Tierra Adentro

Fotoinfracción

Ante las nuevas formas de exploración y producción fotográfica contemporánea aparece la fotoinfracción, un dispositivo colocado en la calle cuya función es controlar y corregir los límites de velocidad de los automovilistas. Es uno de los usos correctivos que se le ha dado a la fotografía. Esta columna no pretende ser un dispositivo de control y penalización directa contra fotógrafos o lectores, sino un espacio que permita revisar el medio en el pasado y en el presente, identificar la producción artístico- fotográfica en distintas regiones y estar pendiente de lo que sucede en torno a la fotografía. La intención es que Fotoinfracción actúe como puente entre productores y lectores, como un instrumento que detecte y capture autores y espacios que excedan los «límites» para hacer llegar su trabajo a los lectores a través de su pantalla.

Hace aproximadamente un mes se expuso en el Jardín Borda la obra del fotógrafo holandés Bob Schalkwijk, Morelos en la mirada de Bob Schalwijk, en la que se exhibían fotografías tomadas entre 1960 y 1980 en Tepoztlán, Cuernavaca, Cuautla y Yautepec.

Hace algunos meses me encontré una entrevista en la que Lourdes Grobet hablaba sobre su trabajo más reconocido: la fotografía sobre lucha libre.

Resulta interesante observar la manera en la que constantemente, las personas aludimos a la cabeza para hacer referencia al individuo como un todo.

La primera exposición del fotógrafo francés Henri Cartier-Bresson en México, tuvo lugar en 1935 en el Palacio de Bellas Artes, cuando compartió exhibición con el fotógrafo mexicano Manuel Álvarez Bravo (a quien conoció un año antes a su llegada al país).

El artista no ve todo: inventa y escoge.

La fotografía exhibe el rostro de una mujer, el corte en primer plano muestra sólo su cara y sus hombros, la mirada y la boca expresan un gesto de desaliento reforzado por el abatimiento que se percibe en sus ojos.

En 1939 el poeta francés André Breton realizó una exposición en la galería Renou et Colle (París), que llamó Mexique y estuvo conformada, según afirma Horacio Fernández, por objetos “turísticos” que Bretón había adquirido en su viaje a México durante la primavera de 1938.

Entre 1948 y 1949, Octavio Paz escribía en París El laberinto de la soledad.