Tierra Adentro

Paul Medrano, autor en Tierra Adentro de Flor de Capomo, presentó ayer su novela Deudas de fuego, que ganó el Segundo Concurso de Novela Negra 2012, organizado por el Instituto Tamaulipeco de Cultura. Como anécdota, les contamos que el Instituto se sorprendió al descubrir que el autor era tamaulipeco, pues el matasellos del trabajo venía del estado de Guerrero, donde Medrano radica desde hace varios años.

Deudas de fuego promete ser la primera de varias entregas de la saga policíaca de Pedro el “Chicharrón” Valencia.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.

Julio Patán y Julio Aguilar presentaron ayer la Biblioteca Clarice Lispector, la nueva colección de editorial Siruela que dará cuenta de toda la producción literaria y periodística de la escritora brasileña. Moderada por Paola Tinoco, la presentación fue también un interesante recorrido por la historia de los suplementos culturales mexicanos, tema que se abordó a partir de los paralelismos con ciertas obras de Lispector.


Autores
Stand de Israel // Stand de Conaculta. FIL 2013

A medio día aterrizamos en el Aeropuerto Internacional de Guadalajara y ya estamos instalados en la zona de prensa de Conaculta en la FIL Guadalajara.


Autores
Diario La Prensa. México, enero 1967.

¿Recuerdan su primer deseo de tocar la nieve? Todavía es fecha que no decido si el deseo era mío o me lo ungió la maldita navidad Coca-Cola. Recuerdo la vez que por fin la pude sentir en mis manos, una vez que viajamos a Bariloche, en Argentina. La familia pasó una temporada larga en Buenos Aires y la ‘vacación de la vacación’ se hizo en esa pequeña ciudad de esquiadores a la que llaman “la Suiza de Sudamérica”, aunque yo creo que siempre es un poco idiota nombrar algo en comparación.

Como el gordo Santa cocacolense se había ensañado conmigo haciéndome terriblemente ignorante, yo no podía creerle a mi padre cuando me decía en el avión rumbo a nuestras nevadas vacaciones: “Acá la nieve llega en junio y en diciembre hace calor”. ¿Dónde se ha visto que la nieve falte en Navidad?, pregunté, como si en la ciudad donde crecí nevara cada año. En realidad, la única vez que nevó en la ciudad de México fue en enero de 1967, mucho antes de que yo naciera, presagiando no sé qué.

Entre otras cosas, el saldo de aquella nevada fueron miles atrapados al norte de la ciudad por el Río de los Remedios desbordado de agua helada y pequeños pedazos de caca, animales muertos y lodo, aunque en mi fumada y prepúber versión de la realidad, nada malo podía ocurrir: ese prístino elemento caía básicamente para que los niños jugaran a golpearse y a correr.

Traté de imaginar cómo se había visto el Palacio de Bellas Artes y el Zócalo cubiertos de nieve, con esos carros abombados como de contrabandistas de whisky. Qué maravilla. Para mí, la nieve era el epítome de la diversión pues jamás la había visto: peleas con bolas de un material blanquísimo y suave como el algodón, que se desmoronaba nada más tocar las ropas. Cuando llegamos a Bariloche rápidamente se fue desvaneciendo mi idea de lo que era la nieve: ¿me había percatado de que se trataba de a-g-u-a? Resbalosa, sucia, encharcada; nieve odiosa para los coches que no quieren derrapar, nieve profunda donde caminar un trecho de 10 metros es un pequeño logro. Pero sobre todo: nieve dura. Sí, espantosamente dura y dolorosa, como una pelota de béisbol con la que ningún adulto en sus cinco sentidos te deja jugar a golpear al otro, so riesgo de dejar al hermanito inconsciente en el piso. ¿Han intentado hacer un muñeco de nieve? Yo pensaba que se formaban dos bolitas y listo: es una tarea de ho-ras. Varias horas. Nadie quiso quedarse conmigo a hacerlo y por supuesto, nadie llevó una zanahoria para la nariz ni le quiso prestar un gorrito y una bufanda con el maldito frío que hacía.

