Tierra Adentro

En este número de Tierra Adentro conversamos sobre literatura infantil, para argumentar que quizá el adjetivo “infantil” sale sobrando. Rendimos homenaje a la labor editorial de la Universidad Veracruzana y a La palabra y el hombre. Carlos Velázquez escribe poesía desde Torreón, Matías Moscardi, desde Buenos Aires y Ander Monson, desde Michigan. Alejandro Badillo nos tiende una emboscada. Eso y el espectacular arte de humo, cera y miel de Sabino Guisu, en Tierra Adentro 185.

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
Yo también maté a Franco, de Luis Ángel Martínez Diez. Fotografía de Eugenia Montalván.

Durango, Dgo. 31 de octubre de 2013. La naturaleza humana es el tema esencial de la antropología. Mucha gente no lo sabe, y comúnmente confunde esta disciplina con la arqueología; por eso muy a menudo tengo que explicar la diferencia. Los antropólogos observamos a la gente que hace cosas; estamos llamados a investigar su vida y escribir sobre ella. Me gusta ser antropóloga.

Anoche supe que un camarada de mi grupo Barrio en Bikas leyó la actualización de mi blog de la semana pasada. Cuando terminamos la rodada de los miércoles, después de tomarnos la foto del grupo frente al Teatro Ricardo Castro, se me acercó con una sonrisa bien dibujadita: él fue quien dijo “Ahí te hablan” cuando vio pasar al chico aquel en short de licra frente al Parque de San Antonio, mientras esperábamos que desponcharan la bici de una de nuestras compañeritas. De la entrevista con Karina I, la reina de belleza gay, no quiso hablar. Me gusta ser parte del colectivo Barrio en Bikas.

Y aquí empieza mi argumento: ser antropóloga y ser “Barrio” en una ciudad “nueva”, a mis 43 años, me tiene fascinada. Quiero aclararme eso hoy. Ayer, hablando con una de mis hermanas, evalué los pro y contra de haber decidido venir a vivir aquí. Lógico, estoy convencida de que fue muy buena decisión ante todo por los nuevos amigos que tengo: ¡una joya!, como diría mi querido O. Y, puede que al rato me echen en cara que me dejé llevar por la soledad o que no sé escoger, pero ni modo, hoy confieso que Luis Ángel Martínez Diez me acaba de dedicar una novela suya con una frase que yo también podría decir de él: “uno la quiere para amiga para toda la vida”.

Este hombre es todo un personaje de la cultura en Durango, una figura pública en todo el sentido de la palabra, un verdadero rompe olas donde no hay mar; un agitador cuando se habla de literatura, un pasajero incómodo cuando trata de guiar al taxista, un señor de su casa, un promiscuo presumido, un poeta/surfista, un predicador enfadoso, un insomne solitario; un renegado de la burocracia, un aprovechado con cara de buena persona. En fin, un versificador, novelista, cantante, ex director del Instituto de Cultura de Durango (en dos ocasiones), asesor de partidos políticos, ideólogo de causas justas, un personaje perverso en la segunda acepción de la Real Academia Española, “por corromper las costumbres y el orden y estado habitual de las cosas”; muy dado a la cantada y al verbo seductor.

Un teatrista me anticipó: cuando fue director del IMAC (Instituto Municipal de Arte y Cultura): ¡despachaba desde su casa! Una vecina: ¡ya lo vas a conocer, espérate! Total, un día me llamó y acudí a la cita impulsada por la curiosidad: ¡no sabía que el personaje que conocería era el famoso “Churumbel”! Ya lo dije, tiene cara de buena persona y lógicamente acepté visitarlo en su casa. Yo suponía que era escritor, pero ni por aquí me pasaba su historia: Luis Ángel fue distinguido como finalista del Premio Internacional de Novela Nadal (¡Barcelona!). Y Carmen Ballcels, -comenta- lo intentó seducir, pero el muy tonto no se dejó. ¿Qué hubiera sido su vida?

Luis Ángel Martínez Diez. Fotografía de Eugenia Montalván.

Luis Ángel Martínez Diez. Fotografía de Eugenia Montalván.

La dichosa novela se lee de un jalón: “El Cigala la leyó en un viaje de avión”. Yo, en el patio de mi casa. El título es extraordinario: Yo también maté a Franco, y prácticamente todo lo que narra es verdad, ¡esa es la magia!

La guardia civil española le confiscó sus cuadernos y fue a dar a la cárcel. Estuvo preso un año en Carabachel, Madrid gracias a la compasión que logró su abogado defensor, quien argumentó a favor del detenido que era muy joven y que podían echarlo para México. Aquí  las causas por las que estaba preso no eran delito: propaganda ilegal, principalmente. La petición fiscal de su condena eran 20 años, bajó a 12, después a dos, y finalmente al año a su casa.

Entonces, digo, si alguien detesta a Luis Ángel, ¡que lo lea!

“Estamos cansados de usted mejicano. Por todas partes se oye su voz. Lo hemos observado y no tenemos duda: es usted un completo hijo de puta. ¿Me entiende?… Sí señor. Un completo hijo de puta. Sí señor. No vamos a tolerar más su conducta. Estamos dispuestos a escarmentarlo. Los guardias se paseaban por la celda jugando con el bastón. Yo no movía un pelo. No me retiré de la pared ni dije más sí señor que los que eran esperados. Ya me veía molido a palos. Recordé la paliza a los de la ETA y a otros presos. La ley fuga. No sé qué más. Disimulé muy correctamente el odio del que soy capaz. Me advirtieron que la siguiente vez no habría palabras de por medio. Las galerías de los presos políticos estaban silenciosas. Subí calladito, muy serio”.

