Tierra Adentro

 

José Martí decía que el objetivo de su escritura era: “hacer llorar, sollozar, increpar, castigar, crujir la lengua, domada por el pensamiento, como la silla cuando la monta el jinete” y remataba con: “eso entiendo yo por escribir”. En otro momento afirma que lo que pretende al momento de crear un texto es “No tocar una cuerda, sino todas las cuerdas”[1]. Esta expresión es curiosa y viene al caso para un cronista como Hugo Roca Joglar y su obra Días de jengibre, que se encuentra atravesada por un severo tono musical y en la que el autor hace gala para percibir todo lo que pueda ser materia de crónica: los sonidos y silencios de la urbe que lo vio crecer, las historias familiares, los territorios, el comportamiento animal.

En La invención de la crónica, Susana Rotker señala los vasos comunicantes entre poesía y periodismo, al resaltar el trabajo que realizaban autores como Rubén Darío y José Martí para los diarios en los que laboraban Tal como explica Rotker, lo que Darío define como “laboratorio de ensayo del estilo”[2], no es otra cosa que la crónica, ese delicado equilibrio entre periodismo y poesía, entre el que observa y el que se nutre del mundo para sublimarlo y verterlo en la página. Un retrato cantado del mundo que se escapa del que no sabe observar. La crónica, ese producto del escritor mitad reportero y mitad poeta, se encuentra perfectamente representada en este libro. Al cronista le corresponde elegir con cuidado las imágenes y símbolos, su trabajo tiene que ver, como señala Rotker, “con la mixtura de lo extranjero y de lo propio, de los estilos, de los géneros, de las artes”[3]. Hallamos este aparente sincretismo en la obra de Hugo Roca Joglar: ojo agudo y periodístico para observar a las personas, los lugares, las situaciones; y pluma lírica para plantear similitudes, analogías y nexos entre sonidos y situaciones aparentemente disímbolas.

Leila Guerriero, en su artículo “En dónde estaba yo cuando escribí esto”, dice que no confía en las crónicas cuyo lenguaje no abreve de la poesía, del cine, de la música y de las novelas[4]. Me apropio de sus palabras y comulgo con ellas, lo reafirmo a través de las crónicas de Hugo Roca Joglar. Su lenguaje no sólo se nutre de la música (uno de sus temas predilectos) corre a la par de ella y se vuelven indisolubles. Queda de manifiesto el carácter melómano de Roca Joglar en cada página, así como su formación en dicho arte. La música es un elemento clave: construye puentes entre pasado y presente, entre tiempos y espacios, países y generaciones. La prosa de Hugo Roca Joglar avanza como una melodía por las páginas mientras nos muestra otras historias, otra cara del terreno hastiado de la cotidianidad. Si para Alberto Salcedo Ramos la crónica cumple la función de hacer visible lo invisible, para Hugo Roca Joglar hace leíble lo que normalmente pertenece al  oído: se lee musicalmente, se avanza por sus páginas como quien escucha una pieza musical construida con precisión de relojero. Mahler en una cantina de Irapuato, Rolling Stones en Madrid, Eduard Tubin en Ciudad de México: en este libro no existe el mutismo.

“Supuse que si ser periodista era poder mirar, entrar a los lugares, hacer preguntas y recibir respuestas y creer que sabía y ver, casi enseguida, el resultado de la impertinencia en un papel impreso, la profesión me convenía”[5], aseveró alguna vez Martín Caparrós. A Hugo Roca Joglar no sólo le conviene esta profesión: le sienta bien. A alguien que parte de la pregunta elemental de quién soy y de dónde vengo -para ensayar, narrar, recorrer su vida en el sentido inverso a las manecillas del reloj- le resulta ejercicio natural y cómodo indagar sobre la vida y las posibilidades de otros. Me gusta pensar en las crónicas de Días de Jengibre como esos territorios que el mismo Caparrós rememora: “la vida de un barrio, un oficio, un sector social, contada por medio de una prosa trabajada”[6]. Aquí, entonces, también podemos hablar de un territorio familiar: el del mismo Roca Joglar, que escudriña en su propia genealogía como lo hace en las calles de la Ciudad de México y parte desde ahí hacia nuevos derroteros en su labor de cronista.

Afirma Julio Villanueva Chang en su artículo “Apuntes sobre el oficio de cronista” que no hay cosa más emocionante para un cronista que descubrir aquello que no está buscando[7], y es una sensación similar la que queda al finalizar este libro: uno sabe que debe buscar algo, no se sabe bien a qué, pero intuye que debe comenzar por hurgar en las memorias y el oído, que debe haber algo más que “estos terribles días mexicanos”, como llama Hugo Roca a esta realidad en que vivimos. Y puede ser que lo hallemos, puede ser que no, nunca se sabe.

 

 

[1] Rotker, Susana (2005). La invención de la crónica. México: FCE, p. 176.

[2] Rotker, Susana. Óp. Cit., p. 108.

3Rotker, Susana. Ídem, p. 108.

[4] Guerreiro, Leila (Diciembre de 2005). “Dónde estaba yo cuando escribí esto” en revista El Malpensante  (82). Recuperado de https://elmalpensante.com/articulo/116/donde_estaba_yo_cuando_escribi_esto

[5] Caparrós, Martín (2015).  La crónica. México: Planeta, p. 5

[6] Caparrós, Martín. Óp. Cit., p. 5

[7] Villanueva Chang, Julio (31 de agosto de 2005). “Apuntes sobre el oficio de cronista” en Letras Libres,  recuperado de https://www.letraslibres.com/mexico-espana/apuntes-sobre-el-oficio-cronista


Autores
(Ciudad de México, 1986). Coordinador del Taller de Creación Literaria del FARO Indios Verdes. Autor de los libros de cuento Luego, tal vez, seguir andando (Río arriba, 2012), Entre cuatro esquinas (FETA, 2014), La luz de las tres de la tarde (BUAP, 2015), El filo del cuerpo (Revarena ediciones, 2016), Ciudad nostalgia (Abismos, 2016), Sombra-Reflejo (BUAP, 2017), Los panes y los pescados (Ediciones Periféricas, 2018), Tiempo arrasado (Revarena ediciones, 2019), Mismatch (Cuadrivio, 2020), Foley (Fondo Editorial del Estado de México, 2020, mención honorífica en el Certamen Literario Laura Méndez de cuenca 2018) y Especies carismáticas (Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola 2023). También es autor de los libros de crónica Tren suburbano (Malpaís, 2019) y Linde faz (FETA, 2018) con el que obtuvo el Premio Nacional de Crónica Joven Ricardo Garibay. Obtuvo mención honorifica en el Premio Nacional de Periodismo Gonzo 2018 por la crónica Big Tony Bang. De igual manera, es autor de Nanda (Nitro Press-Ediciones La Rana, XIX Premio Nacional de Novela Jorge Ibargüengoitia) y del libro de ensayos Basado en hechos reales (Casa Bonsái, 2025). Becario del FONCA (en los periodos 2016 y 2021) y del PECDA Estado de México (2018) en el área de cuento. En su faceta como jurado, cuenta con participaciones en el comité de premiación del Premio Nacional de Crónica Joven Ricardo Garibay 2020, así como en los comités de selección de estímulos del PECDA de Jalisco (2017), Chiapas (2019) y Tamaulipas (2024), donde actualmente se desarrolla como tutor. Ha publicado cuento, poesía, crónica, ensayo, reseña y dramaturgia en medios como La Jornada, El Universal, Casa del Tiempo, Tierra adentro, entre otras, así como en las antologías De narcos a luchadores (Contrabando, España, 2019), Cecilia y el Vampiro (Editores Mexicanos Unidos, 2021, compilación de Bernardo Barrientos Domínguez). Ni una sola palabra (UANL, 2021), Covid-19 (FCE, Tierra Adentro, 2021) y Liminales II (Casa Futura ediciones, 2023), por mencionar algunas. Fue seleccionado para el número especial Nueve ensayistas (1985-1995) de Punto de partida y el número especial sobre crónica: La crónica, el arte de narrar, de La Jornada. Es egresado de la Licenciatura en enseñanza de inglés, de la UNAM.

