Hay fechas históricas que, sin duda, sostienen no solamente coincidencias, sino registros particulares que decantarán en fuerzas políticas y estéticas que, a lo largo de su vida, definirá el sentido vital de aquellos a quienes el cuestionamiento los define en cada una de sus acciones.
Cuando As SLow aS Possible de John Cage termine de tocarse, ya estaremos muertos, es probable que el mundo ya ni siquiera sea el mismo mundo que conocemos, tal vez estemos de nuevo en una Edad de Piedra y una de las pocas cosas que sobrevivan sea el órgano modificado de John Cage, que estará tocando su pieza desde hace 600 años.
No soy un analista político, un economista marxista o un especialista del medio ambiente, pero como un ser humano en el planeta con acceso a internet no me parece arriesgado conjeturar que hay un malestar global, no sólo por la pandemia de Sars-Cov 19, sino por la forma en que se llevan a cabo las políticas gubernamentales, ecológicas y económicas.
Mi olfato le anticipa al resto de los sentidos la experiencia que se viene: el aire huele a sudor fermentado, caliente y denso como un temazcal de hormonas.
En días recientes se ha avivado en foros públicos la discusión sobre la relación entre el género de las personas y el género de las palabras con las que nos referimos a ellas.