Tierra Adentro
The Return of the Living Dead (Dan O’Bannon, 1985).

Todo el año, uno debe ver películas de terror, trash, italianadas, serie B, serie Z, nunsplotation. Pero octubre tiene una vibra especial; es el mes perfecto para desvelarse con chorradas ochenteras o una clásica de Mario Bava.

El objetivo: ver una película de terror por cada día de octubre (y un par de noviembre). Escogí películas que me han divertido muchísimo y que son poco vistas por aquellos que no son fans del género. Por más que quise incluir y recomendar mi película favorita de George A. Romero, Dawn of the Living Dead, creí que sería mejor opción irme por Day of the Dead, que, si bien me gusta menos, es igual de buena pero menos vista.

El mes está dividido en cinco semanas: la zombi, la italiana, la gringa, la de rarezas y la de blanco y negro. Cada uno incluye películas que marcaron mis preferencias cinematográficas. Por ejemplo, está Lucio Fulci (con cuyo nombre me oculto en Facebook), un director italiano que redefinió la manera en que se filman los zombis con su Zombi 2 (en ella hay una pelea entre tiburón y revivido. Genial). Preferí recomendar The New York Ripper, que se puede encontrar en Youtube y es mucho menos vista que su obra sobre no-muertos en el Caribe.

Dejo esta serie de películas como mi mapa para (empezar a) explorar el género.

 

Semana Zombi

El zombi es el monstruo de mi generación. La fascinación que causa, el deseo de algunos de que explote la epidemia de revividos y las miles y miles de películas que hay sobre nuestros queridos no-muertos se debe a que el zombi, en su forma más pura, es un ente vacío de conciencia, un puro cuerpo sin otra lógica que comer y comer. Es, entonces, lo que el sistema actual busca crear: un consumidor sin criterio, que derroche sus recursos para tener el último iPhone, el último Kindle; que coma lo que esté a la mano

El zombi refleja la situación actual; es el espejo que nos permite ver, por medio de la exageración y la parodia, que el mercado nos quiere convertir en masa, amorfa, sin caras, con miembros sustituibles.

El zombi es política.

 

Mangue negro (1 de octubre)

Película completa aquí.

¿De qué va?

La contaminación de los ríos de Brasil ocasiona que los manglares de un remoto pueblo de Espíritu Santo se conviertan en piscinas tóxicas. Los habitantes, cuyo medio de subsistencia era la pesca y recolección de caracoles, se enfrentan a una crisis alimenticia. Pero ese no es el verdadero problema: el lodo tóxico comienza a revivir a los cadáveres. En medio de la vorágine de zombis, Luis de Machadinha, un flaco pescador, intentará salvar a su amada Raquel.

¿Por qué verla?

Después de Romero, la figura del zombi obtuvo sus caracteres contemporáneos. Sólo 28 days after y Zombi 2 habían aportado algo a la configuración del monstruo de nuestros tiempos. Mangue negro regresa al esquema del revivido romeriano pero lo tropicaliza: sigue la línea asquerosa de Fulci y evita la amenaza hiper rápida de Dany Boyle. Rodrigo Aragão, director de la cinta, mana de las bases clásicas del género y entrega una gran película. Oscura, asquerosa y con uno de los mejores personajes del siglo XXI, la bruja Dona Benedita.

 

Dellamore dellamorte (2 de octubre)

Película completa, aquí.

¿De qué va?

Un sepultero, Franceso Dellamore, descubre que los muertos están regresando a la vida. Él, mientras sigue su línea de trabajo, se empeña en que los enterrados se queden dónde están. Un día conoce a una hermosa viuda y la ya extraña rutina se enrarece todavía más cuando la Muerte (sí, con mayúsculas) le da una salida a su predicamento: “Si no quieres que los muertos regresen, empieza a matar a los vivos”.

¿Por qué verla?

Dos elementos más del cast hacen de este film una visión imperdible: la viuda, interpretada por Anna Falchi (y sus escenas topless), bailarina, cantante, actriz, Miss Italia: toda una mujer renacentista; y Gnagi, el fiel compañero de Dellamore, que es interpretado por François Hadji-Lazaro, el Black Francis francés. El final es extrañísimo, influenciado seguramente por los finales ultra raros de los maestros italianos (Fulci, Bava, Argento), de quienes Michele Soavi, el director, fue colaborador.

 

The Return of the Living Dead (3 de octubre)

Película completa aquí.

¿De qué va?

Dos empleados de una bodega médica empiezan a hablar de The Night of the Living Dead. Uno de ellos, Frank, asegura que fue una película basa en hechos reales. Para demostrárselo a Freddy, lo lleva al sótano de la bodega, donde está un contenedor del ejército con un zombi congelado. Estúpidamente, abren el contenedor y el gas revive a uno de los cuerpos congelados. Deciden cremarlo. Las cenizas forman una nube y llueven sobre el cementerio vecino. Miles de muertos vivientes invaden la ciudad.

¿Por qué verla?

Es una película de terror-comedia a la altura de, ni más ni menos, que Shaun of the Dead. El soundtrack es ochenterísimo hasta más no poder; los diálogos, los personajes y los maquillajes están cosidos con esmero y lupa. Es una película perfectamente balanceada. Además, Linnea Quinley, una de las mejores screem queens, hace un striptease sobre la tumba de algún afortunado, sólo para después ser devorada (desnuda) por un montón de zombis cachondos. Tuvo varias secuelas (malas como leche echada a perder), de la cual sólo es memorable la segunda: es una copia de la primera con los mismos actores en los mismos personajes (¿?).

