Destacadas figuras de la literatura infantil y juvenil comentan diversas aristas de este fenómeno desde su perspectiva como autores, ilustradores y editores. Participan María Baranda, Mónica Brozon, Ana Laura Delgado, Antonio Malpica y Fabricio Vanden Broek.
Ilustraciones
Fabricio Vanden Broek
Coordinación editorial
Avril Blanco
Producción y realización
Ricardo Poery
Coordinación de producción
Omar González Zamudio
Fotografía
José Alberto Bonilla
Aura Medina
Asistente de realización
Suani Bonilla
Gerente de unidad
César Augusto Ríos
Haroldo Conti. Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti.
No es fácil deslindar la figura de Haroldo Conti (1925-1976?) de la tragedia que lo envolvió, luego de que un comando armado lo arrancara de su hogar en Buenos Aires y su desaparición se convirtió en símbolo de las atrocidades de la dictadura militar argentina en los años 70. Pero la relevancia de Conti no se limita a la figura del escritor y ciudadano atacado por su pensamiento político, sino que se justifica en el plano literario por una obra contundente y reveladora.
Conti nació en Chacabuco, Argentina, el 25 de mayo de 1925. Desde su infancia, la visión y las sensaciones del campo serían primordiales en su imaginario. Como el narrador reconocía en una entrevista de 1975, “Chacabuco, como tantos pueblos de la provincia de Buenos Aires, tiene la particularidad de que uno se asoma a la puerta, y ve a ambos fondos de las calles los árboles, el campo, siente el cerco del campo. Ese campo fértil, rico, no sólo en riqueza material, sino en riqueza humana”.
Conti amaba los ríos, los árboles, los barcos, los tránsitos lentos, las rutas secundarias. Las experiencias, los personajes y los saberes del pueblo natal marcarían su gusto por la natación, la pesca o la caminata en el bosque. Haroldo mostró inquietudes artísticas tempranas y dio sus primeros pasos como guionista de piezas teatrales. En su juventud, cursó la carrera de Teología en el seminario, estudios que interrumpiría finalmente tras algunas crisis ideológicas personales. Después, su camino, como el de sus personajes, se bifurca: fue vendedor itinerante, piloto comercial, profesor de secundaria, narrador, novelista, navegante mercantil y vagabundo.
Quizá la experiencia fundacional de la narrativa de Conti radica en su trabajo en el Delta del Tigre, esa zona de isletas y múltiples arroyos donde el inmenso río Paraná –que atraviesa Argentina, Brasil y Paraguay– desemboca en el Atlántico. Conti hizo amistad con los marineros de la zona y aprendió a reparar y construir barcos. Amante de las novelas de aventura y de escritores como Conrad, Melville, Hemingway, Pavese, Quiroga y Dylan Thomas; Conti vagaba en su bote todo el día y volvía a su mesita, en una cabaña en la orilla, a narrar las historias que oía o vivía en el camino. “El río es memoria”, escribió en “Marcado”, uno de sus primeros cuentos. El río será matriz de historias en su producción inicial, que se cierra al publicar su primera y deslumbrante novela, Sudeste, en 1962.
Haroldo Conti. Bartleby Editores.
La navegación solitaria, transfigurada en un ansia ambulante tanto física como filosófica, se convirtió en uno de los ejes principales de su obra. En los cuentos de Conti, el libre vagabundeo por el agua, el cielo y la tierra reaparece de manera fundamental y obsesiva. Sus personajes son jóvenes o viejos solitarios, melancólicos, silenciosos, “con ese humor vagabundo que les viene del río y que los penetra como humedad” (“Todos los veranos”), individuos hechos “con la misma sustancia del camino” (“Otra gente”), concentrados en la construcción de un barco o con secretos planes de fuga. En su prosa pausada, precisa, pulida y melancólica, barcos y hombres terminan amalgamándose: son hombres-barcos ansiosos de zarpar que, entre sus silencios y sus manías, se dejan arrastrar por la corriente y se entregan a los caprichos del río o del camino, metáforas de la vida.
Pero los viajes que relata Conti no son de conquista, colonización ni por un progreso económico; tampoco los motiva un anhelo de conocimiento antropológico u exótico. Se trata de tentativas personales de evasión o reclusión interior, trazos de “un mapa excéntrico, periférico, marginal”, como lo ha notado Eduardo Romano en su exhaustivo estudio sobre Sudeste. Rutas personales sin un fin específico, como las que Conti exploró en sus incursiones por el Delta, y que acaban chocando con la cartografía oficial y crean nuevas veredas y caminos, ilusiones secretas de libertad y desplazamiento.
Con exactitud y plasticidad, Conti narró los recodos, los refugios, los escondites entre las islas, las zonas periféricas, los extrarradios (orillas de ríos, pueblos pequeños y perdidos, bares de la zona portuaria) y las viviendas donde los hombres silenciosos guardaban sus miserables existencias de la mirada ajena. En estas narraciones no leemos mapas imaginarios, sino verdaderas geografías anímicas en que abunda el peligro, la melancolía, el delito o la memoria.
