Tierra Adentro
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El 6 de enero de 1974 falleció a los 77 años, el pintor mexicano David Alfaro Siqueiros. Su legado artístico, con obras como Muerte al invasorEl llamado a la libertadLa marcha de la humanidad, Autorretrato de David Alfaro SiqueirosEntierro del obrero sacrificado, entre otras, dieron un dinamismo y color inconfundibles a la pintura nacional; además de un comprometido interés político inquebrantable.

David Alfaro Siqueiros nació en la Ciudad de México el 29 de diciembre de 1896.

Su obra es reconocida en diversos países. Junto con José Clemente Orozco y Diego Rivera es reconocido como un representante del muralismo mexicano más versátil y contundente.

El trabajo de Alfaro Siqueiros no puede contemplarse y entenderse sin el contenido cargadamente ideológico y político. Desde su juventud fue un activista. Fundó el periódico El Machete y fue miembro del Partido Comunista. Participó brevemente en la Revolución mexicana, en la cual  obtuvo, en 1913, el grado de Capitán Segundo en el Estado Mayor.

De 1936 a 1939 viajó a España para combatir voluntariamente en la Guerra Civil. En 1941 salió exiliado a Chile. Fue encarcelado durante dos años, en 1962, en la Ciudad de México.

Su trabajo y legado forman parte del imaginario de la arquitectura de México y parte de Estados Unidos.

Hoy recordamos su obra, a 40 años de su aniversario luctuoso.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.

A 20 días de su publicación, nuestra antología de literatura fantástica mexicana, HIC SVNT DRACONES, acaba de llegar a las 1000 descargas (1032, para ser exactos). Puedes descargar la antología en formato de libro electrónico o bien puedes leerla en línea siguiendo el enlace anterior.

En noticias relacionadas con los dragones, si viven en la Ciudad de México, el 26 de febrero presentaremos la antología en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
Mario Levrero

En vista de lo amañanado que se ha vuelto hacer listas de libros, he tomado la molestia de hacer la mía. Siguiendo las enseñanzas del Jefe Homero Guerrero, por aquello de que “aquí no hay novedad”, hice este recuento de lo que más me prendió durante 2013, aunque se haya publicado hace dos o 30 años. Quizá esto obedezca a un acto de justicia con el universo de títulos injustamente olvidados, a la imposibilidad de adquirir “lo más nuevo” o a las ganas de no leer lo que me recomiendan. Entiendo que ninguno de esos argumentos le da pureza u objetividad a mi lista, pero cuando menos, da la oportunidad de sugerir títulos que podrá encontrar en cualquier librería de viejo. Vámonos recio:

1.- Los amigos de Eddie Coyle, de George V. Higgins. Una novela viva, que late a cada línea, que divierte y acosa a medida que avanza. Poca trama y mucho diálogo. O mejor dicho, está construida en un universo de diálogos de cada uno de los personajes que desfilan en esta novela de culto. Imprescindible para cualquiera que desee mejorar los diálogos de su prosa y deleitable para quien  guste del género. Higgins, ex agente, abogado, periodista y escritor, hizo otro puñado de novelas, pero ésta es la mejor. Peter Yates dirigió en 1973 y de manera decente, la versión cinematográfica. Sin embargo, la fuerza de Los amigos de Eddie Coyle sigue ahí, entre los coletazos de la palabra escrita y a cada página.

2.- El abuelo saltó por la ventana y se largó, de Jonas Johason. Despreciada por cinco editoriales, Johason no se amilanó y a los 47 años publicó esta comedia con tintes de thriller. Cuenta las peripecias de la vida de Allan Karlsson, un hombre extraño, quien al cumplir los 100 años de vida, se escapa del asilo y huye. Durante su huida, se mete en más problemas y cuenta lo que ha sido su vida, que en realidad es una especie de recuerdos en efecto dominó. De Suecia, el joven Karlsson va a Estados Unidos, luego a Japón, Irán, China. Dará la vuelta al mundo sin un motivo aparente. Sin maldad, pero tampoco para hacer el bien. Una trama mordaz y entrañable.

3.- 1280 almas, de Jim Thompson. Aclamada, medianamente olvidada, pero también brutal, honesta y sin pretenciones. Thompson no se andaba por las ramas y cuenta las historias como el ritmo de un motor diesel: constante, potente e incansable. Sabe llevar su prosa a distintos terrenos: sordidez, erotismo, humor, crítica social, corrupción y belleza. No hay pausas, ni fisuras. Todo queda configurado en una novela que, pese al tiempo y a la época en que se ambienta, funciona y atrapa desde la primera página.