 

 

Juan de los muertos (4 de octubre)

Película completa aquí.

¿De qué va?

Cuba ha sido invadida por una ola de zombis. Juan, junto con una banda de renegados, se les ocurre un negocio: matar a los parientes zombis que la gente no quiere matar.

¿Por qué verla?

Su eslogan lo dice todo: “Juan de los Muertos: Matamos a sus seres queridos”. Además, es el primer largometraje cubano sobre zombis. Hay una escena de amistad entrañable: el mejor amigo de Juan, Lázaro, es mordido. Es sólo cuestión de horas para que se convierta y tengan que decapitarlo. El último deseo de Lázaro es hacerle sexo oral a Juan, quien se sorprende, pues nunca sospechó que su amigo de toda la vida fuera homosexual. Cuando está a punto de ceder, Lázaro le confiesa que estaba jugando. Gran broma para antes de morir.

 

Junk  (5 de octubre)

¿De qué va?

Un grupo de ladrones se cuela a un edificio abandonado, sólo para descubrir que es un laboratorio donde se descubrió la forma de revivir a los muertos. Por otra parte, el ejército, que no sabe exactamente qué sucede en el laboratorio, decide destruirlo. Cuando un grupo de élite llega para terminar el trabajo, tienen que formar equipo con los criminales para derrotar a los zombis.

¿Por qué verla?

Parece que con los japoneses no hay medias tintas. O hacen Trono de sangre (Kurosawa, 1957), una meditación estética que reelabora Macbeth, o hacen Junk, película donde los zombis vuela, hablan, vomitan líquidos verdes y son radioactivos. Junk  es un desorden, un exceso; y por eso es tan buena

 

Dead Snow (6 de ocubre)

https://www.youtube.com/watch?v=55uGN58UOkk

Película completa https://www.youtube.com/watch?v=lpmJ0we9zoQ

¿De qué va?

Un grupo de amigos llegan a una cabaña, situada en lo más profundo de una montaña nevada de Noruega. Se proponen pásarsela bien y punto. Durante la noche, un hombre toca a su puerta (¿quién camina a esas horas por un pasaje desierto?) y les cuenta la historia del lugar: durante la Segunda Guerra Mundial, un grupo de nazis —Einsatzgruppen— se estableció en el lugar y torturó a la población local. Después de la victoria de los aliados, los Einsatzgruppen huyeron hacia las montañas y murieron congelados. El frío empieza a ceder, la nieve a deshacerse y los nazis a regresar de la muerte.

¿Por qué verla?

¿En serio? ¿No es obvio que por los zombis nazis? Aunque no sea un concepto original (ya Shock Waves exploraba los revividos del Tercer Reich), Dead Snow tiene grandes elementos gore y, además, por situarla en una locación con tanto blanco, la sangre y las tripas resaltan. La película lleva el esquema “muchachos-drogadictos-y-promiscuos-asolados-por-un-asesino-o-cosa-sobrenatural” a otro nivel.

 

El día de los muertos (7 de octubre)

Película completa aquí.

¿De qué va?

La epidemia zombie es un fenómeno mundial; los sobrevivientes son cada vez menos. Un grupo de militares, junto con científicos y algunos civiles, ocupan un refugio subterráneo, en el cual intentan seguir con la vida y, al mismo tiempo, investigar a los no-muertos y poder recuperar el mundo.

¿Por qué verla?

Ésta es la tercera entrega del Dead Series romeriano que se inició con The Night of the Living Dead. No goza de tanta fama como sus dos hermanos mayores, pero empieza a proponer una tesis sobre la inteligencia del zombi: incluye la posibilidad de que el no-muerto no sea tan vacío de conciencia como se nos había hecho creer. La escena cuando un zombi escucha unos walkman es imperdible.

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Chihuahua, 1986) vivió en Toluca y ahora en el Distrito Federal. Próximamente será maestro en filosofía. Ha publicado en las revistas Los bastardos de la uva, F.I.L.M.E., Icónica, Registromx y El portal de Toluca. En este momento forma parte de Kinotecnia cineclub.

Conocí a Jaime Mesa una noche en Acapulco, cuando presentamos el fabuloso libro de Iris García, Ojos que no ven, corazón desierto (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2010). Al término de la charla literaria, nos refugiamos en un bar donde concluí que era un tipo de buena leña.

Volví a verlo años después, en Puebla, durante un encuentro de escritores de Tierra Adentro. Afuera del hotel donde nos reunieron (el hotel favorito de Daniel Sada, nos contó el propio Mesa), entre cigarros y cervezas, hablamos de libros en proceso, del estado de ánimo y de literatura. Ahí nos platicó un poco sobre su siguiente novela. Mesa hablaba de ella con el entusiasmo de un obseso. Aspiraba fuerte el humo del cigarro para seguir contándonos de la reconstrucción de su vida sentimental y el proceso creativo.

De mis amigos en común con Jaime Mesa, todos destacan por su congruencia: vive y escribe como piensas. No hay una postura del macho intratable, bebedor entusiasta o ajonjolí de todos los moles. Jaime Mesa es Jaime Mesa. Punto.

Cuando leí Los predilectos, recordé aquella noche en Puebla en la que Mesa nos adelantaba un poco sobre la historia de este libro. Lo recordé porque lamento mucho no haber puesto la suficiente atención como para conocer de viva voz la fórmula precisa para contar una historia.