MI MENTE CUANDO (NO) ESTAS (COMIC YAOI)_URESHI-SAN UNIVERSE_2


Autores
Ureshi-san Universe, ilustrador originario de Ensenada, Baja California, con enfoque en el género “yaoi”, también conocido como BL (Boys Love). Tras graduarse de la carrera de Diseño Gráfico en 2016, se ha dedicado a crear contenido visual de dicha temática inspirado en personajes de sus series y películas favoritas. Actualmente vive en Tijuana, Baja California, trabajando como ilustrador y diseñador gráfico para un canal de Youtube y, a su vez, trabaja en más contenido para compartir en redes sociales y se prepara como expositor para eventos próximos.

Larga oda a la salvación de Osvaldo

esto es el no
la cabina cerrada

azote diablo arrecia
rancio silencio

viaducta baba
caduco el soplo

ahora deviene
el ánima

tácito

todo mondo
entre los dientes

aquí la vida llena
la vida simple
la única

rancio silencio
viaducta baba

aquí

selvas sintáctico-
semánticas

no invierno
зимы нет

cuándo verás al joven svevo todo filigrana y una carretilla llena de
/ papiros
muy ocupado pendiente arriba entre la mordedura de un callejón de
/ trieste

es algo imposible
me dices

pero yo imagino un cuévano
vuelto circuitos de un robot
una ciudad robot en piedra

el esqueleto del poema
en carne magnífica de imagen

narraciones amorosas
destinados nacimientos
neobarrocos

как необарокко
обреченное двойственности

el espíritu en ambiguo
declive del destino
puerto
maremoto

terreno minas
accidentes

tórrido
la supuesta panorámica
del miedo

otra vez
destino
neoborroso en lodo

sprechen ist silbern

yo también escribí una novela
y ahora me masturbo
pensando que el trópico estalla

schweigen ist golder

falanges de mudos ángeles
de lluvia el gran planeta

la cisterna
frescor de pozo seco

bichos
tábanos pájaros
cortinas

id éntico
valor plástico

anécdota de invisible
hilo

el lirismo

sich ausküssen
tolhausen
quiero comprar una bicicleta
y luego ir adonde estás

trabajar abducidos al desorden
no es algo espantoso

mientras besarse mutuamente
hasta quedar
completamente satisfechos

transitivos
muchacho
crazy american

él decía que era un payaso
y repartía periódicos
por la mañana

ellos despellejaban cadáveres
para la facultad de medicina

no olvides una identificación
no olvides la fosa común

no la sal acomedido
panacea del páncreas

oblata
en pendientes cimarronas
culpa envinada de carótida

en la irriga trampa
continuar la especie

examinado en una pileta
de cloro

queloides
рубцы

quemaduras
ожоги

tacto amenazado
угроза осязанью

lepra
eléctrica

электро
проказа
voz de cántico

ye intla auel
nech ijtoa

poluto

quemaduras
ожоги

quemaduras
ожоги

en cínica
cinta gástrica

el cuerpo verde
зеленое тело

amoratado

in mikatzin poliktok
ikin tonally

yo escribí historietas
tipo el libro vaquero

western andrógino
esperántico
furtivo en confianza maritales
con mental estreñimiento

hacia los coitos
erótico-teatrales

duraciones de la lingua
esquizofrénica

blabeas
chasquidos

balbuceos
de dios entre los hombres

in teteo tlachimej
in tlajkuilojmej tlakopina

kenin kanaj ni
kenik panox

tlein achiyok

solo duré un día
celoso de los vagabundos


Autores
(Monterrey, 1979). Poeta y gestora cultural. Ha publicado los libros de poesía: Larga oda a la salvación de Osvaldo en co-autoría con Sergio Ernesto Ríos, iremos que te pienso entre las filas y el olfato pobre de un paisaje con borrachos o ahorcados y Lo mejor que damos. Antología personal. Actualmente colabora con Benjamín Moreno en el proyecto de experimentación textual, visual y tecnológico Benerva! Pertenece al Sistema Nacional de Creadores de Arte.
(Toluca, 1981) Publicó Mi nombre de guerra es albión (2010), Muerte del dandysmo a quemarropa (2012), La czarigüeya escribe (2014), en coautoría con Diana Garza Islas, Obras Cumbres (2014), Brazuca (2015), Quienquiera que seas (2015), Máquina portadora de cabezas (edición digital, 2018). Tradujo del portugués Bruno Brum a ritmo de aventura de Bruno Brum (2017); Droguería de éter y de sombra (2014) de Luís Aranha; Voy a moler tu cerebro (2010), Paranoia (2013) y Oda a Fernando Pessoa (2017) de Roberto Piva; la antología de poetas brasileños nacidos en los ochenta Escuela Brasileña de Antropofagia (2011). Tradujo del inglés con Diana Garza Islas, Una noche, senté a Donald J. Trump en mis rodillas/Y otras teorías estéticas del siglo XXI (2017), a partir de un ejercicio de Chris Rodley. Imparte los talleres de poesía latinoamericana Periferia de Escribidores Forasteros en la Ciudad de México y Toluca. Trabaja en la librería Mi Primer Día en el Salón de la Fama.

2. El concilio con los munchkins

 

Dorothy se despertó por una sacudida tan inesperada y fuerte que si no hubiese estado recostada en su cama, quizás habría salido lastimada. Aún así, el golpe hizo que perdiera el aliento y que se preguntara qué lo había causado, mientras Toto ponía su fría naricita en la cara de la niña y chillaba desconsoladamente. Dorothy se sentó en la cama y se dio cuenta de que la casa había dejado de moverse y ya no estaba obscura, pues la brillante luz del sol entraba desde una ventana inundando la habitación. Se levantó de un salto de la cama y corrió a abrir la puerta con Toto pisándole los talones.

La pequeña soltó un grito de asombro, mientras observaba todo lo que la rodeaba sus ojos se abrían más y más; incapaces de contener su maravilla ante las cosas que veía

El tornado había llevado a la casa de Dorothy nuevamente al suelo—con una delicadeza inesperada para un tornado— y la había dejado en medio de una tierra de belleza extraordinaria. Por todos lados estaba la tierra adornada por hermosas alfombras de pasto, con árboles majestuosos cubiertos por deliciosa fruta. Se veían flores coloridas por todos lados y unos pájaros con plumajes raros y brillantes cantaban y saltaban entre los árboles y arbustos. No muy lejos se distinguía un pequeño arroyo que corría y centelleaba entre los parches verdes de maleza borboteando con una voz que la niña, que había vivido tanto tiempo en las praderas grises y secas, recibía con agradecimiento.

Mientras observaba parada la vista tan hermosa como extraña, se percató de que se aproximaba hacia a ella un grupo conformado por las personas más raras que había visto jamás. No eran tan altos como los adultos que conocía, pero tampoco eran pequeños, parecían ser tan altos como ella, quien era alta para una niña de su edad, aunque parecían, a primera vista, ser mucho más grandes en edad que ella.

El grupo estaba conformado por dos hombres y una mujer, todos vestidos con ropa extraña. Llevaban unos sombreros redondos que tenían una punta alargada que se extendía hasta un pie por encima de sus cabezas y campanitas en las alas que tintineaba a cada paso que daban. Los sombreros de los hombres eran azules, mientras que el de la mujer era pequeño y blanco. La mujer vestía un vestido blanco que colgaba haciendo pliegues desde sus hombros, el vestido tenía estrellas que brillaban al sol como si se tratara de diamantes. Los hombres estaban vestidos del mismo tono de azul que sus sombreros y usaban botas bien lustradas que lucían un doblez de un azul más obscuro. Dorothy pensó que los hombres debían ser de la edad del tío Henry, pues dos de ellos tenían barba. Pero la mujercita era sin lugar a dudas mucho más grande, pues su cara estaba cubierta de arrugas, su cabello era casi blanco y caminaba con dificultad.

Cuando las personitas se acercaron a la casa de Dorothy desde cuya entrada ella los veía, se detuvieron a susurrar entre ellos como si tuvieran miedo de seguirse acercando. Pero la mujercita caminó hacia Dorothy, hizo una reverencia muy pronunciada y dijo con una voz muy dulce:

—Bienvenida seas, noble hechicera, a la tierra de los munchkins. Estamos profundamente agradecidos contigo por haber matado a la Bruja Malvada del Este y de esa manera haber liberado a nuestro pueblo de la esclavitud.

