El domingo 17 de julio de 2005, David Leavitt (Pittsburg, Pensilvania, USA, 1961) publicó en The New York Times un artículo, “Out of the Closet and the Shelf”, en el que exponía sus razones contra la llamada “literatura gay” y confesaba que él, por su parte, estaba por pasar a la etapa “post-gay” (sin que definiera claramente).
No sé cuál de mis amables lectores —pero alguno(a) habrá— comparta mi pasión por la poesía de López Velarde en general y por el adjetivo lopezvelardiano en particular.
La idea del patrimonio nacional y los programas encaminados a su protección, estudio y difusión, han estado relacionados al menos con cuatro factores cambiantes y complejos: primero, cada época rescata de manera distinta su pasado y realiza una selección de los bienes que posee; segundo, la selección y el rescate de los bienes patrimoniales se realiza de acuerdo con los particulares valores de los grupos sociales dominantes, que por fuerza resultan restrictivos y exclusivos; tercero, el patrimonio nacional no es un hecho dado, una entidad existente en sí misma, sino una construcción histórica, producto de un proceso en el que participan los intereses de las distintas clases que conforman a la nación; y cuarto, el patrimonio nacional es una realidad que se va conformando a partir del rejuego de los distintos intereses sociales y políticos de la nación, por lo que su uso también está determinado por los diferentes sectores que concurren en el seno de la sociedad.
Los cuentos de Contar las noches nos proponen un reencuentro con el género en su estado más puro: el acto de narrar como una necesidad humana, algo con lo que se puede ganar el derecho a la vida, tal como hiciera Scherezada para salvarse y salvar a las mujeres de su reino de la consigna del rey Shahriar, quien desposaba cada noche a una virgen para asesinarla a la mañana siguiente y evitar así que le fuera infiel.