No digo que nos la pasamos mal: fuimos a un lugar donde nos prestaron pequeños trineos de plástico y nos aventamos varias veces de una pendiente: divertidísimo. Lo malo era que para volver a aventarte había que volver a subir la pendiente con los pies pesados, hundiéndose a cada paso y cayendo unas quince veces antes de llegar arriba. Acabamos hechos una sopa, tiritando, pero conseguimos una de las mejores fotos de mi padre, un tipo regularmente serio, saludando divertido desde aquél trineo. Era como si alguna vez hubiera sido niño, algo imposible de imaginar para mí en aquella época.

Hace poco busqué la historia de la nevada en la ciudad de México y me sorprendí del dato: el periódico La Prensa reportó un titular muy triste, un saldo que yo no conocía: “Saldo del frío: Muchos muertos”. Cuando eres niño y has tenido sopita caliente (o chocolate como en Bariloche) para quitarte el frío, no se te ocurre que alguien pueda morir de frío.

A veces deseo ir a lugares con nieve, sí, pero siempre me recuerdo que el mundo es mucho más grande que un anuncio de Coca-Cola.


Autores
nació en un hospital público de Av. Toluca (ciudad de México, 1973) pero creció en la Calzada de Las Águilas, lo que supone una infancia feliz aunque cuesta arriba y llena de topes. Le da un poco de pena decir que estudió Comunicación (pero se la aguanta porque no hizo la tesis en balde). Ha escrito algunos guiones y dirigió un cortometraje premiado por IMCINE. Escribe en muchas revistas pero su comentario mensual sobre cine aparece en Chilango. Este año publicará su primera novela en una editorial catalana. En su cabeza revolotean cómics y canciones de los Flaming Lips todo el tiempo.

Llegó a su fin la edición 55 de la Muestra Internacional de Cine aunque algunas de las siguientes películas pueden verse todavía en las sedes alternas de la Cineteca y pronto llegarán a provincia. A continuación las últimas que pudimos ver:

Las horas muertas, una cinta mexicana sobre un adolescente al que le encargan por unos días un motel en Veracruz y pronto se relaciona con una de las clientas a la que su amante constantemente deja plantada. De un ritmo lento pero con instantes chispeantes que la hacen ligera y soportable hasta el final.

Berberian sound studio, una inmersión en el mundo del cine, a sus intríngulis de sonido y edición en los años setenta protagonizada por un gran actor que no ha tenido el reconocimiento que debería: Toby Jones, quien ha hecho una espléndida película sobre Capote (opacada por la que a su vez hizo Philip Seymour Hoffman) y recientemente una sobre Alfred Hitchcock (que opacó la protagonizada por Anthony Hopkins).

Perros perdidos, una estremecedora cinta taiwanesa sobre una familia que vive al día, el padre trabajando en trabajos temporales y los hijos comiendo la comida gratuita de los supermercados. Con escenas desconcertantes, de largos planos y silencios prolongados el espectador no quedará indiferente a la tragedia diaria de esta familia.

¡Somos lo mejor!, una maravillosa cinta del director sueco Lukas Moodysson sobre la amistad, las diferencias y los primeros amores de tres adolescentes que en los no tan lejanos años ochenta forman su propia banda de punk. Sin duda, la mejor de toda la Muestra. Imperdible.

Los perversos, es una cinta francesa en la que la vida de un hombre de puerto se ve trastocada cuando su hermana se enfrenta a una serie de problemas y él tiene que ir en su auxilio, el drama dará paso a la tragedia y las cosas no terminarán bien.

