La República de Artsakh y el conflicto de Nagorno Karabakh1
Dentro del complejo proceso de declive y desintegración que supuso la caída de la URSS en 1991, surgieron un nuevo conjunto de estados (15) independientes con reconocimiento internacional, entre ellos Armenia y Azerbaiyán en la zona del Cáucaso2sur, los cuales no tendrían problemas para entablar lazos económicos y políticos entre sus pares regionales e internacionales.
No obstante, como es el caso del territorio y conflicto que nos atañe en este texto, dentro de estas nuevas configuraciones estatales, los movimientos étnico-políticos que impulsaron a la independencia y escisión de aquellos fuera de la URSS, comenzaron a sufrir también fuertes tensiones internas por mayor autonomía política, o simplemente rechazaron ser parte integrante del país recién inaugurado.
Uno de estos casos corresponde a la República de Nagorno-Karabakh u oficialmente llamada “República de Artsakh”, que se localiza en la región u oblast3 del mismo nombre y cuya independencia dentro del recién configurado orden político y territorial en Azerbaiyán fue declarada el 6 de enero de 1992, ello durante una plena confrontación entre Armenia por el control de este enclave y reconfiguración regional y mundial posterior al fin de la Guerra Fría.
Pero, antes de llegar a explicar un poco más al respecto de la situación de este Estado no reconocido4 y el conflicto paralelo que disputó su control, es necesario hacer un breve recuento histórico que nos permita comprender de manera más clara dichas cuestiones.
Nagorno-Karabakh antes de Rusia y la URSS
Es preciso hacer aquí énfasis, pues de ello depende la correcta comprensión del desarrollo histórico y político de las Tres actuales repúblicas del Cáucaso Sur (Georgia, Armenia y Azerbaiyán), pues en tiempos pre-cristianos, éstos territorios fueron ocupados por un lado, tribus de Grecia y el suroeste de Europa (Georgia y Armenia), mientras que en el caso Azerí, su población se nutrió principalmente de pueblos provenientes de Asia Central, como Persas, Medas o Escitas.
Al momento de diseminarse el cristianismo y sufrir su primer gran cisma (S. XI) entre la Iglesia Católica con sede en Roma, tanto Georgia como Armenia pasaron a ser parte de la Iglesia Ortodoxa con sede en Constantinopla, esto es de suma importancia, pues dados los orígenes sociales remotos de ambos países, la afinidad religiosa fue un punto de suma importancia para desarrollar sus concepciones religiosas que a la fecha conservan. Y más allá de ello, esta división religiosa-cultural entre Armenia y Azerbaiyán constituirían el primer punto de distinción y tensión para relacionarse y desarrollar a la postre el problema sobre Nagorno Karabakh5.
Sin embargo, para el caso de Azerbaiyán, y dados también sus orígenes sociales y a la influencia ya en ese entonces del Islam y el Imperio Otomano en la región, su religión oficial se fincó en los preceptos musulmanes tras un breve período de creencias basadas en el Zoroastrismo6.
Por otro lado, dentro de Nagorno Karabakh (NK de ahora en adelante) ya existía una mayor presencia de etnia armenia con su propia dinámica social y cultural, esto a pesar de las múltiples influencias de adscripción islámica y no islámica como el Imperio Sasánida (S. III-VII), los califatos Rashidún, Omeya y Abasí (S. VII-XVI) y el imperio persa Safávida (S. XVI-XVIII).
Nagorno Karabakh bajo el control Ruso: Siglo XIX-XX
Con el declive de los poderes no europeos en Asia Central y la sostenida expansión del Imperio Ruso en toda Eurasia a partir del S. XIX, la región de NK pasó a formar parte de un nuevo administrador, pero aquella de manera conjunta con todas las naciones del Cáucaso Sur a manera de protectorados, los cuales en 1828 pasaron a formar parte del control directo de Moscú a expensas de un debilitado Imperio Otomano.
A principios del S. XX, el Imperio ruso comenzó a sufrir los costos de la expansión sin industrialización que habían seguido las naciones del occidente europeo, y con el advenimiento de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y la Revolución y Guerra Civil Rusa (1917-1923), las naciones circundantes a NK disfrutaron de un breve periodo de independencia (1918-1922), aunque ello no estuvo exento de enfrentamientos.
Con la declaración de independencia Armenia, Georgia y Azerbaiyán en 1918, ante el vacío dejado por la desintegración parcial del Imperio Ruso en plena transición a la URSS, otros poderes regionales (Turquía) y mundiales (Inglaterra en pleno apogeo y triunfo militar post Primera Guerra Mundial) buscaron absorber aquellos nuevos países dentro de su órbita a partir de las negociaciones separadas con cada uno de los gobiernos y con la promesa de reconocer sus disputas territoriales, específicamente entre las administraciones de Bakú y Erevan.
Como es de suponerse, NK no sería la excepción dentro de este breve pero complejo proceso de enfrentamiento entre Armenia y Azerbaiyán, pues entre 1919 y marzo-abril de 1920, y ante fallidas negociaciones entre los armenios de NK, se desató un movimiento nacionalista en la zona apoyado por Armenia que tuvo que ser violentamente reprimido por el gobierno azerí7.
Pero, y para fortuna de los pueblos habitantes de NK y fuera de ellos, el asunto no escaló a mayores dimensiones y gracias al acercamiento armenio con el gobierno bolchevique de Rusia en 1920 y su posterior transformación junto con Azerbaiyán y Georgia en Repúblicas Socialistas Soviéticas; y a la actuación disuasiva e ideológica de figuras como Sergo Ordzhonikidze y el propio José Stalin, los gobiernos locales pasarían a incorporarse como repúblicas unitarias dentro del tratado constitutivo de la URSS en 1922, y así, un periodo de crecimiento y relativa calma comenzaría.
Bajo control efectivo de la URSS hasta 1991, NK disfrutó la condición de Oblast autónomo8 dentro del territorio de la República Unitaria Socialista Soviética de Azerbaiyán, y esto posterior al fallido intento de unificación de los tres países del Cáucaso Sur dentro de la República Federativa Socialista Soviética Transcaucásica (1922-1936), esto en primer término como uno de los múltiples intentos por resolver el “problema de las nacionalidades”9 en la URSS que jamás pudo encontrar un método efectivo para hacer coexistir la gran cantidad de etnias (específicamente en el Cáucaso y la parte europea de la Rusia Soviética) y pueblos sujetos al mandato directo de Moscú, por lo que solamente se limitó a gravitar entre la permisividad de las expresiones culturales10 y en cierto grado (como el caso de los Oblasts) administrativa; y entre la represión total de ciertos grupos étnicos, como el caso de las deportaciones masivas hechas durante el régimen de Stalin (1927-1953).
A pesar de ello, el periodo soviético incluyó una total industrialización de las naciones parte, la colectivización masiva de la agricultura, la rotación de trabajo entre el campo y la ciudad industrial, así como la estandarización e institucionalización de esquemas educativos, de salud y de servicios sociales en beneficio de toda la población11.
Entrada la década de 1970, el sistema soviético comenzó a tener serios problemas de crecimiento económico, mientras que de manera paralela las demandas económicas de mejora y apertura política se acumulaban a lo largo del territorio, y que debido a la inhabilidad de los envejecidos líderes soviéticos a partir de Brezhnev hasta Constantino Chernenko (1973-1985) de hacerle frente, la situación se tornó poco a poco más apremiante.
Asumido el cargo de Secretario General del PCUS, Mikhail Gorbachov (1985-1991) trató de revitalizar el sistema de manera poco exitosa a partir de la política de glasnost y perestroika (apertura y restructura), las cuales (en específico la primera) intentaron hacer más receptivo a la crítica al entramado político-estatal soviético por medio de la aceptación de peticiones de todos los confines del territorio para hacer un programa intensivo y general de reforma, pero también para demostrar a los opositores a este movimiento (renuentes al cambio) el apoyo social que en realidad existía atrás del proyecto de reacomodo impulsado por Gorbachov.
Como resultado, Moscú se vio inundado con un aluvión de críticas y peticiones al gobierno desde diversos puntos territoriales, sin poder hacer frente de manera verdadera a su atención y solución12.
También se suscitaron por vez primera en muchos decenios, numerosos connatos de violencia en las Repúblicas Soviéticas que no pudieron contenerse más que por medios coercitivos y que rápidamente minó la legitimidad del régimen de Gorbachov en los últimos años de existencia de la URSS.
Ante la total incapacidad del gobierno de hacer frente a tantas demandas y problemáticas, y junto a los sucesos ya conocidos de agosto de 199113, las Repúblicas Unitarias, incluidas las del Cáucaso Sur, experimentaron un despertar político y radicalización que les permitirían demandar más autonomía política pero que también acelerarían el proceso de implosión estatal soviética y se reavivarían nuevos conflictos étnico-políticos sobre enclaves territoriales, de los cuales NK sería uno de los numerosos casos.
Nagorno Karabakh en Guerra: 1989-2020
El conflicto militar en NK iniciado en 1989, en pleno proceso de desintegración soviético, no solamente tuvo un alto coste humano y militar para Armenia y Azerbaiyán, sino que también sus sistemas productivos y económicos terminaron de atrofiarse debido a los esfuerzos bélicos y ello dificultaría su posterior inserción dentro del mercado regional a internacional para asegurar su futuro desarrollo.
Lo anterior sin mencionar los múltiples abusos cometidos por ambos lados hacia la población civil, que consistieron desde asesinatos extrajudiciales hasta episodios de violencia interétnica extrema que desafortunadamente dejaron miles de muertos.
De manera sucinta, este primer conflicto por el control efectivo de NK consistió en una serie de enfrentamientos abiertos y escaramuzas entre fuerzas militares regulares armenias y azerís, y milicias armenias en la región en disputa14 y alrededor de ella en territorio de Azerbaiyán, esto junto con el bloqueo económico hacia Ereván, generó miles de desplazados fuera de la zona hacia otros países recién independizados en la esfera post-soviética.
Gracias a la mejor organización y capacidad militar Armenia, junto con el liderazgo de Levon Ter-Petrosyan (1991-1998), la ofensiva pudo mantener el control no solamente de NK, sino de buena parte del territorio suroeste de Azerbaiyán, sin embargo, el bloqueo de éstos últimos sobre la economía nacional armenia niveló en cierta medida las pérdidas en el conflicto.
Finalmente, luego de una fallida ofensiva azerí contra fuerzas armenias en NK que dejaría 8,000 muertos del gobierno de Bakú, con una Rusia un tanto más reacomodada posterior al shock de 1991, y ante una OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa) ignorante de la situación e incapaz de entablar una negociación seria entre ambas partes más que para adjudicarse posición en el espacio post-soviético ante el vacío de poder dejado por la URSS, en mayo de 1994, con el apoyo de la Comunidad de Estados Independientes (sucesor tentativo de la URSS en términos de cooperación regional en Eurasia) pero principalmente gracias a la presencia militar efectiva de pacificación enviada por Moscú, se logró firmar el Protocolo de Bishkek que aseguraba el cese de las hostilidades entre ambos países y el retiro de tropas de NK y provincias aledañas en Azerbaiyán.
