Waldo Leyva nació en Remates de Ariosa, Cuba, en 1943. Además de
su labor como poeta, es pintor.
Fundo y dirigió las revistas Letras Cubanas y Del Caribe. Sus poemas han sido traducidos al inglés, ruso, alemán, francés, italiano, portugués, rumano, húngaro, serbocroata, búlgaro, polaco y árabe. Ha ejercido la docencia universitaria como profesor de Estética y de Literatura Cubana e Hispanoamericana.
Entre algunos de sus libros de poesía están De la ciudad y sus héroes (Premio de poesía, Editorial Arte y Literatura, Cuba, 1976); Desde el este de Angola ( Angola, edición bilingüe –portugués-español, 1976); Con mucha piel de gente (Ediciones Unión, Cuba, 1982); La distancia y el tiempo (antología poética, Ediciones Unión, 2003 y Ediciones Verdehalago, México, 2006); Agradezco la noche (Ediciones Cálamus, México, 2005); Remoto adagio (Ediciones Unión, La Habana, 2008); Asonancia del tiempo (Fundación José Manuel Lara, Ediciones Vandalia, Sevilla, España, 2009); Los signos del comienzo (Monte Avila Editores, Caracas, 2009; El rumbo de los días por el cual obtuvo el X Premio Casa de América de Poesía Americana en 2010.
Este miércoles 2 de octubre se inaugura la exposición pictórica El rumbo de los días, donde Leyva desarrolla y presenta su otra faceta como creador.
La cita es en la Galería Fayad Jamis, de la Embajada de la República de Cuba.
Dirección: Presidente Masaryk #554, col. Polanco, Delg. Miguel Hidalgo,
México, D. F.
En el blog de La Cifra Editorial, Carlos González Muñiz nos comparte nueve fórmulas para llevar a pique cualquier proyecto cultural:
1. Creer que nuestra maestría en humanidades basta para entender de finanzas. Lamentablemente es falsa la idea de que aprendimos a aprender sobre cualquier tema cuando nos enseñaron análisis del discurso o cuando comprendimos la lógica del capitalismo después de leer a Rius. Hay que decirlo pronto: si quieres que tu empresa cultural se vaya al agujero de las aspiraciones, piensa que puedes diseñar un esquema de negocios porque sabes cómo diseñar un soneto endecasílabo. Hay una lógica en todo aquello de la plata, la inversión, los activos y los pasivos y cosas de las que no sólo nos enseñaron a desconfiar como expresiones brutales de un sistema explotador, sino que a menudo tenemos la mala costumbre de asumir como algo que cualquiera puede hacer. Pero la verdad es que no, que siempre habrá gente que sabe pensar estos asuntos mejor que uno. La recomendación: encontrar a alguien que sepa, alguien que pueda explicar, alguien que le de robustez a nuestras decisiones financieras. Porque sí. Una empresa cultural maneja dinero, aunque no nos guste o no nos importe o lo odiemos con toda nuestra alma. No hay que persistir en la consabida actitud del intelectual que no pregunta lo que no sabe, porque nunca acepta que no sabe.
[…] El tiempo rueda despacio, mi querida María, tan despacio que parece que no se mueve. Nadie me escribe y me siento como habitante de un lejano planeta.
Como mi juicio fue casi secreto y no hubo personas interesadas en informar a mis amigos de su curso, nadie sabe donde estoy ¡Así es la vida! Cuando estaba yo libre toda persona necesitada acudía a mí en busca de ayuda y tuve que sacrificarlo todo, trabajar a muerte, pelear contra mi propia gente, exponer mi libertad, para complacer las demandas de ayuda, y ahora que estoy atribulado nadie se acuerda de mí. Así ha sido siempre. El egoísmo es un veneno que permanece en la profundidad de nuestros huesos. Es el resultado natural de siglos y siglos de educación individualista y de entrenamiento de las masas en ese sentido. El instinto humano, primordial, de cooperación y ayuda mutua, ha ido suprimido por la educación individualista […]
Ricardo Flores Magón. Fragmento de una carta a María Brousse Talavera fechada el 20 de diciembre de 1920, en la prisión de Leavenworth, Kansas, Estados Unidos.