En el capítulo 4 de Watchmen, el Dr. Manhattan, insatisfecho con su nueva vida como ente capaz de manipular la energía de la materia, se va al planeta Marte, donde reflexiona sobre la vida y la nada. Manhattan afirma: “Este planeta desierto: es tan maravilloso, completamente en silencio”.

Mesa, al igual que Manhattan, construyen a partir de nada. Ficción en el sentido más preciso. El poblano suelta la rienda del caballo literario, no porque no sepa domarlo, sino porque sabe que las mejores historias no están amarradas a la realidad.

En Los predilectos, una novela actual, si se quiere, nos recuerda que no es necesario mencionar el D.F. o Monterrey para darle credibilidad; no destaca ningún grupo musical que sirva como pretexto para presumirnos su melomanía; no hay guiños a películas o programas de televisión, que le den al autor un escalón para obligar a la gente a mirarlo hacia arriba; nada de eso.

Al igual que el Dr. Manhattan, que comienza a manipular los elementos del planeta rojo para construir un castillo de cristal, donde piensa vivir lejos de los humanos, Jaime Mesa comienza desde cero la historia de Scarlett Kunzen, una mujer de apenas 30 años, hastiada de la vida.

Todo es ficción y esto lo menciono como un atino.

En Apuntes del subsuelo, Dostoyevski afirma: “el hombre, quien quiera que sea, siempre y en todas partes, prefiere hacer lo que le da la gana a lo que le aconsejan la razón y el interés… y a veces es absolutamente imperativo que lo haga”.

Eso ocurre con Kunzen, quien durante un tiempo, cuando era hermosa, se aficionó a las fiestas donde los seropositivos (gift givers) tienen sexo con quienes desean contagiarse de VIH (bug chasers). Luego, ya obesa, decide internarse en una clínica de rehabilitación para perseguir una obsesión que la persiguió desde muy joven: ser madre.

En la clínica conoce a los miembros de una exitosa banda de rock, quienes hartos del éxito y la fama, toman la reclusión como un respiro a sus ajetreadas vidas. Su encuentro en esas condiciones marcará sus existencias, no por sus afinidades, sino porque descubrirán su patetismo.

Kunzen irá de obsesión en obsesión, insatisfecha con su vida. En determinado momento expresa: “dejar el alcohol, las drogas, la comida, el sexo no tiene nada de gracia, es inútil si no tienes algo más con que llenar esos espacios. Y realmente hay pocas cosas interesantes con que hacerlo”.

Mesa deja trasminar una notable influencia de la literatura norteamericana. No por nada, su personaje principal –femenino, sí, pero asombrosamente tridimensional– tiene una visión platónica de sí misma, algo muy Fitzgeraldiano.

Pero el verdadero valor de Los Predilectos no es su trama atinadamente ficcionada, ni su excelsa primera persona del narrador, ni sus entrañables reflexiones sobre la vida, la muerte o la procreación. No. Sino la coherente postura del autor hacia la ficción, la vida y la procreación. Mesa se tomó muy en serio la sentencia de Scarlett Kunzen: “si no tienes un objetivo claro las cosas difíciles se vuelven imposibles”.

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
Ciudad Victoria, Tamaulipas. Feo, fuerte y formal. Ha publicado Dos Caminos (UNAM, 2010), Flor de Capomo (Tierra Adentro, 2011) y Noches de yerba (Tarántula Dormida, 2011).
Fotografía por Pixabay.

Traducir un poema va más allá de traspasar palabras de un lenguaje a otro; esa experiencia de producción de sentido implica sacar un artefacto cultural de su engranaje para insertarlo en otro y tratar de hacerlo funcionar. A partir de su labor con el portugués, Cristobo sugiere que cada poema y cada poeta reclaman una traducción propia, específica.

 

¿Qué es traducir?, ¿de qué tipo de experiencia hablamos al referirnos a la traducción de poesía? Curiosamente, esto es algo que en general no podemos responder cuando comenzamos a traducir a un poeta. Traducir un poema suelto, o una selección de diversos autores en la que cada uno de ellos está representado por un texto, implica con frecuencia un trabajo de “legibilidad” que nos pide concentración sobre un punto: que el poema siga funcionando en la lengua a la que lo traducimos (en mi caso, el castellano). Es cierto que estaremos atentos también a otros factores como la musicalidad, los silencios que penden sobre el texto, el tono más o menos familiar en el que el escritor se expresa, pero casi siempre la maquinaria de producir sentido nos exigirá, incluso inconscientemente, que repongamos al máximo esa capacidad del poema de articularse como un engranaje cultural dentro de un sistema común de interpretaciones y valores, que es lo que frecuentemente llamamos “contexto de lectura”. En una lengua (y un mecanismo de producción literaria) ajeno al de su ejecución original, el poema, cuando aparezca aislado, será presentado como un artefacto autónomo, correctamente expresado: una miniatura de sentido cuya cohesión interna será inherente a la percepción de que el traductor ha hecho un buen trabajo, incluso cuando esto sea discutible.

