Tierra Adentro

I

Uno de los aspectos fundamentales de la experiencia homosexual surge de la búsqueda por reconocer fuera de uno mismo eso que se trae dentro. Este impulso de identificación también suele desbordarse hacia un interés histórico, que se pregunta por los rastros que, a pesar del silencio y el borramiento, demuestran que las identidades sexogenéricas disidentes, en toda su complejidad y amplia gama, siempre han estado ahí. La sensación de extranjería que provoca la salida del clóset se hace más ligera con el hallazgo de personajes del pasado, con historias que pusieron en entredicho las normas identitarias y sexuales y, por otro lado, con la construcción de espacios en el presente en los que se pueden compartir las pasiones, la identidad y el deseo sin miedos o reparos.

El campo artístico tiene la potencia de convertirse en un espacio de proliferación de ambas experiencias. Quizá por su insistencia en reconocer a la sensibilidad como vía de entrada a la construcción de conocimiento, quizá por la terquedad para diferenciarse de otros modos de enunciación sobre la realidad, o quizá por otras razones que no vale la pena enumerar. Como sea, en el arte se ensayan alternativas al mundo que solemos percibir unívoco e impuesto. Al hablar sobre arte también se desbordan sus confines más evidentes, es decir, las reflexiones que refieren a las características de las obras o a la vida de los artistas. Esta potencia del arte y la cultura de transgredir la realidad, también se disemina hacia el amplio espectro de agentes que contribuyen a su circulación y valoración, un ecosistema compuesto por la crítica, la gestión cultural, la curaduría y otras labores que sostienen la posibilidad de enfrentarnos con el arte, e incluso, las condiciones bajo las cuales se produce. En cierta medida, y en el mejor de los casos, este sistema también se afecta por esa cualidad intrínseca del arte de resistirse a las definiciones y de rechazar los dogmas.

La figura de Olivier Debroise es un ejemplo paradigmático de estas experiencias y de cómo se involucran con la cultura en México. Escuché por primera vez el nombre de este crítico, historiador, curador, escritor y productor multifacético durante los estudios de especialización en historia del arte que cursé en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Para ese momento no sabía mucho sobre la práctica curatorial ni sobre su profesionalización en México, historia en la que Debroise fue un personaje fundamental. Sin embargo, algo en esa primera descripción del personaje me intrigó. Sin mucha anticipación, pedí en préstamo de la biblioteca Figuras en el trópico, un ensayo publicado por Debroise en 1983 en forma de crónica novelada, que revisita la producción de artistas de inicios del siglo XX que, para finales de los años setenta, habían quedado fuera de la idea general sobre el arte mexicano.1 Artistas mujeres, pintores homosexuales, fotógrafas y otros perfiles de las décadas de los veintes y treintas, son abordados por Debroise como figuras opacadas por las grandes narraciones masculinas del muralismo mexicano, que aplanó la lectura de un momento cultural determinante para una nación en construcción. La revisión de esta publicación se convirtió en el tema que investigué en mis estudios de maestría en historia del arte.

Desde la primera lectura, algo en el libro me fascinó. Particularmente, el capítulo dedicado a Abraham Ángel, el mítico pintor niño, en el que se complejiza la lectura de su obra al ser vista desde la investigación biográfica de Debroise. La problemática relación de Ángel con el reconocido artista Manuel Rodríguez Lozano aclaró varios aspectos sobre su breve producción pictórica. Si bien sus pinturas se distinguen por presentar la modernidad mexicana en el contraste de un costumbrismo rural y una incipiente experiencia urbana, su homosexualidad y la desmitificación del personaje permiten entender su incursión en el arte y el abrupto y dramático final de su vida. La urgencia por abrir estas preguntas está latente en esta y en otras investigaciones de Debroise. Los materiales que se resguardan en su archivo personal2 dan cuenta de la persistencia de estas preguntas: sus intereses históricos dibujaron panoramas culturales más allá del análisis del arte para incluir al deseo en tensión con las estructuras de poder vinculadas a las violencias del borramiento, lo cual constituye una sensibilidad particular en su agenda intelectual.

