Nadie imagina que terminará metido en un frasco repleto de algún líquido para que se mantenga con apariencia aceptable, aunque en realidad pueda desmoronarse ante la mínima agitación o movimiento brusco.
Todavía no sé si atribuir al destino o al azar haber conocido en México a Roicki, mientras ambos, tipos distantes, cursábamos una maestría en la Universidad Nacional.