A otra de mis hermanas le conté -también a larga distancia- que saldría a bailar con este amigo: ¿Qué? ¡Se le iluminó la cara! Luis Ángel fue un ícono en los años sesenta-setenta: un intelectual querido y respetado, un ser extraordinario: confiable, simpatiquísimo, alegre… súper admirado por los que entonces soñaban con irse al D.F., a estudiar y vivir como él… en la bohemia culta. La semana pasada Luis Ángel contó en su columna del Sol de Durango cuando conoció a José Revueltas: se la pasaron cantando y pisteando hasta altas horas de la madrugada…

El título completo de Yo también maté a Franco incluye un paréntesis: “Romance anarquista”. Aquí reside la clave de su contenido: el relato autobiográfico de un inteligente y guapo joven soñador de 22 años decidido a suicidarse pero ¡lo salvó la cárcel! Ya escribió otros libros y hoy, en la sala de entrevistas de mi casa, acepta ser el invitado de honor.

Partimos del leitmotiv, y dice: “Era moralmente inaceptable que Franco (Francisco Franco. Jefe del Estado español durante la dictadura de 1939-75) estuviera vivo, sin tomar en cuenta que había tenido en la cárcel a mi madre”.

¿Cómo está eso?  

–Mi padre fue arrestado en combate porque él y mi madre son de la región por donde entró Franco a España: León, que queda debajo de Galicia. Franco se vino de Marruecos a Galicia, su tierra; mis padres, campesinos, defendieron al gobierno, a la República, y su región fue de las primeras que cayeron. Mi madre fue detenida porque les llevaba comida.

¿Cuánto tiempo estuvo presa tu madre?

–Tres o cuatro años, y mi padre unos cinco o seis. Salió en una de las primeras amnistías que hubo.

Luis Ángel nació en Durango, Durango en 1946. ¡No se le notan los años!

¿Al salir de la cárcel, tu padre se vino directo a México?

–No, había un tío aquí que mandó a su socio a España a ver a su hermano, y fue cuando lo encontró viviendo con piso de tierra, entonces le dice que se lo traiga, inmediatamente, lo que en aquel tiempo se llamaba reclamar a alguien.

¿Tus padres te heredan, acaso, el desprecio o el odio a Franco?

–Para nada. Mi padre compraba el ABC, o sea el periódico franquista. Mi padre y mi madre nunca me hablaron de la guerra. Si acaso, cuando muere mi padre y yo recorro España con mi madre, ahí ella me cuenta algunas cosas, pero muy pocas. Fue un tema que dejaron enterrado. Sin embargo, mi padre estaba muy mal de salud y no aguantó. Murió a los 56 años. Ella vio que sus hijos estaban locos y decidió que lo mejor era regresar para allá. Ella decía “yo no sé leer ni escribir cómo es posible que tenga dos hijos escritores”, y aparte investigó la vida de los escritores y dijo: “¡Peligro a la vista!”. E inventó la frase: “Hay que buscar una combinación”.

Cierto, a Luis Ángel se le fue la mano en las combinaciones, y de esto se trata su novela: de las idas a París, Londres, Ciudad de México, Hollywood…  

¿Qué provoca en ti el deseo de matar a Franco?

–Yo dejé a mi mamá en España y me fui  a vivir a Londres para entrar a la Real Academia de Arte Dramático, incluso empecé a tomar clases particulares de inglés, pero entonces como resultó más caro Inglaterra que México, me puse eventualmente a trabajar, y el cambio de patrón a obrero (en Durango atendía el negocio familiar: los famosos baños públicos “El Carmen” en la calle de Urrea) fue explosivo. Eso me hizo instantáneamente revolucionario, defensor de los emigrados: griegos, italianos, árabes, españoles… A mí me daba igual de dónde fuera la gente: todos me importaban. Obviamente me hice íntimo amigo de Robin, el dueño de la agencia de empleos, ya sabían que me corrían cada semana, y luego me hice lector de Miguel de Unamuno, ¡revolucionario si los hay! Nada menos que a partir de su libro Vida de Don Quijote y Sancho. Ya en la cárcel me aprendí su poema que dice:

Oye mi ruego, tú Dios que no existes Y en tu nada recoge estas mis quejas Tú que a los pobres hombresNunca dejas sin consuelo

Y por otra parte me encuentro las obras del Che Guevara y de Fidel Castro, pero sobre todo el Che Guevara, el Santo mundial de la izquierda de los jóvenes y de las revoluciones, quien dice que el escalón más alto de la especie humana es el de revolucionario, y además él lo demostró con su vida entera, desde joven, desde que fue estudiante de medicina hasta que lo mataron por sus ideas. Pero hay algo más importante que todo eso: Nunca estuve más triste y más solo que en esos años en Europa. No sé qué me pasó. ¿Ok? Afortunadamente me ligó Helen Taylor, que me va llevando a su casa y adivina quién estaba ahí? Ava Gardner, con las que hice un trío. En el poema [La sonrisa de Ava Gardner] describo todo lo que pasó.

El poema al que se refiere Luis Ángel viene en su libro Las cartas imposibles (Durango editores, primera edición 1997/cuarta edición 2000), y copio dos versos:

Helen empezó a acariciarme las nalgas –Ava sintió que crecí dentro de ella y sonrió–

Era el año 1968, a Luis Ángel el 2 de octubre lo halló preso en España. Salió en julio de 1969.

Y continúa:

-Pero eso –el faje con las divas– no fue suficiente ni mucho menos, y en realidad yo me quería suicidar pero aprovechando el viaje mataría a Franco, para que fuera un suicidio útil y hacer justicia quitando del mapa a un criminal que, como dijimos muy bien Jean Paul Sartre y yo, no debería vivir. Yo lo iba a matar el 18 de julio de 1969 en el festejo de los 30 años del triunfo de Franco, ése iba a ser mi festejo. Ya andaba en pláticas con un militar para que me diera cuatro granadas de mano. Iba a aventar dos, acercándome al presídium: ¡Corres y las tiras! Así mataron a muchos reyes en el siglo XIX. Si estás dispuesto a morir no te pueden detener. La policía me salva la vida arrestándome y entonces en la cárcel soy feliz dedicado a la lectura con un guerrillero de la ETA dándonos un curso de historia del arte”.