Además de este libro referencial, la producción de Debroise abarca un amplio número de exhibiciones, ensayos sobre arte, reseñas, críticas, novelas y hasta una película experimental. En todos estos productos, Olivier dibujó conexiones improbables entre política y poética, entre arte, cine, teatro, literatura, cultura popular y un largo etcétera. Sus reseñas, cuadernos de notas, bibliografías y sus materiales de investigación entrelazan casi cuatro décadas intensas de pensamiento, entre 1970 y 2008, en una maraña que anuda sus tramas más allá del arte y la narración unívoca, y que se conecta con una noción desbordada de pasado que afecta el modo de estar en el presente.

Su intempestiva muerte en 2008, a sus 55 años de edad, llegó en un momento de productividad y de reconocimiento institucional. Olivier murió poco antes de que abriera sus puertas el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) de la UNAM, proyecto en el cual trabajó los últimos años de su vida. Su partida hizo que su legado tuviera que valorarse, incluso con esa sensación de sentirlo inconcluso. Los colegas que le dedicaron textos al morir dibujaron un perfil del personaje, aunque al leerlos se hace claro que asir a Olivier es difícil por sus improbables derivas, por sus incansables proyectos y por una suerte de misterio que envuelve algunos episodios de su vida.3 La curiosidad me ha llevado a esbozar un camino paralelo a su trayectoria profesional, en el cual su homosexualidad se plantea como lugar fundamental de enunciación y de experimentación. El pensamiento sobre la experiencia homosexual y el interés particular por estos personajes en la historia, permea toda su producción intelectual.

El presente texto hace un primer acercamiento al itinerario gay de Olivier Debroise, para contribuir a la construcción de una historia de las disidencias sexuales en nuestro país que aún está siendo escrita. Olivier es parte fundamental de un círculo de agentes que procuró desbordar los límites del pensamiento sobre la homosexualidad, estrictamente confinado y sentenciado al silencio entre los grupos gay, para permear en esferas más amplias de circulación, y eventualmente, en la política generalizada y el ámbito del mainstream.

II

Olivier Debroise, de origen francés, nació en 1952 en Jerusalén, lugar que insistió durante su vida en reconocer como territorio palestino. Debido a las labores diplomáticas de su padre, llevó una infancia nómada entre Polonia, Brasil, Marruecos, Francia y Costa Rica. A México vino por primera vez a inicios de los setentas durante un viaje de vacaciones por la península yucateca y Acapulco, en compañía de su madre, su hermana y su padre. De acuerdo a una nota suya, llegó a México “sin premeditarlo” y, de forma improbable, aquí decidió quedarse. A lo largo de las décadas, aprovechó su condición de extranjería para convertirse en un conocedor profundo de los relatos ocultos de este país, de las mitologías de su identidad. Olivier fue un personaje fundamental para poner en duda el arte mexicano en su complejidad, más allá de sus dogmas nacionalistas, en un mundo tensado por las relaciones culturales internacionales.

Olivier no sólo se quedó aquí para aprovechar la educación media superior que le ofrecía el Liceo Franco Mexicano de la Ciudad de México en comparación con las escuelas de Costa Rica, en donde había residido hasta entonces. México también representaba una oportunidad de libertad para poder ser quien era, lejos de las dinámicas familiares y de la homofobia de las clases altas francesas, que lo acechaban durante su juventud.