Como una correspondencia entre vida y obra, cuando Conti encuentra un empleo fijo como profesor de latín en una secundaria, deja la vida fluvial y regresa a tierra firme. Entonces, sus seres de ficción abandonan el río y lo siguen. El escritor traslada sus obsesiones de fuga a pequeños sitios de la provincia argentina, en el radio de Chacabuco, su pueblo natal. Desde estos lugares humildes y periféricos, a medio camino entre el suburbio y lo rural, Conti plasma las historias de personajes que esperan, se ilusionan, se marchitan o emprenden, de diversas maneras, el camino.
En ese tenor nacen algunos de los cuentos más brillantes e inolvidables de Conti. “Todos los veranos” es la historia de un padre melancólico cuyo destino está ligado al barco que repara y al pez que anhela atrapar. “Ad Astra” relata el intento de Basilio Argimón, una suerte de Ícaro de provincias, por hacerse un traje mecánico y que causa conmoción en los pueblos de la zona. “Los novios” cuenta un amor pueblerino que nunca se consuma. “Como un león” narra los sueños de fuga de un adolescente que ve despertar su anhelo viajero.
La crítica literaria ha notado una fuerte vertiente existencialista en Conti. Ve en muchos de sus personajes una lucha desesperada contra el tiempo, contra su condición terrestre, contra su finitud. Son hombres “estacionales”, ligados a la naturaleza, que viven periodos de intensa actividad o de ostracismo según las temporadas del año. Sufren una hiper-conciencia del tiempo que los vuelve obsesivos. Los navegantes solitarios de Conti viven en conflicto constante porque comprenden con insoportable certeza que su vida y la de los suyos terminarán algún día.
Pero no se piense por ello que Conti es un narrador de la oscuridad y la disolución. Más bien, la conciencia del fin provoca en sus páginas una observación cuidadosa y un arraigo lleno de ternura melancólica respecto a las vidas sencillas que lo rodean. Progresivamente, su narrativa profundiza en la cotidianidad provinciana, en esas existencias parsimoniosas y anticlimáticas, donde no ocurre “nada” en apariencia. Conti retrata a los adolescentes que desean marcharse de su pueblo, a los abuelos petrificados en sus villas, a los jóvenes que se citan con sus parientes provincianos en tumultuosas estaciones de trenes, a los agonizantes que creen hablar con sus parientes muertos. Dibuja con precisión y empatía todas esas vidas-río: minúsculas, jodidas, errantes.
Bueno, es así como se marchan todos. Un día u otro. De cualquier manera, por uno que se va hay otro que llega. Las villas cambian y se renuevan continuamente. Son algo más que un montón de latas. Son algo vivo, quiero decir. Como un animal, como un árbol, como el río, ese viejo y taciturno león. Como el león, justamente. Lo siento en mi cuerpo que crece y se dilata en las sombras y de pronto es toda la gente de las villas, toda esa gente que empieza a moverse en este mismo momento y no se pregunta qué será de ella el resto del día y menos el día de mañana sino que simplemente comienza a tirar para adelante. (“Como un león”: 148)
Su escritura resguarda a los seres para vencer de ese modo a la muerte. Es un registro cuidadoso y amable donde la melancolía adquiere una fuerza discreta y elegante, un musitar que convence por su hondura, su quietud, su naturaleza entrañable. Ese campo que vivió desde la infancia se iluminará en las páginas más impresionantes de Conti, como sucede con la memoria viva de un árbol en uno de los cuentos más hermosos del argentino, “La balada del álamo carolina”.
Desde sus navegantes solitarios, Conti abrazará al otro y experimentará nuevas formas de hermandad. Tras un viaje a Cuba, su conciencia política despierta y sus últimos textos narrativos viven la tensión entre su naciente ánimo revolucionario y la “literatura”: ese hecho estético, autónomo, independiente, egoísta a su modo. En “El último”, su cuento más filosófico –una inquietante reflexión sobre el vacío y la renuncia–, la vida humana se le revela como una larga lucha por ajustarse a parámetros sociales: nociones mentirosas de progreso, matrimonios fracasados, trabajos que revelan el engaño y la desigualdad en la sociedad capitalista a la que pertenece. Así, sin un programa teórico, la obra de Conti parece evolucionar a un inevitable enfrentamiento con la institución.
“Cada uno es una flecha lanzada en una dirección y no hay como dejarse llevar para acertar en el blanco, cualquiera que sea”, dice el protagonista de “El último”. Como él, Conti se “tumba en el centro del mundo”, se deja ir junto con la idea revolucionaria que apoya por su anhelo de hermandad, justicia e igualdad. No toma las armas como Rodolfo Walsh, pero se convierte en una conciencia política y de denuncia visible, gracias al prestigio intelectual del que empieza a gozar en Latinoamérica.
