Tierra Adentro
Fotografía Pixabay.

En The Guardian, a propósito de los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi, aparece una lista curiosa de textos en los que deportes de invierno forman parte importante del tema. Algunos de nuestros favoritos:

Robert Burns / curling

“Tam Samson’s Elegy” trata sobre un jugador de curling y en su quinta estrofa usa jerga propia del ejercicio. El debate sobre si Burns practicaba el deporte sigue haciendo estragos.

Don DeLillo / hockey de hielo

Co-escrito por DeLillo, quien usó el seudónimo Cleo Birdwell (en desuso desde entonces), Amazons retrata a una pionera jugadora de la NHL (National Hockey League). No obstante, el crítico Keith Gessen argumentó que “la gran novela americana de hockey” aún está por escribirse.

Roberto Bolaño / patinaje artístico

La pista de hielo presenta a una atractiva patinadora profesional, Nuria, a la que un embobado burócrata le construye su propia pista de patinaje, después de que no la aceptaran en el equipo olímpico.

 

Pueden leer el resto aquí.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
Los primeros cuatro números de Alba. Fotografía de archivo Alba.

Llama mi atención la propagación de los proyectos editoriales que en los últimos años han marcado pauta en el mundo de la edición independiente. Han trascendido, obvio, por su calidad y el interés que han generado tanto en editores, escritores y audiencia lectora. En esta ocasión no hablo de proyectos locales o nacionales, me refiero a proyectos que si bien no desde su inicio, pero sí al poco tiempo de haber surgido, cobraron auge y se extendieron rápidamente por diversas ciudades o países.

Pienso por ejemplo, en el proyecto “Eloísa Cartonera” idea original del escritor Santiago Vega (Washington Cucurto) en Buenos Aires, que luego de iniciar como un proyecto entre amigos se transformó en una actividad comunal y social al establecer relación directa con los cartoneros del barrio. Curiosamente este proyecto ha sido adoptado en muchas ciudades y países latinoamericanos, con diferentes objetivos y procesos de elaboración pero siempre con la premisa de la publicación original e independiente.

Un proyecto también de gran calidad, creado más recientemente es sin duda Alba. Revista de literatura latinoamericana, originado en París en 2008 y luego expandido en ciudades como Londres, Pekín o Berlín; Con el objetivo de difundir la literatura latinoamericana en Europa, este proyecto nace y crece haciendo de su materia prima un “objeto compartido de reflexión y diálogo cultural”. En este espacio-revista-contenedor-universo-plataforma, las fronteras simbólicas, históricas y materiales han comenzado a flaquear produciendo sensibilidades y semánticas fluctuantes. Un desafío, dicen sus editoras y editores.

Alba. Revista de literatura latinoamericana, en Berlín, comenzó en el año 2011. Publicada semestralmente, la revista bilingüe (español-alemán) se genera siempre a través de una ardua y estricta preparación, donde el intercambio de significados culturales así como el diálogo trasatlántico e interurbano son elementos centrales en este juego de pretensiones utópicas. Esto último dado que sus editoras y editoras exclaman los siguiente:

Alba es un producto de un trabajo entusiasta y desinteresado…sólo queremos participar del sueño de voltear hasta el último muro para tratar de encontrarnos en el coro de las diferencias. Por eso Alba también es una utopía. Una pretensión. Una apuesta por escrituras y pensamientos pluriversales.

Con cuatro números y un quinto en puerta, este proyecto se esmera en presentar “literatura latinoamericana excluida de los catálogos editoriales más convencionales”, premisa que celebro y aplaudo dado que se trata de una labor que exige escarbar con pico y pala un poco más allá del sobrevalorado terreno literario. Diversidad y heterogeneidad son también factores clave en la dirección de esta revista; como equipo organizan además actividades diversas, todas alrededor de la literatura, los libros y el arte.

Por ejemplo, algunos de los autores y autoras del índice de Alba en su edición número dos, son: Luis Chaves, Edgardo Cozarinsky, Mayra Santos-Febres, Alessandro Buzo, Nona Fernández, Daniel Durand, Oscar Petrel, Leonardo Pascuti, Minerva Reynosa, María Paz Ruiz Gil, Lauri García Dueñas, en otros números Samanta Schweblin, César Aira, Bruna Beber, Alberto Chimal, participan entre muchos otros autores.