Desde el encierro, Ricardo Flores Magón describió cómo se ve el mundo cuando se está solo y tras las rejas. Esta separación física implica por fuerza levantar también muros sobre la imaginación. La penumbra del presidio configura un punto de vista único: el de quien ve pasar la vida frente a sí cuando le está vedada. En la poesía estos límites han determinado las coordenadas literarias y biográficas de muchos autores.
¿Hasta dónde el encierro es sólo una anécdota biográfica o la fuente de una poética? En la tradición iberoamericana puede hallarse la traza de una escritura carcelaria, que se remonta a sus primeros ejemplos.
La evocación del mundo profano en el Libro de buen amor, la cátedra suspendida de Fray Luis, el mar aún inexistente de César Vallejo, el niño perdido de Miguel Hernández, la patria que espera por Martí, el retorno de los vencidos de Cervantes, la justa herejía de San Juan de la Cruz, el hábito tendido de Lope, la última canción del condenado García Lorca y la resignación enfermiza de Leopoldo María Panero dan muestra de una posición ante la vida que se vuelve al mismo tiempo destino y literatura.
¿Cómo se concibe el mundo allá afuera y cómo se reconstruye en la lírica? Quizá los aciertos habitan en la urgencia de los días. La necesidad del testimonio y el después. Ver pasar por las rendijas el correr del tiempo cuando lo único tangible son los versos o las notas que se escriben.
Pienso en Flores Magón adivinando el eco de los pasos amigos allá afuera antes del final. La potencia de levantar la imagen de mundo cuando lo único que se conserva está en la memoria, porque la cárcel te tiene prohibido idear acerca de los avances en las ciudades, en la familia, en el trabajo, en las ganancias y las pérdidas. El mundo es adentro, porque afuera sólo permanece el día detenido, «Decíamos ayer…» según cuentan mencionó Fray Luis de León.
La serie de entregas esporádicas que formará parte de este blog, denominada “En capilla” dará cuenta del material poético escrito o comprendido en el universo de lo cautivo, revisitando la obra de estos poetas en busca de esa necesidad vital de mantener o regalarles un futuro.
No hay verdad más cierta que aquella dicha por el etnólogo malí, Amadou Hampaté Ba, cuando se refería al conocimiento oral que nunca fue documentado: Cuando un hombre muere, una biblioteca arde, pero ¿qué pasa cuando lo que muere es un teatro? ¿Adónde van las anécdotas, la vida misma fuera y dentro de la escena? ¿Los aplausos? ¿Quién levantará la mano para decir aquí pasó?
El 24 de septiembre del presente año, algunos medios de comunicación, publicaron una pequeña nota en su sección “Ciudad” en dónde narraban una trifulca ocurrida en la madrugada, entre vecinos de la colonia Reforma Social por un predio denominado “Parque Reforma Social” que se encuentra en controversia legal desde 2009. La nota también señalaba que alrededor de 200 hombres quisieron instalar bardas y que los lugareños trataron de impedirlo. El resultado, una confrontación que acabo alrededor de la una de la mañana.
Lo que ninguna nota narró, es que en dicho parque se encontraba la carpa itinerante de la Compañía de Teatro Carretera 45, una de las compañías más comprometidas que existe en el país, preocupada siempre por acercar el teatro al público que difícilmente tiene acceso a él y que llevaba poco más de un mes, dando funciones en esa colonia.
La carpa fue saqueada, quemada y reducida a un montón de fierros retorcidos.
Indignación y tristeza fue el común denominador entre los teatreros al saber la noticia. Indignación ante la total indiferencia de los medios por no “cubrir” el otro lado de la moneda y tristeza porque todos y cada uno de ellos, sabe lo que cuesta hacerse de un espacio, abrir puertas y llevar a la gente un espectáculo.