Relatos como “La causa” o “Cinegética” tratan directamente el tema social o la traición política. En sus últimos cuentos, anula la frontera entre la memoria personal y un sentimiento de fraternidad humana que a ratos desconcierta al lector. No sabremos adónde habría llegado Conti en esta nueva dirección narrativa. Su última novela, Mascaró, el cazador americano, acaso su libro más ambicioso, tuvo el dudoso honor de ser leído atentamente por el régimen militar y condenó su destino. Pese a los ofrecimientos de asilo en el extranjero y las advertencias de amigos, el escritor se quedó en Buenos Aires y su vida se trastocó una noche, cuando regresaba de ver una película.
Hay un injusto misterio en los últimos días de Conti. Pero es claro que su narrativa basta para no enmarcarlo en un monumento, sino para leer y releer una obra plena de vitalidad, calidad expresiva, imágenes poéticas y conocimiento de la condición humana. Narrativa de hombres y mujeres minúsculos, riachuelos fangosos de existencias susurradas, arrastrados a la errancia, la espera y el sentir del tiempo.
Conti decía que le dolía escribir, pero si no lo hacía, se moría. “No sé si tiene sentido pero me digo cada vez: contá la historia de la gente como si cantaras en medio de un camino, despojate de toda pretensión y cantá, simplemente cantá con todo tu corazón: que nadie recuerde tu nombre sino esa vieja y sencilla historia”, expresó una vez. Pocas obras narrativas pueden jactarse de semejante fidelidad.
Como parte del ciclo de conferencias Escribir mañana, el filosofo, crítico y ensayista Néstor García Canclini estará hoy, 14 de noviembre, en el Museo del Chopo, para refelxionar sobre la escritura en la actualidad, su relación con las nuevas tecnologías, su papel subversivo y su difusión.
El ciclo cierra el próximo 4 de diciembre con la conferencia de la poeta francesa Emmanuelle Pireye.
Museo Universitario del Chopo
Dr. Enrique González Martínez 10
Col. Santa María la Ribera
México, DF
Sobre el milenario territorio de Siria han desfilado los egipcios, babilonios, persas, turcos, kurdos, sarracenos, además de los pobladores originales y muchos más. No fue hasta 1941 que obtuvieron la independencia para intentar convertirse en un país democrático. No lo han logrado, existe una velada dictadura. Durante años han llevado a cabo una vida pública que le pone mala cara a Occidente y que contribuye a dificultar la comprensión de su sociedad al resto del mundo.
Cuando nos referimos a Siria parece que no podemos evitar el cliché que nos remonta a Las mil y una noches. El mundo árabe se muestra como un enigma casi incomprensible. No ha sido sino hasta los momentos álgidos de la guerra civil de los últimos meses que hemos visto imágenes de Damasco —su capital— y otras regiones devastadas por la guerra. Nos ofrecen la visión de un entorno polarizado en el que priva la violencia, la transgresión de los derechos humanos y la sinrazón expresada de diversas maneras.
No podemos negar estas evidencias, pero también es cierto que aun en momentos de conflicto el arte saca la cara para mostrar otros rostros de un pueblo que posee una cultura milenaria. Omar Souleyman, nacido en 1966, lleva años siendo un embajador del canto árabe en Occidente, la figura más preminente de la música siria y un arrojado explorador de otras tradiciones.
Ni siquiera en una sociedad cerrada como la siria —arisca, reacia— se puede bloquear la llegada de la tecnología. Omar aprovecho el tener acceso a teclados que cuentan con cajas de ritmo y secuenciadores sencillos para poder montar “shows” de bajo costo y producción. Con un acompañamiento básico se podía presentar en bodas y otros acontecimientos sociales. Allí la costumbre consiste en grabar la actuación del artista en un cd y regalar el producto a los novios. Pero el material no se queda allí; la gente lo hace rolar y termina siendo ofrecido para venta en kioskos y puestos.
Activo desde el arranque de los noventa, se dice que este cantante tiene en circulación más de 500 grabaciones en directo —en solitario y con grupo—, que no hacen sino hablar en nombre de un artista incansable y dispuesto a forjarse una carrera. Siendo ya una figura nacional buscó proyectarse en el extranjero y a la postre ha colaborado con figuras tan reputadas como Damon Albarn (Blur), Caribou y, especialmente, Bjork (su aparición en los remixes del Biophilia terminó por catapultarlo).
Su fama ha crecido intensamente, debido sobre todo a su presencia en los grandes festivales del mundo. Su palmarés incluye el Sónar, Glastonbury, Primavera Sound, South By Southwest, Paredes de Coura (Portugal) y hace unos meses una candente presentación en la Red Bull Music Academy Weekender de Madrid, entre tantos otros.
