Tierra Adentro
Tabachín. Eugenia Coppel.

En México la vida se pone sobre la línea en cada trayecto ciclista. La bicicleta blanca está ahí para recordarlo, como detalla en este texto Vanesa Robles, Premio Jalisco de Periodismo 2013 en crónica. Suspendidas entre las calles para regresar a lo humano, las espeluznantes cifras de muertes en bicicleta, son testimonios que, desde Guadalajara, nos urgen a voltear la vista no sólo al peligro que acecha al ciclista, sino hacia problemáticas que estrangulan nuestra convivencia en el cada vez más complejo acto de desplazarnos.

Guadalajara es una de las metrópolis del mundo que más acumula altares de conmemoración a los que fueron sorprendidos mientras pedaleaban. Incluso así no se le ve el fin a la expansión del parque vehicular.

Vanesa Robles

Necesitas un coche nuevo, piensas esta mañana. Nunca has tenido uno, ni siquiera de los económicos. Nunca te ha ajustado para sentir la magia de los ochenta por hora, sin que el motor de tu carcacha tiemble, agonizante. Eso vas pensando con la saliva amarga cuando llegas a la esquina de Tapalpa y Barra de Navidad, donde te impiden el paso las Lobos, Hondas y Mercedes que a las ocho de la mañana entregan chamacos en el colegio más exclusivo de Guadalajara. Viejas cabronas. Sacas la envidia a pitazos. Las pocas que te miran, te miran feo. Qué te va a importar. Como puedes te les metes, te les metes, te les metes… Pero al final del cruce, en el último acelerón, te espera otro maldito obstáculo. El barrendero de la colonia está distraído, amarrando su escoba de popotillo sobre una bicicleta vieja. Metes freno. Te pasa todo hoy, cuando tienes tanta prisa por encontrar una bicicleta blanca.

Las bicicletas blancas comienzan a notarse en Guadalajara, dicen los que son buenos para notar cosas. Según quienes las ponen, en 2008 aparecieron las primeras y, desde 2009 hasta noviembre de 2013, se han instalado ciento treinta y una (en la ciudad de México la organización Bicitekas instaló diez en este tiempo). Así Guadalajara, que hace apenas treinta años era una provincia “bicicletera”, es quizá la urbe del mundo con más memoriales a esa muerte que sorprendió al prójimo mientras pedaleaba.

Eso te dicen. Hasta hoy tú nunca habías visto una y dudas que otro automovilista –tan automovilista como tú– la haya visto.

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Antes del 20 de octubre de 2012, Ollín Monroy tampoco sabía de bicicletas blancas. Ese día por la mañana un autobús atropelló a su amigo, Jesús García, de veinticuatro años, en la zona rosa. Tras una semana de luto, Ollín visitó la asociación Gdl en Bici. Ahora es el responsable de la instalación de los memoriales en la ciudad. Por eso Ollín Monroy trae las fechas y los sitios en la punta de la lengua.

Como ocurrió con los autos motorizados, la idea del memorial llegó a México desde Estados Unidos, relata. Allá la primera instalación fue un biciclo níveo y alado, en el ingreso del túnel Stockton de San Francisco, en 2001. Se le ocurrió al movimiento Critical Mass, que lidera el activista Chris Carlsson. Dos años más tarde, en 2003, en St. Louis Missouri nació el movimiento Bicicleta fantasma (ghost bike), que se ha dispersado por ciudades de 26 países (ghostbikes.org).

En Guadalajara, el grupo Ciudad para Todos adoptó la idea desde 2008, con el nombre Bicicleta blanca y, un poco después, el movimiento Bicitekas hizo lo mismo en la Ciudad de México.

La bicicleta blanca es los tenis del vencido colgados en los cables del barrio, es la cruz al pie de la carretera, el recordatorio de que algunos obstáculos estaban vivos. El equipo de Ollín Monroy cuenta a los caídos. La instalación de bicicletas blancas nunca ha podido alcanzar a los muertos, que acá son muchos.

En 2008, compara, entre Holanda, Bélgica y Luxemburgo tuvieron cuatro ciclistas muertos en accidentes viales; Nueva York, donde hay 8.3 millones de habitantes, tuvo veintitrés. En Guadalajara, que no llega a los cinco millones de pobladores, Gdl en Bici halló treinta y cinco cadáveres de ciclistas, en las pequeñas notas que los diarios dedican a lo que se volvió común. Casi dos terceras partes murieron por las lesiones, tras haber sido arrollados por vehículos particulares y de transporte público (sólo una ruta abonó cuatro). Otras víctimas cayeron en los baches y alcantarillas abiertas de las calles.

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Río Nilo es una avenida humeante e irregular, y una de las más congestionadas de la zona metropolitana. En el oriente bronco de la urbe se conurban Guadalajara y Tonalá, uno de sus municipios más pobres. En esta frontera, Patricio Gómez dejó la vida, recién cumplidos los treinta y ocho de edad. Su memorial está en la esquina con Ignacio Navarrete.

La noche del 5 de octubre de 2013, la hija pequeña de Patricio tenía calentura, por lo que el velador subió a su hijo, de siete años, en la parrilla y se fueron a conseguir unas medicinas. Cuenta su viuda, Rosa Feliciano, que apenas se habían ido cuando le tocaron la puerta del cuarto donde vivían, para avisarle que su esposo se había accidentado. Ella pensaba encontrarlo con una pierna rota y lo encontró cubierto con una sábana blanca. Desde esa noche, el niño sigue sin recuperarse de una fractura expuesta del fémur izquierdo. No sabe qué le ocurrió a su papá.