Al ser un proyecto joven, es importante mencionar que ya desde su tercer número han tenido presencia en ferias como la de Frankfurt, donde autores y autoras (escritores y artistas gráficos), a través de Alba han sido presentados a un público interesado en conocer y aprender de la prosa, la poesía y la gráfica latinoamericana.

El quinto número ha sido dedicado a la literatura del Caribe, será presentado durante la primavera que se aproxima. Enhorabuena la propagación, difusión, multiplicación de proyectos decididos a crear espacios donde —por lo menos en concepto o idea— no existan las fronteras.

Visita su página en: http://www.albamagazin.de/es/


Autores
(Guanajuato, 1973). Realizó estudios de licenciatura en Diseño Gráfico y la maestría en Estudios Socioculturales. Ha publicado los siguientes libros: Libro del Aire (Editorial De la Esquina, 2011), Okupas (Letras de Pasto Verde, 2009), Todas estas puertas (Tierra Adentro, 2008), Entre las líneas de las manos (en el libro Tres tristes tigras, Conaculta, 2005) y Bravísimas Bravérrimas. Aforismos (Editorial De la Esquina, 2005). Participó en el Laboratorio Fronterizo de Escritores/Writing Lab on the Border (2006), participó en el Festival de Poesía Latinoamericana LATINALE 2007 con sede en Berlín. Recibió la beca del FONCA para escritores en 2007. En Mayo de 2012, participó en las jornadas literarias “Los límites del lenguaje” con sede en Moscú. Su trabajo escrito y gráfico ha sido incluido en varias antologías así como en revistas nacionales e internacionales. Desde el año 2001 vive en Tijuana. Ama la música y ama dibujar.

En Las batallas en el desierto, Carlitos, un estudiante de primaria, cuenta la historia de su amor imposible con la madre de su mejor amigo, así que cuando se lo confiesa a esa mujer mucho mayor que él se desata un escándalo familiar que se extiende al ámbito social con severas repercusiones para todos. Sin embargo, ese suceso será sólo el pretexto para reconstruir el México que vivió en su infancia: aquel México gobernado por los cachorros de la Revolución que en sus discursos proclamaban la riqueza para todos, aunque sólo unos cuantos eran los beneficiados (e inicia así el auge de la clase alta mexicana). Escrita con nostalgia, sí, pero sin concesiones a la hora de exponer esos abusos del poder de los que todos hablaban.

A través del relato de ese personaje, José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 1939-2014) recrea toda una época en apariencia lejana; como si se tratara de una fotografía de generación pues es asombroso todo lo que esta novela contiene en unas cuantas páginas de una prosa refinada no exenta de sus momentos bienhumorados. Las batallas en el desierto fue publicada originalmente en 1981 y cinco años más tarde apareció Mariana, Mariana, la versión cinematográfica de Alberto Isaac con el guión de Vicente Leñero. Años después, la banda Café Tacuba compuso una de sus canciones más emblemáticas inspirada en esta novela, Las batallas: “Oye, Carlos, por qué tuviste que decirle a Mariana que la amabas…”

La pequeña gran historia del amor de Carlitos por Mariana, es sólo el pretexto para volver al pasado, para hacerlo actual, traerlo a nuestros días con la nostalgia de la infancia. En 2008, se conmemoraron los 70 años de vida de José Emilio Pacheco y con ese motivo ediciones Era lanzó una edición especial de esta novela breve con fotografías de Nacho López. Ahora, con la reciente muerte de José Emilio, la relectura de esta genial novelita suya ese pasado lejano que algunos no vivimos regresa con asombrosa similitud. Así, esa edición y la relectura son una manera de reconocer sin miramientos una de las obras más virtuosas, diversas y sólidas de la literatura mexicana.


Autores
(Ciudad de México, 1981) es autor de La síntesis rara de un siglo loco publicado por el FETA.
Fotografía Pixabay.

La primera imagen: un niño mirando detrás del cristal de pecera gigante, dentro de ella un hombre-buzo. Casi un libro infantil. Lo abrí con actitud desenfadada, no quise mostrar esa felicidad de niña que recibe una manta llena de retazos de telas de colores bordados por la abuela. No leí nada preciso de primera vista. Seguí la conversación con el libro en la mano como si me hubiese desecho de su presencia. Lo sostuve bien. De regreso a casa, a mitad del camino lo abrí:

verdes los azulejos del baño ///  adornos, ventanas y edificios, cuatro segundos cerrando cada dirección /// decirlo descuido, recurso del cuerpo /// celeste una virgen ilustra /// sin ser Manila, inminente futuro ahí

Cuando te sorprendes sonriendo y con un libro en las manos, sientes que la luz de la casa estará encendida por siempre.

