Poesía, drogas y misticismo flotando en La pecera de Dios de David Alfonso Estrada
Dios me llama; con “su cuerpo de leopardo, sus piernas de hipopótamo, su cabeza de cocodrilo y su melena de león” me transmite designios que confundo con casualidades.
Afirman que mucho se ha escrito sobre el agua, y es cierto; la exploración poética de este elemento se ha convertido en un tema común en la escritura de algunas regiones mexicanas, sea por la cercanía al asunto, o bien, por la popularidad que autores como Francisco Cervantes, José Luis Rivas o Juan Domingo Argüelles han dado.
Todos sabemos que una fiesta, un palacio,
una gran empresa, un almuerzo de escritores o periodistas,
un ambiente oficial de franca y espontánea camaradería
son esencialmente horrorosos…
Jorge Luis Borges sobre Ciudadano Kane
Nuestra moral se apoyaba en otros criterios,
exaltaba la pasión, la mixtificación,
el insulto, la risa malévola,
la atracción de las simas.
En la cuarta temporada de Seinfeld, se abre una de las líneas argumentales más interesantes de la sitcom de Jerry Seinfeld y Larry David cuando, luego de una presentación, un par de ejecutivos de la CBS abordan a Jerry para proponerle la realización de un programa de televisión; pronto George Constanza se asume escritor y le propone acompañarlo en la aventura de escribir una serie que por título lleva simplemente “Jerry” y la cual, acuerdan los personajes, tratará sobre nada, un programa sin trama que recupere anécdotas como la espera para obtener mesa en un restaurante chino.
Es bien conocido el tránsito de Ulises Carrión: de ser un escritor mexicano prometedor (poco más que joven promesa) en la notabilísima generación del Medio Siglo pasó a ser reconocido como archivista y artista conceptual en Ámsterdam.