Club sándwich, la nueva cinta de Fernando Eimbke presenta a una madre y su hijo adolescente quienes se van a pasar las vacaciones a un hotel donde él se enamorará de otra chica. También de un ritmo lento, sin embargo, el espectador agradece que no dure más de lo que debe durar pues el director corta en el momento adecuado y no se extiende para regodearse en sus pocos pero afortunados aciertos.

¡Hasta la próxima Muestra!

 


Autores
(Ciudad de México, 1981) es autor de La síntesis rara de un siglo loco publicado por el FETA.
Novedades de la Editorial Piedracuervo.

Comprender alguna cosa, es comprender la estructura de la cual es una parte

y/o los elementos que forman la estructura aquella que es alguna cosa.

Un libro consiste en diversos elementos, uno de los cuales puede ser un texto.

Un texto que es parte de un libro no es necesariamente la parte más esencial

o importante de este libro.

Ulises Carrión

Visible es en una parte de esta ciudad –propiamente la que corresponde a una sección del sector cultural– acotando más aún: el sector literario; visible es la vigorosa participación de editoriales independientes que han surgido aproximadamente desde hace tres años a hoy.  ¿Para qué hacer libros?
Hacer libros refiere entre muchas intenciones a la necesidad de materializar ideas. Yo misma, como editora, luego de trabajar durante años formando libros y revistas para instituciones, allá por el año 2004, bajo el nombre de Ediciones de La Esquina, opté por corregir los textos de un par de jóvenes escritores, diseñar y formar tres libros –incluido uno mío– y luego entre todos pagar la impresión y publicarlos sólo por el mero gusto y deseo de verlos impresos. He de decir que por lo menos a dos de esos libros les fue muy bien. ¿Qué con todo esto?

Considero felizmente importante el hecho de que la nueva generación, aún bajo la consigna de vivir relacionada estrechamente con los medios virtuales de la tecnología, se detenga a participar activamente creando editoriales que sitúen en primer lugar el libro. Ya como objeto, ya como texto. El libro como conductor. El libro como plataforma en constante cambio y movimiento. El libro como receptáculo materializado de palabras, sonidos y silencios.

Recientemente en una de las actividades literarias de Tijuana fue relevante el espacio-tiempo dedicado a las distintas propuestas editoriales de la región. Proyectos tales como Grafógrafo Ediciones, Kodama Cartonera, Ojo de Pez, Editorial Piedra Cuervo, entre otros. Cada uno con su particular estilo. Cada uno atendiendo a las diferentes necesidades de los lectores y lectoras.

Comentaré uno a uno, observando sus diferencias, contrastes y afinidades. En esta ocasión, pregunté a Gidi Loza y Sergio Brown –responsables de Editorial Piedra Cuervo, asentado en Rosarito– sobre sus opiniones y objetivos respecto a la maravillosa aventura que significa hacer libros. He aquí sus respuestas:

¿Cuál es el motor inicial para montar una editorial independiente?

La necesidad de publicar el trabajo propio así como el de amigxs escritorxs; trabajo que ya está escrito (en la mayor de las ocasiones) y sólo necesita de un medio de salida, es decir, darle el formato de libro y que se materialice, virtualice o produzca.

¿Qué aporte tiene para el mundo editorial la artesanía de un libro?

Creo que es uno: dar existencia material a una idea que es inmaterial. Lo artesanal nos salva de las grandes editoriales, en las cuales es imposible publicar algo. Lo artesanal nos da existencia como creadores, le da existencia a nuestras ideas, nos permite reconocernos como seres creativos a través de nuestro trabajo, de nuestros procesos. Lo artesanal es horizontal. El mundo editorial es vertical. Los dos mundos son válidos. Lo artesanal es inclusivo.

¿Qué opinas del libro como objeto orgánico: extensión del cuerpo?

Creo que la escritura, así como el libro (fabricado desde lo artesanal) es una extensión corporal, es el cuerpo quien primero lo escribe y después lo fabrica.

¿Cuáles son los objetivos primordiales en el proyecto de Editorial Piedracuervo?