¿Cómo ves esa postura tuya, radical, en perspectiva, hoy?

–Hoy lo que puedo decir es que me gustaría vivir en un monasterio, pero de preferencia con monjas, ¿ok? Para, con toda la paz del mundo, leer y escribir, como en la cárcel.

Sufriste al dejar la cárcel, eso queda claro en tu novela.

–Claro. Dejé amigos con cinco penas de muerte y condenados a 190 años. Por eso un día me metí (literalmente llegó hasta los estudios Televisa) al noticiero de Jacobo Zabludovsky a aclararle el tema, y López Dóriga me dio unos papeles amarillos para que escribiera mi declaración al respecto: Zabludovsky la leyó íntegra. La ETA no erran terroristas, sino que eran antifranquistas. El terrorista era Franco. ¡Más respeto a mi maestro de historia del arte!

Luis Ángel Martínez Diez se asume como un producto del 68, pero un poquito exagerado. Me cuenta que entonces se decía: si quieres que tu hijo se haga capitalista, mándalo a Moscú, si quieres que tu hijo se haga revolucionario mándalo a París, y él vivió en París un año.

¿Qué noticias tienes de tus compañeros de prisión?

–Regresé diez años después a España y recibí a los que salieron porque hubo una amnistía cuando la nueva Constitución del país en 1978. También recibí a Felipe González a Santiago Carrillo, y a los viejitos anarquistas. Los recibí en las calles de Barcelona. En esos días las locas, los travestis, salían a la calle vestidas de reinas.

¿Cuándo escribiste Yo también maté a Franco? ¿Cuánto tiempo había pasado de que saliste de la cárcel? Aclaro que yo tengo la segunda edición (Casa Juan Pablos/Durango editores/Sociedad de Escritores de Durango A.C., 2004).

–Siete años.

¿Has vuelto a caer preso?

–No.

Para mi querido Luis Ángel, la experiencia de la cárcel, lógicamente, ha sido definitiva: “La cárcel me salvó, me puso a reflexionar a fuerzas, y en esa magna reflexión los libros jugaron un papel importante. Lo principal es que escribí un primer libro, lo rompí porque estaba asustado, pero aparte, y más importante que eso es todo lo que pude leer, y más importante que eso, las finas personas que conocí. Eso me dejó como costumbre poder quedarme sin salir de la casa cuatro días y ni cuenta me doy, y he perdido empleos por no ir, por quedarme a leer”.

¿Qué me dices del abogado que te defendió? ¿Cuál es su nombre?

–Juan Kanett Colar, una de las más finas personas que he conocido en mi vida, maoísta católico de 23 años que me llevó una historia de la literatura universal, la primera que leí en mi vida, la Biblia y a Miguel Hernández, y lo que le iba pidiendo… Y fue quien consoló adecuadamente a mi simpatiquísima mamá cuando por fin me encontró en la cárcel de Carabanchel y fue a verme con comida sin saber que ahí comíamos como reyes porque todo el mundo nos llevaba cosas de la calle, y ella fue sin saber que por tercera o cuarta vez me tenían incomunicado, pero el abogado no le contó esa parte, sino que le dijo que no me podía ver  y que ya pronto iba a salir.

 

Luis Ángel Martínez Diez. Fotografía de Eugenia Montalván.

Luis Ángel Martínez Diez. Fotografía de Eugenia Montalván.

Rápidamente, para terminar la entrevista buscamos en Google al abogado, pero a primera vista no aparece registro suyo. Quiero conocerlo para saber más de todo aquello… de los idealistas confabulados en la transición a la democracia en la España de mi exmarido, catalán, antifranquista, obviamente. Con esta novela Joan, mi ex, va a hacerse una idea distinta de Durango, de su cultura, de su historia, y eso me interesa no porque sea él, sino porque es algo que la gente tiene que saber. Luis Ángel está dispuesto a conversar, educar y cotorrear, siempre. Yo lo observo como antropóloga, lo quiero por loco e incondicional, y puedo decir que empiezo a conocerlo gracias a sus diarios de Carabanchel. Me gusta tener un paisano como él, observarlo como antropóloga y que nos vean juntos: ¡total!


Autores
Es autora del libro Premio Casa de las Américas. 50 años – 11 entrevistas, investigación con la que se tituló como antropóloga con especialidad en lingüística y literatura por la Universidad Autónoma de Yucatán. Para 2014 prepara un libro testimonial sobre los contrastes culturales entre Yucatán y Durango, proyecto que surgió por iniciativa del programa Tierra Adentro.

Si hoy día las realidades de los Estados Unidos y África presentan diferencias inmensas, en 1989 podían impactar la vida de un niño de forma definitiva. Ahmed Gallab, nació en Sudán y dejó su país a los 5 años. Su familia sufrió de persecución política tras un golpe de estado, pidieron asilo y terminaron por instalarse en Ohio.

El músico, al que actualmente conocemos como Sinkane, relata que el mayor de los impactos que recibió al radicar en Norteamérica se remonta a la primera vez que probó una hamburguesa de Burger King y el refresco 7-Up. Narra que en ese momento se dio cuenta de que se encontraba en un entorno completamente distinto del que procedía (además del clima totalmente opuesto).

