Tierra Adentro
Monumento de Cuauhtémoc en Veracruz, México. Fotografía de Jose Francisco Del Valle Mojica, 2008. Recuperada de Wikimedia Commons. CC BY 2.0
Monumento de Cuauhtémoc en Veracruz, México. Fotografía de Jose Francisco Del Valle Mojica, 2008. Recuperada de Wikimedia Commons. CC BY 2.0

Por la mayor parte de mi vida he vivido en un lugar llamado Cuauhtémoc —nací y crecí en el municipio con ese nombre del estado de Chihuahua; cuando estuve en la Ciudad de México radiqué en esa delegación—. Lo cual tampoco es ninguna sorpresa, ese nombre se repite en la toponimia nacional, sea en el de municipios, ciudades o pueblos, o en calles y avenidas, sobre todo, en los años posteriores a la Revolución mexicana.

El vocablo de origen náhuatl no solo hizo eco en la nomenclatura de México, sino que incluso fue motivo de inspiración para poetas, como Ramón López Velarde, quien en La Suave Patria —publicado en 1921—, escribió: 

CUAUHTÉMOC

Joven abuelo, escúchame loarte

único héroe a la altura del arte. 

Pero quién fue Cuauhtémoc y ¿por qué tantos lugares a lo largo del país llevan su nombre? ¿por qué López Velarde ve en él no solo a un héroe sino “al único […] a la altura del arte”? 

Una primera respuesta la podemos encontrar en una de las pocas descripciones que nos dio de él Bernal Díaz del Castillo, en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España

[…] digamos cómo Guatemuz era de muy gentil disposición, así de cuerpo como de facciones, y la cara algo larga y alegre, y los ojos más parecían que cuando miraba que era con gravedad que halagüeños, y no había falta en ellos, y era de edad de veintiséis años […].  

[…] Guatimuz era mancebo y muy gentil hombre para ser indio, y de buena disposición y rostro alegre, y aun la color la tenía algo más que tiraba a blanco que a matiz de indios, que era de obra de veinticinco o veintiséis años, y era casado con una muy hermosa mujer, hija del gran Montezuma […].

Cuauhtémoc fue el tlatoani que se enfrentó a los españoles, tras la muerte de Cuitláhuac en 1520, y quien el 13 de agosto de 1521 reconoció la derrota de sus fuerzas frente a las tropas de Hernán Cortés. Fue ejecutado en febrero de 1525 en la expedición a Las Hibueras, en la actual Honduras, acusado por Cortés de estar conspirando en su contra. Tuvo una vida corta; aunque se discute el año de su nacimiento —entre 1496 y 1502— se sabe que era joven cuando fue elegido para ocupar el icpalli —el asiento de poder— tenochca y que al momento de su muerte ni siquiera había alcanzado la treintena. 

Era descendiente de las casas gobernantes de Tenochtitlan y Tlatelolco, las ciudades-islas del lago de México. Su padre fue Ahuízotl, el octavo tlatoani de Tenochtitlan, al frente de la cual estuvo entre 1486 y 1502. Mientras que su madre fue la señora Tiyapatzin, hija de Moquíhuix, el cuarto tlatoani de Tlatelolco y último gobernante independiente de dicha ciudad. La información sobre su vida antes de 1519 es poca y contradictoria, por lo que no se tiene certeza sobre el año en el que nació, las fuentes coinciden en que era joven a la llegada de los españoles, aunque no es claro qué tanto. 

No pudo nacer más tarde de 1502 o 1503, si hubiese estado en gestación al morir su padre —aunque ninguna fuente apunta a lo anterior—, puesto que en 1519 ya se le consideraba entre los capitanes del tlatoani y contaba con experiencia en las armas, a pesar de su juventud. Se estima que debía tener más de veinte años para ese momento por lo que se calcula que nació en algún momento entre 1496, si se acepta que para la Conquista —como apuntó Díaz del Castillo— contaba con veinticinco o veintiséis, o 1499. Algunas fuentes, como Los anales de Tlatelolco, señalan que Cuauhtémoc fue designado gobernante de dicha ciudad hacia 1515 o 1517. 