Casi ininteligible. La poesía de Patricio Grinberg oscila entre lo inmedito y la mitología de un personaje levitando. La vida desde arriba. La posibilidad del después fincada en un pasado que a pesar del esfuerzo no logra desprenderse. Eres otro, pero en el mismo cuerpo, con las mismas costumbres y los mismos miedos.

Quien lea la poesía de Grinberg no encontrará un poema o libro de poesía convencional. La versificación y el uso del lenguaje son una apuesta por la desubicación y la reelectura de los textos para abtraer la imagen, la sentencia implícita. También existe en su poesía angustia y despesperación, al construir frases casi no frases y ser sucinto en imágenes. En él: la contundencia y la furia.

Aquí la entrevista que le realicé al poeta Patricio Grinberg:

 

¿Qué es un país?

No sé, una piñata, en el mejor de los casos algo parecido al cuchillo de Lichtenberg (no tiene hoja y  le falta el mango).

¿Qué es el bien?

“¿Cómo podría saberlo? ¿Puede ser bueno para los peces lo que es bueno para el mono? ¿Sigue siendo hermosa una mujer atrapada en un gesto de resentimiento? ¿Puede una princesa ser princesa si se aleja demasiado del palacio?”, algo como eso respondió Wang Ni cuando le preguntaron lo mismo.

¿Por qué poesía?

En un comentario etimológico probablemente falso pero del todo afortunado, Pascal Quignard sugiere que las palabras latinas flare -soplar así como se sopla una flauta- inflare, fellare, tienen su origen en la griega phalos, y todas, de alguna manera u otra, suponen infundir energía, cargar la realidad, el ejercicio de otorgarle a la realidad una forma aumentada.

Poesía es una forma rara de intentar hacer lo mismo pero con palabras.

¿Utopía o realidad?

No hay oposición, la realidad es una forma de utopía.

¿Qué es dios?

Entre el nirvana y el samsara no hay ninguna diferencia (Nagarjuna dixit),  el nirvana es el samsara y el samsara es el nirvana, la única diferencia entre uno y otro es la forma en que se los experimenta.

¿Eres lo que planificaste ser?

A los nueve yo quería ser camionero.

¿Quién y cómo es tu mejor amigo?

Me resultaría difícil describirlos y no veo ninguna necesidad de nombrarlos.

¿Qué es la izquierda y qué es la derecha?

La mano con la que me rasco y la mano con la que escribo.

¿Cuál es el momento de la Historia que consideras más relevante?

Éste, 9 de noviembre 2013, 9:24 am (medio dormido, la taza de café todavía caliente)

 ¿Por qué las fronteras?

Para poder hacer sentido cada vez que decimos adentro o afuera.

¿Fama?

La escritura sólo te entrena para la indiferencia.

¿Publicar en Latinoamérica?

Escribiendo se pierde el tiempo, publicando también se pierde dinero. El asunto es perder.

¿Dices soy del sur?

Acá el sur es Tierra del Fuego.

¿Eres libre?

Sí, no, no sé, depende, igual que todos.

¿Qué es una ciudad?

Mucho ruido, una secuencia enorme y aparentemente desarticulada de movimientos y ruidos.

¿Qué piensas de la relación entre poesía y política?

Sólo diciendo política a cualquier manifestación de poder, asignando valor político a cada palabra, pero en ese caso también serían políticas las distintas formas de atarse los cordones de los zapatos y cualquier receta de cocina.

¿Cómo opera la memoria en el espacio de lo poético?

Como algo que intencionalmente se desarticula y se reinventa apenas el artificio poético se enciende.

¿Cómo es la figura de un poeta en el presente?

Ninguna marca particular, un tipo como cualquiera.

¿Qué papel tiene lo poético en la vida cotidiana?

Nada más allá de algunas horas de trabajo, por la noche o por la mañana.

(Si la experiencia poética de pronto abandona el texto ya no es poesía, es otra cosa, es la vida).

¿Qué pasa con el significado en la poesía, ha cambiado su papel en el presente; es relevante?

El significado no es opcional, nunca ningún texto escapa al significado, lo único que cambia son las formas de trabajarlo.

¿La Historia tiene cabida en la poesía? ¿Si es el caso, cómo se da esa relación?