Los objetivos son hacer libros en sus versiones impresa y electrónica, y la creación de videos con base en los libros.

¿Cómo observas la transición de los libros en papel a los libros virtuales?

Los libros virtuales o electrónicos me parecen un soporte sumamente necesario e importante en este momento, pueda leerse gratuitamente o comprarse, creo que amplía el espectro de alcance de una obra. Debería existir una o varias bibliotecas virtuales gratuitas para poder acceder en cualquier momento a cualquier libro, de cualquier parte del mundo, en su versión electrónica, sería fabuloso. Existen algunas cuantas bibliotecas de este tipo pero al final de cuentas su contenido resulta limitado.

¿Cuáles son tus preocupaciones como editora?

Hacer libros de calidad, es decir, libros cuyos procesos sean cuidados minuciosa y detalladamente: desde el diseño editorial, la corrección de estilo, corrección ortográfica, impresión y fabricación del libro. En ese sentido buscar una cuasiperfección, la cual es de antemano, imposible porque son libros hechos a mano. Eso abre la posibilidad al error que siempre está ahí y al cambio, en ese sentido los libros son todos diferentes.

¿Cuál es tu interés principal respecto a tus índices y autores?

Mi interés principal es ser un médium entre los autores y sus libros. Nosotros solamente somos intermediarios; es decir, confiamos en el autor, en su trabajo, en su calidad creativa y artística, y nos encargamos de materializar libros maravillosos que estaban ahí guardados.

¿Cuánto tiempo crees que puede tener de vida un proyecto editorial independiente?

Creo que eso depende de la energía que depositen en el proyecto.

¿Desde cuándo comenzó a generarse la idea de este proyecto?

La idea de la editorial tenía años en gestación, pero fue hasta noviembre de 2012 que decidimos hacer la editorial formalmente.

¿Cómo y porqué pensaste principalmente en libros?

Como creadores, teníamos varios libros-proyectos acumulándose en nuestras mentes y computadoras. Sin compartirse. Sin salir. Ese fue el incentivo: sacar, compartir, expandir, salir.

¿Cuáles son tus expectativas para la editorial?

Nuestra expectativa es seguir con lo que hacemos: libros y películas.

¿Alguna idea particular en relación al contexto editorial regional?

Sí, creo que los escritores deberían de plantearse nuevos retos que tengan que ver con la fabricación de sus propios libros. Creo que daría una idea más completa y compleja de la labor de la escritura y ampliaría las posibilidades materiales de los libros.


Autores
(Guanajuato, 1973). Realizó estudios de licenciatura en Diseño Gráfico y la maestría en Estudios Socioculturales. Ha publicado los siguientes libros: Libro del Aire (Editorial De la Esquina, 2011), Okupas (Letras de Pasto Verde, 2009), Todas estas puertas (Tierra Adentro, 2008), Entre las líneas de las manos (en el libro Tres tristes tigras, Conaculta, 2005) y Bravísimas Bravérrimas. Aforismos (Editorial De la Esquina, 2005). Participó en el Laboratorio Fronterizo de Escritores/Writing Lab on the Border (2006), participó en el Festival de Poesía Latinoamericana LATINALE 2007 con sede en Berlín. Recibió la beca del FONCA para escritores en 2007. En Mayo de 2012, participó en las jornadas literarias “Los límites del lenguaje” con sede en Moscú. Su trabajo escrito y gráfico ha sido incluido en varias antologías así como en revistas nacionales e internacionales. Desde el año 2001 vive en Tijuana. Ama la música y ama dibujar.
Nocturnos. Isidro R. Esquivel

Apenas me había sentado a ver la tele cuando tocaron de nuevo a la puerta. Era la sexta vez ese día: un vendedor de enciclopedias, dos de recipientes de plástico para la comida, uno de pan y una testigo de Jehová, habían sido responsables de las cinco anteriores.