4.- Tropa de élite, Luiz Eduardo Soares, Rodrigo Pimentel y André Batista. Serie de crónicas en la que se basó el guión de la película homónima, dirigida en 2007 por José Padilha. Aunque se aclara que los hechos y nombres fueron modificados, en estas páginas vamos de la emoción y al asco al conocer los bajos mundos cariocas, las mafias de las favelas, los arreglos policiacos y las tácticas de guerra del BOPE (Batallón de Operaciones Policiacas Especiales), un grupo policiaco que mata, no aprehende; que pega, no interroga; que tortura, no negocia. Historias descarnadas que nos permiten observar otros modos en que el narco ha infectado otras sociedades. La versión escrita resulta mucho mejor que la de por sí chingona película.

5.- Canción de tumba, de Julián Herbert. Este es un libro que fue muy mentado durante 2012. Yo lo leí apenas hace unos meses. Una historia dolorosa, abrasiva, pero también, con un alto quilataje de estética. En la prosa de Herbert hay poesía, hay un poco de ensayo y droga, mucha droga. Aquí el protagonista cuenta el proceso de muerte de su madre, enferma de leucemia. Mientras la afección se agrava, va haciendo un recuento de su vida, sus miedos, sus sueños y sus amores. Herbert ha construido una pieza de orfebrería narrativa que será recordada por mucho tiempo.

6.- Verano indio, de Hugo Pratt y Milo Manara. Aunque son dibujitos, esto no es material para niños. Es más, ni siquiera debe estar al alcance de algunos adultos. La dupla Pratt-Manara logró en esta novela gráfica uno de los puntos más brillantes de la historia del comic. Hay erotismo y brutalidad en cada página. Pero también hay una extraña forma de contar historias. En las primeras 11 páginas, por ejemplo, la trama se narra de manera visual. Sin una palabra. Pero su atractivo no termina ahí, el trazo de Manara es preciso y hermoso. No por nada en una entrevista reconoció que es la obra de la que se siente más orgulloso. Pratt, por su parte, fabricó un argumento lleno de bofetadas morales, críticas a la iglesia y a las relaciones humanas. Un verdadero deleite.

7.- Al lado vivía una niña, de Stefan Kiesbye. Primera novela de este alemán avecinado en Estados Unidos. En ella se cuenta una historia repleta de odio y violencia, pero cuyos protagonistas (una pandilla de escuincles) salen a flote por la lealtad, aunque también por miedo. Kiesbye lo cuenta con una pulcritud que se agradece, pero sin obviar la inocencia de la niñez. Sin embargo, hay que aclarar que esto no es una novela de amigos de la infancia: esto es una guerra de pandillas, en la que hay golpizas, violaciones y abuso. Un cuento de hados, eso es lo que es.

8.- Einstein vs Predator, de Sergio L. Palacios. Este libro no es propiamente literatura, sino divulgación científica. Sin embargo, este profesor de Física de la Universidad de Oviedo lo hace de una manera estupenda: toma como base a superhéroes para explicar fenómenos físicos de la vida real. Para mí, que soy extremadamente malo para la escuela, esta lectura me ayudó a comprender de una manera sencilla y amena, detalles que no habría entendido ni con clases particulares. Ojalá y la materia de Física de cualquier escuela se explicara con este método. Las cosas serían distintas.

9.- Caza de conejos, Mario Levrero. El celebrado autor uruguayo escribió este libro en 1973, pero en 2012 fue reeditado. Es un libro de relatos aparentemente independientes, que en conjunto, forman algo así como un universo sobre la caza y los conejos. El lector es retado por Jorge Varlotta (nombre real de Levrero) para imaginar al conejo como verdugo, como vigilante de bosques, como elemento mágico. No hay una línea argumentativa, sino que Levrero, cuenta sólo por el placer de contar alrededor de un roedor: lo convierte en metáfora, en misterio, en nudo. Fiel a su estilo, Levrero se anticipó por mucho a  la escena literaria de nuestros tiempos.

10.- La bestia y la bella, Thierry Jonquet. Brevísima novela negra que nada tiene que ver con el modelo norteamericano que tanto admiramos. Jonquet basaba sus tramas en lo cotidiano, en personajes demasiado comunes como nuestros vecinos y en maldad, mucha maldad. Hay quienes después de leer esta novela no han vuelto a tomar otra obra del francés, debido al asco y zozobra que experimentan. No es para menos, si la encuentran, disfruten a uno de los exponentes más extraños del género.


Autores
Ciudad Victoria, Tamaulipas. Feo, fuerte y formal. Ha publicado Dos Caminos (UNAM, 2010), Flor de Capomo (Tierra Adentro, 2011) y Noches de yerba (Tarántula Dormida, 2011).