En cada cita —grande o pequeña— no falta la presencia del tecladista Rizan Sa’id, el hombre que ha obtenido su característico sonido —repetitivo, hipnótico— y que se pertrecha detrás del aparataje mientras Omar canta y arenga a la gente (por su look no podemos olvidarnos del militar libio Muamar El Gadafi, lo que son las cosas).
El resultado consiste en una música ancestral pasada por el tamiz de la actualidad. No falta quien subraya su aparente simplicidad, pese a las complejas formas melódicas. Tal vez por eso, y por la gran reputación entre la prensa especializada, decidieron dar continuidad a los trabajos dados a conocer por el sello norteamericano Sublime Frecuencies, como Dabke 2020 (2009) y Jazeera Nights (2010), trabajando con una de las figuras más reputadas de la más visionaria electrónica contemporánea; nada menos que el británico Four Tet.
A todo tren aparece Wenu Wenu (Ribbon Music, 2013), igual de festivo que su material anterior pero más sofisticado, lleno de aristas refrescantes. Pop electrónico cantado en árabe que trata de abordar de forma positiva la existencia. Souleyman no olvida de donde viene y la parte terapéutica y alegre de su oficio. Sabe de la atroz realidad de su país, por lo que prefiere decantarse por el placer de estar vivo, exaltar la grandeza del amor y la seducción y algunas historias de fracasos sentimentales. Su arte no hace sino subrayar la grandeza que existe en las cosas sencillas de todos los días.
Al iniciar la promoción del álbum, el sirio tiene muy en claro cuál es el mensaje que quiere transmitir: paz y solidaridad —nada más, nada menos—. Omar da cuenta de una cultura viva y en desarrollo; no le basta quedarse en la época de las fábulas a propósito de emires y doncellas, aquí lo que hay son 7 canciones árabes del presente, a las que Kieran Hebden (Four Tet) suma matices que le abrirán mayor aprecio en el circuito internacional de clubes.
Omar Souleyman quiere que su arte se conozca en el mundo entero; así lo deja ver en el video de “Warni Warni”, que lo coloca en diversas geografías planetarias. En resumen, Wenu Wenu es una oda al baile que parte del dabke, una danza folclórica que se practica en colectividad, es un pronunciamiento de que la vida sigue más allá de la guerra y la política. El arte y la cultura como vehículos para el diálogo y el entendimiento entre pueblos, sociedades y personas. La realidad más allá de los designios de CNN. Música verité.
Elena Medel ganó el Premio a la Creación Joven 2013, de la Fundación Loewe, con el libro titulado Chatterton, el cual será publicado por la editorial Visor, el próximo 2014.
El jurado de la XXVI emisión del premio fue presidido por Víctor García de la Concha e integrado por José Manuel Caballero Bonald, Francisco Brines, Antonio Colinas, Soledad Puértolas y Clara Janés.
¡La redacción de Tierra Adentro felicita a esta joven poeta!
Escribiré quinientas veces el nombre de mi madre…
Escribiré quinientas veces el nombre de mi madre. Con un vestido blanco trazaré cada una de sus letras por las paredes de mi dormitorio, por el suelo del patio del colegio, por el pasillo de la casa más antigua. Para recordar mi origen cada vez que yo viva. En todos los lugares podré besar sus mejillas limpias de cristal, aunque ella duerma lejos: sus mejillas cercanas que me dolerán allá donde acaricie su nombre escrito. Tantos días, tantas noches habrá de alimentarme amorosamente con su parábola descalza; vendrá mi madre a arroparme, mujer de humo, con los ojos tiritando de suerte, y en cada sueño mis apellidos dolerán como un cartel de bienvenida a un hogar diferente. Sobre mi cabello, rubio como el de mi madre, la corona que me ciño como hija primogénita de Dinamarca. Me llamaré Vacía, en honor a mis muertos; miraré cómo retozan de acrílico las palmas de mis manos, sangrará mi lengua a disposici6n de mis muertos. Gritaré quinientas veces el nombre de mi madre para quien quiera escucharlo, y escribiré que bendigo este medio corazón en huelga mío, pues no olvido: nací para llorar la muerte de otros.
Quizá me he equivocado no saliendo de casa. Caminar hacia el lugar donde estarías con esa voz que desconozco, ese gimoteo, esa ave que imitarán tus manos en el aire. Justo hoy se cumple una semana de ti en esta ciudad y de tu partida.
Ya no son mis veinticuatro y la primera vez que te leí. Ir a la biblioteca y hojear pavorosamente tu libro; siempre el mismo.
Estos días salí al trabajo, preparé la comida de costumbre, jugué con el gato. Leí y miré un par de horas la televisión. Escribí cartas a gente que me he esforzado en querer.
Conservo tu Casa de misericordia en el bolso. Cargo contigo como si pudieras escucharme. A veces hago de ti un escudo para que nadie se atreva a preguntarme dónde queda tal calle o cuántas estaciones faltan para su destino. También te aprieto contra mí si los pasillos o las calles se estrechan. Aún te huelo y me duelen las manos cuando leo esas líneas donde dices que las chicas ya están viejas o han muerto.