En la poesía cabe cualquier cosa y todo lo que entra necesariamente se deforma. También la historia (y también las leyes de la termodinámica y los patitos de hule, el brócoli, también el porno de los años treinta).

¿Qué es el hogar?

Oikew en griego significa vivir, estar. Oikeiw unir, apropiarse, ganar, ser amigo. Oikos significa casa y lo que es propio, significa familia, fuego familiar, significa templo.

¿Qué es la amistad?

Un pequeño repertorio de gestos vacíos que sólo significan o parecen significar dentro de un mecanismo completamente privado.

¿Qué es el futuro?

Un presente diciendo otro (un presente que todavía no).

¿Eres feliz?

Siempre, aunque pareciera todo el tiempo esforzarme por disimularlo.

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Patricio Grinberg  (Buenos Aires, 1971). Publicó La Jabalina (tsé-tsé, 2002), Manila (Zindo&Gafuri, 2010) y VHS (Zindo&Gafuri, 2010). Es administrador del blog de poesía -y coeditor del sello editorial Zindo&Gafuri.


Autores
(ciudad de México, 1984). Poeta, narradora y editora. Ha publicado en diversas revistas literarias como Casa del TiempoDédaloSíncopeEste PaísPalestraMaldoror (Uruguay); la revista digital Valderrama y el suplemento cultural Guardagujas, de la Jornada Aguascalientes. Su primera obra poética Cosas que nunca dije antes de que estallaran las bombas fue publicada en 2012 por el sello editorial catalán Foc. Fue becaria en el área de narrativa por la Fundación para las Letras Mexicanas (2009-2010).
Fotografía Pixabay.

Siempre quise escribir de ciudades, pueblos o calles a partir de sus perros. Tengo la hipótesis de que ningún monumento, museo o mapa lleva tanta verdad como las nalgas flacas de los perrícolas, como suelo llamarles.

No recuerdo haber visto más perras famélicas con las tetas rellenas de leche que la última vez que fui a Michoacán. Había un deseo frenético de perpetuarse a pesar de sí mismas, un rasgar la tela de existencia aunque fuera con unos cuantos cachorros antes de morir. Se sabe que en las guerras los perros sufren, pero son más difíciles de exterminar que las ratas: para ellos siempre habrá algún niño dispuesto a dejarse mordisquear los zapatos.

En algunas partes del estado de Guerrero, las más pobres, los perros siempre traen mecates rotos alrededor del cuello que los medio ahorcan de forma perenne. Están flacos, moribundos, pero me intriga la forma en alguien los quiso para sí, rabiosamente, antes de olvidarlos y darles una patada en el culo. Recuerdo un pueblo cercano a la costa de Veracruz donde las mujeres eran particularmente gordas y los perros particularmente sarnosos. Son esas tierras altas donde la gente no para de decir peladeces y los perros se rascan como locos. Donde las muchachas tienen grupas anchas y dan vueltas por la plaza central del pueblo con un esquite en la mano y una promesa de casamiento en la otra. Los perros desesperados arremeten contra su propia carne sanguinolenta mientras ellas hacían lo mismo pero a un paso diminuto.

En París los perros son pequeños, flaquitos como la mayoría de sus dueños. Y todos traen correa. Pisan el suelo mojado con absoluto desdén y ninguno hace un intento por mirar a otro que no sea su dueño. Es como si los parisinos hubieran inventado otro tipo de perro, uno que no sabe reír. Están muy cerca de los staffies  londinenses −el nombre de cariño de los Staffordshire Bull Terriers−, que la barriada oscura alimenta y entrena como perros de pelea. Una vez me sentí culpable el día entero porque se me ocurrió acariciar a un staffie que estaba amarradito allí, donde las bicicletas. Se me hizo fácil porque no vi al dueño cerca. A su vez, el distraído animal me regresó la caricia con su hocico y su lengua y cuando por fin me alejé, vi al dueño cruzar la calle con un semblante que daba miedo. Huelga decir que se acercó al perro nada más darle un patadón. Quizás quería patearme a mí, por entrometida, por fomentar el instinto acariciable de un animal que estaba cebando para una muerte violenta. Los staffies son todo eso que en Londres calla: una bravura estándar en todas sus preferencias, un recordar su pasado (¿su presente?) imperialista en los belfos de un animal que indica gallardía y poder. Un ‘lárgate’ constante.

