Yo era de Buenos Aires, del barrio de Almagro; papá tenía un almacén en Gascón casi Díaz Vélez, una casa de altos alargada y finita: en la planta baja estaba el almacén y nosotros —papá, mamá y yo— vivíamos arriba.
Rara vez sucede que un libro de cuentos logre mantener un desarrollo brillante sobre un tema tan popular y quizá por eso tan difícil de asumir sin caer en lugares comunes como lo es en México la lucha libre y el box.