Ese 24, Antonio Zuñiga, dramaturgo, actor, director y fundador de Carretera 45, llegó a la carpa a recoger algunas cosas para la función del día y lo único que encontró, fueron los escombros y una parte fundamental de la historia de su teatro, convertida en cenizas.
Días después de lo acontecido, me di a la tarea de platicar con él y por qué no, hacer un intento por recuperar a través de los recuerdos, algo de lo perdido aquella noche.
Antonio, cuéntanos un poco de dónde surge la idea de una carpa itinerante:
-En el 2003, con el programa de Teatro Escolar en los estados. Estaba yo pasando una temporada con mi hermano en la sierra, en el pueblo de Sisoguichi. Me sentaba en las tardes, en la puerta de su casa para la resolana. Todos los días, a las seis, veía pasar a la gente del pueblo dirigiéndose a la telesecundaria. Iba prácticamente la mayoría. Entonces, le pregunté a mi hermano que si sabía para dónde caminaban. Al cine, me contestó. ¿Hay un cine? No. Es un cine itinerante que trae películas. Como en Cinema Paradiso, le dije. Pues sí. Pero aquí todavía está más ranchero. ¿Cómo? Pues, me dijo, aquí, el cine viene una vez, durante un mes al año, con una misma película. Y además, a veces trae la película del año anterior, así que suele pasar, que la gente va todo el mes a ver la misma película y muchas veces ve la película que ya observó el año pasado. Por lo que, como te puedes imaginar, la gente ya se la sabe.
Y remató diciendo
-Lo padre, no es ir a ver la película, sino ver a la gente que como público, al saberse la película, repite todos sus parlamentos. Aparte de la curiosidad inmensa que me dio el relato de mi hermano, pensé que si una película provocaba esa magia en la gente ¿qué les provocaría una obra de teatro? Entonces, se me ocurrió lo de la carpa y la posibilidad de llevarla a las regiones más apartadas de la sierra tarahumara, pero no sólo eso, no quería que fuera precisamente una carpa, sino que fuera un teatro rodante, con toda la técnica de una teatro: tramoya, telones, proyector, etcétera. Y además, quería que la carpa llevara una obra que la gente sintiera cercana, propia. Por eso escribí Una una de Pinole, obra basada en leyendas tarahumaras. La carpa fue a toda la sierra, y se presentó con esta obra, dando cien funciones en el estado de Chihuahua.
¿Cómo se dio el crecimiento de la carpa itinerante a lo largo de diez años? ¿Cuál fue su trayectoria?
–La carpa se presentó en la Sierra de Chihuahua, en Michoacán, en Guanajuato… Se presentó en dos muestras nacionales: Morelia y Pachuca; en un Festival Internacional Cervantino, en los patios del Centro Cultural del Bosque (CCB), en los pasillos del Bosque de Chapultepec, para el público paseante; en la delegación Miguel Hidalgo, en el Centro Deportivo Plan Sexenal; en esa carpa se estrenó Pancho Villa y los niños de la bola. Esta última, también se presentó en la Muestra Nacional de Teatro de Pachuca donde terminó dando más de 300 funciones.
Esta carpa, fue la base, por lo menos su infraestructura, para la fundación de lo que es ahora, Carretera 45 Teatro pues cuando ya decidimos asentarnos como grupo en la Colonia Obrera, decidimos utilizar el equipo de la carpa para equipar, lo que ahora es el teatro. En estos meses, yo había vuelto a equipar la carpa para las funciones de Teatro útil y temporada de Carretera 45 en la delegación Miguel Hidalgo.
¿Tienes alguna anécdota en particular que recuerdes con cariño?