El área coloreada con café oscuro muestra los avances que hizo el ejército armenio fuera de NK y que se mantuvieron así hasta 2020.
Posterior a este primer enfrentamiento por NK, Armenia retuvo el control efectivo no solamente de dicha área, sino también de otros territorios dentro de Azerbaiyán, y esto, junto con ningún esfuerzo serio para terminar de manera definitiva el enfrentamiento dados los puntos diametralmente opuestos y radicales entre las partes involucradas, denominó al problema uno de carácter congelado15, lo cual de igual manera permitió que cada actor involucrado se recuperara de lo perdido, creciera económicamente, pero desgraciadamente también iniciara una nueva carrera armamentista para lograr en algún punto resolver el problema por la vía armada.
Es así como hasta 27 años después de iniciado el conflicto, y con un Azerbaiyán mejor desarrollado económica y militarmente gracias a sus reservas energéticas, que nuevos enfrentamientos considerables surgieron entre el 1 y el 5 de abril de 2016, cuando en una nueva ofensiva en contra de NK ambos lados clamaron victoria aunque en la realidad, con la pérdida de territorio en el norte y al este del enclave, se vislumbraba el desenlace este conflicto por vez primera a favor del régimen de Ilham Aliyev (2003-), hijo del dictador Heydar Aliyev (1993-2003).
Para finales de 2020, entre el 27 de septiembre y el 10 de noviembre, una nueva ofensiva orquestada por el lado azerí sobre la frontera este de NK rápidamente recobró los territorios perdidos en 1994 y capturó el sur (incluida la ciudad principal de Shusha, baluarte religioso para armenios dentro y fuera de NK) gracias al empleo de nueva tecnología militar aérea basada en drones de ataque que por diferencias de presupuesto y económicas, Armenia no supo contrarrestar.
Ante una mayor pérdida territorial y el peligro en ciernes de perder la totalidad del territorio de NK, Rusia tuvo que arbitrar de nueva cuenta un cese al fuego para salvaguardar no sólo los intereses de Armenia en la región, sino evitar una mayor catástrofe en su contra en el plano regional ante una mayor actividad de reposicionamiento en Turquía que apoya plenamente a Azerbaiyán.
Así, el 9 de noviembre de 2020, el Primer Ministro de Armenia, Nikol Pashinian, Ilham Aliyev y Vladimir Putin, firmaron un cese al fuego que cimentaba el triunfo de Bakú en este tercer y definitorio enfrentamiento sobre este enclave, pues el gobierno de Erevan tuvo que renunciar a todos los territorios ocupados desde 1994, incluida la parte sureña de NK, así como asegurar un corredor de seguridad entre su territorio y la región azerí de Nakhchiván (colindante con la frontera noreste turca); todo lo anterior a cambio de conservar la conexión con NK en la región de Lachin asegurada por 2,000 elementos de mantenimiento de la paz pertenecientes a Rusia.
Adicionalmente, salvo por el carácter dictatorial y represivo de todo disenso por parte del régimen en Azerbaiyán, numerosas protestas se realizaron en contra del gobierno de Pashinian para poner fin al conflicto, lo cual hizo apresurar a su gabinete a encontrar una solución pronta al problema en el sentido de evitar mayores problemas al interior del país, los cuales a la fecha siguen siendo motivo de amargas disputas por la “derrota” armenia sufrida a manos de sus rivales históricos, y ello frente a una crisis económica, social y sanitaria derivada de la pandemia de COVID-19.
Las áreas marcadas con verde claro delimitan todas las ganancias hechas por Azerbaiyán durante este último conflicto, como puede verse, se cambió totalmente el control del área hacia un nuevo actor.
Conclusión: el destino de Nagorno Karabakh y la región
Con los recientes acontecimientos en NK, y la mejor posición económico-militar de Azerbaiyán, parece ser cuestión de tiempo para que éste caiga por la fuerza en una nueva ofensiva orquestada por el régimen de Aliyev, esto con el objetivo de cimentar su legitimidad, sin embargo, y para fortuna de Ereván, el peso que sigue teniendo Moscú como árbitro regional, supone su mejor protección a largo plazo ante cualquier agresión extra por el control total de NK.
Por otro lado, la naturaleza no democrática real del régimen azerí, le ha permitido asirse de otros aliados fuera de la región como la UE o Estados Unidos, que le brinden el apoyo de legitimidad internacional para poder reclamar la unidad efectiva de todo su territorio, incluyendo NK, lo cual en cierta medida sí ha logrado hacer Armenia, sobre todo por la construcción narrativa derivada del Genocidio perpetrado en su contra por Estambul (1915-1917) que ha logrado la solidaridad de numerosos gobiernos extranjeros, incluido el israelí, y también ha construido su propia concepción histórico ideológica de pueblo perseguido y diaspórico para tratar de legitimar las aspiraciones de control sobre NK.
Desafortunadamente, y espero que con la exposición de los elementos previos, hemos de notar que independientemente de los reclamos políticos y étnicos que tengan muchos pueblos para cristalizar su independencia administrativa de otros, el militar sigue siendo el método más efectivo para resolver disputas de carácter territorial, y muchas veces la interferencia de actores internacionales que suponen tener mejores herramientas para entablar diálogos y prevenir conflictos, tienen que hacer uso de sus facultades disuasivas duras para lograr periodos de paz verdaderamente efectivos.
Fuentes Consultadas
Guekjian, Ohannes, Ethnicity, Nationalism and Conflict in the South Caucasus: Nagorno-Karabakh and the Legacy of Soviet Nationalities Policy, Ashgate, Reino Unido y Estados Unidos, 2012.
Curtis, E. Glenn Ed., Armenia, Azerbaijan, and Georgia: country studies, Library of Congress, Estados Unidos, 1995.
Babayev, Azer, Et. Al. Eds., The Nagorno-Karabakh deadlock: Insights from successful conflict settlements, Springer VS, Alemania, 2020.
Saparov, Arsène, From Conflict to Autonomy in the Caucasus: The Soviet Union and the making of Abkhazia, South Ossetia and Nagorno Karabakh, Routledge, Estados Unidos y Reino Unido, 2015.
Isaac Abravanel, o Abarbanel que de ambas formas de su nombre se le conoce, a pesar de sus setenta y un años, y del sopor veraniego de la laguna, sigue acudiendo al Palacio Ducal Veneciano. Recorre el Gran Canal desde el Ghetto Novissimo al norte de la ciudad, donde fueron a residir los judíos que el Edito de Granada expulsó de España en 1492, hasta el centro de Venecia, ahí está la plaza de San Marcos y al fondo la catedral dedicada al mismo santo. El quehacer de la corte no le es ajeno, ni desconocido, ha formado parte de las cortes de al menos cuatro reyes, los juegos de poder ha buen tiempo que dejaron de apasionarlo, salvo que le atañan directamente a él y a s los suyos. Así tuvo que dejar Portugal a la muerte de Alfonso V, sabía que no podía esperar benevolencia del rey Juan II; así llegó a Castilla, la tierra de sus ancestros y por su amistad con Abraham Seneor también entró a la corte, hasta que pasó lo que pasó.
Las discusiones en la corte no le interesan particularmente. Sabe que su encuentro con la muerte está cercano, que ese encuentro que intentamos aplazar lo más posible en su caso no se computa en años sino en meses, o incluso en semanas. Se lo dice el aire que se le acaba, el agotamiento cada vez mayor. Podría aguardar en su casa que sus asuntos en la corte fueran resueltos por sus hijos, por sus socios, pero siente la obligación de acudir, que en el momento en el que ceda será el momento de su renuncia, de la aceptación de la partida. Pero, y eso es lo cierto, la posibilidad de una guerra con el Santo Padre lo tiene sin cuidado; sabe que aquel asunto le atañe porque, dada su fortuna, parte de los recursos para esa guerra habrán de ser sufragados por él y sus amigos. Pero en aquella rica ciudad ni él ni sus correligionarios son los únicos banqueros, sin ir más lejos lo son la familia del Dogo, los Laterano.
Su cercanía a las cortes se la debe a su fortuna, tanto a las arcas que heredó —su abuelo fue tesorero de los reyes castellanos Enrique II y Juan I— como a esa figura pagana con la que se quiere encarnar al azar. Ha sido esa segunda fortuna la que le ha permitido conservar sus caudales y aún multiplicarlos. No renegado nunca de su suerte, aunque no pocas veces ha estado tentado a hacerlo, sabe que el Altísimo ha estado de su parte; de ahí que siempre que le ha sido posible ha ayudado a los suyos. Piensa en aquel aciago verano de 1492, los reyes, doña Isabel y don Fernando, le permitieron salir de sus reinos con todo su oro, don que agradeció sobre manera, mientras que por su propia cuenta corrió la ayuda para que los más pobres de entre su gente, que, como él y su familia, habían elegido el exilio.
Dieciséis años ha, piensa, piensa en la gente, su gente, que cargaba con cuanto les fuera posible, en las familias apartadas, en los bienes malbaratados. Dieciséis años en los que no ha vuelto a pisar la península. Desde entonces ha recorrido el Mare Nostrum, con el prestigio de su nombre y de su fortuna. Nápoles, Siracusa, Monopoli, Corfú, Venecia son sólo algunos de los nombres de las ciudades donde sus pasos de exiliado lo han llevado. Y está ahí, en el palacio del Dogo, en esa ciudad en medio de la laguna que sabe será la última ciudad que lo acogerá.
¿Qué son para un anciano los atabales de la guerra? Poca cosa, se dice, sin embargo, el Dogo tiene su misma edad y ese ritmo bélico no le es indiferente. Pero, se dice, él tiene una ciudad que defender, un pueblo por el que luchar. Yo también lo tengo, se dice. Y piensa en sus vecinos del Ghetto Novissimo a quienes los venecianos desprecian doblemente por ser judíos y españoles. Recuerda aquellos infructuosos cabildeos que él y su amigo Abraham Seneor hicieron con los reyes para que dieran marcha atrás al edicto que signaba el fin del judaísmo en Sefarad, en España. Aquellas discusiones que se prolongaban por horas entre él y su amigo para ver cómo evitar ese edicto, cómo resolver aquella cuestión.
Aquel amigo que pudo haber sido su padre para él seguía siendo Abraham Seneor, aunque hubiese tomado el nombre de Herrán Núñez Coronel. Fue en aquellas discusiones en las que, mientras no encontraban una solución que pudiese convencer a los reyes, que su amigo confesó que elegiría la conversión. Pero él no podía elegir aquel camino, no sabiendo cuántos de los suyos preferían el exilio. Además, habiendo crecido bajo la sombra de las persecuciones de 1391, que obligaron a su familia a dejar Sevilla e instalarse en Lisboa, sabía que le aguardaba la persecución por parte de la Inquisición, la hostigadora del Edicto de Granada.