Una vez fui a Mónaco, su centro histórico como una casita de juguetes medieval. Toda la ciudad es pequeñita, pero dentro de esas calles adoquinadas que ahora sirven de anzuelo turístico, suele haber perritos monegascos asomados en los balcones. Se nota que los quieren y los miman; son principitos a su propia manera, pero también se me ocurre que, allí encerrados, envidiarían cualquier mañana del perro de mercado mexicano, recibiendo un buen hueso en la carnicería para ir a oler traseros felizmente dando vueltas por la cuadra, recibiendo esa aventura que da la vida callejera.

No estoy sola con esto de los perros y el mundo. Acabo de leer el nuevo trend de los tipos que quieren ganar dinero fácil: secuestran a un perro. Monitorean a la familia y los roban en los parques o saliendo de la casa. Luego llaman y piden 20 o 30 mil pesos por alguien que, saben, es parte de la familia. No me extraña que esto esté ocurriendo en México pues, si los Wikiquotes están correctos, fue Gandhi quien dijo eso de que “la grandeza de una nación puede ser juzgada por la manera en que trata a sus animales”.


Autores
nació en un hospital público de Av. Toluca (ciudad de México, 1973) pero creció en la Calzada de Las Águilas, lo que supone una infancia feliz aunque cuesta arriba y llena de topes. Le da un poco de pena decir que estudió Comunicación (pero se la aguanta porque no hizo la tesis en balde). Ha escrito algunos guiones y dirigió un cortometraje premiado por IMCINE. Escribe en muchas revistas pero su comentario mensual sobre cine aparece en Chilango. Este año publicará su primera novela en una editorial catalana. En su cabeza revolotean cómics y canciones de los Flaming Lips todo el tiempo.

Cierto es que la industria de la música se concentra entre el Reino Unido y los Estados Unidos; ambas son industrias culturales muy poderosas que intentan acaparar tanto las expresiones más comerciales como la vanguardia de última generación. Habrá que denotar que no se trata sólo de defender todas esas formas de arte sino que representan un porcentaje importante del Producto Interno Bruto en ambas economías. Al momento de acaparar también se maximizan las ganancias. Su abrumadora producción está enfocada hacia abarcar nuestra atención completa.

Afortunadamente existen otras escenas igual de apasionantes y creativas. En mayor o menor medida, allí están Francia y Brasil –un tanto a la saga- y en un sitio preponderante Canadá y Escandinavia –como un bloque cultural-. Tenemos que considerar a esta región como una potencia en material artística que aglutina muchas de las expresiones más avanzadas. Lo que sucede es que en un esquema de sociedades del bienestar que si funcionan se dan las condiciones ideales para que el ocio creativo y el ejercicio de la inteligencia deriven en multitud de propuestas estéticas. Un punto clave resultan los apoyos oficiales para todos aquellos jóvenes que se dedican al arte y el deporte. Aunado a los largos periodos de recogimiento que el clima les obliga a guardar. Hay mucho tiempo para trabajar en total concentración.

Así las cosas, estamos ante un territorio que nos ha dado a Bjork, Sigur Rós, The Knife, Lindstrom, Todd Terje, Club 8, Nils Peter Molvaer y otros muchos creadores inquietantes. En aquel ámbito se ha desarrollado lo que entendemos como Nu jazz y también hay una corriente muy seria de heavy metal extremo; es decir, el espectro de alternativas es vasto y en constante progresión. Del espace-cosmic disco a la fiereza guitarrera y de allí a lo etéreo tanto en la electrónica como en el jazz.

En aquel caldo de cultivo lleno de nutrientes no dejan de surgir o bien reaparecer artistas que traen consigo un soplo de aire fresco a los sonidos del momento. En el caso del sueco Eric Berglund fueron 4 años desde su debut con White Magic los que transcurrieron para que retornara este mes con una segunda entrega que nos hace reconciliar con el efecto positivo que produce la música en la diaria rutina: nos quita el mal humor, trae una vibra energética, nos sumerge en su experiencia sensible.

Se trata de la vuelta de un tipo que tuvo en sus manos uno de los proyectos que mayor interés despertó en cuanto a pop electrónico. Eric fue el 50% de The Tough Alliance, un dueto que hoy se considera de culto pero que no terminó por estallar masivamente. Posteriormente a esta iniciativa inconclusa, se dedicó a sacar adelante a su propio sello discográfico. En Sincerely Yours ha trabajado con buen gusto y tacto; a él le debemos los fichajes de JJ, Memory Tapes y Air France, entre otros.