Pensé en ignorar el timbre, pero sonó de nuevo, con más urgencia, y temí que se tratara, por fin, de la noticia que esperaba desde hacía años (que una abuela millonaria apareciera de la nada, sólo para morir y heredarme su fortuna).

Me levanté del sillón, caminé a la puerta y por quinta vez en el día lamenté no tener una cámara de circuito cerrado, o por lo menos un visillo. Abrí para encontrarme con una desilusión: no había telegrama, ni mensajero, ni abogado de importante firma internacional. En cambio, había un tipo de aspecto insignificante, con un portafolios en la mano. Otro vendedor.

Iba a cerrarle la puerta pero no me dio tiempo: como buen vendedor metió el pie entre la puerta y el vano de la misma. Sonrió, triunfante. Me resigné. Lo dejé entrar.

—Tengo una oferta que no podrá rechazar —dijo, exactamente con las mismas palabras y en el mismo tono que mis cinco visitantes anteriores.

No le creí, por supuesto. Se dio cuenta.

—Permítame demostrárselo —insistió.

Suspiré y le señalé la sala. La rutina se la saben ellos de memoria, pero de tanto que la repiten, también nosotros, los tentativos clientes, la conocemos: pasan a la sala, sacan algo del portafolios, hablan sin parar de lo maravilloso que es el producto en cuestión y en el primer momento en que se detienen para respirar les decimos que no nos interesa. Lo saben, por eso es que intentan decir tanto como se pueda antes de esa infausta pausa. Y es por ese intento de no callar que tantos vendedores han muerto asfixiados antes de concretar una venta. Riesgos de la profesión, supongo.

Mi visitante, pues, se sentó y puso el portafolios sobre sus rodillas. Me senté enfrente de él. Me miró. Lo miré. Me di cuenta de que estaba nervioso: le temblaban las piernas y le castañeaban los dientes. Supuse que era nuevo en el negocio, así que decidí ayudarle.

—Aquí es donde abre el portafolios y me enseña la mercancía —le acoté.

Me miró con preocupación.

—Sí, lo sé… Digo, gracias, pero sí sé… lo que pasa es que…

 

Ya dije que ese día era la sexta visita; pero creo que es importante añadir que esas visitas se acumulaban a las doce del día anterior, las cuatro del fin de semana, y las diez, en promedio, de cada día de los doce años precedentes (desde que me mudé a este edificio). Esto lo digo para acreditarme: soy un cliente con experiencia, si bien casi nunca compro lo que me vienen a ofrecer. Así que, con toda naturalidad, seguí ayudándole.

—¿Vende algo embarazoso? ¡No se preocupe, hombre! ¿Qué es? ¿Condones de colores? ¿Pruebas de embarazo? ¿Pastillas para adelgazar? ¿Alguna pomada milagrosa?

A todo lo que decía, mi visitante decía que no con la cabeza. Comencé a intrigarme.

—¿Revistas de cienciología? ¿Drogas de diseño? ¿Órganos para transplante?

Más negativas.

—¿Cadáveres para experimentos? ¿Diarios de exnazis encubiertos por gobiernos sudamericanos?

A todo me decía que no. Mi imaginación tiene un límite, así que me di por vencido.

—Bueno, si no me dice creo que nunca podremos hacer negocios —casi le grité, ya exasperado.

Eso lo hizo decidirse a hablar. Carraspeó para aclararse la garganta, se secó el sudor de la frente con un pañuelito que traía en la bolsa del saco y suspiró antes de comenzar.

—Bueno… —comenzó, titubeante.

Ya para este momento yo habría pagado lo que fuera, no por comprar su producto, sino por enterarme de qué podía ser. Le urgí a que continuara.

—Vendo almas.

Lo dijo rápido y tan quedito que pensé que no lo había entendido.

—¿Qué?

—Que vendo almas —insistió, con más seguridad.

