Todavía no sé si atribuir al destino o al azar haber conocido en México a Roicki, mientras ambos, tipos distantes, cursábamos una maestría en la Universidad Nacional.
¡Cómo pude caer tan bajo! ¡Cómo pude llegar a esto! ¡A este estado! ¡A ser el eslabón perdido entre el hombre y la bolsa de papas! ¡Yo que siempre me sentí tan bien, tan feliz!.