–¡Tengo muchas! Pero si debo escoger una chistosa, por así decirlo, creo que fue en la gira por Chihuahua, cuando la carpa llegó a presentar la obra Pancho Villa y los niños de la bola. Yo soy de allí, así que obviamente mi familia fue a ver la obra. Mi tío Francisco, días antes de que estuviéramos allí, me interrogó: ¿cuando vienen? ¿Cómo se van a hospedar? ¿Dónde? ¿Quiénes vienen? Éste y éste otro y ésta otra, le contesté. Entonces, él, con premura, me dijo ¿viene Rodolfo? (Rodolfo, era el director de esa obra). No, no va a ir Rodolfo. Mi tío incrédulo, me imputó ¿no viene el director de la obra? No. Y luego le expliqué que Rodolfo no podía ir porque tenía un compromiso. Entonces, él con seriedad, volvió a preguntar ¿no viene el director de la obra? No, le dije. Mi tío ahora realmente preocupado, terminó su conversación diciendo… ¿Entonces, cómo va a dirigir la obra si no está?
Tras lo acontecido ¿qué les han comentado las autoridades?
–La cosa estuvo así. Yo hice un trato con la dirección de la delegación Miguel Hidalgo, con Juan Carlos Bonet, precisamente, pues ya había trabajado con él, durante tres años para la delegación dando funciones en la carpa, para las colonias. Entonces, le dije a Bonet, que este año, quería que fuera especial. Le propuse que me comprara un número de funciones, que yo iba a equipar la carpa de nuevo y que de esa manera, la carpa se quedaría en la delegación para que ésta la usara siempre, pero que tal vez yo, por la carga de trabajo que tengo en Carretera 45 ya no podría manejarla. A Bonet le pareció buena idea, pues la carpa le iba a servir para, además de llevar teatro, también llevar algunas otras actividades a las colonias populares. Entonces hicimos ese trato firmado. Yo daría cincuenta funciones pagadas y al final les dejaría la carpa. Al momento de que la carpa fue destruida, yo llevaba la mitad de esas funciones. Bonet me dijo que el trato seguía. Lo cierto entonces es que, quién perdió la carpa, no fuimos nosotros, sino los habitantes de las colonias populares de la delegación, pues a ellos iba a servir.
¿Alguna persona se ha acercado a darte explicaciones?
–En cuanto a las explicaciones, hay varias. Los vecinos tienen las suya, hay otras que se desprenden de lo que yo mismo analizo de la situación, pues estuve un mes ahí dando funciones y conociendo a los lugareños. Pero ninguna explicación es entendible cuando se mira el hecho concreto. Lo que yo no puedo entender —así me traten de explicar— es cómo hemos llegado a dejar que se cometa una acción así contra un bien cultural; un instrumento artístico. Lo que no cabe en mi cabeza es ser testigo de un acto tan cruel y tan horrendo. Un teatro como ese, no tenía más que nobleza para la gente. Es decir no hacía otra cosa más que llevar algo de agua a donde no lo había. Y aún así, se le destruye. Por las causas que sean, se le hace víctima de la rapiña. La pregunta entonces es: ¿a dónde hemos llegado como sociedad, cómo humanos? ¿Mañana o pasado vamos a quemar bibliotecas, o vamos a quemar escuelas o templos? No entiendo. Eso es lo que más dolor me produce. Los vecinos se han acercado a mí para darme una explicación, ellos culpan a las autoridades y las autoridades seguro tienen otra diferente. Incluso me mandaron a levantar una denuncia y la firmaron conmigo, pero eso no responde la pregunta fundamental, la que me pueda decir por qué ya hemos llegado a la desfachatada condición depredadora y miserable del pobre que se come al pobre.
¿Qué va a pasar ahora? ¿Hay planes para el futuro con la carpa?
–La delegación va a recoger lo que quedó. Y la indicación es que, a futuro, se reponga; se vista de nuevo la carpa y se lleve a otras colonias, incluso a la misma colonia en que ahora estuvo. La gente, además, lo sigue necesitando y nosotros como artistas no debemos transigir. También lo necesitamos porque un acto así en lo único que debe servir es para acicate. Para insistir una y mil veces más. Ojalá y la carpa se levante de sus cenizas, pero si no lo hace, seguro el teatro encontrará los medios y las formas. El teatro finalmente tiene más vidas que un gato.