Pero aun así se adaptó rápido. Poseía habilidades natas para la rítmica y la batería. Así que comenzó formando parte de grupos de la escena indie de Columbus, entre los que se encuentran Sweetheart, Pompeii y Starcrossed. Fueron iniciativas de un Do it yourself total que le sirvieron de base para saltar al siguiente nivel e integrarse como músico de Yeasayer, Of Montreal y Born Ruffians. Aunque el empujón clave lo recibió de Dan Snaith, el hombre detrás de Caribou y otros varios alias, como el de Daphni —para sus cortes más bailables—, que hizo un remix de “Runnin”.

Para ese momento ya llevaba un tiempo asentado en Brooklyn, un lugar al que compara con Marte, dada la diversidad de culturas y sonidos que de allí emanan. Por eso fue que su disco más actual se titula Mars y que aparece con el sello DFA, creado por el líder de LCD Soundsystem, James Murphy, atento siempre a propuestas visionarias. Y es que Sinkane lleva tiempo afinando su personal concepción de lo que puede considerarse afrofuturismo.

Siendo un conocedor de muchas músicas, siempre valoró a los experimentalistas que catapultaron hacia nuevas eras el legado ancestral de África. Ahmed traza su propio viaje sideral teniendo como acompañantes a Sun Ra, George Clinton y Juan Atkins, entre otras figuras de leyenda. No encuentra obstáculos para entrecruzar épocas y estilos. Mars (2012) es un disco que contiene elementos extraídos de la electrónica primigenia de Kraftwerk, uso de vocoders al estilo de Zapp, sonidos cósmicos y mucho del merdoun sudanés, principalmente al estilo de dos de sus héroes: Aziz El Mubarak y Abdel Gadir Salim.

Es interesante destacar la perseverancia con que Gallab se ha manejado; el reconocimiento le ha venido hasta su cuarta producción. Antes comenzó la saga con Sinisterals (2007), al que siguieron Color voice (2008) y Sinkane (2009); siendo este disco en el que los ritmos motorik se encuentran con elementos africanos, curiosamente a través de un tema llamado “Apache beat”.

Para abordar Mars decidió que debía de ir más allá de su sustento rítmico y trabajar más a detalle la parte melódica y las letras. La prensa internacional le ha reconocido con unanimidad el esfuerzo por dar con una música realmente distinta. De hecho, el alucinante sencillo “Runnin” ha sido descrito como un punto de encuentro entre Curtis Mayfield y la Steve Miller Band tocando en alguna estación espacial.

No son pocos los detalles que lo diferencian, incluso su nombre proviene de un afortunada malinterpretación. Terminó por convertirse en Sinkane, cuando debió llamarse Cinqué, pues trataba de homenajear a Joseph Cinqué, que encabezó la rebelión de esclavos del barco Amistad (y que Spielberg recreara en un película de 1997).

Por otro lado, Mars también da cuenta de colaboraciones más que destacadas. En “Making time” —con mucho funk y ecos discotequeros— tiene un solo de guitarra de Twin Shadow; mientras que “Jeeper Creeper” tiene a Ira Wolf Tuton de Yeasayer en el bajo y en “Caparundi” las voces en español se deben a  Roberto Carlos Lange, quien encabeza un proyecto experimental muy en alza llamado Helado negro.

Este multi instrumentista se nutre por igual de Syd Barret y Ali Farka Touré; utiliza samplers del grupo Can en “Love Sick” y también suma las aportaciones del Ensamble africano de metales Nomo. Nada le es ajeno, el mundo le pertenece. Sabe que su ars combinatoria le permite desplazarse a su antojo, aunque es consciente de lo placentero de tirar de sus raíces y catapultarlas al futuro: “Aunque es posible que se trate de una moda pasajera, me gusta el hecho de que las personas estén abriendo sus mentes a la música africana, ya que cada vez se aceptan sonidos e instrumentos que desde occidente antes se consideraban como rarezas. Se trata de un gran hito porque la música occidental está envejeciendo muy rápidamente”.

http://www.youtube.com/watch?v=2tmiEdNt2bA


Autores
De los años sesenta tomó la inconformidad recalcitrante; de los ochenta una pasión crónica por la música; de los noventa la pasión literaria. Durante la década de los dosmil buscó la manera de hacer eclosionar todas sus filias. Explorando la poesía ha publicado: Loop traicionero (2008), Suave como el peligro (2010) y Combustión espontánea (2011). Rutas para entrar y salir del Nirvana (2012) es su primera novela. Es colaborador de las revistas Marvin, La mosca, Variopinto e Indie-rocks y los diarios Milenio Hidalgo y Reforma, entre otras publicaciones.

Julián Herbert no conoce el miedo. Lo sé porque de otro modo no habría podido escribir una novela tan doliente como Canción de tumba. Al mando de una prosa ejemplar, Herbert desmenuza el dolor con precisión médica y la sangre fría de un verdugo. Y eso no se consigue con un taller de narrativa, una beca del FONCA o dos compadres en la élite literaria. También hay que perderle respeto al miedo.

Hace tiempo, durante un jaripeo costeño saludé a un montador de toros que hacía mucho no veía. Lo reconocí cuando se apretaba las espuelas. Mientras le daba un trago a la cerveza, le pregunté ¿estás nervioso?

Tengo todo menos miedo, respondió. Segundos después moriría de una brutal embestida.

Cuando leí Canción de tumba, me vinieron a la mente las palabras del montador. Julián podrá tener defectos, virtudes, traumas, vicios o talentos, pero carece de miedo. No tiene temor a errar, a la muerte, ni a la vida.

Julián suelta su historia como las cartas de un tahúr: nos hace sospechar, motiva a adivinarle sus naipes y al final, una vez en su trampa, se destapa y nos hiela la sangre. Herbert juega con ventaja, no porque apueste demasiado, sino porque en realidad, no hay riesgo de perder. Juega como quien ya lo hubiera perdido todo.