Queridos lectores:

Después de un año especialmente intenso para Tierra Adentro, nos tomamos unas breves vacaciones. Volvemos el 8 de enero de 2014. Durante las vacaciones es muy probable que no podamos atender correos, mensajes o sugerencias, pero los leeremos y responderemos cuando volvamos.

¡Felices fiestas!


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.

En un ensayo sobre Jorge Ibargüengoitia que publicó recientemente en la revista Letras Libres, Enrique Serna (Ciudad de México, 1959) dice algo que bien podría aplicarse para su propia obra: “el humor cruel es quizá la única herramienta eficaz para diagnosticar las patologías sociales”. Así, el ojo satírico de Serna le sirve para diseccionar una realidad que muy pocos ven o que ven pero se callan, tal vez porque en la meritocracia social es mejor visto quedarse callado que decir las verdades. Entonces, si quieren nombrarse, las patologías sociales sólo se pueden presentar a través del lenguaje mordaz e incisivo en cuentos satíricos como los del propio Ibargüengoitia o José Joaquín Blanco y, desde hace unos años, Serna.

En La ternura caníbal, el tercer libro de cuentos de Serna después de Amores de segunda mano (Cal y Arena, 1994) y El orgasmógrafo (Seix Barral, 2010), nadie queda a salvo de su corrosivo humor: machos con celos enfermizos que llevan a la mismísima tumba, parejas swingers pero con arrebatos de último momento o cansadas de la larga vida de casados hasta para emprender un viaje al Amazonas, locas del ayer enamoradas platónicamente de mayates a los que protegen en secreto, poetas provincianos que ven una oportunidad de éxito al amparo de una de las vacas sagradas de la literatura, las envidias en la relación de pareja cuando ambos buscan la vida chic del arte o mujeres convenencieras que declaran sus artimañas en el lecho de muerte de su esposo… Con gran maestría, en cuentos de impecable factura, Serna presenta una variedad de nuevas formas en el orden amoroso. Sólo viéndonos en la parodia podemos distinguir nuestro lugar en el retrato: como la sociedad inglesa de la que se burlaba Wilde en sus obras de teatro y en las que esa sociedad sólo atinaba a soltar estruendosas carcajadas.

Un par de los cuentos ahora reunidos en La ternura caníbal ya se habían publicado en revistas: “La incondicional” en Letras Libres y “Cine cosmos” en Luvina. Sin embargo, a lo largo del libro me llamó la atención que varios de los cuentos tuvieran como ingrediente que desata el final escenas de bravuconerías, pleitos, golpes, botellazos como de cantina… Quiero pensar que no es deliberado –pues los cuentos se escribieron con varios años de diferencia–, pero al leer el libro de corrido uno no puede dejar de pensar que la fórmula tan repetida va en detrimento de los cuentos pues además de ser efectista es predecible que aparezca ese arranque de furia en algún protagonista de la historia.

Finalmente, hay que lamentar que la edición de La ternura caníbal a cargo de la editorial española Páginas de espuma esté plagada de tantas erratas, como se consigna en una hojita adjunta de fe de erratas, y de otras tantas que no se registraron en ella. Leer a saltos el libro con la susodicha hojita al lado le quita emoción y fluidez a la lectura.


Autores
(Ciudad de México, 1981) es autor de La síntesis rara de un siglo loco publicado por el FETA.

Durango, Durango, 19 de diciembre. Está por terminar uno de los años más intensos de mi vida. El 2013 marcó, a paso de banda, mi historia. No es el género de música con el que más me identifico, pero ahora que vivo en Durango la escucho con gusto, y sé que K-paz de la Sierra tiene una versión de “Mi credo”, canción con la que cierra mi documental “Don Mammie Blue” –en versión balada, al estilo de Daniela Romo– cantada, con play-back por Mammie Blue en la escena final de esta película que le ha tocado el corazón a algunas gentes, como se notó en la proyección más reciente en el Hospital Psiquiátrico de Mérida, a principios de diciembre, en función especial para psicólogos, psiquiatras y estudiantes, con quienes al final hablamos sobre la homosexualidad y el travestismo en Yucatán, temas esenciales de esta producción que estrené en febrero y que se exhibió una larga temporada y en función especial en el Museo del Chopo en el marco de la exposición Confetti Make-up como un testimonio/documento de la realidad en un momento crucial de la historia del país.