Marco Antonio de la Parra, pilar de la dramaturgia chilena, afirma que cuando alguien se dedica al “oficio de las tablas” es porque le duele el alma; si partimos de esa premisa, entonces podemos asegurar que el teatro es la casa dónde hombres y mujeres deambulan, conviven y cantan a la vida a través de su dolor.
Nos duele el alma, es cierto, pero parafraseando a Müller, nos levantamos todos los días, arrojamos al reloj que fue nuestro corazón fuera de nuestro pecho y salimos a la calle vestidos con nuestra propia sangre. Hacemos teatro y lo hacemos en cualquier lugar que se preste para ello, nuestra casa es el mundo.
Habitamos calles, casas, departamentos; adecuamos espacios, los “intervenimos” y el mundo es un teatro.
Este blog es un álbum fotográfico de nuestro hogar.
El día 30 de agosto recibí el más reciente chapbook realizado por la poeta Jen Hofer. Comienzo esta nota subrayando que para recibir algo vía postal en esta ciudad, tengo que recurrir a la palabra “milagro”. La caótica numeración de las calles es un factor que impide la otrora fluidez —a la que en otra ciudad estaba acostumbrada— del servicio postal. Curiosamente, los recibos de agua, luz y cable, puntuales, llegan mensualmente sin excepción.
Por lo tanto, desde la última vez que aún con notificación de por medio, el envío de unos libros desde la Ciudad de México jamás llegaron, he tenido que optar por pedir el favor, —a algún amigo o amiga con residencia en San Diego— la gentileza de permitirme usar su dirección para recibir envíos postales. Y bien, esa es la manera transfronteriza de la que echo mano, para recibir la correspondencia. Por ello, la recepción en sí misma, se convierte en un acto celebratorio, para empezar.
II
Recibí, dentro del mismo paquete una carta de la editorial Little Red Lives Textile Series, donde especifican lo siguiente: “If this book intrigues, delights or angers you; we hope that you’ll write about it.” Heme aquí pues, tratando de transcribir las ideas y emociones que me provocó este pequeño libro desde hace un mes y que tenía pendiente.
He de decir también, que este es un libro que tuve la fortuna de conocer de manera visual, por vez primera, en el festival Enclave, febrero de 2012, dentro de las actividades del Palacio de Minería. Desde aquella ocasión, los poemas en Front Page News de Jen Hofer dejaron huella indeleble, coincidente y referencial.
III
Un chapbook corresponde en español a “libro de bolsillo” por sus medidas específicamente, pero el chapbook es una mezcla entre “plaquette” y “libro-objeto” dadas sus características estéticas y artesanales. En el caso de Front Page News, el cuidado desmedido de la edición y la delicadeza de su manufactura son más que notables: impecables. Esa fue la impresión que tuve al verlo y tocarlo por primera vez.
Jen Hofer elaboró, construyó y reescribió una serie de poemas a partir de las noticias de la primera página del periódico Los Angeles, diario de la misma ciudad donde ella vive y trabaja. Recuerdo que ella comentó que parte de la construcción de este libro consideraba también los periódicos del día, en las ciudades en que ella podría despertar. Específicamente en este libro, entre el 23 de abril y el día siete de mayo de 2011, la poeta, escudriñó en las notas periodísticas para a su vez, reescribir.
En esta serie encontramos quince poemas con los siguientes títulos: “shadow”, “home”, “predators”, “prision”, “borders”, “persistence”, “battlefield”, “security”, “diplomacy”, “kills”, “deads”, “necessity”, “pact”, “walls”, y “action”. Todos ellos fueron manufacturados de la siguiente manera: Sobre una hoja verde cuadriculada –como las que se usan para llenar datos contables–, la poeta colocó el cabezal del periódico incluyendo la fecha de cada página. Debajo del cabezal situó las palabras recortadas del periódico, sin separarlas, respetando entre ellas los espacios en blanco del papel, que de alguna manera funcionan como guías visuales entre una palabra y otra. Además de cortar, reordenar y reeditar, la técnica del cut-up permite en este libro una nueva lectura al receptor, una nueva noticia a través de los textos reordenados.
