Tierra Adentro
"México, un mito de siete siglos. Crónicas de la ciudad infinita", de Jorge Pedro Uribe Llamas. Siglo XXI Editores, 2025.
“México, un mito de siete siglos. Crónicas de la ciudad infinita”, de Jorge Pedro Uribe Llamas. Siglo XXI Editores, 2025.

La salida de un libro es siempre motivo de celebración. En el mundo de la inmediatez, de la ausencia de silencio y el exceso de pantallas pequeñas y poco pacientes, un libro como este nos hace recuperar el gozo de una buena conversación. Es como llevarse una larga sobremesa caminando contigo: ese arte del detalle, de la observación sensible, que se convierte en un relato de mucho corazón como esta inmensa ciudad que nace justamente de un corazón-raíz.

Veintitrés millones de capas donde todo sucede al mismo tiempo ⎯despacio y a toda prisa⎯, donde lo mismo sucede un maratón y treinta mil corazones recorren cuarenta y dos kilómetros hasta llegar al Zócalo, a ese mismísimo lugar donde esta crónica comienza: el corazón de la nación. Este libro es un homenaje a la investigación histórica rigurosa y, al mismo tiempo, un relato humano, íntimo y casi cotidiano que nos permite recorrer setecientos años de historia e incluso mucho más atrás en el tiempo, como si fueran nuestra propia vida.

Jorge Pedro logra traducir lo monumental en lo cercano. Nos recuerda que la historia no es solo fechas, batallas o monumentos: es la historia de personas con anhelos y frustraciones. De comunidades enteras que resisten y preservan identidad; comunidades que soñaron y construyeron lo que hoy somos… con algunas destrucciones obligadas en el camino.

Esta crónica es también una guía: te deja tarea por si quieres ir a pisar, reconocer y explorar lugares entrañables, desconocidos u olvidados, te hace mirar tus propios recorridos en la ciudad y en los estados vecinos desde una conciencia distinta. Desde el suceso histórico narrado como anécdota íntima.

Para poner un ejemplo, cuando hace referencia a las veces que Cuauhtémoctzin no se presenta ante Cortés el 11 y el 12 de agosto de 1521 (p. 30), ya presagiamos lo que ocurriría el 13 de agosto, la caída de Tenochtitlan. Es también un relato de decisiones, chantaje y dolor, de dignidad no pisoteada ante lo inexorable y del nacimiento de eso que es tan nuestro de ahorita voy, ese ahorita que significa ahora, al rato o nunca…

México, un mito de siete siglos es un homenaje también al buen conversador y al que escucha. Insisto: me siento en una larga sobremesa caminante, muy agradable, e imagino que es ese placer el que conforma el talento del cronista. También es un homenaje a nuestra querida Ángeles González Gamio, con quien el autor compartió el Seminario de Cultura mexicana, y muestras algunas simpáticas reflexiones sobre estas personas singulares dedicadas a la crónica (pp.151-152).

Es también un homenaje al monstruo atrayente que es el centro histórico, ese lugar infinito. Se antoja un diálogo gráfico entre el conocimiento y la herramienta visual del trabajo de Andrés Semo, quien ha puesto la tecnología al servicio de la historia con planos y fotografías imaginarias o reconstruidas, que se sienten tan reales como el relato que vamos descubriendo en estas páginas.

El autor nos conduce hasta la reinvención de la capital en Coyoacán, ese Coyoacán de doña Marina/Malintzin, casa que habitó hasta sus últimos días la primera muralista Rina Lazo. Nos lleva también por episodios de la guerra de intervención de Estados Unidos en México, que aún duele y amenaza, y que reivindican a nuestros hermanos paisanos en el vecino del norte, cada día trabajando la tierra que fue nuestra.

Nos cuenta de los migrantes de su barrio que desde el mercado 2 de Abril siempre tienen la mirada puesta en ese vecino del norte. Nos lleva al Segundo Imperio, el que se estableció en el Cerro del Chapulín, en ese mismo Chapultepec en el que hace apenas dos años encontramos figurillas olmecas abriendo otra incógnita. Con la misma naturalidad nos pasea por Tacuba, la Lagunilla y los antros LGBT de esta ciudad que es diversidad, disidencia y reinvención permanente.

Me fascinó el relato de la plática con el amigo santiaguero sobre las danzas de los moros y los cristianos, esas danzas o rituales donde el mal y el bien tienen la misma gracia y valor, y me hizo pensar en el sacrificio a los dioses, tan mal visto por los conquistadores, y que representaba sangre-semilla para quienes se ofrendaban al Sol.

La sobremesa eterna que es este libro también hace reflexionar sobre el turismo, ese que llega e iguala todo en vasos de unicel en Tepoztlán. Pero somos demasiada ciudad, demasiadas ciudades, demasiada grandeza y diversidad como para que nuestras raíces se debiliten por unos cuantos visitantes.

Sigamos, pues, la sobremesa en cualquier barrio de esta ciudad de gigante corazón. Y mientras el autor no cayó en la obvia tentación, yo no puedo evitarlo: en tanto permanezca el mundo…