Wonderland (Modular, 2014) es un disco que entusiasma porque suena totalmente actual y juguetón. Bajo el estandarte del pop electrónico recibe influencias de tropicalismo, de sonido balear y hasta de new age al estilo de Enya (recordemos que Panda Bear también es fan). Para concebirlo y grabarlo se movió de Gotemburgo hasta los tupidos bosques del sur de Suecia. No niega esa parte como de mitología nórdica —algo hay de su folklore— pero se muestra como una especie de Elfo del siglo XXI.

Su mejor baza es, sin duda, “Whorehouse, que nos hace saltar por doquier y es lo más cercano a un tema para pista de baile, en el resto baja la velocidad e incluso se atreve con partículas de música clásica. Tal es su habilidad al momento de hacer coincidir estilos. Pese a la brevedad del álbum –sólo 8 cortes- nos hace acordar tanto de Animal Collective como de El guincho e incluso de la rítmica tan dance de Timbalad, pero especialmente y con sumo placer de Taken by Trees. De pocos discos puede decirse que sean exuberantes y sobrios a la vez —parecería hasta un contrasentido—.

Además, allí están algunas letras descaradamente gays que le traerán seguidores adicionales. Durante su escucha iremos de sorpresa en sorpresa –aunque no se trata de una obra perfecta- pero allí están el tema que le da nombre y “Mirage” para hacernos viajar a lo largo y ancho del mundo imaginario y alucinante que Eric ha creado con la ayuda del productor Kendal Johansson (también en el disco pasado) y de su inseparable Dan Lissvik, al que considera: “un hermano pequeño y mayor a la vez”.

Wonderland es una odisea a través de un pop hedonista y raruno a partes iguales; lleno de capas y capas de sonidos. Berglund ha declarado que mientras hacía el disco se sentía como si estuviera abriendo la caja de Pandora y el resultado no lo deja mentir: seduce con elegancia. Mientras lo dejo correr una y otra vez, encuentro con una frase ajena que lo define a la perfección: “es difícil pensar en una música más apropiada para bailar con lágrimas en los ojos”. Dejemos que el momento se expanda y dure una eternidad.


Autores
De los años sesenta tomó la inconformidad recalcitrante; de los ochenta una pasión crónica por la música; de los noventa la pasión literaria. Durante la década de los dosmil buscó la manera de hacer eclosionar todas sus filias. Explorando la poesía ha publicado: Loop traicionero (2008), Suave como el peligro (2010) y Combustión espontánea (2011). Rutas para entrar y salir del Nirvana (2012) es su primera novela. Es colaborador de las revistas Marvin, La mosca, Variopinto e Indie-rocks y los diarios Milenio Hidalgo y Reforma, entre otras publicaciones.
Carlos Martín Briceño. Fotografía: Eugenia Montalván.

El calor y sus deleites

30 de enero de 2014. En Mérida, a veces en invierno nos sentimos como si fuera pleno verano; hoy es un día de ésos, y a Carlos Martín Briceño le encanta este clima bondadoso. Por más alterado que esté el termómetro universal, él sabe que en Yucatán casi siempre se disfruta de mañanas soleadas, diáfanas y electrizantes ¡Odia el frío! Al abrir los ojos, sonrió pensando que lo esperaba una junta de trabajo; también disfruta su papel de ejecutivo clase A, y le hace feliz tomar su lugar en la empresa y hablar de negocios codo a codo con la gente que mueve el timón de los negocios acá en el Sur de México. Entonces, después de bañarse, se deleitó con las caricias de su nueva rasuradora eléctrica al comprobar que realmente le deja un semblante impecable. También por eso se sintió contento, y con ese ánimo salió a la calle, en su flamante automóvil.
Rin, rin… sonó su celular de repente.

—Oye, Carlos, ya leí tu libro, ¿qué tal si nos vemos hoy y así te hago la entrevista de una vez?—. Ésta soy yo, en llamada de larga distancia, desde el Centro.

—Sí, de acuerdo, ¿está bien a las once?

—Claro, tomamos un café, si quieres.

Carlos vive en el Norte de Mérida, donde el aire circula relajado; mis coordenadas son otras: el primer cuadro de la ciudad, epicentro del caos que arma el transporte público, sobre todo los camiones, en manos de choferes prepotentes. Por supuesto, aceptó que nos viéramos de este lado, pero en un jardín. Se apareció con media hora de retraso, lógicamente comprensible. Traía arremangada la camisa blanca; por unos minutos —con los dos celulares sobre la mesa— asumiría el protagónico y estelar rol de escritor con libro nuevo.