Por donde vayas iré/ Con una venda en los ojos/ Lo que decidas seré. El amor cuando es verdad es uno solo…

Eso dice la letra, y no me importa confesar que la he cantado a todo volumen y a veces de manera más discreta con la piel chinita de emoción, aquí en la Sierra, escalando una montaña a 1900 metros sobre el nivel del mar, cifra que pronuncio eufórica en la primera oportunidad que puedo, al grado de presumírsela a mis amigos del trópico para marcar ese contraste con la planicie que le ha dado tanto valor a mi 2013, por el constante ir y venir entre Yucatán y aquí.

Nin?os de la Sierra de Durango (noviembre, 2013)

La debilidad por las cifras y las fechas cruciales se me acentuó últimamente, es más, sin pensarlo se han dado casualidades gloriosas en fechas precisas con muy profundos significados: que si el día 5 tal cosa, que si el 15, otra… y así.

Ha de ser también que mis sentidos están más alertas… Cualquier conversación con durangueñismos me conmueve profundamente.

 

–¿Le acabala pa’ una boleada?

–Sí, pero pos dónde.

–Ahí en la plaza.

–Acá traigo algo de morralla.

–Ya de perdis usted trae feriecilla, yo ni eso…

A principios del 2013 estaba muy tensa; todo era una confrontación constante conmigo misma, con quien se me acercara y con mis mejores amigos, que si el amor, las lecciones de vida, los viajes frustrados, la imposibilidad de tener dinero suficiente para realizar los proyectos de trabajo más anhelados, etcétera, aparte del bochorno ocasionado por el desquiciante y desproporcionado aumento de vehículos en Mérida (soy dada a sobrestimar el desastre de la contaminación y el tráfico). Y este último tema que pareciera no venir al caso, me marcó un punto y aparte: dejé el auto y empecé a caminar y a andar en bici, y ocasionalmente en burro y a caballo. Sin embargo, no lo planifiqué, se dio de repente a partir de una decisión radical: volver a vivir en Durango en la primavera del 2013, después de haberme ido en el 88, cuando terminando la prepa salí disparada a ver qué carrera me deparaba el destino. Y fue cuando sin saber ni jota de Yucatán, tomé mi Omnibus al D.F.; ahí me esperaba mi hermano Miguel Ángel con Santiago, su pareja; dos días después me llevaron a la TAPO, donde tomé el ADO al Sur. Mi hermano Gabriel lo dijo ayer; en ese entonces yo todavía creía en la Virgen de Guadalupe, y no sabía nada de los mayas ni cómo dormir en hamaca. La urgencia era inscribirme en una universidad pública, donde fuera, por suerte ¡ya tengo título! Pero pasaron 25 años para volver a juntarme con las niñas y adolescentes con las que crecí, amigas – mujeres con las que hacía un cuarto de siglo que no cotorreaba ¡Que Facebook ni qué nada, en vivo y a todo color! ¿Pos pa’ qué viaja una tanto?

Durante todo este tiempo solo vine a Durango en las vacaciones de Navidad, pero no cada año, ni muchos días, y pasaba la mayor parte del tiempo en la cocina de la casa de mi mamá, sin ganas de salir, desconectada de todo.

Durango no ofrecía tantas maravillas como ahora que, por si fuera poco, me acaba de poner la librería del Fondo de Cultura Económica “José Revueltas” a cuadra y media de mi cama.

Entre marzo y abril, reconocer mi ciudad me transportó a un estado de paz que anhelaba de manera inconsciente. Ni yo sabía la falta que me hacía caminar otra vez en este clima, tomar el agua de aquí, escuchar el acento duranguense, comer gorditas y tomar mezcal calientito, recién hecho. Ojo. No soy una vendepatrias, como hace poco me dijo un amigo (medio en broma – medio en serio). Tengo un pie en Yucatán; su suelo me atrae, y también allá pertenezco.

 _Rolas_, tras el carrito del dulcero toma la foto oficial del _Barrio_ en la u?ltima rodada del 2013

–Ta’ bueno, ah te paso a buscar a las 7.

–No, mejor te veo en el Parque de La Madre, voy a estar frente al Fantasio, contemplando la luna…

Mérida es romántica por naturaleza, y más mi amiga Michelia.

Durango este año me hizo crecer un poquito, pero de golpe: el paisaje, la vibra y mi casa han influido en mi manera de percibir el amor, mis múltiples oficios, las relaciones, el cine, la bebida, la comida, el sexo, la música y la poesía. De la noche a la mañana me fortalecí anímica/espiritual y literalmente, al grado de que por fin pagué una deuda grande, empecé la producción de un nuevo documental, del que ya tengo un avance en plena promoción,  véanlo: http://vimeo.com/70255428

Por eso le doy al 2013 un grado superior con bombo y platillos, tuba, tololoche, trompetas… Es como si a cada una de las pláticas con mis confidentes especiales le antecediera un redoble, también a los encuentros con mis nuevas amigas, y a las salidas con mi auténtica banda, la del Barrio, con quienes me junto los miércoles, como anoche, que salí a jugar con ellos en la calle… ¡otra vez!, a pedalear cañón.

