Fue mi padre quien me contó una tarde de lluvia en el Soconusco sobre el magnífico don de cuentero y actor de Eraclio Zepeda, cuyo abuelo materno —de apellido Ramos— era originario de nuestro pueblo, Villa de Comaltitlán, donde el autor de Benzulul pasó algún tiempo durante su infancia.
Desde el poeta Giosuè Carducci hasta el más prescriptivo de los manuales de redacción, el culto por las formas breves de escritura se ha develado cada vez más en ejecutores y adeptos.