Flavio Valerio Aurelio Constantino
Estaba naciendo en un momento preciso:
El astrágalo de una columna corintia se sacudía con los pasos del Restaurador del Este y las hojas de acanto soplaban con tanta,
Tantísima fuerza que se confundían con el aliento de un nabateo a punto de morir, ese que alzaba sus plegarias a un toro joven llamado Baal y no dejaba de mirar, con pena y amor, a su reina Zenobia y no dejaba de mirar tampoco, con pena y disgusto, a Vabalato, el joven desobediente que los llevó a la perdición.
La poesía de Luis Felipe Fabre (Ciudad de México, 1974) fue un respiro, una bocanada de aire fresco en la rígida poesía mexicana, su ironía recordaba a la que en su momento, a finales de los años noventa, produjo José Eugenio Sánchez, de manera que resultó novedosa, ingeniosa, principalmente en sus libros anteriores: Vida quieta (ICCM, 2000), Una temporada en el Mictlán (Mantarraya ediciones, 2003) pero sobre todo en Cabaret Provenza (FCE, 2007) y La sodomía en la Nueva España (Pretextos, 2010).
Se termina el año en que la industria del disco eligió a Daft Punk para que se convirtieran en sus redentores —en cierta medida lo lograron—, mismo periodo en que artistas adolescentes —mental o físicamente— colmaron de pataletas las secciones de espectáculos —mucho ruido, pocas nueces—.