabólica de EEUU y sus aliados.

De igual forma, los ataques terroristas continuarían de manera activa durante la primer década del año 2000. De los cuales destacan el realizado el 12 de octubre de 2002 en Bali, Indonesia contra turistas extranjeros (su mayoría australianos) que resultarían en 202 muertos y numerosos heridos; en 2003 ataques bomba se realizarían en Londres y Estambul, y para 2004 España sufriría uno de los peores atentados en su historia al explotar diversos explosivos en el tren de Madrid y junto a ello también contamos los ataques contra una escuela rusa en Beslán (Osetia del Sur)8.

Entrada la segunda década del 2000, la actividad terrorista internacional disminuyó, en buena medida gracias a todo el reacondicionamiento que exigiría EE. UU. a todos los gobiernos en cuanto a normativas de viaje internacional, pero también al temor y demanda social que hicieron los ciudadanos a sus respectivos países (especialmente en Europa occidental) en contra del terrorismo islamista.

Lo anterior también tendría como resultado la localización y elaboración de la misión para capturar a bin Laden por parte de la CIA, la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) y el ejército, quienes darían con su paradero a principios del 2010 y comenzarían a planear la misión para su captura (llamada “Tridente de Neptuno”). Posteriormente, para mayo de 2011 un equipo de Navy Seals (equipo de élite de la marina estadounidense) junto con el apoyo aéreo de un helicóptero y la agencia de seguridad paquistaní lograrían asediar el conjunto fortificado en el cual se hallaba bin Laden y asesinarlo al resistirse a su captura.

Ello fue comunicado de manera oficial por el presidente Barack Obama (2008-2016) el 1º de mayo de 2011 en un mensaje televisado a toda la nación estadounidense, la noticia pronto se hizo mundial y el hombre más buscado terminaría sus días en una tumba submarina clasificada, para evitar la transformación de su sepulcro en un lugar de peregrinaje y adoración extremista religiosa9.

El terrorismo mundial después de bin Laden

 Con la muerte de su líder y principal apoyo financiero, la actividad de Al-Qaeda en el mundo se redujo, más no la generación de un nuevo grupo, pues el Estado Islámico (daesh) surgiría como reemplazo en la cruzada terrorista internacional, lograría apoderarse de partes importantes de Irak y Siria en términos energéticos y monetarios entre 2014 y 2015, y desataría una nueva oleada de ataques terroristas hacia el territorio europeo y estadounidense.

 Esto último constituye una amenaza nueva por parte de cualquier grupo terrorista conocido hasta el momento (a excepción del separatista en Chechenia entre 1996 y 1999), pues jamás un grupo de aquella naturaleza había controlado un territorio tan amplio como gobernante de facto en diversas ciudades iraquíes y sirias.

Además de ello, el grupo terrorista se adjudicó numerosos nuevos ataques mientras la coalición liderada por EE. UU. y Rusia contra dicho Estado Islámico en Siria e Iraq durante 2014 y 2015, destacando los de Paris en 2015, Niza en 2016 y en Manchester en 2017 durante un concierto de pop, lo cual generó una nueva ola de repudio internacional contra el terrorismo, sólo que esta vez no era encarnado por una figura sino una organización en general.

Más allá de ello, esta nueva configuración respecto al terrorismo internacional no hubiera resultado de la misma manera sin lo desarrollado previamente por bin Laden en cuanto a ideología, planeación de ataques y construcción de la narrativa anti-estadounidense y occidente, y que se alimentarían para obtener adeptos,  de décadas de intervención de dichos países en Medio Oriente, así como la negativa a aceptar las propias configuraciones, políticas, sociales y religiosas por oponerse a las concepciones modernas y heredadas de Europa de libertad, gobierno y el papel del Estado en la vida del individuo.

Como efecto de esta amenaza contemporánea iniciada por Al-Qaeda y Osama desde el despunte del nuevo milenio, también se ha suscitado una nueva configuración geopolítica en el mundo, en la que hasta ahora, mantiene como principal foco de tensión internacional de las potencias militares neo imperiales (EEUU, Rusia y China) y regionales (Israel, Irán y Arabia Saudita) a todo el Medio Oriente bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo, su fomento cubierto hacia conflictos locales (como el caso de las Guerras Civiles en Siria o Yemen).

Lo cual tiene como efecto secundario el continuo ejercicio presupuestal de gasto militar con fines económicos (para EEUU) y de reposicionamiento (para Rusia), pero también por resultar toda esta zona (del Medio Oriente) en conjunto de suma importancia para la maquinaria económica, manufacturera y comercial del mundo, pues los países que lo conforman poseen el 32% de la producción total del petróleo en la actualidad y casi el 50% del total de reservas mundiales de tan vital recurso natural10.

Con esto último llegamos a la conclusión, en la que es preciso mencionar que si bien se han dado avances orientados por parte de los países hacia el combate al terrorismo en el Siglo XXI, es necesario considerar que muchos de los problemas emanan en buena medida de las políticas exteriores de ciertos países que dadas sus concepciones geoestratégicas estatales, en las que el daño y perjuicio que sus acciones pueden acarrear a terceros (invasión por lucha contra el terrorismo) muchas veces puede tener efectos contrarios a los que se dese combatir (fortalecimiento del sentimiento anti estadounidense y apoyo al movimiento terrorista insurgente local), generando un círculo vicioso de violencia y muerte para ambos bandos, y el aplazamiento de verdaderas soluciones integrales a tan complejo problema.

Fuentes consultadas

 Jalata, Asafa, Phases of Terrorism in the Age of Globalization: From Christopher Columbus to Osama bin Laden, Palgrave Macmillan, EEUU, 2016.

Scheuer, Michael, Osama Bin Laden, Oxford University Press, EEUU, 2011.

Bari Atwan, Abdel, The Secret History of Al-Qaeda, Saqi Books, Líbano, 2012.

Mockaitis, Thomas R., Osama Bin Laden: A Biography, Greenwood, EEUU, 2010.


Autores
Internacionalista por la UNAM-FCPyS. Interesado y en constante estudio de temas del Espacio Post Soviético y Política Internacional.