Dorothy escuchó maravillada el discurso. ¿Qué querría decir la ancianita al llamarla “hechicera” y al decir que ella había matado a la Bruja Malvada del Este? Dorothy era uno niña inocente e inofensiva que se encontraba a muchas millas de su hogar al haber sido arrastrada por un ciclón y nunca había matado a nada en toda su vida.

Pero la viejecita esperaba evidentemente una respuesta, así que Dorothy dijo sin dudar:

—Es usted muy amable, pero seguramente debe de haber un error, verá, no he matado a nadie.

—Pues si no fuiste tú, lo hizo tu casa —respondió la mujercita con una risa— y da lo mismo. ¡Mira! —continuó, señalando a la esquina de la casa— ahí están sus dos pies, asomándose desde ese bloque de madera.

Dorothy observó lo que la ancianita le señalaba y dio un grito to de terror pues ahí, justo bajo la esquina de la gran viga que sostenía a la casa, sobresalían dos pies vestidos con zapatos plateados y puntiagudos.

—¡Oh, cielos! ¡Oh, cielos! —chilló Dorothy, apretando las manos con desesperación— Le ha de haber caído encima la casa. ¿Qué hacemos?

—No hay nada que hacer— dijo la pequeña mujer calmadamente.

—¿Quién era?

—Como te dije antes, era la Bruja Malvada del Este —dijo la mujercita— mantuvo a los munchkins subyugados durante muchos años, convirtiéndolos en sus esclavos día y noche. Ahora han sido liberados y están agradecidos contigo por haberles dado su libertad.

—¿Quiénes son los munchkins? —preguntó Dorothy.

—Son el pueblo que habita esta tierra en el este, donde reinaba la Bruja Malvada.

—¿Es usted un munchkin?

—No, pero soy su amiga, aunque habito en las tierras del norte. Cuando vieron que la Bruja del Este había muerto mandaron un mensajero a buscarme y vine enseguida. Soy la Bruja del Norte.

—¡Oh, cielos! —exclamó Dorothy— ¿Es usted una bruja de verdad?

—Así es —respondió la ancianita—, pero soy una bruja buena y la gente me ama. No soy tan poderosa como la Bruja Malvada que reinaba aquí, o yo misma habría liberado a este pueblo.

—Pero pensé que todas las brujas eran malas —dijo la niña, que estaba un poco asustada al estar frente a una bruja de verdad.

—Oh, no, ese es un error muy grande. Solo había cuatro brujas en toda la tierra de Oz y dos de ellas, yo misma y la que vive en el sur, somos brujas buenas y es imposible que me equivoque. La del este era mala, así como lo es la del oeste, pero ahora que has matado a una de ellas queda tan solo una bruja mala en toda la tierra de Oz: la del oeste.

—Pero —dijo Dorothy después de pensar por un momento— la tía Em me dijo que todas las brujas habían muerto hace muchos años.

—¿Quién es la tía Em? —preguntó la ancianita.

—Es mi tía que vive en Kansas, de donde vengo.

La Bruja del Norte permaneció pensativa por un momento con la cabeza mirando hacia el suelo. Entonces miró a Dorothy y dijo —no sé en qué lugar se encuentra Kansas, pues nunca había escuchado hablar de tal país. Pero dime, ¿es una tierra civilizada?

—Sí que lo es —respondió Dorothy.

—Eso lo explica todo. Me parece que ya no quedan brujas, brujos, hechiceras o magos en los países civilizados. Pero verás, la tierra de Oz nunca fue civilizada, pues estamos aislados del resto del mundo, así que aún hay brujas y magos entre nosotros.

—¿Quiénes son los magos? —preguntó Dorothy.

—El mismísimo Oz es un mago —respondió la bruja convirtiendo su voz en un susurro— es mucho más poderoso que el resto de nosotros. Vive en la Ciudad Esmeralda.

Dorothy iba a hacer otra pregunta, pero en ese momento los munchkins, que habían estado parados en silencio, dieron un grito y apuntaron a una de las esquinas de la casa, en el lugar en el que había estado el cuerpo de la Bruja Malvada.

—¿Qué sucede? —preguntó la mujercita y al voltear a ver, comenzó a carcajearse. Los pies de la bruja muerta habían desaparecido por completo, dejando solamente sus zapatos plateados.

—Era tan vieja —explicó la Bruja del Norte— que se secó rápidamente bajo el sol. Ese ha sido su final. Pero los zapatos plateados son tuyos ahora y debes usarlos.

Se inclinó para recoger los zapatos, y, después de haberles sacudido el polvo, se los entregó a Dorothy.

—La Bruja del Este se enorgullecía de esos zapatos —dijo uno de los munchkins— y hay un encantamiento sobre ellos, pero nunca supe de qué se trataba.

Dorothy tomó los zapatos y los metió a la casa, dejándolos sobre la mesa. Cuando salió le dijo a los munchkins:

—Estoy ansiosa por regresar con mis tíos, pues seguramente estarán muy preocupados por mi, ¿me ayudarían a encontrar el camino de regreso?

Los munckins y la bruja se miraron entre ellos, después miraron a Dorothy y sacudieron sus cabezas.

—Al este, no muy lejos de aquí —dijo uno de ellos— hay un gran desierto, tan grande que nadie ha podido cruzarlo con vida.

—Es igual al sur —dijo otro— pues he estado ahí y lo que visto. El sur es el país de los Quadlings.

—Me han dicho —dijo el tercer hombre— que sucede lo mismo en el oeste. Y en ese país, donde viven los Winkies, reina la Bruja Malvada del Oeste, quien te convertiría en su esclava si te atrevieras a cruzar sus tierras.

—El norte es mi hogar —dijo la ancianita— y en su borde se encuentra el mismo desierto que rodea a toda nuestra tierra de Oz. Me temo, querida, que tendrás que quedarte a vivir aquí con nosotros.

Al escuchar eso Dorothy comenzó a llorar, pues se sentía sola entre todas aquellas personas extrañas. Sus lágrimas parecieron conmover a los amables munchkins, pues sacaron de inmediato sus pañuelos y también comenzaron a llorar. En lo que a la mujercita respecta, se quitó su sombrero y balanceó la punta debajo de su nariz mientras contaba “Uno, dos tres” en una voz solemne. En ese instante el sombrero se convirtió en un pizarrón en el que estaba escrito con gis lo siguiente:

 

DEJEN A DOROTHY IR A CIUDAD ESMERALDA

 

La ancianita tomó la pizarra de debajo de su nariz y, habiendo leído lo que decía preguntó:

—¿Tu nombre es Dorothy, cariño?

—Sí —respondió la niña, mirándola y secándose las lágrimas.

—Entonces debes ir a Ciudad Esmeralda. Quizás ahí te ayude Oz.

—¿Dónde se encuentra esa ciudad? —preguntó Dorothy.

—Está justo en el centro del país, y está gobernada por Oz, el Gran Mago, como. Ya te había dicho.

—¿Es un buen hombre? —preguntó Dorothy ansiosamente.

—Es un buen mago. No sabría decirte si es o no un buen hombre, pues nunca lo he visto.

—¿Cómo puedo llegar allí?

—Debes caminar. Es un viaje largo a través de un país que es a veces agradable, aveces oscura y terrible. Sin embargo, usaré todas las artes mágicas que conozco para alejarte de cualquier peligro que pueda atravesar tu camino.

—¿No me acompañarás? —rogó la niña, quien había comenzado a ver a la viejecita como su única amiga.

—No puedo —respondió— pero te daré mi beso, y nadie se atreverá a lastimar a alguien que ha sido besando por la Bruja del Norte.

Se acercó a Dorothy y la besó gentilmente en la frente. En el lugar en el que sus labios habían tocado la frente de la niña, quedaría una marca brillante, como Dorothy descubriría más adelante.

—El camino a la Ciudad Esmeralda está pavimentado con ladrillos amarillos —dijo la bruja— así que es imposible que lo pierdas de vista. Cuando llegues con Oz no le tengas miedo, cuéntale tu historia y pídele que te ayude. Adiós, querida.