¿Cuál es el resultado? Un libro delicadamente reescrito, una serie de poemas puntuales, un puñado de noticias nuevas que con palabras recortadas, permiten leer la violencia en cada corte, cada tajo. He comprobado también que los poemas encontrados entre los periódicos suelen ser sanguinarios, aguerridos, tristemente mutilados. Atrapar el poema entre sus nervaduras, a partir de su origen periodístico, permite desde el comienzo observar que no hay muchas posibilidades para decantar el sentido del texto. Al mismo tiempo existen todas.
IV
Me tomé la libertad de hacer la traducción de uno de los poemas. Lo presento abajo del poema original:
Poema de Jen Hofer
Traducción de Amaranta Caballero
IV
Finalmente, luego de la lectura y el goce de tocar el libro, encuentro un contraste bastante conmovedor: el poema en su verde y natural sencillez, abarca una serie de conceptos que nos hablan del desastre humano en que nos hemos convertido: “prisión”, “borders”, “kills”, etcétera. Una secuencia inacabada como inaudita.
Tocar la tela de este libro, que también es una reproducción de la edición facsimilar, nos deja saber desde el inicio que este chapbook, va más allá de una sola frecuencia. Es un libro que finalmente intriga, deleita y enoja en cada una de sus múltiples posibilidades.
Front Page News de Jen Hofer / Fotografía de Amaranta Caballero
V
Jen Hofer es poeta, traductora, intérprete de justicia social, maestra, editora, y ciclista urbana. Ha fundado, con John Pluecker, el proyecto “Antena”. Premios, reconocimientos y publicaciones de diferente naturaleza siguen alrededor de ella, ya sea como pájaros o a veces como gatos. Su Front Page News fue editado por Little Red Leaves textile series, en Houston Texas, este año.
Hay signos que hacen pensar que la cinematografía mexicana marcha cada vez mejor. Así lo indica, por ejemplo, el aumento en el número de películas que cada año se estrena en nuestro país: sesenta y nueve en el 2010; ciento once en el 2011; ciento doce en el 2012. (Según las cifras establecidas por el Instituto Mexicano de Cine en sus anuarios correspondientes a los años mencionados). Y así lo permite suponer el creciente aprecio internacional por una buena parte de tales cintas —cuarenta y dos de entre las producidas el año pasado destacaron en festivales internacionales realizados en Europa, Asia, América Latina y los vecinos países de Norteamérica.
La que recibió el mayor número de reconocimientos en el extranjero (ocho) fue Fecha de caducidad, de Kenya Márquez, premiada en España, Estados Unidos, Italia, Canadá, Rusia y Brasil. Pero hubo otras que, si bien obtuvieron menos galardones, cosecharon algunos muy importantes, como Post Tenebras Lux, de Carlos Reygadas, que mereció el Premio al Mejor Director en el Festival de Cine de Cannes, o Después de Lucía, de Michel Franco, a la que se concedió el Premio a la Mejor Película en la sección Un certain regard (un estímulo al talento joven que garantiza la distribución de la película en toda Francia) y una Mención Especial en la sección Horizontes Latinos del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, 2012.
Y no olvidemos que en nuestro país también existen foros de gran resonancia, como el Festival Internacional de Cine de Morelia, el más importante —muchos críticos y cineastas así lo creen— de los casi ochenta que anualmente tienen lugar en México. La película premiada el año pasado en ese festival fue No quiero dormir sola, de Natalia Beristáin, una ex alumna del Centro de Capacitación Cinematográfica, al igual que Kenya Márquez.