—¿Por qué? —fue lo único que se me ocurrió preguntar.

—Pues porque tenemos muchas.

—¿Tenemos? ¿Quiénes?

El vendedor bajó su portafolios al piso y lanzó un suspiro capaz de romper corazones.

—¿Es que no se ha dado cuenta? —imploró, mostrándome sus pies.

La verdad es que no me había percatado. Nunca me fijo en esos detalles: los zapatos, el peinado. ¿Cómo quería que notara que, en vez de zapatos, tenía un par de pezuñas?

De acuerdo, la cola puntiaguda era un poco más llamativa, pero yo estaba tan ocupado tratando de adivinar… Me hizo una seña de que mi descuido no tenía importancia y me explicó, ya más tranquilo, que era un representante de la empresa multinivel Jelco (se pronuncia jelco), que se dedicaba a la venta de almas.

—Antes se llamaba Infierno y nos dedicábamos a comprarlas. Pero algo pasó con la oferta y la demanda, ¿sabe? De pronto teníamos miles, millones de almas almacenadas –perdone la redundancia– y nos dimos cuenta de que nuestras ganancias no habían… digamos… aumentado… bueno… que comprar almas no es buen negocio.

Asentí con la cabeza.

—Entonces hicimos una junta… bueno, empezó como un mitin… nos rebelamos contra la mesa directiva y decidimos volvernos una especie de cooperativa… lo primero es que tenemos que vender las almas, ¿sabe? Para recuperar la liquidez y poder invertir en otros mercados…

Volví a asentir con la cabeza. La verdad es que tenía un par de minutos sin hacerle caso: más bien me estaba dedicando a contar el número de veces que repetía eso de ‘¿sabe?’. Cuando perdí la cuenta, lo interrumpí:

—Si a ustedes no les sirven las almas, ¿yo para qué podría quererlas?

El vendedor volvió a secarse el sudor de la frente. Abrió, ahora sí, su portafolios, y me mostró unas láminas con dibujos en el estilo de el Greco. La primera ilustración mostraba a un anciano vestido de médico junto a la cama de un moribundo.

—A nosotros no nos sirven porque en Jelco no hacen nada útil, ¿sabe? Pero creemos firmemente que pueden tener muchísimas aplicaciones. Por ejemplo, vea ésta: como sirvientes y mayordomos. ¿Se imagina tener al doctor Fausto como médico de cabecera, sin costo alguno, y sin importar la hora de la emergencia?

Miré la segunda lámina: había una hermosa mujer bailando frente a un grupo de oficinistas.

—Sus fiestas serán el acontecimiento social de la temporada si cuenta con Mata Hari como… este… animadora, ¿sabe?

—No sabía que Mata Hari vendió su alma al diablo —confesé.

—¡Uff! Le sorprendería saber cuántas y cuáles son las almas que tenemos en stock —respondió, más seguro de sí, al darse cuenta de que tenía toda mi atención. Cambió el dibujo para mostrarme otro, donde había un hombre recitándole a una dama a punto de desmayarse de emoción.

—¿Qué le parecería tener de maestro de declamación a Paco Stanley?

—¿Quién era Paco Stanley? —le pregunté. Me sonaba vagamente familiar el nombre, pero hasta ahí. Negó con la cabeza, como si el dato no importara. Supongo que en verdad no importaba.

Le dije que me interesaban, sobre todo, las almas utilizables en fiestas y reuniones sociales. Le dio gusto:

—Precisamente ahorita tenemos una promoción. Compra usted diez almas y le regalamos el libro Mil y un usos de almas para fiestas y reuniones sociales.

Me enseñó el libro: traía datos curiosos, recetas sencillas, métodos para entrenar almas como meseras, bartenders y encargadas de guardarropa; y hasta la forma de convertirlas en globos de figuritas en caso de fiestas infantiles.