 

Los tres munchkins se inclinaron ante ella y le desearon un buen viaje, después, caminaron hasta desaparecer entre los árboles. La bruja inclinó la cabeza con amabilidad hacia Dorothy, dio tres vueltas sobre su talón izquierdo y desapareció por completo para la sorpresa del pequeño Toto, quien ladró con fuerza una vez que había desaparecido, pues había estado demasiado asustado como para siquiera gruñir mientras la bruja aún estaba presente.

Pero Dorothy, sabiendo que se trataba de una bruja, había esperado justamente que desapareciera de esa esa manera, así que no se encontraba ni remotamente sorprendida.


Autores
(1856 – 1919) Fue un escritor que supo desarrollar su imaginación y talento literario en distintas etapas de su vida como periodista, dramaturgo, cineasta y poeta.
(Ciudad de México, 1995) Es dramaturga y editora. Estudió Escritura Creativa y Literatura en la Universidad del Claustro de Sor Juana.

 

Los resultados del conteo de taquilla de 1977 fueron contundentes. Tanto los refinados pasos de Travolta en Saturday Night Fever, como la grandilocuente dirección de Spielberg en Close Encounters of the Third Kind protagonizaron una reñida pelea por el segundo lugar de ingresos. Era imposible hacerle sombra al primer lugar: tan solo en EUA, éste había obtenido más del 270% de diferencia a su favor en comparación con el segundo puesto (y un 230% de diferencia en taquilla internacional). No había vacilación alguna en decir que Star Wars se había convertido en el más grande fenómeno cinematográfico del año e incluso en el primer blockbuster moderno; sí, aunque Jaws (1975) es formalmente el primer éxito taquillero, no puede compararse con la celeridad y popularidad masiva que George Lucas inauguró.

Así, con un estudio rebosante de dólares, el anteriormente director de cine independiente logró asegurar las secuelas y crear una de las industrias más influyentes dentro de la cultura popular contemporánea… Pero hay que decirlo, es necesario, estamos hablando de la cultura popular que nace después de la frontera norte, aquella que aglomera la producción de contenidos para el entretenimiento de la gente que, ante el asedio del modo en que se gana la vida, busca refugio en el entretenimiento de ocio. También hay que indicarlo, hablar de cultura popular ya no tiene aquel dejo despectivo del siglo pasado. No, hoy en día es difícil, superfluo, querer hacer una distinción entre la alta cultura y la popular; las técnicas, formas y herramientas se han entremezclado y los resultados no están delimitados. Pensemos, más bien, que el término está ya libre de permutaciones desfavorables y reflexionemos alrededor de algo útil como: ¿qué es lo que engloba a este susodicho “milagro” de la producción cinematográfica con más de 40 años de aguante internacional?

 

Nace una estrella (de la muerte)

A mediados de los setenta, George Lucas recién se enteraba de que el estudio 20th Century Fox había accedido a financiar su proyecto después de que otros como Universal y Disney —¡oh, ironía!— le habían hecho el feo. Dentro del acuerdo, Lucas había exigido quedarse con las semillas necesarias para convertir su película en un gigante de la cultura popular: mantendría el control de las partes no escritas de la historia, así como todas las decisiones pertinentes al merchandising. Para el mismo año de estreno del filme, la cláusula exigida por Lucas se convirtió en un acuerdo con Marvel Comics, otro para producir juguetes con Kenner Products y otro más con Del Rey Books para la novelización de la película. Star Wars, ya sin cursivas, se había iniciado formalmente en la vida cultural de la inocente población aún virgen de ewoks y wookies. Más de cuatro décadas después ninguna de estas iniciativas se ha detenido: los cómics continúan, las nuevas novelas siguen publicándose y los juguetes siguen produciéndose. Los ewoks y los wookies resultaron ser más prolíficos que los conejos.

 

Aunque sea doloroso para los amantes de las películas de arte, el Registro Nacional de Cine (National Film Registry) de la Biblioteca del Congreso estadounidense, seleccionó de inmediato a Star Wars para formar parte de su listado por ser “cultural, histórica y estéticamente significativa”. Sin embargo, especificar con exactitud las razones por las cuales Star Wars se ha convertido en el titán que es hoy no es tarea sencilla. Qizás fueron los efectos innovadores para la época; una historia sencilla con elementos de chile, mole y manteca; el uso de personajes influenciados por todo tipo de películas e historias (como C3-PO por Maria de Metropolis) o una banda sonora con leitmotiv bien usado. Reducir el éxito y la aceptación masiva de un trabajo creativo a tan solo un par de elementos sería ilógico. No. Star Wars, en cada una de sus iteraciones, es producto de su tiempo y el éxito de su recepción, a su vez; de una compleja lista de variables. El resultado es que al día de hoy Star Wars se encuentra en todas partes y un breve examen de este fenómeno resulta no sólo atrayente, sino también hilarante.

 

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Star Wars hasta en las Han-burgers

¿Es posible que exista alguna actividad en la cultura popular que esté exenta de la influencia de las espadas láser? Pues no, la verdad no. El peso de la idea galáctica se propagó de tal forma que ahora es un lugar común, se manifiesta de forma invisible y natural en todas partes al igual que las grandes épicas de antaño se volvieron un tema cotidiano. Estos temas son usados repetidamente y permean toda manifestación cultural. Su presencia sempiterna es tal que no se necesita leer el Quijote para saber, en mayor o menor grado, quién es el viejo que ve gigantes en lugar de molinos; tampoco hay que leer la Divina comedia para entender que un cierto Dante viaja a través del infierno o ver las películas de Lucas para saber quién es el hijo de Darth Vader o reconocer su famosa marcha imperial al escucharla. Estos temas, personajes o composiciones siempre están allí.

¿El fenómeno parece exagerado? Empecemos por cosas obvias, su influencia en expresiones afines como la música, el cine o la televisión. Respecto a la primera, la banda sonora del filme es tan importante para la industria fílmica que el AFI (el American Film Institute), pone a la banda sonora de John Williams como la campeona en una lista de los mejores soundtracks de la historia. Y, claro, como lugar común en la cultura es obvio que aparece en cientos de composiciones de la lírica musical moderna. Sería absurdo citarlas todas, por algo existen los blogs del fandom, baste decir que desde Blink-182 pasando por Eminem, hasta Madonna o Beyoncé han usado personajes, temas y lugares de la franquicia galáctica.

En el cine, la visión que Lucas vislumbraría para su película sería de vital importancia para la ola de filmes de ciencia ficción que se avecinaba. Un “futuro usado”, de apariencia oxidada, sucia y derruida se convertiría en la base para la verosimilitud de la saga, ya no se usarían aquellas visiones futurísticas donde todo era tecnológicamente superior, higiénico, eficiente y estético. Algunos, incluso, cuentan que esta ola de efectos innovadores mezclada con personajes jóvenes, atractivos en plena acción permitió a la década de los ochenta centrarse tanto en los géneros fantásticos como en las explosiones ostentosas. En otras palabras, permitiría el nacimiento del éxito taquillero de verano y con ello el advenimiento del cine hollywoodense moderno. ¡Adiós, señor triste Ingmar Bergman, hola a Don No-me-importa-la-narativa-Michael Bay! Más allá de la compostura del drama, la parodia descubrió un hogar cálido en la saga y, ¿cómo no encontrarlo si toda la producción parece en ciertos momentos un chiste mal contado? El clásico de culto Spaceballs (1987) y el tráiler ficticio de Hardware Wars (1978) se mantienen como hilarantes ejemplos que el propio Lucas elogió.

Por si no bastara, aquel establecimiento de una compañía especializada en efectos especiales llevó a la creación de una empresa especializada en la creación de videojuegos. Lucasarts se erigió con rapidez como una de las compañías más aclamadas al crear títulos como la saga de Monkey Island (1990-1991), Grim Fandango (1998) o Day of the tentacle (1993), todos hoy clásicos de culto. Y sí, entre plataformas tan viejas como la computadora Apple, los celulares y las nuevas consolas, existen cientos de juegos de video basados en el universo de Star Wars.

Y, ¿qué hay de otras disciplinas en donde nada tendría qué hacer Star Wars? Pues tampoco están a salvo. ¿Gastronomía? Por supuesto, sólo basta con revisar una receta de alguno de los libros dedicados a la cocina intergaláctica, como Wookie Cookies: A Star Wars Cookbok, con el que se puede preparar una deliciosa bebida caliente como un Hoth Chocolate o tal vez un sano desayuno como el Twin Suns Toast o los Greedo’s Burritos.