Con tantos reconocimientos de por medio, ¿por qué no hay en cartelera más películas mexicanas? La pregunta es meramente retórica, pues sabemos que casi el noventa por ciento de la taquilla se la llevan las películas norteamericanas, que cuentan con un gran aparato de distribución, y que el tiempo de exhibición de una película mexicana es siempre limitado. Frente a esa realidad, ¿qué significa hacer cine en Mexico? Tierra Adentro convocó a Kenya Márquez, Natalia Beristáin y Michel Franco para conversar acerca de ello, bajo la moderación de la crítica de cine Fernanda Solórzano. El diálogo se realizó en las instalaciones del Museo del Estanquillo el martes 23 de julio.
I. La relación de los cineastas mexicanos con el público y las distintas etiquetas del trabajo fílmico
II. La difusión y la presencia en festivales del cine nacional
III. La distribución y exhibición de películas nacionales
Nacido en la ciudad de México en 1979. Su trabajo dio inicio con la realización de cortometrajes. En 2001, presentó el trabajo titulado Cuando sea grande, el cual se estrenó en quinientas salas de cine de todo México. En 2003, su filme Entre dos, obtuvo el Gran Premio del Festival de Huesca; además recibió el premio al Mejor Cortometraje en el Festival de Desde. A la par de ese trabajo, Michel Franco produjo comerciales y videos con su compañía de producción Pop Films. En el año 2009 estrenó su primer largometraje, Daniel y Ana, por este trabajo fue seleccionado en la Quincena de Realizadores de Cannes; posteriormente esta película participó en múltiples festivales internacionales y fue distribuida en España, Francia, Estados Unidos y México. El guión de su segundo largometraje, llamado Después de Lucía, se desarrolló con el apoyo de la Cinefondation de Canne en la Résidence de esta misma; esta cinta fue ganadora de la sección “Un Certain Regard” (“Una cierta mirada”), en el Festival de Cannes del 2012.
Nació en la ciudad de México, en 1971. Es crítica de cine, ensayista y editora. Estudió la carrera de Literatura Latinoamericana en la Universidad Iberoamericana. De 1995 a 1999 fue subdirectora editorial de la revista Viceversa. De 1996 a 2001 fue la columnista titular de crítica de cine de los suplementos “Sábado” del periódico Unomásuno, de la revista Cambio, y del suplemento “Confabulario” del periódico El Universal. Eventualmente colaboró en las revistas Dicine, Viceversa, Saber ver, Paréntesis, Etcétera, El polemista y La Tempestad; también en el suplemento “El Ángel” del periódico Reforma, en “La Jornada Semanal” de La Jornada, y en “Laberinto”, de Milenio. Del año 2000 a 2002 fue jefa de información del semanario “Día Siete”, del periódico El Universal. También trabajó como coeditora de la revista Letras Libres durante 2002 hasta 2005. En ese mismo año obtuvo la beca Jóvenes Creadores del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes en la categoría de ensayo.
En radio, ha sido colaboradora de los programas de radio “The Ticket” y “On Screen” de la cadena brítánica BBC, y, en televisión, ha conducido los programas de televisión “Filmoteca 40”, “Confabulario” y “El Foco” para Proyecto 40, y “Encuadre” y “Entrelíneas” para Canal 22.
En 2007 fue jurado del Short Shorts Film Festival México y del Festival Internacional de Cine de Morelia (sección cortometraje).
Nació en Guadalajara en 1972. Se graduó del Programa de Guión Cinematográfico del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC). Directora del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG) entre 2002 y 2005. El guión de su ópera prima, Fecha de caducidad, el cual recibió un premio en el Festival Internacional de Gotemburgo y Premio del Público en el noveno Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM).
(Ciudad de México, 1981). Egresada del Centro de Capacitación Cinematográfica, donde se especializó en realización. Profesionalmente, ha trabajado como directora de casting, asistente de dirección y script en largometrajes, cortos y comerciales. Pentimetro y Peces plátano son dos de sus largometrajes. No quiero dormir sola es su primer largometraje, el cual fue galardonado como Mejor Largometraje Mexicano en el Festival Internacional de Cine de Morelia 2012.