Tierra Adentro
"Orquídeas de petróleo", Fernanda Ballesteros. Colección Tierra Adentro, FCE, 2024.
“Orquídeas de petróleo”, Fernanda Ballesteros. Colección Tierra Adentro, FCE, 2024.

A través de la poesía se han contado, quizás, las historias más determinantes que definieron, y definen aún, lo humano. La Ilíada, La Odisea, El poema de Gilgamesh, El cantar de Mío Cid por mencionar lo más clásico. Como la poesía no está limitada por lo narrativo o por la sucesión de acciones, ni tampoco por lo semántico o lo sintáctico, ha podido llevar esas anécdotas a lugares insólitos, casi vívidos. La poesía no solo nos presenta las heridas de los héroes, también es capaz de poner a cantar a la sangre misma que ellos derraman. La poesía no sólo nos describe los reinos de los muertos o los avernos, ha sido capaz de delimitar con tanta precisión estos lugares que hasta las mismas religiones terminan por volver canónicas las visiones de los poetas. 

Fernanda Ballesteros, en su libro Orquídeas de petróleo, retoma este hermosísimo hábito de contar historias a través de la poesía; y su elección, sin duda, es acertada. Sobre todo, porque la narrativa evoca; pero lo poético invoca, hace que lo narrado aparezca de nuevo frente a los ojos del lector. En este caso la anécdota elegida no es menos relevante que aquellas de los textos clásicos, ya que la poeta elige contarnos las tribulaciones que vive una familia frente a los actos de regímenes moralmente condenables. Pero Ballesteros no usa la poesía tradicional para recrear la historia de su poemario, sino que se vale de lo experimental y lo disruptivo para exaltar aún más los detalles narrados. Ello potencia la forma, por supuesto, pero también hace que estalle, que florezca, que deslumbre, en todo su esplendor, el contenido de la obra. 

Lo he dicho, lo sostengo, y pongo como evidencia este poemario, la mejor forma de narrar es a través de silencios, de pausas, la forma más eficiente de contar es con ausencias tangibles, medibles, por medio de blancos activos que escalonan las oraciones, que logran quebrantar lo dicho y, al hacerlo, lo reiteran, lo empoderan, lo encumbran. La poesía eleva las anécdotas.

En este caso, la anécdota la vamos descubriendo desde las vivencias de Gabriel, cuyo abuelo fue desaparecido durante el régimen de Sékou Touré de Guinea, y cuyo padre fue separado de su madre durante años por orden del mismo gobierno.

“1 de enero en la casa recién estrenada de mamá Marie Lyse Barry papá Baba Barry hijo Christian Barry ni siquiera se habían metido a la alberca frente al mar los soldados llegaron de noche esculcaron los cajones las cartas en armenio c’est quoi ça c’est quelle langue a la güera la subieron a un avión al hijo lo mandaron a una escuela al papá quién sabe”.

Leer este libro me hizo entender que, en verdad, hace falta un poemario para dar cabida a la crueldad de un dictador, hace falta un poemario para comunicar cuánto duelen, cuánto marcan a las familias las desapariciones, las torturas, los encierros; sólo entre versos se puede exponer el horror de la existencia de campos de concentración.

Ballesteros retrata con angustiosa precisión las imperfecciones de la existencia, nos hace ver que son justo las deformidades de la vida lo que la determina. La imprecisión es nuestro único filtro posible. Baste un ejemplo:

“a mí también se me mojaron los ojos / cuando la mamá de Gabriel nos lloró por / videollamada / la abue de Gabriel no supo dirigir la cámara a la cara / hablamos con su frente con sus canas del fleco con / la pared rugosa de su departamento”.

Lo fragmentario aporta precisión en el libro, a través de varios poemas independientes se va confeccionando con claridad la historia. Vemos aquí que romper, a veces, es la manera más precisa de ordenar, de hilar. Descubrimos que la musicalidad es el medio indicado para expresar los silencios más terribles, como el de alguien que se cansa de ser torturado por los recuerdos, o el silencio de los pueblos que deciden no condenar las acciones de sus tiranos y hasta los convierten en héroes y bautizan aeropuertos con los nombres de esos canallas.

“del tronco solo queda el ombligo / de la cara un hueco por donde huelen y toman del / rocío de un pétalo que ahora es grande / colosal / porque quien espera es muñeco de insectos / persona diminuta acostada enrollada en piel de / perfume / liberada~ante la diosa esperanza”.

Uno de los recursos memorables de la autora es usar dos páginas para contener un solo poema, es decir que los versos se extienden hasta la página siguiente y es necesario ver el libro abierto para abarcar la totalidad del texto. Se trata de una manera de hacer que los límites tradicionales se rompan.

Otro recurso muy bien empleado es la poesía visual. Me resultó afortunado el uso del juego del ahorcado para exponer el nombre del dictador que mató aproximadamente a cincuenta mil personas. Ese hombre colgado y esas casillas en donde faltan algunas letras comunican mucho de la naturaleza de este político. Los trazos y los vacíos me hicieron pensar en las condenas a muerte por asuntos oficiales, en los castigos y condenas a los enemigos políticos, en la censura de alto mando, en las piezas que faltan o son borradas de la historia, en las víctimas cercenadas simbólica o literalmente, en quienes pierden a sus hijos o sus padres por ideologías partidistas.

Los poemas del libro capturan por medio del ritmo y las figuras frenéticas todo lo que resulta insólito de las tragedias personales. Mediante el uso de juegos retóricos y visuales se pone nuestra mirada en los elementos inconcebibles de la cotidianeidad, por ejemplo, las coincidencias. Sin importar si se trata de sincronías afortunadas o siniestras:

“La coincidencia de la fecha del vuelo y del aniversario la descubrió unos días antes de irse, hojeaba la libreta de direcciones de abue. Por prevención a su propia pérdida de memoria, abue escribió el nombre completo, la fecha de nacimiento y la fecha de defunción de su hijo:

Christian Barry 09 09 1955–27 01 2008”.

Otro personaje central, por supuesto, es la “abue”, quien vivió de primera mano las atrocidades expuestas en el libro. Ella juega un papel dual, me parece, es el punto de partida de la tragedia, el origen; pero también inaugura en muchos sentidos la posibilidad del amor, de seguir adelante, de instaurar algo nuevo. Cada vez que se le menciona, el libro entero se estremece, lo mismo que el lector.

“abue se enoja / cada vez que habla de Sékou Touré / un assassin un assassin / que mandó matar al amor de su vida Baba Barry / hombre atractivo rumores de mujeriego eso qué / importa trabajador ingenioso buen papá buena / pareja / cómo se le va a quitar el coraje a abue / la cara se le frunce toda hacia el centro la boca la / sube la junta a la nariz en un puño de arrugas y / dice que Sékou Touré / il était jaloux jaloux / celoso de Baba Barry y de todos los que hubieran / estudiado en el extranjero / desconfiado de los que no fueran malinké”.

Orquídeas de petróleo ganó el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 2023. Lo merece. Se trata de una obra que habla, con poderío y maestría, del dolor que sostiene a todos los linajes familiares, de lo revelador que resulta voltear atrás y enfrentarse con el lugar terrible del que venimos. La recomiendo.