¿Ropa y moda? Por supuesto. De acuerdo con Valerie Steele, directora del Fashion Institute of Technology en Nueva York, el diseño de vestuario para películas de ciencia ficción se basaba en disfraces geométricos, togas o visiones futurísticas de la ropa contemporánea; por ejemplo, Star Trek parecía decirnos que el futuro de la moda eran las minifaldas pero en colores diferentes. En cambio John Mollo, el encargado del diseño de vestuario de Star Wars, se basó en características del diseño japonés: armaduras estilizadas sin adornos, ropa holgada que no se ajustaba al cuerpo y vestidos en forma de V. Este tipo de características resultaron impactantes para la moda occidental que apenas empezaría a vislumbrar las nuevas tendencias de moda japonesa avant-garde, las cuales se estrenarían precisamente en Tokyo por algunos como Yohji Yamamoto en el año en que A New Hope llegaba a los cines. 

Por otro lado, el Museo de Ciencia de Boston, Massachusetts, ganó fama internacional al inaugurar una muestra titulada Star Wars: Where Science Meets Imagination. Sobra decir que millones de visitantes colmaron las salas en donde se mostraba cómo la ciencia se involucra en los fantasiosos artilugios de George Lucas.

Se han exhibido otras muestras alrededor del mundo señalando la importancia del diseño de tecnología, exponiendo los modelos anatómicos de especies alienígenas o cómo la exploración espacial puede obtener ideas de la ficción cinematográfica. Como muestra del poderío ideológico, en 2007 el sable de luz que Luke usó en The Return of the Jedi fue lanzado a órbita por la NASA y después regresado a las manos de Lucas, ¿por qué? Porque la NASA puede. Ya ni hablar de la larga lista de entes nombrados en honor a la saga, desde la bacteria bautizada “midicloriana” hasta polillas mexicanas oficialmente nombradas “Wockia chewbacca”.

Incluso hay quienes creen que si Lucas creó el concepto de la Fuerza a partir del budismo y el taoísmo, ¿quién dice que la verdad no puede estar allí? El Jediismo —o yedaísmo— no es exclusivo de EUA, censos de varios países alrededor del mundo —entre los que destacan Nueva Zelanda y el Reino Unido— denotan que los seguidores ya se encuentran por los cientos de miles y en Texas, ya se encuentra el primer Templo de la Orden Jedi al que se le condonan impuestos por su carácter de asociación religiosa sin ánimo de lucro.

¿Y la industria del porno? Por supuesto, mucho más ahora que además de entretener a la población se ha convertido en reflejo de la cultura popular. La versión porno de Star Wars rompió récord de producción al convertirse en una de las películas pornográficas más caras. ¿Cosplay? Star Wars es prácticamente padre/madre de esta práctica. ¿Día conmemorativo en el calendario? Sin una razón de verdadero peso más que la similitud fonética entre “Force” y “Fourth”, el día se ha oficializado con fuerza desde hace 10 años para convertirse en una celebración anual con no pocos adeptos; por ejemplo, el 4 de mayo de 2015 los astronautas de la Estación Espacial Internacional (ISS) decidieron ver un maratón de películas de Star Wars desde aquel lejano paisaje. ¿Diseño industrial? Sí, también, basta con revisar el listado de Haden Blackman. ¿Memes? Hello there (insertar meme aquí). ¿Parque de diversiones? No olvide visitar este año la inauguración de Star Wars: Galaxy’s Edge en Florida. La lista es tan larga como la actividad humana.

Al parecer, lo único que queda a salvo es lo que existió antes de Star Wars, como la literatura isabelina y Shakespeare… ¡No, tampoco el pasado está a salvo! Ian Doescher tuvo la maravillosa y terrible idea de formar una serie de libros en los que el estilo fuera innegablemente shakesperiano, el autor se dio a la tarea de buscar fragmentos y partes del corpus shakespeariano para adoptarlos y modificarlos al corpus starwarsiano. Aquí una bellísima y horrenda muestra extraída de William Shakespeare’s the Clone Army Attacketh en donde C3-PO se dirige a R2:

 

R2, I’ve had a most rare vision, yea:
I’ve had a dream, past wit of droid to say
What dream it was: aye, I were but an akk,
If I did go about t’expound this dream.
Methought I was–yet no droid can tell what.
Methought I was–and too, methought I had–
But I am but a patchéd fool, if I
Will offer to say what methought I had.
The eyes of droids have never heard, the ears
Of droids have never seen, droids’ circuitry
Not able been to sense, nor programming
Conceive, nor e’en droids’ core to make report
What my dream was. I’ll speak no more of it.

 

May the 4th be with you… always

Las anécdotas acerca del éxito, hoy especie de mito fantástico que ensalza a los nuevos emprendedores, se cuentan por centenas. Por ejemplo, según el propio Spielberg, George Lucas le pidió que le cambiara el 2.5% de las ganancias de su película más reciente por el 2.5% de lo que creía que sería un fiasco colosal, es decir, Star Wars. Al momento de la entrevista, Spielberg on Spielberg (2007), el director de E.T. decía seguir recibiendo dinero de dicha apuesta.

Más allá de las subjetivas preferencias y los mal esgrimidos argumentos que puedan escudriñarse para defender o rostizar a la saga intergaláctica de los Skywalker, el éxito, aceptación e influencia que ha ejercido hasta el día de hoy es innegable. El futuro puede ser incierto para Star Wars, pues su poder mediático, económico y social se ha convertido en el nuevo vellocino de oro y tenerlo, en la máxima aspiración de cualquier organización. Y aunque el esfuerzo es tremendo en términos económicos y humanos, cientos de miles de horas de trabajo y millones de dólares, los resultados parecen tener gran potencial: influir de manera directa dentro de la sociedad, en sus gustos, aversiones o sensibilidades y que estos puedan ser “refinados” a conveniencia de los accionistas. Con una experiencia de más de 40 años y un futuro sin miras a oscurecerse para Star Wars, sólo resta reflexionar acerca de su influencia y, parafraseando a Mel Brooks, que el dinero la fuerza nos acompañe.

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Ilustrador
María Fernanda Raigosa García
Originaria de Zacatecas, Zacatecas y residente en Guadalajara, Jalisco. Egresada de la carrera de Animación Digital. Es ilustradora y creadora de contenido animado en la industria.
© Laura Morsch Kihn

 

La crítica no debe alimentar el ego del crítico, sino hacer que la gente tenga ganas de ir al cine: entrevista a Edouard Waintrop


 

 

Interesado por el zapatismo, la figura de Pancho Villa y la cultura Yaqui, Edouard Waintrop es un crítico de cine francés con una afinidad especial por el anarquismo, sobre el cual ha publicado dos libros (El Talmud y la República, Los anarquistas españoles (1868-1981). También es un admirador de directores como Roberto Gavaldón, Alejandro Galindo, Guillermo del Toro y Lucrecia Martel, y un apasionado del cine latinoamericano en general. Ha sido miembro del jurado de los festivales de cine de Morelia y Guadalajara durante varios años. Entre 2011 y 2013 fue delegado general de La quinzaine des réalisateurs (los quince directores) del festival de Cannes, una programación paralela a la selección oficial del festival, creada después de mayo del 68 por la Société des Réalisateurs de Films (SFR, Sociedad de directores de películas), una asociación de cineastas independientes que promueve el talento joven y un enfoque alternativo en el séptimo arte. Esta programación, que año tras año propone una selección inusual para el público de Cannes, ha dado a conocer el trabajo de realizadores como George Lucas, Spike Lee o los hermanos Dardenne.

Tierra Adentro tuvo el gusto de charlar con Waintrop durante el Festival Cinelatino de Toulouse, en Francia. Este festival, que funciona desde hace más de 30 años con pocos medios y muchos voluntarios, es la segunda plataforma más importante del cine latinoamericano en Europa –después del festival de San Sebastián– y trata de difundir un cine joven y de autor en el viejo continente.


 

¿Qué piensa de la cultura cinematográfica? ¿Cuál es el papel de la crítica de cine?