Aquel hombre que había ayudado a doña Isabel a llegar al poder, que había financiado su guerra contra el último reino moro de la península —ayuda en la que él mismo también había colaborado—, que, a su lado, habían impulsado el proyecto del genovés de cruzar la mar océano había dejado este mundo hacía mucho tiempo; ni siquiera un año vivió como cristiano. Isaac piensa que él pronto también dejará este mundo. La reina ha muerto y el infame inquisidor que propició su expulsión también. Don Fernando sigue reinando. Mientras los suyos, su gente que sigue la ley de Moisés, ha sido desperdigada por todo el Mediterráneo y los reinos vecinos de España. Muchos de ellos con la esperanza de volver.
II
1492 es el año parteaguas en el reinado de Isabel I de Castilla (1451-1504) y Fernando II de Aragón (1452-1516), que unos años después recibirán del papa Alejandro VI (1431-1503) el apelativo por el que son conocidos: católicos, justamente por los acontecimientos que tuvieron lugar en ese año. El 6 de enero recibieron las llaves de Granada y Boabdil dejó la península terminando con ocho siglos de dominación islámica. El 31 de marzo firmaron el Edicto de Granada en el que ordenaban la expulsión de los judíos de sus reinos, terminando con la presencia de esta minoría religiosa de más de quince siglos. A principios de agosto salieron del puerto de Palos las carabelas que expandirían sus dominios; mientras los judíos expulsados se embarcaban fuera de sus reinos.
En 1492 la población judía de Castilla y Aragón era a todas luces minoritaria —de acuerdo con Joseph Pérez para ese momento representaba apenas el 2 % de la población ambos reinos, si se acepta la estimación de 200 mil personas; mientras que Henry Kamen es mucho más cauto en sus cálculos estima que la población conjunta no excedía las 80 mil personas; los autores coinciden en que la población de judíos aragonesa es mucho menor a la castellana—. La mitad de esa población eligió el exilio antes que la conversión, entre 40 mil y 100 mil personas que seguían siendo judíos abandonaron los territorios de los Reyes Católicos. La religión judía quedó proscrita a partir de agosto de 1492; aún así mucha gente eligió regresar y convertirse, sobre todo aquellos que emigraron a las costas norafricanas, debido a los malos tratos que recibieron.
El judaísmo en la península ibérica había existido por lo menos desde el siglo I de nuestra era, sobre todo a partir de la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70. Fueron una minoría que empezó a ser perseguida durante el reino visigodo, sobre todo a partir de la conversión al catolicismo del rey Recadero (559-601), que incluyó algunos intentos de expulsión, hasta que en 711 comenzó la dominación musulmana de la península y el fin del reino visigodo. La población judía vio mejorada su situación dado que se les consideraba, al igual que los cristianos, gente del libro; de ahí que se les permitiese profesar su religión a condición de pagar una serie de impuestos especiales por ello.
A ese respecto Joseph Pérez, en Los judíos en España lo plantea en estos términos —contrarios a cierto mito con respecto a la tolerancia andaluza—:
“En relación con las falsas religiones, los árabes practicaron, en efecto, la tolerancia, pero en el sentido que se le daba entonces a la palabra y que se le sigue dando hasta una fecha muy reciente: no se respetaba a los judíos, ni se les reconocían derechos: lo que se toleraba no era en ningún modo un derecho; simplemente, no se les perseguía ni se les expulsaba porque se pensaba que su presencia podía ser útil; además, los monarcas no se sentían todavía lo suficientemente fuertes como para prohibir las falsas religiones.”
La situación de la península, al interior del al-Ándalus y de los reinos cristianos que comenzaban a crecer, la tolerancia no era entendida como hoy la reconocemos, en su aspecto positivo, sino en el sentido negativo del término: se toleraba porque no quedaba de otra. Por su parte, en La inquisición española, Henry Kamen lo plantea así:
“La práctica de la «tolerancia» en el sentido de permitir a la gente discrepar por supuesto que no existía en ningún lugar de la Europa cristiana del siglo XVI, y no surgiría hasta varios siglos después, cuando algunos estados concedieran derechos legales a las minorías religiosas. Pero las sociedades fronterizas en contacto con otras culturas, como sucedía en el Mediterráneo y en el este de Europa, pertenecían a una categoría especial. Como ellas, España fue una sociedad plural (y por lo tanto en cierto sentido indulgente) mucho antes de que la tolerancia se convirtiera en una cuestión filosófica. […] La tolerancia era posible socialmente, aunque no fuera aceptable ideológicamente: era un rasgo que España compartía con otros estados europeos en los que había minorías culturales.”
A pesar de lo cual las comunidades judías pudieron prosperar y algunos de sus miembros alcanzar posiciones de importancia, sobre todo a partir del reinado de Abd al-Rahman III (912-961). Este monarca llegó a encomendar misiones diplomáticas a uno de sus médicos judíos Hasday ibn Sharprut (915-975), así como la traducción de un códice de la obra de Discórides que el emperador Cosntantino VII envío a Abd al-Rahman III —con lo que inició el proceso de traducción, que tuvo unos siglos más tarde su cúspide con la escuela de Toledo—. A Hasday también se atribuye el propiciar la así llamada era de oro del judaísmo en España —en la cual las ciencias y artes hechas por judíos florecieron e incluyó a un judío, poeta y filósofo, fuera nombrado visir de Granada y gobernara de facto el califato: Semuel ibn Nagrella (993-1055). Temporada de florecimiento que terminó cuando se dio la invasión almorávide en 1086 de los reinos de los taifas, que orilló a la población judía a emigrar al norte, a los reinos cristianos, donde vivieron una segunda edad de oro, o la edad de plata del judaísmo en España.
Así figuras como los citados Hasday y Negrella destacaron con sus obras filosóficas y poéticas, a quienes se suman los poetas Dunash ben Labrat (920-990), Yehudah Halevi (1070-1141), Solomón ibn Gabirol (1021-1058), quien fue conocido entre los cristianos Avicebrón, Abraham ibn Ezra (1092-1167), Menahem ben Saruq (¿910?-970), Moses ibn Ezra (¿1055?-1138), entre otros; así como de Moisés ben Maimón (1138-1204), más conocido como Maimónides, se convirtió en vida un referente en los estudios talmúdicos y como científico y filósofo no sólo en los ámbitos hebreos sino para cristianos y musulmanes.
Algunos autores recomiendan prudencia al hablar de estos momentos de desarrollo como edades de oro. Joseph Pérez así lo plantea: “La edad de oro del judaísmo español en al-Andalus pertenece, pues, a la leyenda, una leyenda forjada después de que terminara la dominación musulmana en la Península.” Además, este historiador llama a considerar que el desarrollo artístico, científico y cultural no se dio de manera autónoma y no benefició al conjunto de la población judía:
“La España medieval no conoció más que dos culturas dominantes y dominadoras, primero la musulmana, luego la cristiana; los judíos se incorporaron a la una y después a la otra, pero cultura judía como tal no la hubo, a no ser que se quiera nombrar así, en un sentido restringido, el conjunto de normas religiosas y espirituales por las que se regían las aljamas. Los judíos siguieron siendo judíos en al-Ándalus desde el punto de vista religioso, pero en todo lo demás adoptaron los modelos culturales dominantes; en primer lugar, la lengua árabe que les permitía acceder a un caudal literario, filosófico y científico de extraordinaria riqueza. Asimilaron perfectamente la cultura árabe y en esto estriba su éxito y su prestigio en al-Ándalus, un prestigio intelectual que no coincide ni mucho menos con una mejora sustancial de las condiciones de vida de la masa del pueblo hebreo.”
El fin del califato de Córdova y la invasión de los reinos de los Taifas significó la persecución a los judíos en los territorios dominados por los musulmanes, debido al celo religioso de los almorávides y los almohades. Aunque las poblaciones hebreas no desaparecieron por completo de al-Ándalus, su presencia fue mínima.
Mientras que los reinos cristianos se expandían, por una parte, tenían que aceptar a los judíos que habitaban en los territorios conquistados y por otra, a los que dejaron al-Ándalus. Los judíos fueron considerados propiedad del rey, lo fueron hasta el momento de la expulsión y gozaron de un trato relativamente benigno por parte de las autoridades. En La historia de los judíos en España se anota:
“El hito más importante y significativo en ese sentido es la Carta inter Christianos et Judaeos promulgada por el rey de Castilla Alfonso VI en 1090. En este documento se prometía dar un trato similar a cristianos y judíos; además, se declaraba que los jueces judíos gozarían de los mismos derechos que los cristianos. La Carta viene a ser, pues, como un fuero específico que se otorgaba a los judíos; como tal, es un documento original que no tiene equivalentes en el resto de la Europa cristiana.”
Así, por ejemplo, el rey Fernando III “el Santo” (1199-1252), al conquistar Sevilla se proclamaba emperador de las tres religiones. Su hijo Alfonso X “el Sabio” (1221-1284) promovió la Escuela de Traductores de Toledo, en la que sabios hebreos colaboraban con cristianos y musulmanes en labores de traducción, labores que seguían vigentes cuatro siglos después, como atestigua Cervantes en el capítulo IX de la primera parte del Quijote, donde señala que en Toledo encontró quien le tradujese la historia del árabe al castellano, “[…] pues aunque le buscare de otra mejor y más antigua lengua le hallara”, en referencia al hebreo.
Al respecto Henry Kamen apunta:
“En España, como en otras civilizaciones mediterráneas, y a unos niveles raramente alcanzados en la Europa septentrional, se haría inevitable la filtración de las distintas formas de pensar y de comportarse de otras gentes.”
Sin embargo, el historiador hispanista apunta que estas relaciones se dieron cifradas por el conflicto, las minorías religiosas sabían que su situación frente a comunidades más numerosas de una religión que no era la suya era precaria y podía cambiar en cualquier momento:
“La capacidad de las minorías de aguantar siglos y siglos de represión esporádica y de sobrevivir hasta comienzos de la modernidad en condiciones de enorme desigualdad se basaría en un largo aprendizaje.”
En el caso de la población hebrea en los reinos cristianos se trata de un antijudaísmo que, siguiendo a Joseph Pérez, era enseñado desde los púlpitos, siguiendo a Jules Isaac y su «pedagogía del desprecio». Pérez insiste que se tiene que no es posible hablar de discriminación racial para la España tardomedieval porque la idea de raza no nace sino hasta el siglo XVIII, él señala que lo que hay es una discriminación religiosa, contra los judíos por profesar una religión que no era el cristianismo, a lo que se sumaron toda una serie de prejuicios:
“Lo que hubo en la Edad Media, en España como en toda la cristiandad, no fue antisemitismo, sino antijudaísmo; un antijudaísmo constantemente reivindicado por la Iglesia católica desde los orígenes del cristianismo.”
Pérez va más allá:
“[…] hay que abandonar la idea de que el viejo usurero del gueto haya sido un precursor del capitalismo y que la incomprensión del catolicismo ante los asuntos económicos y la expulsión y persecución de los judíos a partir de ciertas fechas hayan sido la causa de la decadencia de España. Es excesivo e inexacto pretender que la historia de España se ha alzado sobre la base de una economía judaica. Los trabajos más recientes sobre la historia de Castilla durante la Edad Media y principios de la Moderna demuestran todo lo contrario.”