Siempre he valorado la honestidad de un escritor. Aprecio aquellos textos que abrevan en el sudor, más que en la intelectualidad. Que provienen de la vida, no de un pulcro taller de escritura. Julián hace suyo el consejo de Rigo Tovar: la máscara de tristeza la cambia por sorpresa y nos voltea la cara con un opercot fulminante lleno de prosa sin lavar, de poesía descarnada y de recuerdos enfermos.

En Un mundo infiel (Joaquín Mórtiz, 2005) hay bosquejos de lo que sería Canción de tumba. Diviniza lo cotidiano, mancilla valores y exprime nostalgias. En unos de los capítulos, Julián describe con precisión varios sitios de la Costa Grande de Guerrero. No pocos escritores guerrerenses se preguntaron cómo es que Herbert conocía esas zonas  inexploradas por la literatura. La respuesta llegó con Canción de tumba: las conoció de primera mano. Después vendría Cocaína, manual de usuario (Almuzara, 2007), libro de cabecera para cualquier narrador. No por el tema, sino por la forma. Si en cualquiera de sus cuentos sustituyen al clorhidrato de cocaína por cualquier sustancia o emoción, las historias siguen en pie. En eso radica su grandeza. Hará cosa de dos años, en Trazos en el espejo, 15 autorretratos fugaces (Ediciones Era, 2001), leí un primer borrador de esta novela. Ahí lo llamó Mamá leucemia.

He visto a Julián Herbert dos veces en mi vida.

La primera fue en Chilpancingo, hace 10 años, cuando fue invitado a una feria del libro. Estuvo algo casi una semana en esas tierras pozoleras. Durante el día, las actividades se desarrollaban como de manera normal. Por la noche, editores, escritores, músicos y público nos encerrábamos en bar muy peculiar llamado La Máscara. Ahí las actividades nocturnas también eran de lo más común, con la pequeña diferencia de que la coca y la yerba corría por montones. La violencia del narcotráfico aún no alcanzaba la capital guerrerense, de modo que el esparcimiento psicotrópico era hermoso.

Cuando Herbert se bajó del camión, luego de más de un día de camino por tierra, lo primero que hizo fue comprar un six de cerveza. Pocos hígados aguantaron el ritmo del guerrero-coahuilense. Pocas mentes permanecieron impávidas con sus lecturas y conversaciones. Y aún más poca pluma de garza escapó de sus fosas nasales.

La segunda vez fue en Acapulco, hará cosa de 5 años en que Herbert fue invitado a un encuentro de escritores. Pese a que el clima social estaba en nuestra contra (Acapulco atravesaba una grave crisis de seguridad pública; como sigue ocurriendo), en su primer día de estancia lo llevé a comprar coca en la camioneta de un diputado. Parecía que el escenario de Chilpancingo se repetiría. Pero el destino tenía otros planes. La noche antes de su lectura, yo cenaba con Elmer Mendoza, cuando nos enteramos de la muerte de su padre. Interrumpimos la ingesta de Cuné y fuimos a la funeraria donde se velaban el cadáver de Gilberto (Membreño) Herbert. Estuvimos poco más de una hora, luego nos fuimos. Nunca vimos a Julián.

A la mañana siguiente, el recinto donde Herbert leería estaba llenísimo. Contra algunos pronósticos, Julián llegó a la cita y leyó. Es quizá la lectura de poesía más conmovedora que he presenciado. Julián soltaba palabras como mirmidón en plena batalla. Imponente, sus versos eran dagas aventadas al aire. Pese al calor y a la apretura, nadie se movió de ahí hasta que el poeta terminó.

Lo anterior no es presunción esnobista, sino enseñanza de William Blake: “la senda del exceso lleva al palacio de la sabiduría”.

En Canción de tumba, ambos hechos están inmersos en entre las tres partes en que se divide.

Varias novelas que abordan la belleza de la fragilidad humana, palidecen ante esta obra que nos llevará a ver en primera fila la muerte de Guadalupe Chávez. Nos salpicarán los humores una enferma de leucemia; bajaremos a una sección del séptimo círculo infernal, donde están los drogadictos; conoceremos la tristeza de un hombre que encontró un consuelo en la literatura.

Si eso no es suficiente, entonces resta un naipe oculto: el nivel estético de la prosa. Eso, al final, le dará el juego. Herbert consigue una fabricar una espesa purga emotiva que nos contagia, como por ósmosis, la pesadumbre. Esta melancolía no es fortuita: el protagonista habla sobre su madre y nadie nombra a la madre en vano.


Autores
Ciudad Victoria, Tamaulipas. Feo, fuerte y formal. Ha publicado Dos Caminos (UNAM, 2010), Flor de Capomo (Tierra Adentro, 2011) y Noches de yerba (Tarántula Dormida, 2011).
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Al inicio: líneas que hablaban del padre, de la orfandad autoimpuesta; de perder matrimonios, el gran amor; de olvidarse de la voz del hijo y de los tickets repetidos, en días repetidos. Lo primero que conocí de este poeta fue el rostro, años después se queda la imagen de un chico que en hojas sueltas definió lo imposible: poema.

Todo lo que se mencione, sin reflexionar, del trabajo de Jorge Posada a.k.a. Costasinmar es lugar común. La descripción de la obra valiosa de un joven poeta se resumen en: contundente, definida, conmovedora, irreverente, hilarante, caprichosa, absurda, innecesaria, innovadora, alucinante; explosiva. Adjetivos que por un lado son vacíos y por otro son obligados.

Miro esas películas con De Niro joven,y resultan más demoledoras que cualquier espejo.

Me percato de las horas desperdiciadas,de la obsesiva gordura,de la calvicia incipiente.