Durante esos primeros años, Debroise se vinculó con diversos círculos culturales experimentales en México: por un lado, con una escena teatral en el Instituto Francés de América Latina (IFAL) y, por otro, con Alejandro Jodorowsky y el equipo con quienes grabó su legendaria película La montaña sagrada (1973). En esta época, a inicios de la década de los setenta, también inicia un tórrido romance con el escritor Luis Zapata, con quien entabló una relación afectiva, intelectual y de trabajo intensa que duró al menos una década y que le permitió compartir su interés por la escritura literaria y el guión cinematográfico. La novela publicada por Zapata se convertiría en la obra clásica de la literatura gay mexicana. Este libro estuvo a punto de ser censurado por una sociedad machista y conservadora por narrar las andanzas de un trabajador sexual gay. No es exagerado reparar en la relevancia que implica que el mítico Vampiro de la colonia Roma (Grijablo, 1979) esté dedicado “a Olivier. Al mismo tiempo que Zapata ganaba el premio Grijalbo, Debroise ganaba respeto entre los estudiosos del arte mexicano por el lanzamiento de su primer ensayo Diego de Montparnasse (FCE, 1979), en el cual revisó la actividad artística de los años parisinos de Diego Rivera. Esta primera publicación fue escrita en conversación cercana con su novio Luis Zapata, cuyo nombre también aparece en la dedicatoria inscrita en sus primeras páginas.

Este libro de historia del arte le abrió las puertas a Olivier Debroise del suplemento “La Cultura en Méxicode la revista Siempre!, dirigido entonces por Carlos Monsiváis. En estas páginas, Olivier escribió los ensayos de artistas que más adelante se convertirían en el contenido de Figuras en el trópico. La relación de Debroise con Monsiváis, personaje fundamental para la construcción de una historia de la disidencia sexual en México, fue importante para la consolidación de su carrera profesional. Su convergencia corresponde a un momento en que, posterior al surgimiento del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR) en 1978, se estimula la reflexión en torno al movimiento gay en México, así como sucedía simultáneamente en otros lugares del mundo. Además del suplemento, estos dos compartieron otros espacios de reflexión sobre el pensamiento de la diferencia sexual: Alejandro Brito menciona a Debroise entre el grupo de personas que asistieron a las reuniones del Crochet Guevara, llevadas a cabo en casa de Monsiváis y que tenían como finalidad principal discutir y ponerse al día de los temas abordados por el movimiento gay y de los llamados lesbian and gay studies.4

Olivier también fue uno de los maricones entusiastas que retacaron los espacios nocturnos gay en la Ciudad de México durante la década de los ochenta. Ya sea en el legendario bar El nueve en la Zona Rosa, el Tutti-frutti, El Marrascuash (también conocido como Las Tecatas), hasta el Spartacus en Ciudad Neza, Olivier gastó sus noches de juventud con un círculo cercano de amigos, amantes y cómplices. Su amigo Armando Cristeto reconoce que Olivier asistía indistintamente a los espacios de clase media que consolidaron una identificación en el espectro del fenómeno global cosmopolita gay, así como a otros espacios en el centro de la ciudad donde se mezclaban personas de todas las clases sociales. Estas historias están circundadas por los levantones y las redadas policiales en los antros gay de moda. Si bien en México la sodomía no era ilegal, la represión policíaca usaba pretextos como la perversión o la prostitución para levantar hombres de modo autoritario a la salida de estos bares y sacarles alguna mordida, al modo más clásico de la extorsión y el abuso de poder priista.5 De acuerdo al testimonio de Armando Cristeto, Olivier fue víctima de uno de estos levantamientos arbitrarios alrededor del año 1986, cuando fue retenido dentro de su propia casa en la colonia Narvarte a lo largo de casi 20 horas. Esta experiencia habría intensificado el malestar que Olivier ya había identificado respecto a la homosexualidad en su sentido más político.