—Y si compra hoy mismo este paquete, le damos como regalo extra un alma célebre a su elección: Marilyn Monroe, María Félix, Elvis Presley, Michael Jackson… Una vez que firman el contrato disponemos de las almas en el momento en que sea necesario… Nada más que la de Michael es tiempo compartido, porque es de las más solicitadas…

Para no hacerla demasiado larga, diré que compré dos paquetes para fiesta, un kit de oficina y el especial de casa y jardín. No acepté suscribirme ‘por una módica suma’ para ser parte de Jelco multinivel: no confío en las empresas-pirámides.

La verdad es que las almas, ya desembaladas, no son tan impresionantes como en los grabados; pero no están nada mal. Sobre todo porque con ayuda del libro Tips místicos de casa y jardín pude entrenar como mayordomo a los despojos espirituales de cierto excampeón mundial de lucha libre. No come, no duerme, no se queja y, sobre todo, abre la puerta cada vez que suena el timbre, por lo que hace meses que no tengo que enfrentarme a los vendedores de puerta en puerta.

Es una lástima que, para pagar lo que compré, tuve que empeñarle al vendedor mi propia alma a noventa y nueve años. Pero quizá para cuando se cumpla el plazo la compañía haya quedado en bancarrota, las almas se hayan sindicalizado, o me den una prórroga a cambio del alma de mis hijos y nietos. Ya veremos.


Autores
(Distrito Federal, 1976) es escritora, guionista, profesora y promotora cultural. Obtuvo el Premio de Literatura Juvenil Gran Angular (2012) y en dos ocasiones el Premio Nacional de Periodismo por su participación en el programa Diálogos en confianza de OnceTV. Es autora de las novelas Ojos llenos de sombra (SM/CONACULTA, 2012) y Lejos de casa (El Arca Editorial, 2013). Tiene una columna semanal sobre literatura infantil y juvenil, "País de maravillas", en La Jornada Aguascalientes.

Un hombre de tez oscura vaga por el centro de Bruselas, por los alrededores de la estación de trenes de Louiza. Se le ve desorientado y un poco bebido. Gesticula y parece que canta. La gente se le queda mirando con extrañeza. Algunos lo reconocen, incluso los oficiales de policía que lo abordan y le preguntan si se encuentran bien. El larguirucho y desgarbado joven responde que no hay problema. Los uniformados no saben que están apareciendo en el video de “Formidable”, el sencillo de Stromae que se está filmando con cámara escondida. La canción tiene una amarga letra sobre las relaciones de pareja y la vida familiar.

No puede resultar un desconocido para los que circulan por el corazón de la capital belga cuando en el 2010 su canción “Alors on danse” se convirtió en el tema francófono que más sonó en el mundo y fue número 1 en Francia, Grecia, Alemania, Austria, Suiza, Italia, Dinamarca, Holanda y en el Billboard European Hot 100. Lo suyo es una combinación de house y otros ritmos de música bailable a los que ha llevado al ámbito del hip hop de contenido social, pues en la medida que ha desarrollado una carrera de largo aliento —pues arrancó hace más de una década- le ha dotado de un discurso reflexivo y de inconformidad intelectual.

De padre ruandés y madre belga,  mostró un talento precoz para la música y se matriculó a los 11 años en la Académie Musicale de Jette. Toca varios instrumentos y estudió historia de la música. Inició rapeando bajo el apelativo de Opmaestro pero luego recurrió a un juego lingüístico al que en francés llaman verlan y que cambia sílabas. Así surgió Stromae; en un comienzo como parte del grupo Suspicion, junto a J.E.D.I., quien tras editar “Faut k’t’arrêtes le rap” se marchó. En 2005, Stromae tenía apenas 18 años.

Regresó en 2007 con un Ep en el que se apegaba a las herramientas fundamentales del rap: “Juste un cerveau, un flow, un fond et un mic…”. Luego vinieron los temas “Minimalistyle”, “C’est Stromae” y “Up saw liz”. En aquel Ep invierte los ahorros de sus trabajos ocasionales, ya que no eran suficientes para pagarse el Instituto de Cinematografía.