El hombre con quien vivo no pregunta qué hago con el mismo libro todos los días. Por qué no me deshago de él; por qué he tardado tantos meses en leer apenas setenta páginas. Me mira y se iluminan sus ojos cuando te acerco a mí y salgo de prisa. Tal vez piense que no voy sola, que siempre estás conmigo.
Me niego a desmentirte, a contradecirte. Nuestra relación tiene algo de dependencia y fanatismo. Cómo negarlo, la poesía es esa casa de misericordia que te deja helado a mitad de la calle; inmóvil estatua de mármol. Quieta vida en días idénticos.
Por qué no quise verte. Sencillo. ¿De qué forma podría pagar esta ilusión/ de sentirte en la brisa de un instante? Después de estos años, no tenía el más mínimo sentido.
Qué insufrible estar en un recital de poesía. Seguro eres igual de aburrido que todos los autores con sus tonos afectados al leer sus textos. Para qué; concluir que sólo eres viejo, lento y reservado.
Sin embargo, todos los días de ti en calles donde he transitado; puertas y ventanas donde quizá he visto mi reflejo, fueron una tortura. Pensar que quizá cometí un error. Que sí, sin duda leeré en un tiempo, no sé cuándo, que has muerto.
Me negué a preguntarte ¿aún el mañana hace ráfagas de luces?
***
Joan Margarit (Sanaüja, Lleida, 1938) es poeta y arquitecto. Decidió utilizar el catalán como lengua literaria. Ha publicado Mar d’hivern, Llum de pluja, Edat, Els motius del llop, Aiguaforts. También ha publicado ediciones bilingües Estación de Francia, Cienpoemas, Poesía amorosa completa y Joana, en memoria de su hija, muerta a la edad de treinta años. Su obra más reciente Casa de misericordia (Proa, 2008) obtuvo el Premio Nacional de Poesía, Rosalía de Castro; también el de Poesía de Catalunya.
Historia en un ático
La vida convirtiéndose -¿recuerdas?-en viajes y trabajo.La terraza, las vistas, y nosotrosmirando hacia otra parte: así acostumbraa iniciarse el error: Pero al final,hacía tanto frío que una tardecerramos la terraza de aquel ático.Sabes lo que te ofrezco: un viejo buitrea quien el miedo hace volar más altoy que prepara su vertiginosodescenso hacia las últimas carroñas.Del confuso negocio del amorquedan sólo las últimas monedasde un tesoro saqueado. Conversemos,ya que nosotros siempre hemos hablado,y la conversación tiene el calorque desea quien sube a un tren nocturnocomo el que se me lleva: mi pasadose borra y el futuro ya no es nadie.Es otra clase de felicidad.
No te volveré a ver
Es esta piel violeta de una nocheque dejamos pendiente.Y tu silencio suena como un saxode oro negro en el fondode los días sin ti.En tu pecho jadea el contrabajo,y en tu flanco, tan cálido de sombraque siempre soñaré cuando mi manolenta avance hacia ti.Músicos en penumbra, los instrumentos de oroen sus bocas lilosas: ya, la vidano me devolverá la que apostéa tu cuerpo desnudo cuando eras una fiesta.No queda más que -al piano- un negro ciego,nuestro amor: toca solo en la sombray mi sueño se duerme entre sus dedos.
Faros en la noche
Intento seducirte en el pasado.Las manos al volante y esta luzde club nocturno del tablier me dejan-fantasía invernal- bailar contigo.Detrás de mí, igual que un gran camión,el mañana hace ráfagas de luces.No lo conduce nadie y me adelanta,pero ahora tú y yo viajamos juntosy el coche puede ser el dos caballosde los años sesenta hacia París.“Je ne regrette rien” canta Edith Piaf. Bajo la ventanilla, entra la nochefría de la autopista, y el pasado se aproxima de cara, velozmente:cruza y me ciega sin bajar las luces.
Durante los días del 6 al 9 de noviembre se llevó a cabo la XI edición del Festival de Literatura del Noroeste (FELINO) en las instalaciones del Centro Cultural Tijuana (CECUT), bajo la dirección de Pedro Ochoa Palacio.
La colaboración del Cecut con el Fondo regional para la cultura y las artes del noroeste (FORCA), la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) y el Fondo editorial Tierra Adentro hace posible la realización del festival con el afán por dar a conocer el trabajo literario de la región noroeste del país
Poetas, narradores, editores, periodistas, gestores culturales, traductores y estudiantes se reunieron en las diversas áreas e instalaciones del Cecut, y en sedes alternas como: Estación experimental, de la Universidad de California, en San Diego (UCSD), la Universidad Iberoamericana o la Facultad de Humanidades de la UABC.