Durante los noventa, los proyectos de historia del arte de Debroise se acompañaron de su vínculo con el historiador del arte estadounidense James Oles a su llegada a México. Su relación, que se extiende a lo largo de casi toda la década, construye un espacio de complicidad y catalización de proyectos compartidos. Esta convergencia se dio durante el trabajo de la exposición de David Alfaro Siqueiros Retrato de una década en 1996, presentada primero en el Museo Nacional de Arte y que después viajó por Estados Unidos e Inglaterra, como en los viajes de investigación por los conventos y complejos monásticos de mediados del siglo XVI. Estos últimos escapes derivaron primero en un ensayo académico sobre los murales de Ixmiquilpan, y después en su novela Crónica de las destrucciones (Era, 1998), que mezcla el panorama histórico-cultural de la conquista con personajes ficcionales que vinculan también a la homosexualidad con la revisión de un momento crítico del devenir cultural. En este modelo narrativo, Olivier siempre incluía a personajes gay como parte fundamental del entramado histórico. Este enfoque fue utilizado en las otras novelas que escribió, en las que abordó la Revolución Mexicana desde el territorio yucateco en En todas partes ninguna (Océano, 1986), o en el drama policíaco que vincula el surgimiento de las redes criminales internacionales del narcotráfico en las costas de Acapulco Lo peor sucede al atardecer (Cal y Arena, 1990) en el contexto de los ochenta.

En 1991, Debroise fundó junto a un grupo de colegas historiadores y curadores la asociación Curare, un colectivo que hizo frente a las políticas culturales del Estado para defender la autonomía y creatividad de la práctica curatorial e historiográfica. Con ellos llevó a cabo un gran número de iniciativas en el campo institucional, aunque también fue el espacio de experimentación en términos de gestión cultural y de sus intereses personales. Entre los proyectos de Curare, las llamadas “Noches de muertos por Sida” destacan por vincularse de modo directo con las condiciones desiguales de las minorías sexodiversas. Estas jornadas artístico-callejeras se llevaron a cabo en tres ediciones que sucedieron entre 1994 y 1996 en colaboración con artistas, agentes culturales y galerías de arte del corredor cultural de la colonia Roma. Estos eventos se presentaban como un escaparate de apoyo y solidaridad con la gente con VIH y sus familiares, así como con las víctimas mortales del sida. Su intención era mostrar un posicionamiento crítico frente a las políticas públicas de salud y la homofobia que las circundó. Si bien esta fue una iniciativa colectiva, Olivier participó de modo cercano y con interés que lo cruzó, como lo demuestra un texto que conmemora los 10 años del primer caso de sida en México y que se resguarda en su archivo.6

Estos años corresponden también al involucramiento activo con una nueva generación de artistas. Durante toda la década, se afianza un enfoque que incorpora, de modo paralelo a sus investigaciones históricas, un acercamiento crítico a la producción del arte contemporáneo de artistas como Javier de la Garza, Silvia Gruner, Melanie Smith, Francis Alÿs, Claudia Fernández, entre otros. La negociación entre ambos polos de actividad dio lugar a formatos de reflexión complementarios. En esa dirección surgió el seguimiento que Olivier hizo de Sergei Eisenstein en su paso por México para filmar la mítica cinta perdida ¡Qué viva México! a inicios de la década de 1930. Además del brillante ensayo sobre los dibujos eróticos del famoso cineasta ruso, que presentó en 1998 en el Coloquio de Historia del Arte del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE) de la UNAM,7 Olivier también desarrolló el gran proyecto de la película Un banquete en Tetlapayac, un alucinante collage de escenas que están a medio camino entre el documental, la ficción y el performance. En este largometraje, un grupo de artistas y amigos cercanos a Debroise reinterpretan a personajes de la época para recrear una de las cenas que tuvieron lugar en la hacienda pulquera de Tetlapayac donde Eisenstein grababa su película. La identificación de Olivier con el teórico y cineasta soviético es evidente en muchos niveles. En los textos que Debroise escribe sobre el personaje resalta su vínculo inicial con el teatro que él también tuvo, su paso por la península yucateca que también es importante para Debroise, y quizá más descaradamente, el descubrimiento de la libertad en este rincón del trópico para vivir su homosexualidad. El asunto se torna más macabro al reparar que ambos murieron por un infarto casi de la misma edad.