 

Me parece que la crítica debe facilitar las cosas al público, debe provocar su interés por seguir la programación en las salas. La crítica debe hacer que la gente tenga ganas de ir al cine y no reducirse a alimentar el ego del crítico o darle gusto al resto de sus colegas. Si a uno le gusta una película, debe tratar de compartir esa pasión con los lectores. Eso lo que yo traté de hacer con mis críticas. Casi nunca escribí sobre una película que no me gustara, pues me parecía, y me parece, algo ridículo. Además es riesgoso; si una película te disgusta, puedes equivocarte al escribir sobre ella, lo cual es vergonzoso; pero si una película te gusta, puedes correr el riesgo de equivocarte sin que sea vergonzoso, porque de todas formas te gustó y te transmitió algo especial.

La crítica debe proponer una cultura cinematográfica de la manera más auténtica y natural posible, casi sin decirlo. Cuando empecé a ver películas, yo no tenía ninguna “cultura del cine” y tampoco la necesitaba. Creo que hablar de esa cultura es algo problemático, porque implica discriminar entre “los que saben de cine” y “los que no saben”. Existe un elitismo idiota, sobre todo porque considero que el cine es un arte popular e inmediato y los grandes cineastas son populares.

El espectador no tiene que conocer ni saber juzgar los elementos de un plano o escena para disfrutarlos. El problema es que desde hace años –hablo de los 60s y 70s en las grandes ciudades de Europa y sobre todo en París– se ha ido expandiendo un tipo de crítica formalista y arrogante que se interesa más por la técnica en un plano que en la historia. Uno va al cine para ver una historia porque al ser humano le gusta que lo hagan soñar. Incluso si desapareciera el cine, se encontrarían otros medios para desarrollar esa tradición narrativa. Todo lo que nos da una excusa para soñar es necesario porque la vida cotidiana no nos lo permite.

 

¿Qué piensas del papel del crítico de cine en nuestros días?

 

Lamentablemente, el crítico de cine no juega un gran papel en nuestros días porque casi no lo leen, o por lo menos así sucede en Francia. Los dilemas son los mismos: ¿Para quién se hace? ¿Cómo se hace? La crítica perdió su valor porque –como decía– cayó en un elitismo sin sentido y la gente empezó a desconfiar de ella hasta el punto de dejar de creerle.

Yo diría que la crítica tuvo un papel importante en Europa desde los 40s hasta los 90s. Conocí esa “cola de la cometa”, ese final del esplendor. Es triste pensar en las estupideces que hicimos en ese entonces, en la obsesión por leernos los unos a los otros, entre críticos especializados, sin pensar en aquellos que nos leían desde afuera de nuestra esfera, sin ser capaces de salir del hermético mundo cinematográfico. A muchos críticos de cine les importaba más –o les daba más miedo– lo que iba a pensar su colega, que lo que realmente entendería el lector.

Así pues, cuando llegó la crisis de la prensa –a comienzo de los 90s–, ese descrédito general de la crítica nos tomó por sorpresa y golpeó en la cara a todos los periodistas.

Por esta razón, entre otras cosas, dejé de ejercer la crítica de cine hace ya varios años. Me di cuenta de que muchos críticos de mi generación eran perezosos y se conformaban con tener sus columnas y sus espacios de opinión en la prensa, sin comprometerse con la mediación cultural que implica su puesto. Estos críticos eran una especie de notarios, unos burgueses con intereses concretos y mentes cerradas; verdaderos parisinos.

 

De acuerdo, pero si usted pasó tantos años escribiendo sobre cine, me imagino que tenía una razón, o una motivación especial para hacerlo…

 

Desde luego, y creo que esta ha sido la pasión. Vengo de una familia amante del cine y desde joven prefería ir a las funciones de cine improvisadas que entrar al salón de clase. De hecho, no sé cómo pasé el bachillerato (ríe). Tuve la suerte de ver el nacimiento del Studio Action, que dispuso las primeras salas populares de cine de París. Recuerdo que como regalo para mis quince años asistí a todo el ciclo de Hitchcock. ¡Pasé una semana metido en el cine y sin ir a la escuela!

 

¿Netflix vs. Salas de cine?

 

Creo que hay que mantener una distancia respecto a la pretensión de que las salas de cine van a desaparecer a causa de Netflix, Amazon Prime y demás.

No es lo mismo ver una película en casa que en el cine, aunque hago ambas casi con la misma frecuencia. Yo soy amante del ritual de atravesar una parte de la ciudad, elegir la película, pagar un boleto, buscar asiento en la sala y dejarse envolver por la oscuridad para luego ser testigo de la magia evocadora del cine.

La deserción en las salas de cine supone un problema y es difícil encontrarle una solución. Los programadores tratan, tratamos, de variar en contenido, de alcanzar a un público cada vez más joven -pues el promedio de edad aumenta cada vez más-y de distribuir en la mayor cantidad de lugares, ya que las salas pequeñas sufren, y eso pone en dificultad a los comerciantes que se ubican en torno a dichas salas.

Sin embargo, no se puede culpar únicamente a las plataformas por la crisis de las salas de cine. De hecho, si Netflix ha tenido tanto éxito es porque ya existían personas que veían streaming mucho antes de que existiera. Lo interesante de esta nueva ola de plataformas es el rol de distribución, producción y dirección que están jugando. Netflix supo muy bien vender la película Roma, de Alfonso Cuarón, que es una película magnífica y muy bien dirigida, pero dudo que hubiera causado tanta controversia sin la presencia ambivalente y los problemas de distribución que supuso la intervención de Netflix.

 

¿Qué le dirías a alguien que prefiere ver el cine en casa?

 

Yo le recomendaría ver las películas en su casa, tranquilamente. Es algo que yo hago a menudo cuando voy a mi casa en el campo. De todas formas, el efecto social de las películas te hace reaccionar. Yo creo que uno siempre termina por ceder. La necesidad por compartir esas historias con otras personas, además del efecto ritual, es lo que te hace ir a una sala de cine.

 

Y para terminar… ¿Roma y Alfonso Cuarón?

 

Oh, no, la pregunta incómoda… Bueno, para comenzar, debo reconocer que no me enoja el hecho de que Netflix haya participado tanto en la película, pues sé hasta qué punto fue difícil para Cuarón terminarla. De hecho, me parece un movimiento muy inteligente, porque la controversia causó un impacto mediático tan fuerte que le aseguró el éxito en taquillas, el lugar en todo tipo de festivales y la atención de la prensa durante muchísimo tiempo.

Reconozco que Roma es una película impecable y muy bien hecha, eso es no se puede negar. Mi problema es más bien moral; me parece una película de burgueses que se enternecen, y eso lo encuentro amable, pero personalmente no me gusta. Confieso que me conmovió mucho la escena del parto. Si uno no llora en esa escena, entonces no llora nunca en la vida. Pero la película no me gustó a causa de su punto de vista, pienso que todavía tiene el de un hijo de mami. Además, conociendo un poco a México, siento que Roma gustó mucho en regiones como Oaxaca, en las familias donde hay empleadas domésticas. Eso me indigna. Sin embargo, es obvio que Cuarón es un gran cineasta y me gusta mucho su trabajo. Es una crítica amistosa (ríe).

 

© Laura Morsch Kihn

© Laura Morsch Kihn

 


Autores
Lector. Escritor. Traductor de literatura francófona. Twitter: @Cajme
Imagen extraida de Flickr.

Rompe rompe rompe […]
Are you ready?

“Rompe”, Daddy Yankee

En esta casa (ignoro si en las demás) cada miembro de la familia tiene un cajón que sirve para contener lo que en los otros no tiene cabida; cajón de sastre, me parece que le llaman, aunque desconozco si el sastre en verdad tiene tal desorden y disparidad en sus pertenencias. Este cajón, limbo en el que cada objeto aguarda pacientemente su sentencia, contiene, en mi caso, todos los papeles que pudieran servir algún día y los objetos a los que todavía no puedo llamar “basura”, aunque tampoco los use con frecuencia.