Aproximadamente 80 participantes fueron convocados: Olga Gutiérrez García, Jorge Ortega, Mónica Nepote, Carlos Altamirano, Rocío Cerón, Roberto Cruz Arzábal, José Ángel Leyva, Ana Clavel, Daniel Saldaña Paris, Ernestina Yépiz, Amaranta Leyva, Anthony Seidman, Javier Norambuena, Antonio León, Paty Blake, Aurelio Meza, Mauricio Bares, Sidharta Ochoa, Pepe Rojo, Sergio Brown, Javier Fernández, Vivian Abenshushan, Martin Camps, Rafael Vargas, Bibiana Padilla, Diego Rabasa, Jorge Humberto Chávez, Kendall Grady, Cristina Rascón, Elizabeth Algrávez, Hilario Peña, Patricia Binôme, Omar Pimienta, Yohanna Jaramillo, Néstor Robles, Roberto Castillo, Dillon Scalzo, Cecilia Rojas, Keith Ross, Carlos Velázquez, Gidi Loza, entre muchos otros autores.
En el marco de actividades del festival se presentó la obra ganadora del Premio Binacional de Novela Joven 2013 Frontera de Palabras / Border of words, titulada: Cuando todo el mar escrita por Gabriel Ledón Flores, quien durante la premiación contextualizó y abundó sobre su proceso creativo: una coreografía y una serie de pinturas con el tema que finalmente desembocó en la novela galardonada.
Durante las actividades, fue relevante el hecho de las participaciones de múltiples editoriales independientes locales y de otras ciudades; ediciones institucionales o proyectos alternos. Con hincapié en relación a la importancia de la producción y materialización de revistas y libros. Entre los participantes estuvieron La Otra, Letrarte, Tijuaneo, Diez 4, Sexto Piso, Timonel, Desliz y Pubooteca; Nitro/press, Kodama, Resistencia, Piedracuervo, El lobo y el Cordero, Ojo de Pez, Grafógrafo ediciones y Tierra Adentro.
La lectura realizada por los alumnos de los diversos talleres de creación literaria para jóvenes fue interesante. Estuvimos presentes los organizadores de esta actividad, Antonio León, Claudia Solórzano, Julio Álvarez y la que esto escribe. Los jóvenes lectores son miembros del taller 2036 de la Preparatoria Ibero Tijuana, Talentos Artísticos de Baja California, CEAL (Centro de Escritura y Apreciación Literaria) de la UABC y tres alumnas de secundaria del Colegio Calmécac Tijuana con sede en Santa Fe.
Fotografía Oralia Rodríguez.
Sin duda, la importancia que tiene para los más jóvenes participar y compartir en un marco de actividades como FeLiNo, puede ser un catalizador para sus textos futuros. Y puede también situarlos en un amplio panorama donde la literatura, los libros y la creatividad son los personajes más importantes entre los lectores y la audiencia.
Un festival de esta naturaleza tiene ecos y consecuencias. Es celebratorio que en una ciudad fronteriza, las posibilidades sean cada vez más horizontales, diversas y factibles, en correspondencia con su crecimiento cultural. El trabajo de Mara Maciel (gerente del Departamento de Literatura del Centro Cultural Tijuana) en la coordinación de talleres, conferencias, lecturas, obras de teatro y mesas de análisis fue pensado en el público en general, en los invitados participantes y en Tijuana.
A principio de este año, la Dirección de Literatura de la UNAM editó, Grafías contra el planisferio paginado: Antología de dramaturgos nacidos en los años ochenta, con Alberto Villareal como antologador.
El libro llamó rápidamente la atención por ser uno de los primeros intentos por recopilar esta generación de escritores que poco a poco llenan la programación de los teatros del país. Sin embargo, sobresale la directora, dramaturga, actriz, artista interdisciplinaria, gestora y docente, Mariana Gandara (1984), no sólo por el lenguaje fresco que maneja y la construcción de personajes peculiares que logra, sino por el concepto teatral que con paso seguro construye.
En 2014, la también fundadora del colectivo Macramé, tendrá en escena una serie de obras cortas tituladas El último arrecife en tercera dimensión, la cual se presentará con temporadas en el Teatro Orientación del Centro Cultural del Bosque y el Foro la Gruta, del Centro Cultural Helénico.
También se presentará Sasquatch que forma parte de la colección, de dichos textos que veremos en el siguiente año. 2014. Sin duda es un ejemplo representativo de la propuesta que Gandara ofrece. Vale la pena seguirle la pista a esta joven dramaturga.
Agradezco la generosidad de la autora por compartir muestra de esta obra.
Chelsea se estaciona frente a nosotros. Come una hamburguesa con calma, la muerde lento y sin disfrutarlo. Se embarra de cátsup y mayonesa, con el dedo sucio de condimentos dibuja en el vidrio una carita feliz. Baja la ventana y nos mira.