Los que vieron, le dijeron a Rosa Feliciano que un borracho se pasó el semáforo de Río Nilo y se llevó a Patricio. Y todo lo cuenta ella a través de un celular, desde el cual sale una voz ansiosa. No puede recibirme, se defiende. Se quedó sin esposo y sin tiempo, porque antes era ama de casa y ahora debe mantener a una prole de tres. Cuelga pronto, pero antes lanza un par de preguntas rabiosas: “¿Porque a mí me dejaron sin esposo, oiga? Un borracho causa un accidente y no da la cara, mientras nosotros… ¿Con qué voy a mantener a mis niños?”

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Guadalajara tiene veinticuatro paseos ciclistas, sin contar a la Vía Recreativa, un espacio dominical que comenzó en 2004 y, para 2013, convoca a más de doscientas mil personas en veinticinco kilómetros de avenidas. Desde 2008 han surgido rodadas con fines políticos, familiares, feministas, para ciegos, de coleccionistas… “El problema es que han sido empoderados por el gobierno del estado que, inclusive, les asigna escolta policiaca. Ellos haciendo dagas y la policía cuidándolos, el sueño de cualquier marginal”, publicó hace unos meses un lector en la página de un periódico.

La pelea por el espacio público huele a viejo. Hace poco más de un siglo, en el verano de 1896, unos cien mil ciclistas se manifestaron en las calles de San Francisco para exigir el respeto de los primeros coches de motor que recorrían el puerto, narra la revista electrónica Processedworld. La competencia comenzó pronto; los autos habían nacido apenas treinta años antes.

Como su popularización fue lenta, los automotores no fueron tema de discusión científica al principio. Pero parece que ya en los años cincuenta del siglo XX se notaba su influencia en las emociones humanas, o así lo percibió Walt Disney Pictures, que en 1950 mostró, en su cortometraje Motor Mania, cómo Mr. Walker, “un hombre agradable y honesto”, puede transformarse en Mr. Wheeler apenas pisa el acelerador de su convertible amarillo. Y Mr. Wheeler es el mismísimo diablo. “Soy el dueño de la vía. La pago con mis impuestos y la usaré como quiera”, grita.

El tema ocupó, en 1973, al filósofo y periodista André Gorz, quien cuestionaba: “Un automóvil, igual que una finca con playa, ¿no ocupa acaso un espacio que escasea? ¿Acaso no priva a los otros que utilizan las calles (peatones, ciclistas, usuarios de tranvías o autobuses)? […] El automovilismo de masa […] funda y sustenta la creencia ilusoria de que cada individuo puede prevalecer y beneficiarse a expensas de todos los demás”. El conductor, continúa Gorz, “a cada minuto asesina simbólicamente a los demás, a quienes ya no percibe más que como estorbos materiales y obstáculos que se interponen a su propia velocidad” (Letras Libres 132). Para André Gorz, la paradoja de los muchos carros es que crean más distancias de las que acortan.

Cómo podría ser distinto, si millones, en la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, pasan hasta una décima parte de su día dentro de un automóvil. Si el coche es “el único espacio de intimidad”, desde donde miles de personas pueden “sentir y expresar libertad, vértigo, euforia, bronca y violencia […] Si es el único ámbito de gobierno sobre la vida personal”, le dijo el psicólogo público Gustavo Zaldívar a la periodista Carolina Brunstein en la “Radiografía de un automovilista chocador” (El Clarín, 16 de marzo de 1997).

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A principios de los años setenta, André Gorz llamó al mundo a la cordura, “a sentirse como en casa en sus barrios, dentro de su comunidad, dentro de su ciudad a escala humana”, a pie o en bicicleta. La verdad es que en las grandes ciudades de México hay pocas oportunidades de montarse en una bicicleta sin salir herido o, ya de menos, asustado. Ollín Monroy, el activista de la Bicicleta blanca en Guadalajara, confiesa que cada vez que instala un memorial se pregunta si el próximo será para él.

Siempre, recomienda, el de la bicicleta debe hacer contacto con la mirada del automovilista, antes de cualquier movimiento. Resulta que la técnica de comunicación más antigua de la humanidad es lo que queda en las ciudades que crecen en la medida de su parque vehicular.

Y las grandes metrópolis de México tienen un serio problema. Guadalajara posee casi trescientos treinta vehículos motorizados por cada mil habitantes, mientras que, por ejemplo, la zona metropolitana de la Ciudad de México tiene unos doscientos noventa y uno, según el Centro de Transporte Sustentable (Santiago de Chile alcanza ciento cuarenta y nueve por cada mil; Bogotá, Colombia, ciento quince, y Lima, Perú, cincuenta).

En México los reyes del camino son los coches particulares: determinan la nueva cara de los barrios viejos, esculpen el cuerpo que tendrán las colonias nuevas y dictan una parte considerable del gasto público, aunque sólo mueven a treinta por ciento de los pobladores. En un país que prohibió el cigarro en las cantinas, a nadie se le ocurriría prohibir el exceso de automotores, aunque contribuyen hasta con ochenta por ciento de algunos contaminantes asesinos.

El tema ha llamado la atención de organismos internacionales, como el Banco de Desarrollo para América Latina. Uno de sus últimos inventarios sobre movilidad en la región acusa que en 2007 Guadalajara no había destinado ni un centímetro de sus once mil quinientos kilómetros de vías a la circulación de las bicicletas (Curitiba, Brasil, con seis mil seiscientos kilómetros, tiene ciento veintiuno de ciclovías). La cosa pinta para que las bicicletas blancas sigan apareciendo colgadas de los postes de la ciudad (en los países donde la gente no tiene necesidad de vender chatarra, las ponen al nivel del suelo).

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“El chiste es que cuando a los automovilistas les toque un alto, miren hacia arriba y tomen conciencia y se acuerden de que sobre cada bicicleta blanca había una persona viva”, dice Ollín Monroy. Piensas que Ollín es ingenuo. Hasta ahora tú, que recorres diario la ciudad, jamás viste una. En cambio la idea del coche sigue taladrándote el cerebro mientras él habla.