Pero el caso es distinto al trabajar con series de textos más amplias, un libro de poemas del mismo autor o incluso varios poemarios compilados, antologados o en toda su extensión, para ser editados conjuntamente en la traducción. En esas situaciones es posible intentar una traducción no sólo como forma de transportar un sentido entre dos lenguas, sino también involucrarse más específicamente en algunas de las claves lingüísticas alrededor de las cuales el autor ha establecido sus (des)preocupaciones, el tipo de terreno sobre el que ha montado su campamento. A veces, incluso, es el propio poeta quien se ha encargado de filtrar en sus textos algunas frases que parecen dirigidas específicamente al traductor: “Presta mucha atención a lo que no digo”, dejó escrito Paulo Leminski (Curitiba, Brasil, 1944-1989), uno de los autores que he tenido la suerte de traducir recientemente. ¿Qué es lo que Leminski no dice? Atraído por la poesía concreta, los haikus, el grafiti y el lenguaje publicitario (profesión en la que se desempeñó), Leminski no solamente se destacó por su alto grado de precisión en espacios verbales reducidísimos (como en los mínimos tres versos: “luna a la vista / ¿brillabas así /sobre auschwitz?”), sino también por ser extremadamente específico en su vaguedad, como en el título de uno de sus primeros poemarios: “no fuese eso y era menos / no fuese tanto y era casi”.

Otro ejemplo bastante claro de esto se da en un poema de su autoría que dice:

um dia
a gente ia ser homero
a obra nada menos que uma ilíada

 

depois
a barra pesando
dava pra ser aí um rimbaud
um ungaretti um fernando pessoa qualquer
um lorca um éluard um ginsberg

 

por fim
acabamos o pequeno poeta de provincia
que sempre fomos
por trás de tantas máscaras
que o tempo tratou como a flores

 

En general, se ha traducido la última estrofa agregando un elemento en el segundo verso (“acabamos siendo el pequeño poeta de provincia”, “acabamos como el pequeño poeta de provincia”) que falta en el texto original. Esto es significativo porque quien traduce está decidiendo, quizá sin saberlo, completar un sentido que en portugués está ligeramente suspendido: si vamos a servirnos de aquello que no está escrito, sería tan posible leer “acabamos como” cuanto “acabamos con”, es decir, terminamos con él, lo que, a su vez, crea dos posibles comprensiones. Esas, me parece, son cosas que Leminski “no dice”, y sobre las cuales nos pide que prestemos atención.

Pero si con Leminski la instrucción —atender a lo no dicho— es clara, cuando traducimos a Marcos Siscar (Borborema, Brasil, 1964) la consigna es bastante más ambigua. “Eres tú quien sabe”, nos dice el título de unos de sus poemas, adivinando las dificultades que encontramos para tomar ciertas decisiones: los versos sin puntuar, la ambigüedad del texto, el carácter anfibio de ciertas inflexiones verbales que podrían atender tanto a un “você” como a una tercera persona (y que muchas veces han sido traducidas al castellano equivocadamente como concordando con un “usted”), nos sitúan en una encrucijada en la cual, casi inversamente al procedimiento utilizado con Leminski, lo importante no es no producir textualmente aquello que el poema calla, sino ser capaces de mantener el mismo nivel de potencialidad de todas, o casi todas, las lecturas que el poema podría sugerir. Así, por ejemplo, en el poema mencionado, se enuncia casi una poética de la traducción aplicada a sí mismo por Siscar:

Eres tú quien sabe

eres tú quien sabe tú decides

si hoy es día de revancha eres tú

quien sabe tú me hieres

cuando pienso que avisas tú

mientes cuando callas otorgas

eres tú quien sabe ¿tú no

yerras la esfinge que me encierra?

A partir de la necesidad de que esos versos sigan teniendo sentido en castellano, el traductor debe invisibilizarse, retirarse como sujeto interpelado por la pregunta del poema. Esto sólo puede hacerse, desde mi punto de vista, apostando simultáneamente por todos los sentidos posibles para el texto, por cuanto decantarse por un tipo de traducción será prolongar la duda de errar la esfinge; es decir, tomar una decisión contraria no sólo a la estructura de los poemas, sino a sus propios contenidos.

La experiencia de traducir, entonces, será una respuesta individual frente una serie de textos para los cuales podremos identificar una solución temporal que venga a organizar unas prioridades de trabajo; un modo de encontrar nuestras propias guías dentro del texto para personalizar lo que una traducción pueda ser en cada caso.

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Argentina, 1971) vive en Barcelona desde 2002. Sus últimas obras, publicadas en formato digital, son Deutschkurs (2008) y Krillsongs: en vivo en Berlín (2007). Actualmente dirige el sello editorial independiente Kriller71 Ediciones, dedicada a publicar y traducir a poetas jóvenes.
‘Borges y México’, Miguel Capistrán, Lumen (2012).

Hace dos años, el 25 de septiembre de 2012, murió Miguel Capistrán (Córdoba, Veracruz, 1939). Aunque su salud se había deteriorado en los últimos años por la diabetes que padeció desde 1985, Capistrán tenía varios planes en puerta: de no haber muerto, a la semana siguiente habría pronunciado su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua que iba a versar sobre publicaciones culturales mexicanas, luego seguiría escribiendo una biografía novelada de su paisano Jorge Cuesta, para la que había recibido la beca del Sistema Nacional de Creadores de Arte, y, finalmente, estaba preparando materiales para un coloquio sobre la obra de Gabriel Zaid con motivo de sus 80 años de vida, que se cumplieron en enero pasado.

No me gustaría decir que fuimos amigos a pesar de que nos conocimos desde hace muchos años, más bien, reconozco en Capistrán a uno de mis maestros literarios. Él fue quien realmente me enseñó a investigar, a acudir a las fuentes originales, a tomarle el gusto a esos papeles que pocos valoran: las horas pasadas en archivos y bibliotecas siempre rendían sus frutos al encontrar algún detalle o documento que servía para completar una investigación literaria, como es el caso de los varios documentos que encontró en artículos después reunidos en su libro Los Contemporáneos por sí mismos (Conaculta, 1994).