Chelsea: Desde la segunda semana de febrero sospechabas que ya nada iba a suceder por el resto de tu vida. Nada. Estabas teniendo uno de esos años. Compraste un colchón ortopédico y te echaste a dormir. ¿Después de cuántas horas ya no puedas llamarle siesta? En los restaurantes ordenabas el pastel más gordo. Uno mórbido de tan gordo. Luego te sentabas con las manos debajo de los muslos y lo mirabas. Lo mirabas con ganas. Con todas las ganas del mundo.
Saca un vaso de refresco de litro y medio. Sorbe sonoramente.
Chelsea: Me hubiera gustado que este coche fuera azul, pero papá no quiso. (Pausa.)¿Es el cielo el que refleja el color del mar o al revés? (Al parecer esperaba una respuesta.) ¿Qué importa, verdad? (Se acaba el refresco.) Siempre fue mi favorito: azul.
Algo llama su atención, deja su vista fija en algún punto, como si escuchara algo a lo lejos.
Chelsea: Yo te he visto. He visto la cara que pones cuando presientes que tu angustia seguirá creciendo, ascendiendo por una escalera eléctrica infinita.
Le quita la tapa al vaso. Trata de comerse los hielos, le caen en la cara, su camisa es una revoltijo de sazonadores viscosos.
Chelsea: Hay teorías que dicen que es posible aventar un plátano contra la pared y que el plátano la atraviese. Es en serio, ciencia moderna. (Toma un hielo, lo mira derretirse en la palma de su mano.) También hay un rumor que dice que nosotros no somos quienes creemos ser. Que en realidad somos una de esas personas que se niegan a tomar sus antidepresivos, que no pueden tener un trabajo, que terminan durmiendo en una zanja, que esa persona eres tú. (Se seca la mano en la camisa.) ¿Ustedes creen?
Silencio, estaba cediendo la palabra pero nadie la tomó.
Chelsea: Ojalá no sea cierto. A lo mejor sí hay mundos paralelos. ¿Qué tal que son miles? (Las cuenta.) Chelsea, Chelsea, Chelsea, Chelsea, chel, seachel, seachel, seashell, seashell, seashell… (Se ríe.) Perdón, pensé en una ostra. (Pausa.) ¿Pero entonces qué más da? Porque al final si te tiras de un puente o te pones a ver Indiana Jones es lo mismo.
Mira el parabrisas, sonríe antes de agarrar el vaso.
Chelsea: ¡Física cuántica para todos!
Hielo y líquido chocan contra el vidrio mojando el tablero. Chelsea se quita las gotas de la cara con las manos sucias. Se toca como se toca a un mueble. Baja del coche con torpeza, vestida con un uniforme de McDonald’s. Del interior del auto caen envoltorios de comida rápida.
Chelsea: Era un chiste. (Mira la basura en el piso.) Pensé… (Trata de recogerla.) Esto no… lo que… lo que yo… (Pausa.) Perdón.
Se mete al coche, pone un casete en el estéreo que recita una técnica clásica de relajación. Poco a poco se calma. Lee algo escrito en su mano y vuelve a salir evitando todo contacto visual.
Chelsea: Hola. Eso fue un error. A veces tienes una idea y te das cuenta de que es mala pero ya está afuera. Luego te das cuenta de que la mala idea eres tú.
Se limpia la mano en el pantalón, la extiende hacia los espectadores.
Chelsea: Creo que ya estoy lista. (Retira la mano.) Este no es mi fuerte. (Muestra la plaquita que dice su nombre.) Yo soy Chelsea. (Se quita la placa de la camisa.) Bernadette dice que la destrucción es buena cuando está justificada. (Con grandes esfuerzos logra romper en dos el plástico barato.) Bernadette es mi supervisora. Bueno, era. (Pausa.) ¿Les dije que hoy es mi cumpleaños? (Avienta la placa dentro del coche.) Felicidades a mí.
Chelsea saca una caja de pizza del asiento trasero de su auto. El cartón está manchado de grasa y pelusa. La pone sobre la cajuela, nos ofrece una rebanada.
Chelsea: ¿Seguros? Me la voy a acabar. (Espera un momento.) Conste.
Habla sin parar mientras come con la boca abierta.
Chelsea: Papá y yo fuimos al boliche por lo de mi cumpleaños. Él quiere que sea feliz. Yo nunca he tenido muchos amigos, no sé cómo hacer esas cosas. Papá se esfuerza demasiado, le preocupa que esté sola. En mi familia no solemos sonreír. Me acuerdo que mamá sonrió antes de subirse al auto. Traía su vestido azul como el mar, se veía bonita. Nos dejó hace mucho, cuando yo estaba en la primaria. Esa vez yo también sonreí. (Lo intenta, muestra los dientes, le sale mal.) En la secundaria papá me regaló unos casetes para el Trastorno de Ansiedad Social. Yo no tengo eso, por eso lloré cuando me los dio. Es que antes era tartamuda, pero ya se me quitó. (Eructa.) Ay, pensé que era un hipo. (Pausa.) Se preocupa mucho por mí.
Empieza a chupar lo que le queda del pedazo de pizza.