La huida de Eisenstein del gobierno de Stalin y su vigilancia permanente a través de agentes de la KGB se vinculan en Traidor ¿y tú?, la última novela que escribió Olivier y que fue publicada de manera póstuma. Su argumento se basa en la relación entre dos espías que se relacionan con el mundo cultural de los años treinta en México. El cruce entre homosexualidad y el mundo del espionaje se suma a una tendencia que otros estudios gay han descubierto, cómo las organizaciones policiales internacionales del siglo XX que chantajearon hombres homosexuales para orillarlos a convertirse en espías debido a la habilidad para vivir una doble vida que desarrollaron para esconder su homosexualidad.8

Otro vínculo importante con la historia gay de esta ciudad es el que tuvo con el activista José María Covarrubias, principal impulsor de la Semana Lésbico-Gay en el Museo Universitario del Chopo. Olivier participó en más de una ocasión como jurado en las ediciones de este evento representativo para una escena que empezaba a ganar visibilidad y relevancia, al menos en el ámbito cultural. El hecho de continuar participando, a pesar de los proyectos que adquiría conforme crecía su fama como curador e investigador a nivel internacional, deja ver el compromiso que Debroise tuvo con una escena que empezaba a consolidar un activismo gay. De acuerdo al testimonio de Alejandro Navarrete, que fue cercano en sus últimos años de vida, Debroise manifestó en algún momento su interés por acompañar este proyecto desde un ámbito especializado, complejizando la muestra artística que resultara de la convocatoria, insertando un gesto curatorial para inaugurar una línea de trabajo de investigación amplia respecto a la historia de la producción de las diversidades sexogenéricas.

Durante los años dos mil, además de los artistas mexicanos que había acompañado desde su práctica curatorial y amistad, Olivier se acercó a una generación más joven de artistas gay que empezaban a participar en los circuitos del arte contemporáneo. Su casa en la calle de Ignacio Manuel Altamirano en la colonia San Rafael se convirtió en centro de operaciones, tertulias, investigaciones, cenas y debates. En ellas, se insertó la producción y el pensamiento de artistas como Alejandro Navarrete, que estuvo cercano a él en investigaciones y pensamiento escrito, Felipe Zúñiga, quien fue cómplice en experimentos de arte público, o con la performancera —más tarde precursora de la escena Vogue en México— Omar Feliciano (a quien también llamaban Omariposa o Franka Polari), el fotógrafo experimental y artista Omar Gámez, o su amigo proveniente de las ciencias sociales Enrique Serrano. Esta nueva generación exploró la enunciación gay desde reflexiones teóricas, prácticas callejeras, performance y otros abordajes salvajes, acompañados e informados por la perspectiva de un Olivier entusiasmado por buscar formas de desdoblamiento de la homosexualidad que infectaran la vida común, la identidad, y que informaran otras formas de acción y activismo.

A lo largo de su vida, Olivier no reparó en hacer muestras públicas de afecto con otros hombres en los círculos que habitaba. Esta misma actitud de desafío afectivo frente al statu quo lo llevó a experimentar con formas de relacionalidad más allá de los códigos tradicionales, generando vínculos enrarecidos que eran parte de su desobediencia a la norma y que le permitieron poner en crisis otros valores, más allá de los de la preferencia sexual. Los vínculos intelectuales que modelaron su pensamiento, estaban permeados de la búsqueda por la diferencia, no de la búsqueda por la asimilación dentro de las estructuras de la sociedad heterosexual. En este sentido, se deja entrever en su escritura una suerte de fascinación por una radicalidad sutil que, al revisar los capítulos de su vida, se siente ensayada en un sentido más amplio.

III

Este seguimiento de la trayectoria de Olivier Debroise no pretende consolidar la figura de un héroe. En este sentido, me gusta pensar en el abordaje que Huw Lemmey y Ben Miller han propuesto en su proyecto de divulgación Bad gays, un podcast que parte de la sospecha sobre las narraciones de la historia de la homosexualidad, que han cristalizado una ventaja moral en la esfera pública: una suerte de condición de la disidencia sexual que, a priori, compra un acceso al lado correcto de la historia. Una mirada más compleja permite pensar en estas coordenadas históricas como puntos de fuga. A pesar del borramiento que implica una trayectoria que se tiene que vivir al margen de la norma, los personajes que Olivier investigó, así como él mismo y con quienes se vinculó en espacios que se procuró, participaron de la complejidad de la historia misma. En este sentido, es importante comprender cómo el itinerario intelectual de Olivier contribuyó a la expansión de las formas de entender la homosexualidad en la esfera pública, en específico desde el ámbito cultural.