Ficticia le acaba de publicar Moctezuma’s Revenge y otros deleites en la colección Biblioteca de cuento contemporáneo. Yo lo leí la semana pasada, acostada en la hamaca, como si estuviera de vacaciones, en pleno verano.

Sin preámbulos, con el tiempo contado, Carlos me cuenta el trasfondo de uno de los cuentos más picantes de su nuevo libro: “Zona libre”.

—Yo iba en la carretera y de verdad me estaba durmiendo, cuando de buenas a primeras una mujer de vestido rojo levanta el pulgar pidiendo aventón.

Sin analizarlo mucho, Carlos hace alto y ella, rápidamente se trepa, se abre la blusa, le expone los senos y, listo, él le dio 50 pesos o un poco más, quién sabe; la hizo bajar inmediatamente. No tolera la prostitución. El cuento salpica sudor, saliva y otros efluvios. Sin embargo, la trama sexual adquiere otro sentido cuando, al final, se descubre parte de la escena violenta quintanarroense en los límites con Belice.

—Es una frontera olvidada, donde absolutamente todo queda impune. De hecho —confiesa— en la empresa nos pedían que no viajáramos por allá después de las 6 PM. Las instrucciones son claras: No se atrevan a meterse por esa zona de Quintana Roo. Lo que sucede allá no sale en los periódicos.

Este cuento tiene un epígrafe de Agustín Labrada: “En casa esperaron las noticias del viaje” (el verso alude a la historia verídica de un desaparecido). Carlos define a Labrada como un auténtico chetumaleño, si bien es un periodista cubano que reside en esta frontera desde hace más de 20 años, y quien —por cierto— ahora está pensando en residir en Mérida, dadas las restricciones y finiquitos que para el gremio cultural acaba de imponer el gobierno de Borge.

“Matrimonio y mortaja”, en la página 95, es otra de las emocionantes narraciones de este libro y también sobrevuela sucesos reales: puros malos tratos y una alta carga de chantajes, intereses bajos e hipocresía. Claramente vemos a una joven mujer en situación triunfante a punto de enviudar. El marido, rico y exitoso (amigo íntimo del escritor) tiene los minutos contados en la cama de un hospital. Ella ignora que Carlos sabe la verdad:

—Yo nunca le dije relájate, no tienes que fingir, pero sí lo hice a través de las letras. Muchos de mis personajes hacen lo que los seres humanos quisiéramos hacer o dicen lo que quisiéramos decir y no nos atrevemos.

“Moctezuma’s Revenge”, el cuento que da título al libro, es trascendental. Fue Premio Max Aub (2012), y descifra un suceso erótico-sanguinario escalofriante que tuvo lugar entre Mérida, Playa del Carmen y Holbox. Carlos y su noviecita inglesa, llamada Paige —¿qué será de esta joven vida real?— hacen diablura y media sin medir las consecuencias.

De vuelta a la ciudad decidí mandarla a la chingada. ¿Qué necesidad tenía de ser tratado de esta manera? ¿No era yo quien pagaba todo? Me sentía mal conmigo mismo. Ya no era un muchachito. Fu un fin de semana demasiado caro como para terminar haciéndome puñetas.

Martín Briceño no pretende transmitir paz espiritual a sus lectores, lo subraya: “Tengo parientes que me dijeron que, por favor, ni siquiera los invitara a la presentación de mi libro. Piensan que cada vez estoy más enfermo”. Además, una compañera de trabajo le comentó: “soy depresiva y tus cuentos me hacen pensar demasiado, siento que leerte me puede dañar”. Pero eso no es nada. En pleno taller literario, una chava le preguntó: ¿No tiene miedo de que la gente crea que estas historias las ha vivido usted? ¿No le avergüenza? En lo absoluto, le contestó.

—Cualquier escritor que tenga miedo de mostrarse a través de las letras, que mejor no escriba. Si la gente piensa que el personaje central soy yo, no me importa, no tengo ningún problema con eso. No sé si es descaro o callo por el tiempo que llevo escribiendo, pero no. Ahora, otra cosa: para la gente que no me conoce, es difícil relacionarme con el escritor porque trabajo en una empresa.

—Y tienes look de…

—De ejecutivo bien.