Al momento de nacer Cuauhtémoc —o Cuauhtemoctzin si consideramos el sufijo reverencial con el que se dirigían a los nobles en el mundo náhuatl— tenía pocas posibilidades de acceder al puesto que su padre ocupaba. Aunque para acceder a la sucesión del icpalli tenochca se entendía que debía haber lazos consanguíneos, era más complejo que la primacía del hijo mayor del gobernante al modo europeo de la época. Susan D. Gillespie señala en Los reyes aztecas (1993) que la sucesión del linaje era legitimada por una mujer de sangre tolteca cuyo esposo o hijos accedían el poder, así, Atotoztli, la hija del primer Moctezuma —también llamado Moctezuma Ihuilcamina o Huehue Moctezuma— y la abuela paterna de Cuauhtémoc legitimaron el asenso al poder de sus hijos: Axayácatl, Tizoc y Ahuítzotl. Gillespie incluso especula, a partir de algunas fuentes, que Atotoztli gobernó por derecho propio a la muerte de su padre en 1469, y antes de Axayácatl, y esa función la habría tenido a la muerte de Moctezuma la hija de este, Isabel Tecuichpo, quien fue unida en matrimonio a Cuitláhuac y a Cuauhtémoc —María Castañeda de la Paz, en la edición especial 119 de Arqueología Mexicana, señala que esta unión no ocurrió porque Isabel en años posteriores no mencionó este lazo matrimonial, aunque es entendible que prefiriera obviarla dadas las condiciones de sospecha por las que Cuauhtémoc fue ejecutado—. A la muerte de su padre, su primo hermano, Moctezuma Xocoyotzin, fue nombrado tlatoani, líder de Tenochtitlan y de la Excan Tlatocayon, la Triple Alianza que ejercía su control sobre el valle de México y exigía tributo en regiones tan distantes como el actual Soconusco, al sur, o la Huasteca en el norte, hacia el poniente colindaba con los territorios de los purépechas, en el actual estado de Morelia, y al oriente llegaba a la costa del actual estado de Veracruz.     

Cuauhtémoc, como todo hijo de noble, ingresó al calmécac a los siete años —era la escuela de los pipiltin donde aprendían las bases de la guerra, del gobierno, de la religión, de la poesía, así como la disciplina exigida a los nobles. Actualmente, los vestigios del calmécac de Tenochtitlan se encuentran en el sótano del Centro Cultural de España en México, sobre la calle Donceles, en la Ciudad de México—. Ahí se le educó para ser un señor y para guerrear. La sociedad que conoció había sido moldeada por uno de sus ancestros: Tlacaelel, hermano de Itzcóatl, y cihuacóatl —literalmente mujer serpiente o gemela, era el segundo al mando en Tenochtitlan y quien se encargaba de la administración de la ciudad— hasta su muerte. Si aceptamos que nació en 1496 su entrada al calmécac se efectuó en torno al 1503, apenas un año después de la muerte de Ahuízotl, y hubiera salido en 1511 a los quince años; si se toma el 1502 como su año de nacimiento hubiera ingresado en 1509 y egresado en 1517, fecha algo tardía para los méritos que se tomaron en cuenta cuando fue elegido tlatoani.

Sobre este punto fueron más las circunstancias que jugaron a su favor para que se elevara a la mayor posición dentro de Tenochtitlan. En 1520 murió Moctezuma tras la matanza del Templo Mayor, y heredó su posición su hermano Cuitláhuac —según las reglas de sucesión en la generación de Moctezuma, él y sus hermanos, los hijos de Axayácatl, se sucederían como tlatoani de Tenochtitlan, hasta que no quedaran hermanos y entonces un hijo o nieto de Moctezuma sería elegido—. Cuitláhuac lideró a los tenochcas que se enfrentaban a los españoles desde la matanza iniciada por Pedro de Alvarado y logró expulsarlos de la ciudad del lago el 30 de junio de 1520, durante la conocida como Noche Triste por las huestes hispanas que estuvieron a punto de perecer. Sin embargo, antes de irse dejaron en Tenochtitlan un aliado que cobró muchas vidas, entre ellas la del tlatoani mismo: la viruela. A la muerte de Cuitláhuac, el 28 de noviembre, se planteó la cuestión de quién habría de liderar la ciudad y a sus aliados, no había más hermanos de Moctezuma y sus hijos varones además de ser demasiado pequeños habían salido de la ciudad con los españoles. Cuauhtémoc, quien ya había demostrado su valía en otras batallas, había destacado en la defensa de la ciudad en las semanas desde que se expulsó a los invasores, aunque no era ni hermano, ni hijo de Moctezuma, era su primo hermano e hijo de un tlatoani. Así subió al poder. 

Tenochtitlan no era la ciudad que había sido con su primo, seguía manteniendo alianzas, pero ya no ejercía el control que había tenido dos años antes, cuando arribaron al valle de México los españoles. A lo anterior se sumaba la enfermedad que afectaba a un alto porcentaje de la población —recuérdese que antes de 1492 las Américas y el Viejo Mundo no habían tenido contacto, o casi, con excepción de los polinesios arribando a las costas del Pacífico o a los escandinavos en la costa septentrional americana, y los pobladores no contaban con defensas naturales contra muchas de las enfermedades desarrolladas del otro lado del Atlántico— y que el asedio estaba por comenzar. La forma de hacer la guerra y las reglas explícitas e implícitas de los recién llegados eran muy diferentes a las que Cuauhtémoc conocía, mientras que las armas y tácticas del México Antiguo buscaban, antes que nada, tomar prisioneros para los sacrificios; los hispanos, por el contrario, buscaban dar muerte a sus contrincantes —a lo cual se sumaban armas más efectivas para tal motivo: armas de acero, ballestas y arcabuces— y enseñaron en esas tácticas a sus aliados indígenas, enemigos de Tenochtitlan por generaciones como los Tlaxcaltecas. 