La élite judía era la que prestaba dinero y la que llegó a ocupar algunas posiciones en la recaudación, además, como las aljamas dependían directamente del rey en los conflictos se aliaban a éste. La primera situación fue utilizada por los nobles que no querían un poder real más centralizado y por los frailes mendicantes para azuzar el antijudaísmo que estalló en 1391 y ocasionó asaltos y miles de muertes de judíos tanto en Castilla como en Aragón, donde la presencia judía casi desapareció. Así mismo provocó que miles de personas se convirtieran al cristianismo por temor a ser agredidos. Joseph Pérez apunta que pudieron ser hasta 100 mil las personas que se convirtieron.
Los conversos trajeron nuevos problemas, mientras que a los judíos se les prohibía el acceso a ciertos puestos, para los conversos, en tanto que como cristianos estaban en igualdad que el resto de los cristianos, ese veto desaparecía y pasaban a ocupar lugares prominentes de la sociedad, tanto en la administración de las ciudades, real, como al interior de la jerarquía eclesiástica. Lo que ocasionaba desconfianza entre los cristianos viejos; esta desconfianza fue explotada por Enrique de Trastámara (1334-1379) como arma política contra su hermano, Pedro I (1334-1369), durante la guerra civil que lo llevó al poder. A lo anterior se sumaba que muchos de ellos sólo habían aceptado la conversión en razón del peligro que sus personas y bienes corrieron por las revueltas de 1391 y el movimiento antijudío que se mantuvo hasta 1415, éste encabezado sobre todo por Vicente Ferrer (1350-1419).
Durante el siglo XV el antijudaísmo siguió siendo alimentado y era un motivo que las guerras civiles se utilizaba contra los oponentes, amigos de judíos.
En 1469 Isabel de Castilla se casó con el heredero de la corona de Aragón, Fernando. En 1474 fueron jurados reyes de Castilla y en 1479 Fernando accedió al trono de Aragón, del cual ella permaneció como consorte. A ambos les interesaba centralizar el poder real, asentar sobre cualquier otra autoridad —ya fuese la de las cortes, eclesiástica o cualquier señor—. Se trata de la materialización de uno de los primeros estados modernos.
En ese ambiente es que se crea la Inquisición Española, institución creada para mantener la ortodoxia en materia de religión, pero que los reyes católicos lograron hacer, merced a su destacado papel diplomático en Roma, para centralizar el poder eclesiástico en torno a la figura real. El inquisidor sería nombrado por los reyes y ningún obispo tendrá autoridad sobre él. En 1478 el dominico Tomás de Torquemada (1420-1498), en la visita que la reina realizó a Sevilla, la convenció de la necesidad de implantar la inquisición para perseguir a los conversos judaizantes —marranos, como se les llama, término que parece proceder de marrar, volver al error—. Así se consiguió la bula que permitió operar a la Inquisición española, que en un primer momento sólo lo hizo en la región de Sevilla, para extenderse a toda Castilla en 1480 y que una nueva bula papal permitió crear la inquisición en los reinos aragoneses. En 1483 Torquemada fue nombrado inquisidor general, posición que mantuvo hasta su muerte y desde la que sentó las bases del quehacer inquisitorial.
Ni la reina Isabel, ni el rey Fernando eran antijudíos, tenían entre sus colaboradores judíos, como a Abraham Seneor o Isaac Abravanel —sin contar a los colabores conversos—, la expedición colombina se realizó gracias en parte a las inversiones judías. Pérez dice:
“No anda descaminado Luis Suárez Fernández al escribir que, si Fernando e Isabel hubieran muerto en 1491, la fama que aún les rodea en las juderías del mundo entero sería completamente distinta.”
Pero la labor inquisitorial había comenzado. La inquisición señalaba que los conversos tendían a judaizar por la cercanía con los judíos, de ahí que a partir de 1480 se empiezan a aplicar leyes para garantizar una segregación. Los barrios judíos en España nunca habían estado divididos por muros y se podía circular libremente dentro y fuera de ellos, no pocos cristianos habitaban en su interior, al igual que había muchos judíos que no los habitaban. La aljama no era un espacio físico, sino una institución, un gobierno paralelo al cristiano para los judíos, con sus propias autoridades, sinagogas y escuelas. Lo cual cambió con las disposiciones reales de 1480 que ordenaron construir muros que separaran las juderías del resto de la población, encaminados a crear lo que en Italia fueron los guetos. Los conflictos que ocasionaron esas disposiciones todavía se seguían dirimiendo en el momento de la expulsión.
La presión de la inquisición, así como el interés por mantener la unidad, una sola religión, un solo príncipe fueron lo que llevó, en 1492, una vez que dominaron el reino de Granada a los Reyes Católicos a declarar la expulsión. La intención era orillar a que la población judía de sus reinos abrazara el cristianismo, sin embargo, sólo la mitad de los judíos lo hizo, el resto prefirió el exilio.
III
En la actualidad el judeoespañol es hablado por aproximadamente 150 mil personas, la mayoría de ellas radicadas en Israel —el segundo país con mayor número de hablantes es Turquía con 15 mil—. Aunque esas cifras podrían llevar a creer que el número de sefarditas se ha mantenido más o menos constante, pasan por alto la aculturación que muchas comunidades sefarditas sufrieron en el siglo XIX y XX, así como la violencia de la Segunda Guerra Mundial que acabó con la vida de miles de sefarditas.
La imagen de los exiliados que conservan una llave de una casa ancestral es un tópico que Joseph Pérez despacha por carecer de un sustento, su fuerza (y persistencia) radica en el simbolismo que implica —como en el poema de Borges—. En 1492 miles de judíos abandonaron España con la esperanza de volver, muchos lo hicieron y aceptaron convertirse —la inquisición se encargó de erradicar en ellos las prácticas judaizantes, sobre todo en los primeros treinta años posteriores a la expulsión y en las primeras décadas del siglo XVII—. Muchos emigraron a Portugal donde en 1498 se les obligó a convertirse, a diferencia de en España ahí pudieron mantener una vida de criptojudaísmo sin la persecución inquisitorial, lo que hizo que, para 1580 cuando se unen las coronas portuguesa y española, muchos de ellos volvieran a la tierra de sus ancestros —siguiendo el camino que un siglo antes había llevado Isaac Abravanel—, ellos fueron quienes propiciaron que muchos de los descendientes de conversos judaizaran. Muchos de los portugueses emigraron al norte, sobre todo a los Países Bajos, donde en Ámsterdam floreció la comunidad judía hasta el grado de llamarla a principios del siglo XVII la Nueva Jerusalén. Ahí nació y desarrolló su labor el filósofo Baruch Spinoza (1632-1677), quien, para Joseph Pérez, no es improbable que sea heredero de cierto pensamiento escéptico que surgió entre las élites judías (y cristianas) en el siglo XV de España.
Fue el Imperio Otomano el que más judíos recibió, muchos de los que emigraron al norte africano y la convulsa Italia terminaron como súbditos del gran sultán. Uno de los casos más destacados, y quien propició el desarrollo de las comunidades sefarditas en el Imperio Otomano y en especial en el Levante fue Gracia Naci (1510-1569), hija de un rico banquero de origen castellano, se casó joven con otro banquero Diego Mendes, quien pronto la dejó viuda. Con su fortuna ayudó a las redes de marranos dentro y fuera de Portugal y cuando la inquisición puso sus ojos sobre ella fue recibida por el sultán. Su yerno, Juan Minques, llegó a ser uno de los hombres de confianza del sultán, quien lo nombró duque de Naxos. Las comunidades sefarditas mantuvieron la religión de sus padres, lazos de ayuda entre ellos y la lengua y cultura de España.
Fueron una de las primeras víctimas de un proyecto de nación, que buscaba la uniformidad de sus miembros —lejos estaban los Reyes Católicos al declinar el siglo XV de la idea de ciudadanos—. Proceso que ha costado tantas vidas a lo largo de los últimos cinco siglos y que, espero, sea cosa del pasado.
Comprar un pez me pareció la mejor idea: no requieren de mucho cuidado ni pueden recorrer las casas. Me resultaban más que nada decorativos. Recuerdo que la última vez que tuve uno fue porque los regalaban como centros de mesa en una primera comunión a la que fui en la primaria. Murió un mes después a causa del frío y no me afectó en lo absoluto, creo que siempre lo vi como “el pez de la fiesta”.
Pensándolo bien, no sé por qué escogí un pez. Se me ocurrió que me haría sentir por lo menos acompañada. No sé si la decisión fue una especie de intento desesperado por compañía ante el momento tan incierto por el que estaba pasando.
Al llegar al acuario, lo elegí por sus colores y porque sobresalía del resto de los frasquitos. Un ejemplar único, entre rosa y lila con franjas azul metálico, como si fuera una sirena o un ajolote de los que brillan con realidad aumentada en los billetes de cincuenta pesos. No lo pensé mucho, y sin tener ninguna relación con el objeto, le puse Maraca.
Los primeros días observaba los cambios de sus tornasoles y lo veía nadar con la preocupación de alguien que está perdido. Sentía su angustia porque vivía con las agallas (que eran de color negro) inflamadas, me imagino que por la desesperación.
*
Uno de los rituales era cambiarle el agua de su pequeña pecera —o gran frasco de cristal— . Lo tenía que hacer cada semana según me dijeron en el acuario. Era una tarea difícil, el pececillo escapaba de la red con grandes habilidades. Cuando por fin lograba atraparlo lo colocaba en un tupper chiquito. Se podía ver la imagen del animal más agitado de todos los tiempos chocando por las paredes.
De pronto, un día, ocurrió lo impensable: se fueron apagando sus movimientos y comenzó a quedarse en el fondo del recipiente. Lo primero que se me ocurrió fue agitarlo para que reaccionara —tonto de mi parte, porque el pez estaba lejos de ser un humano quedándose dormido—. Le supliqué haciendo uso de todas mis capacidades de interlocución que no bromeara conmigo. Tener algo que se muere entre las manos, por más pequeño que sea, se siente como perder todo al mismo tiempo sin posibilidades de recuperarlo. Segundos después se quedó totalmente inmóvil en el fondo de su frasco. Empecé a llorar, se había muerto Maraca porque no lo supe cuidar bien. Después lloré por todo lo demás.
No supe cómo manejar la soledad. Ya estaba sola, sí, pero antes tenía a las sombras de la gente pasando por la ventana de la casa. Era una adulta joven cuando todo esto pasó. Tenía apenas un par de meses cuidando de mí misma, viviendo en constantes y grandes cambios, tal vez sobreviviendo es la palabra que busco, cuando nos tuvimos que recluir. Me trataba como a un objeto frágil, a punto de romperse, nunca tuve las ganas de ver a alguien más desbaratándose junto a mí.
*
Como un milagro que no supe cómo explicar, Maraca sobrevivió. Cuando levanté el traste para disponer de su cuerpo dio una voltereta y comenzó a nadar de nuevo, como si se hubiera reiniciado. Momento sorprendente o broma cruel, todavía no lo decido. Empecé a medir el tiempo con la pecera, se volvió parte del ritual para abrir y cerrar el día. En la mañana le espolvoreaba sus hojuelas de colores —cuyos ingredientes incluían extracto de pescado—, y en la noche lo salpimentaba de bolitas rojas, que al parecer eran sus favoritas. Después de pensar que había muerto le puse mayor cuidado y lo llevé a vivir a mi escritorio. Lo checaba cada cierto tiempo para cerciorarme de que estuviera nadando y de que los movimientos correspondientes de su boca al “respirar” eran los adecuados.