Autores
Guadalajara, Jalisco, 1973), quien practica el deporte extremo de ser periodista freelance. Cuando tenía siete años, su mamá la mandó a las tortillas en bicicleta y un coche la atropelló, asunto que la previno de volver a pedalear pronto. Retomó los pedales a la edad de Cristo, pero hace un trienio que su bicicleta verde está arrumbada en el cuarto de los tiliches. Después de escribir este reportaje le dio más miedo agarrarla otra vez, luego se alegró porque mientras escribía la crónica que aquí aparece le dieron, justamente, el Premio Jalisco de Periodismo 2013 en Crónica.
Ilustración de Jean-Françoisse Desserre.

Asentado desde el año 2006 en la ciudad de Berlín, el artista Jean-François Desserre (1970, Francia), desarrolla el impecable trabajo de la gráfica desde diversos niveles: el político, el académico y el creativo. Digo impecable porque aún entre o sobre la mancha, el trazo definitivo es una de las características que prevalecen y marcan las historias o estampas del artista, ahí donde la crítica es incisiva o donde la reflexión se abre paso.

Con una maestría en Historia del Arte en la Universidad Paul Valéry de Montpellier y un doctorado en Ciencias del Arte en la Universidad Aix-Marseille obtenido en el año 2008, Desserre se desenvuelve en la investigación desde su taller particular al tiempo que diseña y produce tanto novelas gráficas, como revistas de corte independiente.

Ilustración de Jean-Françoisse Desserre.

Ilustración de Jean-François Desserre

Ilustración de Jean-Françoisse Desserre.

Ilustración de Jean-François Desserre.

Junto a Manuel Fadat y Maeve Harrison, desde Montpellier en el año 2001, Desserre creó y produjo la edición de Los Flamencos No Comen, (título que refiere el hecho de hacer y asumir el arte como acto político y de resistencia), revista dedicada a la creación y a la investigación desde la estética, la historia del arte, la política y la literatura. Maravillosos ejemplares detalladamente editados e impresos en blanco y negro, 80 páginas, en varios casos bilingües, o trilingües, trece números de colección. Dibujos y textos que entre el francés, alemán y español reúnen artistas de diversas partes del mundo.

Ilustración de Jean-Françoisse Desserre.

Ilustración de Jean-François Desserre.

Las prácticas del y con el dibujo es el enfoque principal de Desserre.  A partir de temas y autores de su interés particular, desarrolla una estética frondosa a partir de la línea, ese enigma que a veces se logra con el buen y preciso uso de la tinta negra.  Proyectos como ilustrar y animar la novela El Maestro y Margarita del ruso Bulgákov o dibujos sobre la figura del socialista histórico Jean Jaurès, son temas referenciales que demarcan complejidad y espacios, momentos clave no muy visitados en la narrativa visual contemporánea. El tema erótico es también uno de los juegos con que muchas de sus imágenes subrayan y guían la mirada del artista hacia la condición humana en su más directa expresión: el cuerpo.

Actualmente Jean-Françoisse Desserre prepara una serie de dibujos para la exhibición sobre Jaurès en su país natal. Desde un Berlín eléctrico –ya se sabe–, los trazos del artista fraguan poco a poco, la historia. La personal y la colectiva. La historia que un gran dibujante sabe hacer: crítica, divertida, poderosa.

Aquí, en su sitio más imágenes: http://jeffdesserre.blogg.org/

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Ilustración de Jean-François Desserre.


Autores
(Guanajuato, 1973). Realizó estudios de licenciatura en Diseño Gráfico y la maestría en Estudios Socioculturales. Ha publicado los siguientes libros: Libro del Aire (Editorial De la Esquina, 2011), Okupas (Letras de Pasto Verde, 2009), Todas estas puertas (Tierra Adentro, 2008), Entre las líneas de las manos (en el libro Tres tristes tigras, Conaculta, 2005) y Bravísimas Bravérrimas. Aforismos (Editorial De la Esquina, 2005). Participó en el Laboratorio Fronterizo de Escritores/Writing Lab on the Border (2006), participó en el Festival de Poesía Latinoamericana LATINALE 2007 con sede en Berlín. Recibió la beca del FONCA para escritores en 2007. En Mayo de 2012, participó en las jornadas literarias “Los límites del lenguaje” con sede en Moscú. Su trabajo escrito y gráfico ha sido incluido en varias antologías así como en revistas nacionales e internacionales. Desde el año 2001 vive en Tijuana. Ama la música y ama dibujar.
Fotografía de Héctor Río.

Era 1999. Yo cursaba el último mes del tercer grado de secundaria. A mi escuela entraron unos jóvenes con camisetas negras, blancas y rojas. Pasaron a cada salón de clases para informarnos sobre el movimiento estudiantil en la UNAM. Todos permanecimos en silencia durante la plática. Al final del día, como era costumbre de todos los estudiantes de allí, nos reunimos en “La Glorieta”; me sorprendió que los jóvenes del movimiento aún permanecieran en los alrededores de la escuela entregando volantes, pidiendo cooperación monetaria para así poder llevar a cabo más volantes; también informaban a todo el que se cruzara enfrente. Los miré detenidamente hasta que uno de ellos se acercó a mí y con una sonrisa me entregó un volante y una fotocopia con esto:

 

Confianzas

Se sienta a la mesa y escribe «con este poema no tomarás el poder» dice «ni con miles de versos harás la revolución» dice

y más: esos versos no han de servirles para que peones maestros hacheros vivan mejor coman mejor o él mismo viva mejor ni para enamorar a una le servirán

no ganará plata con ellos no tendrá cine gratis con ellos no le darán ropa por ellos no conseguirá tabaco o vino por ellos

ni papagayos ni bufandas ni barcos ni toros ni paraguas conseguirá por ellos si por ellos fuera la lluvia no mojará no alcanzará perdón o gracia por ellos

