La poesía de Luis Felipe Fabre (Ciudad de México, 1974) fue un respiro, una bocanada de aire fresco en la rígida poesía mexicana, su ironía recordaba a la que en su momento, a finales de los años noventa, produjo José Eugenio Sánchez, de manera que resultó novedosa, ingeniosa, principalmente en sus libros anteriores: Vida quieta (ICCM, 2000), Una temporada en el Mictlán (Mantarraya ediciones, 2003) pero sobre todo en Cabaret Provenza (FCE, 2007) y La sodomía en la Nueva España (Pretextos, 2010).
Se termina el año en que la industria del disco eligió a Daft Punk para que se convirtieran en sus redentores —en cierta medida lo lograron—, mismo periodo en que artistas adolescentes —mental o físicamente— colmaron de pataletas las secciones de espectáculos —mucho ruido, pocas nueces—.
El jurado, conformado por Geney Beltrán Félix, Luis Zapata y Jorge Fernández Granados otorgó el Premio Tlaxcala de Ensayo, convocado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Instituto Tlaxcalteca de la Cultura, Gabriela Conde Moreno (Tlaxcala, 1979), por el trabajo Prosas sin prisa, en el cual ensaya a cerca de sus ficciones favoritas y la cultura pop.
En días pasados, la editorial El Milagro presentó sus nuevas publicaciones dentro de la colección “Teatro Emergente”; cuatro nuevos títulos de entre los que destaca Florilegio de teatro psicotrónico, del dramaturgo y guionista Luis Alcocer Guerrero.