Unos meses más tarde llegué a sentir alivio al verlo mientras trabajaba de sol a sol en aquella silla oficinil. Encontrar de pronto sus ojitos negros y sentir que me miraba de regreso me alejaba unos segundos de la eterna pantalla. Le ponía el dedo en diferentes lados del frasco de cristal, y me emocionaba cuando sentía que era capaz de seguir mis movimientos.
Los momentos más difíciles del aislamiento llegaron y la información que nos daban por todos lados me ponía los nervios de cristal. El miedo torturaba mi existencia. Miles de muertes sabidas y desconocidas se hacían presentes al leer las noticias mientras me mordía los labios, que sin querer me empezaban a sangrar, aunque ahora pienso que pudo haber sido un reflejo para confirmar que aún sentía el intenso sabor a metal en la lengua. Los peores días del mundo actual.
Maraca estaba ahí, sin saber nada, pero sus colores de alguna manera me lograban mantener fuera de mis pensamientos. Era un pequeño ser que acompañaba a otro, y nunca pensé que un animal de piel helada pudiera brindar tanto consuelo.
*
En la bitácora de la vida de su última temporada llegaron las buenas nuevas, la humanidad tuvo una segunda oportunidad. Yo sólo me preocupaba esperando que la cura llegara a tiempo, ya casi se me terminaba la comida del pez.
A punto de recibir el remedio, un par de años después del día cero, la realidad se volvió a fracturar: Maraca ya no se podía mantener a flote en su recipiente de cristal. Cada vez le costaba más trabajo nadar y podía percibir su miedo a ¿morir? Los movimientos bruscos que hacía para mantenerse de manera horizontal me hicieron sentir sin fuerza para salvar esa diminuta vida una vez más.
Esa noche nos fuimos a dormir, y al despertar tuve la certeza de la inmovilidad del pequeño cuerpo, estaba blanco y como una moneda al fondo de una fuente. Al crecer Maraca perdió toda semejanza con los ajolotes, pero aún brillaba cuando estaba feliz. Sus aletas se mantuvieron resplandecientes y metálicas hasta el final.
*
Pequeño pez:
El mundo en el que me quedé sigue jodido y la incertidumbre es permanente. A veces siento que no me puedo ir a acostar sin antes espolvorear tu pecera, pero sé que son los reflejos de la melancolía.
Tu pérdida me ha dolido más de lo que pensé. He llorado un par de veces al no encontrar consuelo en nada. Ahora hay flores en tu casa de cristal, en el mismo sitio del escritorio. Espero que sea la mejor manera para honrar tus colores.
Te extraño cada día y pensar en que te quise y te cuidé me da fuerzas. Espero que hayas sido feliz mientras me acompañabas.
Josef Teran y Quevedo vende una Negra esclava con dos hijas de cinco y dos años de edad: es buena cozinera y lavandera: su venta se ha de verificar precisamente de mar en fuera, conforme á superior orden, y hará considerable equidad en el precio con atención á su abalúo. 1
El anuncio aparece en la sección “Encargos” al final de la Gazeta de México y arroja uno de los vestigios de la esclavitud y el orden político de la sociedad novohispana del siglo XVIII, un retrato con voz comercial de las esferas dominantes; protagonistas de un incipiente espacio en tinta y papel que habría de registrar la vida pública del país en las épocas siguientes: la prensa.
Los “encargos” son antecedentes del “Aviso oportuno” que en la actualidad aparece en los diarios. El ejemplo anterior tenía un costo de impresión de dos reales, precio accesible para quienes quisieran anunciar sus posesiones en venta, y apareció el 14 de enero de 1784 en la tercera época de la Gazeta de México (1774-1809), editada por Don Manuel Antonio Valdés e impresa por Don Felipe de Zúniga y Ontiveros, dueño de Imprenta Antuerpiana.
La empresa editorial pasó sus años dorados, desde 1770 hasta principios del siglo XIX2, en el centro histórico; cuyos tramos de tierra firme del régimen virreinal exterminaban las calles de las Canoas que sobrevivieron a la conquista.
En esa ciudad, la colonización se expandía en senderos pedregosos, en los que la élite ilustrada proyectaba su gigantesca sombra sobre las manos esclavas que construían vialidades importantes para el comercio de Nueva España, como la calle del Espíritu Santo, hoy Isabel la Católica; donde los suscriptores de la Gazeta de México acudían por su ejemplar a la imprenta de Don Felipe de Zúniga y Ontiveros.
La suscripción costaba 20 reales, o 24 si la gaceta debía enviarse a un suscriptor en otra provincia. Cada año se imprimían 24 tomos foliados que formaban parte de una colección anual finalizada en 1809, con la publicación del último ejemplar el 30 de diciembre, conforme a los registros de la Biblioteca Nacional de España.
Las entregas quincenales eran de ocho páginas, compuestas a una columna, el formato típico de los periódicos del siglo XVIII. Entre las páginas de la Gazeta de México, los acontecimientos reportados correspondían a la misión de Manuel Antonio Valdés, quien pretendía conformar un compendio de los hechos trascendentes de la Nueva España, disponible para una revisión histórica en el futuro.
Bajo el privilegio y autorización del virrey Matías de Gálvez, el editor recibía información desde Puebla, Oaxaca, San Luis Potosí, Acapulco, Veracruz, Guadalajara y Cuernavaca. En coordinación con otras gacetas europeas, fue posible recopilar las noticias de Francia, Inglaterra, Rusia y Turquía. Además del contenido noticioso, las ediciones incluían artículos sobre ciencias, medicina, historia natural, economía, comercio y religión.
El éxito de la Gazeta cambió la periodicidad de las impresiones. En 1792 se publicaba de forma quincenal; en mayo de 1793, se vendía cada semana; en 1797, la edición fue mensual, y para 1806, volvió a su ritmo bisemanal.
Manuel Antonio Valdés contaba con el beneplácito del virreinato, pero se aseguró una trayectoria de 34 años cuando incursionó en un modelo empresarial, basado en el sistema de suscripciones, encargos y anuncios editoriales.
La estructura comercial
A diferencia de sus predecesores, la tercera Gazeta de México superó la permanencia de sus dos versiones pasadas. La primera, dirigida por Juan Ignacio de Castorena y Ursúa, registró los primeros seis meses de 1722. La segunda Gazeta de México, dirigida por Juan Francisco Sahagún de Arévalo y Ladrón de Guevara, cubrió el periodo de 1728 a 1742.
Debido a la corta permanencia de las gacetas anteriores por falta de recursos, Manuel Antonio Valdés encontró la manera de complementar las ganancias de la tercera gaceta con las suscripciones, que representaban la mayoría de los ingresos. Los Encargos suponían un respaldo económico en potencia, pues el editor llegó a dedicar de una a dos cuartillas los anuncios pagados por la audiencia.
Había otro tipo de publicidad de carácter editorial entre las páginas finales. Era escrita con un interés noticioso y divulgativo, giraba alrededor de libros impresos y vendidos en el taller de Felipe de Zúñiga y Ontiveros, en la calle del Espíritu Santo.
En los siguientes quince días se cierra la Subscripción á la Versión Paraphrástica, del Psalterio y Cánticos del Breviario. (…) A los que tuvieren de dicha Obra, se les advierte, que consta de dos Tomos (…) en verso castellano y digna de la estimación con que ha corrido. Al que quisiere verla antes de suscribirse, se le mostrará en la Oficina.3
Los contenidos editoriales de este tipo fueron comunes en la tercera gaceta, incluso se llegó a contabilizar un total de 348 libros anunciados; aunque se encontraban subyacentes entre los datos de otros tomos, después de los “Encargos”. La estrategia comercial beneficiaba al taller de Zuñiga y Ontiveros.
Los libros impresos en el taller eran religiosos, al igual que otras ediciones de las editoriales competidoras; pero contar con un espacio en la gaceta, suponía una ventaja publicitaria no solo para la gaceta, sino para los ingresos de la editorial.
La imprenta de Felipe de Zúñiga y Ontiveros tuvo en la gaceta de Valdés su medio “masivo” de publicidad, con exclusividad sobre sus competidores; una estrategia mediática muy adelantada para su momento, sin duda. La maniobra estaba (…) bien disimulada ya que, en teoría cualquier persona podía pagar los dos reales y hacer uso de los anuncios, sin embargo, difícilmente Zúñiga pagaría por el servicio4.
El espacio privilegiado de la imprenta de Zúñiga era una constante en las ediciones, además de la información aprobada por el gobierno de Nueva España y los representantes del reino en cada estado del país involucrado en las noticias registradas.
En el siglo XVIII, a partir del método creado por Manuel Valdés, surgieron las bases comerciales del periodismo moderno, con información otorgada por el virreinato y el beneplácito de los propietarios de la imprenta, ambos elementos necesarios para la existencia del medio de comunicación.
Business follows the flag
Si bien el periodismo en México ha evolucionado en cuanto a estilos, rigurosidad en las investigaciones y la cobertura de los acontecimientos por cronistas y reporteros; la estrategia comercial de la tercera Gazeta de México perduró hasta la contemporaneidad, en especial durante 2004, cuando la prensa demostró que podía defender los intereses de su empleador.
En la década de los 2000 se respiraba un ambiente de transición política en la capital, en ese entonces llamada Distrito Federal (D.F). Andrés Manuel López Obrador comenzaba su gestión como jefe de gobierno, en su tercer año, el mensuario etcétera publicó un informe de los recursos destinados a publicidad en los medios, con información fue otorgada por el gobierno del D.F.
De los 10 millones 547 mil 931 pesos disponibles para la publicidad en medios impresos, “a La Jornada casi el 50%”5, es decir, cuatro millones 799 mil pesos. En el primer semestre del 2004, la suma llegaba a tres millones 387 mil pesos.
A partir del monitoreo inició una guerra mediática alrededor de la figura de AMLO, los combatientes, La Jornada contra La Crónica de Hoy. El campo de batalla se hallaba en las columnas editoriales de ambos diarios: Rayuela, publicada en la parte izquierda de la página final de La Jornada, y El esquinero, aparecía en la esquina derecha de la contraportada.
La ubicación de ambas columnas representaba la ideología de sus respectivos diarios. La Crónica de Hoy era señalada por los periodistas de La Jornada como la agencia noticiosa del salinismo; mientras la competencia de este último periódico afirmaba que La Jornada servía a los intereses del gobierno del D.F. Los dos medios tenían inclinaciones políticas evidentes y su disputa fue uno de los vestigios más destructivos del periodismo de facción6
El conflicto entre los diarios escaló hasta las tergiversaciones de los hechos. El 3 de marzo de 2004 circuló en las televisoras un video en el que aparecía el presidente de la comisión del Gobierno Asamblea Legislativa, René Bejarano, aceptaba fajos de dólares del empresario Carlos Ahumanda.