Pero también me contagió su gusto y pasión por algunos escritores tutelares, en particular por Jorge Luis Borges, a quien Capistrán trajo a México dos de las tres veces que el argentino vino a nuestro país. Además de lo que cuenta en el prólogo de su libro Borges y México (1998; Debate, 2012), Capistrán contaba una serie de anécdotas que ilustraban el humor y genialidad de Borges. Recuerdo sobre todo una: en uno de esos viajes, Borges le pidió a Capistrán que lo llevara a conocer la Catedral Metropolitana, fueron y Borges se sentó en una de las bancas a escuchar los muros de la vieja construcción, allí estaba cuando un joven lo reconoció y se le acercó a pedirle que le dedicara el libro que traía, excusándose de que no era uno del propio Borges sino de, ¡oh, sorpresa!, Cortázar a lo que Borges contestó amablemente: “Ha sido un buen alumno”.

Generalmente a los investigadores literarios no se les reconoce los aportes que hacen a la literatura mexicana y el valor que sus hallazgos tienen en los anales de nuestra literatura. Creo que ese fue el caso de Capistrán, quien, a mi parecer, contaba con el mayor prodigio para un investigador: una memoria sorprendente que recordaba cada detalle y datos de publicaciones, artículos o páginas leídas que en el momento menos pensado iban a ser utilizados. Todo lo que hizo e investigó particularmente por la generación de Contemporáneos es sorprendente y sólo hasta sus últimos años de vida, cuando la muerte lo rondaba y lo tomó por sorpresa, se le había empezado a reconocer. Algo tarde pero nunca lo suficiente si quedamos aquí sus discípulos y amigos encargados de hacer justicia a sus aportaciones.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Ciudad de México, 1981) es autor de La síntesis rara de un siglo loco publicado por el FETA.
Fotografía por Pixabay.

Por segunda ocasión, la ciudad de Durango será la sede de un espectáculo inusual, dentro del marco del Festival Internacional José Revueltas se realizará el Segundo Encuentro Nacional de Cajas Misteriosas, organizado por la compañía teatral “Colectivo Cuerda Floja”, fundado en el 2006 por José Ángel Soto y Ana Laura Herrera. El cual se desarrolla a partir de unas pequeñas cajas colocadas en los andadores turísticos esperando a que un espectador se acerque y escuche la historia que esconde. Historia breve con una duración no mayor a los 3 minutos.

Para saber un poco más sobre las actividades que se llevarán a cabo del 3 al 5 de octubre entrevistamos a la compañía responsable de tan particular evento.

 

Itzel Lara: ¿Nos podrían explicar un poco cómo es que surge la idea de hacer este particular encuentro?

Colectivo Cuerda Floja: Cuando iniciamos con la creación de nuestra Caja Misteriosa, en 2008, sabíamos que habían muy pocos grupos en la República Mexicana que también habían explorado este tipo de juguete, desconocíamos de dónde surgió su iniciativa, cómo fue que se inspiraron, cómo las manejaban y qué técnicas utilizaban, ya que, aunque existían referencias, nosotros como grupo creamos nuestro propio dispositivo y metodizamos nuestra forma de construcción. En la cual se pueden integrar todo tipo de títeres en una caja (esta metodología es la que nos ha permitido brindar talleres para compartirla no sólo en el República Mexicana, como Tlaxcala, D.F. y Guadalajara sino también en Egipto y Reino de Bahrein, en el Golfo Pérsico; y en cortometrajes para Festivales en Veracruz, Morelia, Quebec y Bordeaux)  así que después de haber conocido a colegas en éste ámbito, decidimos realizar el encuentro, como su nombre lo dice, para poder compartir todas estas inquietudes y las distintas maneras de resolver este artefacto cuyo objetivo es meramente voyerista y de curiosidad. Compartir nuestras técnicas, formas de construcción y diseños de cada una de las cajas.
IL: Para el público que desconoce esta técnica, ¿de dónde surge?

CCF: La referencia más cercana que encontramos fue en grabados y pinturas de Europa en Francia e Inglaterra del siglo XVII; donde se personificaban a viajeros que iban de pueblo en pueblo entreteniendo a la gente, a la usanza de los cómicos de la legua, a cambio de algunas monedas o comida; sin embargo, creemos que en todas las culturas ha habido un juguete de estas características, que utilizan como medio de diversión y entretenimiento la curiosidad de espiar algo. Para esto uno de nuestros colegas, Cesar Tavera, de Baúl Teatro, que nos acompañará nuevamente, ha realizado una investigación muy interesante y completa relacionada con este tipo de espectáculo, al cual se le conoce como Peep Show, Rare show, Titirimundi, Lambe-Lambe, Caja Misteriosa, Magic Box y de otras maneras.
IL:¿Cómo lo recibieron el año pasado los asistentes?
CCF:
Las presentaciones se realizaron en la calle Constitución y Plaza Fundadores, el recibimiento fue tan bueno que los titiriteros se quedaron más del tiempo planeado y el público cooperó de manera voluntaria. Fue tan bueno que lo solicitaron en otros municipios, por lo que en esta ocasión se realizará en Gómez Palacio y Lerdo, además de la capital.

