A estas alturas del siglo podría pensarse que leer revistas culturales es una costumbre de la antigüedad, una romántica tradición propia de almas sensibles, apegadas a la textura del papel y los efluvios de la tinta.
En su conocida “Advertencia al lector”, mediante la cual hace explícita la finalidad de sus Ensayos, Michel de Montaigne escribe: “Quiero que me vean en mi manera de ser simple, natural y común, sin estudio ni artificio.