La nota principal que escribió La Crónica de Hoy se titulaba “López se niega a que la PGR atraiga el caso”, lo que supone una tergiversación, porque el hecho es distinto. Ante la pregunta a AMLO sobre si está de acuerdo con que la PGR atrajera el caso, el entonces funcionario solo comentó que no tenía por qué atraerlo. Mientras, La Jornada apenas menciona la noticia con menos exposición.7
Títulos tendenciosos, alteraciones de la realidad y columnas de opinión beligerantes se convirtieron en los elementos modernos de aquellos anuncios de 1784, cuyo objetivo era complacer los intereses comerciales de Felipe de Zúniga, quien proveía los recursos para imprimir la Gaceta de México. Siglos más tarde se observa la misma dinámica con La Jornada y La Crónica de Hoy con sus respectivos partidos políticos.
La expresión Business follows the flag funciona como una analogía de lo anterior, pues se refiere a las guerras que potencias como E.U. emprenden en países extranjeros para defender los intereses comerciales de las industrias, similar a la frase de Smedley Butler, autor de La guerra es una estafa (1935): “la bandera sigue al dólar y los soldados siguen a la bandera”.
La obra describe cómo las intervenciones estadounidenses en América Latina durante principios del siglo XX han sido orquestadas con el propósito de enriquecer a las empresas en Wall Street, y el costo de las guerras era liquidado por los ciudadanos norteamericanos.
En el periodismo de facción se observa un rostro metafórico de este comportamiento bélico. Cada diario involucrado se olvidaba del compromiso basado en la veracidad con sus lectores, y modificó el contenido de sus páginas a complacencia de los intereses del partido político que pagaba más. El fuego cruzado de tergiversaciones atrapó a la sociedad mexicana, que al afrontó la desinformación y la lectura sesgada de la vida política del país.
Es un modelo comercial del periodismo moderno, en el que las notas también se leen como anuncios al servicio del mejor postor. Los orígenes se remontan a la publicidad editorial y los Encargos de la tercera Gazeta de México, editada en la calle del Espíritu Santo.
Même un roi sans divertissement est un homme plein de misère.
Blaise Pascal
“Una novilla es mejor que nada”, dijo uno de los chicos. Todos estaban visiblemente borrachos por la botella de vodka que se habían robado durante el baile del pueblo. Fueron nueve los que se dirigieron hacia los establos en las afueras. Algunos eran más jóvenes. Otros, como Duane y Sonny, acababan de terminar la preparatoria.
Los más chicos eran los más entusiastas. Sabían que una novilla ciega sería una víctima fácil. 130 o, tal vez, 140 kilos de peso: nada que nueve pubertos texanos no pudieran someter. Finalmente, la someten. Pero no sabían muy bien cómo empezar. Por eso fueron los más grandes los que empezaron a violar a la vaquita.
Uno terminó tras otro. Ahora era el turno de los chicos. Todos estaban alebrestados en el corralón. Algunos con los pantalones abajo ya se masturbaban alrededor de la novilla. Uno de ellos, visiblemente más excitado, quería controlar su erección golpeándose el miembro contra un poste de fierro. La vaquita, aprovechando la confusión general, logró zafarse de los brazos y las piernas que la postraban. Corrió, pero uno de los niños que intentaba penetrarla, la tomó de la cola. La vaca arrastró al niño semidesnudo por el corralón, mientras otros chicos con los pantalones en las rodillas saltaban torpemente, entre risas, tratando de detenerla.
II
Esta pintoresca escena ocurre en The Last Picture Show de Larry McMurtry. La novela forma parte de la trilogía de Thalia y gira en torno a un grupo de adolescentes en un pueblo en decadencia, al oeste de Texas. El pueblo ficticio de Thalia está basado en un pueblo real, Archer City, situado al sur de Wichita Falls, en donde nació McMurtry. Tal vez por eso, en la escritura de The Last Picture Show, se siente algo de recelo y vergüenza.
Estas escenas tan explícitas no son las únicas representaciones tormentosas de las problemáticas masculinidades en Thalia. Y todo esto se siente como algo vivencial, que experimentó McMurtry en carne propia. Algo que busca denunciar como el retrato cruel de quien se disculpa por la vivencia de un lugar y una época.
The Last Picture Show se enfoca, particularmente, en la amistad entre Duane y Sonny. Es su último año de preparatoria, ambos juegan en el equipo local de fútbol americano, ambos comparten aventuras amorosas con jóvenes mujeres de la región. Duane sale con Jacy, la chica más hermosa del condado, y Sonny vive decepcionado de su noviazgo con Charlene. A pesar de la amistad que lo une con Duane, sueña algún día besar a una chica tan bella como Jacy.
Las vidas de estos jóvenes transcurren entre trabajos insignificantes, escapes a los corrales, las fiestas pueblerinas o, si tienen algún dinero, visitas a las prostitutas de Tamaulipas. Lo único que tienen que hacer, fuera de eso, es pasar el rato en alguno de los tres negocios del viejo Sam the Lion: la cafetería que está abierta toda la noche, el billar en donde no entran mujeres, y el pequeño cine que sirve como entretenimiento familiar y lugar para besuquearse.
Todo sigue el normal curso de los días hasta que Sonny empieza un romance inesperado con la mujer de su profesor de deportes. El tórrido romance de Sonny y Ruth Popper se contrapone al de Duane con Jacy que está en franca decadencia. A Jacy le interesa más el glamour provocador de los chicos ricos de Wichita Falls. Ahora, convive con Duane solamente para perder la virginidad y poder enamorar a Bobby Sheen, uno de los chicos sofisticados del pueblo vecino.
Cuando Jacy rompe finalmente con Duane, Bobby Sheen se casa en secreto con otra mujer. Devastada, Jacy empieza a salir con Sonny. Y Sonny pronto olvida a Ruth y la abandona en su horrible y abusivo matrimonio.
Todo puede terminar mal entre los chicos de Thalia.
Todo termina como tiene que terminar.
III
En 1971, cinco años después de la publicación de la novela de McMurtry, un muy joven Peter Bogdanovich compró los derechos para adaptarla al cine. Polly Patt, su colaboradora y esposa, junto con McMurtry y él mismo se pusieron a la tarea de escribir un guion.
En ese entonces, también, Orson Welles se quedaba en su casa frecuentemente: para entonces, Bogdanovich era un renombrado crítico cinematográfico que lo admiraba y se había vuelto su amigo. Bogdanovich también admiraba las grandes épicas de John Ford y Howard Hawks en el viejo oeste.
En la adaptación que hicieron de la novela, hay mucho de Welles y Ford y Hawks. Por un lado, Welles sugirió que la filmara en blanco y negro, algo altamente inusual para la época (es la primera película en 4 años, para 1971, que se grabó en Hollywood de esta manera). Por el otro, la gran influencia de Ford y Hawks está en la construcción intertextual de la película (en particular con la referencia final al western Red River (1948) de Hawks) y en una cierta estética que, muy conscientemente, Bogdanovich replica.
Esto es evidente desde el primer plano. Vemos una calle desolada del pueblo de Anarene (llamado así como una contraparte petrolera al pueblo ganadero de Abilene en Red River). Se escucha el viento y poco más. Tal vez una puerta que golpea el marco de madera; aquí y allá el polvo que azota los porches. Bogdanovich hace entonces un largo paneo para mostrar la desolación del lugar. En ese espacio vacío, totalmente desprovisto de humanidad, y en ese paneo tan significativo para abarcar lo inabarcable del oeste texano, está la presencia del western clásico.
En un ensayo para GeoJournal, una revista sobre espacialidad en ciencias sociales y humanidades, Grayson Holmes, Leo Zonn y Altha J. Cravey, explicaban cómo esta reinterpretación del Western mostraba un cambio radical en el pensamiento americano. El Western pasó de representar al viejo oeste como un lugar de migración idealizado, al lugar inhóspito habitado por el hombre a prueba de todo (el westerner), a una confrontación de estos viejos ideales a través de la transformación moderna del espacio.
El paneo al principio de The Last Picture Show, entonces, es una declaración desangelada. Este espacio que alguna vez fue la tierra de las oportunidades, de la fiebre del oro, de los sueños de libertad explotados por el hombre Marlboro, se transformó en la tierra sin ley del pistolero honorable que podía sobrevivir a cualquier intemperie. Ahora, bajo el lente del fotógrafo Robert Surtees, este mismo espacio es un vacío. El vacío de las oportunidades y el vacío de esas figuras tan estables de la masculinidad americana hasta los años cincuenta.
¿Qué es lo que queda en Thalia/Anarene? Las grandes extensiones ganaderas han sido reemplazadas por carreteras y predios de petróleo; los pequeños pueblos llenos de esperanza por lugares inhóspitos habitados de viento y polvo; los ideales de noble masculinidad por seres derrotados en trabajos indignos, soldados enviados a morir en guerras cobardes, adolescentes abandonados que violan novillas ciegas en las noches de frío.
En ese paneo está la derrota de un ideal y el fin de la esperanza eterna de los treinta años gloriosos.
IV
Una de las más fabulosas paradojas de la historia de Bartleby es ser arrestado por vagancia. Como bien señala el inocente narrador de la historia, el motivo de su detención es absolutamente opuesto a la vagancia: el escribano se negaba a moverse. O, más bien, prefería no hacerlo. Bartleby rompe el engranaje del mundo, el carácter más utilitario de los espacios, las leyes que ya no saben qué hacer con él. La geografía razonada del mundo moderno lo rechaza y hay algo hermoso y devastador en su sacrificio para detener el engranaje de lo útil. Con su inmovilidad, su rechazo a la acción, su preferir, incluso, la inanición antes de escoger alguna agencia, Bartleby crea una peculiar rebelión.
Hay algo de Bartleby en Sonny. Por supuesto, Sonny tiene voluntad de vivir y deseo de agencia. Pero Sonny también encuentra su redención en las cosas que no tienen ninguna utilidad para un mundo cada vez más volcado a lo útil. De alguna forma, el fin del ideal vaquero también supone el fin nostálgico de una vagancia permitida, de un sobrevivir a toda costa que tal vez bastaba como finalidad de vida. La muerte de Sam the Lion también es eso: se termina un mundo en el que los románticos que entretenían las pláticas de café, que adoptaban a los niños mudos abandonados -considerados idiotas inútiles por todos-, que tenían un cine como lugar cumbre de lo ocioso…
Cuando pierde a Jacy, Duane escapa hacia la utilidad. Todo el sentido de lo bello se le va y se vuelca al trabajo, a conseguir un coche, a la violencia masculina más inmediata de lo privado. Luego, después de ver esa última película en el cine del pueblo, de ver a los vaqueros gritar libres y jubilosos en la pradera en Red River, admite que es una buena película y parte para ser asesinado en la muy estúpida Guerra de Corea. Duane abandona la inutilidad por lo útil. Ahí, como todos los demás, se pierde.
Sonny, mientras tanto, se queda en el pueblo con la sala de billar, único monumento que queda al pasatiempo inútil. No hay más películas que ver y la muerte de Billy, el niño mudo que tanto protegía Sam the Lion, lo vuelcan a una realización terrible: ya no hay lugar para él en este mundo.