«con este poema no tomarás el poder» dice «con estos versos no harás la revolución» dice se sienta a la mesa y escribe

 

En aquella época leía la poesía que el enjuto maestro de Español nos dejaba de tarea, Sor Juana, Amado Nervo, Octavio Paz. Fue la primera vez que alguien me regaló un poema y me pidió que leyera en voz alta. De regreso a casa repasé muchas veces esos versos; hasta esa fecha no había leído nada así. Gelman me hizo compañía en mis primeros años de Prepa, cuando decidí estudiar literatura como carrera universitaria, cuando dejé la casa de mis padres a los 21 años; cuando me alejé de la universidad para ser poeta, para no buscar plata, para no conquistar nada en la vida de nadie; para escribir de él, quien sin saber, me enseñó a descubrir que existen esos  que escriben versos contundentes y hermosos, y se convierten en tus confidentes, en amigos para toda la vida.

*

Juan Gelman nació en la ciudad de Buenos Aires, el 3 de mayo de 1930. Fue poeta, periodista y traductor. Debido a su actividad política y periodísticas vivió en el exilio entre 1975 y 1988. Durante los años fuera de Argentina padeció en carne propia el dolor de la desaparición de su hijo y nuera, víctimas de la cruenta dictadura militar. Entre sus obras más destacadas están Velorio del soloGotánEl juego en que andamos, Serfíni o Cólera Buey, así como Los poemas de Sydney West, Traducciones, Fábulas, Relaciones, Hechos y relaciones o Si tan dulce; País que fue ser, entre otros. A lo largo de su vida recibió numerosos galardones, como el Premio Nacional de Poesía en 1997 y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2005;  el Premio Cervantes en 2007,  y dos años después la Asociación de Poetas Chinos le otorgó el Premio Antílope Tibetano. Vivió durante muchos años en la ciudad de México, donde finalmente falleció hoy martes 14 de enero de 2014. El mundo por ahora está en silencio, detenido, solo, ausente. Adiós, che. Adiós, querido amigo.


Autores
(ciudad de México, 1984). Poeta, narradora y editora. Ha publicado en diversas revistas literarias como Casa del TiempoDédaloSíncopeEste PaísPalestraMaldoror (Uruguay); la revista digital Valderrama y el suplemento cultural Guardagujas, de la Jornada Aguascalientes. Su primera obra poética Cosas que nunca dije antes de que estallaran las bombas fue publicada en 2012 por el sello editorial catalán Foc. Fue becaria en el área de narrativa por la Fundación para las Letras Mexicanas (2009-2010).
Fernando Muñoz. Fotografía de Itzel Lara.

En días pasados recibí una invitación para escuchar un programa de radio por internet sobre el teatro, me llamó la atención no sólo que se transmitiera desde Sonora (a cargo de gente comprometida y amante del teatro) sino que casi cumplirá  año y medio de existencia, en un momento en el que no es fácil sobrevivir con proyectos culturales independientes.

En entrevista con su fundador y locutor, Fernando Muñoz, director y dramaturgo,  platicamos un poco más sobre El arte en el acto una transmisión que día a día gana más adeptos.

Itzel Lara: Cuéntanos cómo surge la idea de un programa de radio por internet sobre teatro.

Fernando Muñoz: Hace dos años en un programa de Radio Universidad  (Los Diletantes) me invitaron a tener un espacio donde hiciera alusión a  la programación del teatro local, es decir, difundir la cartelera de teatro sonorense, hablar del mismo y entrevistar creadores escénicos. Este contacto sirvió a que por medios gratuitos de páginas web y redes sociales, me hiciera de un espacio para –repitiendo- Difundir el teatro en nuestro estado. La respuesta fue agradable y la gente  (potencial espectador) quería conocer  y saber qué era lo que se estaba gestando en la escena teatral sonorense. En ese momento nace una radio independiente  “Política y Rock and roll radio  en el 97.7FM” en Hermosillo con un enfoque social y político y nos invitan  a tener en forma un espacio radiofónico que trate el tema del teatro en el estado; entonces surge El arte del  acto.

La respuesta en ambos espacios, el que tengo en la universidad y el de El arte del acto,  ha sido buena, tanto así que continuamos; lo sabemos por las llamadas y las personas que nos adhieren como contactos en las redes sociales.  El arte del acto lleva 16 meses al aire y vamos por muchos meses más.

Este es un programa donde la gente de teatro también tiene la oportunidad de expresar sus inconformidades casi siempre respecto a la gestión cultural de las instituciones, es decir, existe por parte de los directivos de la radio una apertura completa, sin restricciones de ningún tipo, por lo tanto eso le ha dado al programa un estatus dentro de nuestro entorno, mismo que se aprovecha de la mejor manera. En un principio, y en el primer programa, que recuerdo bien, porque fue un 11 de septiembre, fecha catastrófica para los gringos, tuve de invitado al dramaturgo sonorense Juan Carlos Valdés, y desde ese momento se convirtió en mi cómplice y compañero de locución. Juan Carlos estuvo conmigo por espacio de 6 meses y desafortunadamente después tuvo que irse por cuestiones de trabajo. Todos estos meses siempre ha estado pendiente del programa Alejandro Cabral compañero teatrista y conductor también de radio, que de una u otra manera andaba de metiche con nosotros y es él quién continuó la labor bien empezada por Juan Carlos, y hasta la fecha seguimos en la batalla.-

IL: ¿Cuál ha sido la respuesta del radioescucha? 