Con esta respuesta, obviamente vuelvo a ubicar al escritor en las circunstancias que definí al principio: miembro de la junta yucateca de altos salarios y viajantes. En su pasaporte está estampado el visado chino, por ejemplo, y de allá también se trajo recuerdos…

“Made in China” huele a fritangas y por medio de él vemos el árido paisaje de la gigantesca industria que mueve al mundo; su perspectiva es la de un mexicano sensible consciente del declive:

—He llegado a pensar que la gente ya no debería tener más hijos. Yo fui muy valiente: tuve dos. Lo que se avecina para el mundo es oscuro, y no se trata de un pesimismo a priori, es un pesimismo que va in crescendo. Cada vez la gente está más desencantada de lo que sucede y cómo se desarrollan los pueblos. China es una tristeza, pues en Estados Unidos se respetan los derechos humanos y la ecología, tienen límites, pero en países como China, donde lo único que importa es el crecimiento económico, no tienen límite. Nadie dice nada. Es una dictadura. Si China es el ejemplo a seguir, el mundo está jodido. Mira qué diferente es Japón, pero ¿quién habla ahora de Japón? Se piensa que es un país de viejos, y seguimos el modelo de China porque es lo que quieren las grandes empresas. China se justifica ante los países europeos diciendo que es lo que ellos hicieron hace cien años, ¿es éticamente justificable? Yo creo que no.

—Ahora, en tu opinión, ¿cómo está el medio literario yucateco?

—En Yucatán, a mi juicio, faltan muchos talleres y falta que nos enfrentemos con el resto de la república. Yucatán se ha quedado rezagado en comparación con estados como Guadalajara, Monterrey, el D.F., y el Estado de México. Traigo a cuento las palabras de Rafael Ramírez Heredia: no te conformes con ser el escritor de tu localidad, porque aquí vas a ser muy aplaudido, pero desconocido en la república de las letras. Confróntate. Solo así puedes trascender, aunque te duela que te digan que no sirve lo que escribes.

La filosofía de Rafael Ramírez Heredia caló profundo en Carlos. Ahí donde el autor de La mara impartió su taller, ahora el alumno plantea sus propios argumentos para incitar a otros a escribir.

—Acuérdate que le costó mucho trabajo a Yucatán abrir los premios estatales de literatura a toda la república, y lo mismo sucedió con la bienal de artes visuales, pero los yucatecos tenían que confrontarse. Si viviera Ramírez Heredia me diría que asimilé bien sus enseñanzas. A mí nadie me puede venir a decir que el Premio Max Aub me lo dieron los cuates.

Exacto. Carlos Martín Briceño se desligó de la mafia estatal con su pluma tenaz afilada en aquellas pláticas de cantina con su maestro, cuando entre trago y trago le insistía: No te conformes con ser el Premio Calcetok.

Linda imagen. Tengo conocidos en ese pueblo de calles de tierra, entre ellos Max, de oficio albañil. Calcetok se conoce por sus piedras y sus grutas, pero realmente no es ni siquiera un destino turístico en el mapa yucateco.

Martín Briceño como autor de Ficticia se conoce también por Los mártires del freeway y otras historias (2006 y 2008) y Caída Libre (2010), obras a las que se accede al teclear www.ficticia.com.

Antes de Ramírez Heredia, creo, quien le metió la cizaña de la productividad fue Beatriz Espejo; en su nombre existe un premio nacional convocado aquí en Mérida, y él lo ganó en 2003. Desde otras latitudes, Gonzalo Rojas y John Banville también son influencia definitiva en su vida: nada le impide desvestirse, frente a sus lectores, en la primera provocación.

“Quizás, quizás” es otra muestra de ese temperamento altamente sexual con el que ya había impregnado otras aventuras. En éste la neta es que Elsa, su primera conquista, le dio el sí de buenas a primeras y acabaron en el hotel de paso más popular de Mérida cuando él solo tenía 19 añitos.

En fin, ya quedó claro que nuestro amigo es un goloso capaz de mojarse los dedos en la grasa caliente de la cochinita pibil para antojarnos con sus deleites. La mesa está servida, sus jefes no se van a enterar.


Autores
Es autora del libro Premio Casa de las Américas. 50 años – 11 entrevistas, investigación con la que se tituló como antropóloga con especialidad en lingüística y literatura por la Universidad Autónoma de Yucatán. Para 2014 prepara un libro testimonial sobre los contrastes culturales entre Yucatán y Durango, proyecto que surgió por iniciativa del programa Tierra Adentro.