Cuauhtémoc reunió las fuerzas diezmadas de Tenochtitlan y resistió el sitio, que inició el 21 de mayo de 1521. Cortés mandó construir bergantines que botó sobre el lago, desde los cuales cañoneó la ciudad y la fue reduciendo a ruinas. Bernal Díaz del Castillo, cuando menos tres décadas después, recordaba el arrojo y el brío con el que Guatemuz, como él lo llamaba, defendió su ciudad, hasta que el 13 de agosto de 1521, después de deliberar con sus capitanes consideró que había que deponer las armas. En La historia verdadera de la conquista de la Nueva España se lee: 

[…] y luego vino Sandoval y Holguín con Guatemuz, y le llevaron entrambos a dos capitanes ante Cortés, y de que se vio delante de él le hizo mucho acato, y Cortés con alegría le abrazó y le mostró mucho amor a él y a sus capitanes; y entonces Guatemuz dijo a Cortés: “Señor Malinche: ya he hecho lo que soy obligado em defensa de mi ciudad y vasallos. Y no puedo más, y pues vengo por fuerza y preso ante tu persona y poder, toma ese puñal que tienes en la cinta y mátame luego con él.

Ni Cortés, ni Díaz del Castillo hablaban náhuatl ni Cuauhtémoc, castellano, esta interacción se dio, sin duda, mediada por Malintzin —la joven que fue de tanta ayuda para los españoles en la comunicación desde que la recibieron como regalo tras la batalla de Centla—. La incomprensión se dio también en el sentido, Cuauhtémoc no solo pedía ser ejecutado sino sacrificado, como correspondía a cualquier prisionero en la guerra, que el cuchillo del sacrificador abriese su pecho. Le aguardaba un destino peor y una muerte indigna, en el pensamiento del mundo náhuatl morir ahorcado era lo opuesto que el tonali —el calor de la vida—, se desperdiciaba y no alimentaba a ninguna divinidad.

Cortés torturó a Cuauhtémoc para averiguar donde había quedado el oro que él y sus huestes vieron en la ciudad cuando arribaron en noviembre de 1519. Lo mantuvo al mando de Tenochtitlan, pero bajo su autoridad, y cuando se encaminó a Guatemala y a las Hibueras, lo llevó consigo por temor a que organizara una rebelión contra él y el resto de los españoles. Mientras viajaban, se le acusó de preparar una rebelión y se le hizo un juicio, no es claro si ese conato rebelde ocurrió o no —lo más probable es que no, los indígenas que acompañaban la expedición estaban tan cansados y debilitados como los españoles, sino es que más porque todo el esfuerzo físico recaía en ellos— puesto que las pruebas presentadas en su contra fueron meros dichos y ninguno claro. Del mismo modo en el que no sabemos en que año nació, no sabemos en que lugar fue ejecutado el 28 de febrero de 1525 —en el siglo XX se dieron una serie de pesquisas que argüían haber dado con sus restos—. 

Su muerte pesó en su memoria, se le vio como un rebelde. Su figura no fue muy recordada durante el periodo virreinal, ni siquiera en los primeros años de vida independiente, pero a partir del porfiriato —la estatua y la glorieta dedicada a él sobre Paseo de Reforma, casi en esquina con Insurgentes, fue erigida en la conmemoración del centenario de la Independencia en 1910— su figura comenzó a ser considerada entre los héroes patrios, proceso que se consolidó en el México postrevolucionario. Cuauhtémoc fue visto como la figura que se atrevió a enfrentarse a los españoles y que resistió su avance hasta que lo derrotaron. 

A diferencia de Moctezuma y sus acciones ambivalentes —permitir que los españoles y sus aliados entraran a Tenochtitlan—, Cuauhtémoc luchó y fue fácil para el proyecto nacional que se conformaba después de la Revolución elevarlo al panteón patrio, hacerlo uno de los individuos que permitieron la formación de la nación. Un “joven abuelo”, como lo llamó López Velarde, cuya distancia temporal y trágica vida permitían hacerlo propio sin preocuparse por contradicciones —como podía ocurrir con el cercano Francisco I. Madero u otros héroes revolucionarios— y era, en ese sentido, el opuesto de otra figura que entró a la historia como la encarnación de la traición: la Malinche —papel que desmiente Camilla Townsend en Malintzin, donde reivindica la historia de una joven que tuvo una vida difícil, reducida a la esclavitud, y de la que aprendió a sobrevivir, por ello terminó convirtiéndose en la traductora de Cortés—. Cuauhtémoc en náhuatl es “el que desciende como un águila” y era una forma de metaforizar al sol poniente, un águila que desciende contra su presa; sin embargo, dada su propia vida, se ha traducido como águila que cae. 

Cuauhtémoc encarnó al hombre que tiene que aceptar las difíciles condiciones que se le imponen y luchar por él y su gente, de ahí que no solo el régimen postrevolucionario lo reclamara para sí, sino que la gente común lo hiciera. Así, los otrora peones de las haciendas porfirianas y que se habían unido a la bola para luchar contra el mal gobierno y mejorar las condiciones en las que vivían, al volver de la de la Revolución y fundar su ejido en la llanura chihuahuense decidieron nombrarlo Cuauhtémoc.