V
Cuando los jóvenes calenturientos de Ardene violan a la novilla, lo justifican con una racionalidad fría: “una novilla es mejor que nada”. Esta idea reemplaza toda lógica del deseo por la lógica de lo útil: en realidad, no importa lo que desees, todo lo que puedes tener es la substitución más inmediata, más al alcance, más práctica. En el libro de McMurtry, todo es una cuestión geográfica inmediata: los niños de las granjas no se limitan a las vacas ciegas y los niños del pueblo, a falta de vacas ciegas, encuentran cualquier corralón… o perros desprevenidos.
En la lógica inmediata de la masculinidad más violenta, el libro también tiene una descripción descorazonadora del Coach Popper, esposo de Ruth que, en la película, sólo aparece tangencialmente. El entrenador no entiende por qué su esposa se somete a una quimioterapia cuando pudo quitarse el seno. En su lógica, eso hubiera sido más eficiente y más barato. El entrenador tampoco entiende cuando su esposa trata de gozar el único acto sexual que tiene con él. Todo debería estar programado para su placer masculino más inmediato, más práctico, más al alcance. Lo demás es simplemente inútil. Ruth es la novilla ciega del entrenador.
Toda esta lógica despiadada encuentra un contrapunto en el romance de Ruth y Sonny. En la ternura de sus encuentros, la comprensión de sus cuerpos y de sus placeres, hay algo diferente que se construye. Tanto los demás jóvenes, como Jacy, utilizan el sexo en lo inmediato: ellos para la satisfacción más primaria; ella para juegos de poder indecibles. Pero lo de Sonny y Ruth, como romance prohibido, tiene tiempo y espacio. Puesto que está condenado a no crear nada, es un amor físico que se extiende en lo inútil. Está fuera de todo el engranaje de lo que se construye, en las mismas relaciones repetitivas que perduran por generaciones alrededor de la monogamia, la heterosexualidad, y el matrimonio.
Bogdanovich filma con absoluta frialdad pragmática todos los desnudos y todos los encuentros sexuales que aparecen en la película. Todos salvo un momento de intenso erotismo que no tiene nada que ver con el acto sexual en sí: Sonny y Ruth hablan sentados en el piso, sobre esa cobija que utilizan para tener relaciones sexuales. Ella lo peina con ternura, mientras él come galletas. Ella porta su camisa solamente por ese instante y los dos se ríen. Hay una intensa ternura en ese intercambio que no se encuentra en ningún otro lugar de la película. Bogdanovich, con esa secuencia, entendió la importancia de retratar la inutilidad hermosa del momento.
El recuerdo apremiante que también subraya el director es el de los encuentros amorosos de Sam the Lion. Encuentros también a escondidas, también fútiles, que treinta años después el viejo vaquero (no por azar interpretado por Ben Johnson) recuerda como lo mejor de su vida.
En el libro, Sonny descubre, teniendo relaciones sexuales con ella, que la enamorada de Sam era Lois Farrow, la madre de Jacy. En la película, Lois (Ellen Burstyn) nunca toca a Sam. En vez de eso, le confirma la hermosa inutilidad de los romances perdidos. Con este gesto, de nuevo, Bogdanovich idealiza la nostalgia de una época que se extingue.
La pérdida de Sam y de la época que representaba, la pérdida del cine, la pérdida de Billy y la pérdida del amor gratuito afectan profundamente a Sonny. Porque todo lo que se pierde cuando se pierde la romantización de lo inútil acaba afectando lo más íntimo.
En vez de huir después de la muerte de Billy, Sonny regresa para disculparse por su comportamiento con Ruth. Sonny ya no quiere violar novillas. Después de su persecución fútil de la más inmediata felicidad con Jacy, se da cuenta de que tampoco quería actuar por el mero impulso de su deseo más inmediato, más práctico. Ella era más bella, cuestión de aritmética, pero el sexo, de pronto, se convierte, para Sonny, en el centro horrible de la utilidad. Por eso regresa con Ruth, para escapar un poco de la misma utilidad que consume al pueblo; la misma utilidad que mató a Billy; la misma utilidad que lo hizo perder a su amigo Duane.
La última amistad que tiene Sonny es la última amistad de Texas: la amistad que lo une a Ruth como dos personas que vivieron, sin saberlo, el fin de una era.
VI
Sonny entiende lo que se perdió y observa todo con absoluta tristeza. Entonces, deja de hablar, deja de actuar, se detiene.
En la última secuencia de la película, remedando el plano inicial después de un fade que pone al pueblo sobre la cara de Sonny, desesperado, escuchando los reclamos y consuelos de Ruth, hay nuevamente un paneo. La cámara se mueve horizontalmente para mostrar la misma extensión abandonada de Ardene.
Ahora, el lugar no está solamente desolado: Sonny deambula sin punto por sus calles. El paneo termina en la marquesina vacía del cine, último bastión de otros romances.
Cuando atropellan a Billy, los lugareños hablan sobre su cadáver comentando el incidente. Todos lo culpan por haber sido atropellado. Al final, ¿qué hacía ahí en medio de la calle? ¿Acaso no todos los idiotas deberían estar encerrados?
Con Billy se muere la otra parte romántica del pueblo. Billy, en el libro como en la película, es el que nunca se perdía un espectáculo en el cine. Al acabarse el cine, al no estar Sam para protegerlo, Billy se queda barriendo sin control las calles polvosas. Su gesto inútil de barrer reemplaza todo lo perdido, el fin de las películas, el fin de la vagancia.
Sonny confronta a los lugareños cuando se preguntan qué demonios hacía ahí el niño: “¡Estaba barriendo, hijos de puta, estaba barriendo!”, les grita. Y en esa desesperada afirmación está toda la idea contenida de la película. Porque no hay acto más inútil que el de barrer ese pueblo asolado eternamente por el viento y el polvo; porque el polvo entrópico acabará por consumirlo todo; porque la lucha de Billy contra el olvido de ese lugar era algo absolutamente desquiciado para la lógica de la utilidad. Billy, como el cine, como el amor de Ruth y Sonny, pudieron salvar al pueblo del imperio de lo productivo, de lo útil, del inmediato masculino.
Los romances prohibidos, Billy y la sala de cine representaban lo mismo: una lucha por demostrar que la realidad puede detenerse de pronto en sus engranajes lógicos y que, para vivir, también hay que darle un tiempo amoroso a lo que no sirve para nada.
¿Qué es el ensayo? Su naturaleza cambiante y su amplia gama de posibilidades lo vuelven un género difícil de definir. Este “centauro de los géneros”, como lo llamó Alfonso Reyes por su naturaleza mixta, es cambiante y amplísimo, introspectivo y reflexivo; quizás son estas características las que lo convirtieron en un género predilecto en Latinoamérica. Y lo sigue siendo, como demuestra el libro Dios tiene tripas de la autora Laura Sofía Rivero (Ciudad de México, 1993) que parece regodearse en la heterogeneidad del género a lo largo de once textos que celebran la forma del ensayo y el goce de la escritura en torno a un tema muy particular.
Los ensayos del libro giran en torno al tabú más universal: el uso del sanitario. Si el ensayo, como dice Rivero, es “la escritura impúdica de quienes muestran sus cavilaciones sin recato”, la meta de Dios tiene tripas parece ser deshacerse del recato para abordar este tabú y sus implicaciones. Quizás por el desdén con el que se recibe lo escatológico en la actualidad, sobre todo en el arte, es interesante recordar que fue un tema más que presente en la literatura de los siglos pasados. Basta recordar a Cervantes o a Shakespeare, quienes no dudaban en recurrir al humor físico, sobre todo al relacionado con las funciones humanas. Si vamos aún más atrás en la línea cronológica es imposible ignorar la cantidad de chistes sobre deshechos, hedores y prácticas poco higiénicas en aquellos textos fundadores de nuestra literatura occidental. La verdad es que si quisiéramos eliminar lo escatológico de obras como el Decamerón de Boccaccio o de los Cuentos de Canterbury de Chaucer, nos quedaríamos sólo con unas cuantas páginas.
¿Por qué entonces se ha convertido en un tabú? A través de distintos temas referentes a lo que podríamos llamar la “cultura del W.C.”, Rivero logra evocar reflexiones acertadas y humorísticas sobre nuestra sociedad. Y es que en realidad los hábitos sanitarios de la sociedad hablan mucho de cómo están conformadas las esferas pública y privada, de los conceptos de vergüenza, humillación y vulnerabilidad, de las acepciones burguesas de la privacidad y la intimidad que tenemos tan arraigadas, y de muchas otros hábitos y costumbres que han pasado a considerarse “naturales” cuando en realidad no son sino el ocultamiento de lo que es realmente natural: todos vamos al baño.
La escritura de Rivero evoca al ensayo en sus orígenes, en su libertad temática y su formato derivativo, pero resalta en ella también una vena humorística que sobresale en textos como el “Manual para pasar desapercibido” y “Puto el que lo lea” (en estos textos me recuerda a los momentos brillantes de Jorge Ibargüengoitia como columnista). Las diferentes partes de Dios tiene tripas pasan de la confidencia a la nomenclatura y de lo anecdótico a lo literario con agilidad y destreza. Es de hecho en “Puto el que lo lea” el ensayo dedicado a los escritos encontrados en los baños públicos, el texto que parece condensar las virtudes del ensayo. Sabemos que las inscripciones en los baños públicos son parte de nuestro imaginario social, de la realidad de las urbes y los espacios compartidos, y si bien es inevitable convertirse en lector accidental de dichos textos, rara vez nos detenemos a analizarlos. Para Rivero, estas inscripciones regresan la escritura a su estado primigenio, iniciando una “comunicación aletargada” que le devuelve a la escritura su atemporalidad y expectativas, mismas que creíamos extintas en la era del Internet.
Podría parecer que en ciertos puntos los ensayos de Laura Sofía Rivero se vuelven repetitivos, afanándose en la descripción detallada de lo desagradable, pero me pregunto después de leer si esta incomodidad no es el objetivo del texto, una llamada de atención para recordarnos que nadie escapa de su propio cuerpo. Varios temas abordados en el libro (los significados de compartir un baño, los rituales de limpieza, los inicios del baño privado) son parte de lo que el filósofo francés Henri Lefrebvre denominó como un “depósito residual de lo cotidiano”, aquello que es poco glamoroso y descuidado por las disciplinas académicas, pero que está sin embargo cargado simbólicamente, pues es en estas prácticas que se sustentan nuestros sistemas sociales, políticos, económicos. En este sentido, Rivero funge como lo que Lefrebvre denominó el “crítico inmanente”, la persona que se pregunta el por qué de lo cotidiano, de lo poco hablado, del tabú, de lo ignorado.