De Niro pasó de ser Travisa esos personajes de ocasión:policía, amante, maestro;papeles que solo requierenleer adecuadamente las líneas.

Debí hacer lo mismo:cumplir con mi obligación de pater familiay desmentir la felicidad de los otros cuerpos.

El hombre De Niro fue el primer personaje entrañable que leí de este poeta. A lo largo de su corta carrera Posada deshila aviones, cuervos en las paredes, oxígeno guardado en un búnker; la cartografía de la playa; el incesto, la saliva de los perros; la fijación con las luces (autos, farolas, ventanas; un sin fin) que lo definen como poeta de la atmósfera y aliento breve.

luego de morir padrellevas su ropa a cientos de lavanderíasdejas sus papeles en los archivos

escondes las monedas de su bolsobajo la resbaladilla

pierdes sus pertenenciasde la misma forma que olvidas el ruido de sus pulmones

Autor de un tono constante y múltiples versiones. Existe en sus textos casi una idea perfeccionista de encontrar el poema total, por ello, que a lo largo de su obra podemos leer temas y tratamientos repetidos. Dicha característica no puede decirse que sea un error. Posada es el poeta de laboratorio; de ensayo. ¿Cómo matar al padre y dar todas las pistas sin dejar rastro? ¿Cómo dibujar en una alberca la misma silueta con otro fondo musical? ¿Cómo buscar? A veces, no lo sé de cierto, imagino a este poeta rayando la misma hoja, con la misma tinta, pero descubriendo un línea completamente ajena a la anterior.

El trabajo de Costasinmar es, sin duda, rotundamente conmovedor. Irremediablemente incómodo. Un golpe de suerte para la novel poesía latinoamericana, pues en ella habitan todas las latitudes, los olores y los cuerpos dolientes. La felicidad disfrazada; el encierro de un loco, la ligera brisa del apocalipsis.

*

Aquí la entrevista que realicé a Costasinmar.

 

¿Qué es un país?

Un espacio pequeño donde se respira tierra.

¿Qué es el bien?

Una categoría del lenguaje.

¿Por qué poesía?

Por las noches que pasé despierto en una bodega. Por el sonido de algunos versos.

¿Utopía o realidad?

Heterotopía.

¿Qué es dios?

Es un terrón de azúcar en la alfombra.

¿Eres lo que planificaste ser?

No. Ahora planifico lo que seré a los 40 y espero fallar.

¿Quién y cómo es tu mejor amigo?

Es un hombre que ahora vive en Asia.

¿Qué es la izquierda y qué es la derecha?

Son una crisis.

¿Cuál es el momento de la Historia que consideras más relevante?

La muerte de mi padre.

¿Por qué las fronteras?

Porque en el principio fueron los geógrafos.

¿Fama?

¿Existe?

¿Publicar en Latinoamérica?

Sí. Respirar, comer, trabajar, coger en Latinomérica.

¿Dices soy del sur?

Vivo al sur de mi ciudad que es un lugar al norte de la Patagonia.

¿Eres libre?

No. Ahora es otra de las obligaciones sociales: ¡Sé libre! ¡Goza! ¡Diviértete!

¿Qué es una ciudad?

Es una maqueta que no terminas de recorrer.

¿Qué piensas de la relación entre poesía y política?

La poesía y la política  son lenguaje. Estructuran nuestros símbolos. Están presentes en nuestra ideología. Aún cuando el poeta o el político se desinteresen de la actividad del otro, cumplen con lo siguiente: “Ellos no saben lo que hacen, pero lo hacen”. Los poetas que se manifiestan apolíticos cumplen con una función política. Los políticos que ignoran la poesía cumplen con una función poética.

¿Cómo opera la memoria en el espacio de lo poético?

La memoria representa el otro lugar. No la utopía, no lo que fue, sino lo que imaginamos que fue. La memoria es una construcción de la imaginación.

¿Cómo es la figura de un poeta en el presente?

Me gusta creer que su figura es un invento. Como nuestra voz: mitad aire, mitad cuerpo.

¿Qué papel tiene lo poético en la vida cotidiana?

Nunca lo he medido. Creo que mientras el poeta poetea, las hormigas hormiguean, los postes de luz postean, etcétera. Es decir la poesía no cumple ningún papel especial.

¿Qué pasa con el significado en la poesía, ha cambiado su papel en el presente; es relevante?

Para mí es importante, al igual que la emoción que pueda causar un texto. Pero esto es una incertidumbre. Muchos de los poemas que más he leído no los comprendo pero me conmueven. ¿Qué significa Anábasis? ¿Dónde radica la emoción en ese poema? ¿En el ritmo? ¿En la conjunción de las palabras? ¿En los múltiples sentidos de esas palabras y lo que nos cuentan?

¿La Historia tiene cabida en la poesía? ¿Si es el caso, cómo se da esa relación?

Sí tiene cabida. No sólo en la poesía antigua. Varios de los poetas canónicos del veinte la incorporan a su corpus: Pound, Seferis. La poesía es contar y cantar. No solo es la Historia la que está en juego, sino su hermana, la historia: esa que está presente en los hechos invisibles, la que está atenta a los hombres perdidos en las ciudades.

¿Qué es el hogar?

Una caja petri donde guardamos fotografías, relaciones.

¿Qué es la amistad?

Es otra caja petri con nieve de limón y música.

¿Qué es el futuro?

Es una invención de las gitanas.

¿Eres feliz?

Durante estos días sí.