 

IL: ¿Quiénes son las compañías invitadas? ¿Cómo ha sido el apoyo por parte del gobierno?
CCF:
Las compañías que nos acompañaron el año anterior fueron: Baúl Teatro, de Nuevo León (Cesar Tavera), Ars-Vita Títeres, de Hidalgo (Lourdes Miramontes y Jorge Vega), Monini Títeres, de San Luis (Sandra Delgado), Dragón Rojo, de Veracruz (Arminda Vazquez), Titirisol, de Tlaxcala (Alejandro Palmero), Ricardo Flores, de Tlaxcala y Colectivo Cuerda Floja, de Durango (Ana Laura Herrera, José Ángel Soto, Miguel Torres, Alejandro Muñoz, Andrey Galván, Felipe Lomas, Diego Chavarría, Fernando Aguirre, Paulina Herrera). Este año vienen Baúl Teatro, Monini Títeres, Ricardo Flores, Luis Cervantes, Tania Martínez y Natalia Martínez y Colectivo Cuerda Floja.

En cuanto al apoyo por parte del Gobierno, ha sido el Instituto de Cultura del Estado de Durango quien ha facilitado el primero y segundo encuentro, pero valoramos sobre todo el mérito de los titiriteros, quienes aceptan venir con bajos honorarios.

Sin embargo, esta actividad ha tenido gran eco en otros estados de la República Mexicana y otros países, por lo que esperamos que el próximo año pueda ser de carácter internacional y haya una mayor aportación. Cabe mencionar que el impacto puede llegar a ser tan grande como lo es en Charleville-Mézières, que dedican toda una avenida con este tipo de espectáculos durante su Festival, en Francia, y esto colabora al turismo y convivencia familiar.


IL: ¿Qué pueden esperar las personas que vayan al encuentro?

CCF: Un momento de entretenimiento diferente y sorpresivo para toda la familia, 10 espectáculos distintos en una hora y media. ¡Esperen su turno y verán lo que se esconde dentro de la Caja Misteriosa!

Para mayores informes, consultar la página de facebook de la compañía.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
Ciudad de México, 1980. Dramaturga. Autora de Aún no recuerdo su rostro (FETA 2014). Fue Becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas (2009-2011) y de Jóvenes Creadores, FONCA, (2008-2009). Participó en los talleres de The Royal Court of London y realizó una residencia en la misma institución en marzo del 2013. Su obra Anatomía de la Gastritis, traducida al francés por David Ferré, fue editada por la editorial Le Miroir. Ha publicado Editorial El Milagro; Los Textos de la Capilla, segunda generación; Tierra Adentro, Buena tinta y la revista Este País. Su guion Distancias Cortas fue publicado en co-edición con IMCINE y Editorial Buena tinta, en 2012.

Luis Enrique Castellanos retrata minuciosamente a través de sus personajes cómo el fracaso de la voluntad del hombre resulta en un vacío inexpugnable. Estos son seres derrotados cuya condición de angustia y conflicto se revela en una reflexiva inacción; como una versión actualizada y trágica del “Bartleby”, de Herman Melville: un hombre encerrado que no toca la guitarra, una mujer atrapada entre ruinas y sin posibilidad de rescate; un ladrón que en un paradójico acto de compasión decide quitarle la vida a un hombre y un borracho que no consigue jugar futbol. Siempre es 1966 en el norte nos cuestiona sobre la capacidad real del ser humano para conseguir y preservar lo que desea. 

Un adelanto:

El paseo

La primera vez que ella entró a casa de Damián Figueroa sonrió apretando la mandíbula, como para disimular el vértigo que le oprimía la boca del estómago.

Minuciosa, dejó la bolsa en el único mueble que había en la sala para no verle la cara al momento de saludarlo, ni siquiera para mantener la compostura, que a esas horas de todos modos ya había perdido; más bien para no echarse a llorar en ese departamento detenido en el tiempo que habitaba aquel desgraciado. Cuando se atrevió a levantar la mirada preguntó si podía fumar, aunque ya había visto un cenicero; cortesía exagerada, al modo del tacto exacerbado de los funerales. Damián asintió mientras secaba un vaso; ella encendió el cigarro y se recargó en la mesa, un brazo doblado sobre su abdomen y el otro doblado también, pero verticalmente: el cigarro le quedaba tan cerca que podía sentir el humo en la mejilla.

Fumando, miró el perfil de Damián servir vodka en el vaso y tomar un largo trago de la botella. Le vio la barba manchada de gris; el cabello, una maraña que le forzaba un aspecto primitivo y que caía hasta esos ojos endemoniadamente cansados, con surcos tan profundos debajo que era difícil pensar que fueran ojeras. Sus movimientos eran automáticos y lentos; se tomaba mucho tiempo para hacer cualquier cosa: cerrar la botella, colocarla bajo la barra, como si jamás fuera a tener prisa de nuevo por nada ni nadie. Trató de hablarle, pero aquella figura demacrada ahogó el sonido en su garganta; prefirió entonces seguir observando a la lastimera silueta traerle un trago.

El departamento era un lugar lúgubre. En las paredes quedaban rastros de lo que alguna vez fue pintura blanca, ahora desgastada y marchita; eran muros vacíos, sin un solo cuadro o fotografía. La estancia tenía un par de taburetes maltrechos en la barra de una cocineta improvisada y la mesa de la sala; no había sillones, sillas ni un librero o un televisor: era un espacio alumbrado por el pequeño foco de luz anaranjada que se movía de manera pendular. Con solemnidad, Damián colocó el vaso frente a ella, dio media vuelta y caminó despacio hacia el cuarto, arrastrando los pies descalzos. Ella había estado en sitios terribles muchas veces, lugares con jeringas usadas y cucharas gorgoteantes, con hongos en las paredes, con olor a carroña; casonas mugrientas con multitudes vociferantes, habitaciones con sangre en el piso, casas abandonadas. Pero nunca en un lugar con tal pesadumbre que le hiciera casi imposible moverse hacia el cuarto.