La necesidad de identificación desborda sus formas más literales de pensarse. Más allá de reconocerse en alguien más, estas formas de relación ponen al frente eso que es la base de la diferencia: el deseo. En este sentido, la desobediencia de subsumir el deseo propio a otras estructuras contagia otras formas de pensamiento: ¿qué cosas puede aprender el mundo sobre cómo desbordar el deseo? ¿Cómo mantenerlo vivo sin que se desborde? ¿Cómo impregnarlo a todo lo demás? En cuanto una cosa se comienza a convertir en dogma, hay que contactar con la sospecha una vez más y no caer en una reproducción de las estructuras que dejan fuera modos de enunciación y formas de desear.

 

Fuentes consultadas:

Brito, Alejandro, “Prólogo. Del clóset a la calle. Para ya no ser menos que nadie”, en Carlos Monsiváis, Que se abra esa puerta, Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2020.

Debroise, Olivier, Figuras en el Trópico. Plástica mexicana 1920-1940, Barcelona: Océano, 1983.

Lemmey, Huw, y Ben Miller, “Episodio 6: Sir Antony Blunt” del podcast Bad Gays. 23 de abril de 2019. Disponible en: https://podcasts.apple.com/mx/podcast/episode-6-sir-antony-blunt/id1455620224?i=1000436120794

Medina, Cuauhtémoc, “Debroise: Ondas Expansivas (1952-2008)”, publicado originalmente en Reforma. Consultado en https://arte-nuevo.blogspot.com/2008/05/debroise-ondas-expansivas-1952-2008-por.html

Oles, James, “Olivier Debroise (1952-2008)”, en Anales del IIE, vol. 30, no. 93, Ciudad de México, 2008.

Osorno, Guillermo, Tengo que morir todas las noches, Ciudad de México: Penguin Random House, 2024.

  1. Olivier Debroise, Figuras en el Trópico. Plástica mexicana 1920-1940, Barcelona: Océano, 1983. 
  2. El fondo Olivier Debroise se resguarda en el Centro de Documentación Arkheia, MUAC (DGAV, UNAM).
  3. Sobre todo, los textos de James Oles y Cuauhtémoc Medina: James Oles, “Olivier Debroise (1952-2008)”, en Anales del IIE, vol. 30, no. 93, Ciudad de México, 2008. Cuauhtémoc Medina, “Debroise: Ondas Expansivas (1952-2008)”, publicado originalmente en Reforma. Consultado en https://arte-nuevo.blogspot.com/2008/05/debroise-ondas-expansivas-1952-2008-por.html
  4. Alejandro Brito, “Prólogo. Del clóset a la calle. Para ya no ser menos que nadie”, en Carlos Monsiváis, Que se abra esa puerta, Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2020, p. 36.
  5. Guillermo Osorno, Tengo que morir todas las noches, Ciudad de México: Penguin Random House, 2024, p. 35.
  6. Publicado en el catálogo de la exposición Expediente seropositivo. Derivas visuales sobre el VIH en México, Ciudad de México: MUAC/UNAM, 2020.
  7. Olivier Debroise, “Una incomunicable felicidad: Los dibujos eróticos de Sergei Eisenstein”, en XXIII Coloquio Internacional de Historia del Arte del Instituto de Investigaciones Estéticas, Amor y desamor en las artes, UNAM, 2001. pp. 337-352.
  8. Huw Lemmey y Ben Miller, “Episodio 6: Sir Antony Blunt” del podcast Bad Gays. 23 de abril de 2019. Disponible en: https://podcasts.apple.com/mx/podcast/episode-6-sir-antony-blunt/id1455620224?i=1000436120794