Además de ser una lectura ágil y en ocasiones humorística, los ensayos de Rivero resultan ser un gran ejemplo del ensayo como forma de escritura auto-constructiva, como un ejercicio de las ideas, de la reflexión y el intelecto; pero también de lo íntimo y lo personal. En su ensayo “Montaigne no cita en APA” publicado en Tierra Adentro, la autora afirma que el ensayo debe ser aquella escritura que toque “los bordes vírgenes del pensamiento, que se cuestione su propia vergüenza e impudicia, que nos permita descubrir e inventar con libertad lo que no hemos visto aún”, y en esa colección de ensayos ocurre exactamente eso: la escritura desatada, la curiosidad; un texto reflexivo hacia adentro y hacia afuera que nos muestra como se va haciendo costumbre en estos tiempos que la literatura no tenga temas predilectos.
Lefebvre, Henri. Critique of everyday life. Verso, 2002.
Rivero, Laura Sofía. Dios tiene tripas.
———. “Montaigne no cita en APA”. Tierra Adentro, 2020.
El descubrimiento de la insulina se compara con el descubrimiento de la penicilina. Este 2021, se conmemora el centenario del descubrimiento de la insulina, por lo que es importante resaltar su impacto en el tratamiento de millones de personas que viven con diabetes a nivel mundial. La insulina ha estado disponible para el tratamiento de la diabetes durante 100 años, y la variedad y opciones existentes hoy en día se deben a tanto tiempo de avances e innovación. El descubrimiento de la insulina se atribuye a J.R. Macleod, profesor de fisiología de la Universidad de Toronto, en 1921 aceptó la propuesta de Frederick G. Banting, médico cirujano, para trabajar en su laboratorio y probar extractos de páncreas con la finalidad de reducir la glucosa en sangre de perros con diabetes. Banting fue asistido por Charles Best, demostrando que estos extractos funcionaban (Imagen 1). Finalmente, J.B. Collip, un químico, se unió al grupo para purificar el componente de los extractos, obteniendo así la primera muestra de insulina, la cual fue utilizada en un niño de 14 años con diabetes (Leonard Thompson) en enero de 1922. (1)
Imagen 1. Frederick G. Banting probando Extractos de pancreas en perros pancreatomizados con diabetes.
El 25 de octubre de 1923, los 19 profesores de Karolinska Institute decidieron en voto secreto la concesión del Premio Nobel de fisiología y Medicina a Frederick Grant Banting y John James Richard Macleod, por el descubrimiento de la insulina. (2) Estos eventos los describió a detalle el autor Michael Bliss en su libro: “The Discovery of insulin”.
Desde entonces, la insulina ha pasado por cambios constantes e innovación, empezando con el aislamiento de la insulina, la purificación y concentración de los extractos pancreáticos, el desarrollo de las formulaciones y la progresión de la insulina hasta finalmente estar elaborada con ADN recombinante. Los diferentes tipos de insulina disponibles hoy en día, incluyen, insulinas premezcladas, concentradas y con diferentes vías de administración, ofreciendo una amplia gama de opciones para personas que viven con diabetes. (3)
¿PORQUÉ REMARCAR ESTOS 100 AÑOS DE INSULINA?
Con el descubrimiento e introducción de la insulina en el tratamiento de la Diabetes Mellitus, se logró un impacto clínico social similar a los antibióticos, ya que, al empezar a utilizarse hacia mediados del siglo XX, pacientes jóvenes con diagnóstico de Diabetes tipo 1 (enfermedad autoinmune insulino dependiente) lograron obtener una expectativa de vida promedio de 20 a 30 años mayor a la esperada, rompiendo la sentencia de muerte prematura en este tipo de Diabetes y volviéndola una enfermedad crónica manejable. Además, se logró implementar la insulina, como parte del tratamiento en la Diabetes tipo 2 (en etapas insulino requirientes) logrando un mayor control y cambio en la calidad de vida muy significativo. Un estudio que demostró la eficacia de la insulina a largo plazo, fue el ensayo de control y complicaciones de la diabetes (DCCT), el cual reportó que, el tratamiento del tratamiento intensivo con insulina reducía las complicaciones relacionadas a la diabetes, tales como retinopatía (causa de ceguera), nefropatía (dañó en el riñón y causa de insuficiencia renal) y neuropatía en un 34 a 76%.
La Universidad de Toronto ha implementado una serie de eventos para clínicos, científicos y personas involucradas o que viven con diabetes para celebrar el notable comienzo de este viaje y aprender sobre el conocimiento actual y mirar hacia oportunidades futuras (https://insulin100.com/).(4)
Imagen 2. Leonard Thompson, fue la primera persona con Diabetes tipo 1 (insulino dependiente) que recibió insulina.
¿QUE TAN ACCESIBLE ES LA INSULINA HOY EN DIA?
A pesar de que la insulina es un fármaco que salva vidas, lamentablemente no es accesible para todos los que la necesitan, de hecho, a nivel mundial se estima que 1 de cada 2 personas tienen acceso a la insulina que requieren. Los obstáculos que enfrentan las personas para acceder a la insulina son complejos y ocurren tanto a nivel mundial como nacional, por lo que aún se requieren cambios y estrategias a nivel social y político para superar estas barreras y lograr el acceso a la insulina de manera universal.
La última Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) reportó que hay 8.6 millones de personas viviendo con Diabetes, con mayor el porcentaje para Diabetes mellitus tipo 2, siendo de las principales causas de mortalidad en nuestro país, y reportando visión disminuida como la complicación mayormente reportada (5).
Cabe remarcar, que la barrera al acceso a la insulina no solo es por cuestiones socio económicas y políticas, sino también por una creciente ola de mitos que la rodean, haciendo más difícil su implementación. Ejemplos claros de mitos populares en torno a la insulina son: “la insulina provoca ceguera, amputaciones, daño en el riñón y diversas complicaciones”, o “si te recetan insulina es porque ya estás en las últimas”; es aquí donde la educación y la desmitificación de la diabetes juegan un papel esencial, esclareciendo que, el ser humano que vive con o sin diabetes necesita insulina para vivir, además de resaltar que una persona con diabetes no produce suficiente insulina o la que produce no es de buena calidad, y entonces las complicaciones que aparecen en la diabetes son relacionadas al exceso de glucosa durante tiempo prolongado. Desgraciadamente, en nuestro país es común que una persona con Diabetes lleve años con un control deficiente, y las complicaciones se suelen asociar al tratamiento con insulina, la cual también pudo iniciarse de manera oportuna para evitar desenlaces catastróficos, como ha sido demostrado en diversos estudios.
En conclusión, los avances en estos 100 años en la terapia con insulina han logrado que la Diabetes insulinodependiente (Diabetes tipo 1 o Diabetes tipo 2 requiriente de insulina) haya pasado de ser una enfermedad fatal a una condición crónica manejable. Estos 100 años, han sido un viaje extraordinario, dejando a la vista nuevos desarrollos y que sugieren aún mayores progresos futuros en la insulina, sin embargo, todavía falta por recorrer un largo camino en el hecho de que, muchas personas en todo el mundo aún no tienen acceso ni si quiera a atención básica, incluida la administración regular y confiable de la insulina. El mejor tratamiento del mundo es inútil si su acceso se niega a las personas que lo necesitan. A medida que avanza la tecnología, también se deben hacer colaboraciones para garantizar que todos tengan un acceso equitativo con educación y mejor atención en el cuidado de la diabetes.
Bibliografía consultada
(1) Bliss M. The Discovery of Insulin. Chicago, IL: The University of Chicago Press: 1982.
(2) De Leiva A., Brugués, E., El descubrimiento de la insulina: continúan las controversias después de noventa años. Endocrinología y Nutrición. Elsevier. 58 (9):449-456. 2011.
(3) Hirsch I., Juneja R., The Evolution of Insulin and How it Informs Therapy and Treatment Choices. Endocrine Reviews. 41: 733 – 755, 2020.
(4) Marschall S., Celebrating 100 years of insulin. Diabetologia. 64:944-946. 2021
(5) Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2018. INEGI.
A Vicente, la provocación A Jorge, el aliento A José Israel, la deriva A Eduardo y Miguel, el refugio A LUIS AUSÍAS, lo imposible
Una de dos: o el hombre fue creado a semejanza de Dios y entonces Dios tiene tripas, o Dios no tiene tripas y entonces el hombre no se le parece. MILAN KUNDER
Prefacio
La escritura de lo asqueroso es difícil de digerir. ¿Por qué querríamos leer sobre suciedades si con ahínco fabricamos eufemismos, escondemos desagües bajo el piso y diseñamos casas que separan los desechos? Durante siglos nos hemos afanado en el ocultamiento. Quien pronuncia lo que nadie nombra comete un pecado capital: el del mal gusto. La adultez es un oficio de soslayo, la continua aspiración a lo invisible. Únicamente los niños pueden vivir su morbo a plenitud. Se ríen de él, lo hablan; no encuentran límites a sus preguntas. Dueños, amos y señores del humor escatológico. Solo a ellos les está permitido no tener reservas con sus entrañas.
Pero ni todo el recato ni el miedo a la fragilidad de nuestro interior podrá quitarle a los temas soeces sucualidad más inquietantemente bella: la universalidad. Conforman una experiencia humana compartida; aunque resulte tan general, se habla poco de ella. ¿De qué nos perdemos en ese tabú? Por considerarlo prosaico ypoco importante, negamos algo intrínseco a nuestro pasopor el mundo. Mutilamos lo indeseable sin ponerlo antes a prueba.
Los retretes y los desechos: no podemos escapar de ellos, son presencia ineludible en nuestros días, a pesar de que vivamos bajo su mutismo. Por considerarlos cotidianos, ya no nos detenemos a pensarlos ni mucho menos a sopesar sus implicaciones y sombras. También los evadimos por vergüenza. ¿Qué tan fácil es discutir y comparar las elucubraciones propias con las de otros? La suciedad obliga a la confidencia y, más aún, al silencio. Es un problema del lenguaje.
Tópicos bajos, groseros, banales; pero a la vez irrefutablemente humanos. Si en la literatura persisten —en la vomitada quijotesca del bálsamo de Fierabrás, en la varita de caca de Remedios la Bella— es porque dicha humanidad, demoniaca y divina, nos repele e interesa a un mismo tiempo. Son temas subterráneos: el sitio de lo que se piensa y no se dice.
Quizá por eso, por considerar ambas como manifestaciones de la intimidad, un autor comparó alguna vez al ensayo con las heces. Al hablar de la vanidad, Montaigne asegura que no lleva el registro de su vida por sus actos, sino por sus pensamientos. Y recuerda a un hombre noble que declaraba su vida a partir de su vientre: en su casa exponía los orinales de toda una semana para verse reflejado allí. Por ello, Montaigne afirma que sus ensayos son “los excrementos de un viejo espíritu, a veces duros, a veces blandos, y siempre indigestos”. Nunca estreñidos. Nunca perdido entre esos silogismos y fichas, métodos que hoy pueden hacernos creer que pensar es palabra sinónima de investigar con pudor, de opinar con decoro.
La escritura: esa otra excreción. El ensayo no solo le pertenece al ágora y al periodismo, sino también a la confidencia, nombra lo indecible, domestica nuestros desvaríos. Es la escritura impúdica de quienes muestran sus cavilaciones sin recato.
Nuestro cuerpo jamás ha tenido dudas: la mente nació víscera y capricho.