Cerró la puerta y encontró a un guiñapo sentado desnudo en la orilla de la cama, mirando el suelo. Por unos instantes pensó en las ocasiones que había visto a Damián en el burdel. Cada jueves, sin falta, entre idas y vueltas con los clientes, por un momento fijaba la mirada en el vago pegado a la barra; de las personas de la casa, esa figura de gabardina parecía la única inmóvil, siempre en silencio, siempre agachada. Refugio le contó una vez: “Ése de la barra es Damián, viene desde siempre, desde antes que tú o yo trabajáramos aquí. Al principio creíamos que era tarado, nunca hablaba ni rentaba a nadie, nomás se sentaba a chupar, pero después nos enteramos que está así porque se le murió su familia, se le quemó la casa con todo mundo adentro, mujer, hijos y hasta el padre. Viene aquí porque era cuate de don Cirio, que antes era el cantinero y le regalaba los tragos, pero cuando metieron a Cirio a la cárcel, éste siguió viniendo y se los siguieron regalando. Nos acostumbramos a tenerlo ahí sentado”.

Desde que escuchó el relato de Refugio resolvió acostarse con el tipo, más que nada por conmiseración. Le costó convencerlo: tuvo que prometerle que no le iba a salir caro y que, es más, ella iba a su casa.

Se quitó la ropa sin ninguna prisa frente a Damián y se acercó tranquila, como ofrenda de paz. Él pegó la oreja a su vientre y le rodeo la cadera con los brazos. Ella colocó las manos en sus sienes, se inclinó un poco para darle besos pausados en la cabeza y lo recostó con mucho cuidado, como si pudiera romperlo, sobre el colchón.

Entonces, con una ternura poco frecuente, lo besó en los labios y en el mentón. No necesitó decidirse a escalar ese hombre-muro. Ya estaba derrumbado.

Comenzó a pasear por aquel baldío, con tacto continuo y delicado. Recorrió los vestigios de esa tierra seca, de esa ciudad en ruinas empapada por una lluvia obscena y trepidante, pesada, no suficientemente líquida, más bien oscura y viscosa, como si el cielo goteara chapopote; una furia torrencial que la convertía en rapto, en lentitud, que la obligaba a deslizarse por los restos de vida bajo sus senos, bajo sus piernas en movimiento.

Siguió andando los escombros desnuda, besando, rasguñando los despojos con sus uñas de puta, de mujer misericordiosa; con paso firme, alcanzó a ver, más allá del centro, una figura que se iba agrandando conforme ella se acercaba, hasta encontrarse con una estatua erguida, la única cosa de pie en el enorme destrozo.

Una vez encima, tomó a Damián del cuello y empezó a mover la pelvis rápidamente, enérgica. Escuchaba sus propios ruidos y se perdía en la excitación, en ese impaciente estropicio, ese caos.

Movió la cabeza y miró fijamente a Damián. Ya con la respiración pesada le sostuvo la mirada y fue como ver un abismo. Se sintió caliente, hirviendo, tanto, que casi pudo sentir ardiendo a la mujer de Damián, a los hijos y al padre quemándose vivos en llamas infranqueables, llamas que apresaban. Entonces, el cuerpo bajo ella fue transformándose en un vacío, un vacío como el departamento, como el cuarto con nada más que un colchón sobre una base de cemento, en un hoyo negro que consumía todo: las cenizas de una casa, el burdel, la mesita de la sala, hasta la intermitente luz naranja que se escurría por debajo de la puerta, todo lo extinguía ese agujero oscuro del que era imposible huir; no quedaba nada excepto esa estaca que aferraba con su pubis, que evitaba que la consumiera la oquedad, que impedía el vacío absoluto.

Eligió no quedarse a contemplar la espalda indiferente. Se vistió sin prisa; mientras, Damián se incorporó moviendo la cabeza ingenuamente, buscando con qué retribuirle el simulacro de compañía, pero aún atrapado en su propia insolvencia.

Desde la puerta, ella le vio la miserable cara de hombre sin pasado, sin presente, desprovisto, sin el más mínimo rastro de promesa. Antes de cerrar, antes de dejarlo en ese cementerio con una mesita en el centro, sonrió y le dijo: “Me pagas luego. Pero me pagas”.

En la calle, revolvió su bolsa y sacó un espejito.

 

Siempre es 1966 en el norte

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Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Ciudad de México, 1986) es licenciado en Derecho y en Literatura por la Universidad de las Américas de Puebla. Ha publicado en las revistas Crítica y Tierra Adentro.
Fotografía por Pixabay.

La cabeza de Aristeo en donde se hizo el sacrificio de rectitud.

Hijo mío, sal. Pasa por el Portal y entra
en el Camino. Realiza tu trabajo y vuelve a mí,
relatando el hecho.