FM: Me causa temor esta pregunta; aunque sabemos que ha sido favorable, no lo sé a ciencia cierta, pero me encontrado con gente que escucha la radio y dice que le gusta, eso es bueno para nosotros. De cierta forma la radio en sí tiene su auditorio, así como cada programa, porque es una radio de vanguardia que no oculta nada, y no le teme a los bloqueos por parte de las autoridades, tanto así que ha casi dos años de creación de la misma seguimos en la clandestinidad. Fíjate que la que gente de teatro sintoniza la radio, porque sabe que tendremos una información completa de lo que está ocurriendo en materia teatral, no sólo en nuestro estado sino a nivel nacional e internacional, eso nos hace tanto a Alejandro como a mí estar al pendientes de lo que sucede con el teatro a nivel mundial, eso también es bueno para nosotros, aprendemos mucho cada día. El arte del acto es un programa que se está consolidando poco y lento, pero firme, no sé hasta dónde lleguemos, pero estamos contesto con los resultados.

IL: ¿Podrías hablarnos un poco sobre alguna emisión que consideres ha sido la más entrañable?

FM: Hay varias que son entrañables, el primero programa por supuesto, donde ocurrió de todo, tantas fallas que ya casi desistía de hacer el siguiente. Afortunadamente estaba Juan Carlos conmigo y me salvó, entonces supongo que le di lástima y me siguió en ese viaje de difundir nuestro teatro. Porque si algo quiero y queremos es que nuestro teatro se conozca, no sólo en la región, sino a nivel nacional y más si se puede, sobre todo la dramaturgia que creo es un algo de los sonorenses que pega fuerte en nuestro país, pero también padece el asunto de la difusión. Existen en el estado gran cantidad de dramaturgos y ya me desvié dela pregunta, ahorita la retomo, que son conocidos y reconocidos, pero hay otros que están surgiendo y necesitan de espacios y encuentros para dar a conocer su obra, nosotros en la radio lo hacemos, porque de repente nos aventamos alguna lectura teatral de un dramaturgo de Sonora. Nombres como Sergio Galindo, Roberto Corella, Cutberto López, los leen y los montan; pero hay más, está por ejemplo Rafael Martínez, que ha ganado por ahí un premio nacional de dramaturgia, y ahora mismo Carlos Córdova que se ganó el Gerardo Mancebo del Castillo, entonces la cosa va bien; y por supuesto Juan Carlos Valdés y un servidor que seguido se me ve por festivales de dramaturgia. Volviendo a la pregunta: debo decirte que hemos tenido la oportunidad en el programa de tener en cabina a gente del medio teatral muy importante. Han estado con nosotros por ejemplo, Aracelia Guerrero, por supuesto casi todos los creadores sonorenses, entre ellos Rodolfo Nevárez, Gabriel el chino Arellano, María del Carmen Feliz, que son actores y actrices que tiene su lugar en el distrito federal y constantemente tienen participación en montajes de allá. Hacemos llamadas telefónicas y hemos tenido el gusto de charlar con Estela Leñero, Hugo Wirth, Luis Mario Moncada, Alejandro Román por citar algunos.

Pero sí, hay un programa del que tengo un bonito recuerdo y fue un día que mi compañero de locución no pudo estar, y me acompañó Claudio Valdés Kuri, un tipazo, con el que hablamos no sólo de teatro, sino de política y quien sabe que más cosas, de ahí por supuesto nos fuimos a consumir líquido ambarino para seguir la plática, o no sé si fue ese día, pero si vaya que convivimos, un gran amigo y mejor creador mexicano.

IL: ¿Qué tienen preparado para próximas emisiones?

FM: Primero seguir, y luego producirlo mejor, es decir, tener algunos compañeros más que nos echen la mano para que se escuchen más voces. Tener cápsulas de rigor, entrevistas, y sobre todo una vez al mes una lectura de dramaturgo sonorense en vivo y en directo. Acudir a encuentros de teatro en el país y si se puede en el extranjero, en fin creo que muchas cosas que seguro se irán dando en el transcurso del año, surgirán cosas nuevas.

IL: ¿Cómo ha sido tu experiencia a lo largo de este primer año? ¿Qué consideras que se debe cambiar o reforzar?

FM: La experiencia magnifica. Quien si no yo tiene la posibilidad, aprovechando el medio de la radio de  platicar y convivir con grandes creadores del teatro. Eso no lo cambio por nada. Otra cosa, es que las instituciones nos respetan, aunque se encabronen, y toman en cuenta nuestra opinión, eso también es bueno. Nos conocen, no muchos a nivel nacional, que al fin y al cabo es algo que queremos, por aquello de la difusión de la que hemos hablado. Y  respecto a cambiar o reforzar, creo que tal vez conseguir por ahí patrocinios para poder tener un programa más completo, es decir, con mayores alcances tecnológicos. Tener una página web –que la tenemos, pero gratuita- que se pague el hospedaje y alguien que nos ayude a administrarla, y buenos como verás para eso se necesita dinero, por eso digo que buscaremos financiamiento.

IL: ¿Cuál es el futuro del programa?

FM: Continuar por ahorita. Tener lecturas dramatizadas. Entrevistar más creadores nacionales y por ahí algunos extranjeros, y sobre todo seguir aprendiendo. Y que la radio crezca, si la radio crece nosotros también.

*

El arte del acto  se transmite todos los martes a las 7 p.m., horario local de Hermosillo, Sonora, por en 97.7 FM


Autores
Ciudad de México, 1980. Dramaturga. Autora de Aún no recuerdo su rostro (FETA 2014). Fue Becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas (2009-2011) y de Jóvenes Creadores, FONCA, (2008-2009). Participó en los talleres de The Royal Court of London y realizó una residencia en la misma institución en marzo del 2013. Su obra Anatomía de la Gastritis, traducida al francés por David Ferré, fue editada por la editorial Le Miroir. Ha publicado Editorial El Milagro; Los Textos de la Capilla, segunda generación; Tierra Adentro, Buena tinta y la revista Este País. Su guion Distancias Cortas fue publicado en co-edición con IMCINE y Editorial Buena tinta, en 2012.