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Jorge Posada (1980). Autor de Costa sin mar (UAM, México, 2012), Adiós a Croacia (ZIndo & Gafuri, Argentina, 2012) y La belleza son los aeropuertos vacíos (Liliputienses, España, 2013). Editor de la revista Valderrama. Colabora en Punto en Línea, VozEd y Culturamás. Es miembro del colectivo Los KFGC. Tiene un blog:http://costasinmar.blogspot.com


Autores
(ciudad de México, 1984). Poeta, narradora y editora. Ha publicado en diversas revistas literarias como Casa del TiempoDédaloSíncopeEste PaísPalestraMaldoror (Uruguay); la revista digital Valderrama y el suplemento cultural Guardagujas, de la Jornada Aguascalientes. Su primera obra poética Cosas que nunca dije antes de que estallaran las bombas fue publicada en 2012 por el sello editorial catalán Foc. Fue becaria en el área de narrativa por la Fundación para las Letras Mexicanas (2009-2010).
Sabino Guisu. Smoking mirror (Detalle). Colección Behuman Gallery, EU

Sin lugar a dudas, los aficionados al cine de Pedro Almodóvar habrán identificado en Los amantes pasajeros (2013) un tópico bastante común en el imaginario del director manchego. Me refiero a la bella durmiente, que toma forma en esta película no en uno, sino en dos personajes (una mujer y un hombre) y, a decir verdad, en toda la clase turista de un avión esperpéntico y zozobrante. Rossy de Palma, Leonor Watling y Blanca Suárez ─en Mujeres al borde de un ataque de nervios, Hable con ella y La piel que habito, respectivamente─ dan cuerpo a la joven que, por una u otra razón, entra en una especie de sueño profundísimo, erótico y violento, colindante con el coma o la muerte.

Almodóvar construye a sus bellas y bellos durmientes con elementos del cine negro y el cuento de hadas: con algo de Howard Hawks y algo más de Walt Disney. Pero el tópico no es exclusivo del cine: la narrativa tradicional (de Basile a los hermanos Grimm, pasando por Perrault) y la novela moderna (en el genial Kawabata y en el ya declinante García Márquez), pero también la pintura (de la Venus dormida de Giorgione a muchos lienzos de Paul Delvaux) y la danza (de La bella durmiente de Petipa y Chaikovski al relato autobiográfico del coreógrafo Pedro Pauwels), lo recrean con mayor o menor apego a mitos y antiguas leyendas, como las de Hipnos, Morfeo y Endimión. En la poesía, como puede mostrarse con ejemplos de autores jóvenes como Carlos Pérez Vázquez (nacido en 1971) y Ana Velarde (nacida en 1991), el tópico de la bella o bello durmiente suele fundirse con otro, propio del alba o albada de los trovadores medievales y muchos poetas renacentistas: el de la enamorada que ve llegar el amanecer y lamenta que su amado, con quien ha pasado la noche, tenga que irse.

Los dos primeros poemas de La caja X (2012) de Pérez Vázquez, poeta de la sorpresa cotidiana, dan el tono del resto del poemario situando el comienzo de todas las cosas en un amanecer o, en su defecto, en las postrimerías de una siesta. No se trata, desde luego, de cualquier despertar, sino del despertar gradual de una pareja (en el primer poema, “Clorofílico”) y su exacto reverso: el afán del enamorado insomne por integrarse al sueño de su amada (en el segundo poema, “Hermético”). Entrar en ese sueño es entrar, también, en un cuerpo: “buceo buscando / el mensaje difuso, / alejarme de la tierra tan firme / del insomnio, / para encontrarte plácida, / en la fuente profunda / de un sueño húmedo”.

En esos poemas de Pérez Vázquez podrían oírse algunos ecos del Homero Aridjis de Mirándola dormir (1964) o el Jorge Esquinca de La noche en blanco (1982). En el extenso poema en prosa de Aridjis, el sueño de la mujer amada intensifica la tensión entre mundo exterior y mundo interior, entre naturaleza y conciencia, entre intemperie y refugio, entre día y noche: “Afuera llueve; pasadas pulsaciones llegan a nosotros; el aire húmedo entra a la alcoba con paso sigiloso; tú duermes al fondo de todo lo que duerme”. Llueve también, “de madrugada”, en el poema inicial de La noche en blanco. Tiempo después, cuando ya “clarea”, las nubes y la oscuridad misma “se dispersan”. El enamorado se dirige a su amada, que duerme, haciéndole un ruego muy elocuente: “No despiertes aún”. Alargar un poco más el sueño es, en Esquinca como en Aridjis, mantener viva una energía misteriosa contra la cual se conjuran la frialdad racionalista y la conveniencia pragmática.

El poemario de Ana Velarde, La luz cuando amanece (2012), termina con un soneto sin rima que parece ajustarse, verso por verso, al patrón del alba trovadoresca. Lo cierto, sin embargo, es que un importante rasgo psicológico caracteriza el poema de Lara: la enamorada, en él, no lamenta el amanecer. Antes bien, será en la dicha de la carne (la mezcla de connotaciones eróticas y religiosas debe percibirse como una expresión de fervor devocional sólo después de haberse percibido como una estrategia poética) donde se redima, ya vuelta cuerpo, el alma.


Autores
(Guadalajara, Jalisco, 1971) es poeta, ensayista y traductor. Autor de varios libros. Ha recibido los premios Nacional de Poesía Efraín Huerta, Nacional de Poesía Aguascalientes, Nacional de Ensayo Joven José Vasconcelos.
Cristina Rivera Garza

Cristina Rivera Garza ganó el Premio Roger Caillois 2013 de literatura latinoamericana, otrogado por el Pen Club de Francia, la Maison de l’Amerique Latine en París y la Sociedad de Lectores y amigos de Roger Caillois. Entre los escritores galardonados figuran José Donoso, Alvaro Mutis, Adolfo Bioy Casares, Blanca Varela, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Alan Pauls y Roberto Bolaño. Rivera Garza, nacida en Tamapulipas en 1964, publicó en 1998 La más mía, un poema narrativo, en el Fondo Editorial Tierra Adentro, desde donde le enviamos unas merecidas felicitaciones por el premio.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
Fernand Arrabal. Fotografía de Miguel Berrocal.