Paul Van Haver —el hombre detrás de Stromae— no dejó de presentarse en directo y preparar el terreno para la llegada de su primer largo. Cheese (2010) se convirtió en un suceso para las masas. “Alors On Danse” y “Te Quiero” probaban que a la electrónica barata de baile le sentaban bien los textos tan pesimistas de parte de un tipo que sabía de los esfuerzos de la clase trabajadora.

Esto mismo permea en Racine Carrée (Raíz cuadrada) un alud de palabras acerca del mundo real desde la perspectiva de alguien que posee cultura y educación. Podría decirse que su propuesta es como si el inglés de Ghosthpoet acompañara sus historias con fondos musicales sacados del concurso televisivo Eurovisión. Allí tenemos “Papaoutai” para ejemplificarlo; una vez más una variante light de house se utiliza para narrar el recuerdo de su padre, quien fuera desaparecido durante el genocidio de Ruanda cuando el artista era todavía un niño.

Inicia con un anhelo infantil y comprensible: Dime de dónde vino y así sabré al fin a dónde ir. Mamá dice que cuando buscamos bien terminamos por hallar lo que queremos, pero luego —y ya desde un posición adulta y algo amargada- cambia de perspectiva:  ¿Seremos odiados? ¿Seremos admirados? Progenitores o genios, díganos ¿quién da vida a los irresponsables?.

Racine Carrée (Island-Universal, 2013) no se queda en lo ya conocido; es la primera vez que alude a la tradición musical africana. Rinde un más que merecido homenaje a La diva descalza, “Ave Cesaria” es una especie de morna electrónica, una actualización de ese estilo de Cabo Verde al que hiciera famoso la Evora.

Pero eso no es todo, en “Tous les memes” se acerca a los sonidos afroantillanos a través de unos metales que suenan absolutamente salseros, para saltar en “Carmen” a parafrasear a la famosa ópera que lleva ese nombre. Stromae sabe ser ecléctico de una manera que no suena forzada. De otra forma no se entendería “Humaín a l´eau”, en la que se acerca al kuduro de los Buraka Som Systema.

Otro dato importante para los belgas es que comparte una peculiaridad con su mayor ídolo musical. Al momento de pronunciar la “r”, la saca desde el fondo de la garganta del mismo modo que lo hacía Jacques Brel. Además, ambos comparten la búsqueda de melodías memorables. Uno desde la chanson tradicional y el otro mezclando expresiones diversas.

Stromae ha dado cuenta de un manejo verbal notable, puede ser tierno pero también mordaz e irónico; deja muy atrás las crítica que lo quieren hacer pasar por un poeta hipster. El hombre sabe cómo manejar temas tan actuales como el cáncer, eje central de “Quand c’est”. Sus ritmos son festivos, pero los asuntos trágicos.

Nacido un 12 de marzo de 1985 y sabiendo de que se trata trabajar en un restaurante de comida rápida y otros tantos empleos de poca monta, no se deja marear por la fama e insiste en narrar los abismos de crecer sin una familia normal o bien la manera en que una ruptura amorosa puede desmoronar a un hombre. Sus canciones hacen que no dejemos de bailar mientras lloramos.


Autores
De los años sesenta tomó la inconformidad recalcitrante; de los ochenta una pasión crónica por la música; de los noventa la pasión literaria. Durante la década de los dosmil buscó la manera de hacer eclosionar todas sus filias. Explorando la poesía ha publicado: Loop traicionero (2008), Suave como el peligro (2010) y Combustión espontánea (2011). Rutas para entrar y salir del Nirvana (2012) es su primera novela. Es colaborador de las revistas Marvin, La mosca, Variopinto e Indie-rocks y los diarios Milenio Hidalgo y Reforma, entre otras publicaciones.