Ahora que la crónica goza de mucha aceptación en el mundo editorial, habrá que recordar que quien le dio una importancia literaria de la que carecía fue Salvador Novo (Ciudad de México, 30 de julio de 1904-1974). Fue un renovador de la crónica con libros como Jalisco-Michoacán, Continente vacío (1935), Nueva grandeza mexicana (1946), Los paseos de la ciudad de México e Historia de Coyoacán (1974), que escribió junto con su discípulo Miguel Capistrán (algunos también consideran El joven, de 1928, pero en realidad es un relato que se inserta en la tendencia de los Contemporáneos en escribir relatos como Dama de corazones, Novela como nube o Margarita de niebla). En 1967 sucedió a don Artemio de Valle-Arizpe como Cronista de la Ciudad con lo cual la calle donde vivía tomó su nombre, por eso existe la calle Salvador Novo en Coyoacán.

Además, cuando Novo apenas tendría unos 24 años, a finales de los años veinte, junto con su grupo de amigos que se hacían llamar “Grupo de Ulises” (Antonieta Rivas Mercado, Xavier Villaurrutia, Celestino Gorostiza, Gilberto Owen…) se propusieron montar las obras de teatro más vanguardistas que se estaban dando en el mundo. Y con montarlas me refiero a que no sólo las actuaron y dirigieron sino que tuvieron que traducirlas especialmente al español. Publicaron también la revista Ulises, en la que Novo tradujo por primera vez a poetas vanguardistas de la lengua inglesa como e. e. cummings. Años después, Novo inauguró “La capilla”, en Coyoacán, con otra obra vanguardista: Esperando a Godot, de Samuel Beckett. Y cuando fue director de Teatro y Literatura en Bellas Artes, Novo les abrió las puertas a dos jóvenes dramaturgos que serían pilares del teatro mexicano: Emilio Carballido y Sergio Magaña.

Novo es, por fortuna, uno de los poetas mexicanos más leídos del siglo XX. Entre jóvenes generaciones son indispensables libros suyos como Espejo, Nuevo amor (ambos de 1933), Poemas proletarios (1934) y su mordaz Sátira (1955). Pero sin duda su obra maestra en la prosa son sus memorias La estatua de sal (1998), a pesar de haber quedado inconclusas. En ese libro está el mejor prosista y, tal vez sin proponérselo, el mejor cronista pues dejó muchos datos sobre cómo era y cómo se vivía la vida homosexual a principios de los años veinte, todavía con reminiscencias porfirianas y sin concretarse las demandas revolucionarias. Con total naturalidad, sin avergonzarse ni hacer alarde, Novo fue siempre el homosexual más público en los años que una actitud así era un verdadero tabú y escándalo social.

Así quiero recordar a Salvador Novo, quien murió hace 40 años, un 13 de enero de 1974.


Autores
(Ciudad de México, 1981) es autor de La síntesis rara de un siglo loco publicado por el FETA.

En el principio, cuando el mundo era simplemente una bahía, entre la nada y el caos ya flotaban los deseos. De ellos brotó todo lo imaginable: “caza, pesca, fauna, alucinaciones”. Desde entonces, aquella tierra fue el acuario del mundo, la dársena paradisíaca y al mismo tiempo, un “mundo violento, ridículo”.

Heredero de irritilas, los pobladores originales de La Laguna, a quienes los misioneros jesuitas describieron como “medio peces, medio hombres”, Julio César Félix Lerma canta en este libro a los mares del Pacífico y a las lagunas de Mayrán, al valle, a la sierra y a las criaturas que allí habitan. Para decirlo con sus palabras, celebra al “mar y la arena/ en coito”; a “los seres planetarios [que] rodean nuestras casas”.

Desde el principio, el poeta declara su premisa: la intención de registrar “los quehaceres cotidianos de los hombres/ y sus visiones nocturnas”. Desde ahí queda planteada la noción de dualidad que recorre todo el libro: el hombre y su circunstancia de los que hablara Ortega y Gasset; naturaleza exterior y naturaleza humana. Afuera, el paisaje: la blancura del desierto, los azules del mar, los cielos enverdecidos, las especies animales, un río vertiginoso; adentro, el reencuentro diario con el amor: el aroma del cáliz, la boca dulce, la concupiscencia de los cuerpos que se buscan, que se anclan uno en el otro.

El cuaderno se estructura sobre la base de un rejuego de dicotomías. Hay una segunda: de un lado, ese paisaje prístino “de tinta de pulpo y de cactácea”; del otro, la selva urbana: la violencia del entorno social, ese caos que regresa, tornasolado y sangriento, y que marca una cotidianidad a ratos escalofriante.

“Navego mar adentro en la víspera de la noche”, dice Julio César y describe “un cuadro azul marino en todo su esplendor”. Yo, sin embargo, también preveo navegaciones hacia esos mares interiores que se tornan luminosos entre el celaje de los cuerpos que aúllan en medio de las emanaciones insaciables del amor. Porque a través de estas páginas desfilan, en un constante vaivén —como el de las mareas y el oleaje, como el de las visiones del desierto—, “soles y sexos”: los fuegos naturales y los íntimos, los de la noche ardiente y las lenguas precisas del deseo.