Desde hace días circula en internet un video donde Jodorowsky, completamente desnudo, habla de su nueva película La Danza de la Realidad. Jodorowsky es sinónimo de excentricidad, debo confesar que el verlo a cuadro me trajo, irremediablemente, el recuerdo del dramaturgo español Fernando Arrabal, contemporáneo, amigo y compañero del artista chileno.

Al buscar en la red, para mi grata sorpresa, encontré una noticia publicada recientemente, donde se informa de una conferencia  dada por el mismo Arrabal en Madrid,  para anunciar el estreno de su nueva obra  Dalí vs Picasso. Estoy emocionada.

Hablar de Arrabal, del dramaturgo, no del novelista, no del poeta ni del cineasta, es hablar de un niño superdotado que a los nueve años ganó un premio para mejorar sus estudios. Es hablar de un “dramaturgo de la urgencia” que pasó de hacer guiñol a los cinco años para su madre, a diseñar un pequeño teatro de madera con el fin de mejorar la “calidad del espectáculo”. Es hablar de un hombre-teatro que desde el territorio de la infancia tenía conciencia de que “cuando queremos decir las cosas rápidamente, utilizamos el teatro”[1]; también es comentar de un hombre que pasó gran parte de su vida buscando por toda España pedazos del padre -el pintor Fernando Arrabal Ruiz- figura que la Guerra Civil española le arrebató y que él volvió a construir una y otra vez a lo largo de su obra:

Recuerdo sus manos sobre mis piernas. Yo tenía tres años. Mientras brillaba el sol, el corazón y el diamante estallaron en innumerables gotas de agua. A menudo me preguntan qué es lo que más influyó en mí, qué es lo que admiro más; entonces, olvidando a Kafka y Lewis Carroll, el terrible paisaje y el palacio infinito, olvidando a Gracián y Dostoievski, los confines del universo y el sueño maldito, respondo que es un ser del que no logro sino recordar sus manos sobre mis pies de niño: mi padre.”[2]

Es mencionar el movimiento pánico, el cual fundó junto con Jodorowsky y Roland Topor, en Paris a principios de los sesenta y que está influido por El teatro y su doble, de Artaud y, al que muchos definen como el teatro cuya bandera es el empleo de lo grotesco, la fusión de elementos opuestos y la búsqueda del impacto y el escándalo en el espectador, esto toma el nombre de la palabra griega “pan”, es decir: todo, o como diría Arrabal:

“El pánico es la crítica de la razón pura, es la pandilla sin leyes y sin mando, es la explosión de ‘pan’ (todo), es el respeto irrespetuoso al dios Pan, es el himno al talento loco, es el antimovimiento, es el rechazo a la ‘seriedad’, es el canto a la falta de ambigüedad… Es el arte de vivir (que tiene en cuenta la confusión y el azar), es el principio de indeterminación con la memoria de por medio… Y todo lo contrario.”

Y lo más importante: es hablar de un teórico que experimenta con sus propias obras los principios en los que cree y por los que lucha:

“Para mí el teatro sigue siendo una ceremonia: es un banquete sacrílego y sagrado, erótico y místico, que abarcaría todas las facetas de la vida, incluyendo la muerte, en el que el humor y la poesía, la fascinación y el pánico serían uno.”[3]

En resumen, hablar de Arrabal es dar cuenta de un teatro que se exige a sí mismo ser orgánico e integral, dirigido al espectador como un ser total por medio del intelecto, las emociones y los sentidos: teatro-ceremonia; teatro-proceso, capaz de transformar al individuo y su sociedad.

Que un dramaturgo así, anuncie que estrenará obra y que por tanto, siga creando, siempre es motivo de celebración.

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Acotación:

El trolebús escénico La Nave ha sido removido del parque México, aparentemente para su  remodelación y reubicación.

La última información que los responsables de dicho espacio dieron en las redes sociales, es del 23 de octubre y señalan que las funciones que se encontraban en temporada, se suspenden una semana, ofrecen una disculpa por las molestias que dicho “reacomodo” causa al público y prometen muy pronto dar todos los datos de su nueva dirección.

Lo curioso es que algunos usuarios en Twitter y Facebook, aseguran que al trolebús se lo llevó la grúa y que no hay una fecha precisa para que se solucione el problema.

Este rumor, aunado al silencio que mantienen dichos responsables, resulta preocupante. Sería una pena que este espacio teatral se perdiera, sobre todo en estos tiempos, en los que el teatro es un bastión en medio de un campo minado.

 


[1] Bettina Knapp, “Interview with Fernando Arrabal”, pág. 2o1

 


[2] Fernando Arrabal Ruiz: mi padre (Texto escrito poco antes de la detención de Arrabal por la Policía franquista española, en julio de 1967

 


[3]  Arrabal-Taylor, entrevista inédita, Dartmouth Collage, noviembre de 1982.


Autores
Ciudad de México, 1980. Dramaturga. Autora de Aún no recuerdo su rostro (FETA 2014). Fue Becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas (2009-2011) y de Jóvenes Creadores, FONCA, (2008-2009). Participó en los talleres de The Royal Court of London y realizó una residencia en la misma institución en marzo del 2013. Su obra Anatomía de la Gastritis, traducida al francés por David Ferré, fue editada por la editorial Le Miroir. Ha publicado Editorial El Milagro; Los Textos de la Capilla, segunda generación; Tierra Adentro, Buena tinta y la revista Este País. Su guion Distancias Cortas fue publicado en co-edición con IMCINE y Editorial Buena tinta, en 2012.