1. No hay nada a lo lejos, dicen los que no pueden ver más allá. Nada hay después de este mar congelado mas que una mujer que sale del océano junto a una foca agonizando. Más adelante un hombre de pie y vestido con pieles hace un hoyo en el hielo. A garrotazos rompe la transparencia fría. Encuentra tierra. Es el primero del grupo en hacerlo y se siente satisfecho. No hay brazos tan enormes y más hermosos que los de él. Son cientos de brazos. Quizá miles. Un poco más allá, una pila de focas muertas hiede. Eran blancas y sangran sus cuerpos. Algunas aún respiran un vaho cálido que desaparece entre las partículas de hielo. La mujer deja al animal junto a los otros. Retorna al mar. La mujer se llama Casiopea y es una constelación.

2. Es la sala de un teatro o algo así. Se sabe que es de noche por la escasa luz de la habitación. Brillan tenues las lunas a lo lejos. No hay nadie. Sólo un hombre vestido como un rey o un héroe. Lleva un traje de piel de foca adornado de hematita y diamante y una corona que brilla por última vez. Tiene un libro en la mano que lee en silencio y luego cierra sus ojos con parsimonia. A sus pies una espada de plástico y un astrolabio. El lugar está lleno de siglos. Siglos que no existen. De uno de esos siglos salta un espermatozoide que se arrastra por el suelo. Es de un cordero. De un buitre. De un perro. Es del espíritu que ha de reencarnarse.

3. Ella está sentada en un trono y tiene entre sus manos cruzadas una fotografía. Mira por la ventana. Respira por los pies. Allí se ve a un hombre y se reconoce fácilmente en qué país está. Es posiblemente un jinete que va hacia un ejército enemigo. Lleva el casco más grande del mundo y tiene alas en vez de piernas. Ella le pide que la mire. Él desenvaina su espada y le corta la cabeza. Es mucho más que un exceso de representación. La cabeza rueda por el suelo y es una máscara de un solo ojo. Un relámpago eterniza la escena.

4. Dentro del bosque hay un camino que sigue a los rayos del sol. Flores, plantas, árboles abundan, exhalan esporas, respiran, hablan despacio. Un hombre gira su cabeza hacia el cielo y cierra sus ojos. Uno a uno. Tiene una dalia azul en la mano. Hacia él viene otro hombre idéntico. Quizá es su doble. Luego caminan juntos y con el atardecer de fondo parecen un pavo real devorado por un rapaz lobo.

5. Un río de polvo desciende bruscamente por la ladera. La tormenta lleva meses, incluso años. A ciertas horas unos relámpagos atraviesan la lluvia y brillan en cada grano de arena. En ese momento un hombre salta de una piedra a otra. Tambalea. Se afirma en una piedra y ésta cruje. El bolso con herramientas le pesa. Sus gafas se caen y no puede agacharse. No ve nada. Tantea y se abraza a una enorme viga de hierro cuyo centro es un triángulo. El triángulo vuela de ahí. La viga de hierro le sigue.

6. Un hombre huye montado en un caballo a toda velocidad. Agacha su cabeza y agita las riendas. No se percata de que está muy cerca de un precipicio. Atrás quedaron los pintores contemplando el hermoso valle. Verde y en apacible movimiento son sus cuadros. El sol está en su cénit e ilumina incluso colores que no existen y que los pintores plasman en sus obras. El jinete huye y se estrella con el blanco de la tela en donde estaba siendo pintado por los artistas. El cuadro se llamaba

7. En medio de un viejo bosque un zorro corre por un sendero devorando los rayos de sol. Llega a un cruce de caminos y elige seguir por ambos. El sol ya no se ve y no hay nada para comer. El zorro siente hambre. Ve que más adelante los senderos vuelven a unirse y se devora a sí mismo apenas se encuentra. Ya que no hay zorros, el viejo bosque también se devora. Y ya que no hay árboles, los rayos del sol igualmente se devoran entre ellos. Un año en Marte tiene 687 días.

8. Desde el otro lado del planeta un sombrero de mujer es arrastrado por el viento. Tiene largas cintas de color rojo brillante que parecen alas y quizá lo sean. Debajo de él todo está cubierto por una gruesa capa de nieve. Hay un punto en medio. Son varios puntos. Es un hombre. Son varios hombres que corren hacia donde creen que el sombrero caerá. Quieren venderlo antes de morir de frío. En realidad ya están muertos. Una ballena los devora como si sus fauces fueran una constelación. La noche es la tráquea de un monstruo.

9. Vamos por una carretera de alta velocidad en medio del desierto. Asomo mi cabeza por la ventana. Siento los átomos del dióxido de carbono y me encanta. Un poco más adelante hay una pequeña colina y allí un hombre de pie con los brazos cruzados. Tiene una vara en la mano. Nos acercamos. Es un mago o un santo porque sobre su cabeza hay una aureola doblada por la mitad. Me habla mentalmente y me enseña cómo hacerlo. Seguimos nuestro rumbo en silencio hasta una señal que indica que se acabó todo.

10. Es algo así como una esfera de cristal. Un globo transparente donde el mago puede observar todo lo que está escrito con la línea del horizonte y lo que sucede arriba del cielo rojo. Pone sus manos sobre la circunferencia y ve a un hombre a caballo. Avanza lentamente en medio del campo de batalla. Yacen cadáveres y uno que otro moribundo gimiendo. Retira sus manos y espera a que la imagen desaparezca lentamente. No desaparece. El círculo se hace negro y aparece un subtítulo secreto.

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Chile, 1979) es doctor en Filosofía. Sus libros de poesía, editados entre el 2001 y 2003, aparecen reunidos en [guión] (2008). [coma] (2009) comprende su trabajo poético de 2004 a 2006.