“Mi carne precipitada al juego de nuestros abismos”, versa Julio César, y aun en la noche singular, el canto se hace plural. Ya lo asentaba el propio título de la colección: Nacimos irritilas en el acuario del mundo; no se trataría del poeta en su torre de marfil o su jaula de oro, sino del hombre en su comunidad, en su tierra prometida. Una vez más, mundo adentro y mundo afuera, ahora en forma de individuo y colectividad: son los habitantes terrestres, ebrios de luminosidad, de vino tinto y de palabras, embarcados en esta nave de los locos que es la vida.

“Hay que colgar a la poesía/ de un gancho […] en la incertidumbre/ del aire/ y de las miradas transitorias”, dice Julio César y huele a nostalgia de palabrero. Brazos y puertos se vuelven alas sobre el desierto de Mayrán. Como en el origen, en esa noche de los abandonados que es la misma noche de los amantes, siguen flotando los deseos. Brotando desde ellos, “el agua estimula los partos de la luz” y “germinan sueños,/ duendes/ y música”. Así, al final, y lo digo con los versos del poeta, “sobrevive un presente/ embriagante,/ fundador”.


Autores
nació en Santiago de Cuba y reside en México desde 1992, por lo que ya mienta madres como toda una chilanga. Autora de once poemarios, la novela Espejo de tres cuerpos (México, Quimera, 2009), que ha asustado a más de uno, y los libros de relatos Con la boca abierta (Madrid, Odisea, 2006) y Hotel Pánico, de la Universidad Veracruzana. Como le gusta meterse en camisa de once varas, compiló una Antología de la poesía cubana del exilio (Valencia, Aduana Vieja, 2011) donde reúne a más de 150 escritores y organiza desde hace siete años el ciclo “Escritoras latinoamericanas”, en el marco de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería. Lo que no sabe es preparar mojitos. | Escribe una tesis de doctorado acerca de una revista de poesía de los años veinte, llamada Prisma.

La palabra texto, textil y textura tienen el mismo origen. El hilo del habla, el hilo de la vida, aquel que se desenreda, se anuda y entreteje con otros hilos. Del texto y del textil surge la trama, el telar, el tejido; es el origen religioso del tantra, que significa por igual trama, tela y libro. Las hilanderas dan vida: entretejen el destino desde el hilo del cordón del vientre materno. Hay un acto de dar vida en el hilar, otro en el tejer. No es casual que para muchos pueblos, el hilo represente la palabra.

El Manual de la diseñadora descalza, de Carla Fernández, toma su título de la singular obra del holandés Johan Van Lengen, Manual del arquitecto descalzo, “la persona que diseña y construye las edificaciones pequeñas en una comunidad, o quien dirige a un grupo de personas que han decidido construir juntas una obra más grande para beneficio del pueblo”.

El libro de la diseñadora coincide con el del arquitecto: está escrito para el beneficio de los pueblos. Ambos desgajan una técnica, entienden su estética, función y simbología. Saber qué atiende a lo práctico, qué se ciñe a lo simbólico, y dónde queda el lugar para el capricho.

“Cuando surgió la gente en el mundo se encontraba sin ropa y se dieron cuenta de que podían hacer algo para protegerse del frío y del calor”. Así comienza Otilia Sandoval su explicación sobre el huipil triqui de San Andrés Cacaxtla, en Oaxaca. La narración, que inicia con la función primordial de protección del cuerpo desnudo y culmina con la figura de una mariposa, describe en menos de tres párrafos el origen de su vestimenta tradicional, arraigado en el inicio de los tiempos.

Las prendas del Taller Flora están desprendidas de la moda y el tiempo. Permanecen entre la cambiante vorágine de la estética y perduran por sus materiales, pueden heredarse de madre a hija, seguramente se heredarán de abuela a nieta –su belleza no aburre–, serán reparadas con amoroso cuidado, nunca harán basura. Cumplen de forma horizontal la labor de la diseñadora contemporánea que convive con personas de otras tradiciones, se sorprende, aprende, y sólo después crea. “Tuve que hacer un ejercicio intensivo de observación para entender sus sistemas endémicos. Si quería enseñar, primero tuve que aprender”, dice la diseñadora descalza en la página 124 de su Manual.

Conocedora de su trabajo, el Manual es un regalo generoso del conocimiento y los métodos que el Taller Flora ha desarrollado para su trabajo en conjunto con las comunidades indígenas. El Método de la Raíz cuadrada, una bitácora de la práctica, el syllabus del taller, la organización de la producción generada en éste, el sistema de ventas, comunicación y mercadeo, despliegan el modo de hacer las cosas, los secretos del profesionista puestos al servicio del pueblo, regalados y desplegados con orden y estructura: un verdadero manual para las industrias creativas.

Carla Fernández aconseja en una entrevista reciente a los diseñadores jóvenes escribir un libro; en la página 122 dice: “La elaboración de manuales debe ser una responsabilidad de las industrias creativas. […] No sólo se trata de llevar el conocimiento al campo, sino de crear un puente que nos permita reinterpretar y reinventar los oficios rurales. Un manual es sólo un punto de partida, pues la única forma de conservar la tradición es por medio de la innovación”.

El formato del libro, un rectángulo que surge de la suma de dos cuadrados (1:2) y que al abrirse forma un gran cuadrado, reproduce la forma primaria de la composición geométrica de los textiles tradicionales: un cuadrado formado por cuatro cuadrados, en el que se han colocado todas las piezas que integran el diseño: textos, imágenes, folios y plecas que activan los blancos y despliega la información como el bordado de un textil. El diseño editorial se debe a Estudio S, dirigido por Sofía Broid y Eduardo Sánchez, autores que saben que el diseño es contenido y que la información en las páginas de un libro, antes texto e imágenes sueltas, adquieren sentido y voz a través de la puesta en página. Es de mencionar también n el esfuerzo de Jason Woods por lograr una traducción notable al español que incluye palabras de diversas lenguas como mecapal, julio, lanzadera, machete, lizo, carrizo, malacate, jícara.