Además, a la hora de la comida, Zita Barragán la nueva presidenta de la Sociedad de Escritores me tomó protesta como nueva integrante, a mí y a otros nuevos socios (Ismael Lares se ausentó: ahorita regreso, dijo) y me dieron la bienvenida con horchata, no dudo que fuera yucateca; unos minutos antes, además, pacté un proyecto con el músico Enrique Escajeda, así que lo digo a los cuatro vientos: ¡Adiós glorioso 2013! Y a seguir dándole.


Autores
Es autora del libro Premio Casa de las Américas. 50 años – 11 entrevistas, investigación con la que se tituló como antropóloga con especialidad en lingüística y literatura por la Universidad Autónoma de Yucatán. Para 2014 prepara un libro testimonial sobre los contrastes culturales entre Yucatán y Durango, proyecto que surgió por iniciativa del programa Tierra Adentro.

Siempre me ha parecido absurda la Navidad. No quiero decir que odie los regalos o la comida. Lo que me parece descabellado es esta especie de locura que nos incita a colocar muñecos de nieve, trineos y renos en un valle donde solían crecer lirios acuáticos, perros sin pelo y pencas de nopal. Imagino el mundo si nosotros hubiéramos ganado esta guerra cultural y fueran los noruegos quienes, en lugar de pinos de navidad, se vieran en la desternillante necesidad de colocar enormes magueyes tequileros en medio de su sala, con xoloitzcuintles de peluche, jaguares o místicos naguales para colgar como adornos. Ya los querría ver a los pobres alemanes comer camotes poblanos y cocadas en lugar de tristes y desabridas galletitas de jengibre −quién sabe, quizás en una de esas evitaríamos así otra guerra−.

La cuestión es que a muchos les molesta la Navidad por el tráfico, el desfalco o la inevitable tragazón, pero es a través de su iconografía que se pone en evidencia lo que realmente debería pesarnos: ante todo, se trata de una cuestión de poder.  Cada diciembre nos recuerdan, bajita la mano, quién ganó la guerra cultural y al son de quiénes marchamos. ¿Que nos estamos cansando de los colores coca-cola y nos empezamos salir del huacal? No se preocupe usted. Ya hace unos años que tenemos arbolitos morados, azules. O-p-c-i-o-n-e-s. Usted tiene opciones. Aunque dejar de celebrarla, no sea una de ellas. El verdadero espíritu navideño es perpetuar esa relación vertical entre unos humanos y otros.

Claro que hay cosas lindas de la Navidad, como que muchos eligen precisamente estas fechas para salir del clóset o aprovechan la cena familiar para presentar a la novia fea. También hay otros fenómenos sociales silentes que no dejan de sorprenderme: mucha gente elige estas fechas para morir. Algunos se dejan caer por los puentes peatonales, otros simplemente adelantan el reloj para morir a tiempo, antes de que los agarre un nuevo ciclo.

Pero ahí, en medio de una gran melancolía y dulzura decembrina, sentimientos mucho más viejos y mucho más importantes que la mugrosa Navidad, allí mezclada se encuentra, seguramente, la sensación de impotencia y desamparo que nos trae ese gran zapato cultural que nos aprieta el pescuezo. Como niño nos la tragamos sin filtros y para cuando somos adultos, ya no hay escapatoria.

Si nos resistimos tanto a aceptar la adultez, es quizás porque sabemos que en algún punto vamos a tener que tragarnos mentiras como La Democracia o La Monogamia. Así, con mayúsculas. Y bueno, es horrible, pero ninguna mentira tan absurda y tan política −que además tragaremos junto a un enorme guajolote relleno de carísimos piñones− como La Navidad.


Autores
nació en un hospital público de Av. Toluca (ciudad de México, 1973) pero creció en la Calzada de Las Águilas, lo que supone una infancia feliz aunque cuesta arriba y llena de topes. Le da un poco de pena decir que estudió Comunicación (pero se la aguanta porque no hizo la tesis en balde). Ha escrito algunos guiones y dirigió un cortometraje premiado por IMCINE. Escribe en muchas revistas pero su comentario mensual sobre cine aparece en Chilango. Este año publicará su primera novela en una editorial catalana. En su cabeza revolotean cómics y canciones de los Flaming Lips todo el tiempo.