Hace unas semanas, me di cuenta de que este cajón ya no aguantaba un objeto más y era necesario escombrarlo. Si algo me han enseñado las mudanzas es que los objetos se desnudan en su carácter de útil o inútil bajo la lupa del movimiento: a los pocos minutos de iniciado el proceso, el bote de basura ya estaba lleno de trozos de recibos de pago, baucheres de depósito, documentos anacrónicos, instructivos y propaganda de dentistas y cabinas XXX. En mi cama por otra parte, reposaban diversos objetos apilados en grupos (para el cajón de la papelería, para donar, para vender). Entonces me encontré con la fotografía de una expareja. Ya no me era útil, como no lo fue nunca estrictamente hablando, pero había que crear espacio en el cajón, despejarlo, limpiarlo. Sin embargo, supe que estaba ante algo distinto, no frente a los papeles que yacían en el bote y que, al ser destruidos, nunca presentaron un recuerdo mayor al de las largas filas en los bancos o los “vuelva mañana porque se cayó el sistema”, el “pase usted a la consulta gratis” o “media hora por 40 pesos”. Al momento de llegar a la fotografía, no pude decidir si romperla o rescatarla. Opté entonces por dejarla a un lado y continuar.

Después de unos minutos más de destruir propaganda e instructivos para electrodomésticos que ya ni siquiera tengo (y que, además, a la usanza mexicana, ni siquiera leí antes de usar el aparato en cuestión), me di cuenta de que efectivamente deseaba deshacerme de la fotografía, pero no debía romperla. Me di cuenta también de que esa era la palabra clave: romperla. Tenía claro que deseaba deshacerme de ella, pero una fotografía en pedazos en la basura da más que pensar que una fotografía completa en la basura. Había que deshacerse de ella, no romperla. La asimetría es violencia, pura vena, sentimiento al rojo vivo. En los programas sobre policías e investigadores saben cuándo hubo un ataque por el estado de las cosas: una camisa rasgada, una tabla astillada, un vidrio hecho pedazos: todo eso es muestra de salvajismo, de descontrol. Los buenos investigadores siempre hurgan en la basura y seguramente se alarmarían si vieran un retrato roto, no desechado, porque podría indicar cierta rispidez entre el dueño de los desechos y la persona en la fotografía; un papel donde hay un rostro es, inequívocamente, un símbolo. Y como no sé si alguien hurga en mi basura, decidí postergar, otra vez, el asunto del retrato.

Como el proceso de limpiar el cajón suele ser largo (hay que diferenciar lo que puede ser útil y lo que no, si habrá algún uso para el cargador de la vieja computadora, comprobar el contenido de cada CD sin rotular) fui a la cocina por algo de comer. Tomé con las manos, específicamente con el índice y el pulgar, un trozo del pan que mamá había horneado. Ella, al darse cuenta de lo que había hecho, me dijo, palabras más, palabras menos, que siquiera usara un cuchillo o un tenedor porque qué clase de puerco agarra la comida así, luego hizo hincapié en lo mal que se ve el tomar los alimentos con las manos. Después de un par de alusiones más a la naturaleza porcina del acto, me di cuenta de que la distancia, el uso de un objeto para interactuar con algo, denota educación, mesura y tiento: no es lo mismo comer con las manos que con una cuchara. Entonces descubrí lo que debía hacer: cortar la fotografía, lo que dotaría de cierto carácter burocrático al acto, porque romper lleva una carga, significa algo, pero no así el desechar; es el objeto intermedio lo que nos salva, nos civiliza. Nadie recoge un animal muerto con las manos (higiene aparte): se le aleja, se le reubica, con una pala o un palo: la distancia nos permite no involucrarnos. La propina se deja en la mesa, no en la mano del mesero; la limosna en la iglesia se coloca en la charola para diferenciarla de la limosna para los mendigos.

De vuelta al cuarto con un trozo de pan en la boca y otro en la mano, me di cuenta de que la cuestión recaía en la limpieza del corte, la precisión de los tajos, la lejanía con el objeto. Antaño, en los días de la inquisición, se sabía qué verdugo era profesional y cuál no por la pulcritud del cercenamiento. Cuando a base de estirones en el potro se lograba cortar profesionalmente algún miembro, el experto se separaba del principiante. Más que arrancar, desmontaba: no había rencor en ese acto, era un trabajo. Si por el contrario, uno realiza un corte animal, de bordes imperfectos, hay un sentimiento. Es la simetría, la limpieza y precisión la que nos separa de los animales o en todo caso de nuestro lado más visceral. Lo mismo con las territorialidades: la división de parcelas, de terrenos, se lleva a cabo en líneas rectas y precisas hasta donde es posible. Sólo el hombre marca fronteras perfectamente geométricas de forma consciente: la naturaleza no sabe nada de eso, no hay playas rectas ni barrancos de corte pulcro a menos que sean producto del azar. Un pan incompleto, con orillas inexactas, por ejemplo, es una pieza que nadie más desea. Nadie que se respete, aseguraba Novo, comerá delante de la gente una sobra de bolillo como se come una rebanada de pan. La rebanada es permitida por civilizada, porque ahí medió el objeto, la pulcritud del acero, la frialdad del cuchillo.

Al continuar escombrando hallé, al fondo del cajón, una memoria USB en perfecto estado. El reacomodo nos lleva a veces a (re)encontrar objetos cuyo valor ignorábamos al momento de arrojarlos ahí; en el mejor de los casos, se puede encontrar un billete en algún pantalón viejo o un saco que no hemos usado en años. Cuando era niño escuché la anécdota de un hombre que guardaba los billetes cuyo número de serie coincidiera con su fecha de cumpleaños. Años después, al destapar la alcancía, se dio cuenta de dos cosas:

1. El dinero que había reunido alcanzaba para un carro nuevecito, quizá hasta con asientos de piel.

2. Ese dinero ya no era útil, porque esos billetes habían salido de circulación tiempo atrás y ahora sólo eran papel.

Ignoro si el hombre rompió los billetes, de puro coraje, o simplemente los desechó (en partes o completos) pero seguramente se cuestionó qué debía hacer con ellos. En 2017, La casa de la moneda, en Argentina, adquirió una máquina que serviría, única y exclusivamente, para destruir los billetes viejos de cien pesos. Quien estuvo ahí debió experimentar algo único: ver cómo se va a la nada una enorme cantidad de dinero que ya no tenía valor alguno: entonces, mejor dicho, ya no era dinero, ya no significaba moneda; ahora sólo era papel y significaba otra cosa. Me di cuenta de que ahí radicaba la clave: se le había quitado el valor al papel antes de desecharlo (¿le había quitado yo todo valor a la fotografía?). No rompieron nada: se deshicieron de algo a través de la frialdad y pulcritud de un objeto. El rostro de Julio Argentino Roca no valía más que el de la exmujer ya olvidada y romperlo no era nada, no se perdía dinero como, por ejemplo, lo significaría ahora romper el rostro de Evita Perón: cien pesos argentinos. La diferencia entre el iconoclasta y el hombre afecto a la limpieza es la significación de lo que se está destrozando.

Volvamos al retrato. Debía deshacerme de él, pero no había tijeras a la mano, y cortarlo con cuchillo se me antojaba más salvaje y significativo que hacerlo con las manos (quizá hasta parecería un trabajo de brujería). Quise arrojarlo al baño, pero anfibio como es el retrato, podría flotar en el retrete. Era necesario cortarlo, dividirlo, desmontarlo, quitarle su carácter personal a través de la lejanía que sólo la geometría, la limpieza o el objeto pueden brindar. Pero esto era indudablemente complicado porque ahí en el papel había un rostro, salvoconducto del pasado y del olvido. Ese problema no se hubiera presentado si la fotografía fuera solo un archivo a eliminar (cosa que hice con las numerosas fotografías, ninguna de exparejas, que hallé en la USB) algo a desmontar pixel por pixel y arrojarlo a la nada desde la nada misma del disco duro, pero el papel no permite esas comodidades. Además, en el caso de las fotografías digitales, entre la mano que borra (no rompe) esa fotografía, y la imagen misma, está ya la barrera de la pantalla, del teclado, del mouse: en fin, una serie de trincheras para no recibir de golpe el disparo del olvido. Ahora lo sé y lo sostengo: las generaciones habituadas a la imagen digital no saben romper fotografías.