La indumentaria, sujeta a los caprichos de la moda (nunca pregunte usted, lector, a qué responden estos caprichos) es lenguaje, función y estética. Que la vestimenta tradicional mexicana no se ciña al cuerpo, a diferencia de los dictados de la moda occidental, habla, en su trama de hilos, de la otredad y la diferencia. La ropa que se despliega a lo largo de este libro cohesiona modernidad y tradición. Cumple con aquella frase que Octavio Paz usó para referirse a la obra de Luis Barragán: Para ser modernos de verdad tenemos antes que reconciliarnos con nuestra tradición.


Autores
es bibliófila, tipógrafa, diseñadora y editora de Ediciones Acapulco. Su perfil amplísimo puede leerse completo aquí: http://selvahernandez.tumblr.com/

La fragilidad del campamento—hermoso y atinado título— es un recuento de definiciones y características de la tolerancia. Muñoz Oliveira no hace un recorrido exhaustivo ni erudito por las implicaciones de ésta en la filosofía, la historia o la cultura. Escoge con puntualidad a los autores desde los cuales aborda el problema y los ejemplos que ilustran la perspectiva andada –el caso de Miguel de Servet, el mito de la caverna de Platón, los músicos que compiten por un empleo, etc.–. Hay reflexiones sobresalientes: el pensamiento de Amartya Sen, John Rawls, Michel de Montaigne, Platón, Stephen Toulmin, Richard Rorty. Pero estas lecturas son discutidas para reflexionar el concepto y obtener definiciones propias; una de ellas es la de la tolerancia como “disenso racional persistente”, lo que la sitúa en un marco que incita a los lectores a discutir con el texto. El libro se inscribe así en una categoría que podríamos denominar “ensayo inteligente”, pues se exponen una serie de argumentos cuyo fin es lanzar determinadas perspectivas y producir conversaciones. Por momentos, el tono tiene conexiones con la enérgica voz de Damián Tabarovsky y su espléndida Literatura de izquierda, un libro que desmantela los entendimientos de lugar común en torno a la literatura contemporánea; La fragilidad del campamento, a su vez, coloca el acento en un nervio central de la terminología adyacente a la democracia, y lo hace desde la ética, saliendo de los usos de sentido común de la tolerancia en la publicidad política. La ética, disciplina del pensar olvidada, malversada por discursos serviles tendientes a buscar la simpatía de las masas desde determinados poderes, espacio de desprecio hacia estratos a los que no conviene meditar en los valores, se nos muestra como un ámbito fundamental de la práctica de la tolerancia; allí donde es posible abatir los prejuicios que nos alejan de los otros para generar el bien común.

La tolerancia es un presupuesto implícito, inherente o sinónimo del ideal democrático. Si los términos son correlativos en la esfera del ideal, ¿qué sentido tiene reflexionarlos en paralelo a determinados contextos?, ¿por qué parece que la ejecución de la democracia del siglo XXI no solventa ni prueba su valor central –si es que éste fuera la tolerancia– y, por el contrario, muestra innumerables contradicciones que continuamente abaten dicho “valor” –el fundamentalismo o la crueldad, por ejemplo?–. ¿Cómo pueden “encarnarse” los valores democráticos en países en vías de desarrollo, en los que la miseria, la falta de educación y las realidades sociales generan intolerancia colectiva? Las preguntas son apremiantes y la definición de la tolerancia las implica.

Contra la indiferencia, en busca del diálogo, el respeto a la diferencia, La fragilidad…, evoca canales expresivos a través de los cuales la tolerancia abandone el espacio falso –la indiferencia comodina que acepta lo otro porque no tiene más remedio–, para dar paso a un “gobierno por discusión” en el que la razón suscite la participación política y el diálogo. El fin buscado es la construcción de “un futuro menos injusto”.

Como sujeto histórico –mujer de determinada edad, perteneciente a una comunidad específica, miembro de una clase social, etc.–, coincido con todos los puntos que implica la tolerancia esgrimida por la Fragilidad…; sin embargo, considero que las claves más significativas de la misma se lanzan al final del libro cuando se reconocen las ligas entre barbarie, falta de educación y desigualdad. Son aspectos cuya resonancia se encuentra en el seno mismo de los conflictos sociales y en la maneras en las que determinados grupos son incapaces de tolerar. ¿Cuáles son las situaciones y problemas que impiden tolerar y, desde ellos, comprender la intolerancia? La barbarie, nos dice Muñoz, coexiste con la humanidad “porque todo hombre puede volverse bárbaro” y entonces es necesario “aprender a vivir con la barbarie”; nuestra tarea es indignarnos ante ella, aislarla para no contribuir con su proliferación. Pero la barbarie, habría que añadir, adquiere rostros distintos según provenga del Estado o de las sociedades mismas y, en este sentido, más que caer en el relativismo inadmisible, que también para Muñoz es una forma tibia de reflexionar, habría que agudizar el sentido crítico y recordar siempre que la mirada y el acto provienen de su relación con el espacio y con el instante preciso en el que se ejecutan, enmarcados por un entorno particular que no puede obviarse.

Para tolerar y, por tanto, para conversar, es necesario saber guardar silencio. El que sabe hacerlo escucha al otro y después, quizá, pueda responder. Y aquí cabe recordar aquel apunte de Blanchot cuando reflexiona en el habla del dictador, un habla solitaria, sorda, que es un soliloquio que no admite réplica. Saber escuchar es ser civil, es tolerar, es, por fin, saber que hay Otro.


Autores
(Oaxaca, 1980) estudió la licenciatura y la maestría en Letras en la UNAM. Ha escrito los libros de poesía De tiranos, Contramundos y El juego del mundo, y los de ensayo La gacela y el abismo y Barrio Verbo, publicado por el FETA.