Al salir de la reunión lo único que pude pensar fue: ¿para qué hablar de la casa de un poeta y no de su poesía? La incasable búsqueda por los detalles baladíes a los que nos aferramos con un compulsivo morbo de escudriñar en la vida de los otros, principalmente de aquellos famosos o casi famosos resulta una especie de compartir una vida ajena, casi vivirla, casi usurparla.