Chelsea: Cuando ya se le quitó la salsa de tomate y se hace como una masa húmeda, me gusta. (Observa nuestros rostros, deja de comer.) En el audio-curso decían que es bueno hablar de lo que a una le gusta, que hay que ver a la gente a los ojos y que una buena manera de practicar la conversación es con los del tele-marketing. Yo prefiero los estacionamientos. Camino y platico conmigo. Soy buena haciendo voces. (Carraspea para limpiarse la garganta.) ¡Qué linda señorita… Qué… Que lin… No me salió. (Silencio.) En el curso decían que la pena sólo vive dentro de nuestra cabeza: no es cierto.
Podría ponerse a llorar en cualquier momento, no lo hace.
Chelsea: ¿Les ha pasado? ¿Ese momento en que entiendes que lo único que necesitas es hacer algo, lo que sea y tu vida cambiaría?
Se incorpora, se está acercando.
Chelsea: A veces me despierto segura de que un día volveré a ser feliz. Pero avanza el día y luego pienso que ya nada pasará en diez, veinte, setenta años. Puedo sentir todos esos años acumulándose dentro de mí. (Señala a alguien de nosotros.) ¿Tú también los has escuchado? Están caminando en los pasillos de tus huesos, jugando ping-pong en el cuarto tirado que es tu corazón. Juegan sin raquetas, en un partido absurdo de hándbol. Ni siquiera eso. En realidad todos esos años están ahí parados, esperando suceder. ¿Hasta cuándo?
Se aproxima más, retrocede y vuelve.
Chelsea: ¿De qué me sirve esta mierda?
Se quita el uniforme de McDonald’s. Debajo trae una vieja camiseta interior estampada con un conejito feliz. Sobre su cuerpo la carita se deforma en una mueca extraña. Chelsea abre la cajuela y de su interior saca una caja de regalo.
Chelsea: Pienso en esas cosas cuando me estaciono en un lugar como este. (Sostiene la caja como si fuera un salvavidas.) Imagino mi muerte. Sería como un jadeo. Uno que se alarga para siempre. Sofocándome desde afuera, con su cara de animal que quiere más. Es posible. El 85% de todo lo que nos rodea es antimateria. El pulmón oscuro de la muerte. ¿Qué interesante no? Estamos hechos de la misma cosa. Somos átomos conectados y ahí está todo: la culpa, el miedo, el amor, la muerte. Estás tú y tú eres todo. Te das cuenta de eso cuando ves un árbol o el cielo y algo te pasma. Y podrías llorar, ponerte a llorar como la cosa más simple y hermosa y sin sentido.
Chelsea abre la caja. Adentro hay un vestido azul. Sonríe.
Chelsea: Él se preocupa mucho por mí.
Su llanto la sorprende. Nos mira entusiasmada. Se mete al coche e intenta ponerse el vestido. Lucha contra la tela. Al salir es evidente que ha perdido la batalla.
Chelsea: Pero en la vida real nada de eso tiene sentido. Eres una persona metida dentro de un cráneo. Hay más gente allá afuera. Y todo eso de la conexión requiere esfuerzo. A algunos les sale mejor que a otros. Yo…
Se acerca a nosotros, a unos pasos de distancia.
Chelsea: Yo quisiera que alguien me diera un abrazo porque me siento más sola de lo que merezco.
Silencio.
Chelsea: Y yo: “Más sola de lo que merezco.” (Da un paso atrás.) ¡Ay sí! Han de haber pensado: “¡Vamos todos a abrazar a la marrana!” Sí cómo no. (Se acerca al automóvil.) “Toda sudada y sucia. Seguro huele bien feo.” A mí también me hubiera dado asco. ¡Mírenme! ¿Me están viendo? (Silencio.)¿Quién la va a querer? Ni siquiera pudo ser una buena hija. (Pausa.) Sí, ya lo sabía. Ustedes también.
Chelsea se sube al coche, cuando arranca la caja de regalos y los envoltorios de comida caen al piso. El sonido del estéreo aumenta mientras las luces de su automóvil se alejan parpadeantes.
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ACOTACIÓN
Granguiñol Psicotrónico
El próximo 13 de noviembre, inicia el ciclo de lecturas dramatizadas de Teatro Emergente, en El Milagro.
Abrirá el ciclo con:
Florilegio de Teatro Psicotrónico
Dramaturgia y dirección de Luis Alcocer.
Actores: Miguel Conde, Ernesto García, Medín Villatoro, Sergio Cuéllar y Roberto Eslava
Artefactos creados por Alejandra Vega e Isabel Becerril.
Fecha: 13 de noviembre
Horario: 20:30 hrs.
Lugar: Teatro el Milagro
(Milán 24, casi esquina con Lucerna, Col. Juárez, México, D.F.)
ENTRADA LIBRE.
[1] Inspirado en los cuentos Sasquatch e Insomnia for a Better Tomorrow de Tao Lin.