El problema es la cercanía que se tiene con la imagen en el papel, porque la fotografía es puente al recuerdo, es el papel donde anotamos cuánto le depositamos a cierta relación o persona. Por ejemplo, el fotógrafo, no el profesional, sino el que tiene tras la puerta una eterna camisa blanca que figura en más de cien pasaportes, el que tiene un peine mantecoso en el estudio, el que te dice ponte derecho y no parpadees, debe deshacerse de fotografías de todo tipo y por montones, pero para él no hay rostros ahí, mucho menos familiares, solo material desperdiciado del que nunca regresó por sus fotografías: negativos a los que ya no le sacará provecho. Además, ellos poseen una guillotina que corta y cercena, pero no rompe. Es la distancia la que lo salva: no son sus manos las que destruyen. El fotógrafo del pueblo donde crecí, por ejemplo, constantemente estaba cortando fotografías por la mitad, aquellas que ya no le servían. Nunca lo vi realizar su labor con las manos, por lo que no me parecía un acto simbólico, era más bien burocrático, contrastando, por ejemplo, con alguien que rompe, en un ataque de furia, el retrato de la persona amada o que amó y los fragmentos llueven a sus pies.

Romper no es desechar; es destruir. He ahí la diferencia. Romper con alguien denota mayor rispidez que terminar con alguien, que decidir separarse civilizada y simétricamente: separarse. Romperse una pierna, romper un acuerdo, romper una promesa. En lo tocante a las relaciones personales, digamos que alguien civilizado corta por lo sano, no rompe una relación. Pongámoslo en papel: quien entienda la diferencia entre cortar un trozo de papel de baño, y que se le rompa el papel de baño, lo sabe todo.

La fotografía, al término de la jornada de limpieza, regresó al cajón y ahí sigue, al menos hasta una nueva revisión, cuando el espacio comience a faltar. Dicen que si algo no está roto, no lo arregles, y yo les creo. Y agregaría: si aún no está roto, no lo rompas.

 


Autores
(Ciudad de México, 1986). Coordinador del Taller de Creación Literaria del FARO Indios Verdes. Autor de los libros de cuento Luego, tal vez, seguir andando (Río arriba, 2012), Entre cuatro esquinas (FETA, 2014), La luz de las tres de la tarde (BUAP, 2015), El filo del cuerpo (Revarena ediciones, 2016), Ciudad nostalgia (Abismos, 2016), Sombra-Reflejo (BUAP, 2017), Los panes y los pescados (Ediciones Periféricas, 2018), Tiempo arrasado (Revarena ediciones, 2019), Mismatch (Cuadrivio, 2020), Foley (Fondo Editorial del Estado de México, 2020, mención honorífica en el Certamen Literario Laura Méndez de cuenca 2018) y Especies carismáticas (Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola 2023). También es autor de los libros de crónica Tren suburbano (Malpaís, 2019) y Linde faz (FETA, 2018) con el que obtuvo el Premio Nacional de Crónica Joven Ricardo Garibay. Obtuvo mención honorifica en el Premio Nacional de Periodismo Gonzo 2018 por la crónica Big Tony Bang. De igual manera, es autor de Nanda (Nitro Press-Ediciones La Rana, XIX Premio Nacional de Novela Jorge Ibargüengoitia) y del libro de ensayos Basado en hechos reales (Casa Bonsái, 2025). Becario del FONCA (en los periodos 2016 y 2021) y del PECDA Estado de México (2018) en el área de cuento. En su faceta como jurado, cuenta con participaciones en el comité de premiación del Premio Nacional de Crónica Joven Ricardo Garibay 2020, así como en los comités de selección de estímulos del PECDA de Jalisco (2017), Chiapas (2019) y Tamaulipas (2024), donde actualmente se desarrolla como tutor. Ha publicado cuento, poesía, crónica, ensayo, reseña y dramaturgia en medios como La Jornada, El Universal, Casa del Tiempo, Tierra adentro, entre otras, así como en las antologías De narcos a luchadores (Contrabando, España, 2019), Cecilia y el Vampiro (Editores Mexicanos Unidos, 2021, compilación de Bernardo Barrientos Domínguez). Ni una sola palabra (UANL, 2021), Covid-19 (FCE, Tierra Adentro, 2021) y Liminales II (Casa Futura ediciones, 2023), por mencionar algunas. Fue seleccionado para el número especial Nueve ensayistas (1985-1995) de Punto de partida y el número especial sobre crónica: La crónica, el arte de narrar, de La Jornada. Es egresado de la Licenciatura en enseñanza de inglés, de la UNAM.

…y luego decide caminar por la orilla del Hudson River. Esa misma tarde comienza a sugerir un vaso con agua, pero se arrepiente y después decide perfilar solo el vaso. Horas más tarde, no convencido ni del agua ni del cristal, termina pintando únicamente lo que divide a un objeto de otro. Cansado, deja su estudio, va a su habitación, bebe el agua de su mesa de noche, y sonríe al saber que mañana será domingo

I had seven faces
Thought I knew which one to wear
I’m sick of spending these lonely nights
Training myself not to care

Interpol

 

202

19:36 Un señor vomita en la parada. Después de limpiarse la boca con la manga de su abrigo enciende un cigarro y se aleja arrastrando su equipaje por la calle hasta perderse en un espacio sin luz. El camión que espero es un Q-70, voy hacia la estación de Jackson Heights. No hay más de veinte personas.

20:03 Me equivoqué de dirección, y en vez de ir hacia Manhattan, voy hacia el este.

20:27 Estoy debajo de alguna calle de Queens. Hay cuatro ratas peleándose por comida. He visto ratas más grandes en Guadalajara. Tomo la ruta F express.

20:49 Me bajo en Bryant PK.  Estoy a una cuadra de Times Square. Se oye un sonido como de abejas, o de algo que está contenido en un espacio muy pequeño y ansía ser liberado.

21:03 Una cámara enorme, una cámara colectiva. Todos desean participar, todos desean ser testigos. Camino varias cuadras hasta llegar a mi cuarto. W 20th St. Entre la séptima y octava.

22:07 Comparto habitación con un irlandés. Me habla de Seamus Heaney, a quien nunca he leído.

 

302

8:34 Tomo té negro, y guardo un bagel en mi mochila.

11:38 Al lado está la joyería de Holly. Todo se trata del brillo. Un cristal o hielo sobre la banqueta. Nada de esto tiene importancia. Una paloma cagó a un hombre apurado. A veces escucho a personas hablando español. ¿De esto se trata formar parte de algo?

11:47 En este momento soy una persona sentada en el tercer piso de la Trump Tower, una persona que está escribiendo, y a veces voltea y se mira en un espejo dorado. Esto soy…

12:28 El agua reflejándose debajo del Gapstow Bridge y patos. Algunos descansan sobre una placa de hielo. Cuando hace frío todo tiende a regresar a sí mismo. El frío es retorno. Las cosas regresan tanto que desaparecen.

13:04 Bryant Park. Las calles brillan porque el sol se repite en los edificios. Supongo que en esta ciudad gana quién mejor refleje la luz. El reflejo es el entendimiento de la forma o sustancia de lo otro. El reflejo es una apropiación de la forma, y a la vez, voluntad de regresarla íntegra. El lenguaje no es un reflejo. Mutila a las cosas. En todo caso, será cristal con fisuras.

18:01 Me pregunto en cuántas fotografías ajenas habré salido. Cuántas personas ahora me tendrán en álbumes o pantallas o marcos en medio de una sala. Un brazo, mi mochila, una silueta poco luminosa. Agua que cae sobre agua. Agua esparcida en algún sitio que nunca sabré dónde queda. Ser parte de todo sin ser realmente.

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402

7:55 Hombres desnudos en medio del invierno en una llanura. Ahí no hay nada. En la noche ví un partido de fut en un parque cerca del Hudson River. Me dieron ganas de jugar, y luego recordé a mis hermanos.

16:25 Todo parecía completo hasta que traté de nombrarlo. Un cristal. Una piedra pervirtiendo ese cristal. En todos los cuerpos congelados siempre hay ramas y piedras sobre la superficie. Regresar tanto hasta desaparecer. Me gusta fracturar el hielo.

 

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8:15 Camino por las calles donde solo hay casas. Veo la luz de un televisor entender la forma de una cortina. Adornos en los vidrios. Plantas que no se han secado. Cada uno de los objetos sobre el borde de las ventanas es una deformación. La deformación es afirmarse a uno mismo. Carencia de los límites dados por una figura determinada. Hoy amanecí cansado. Casi no le entiendo a mi letra. Quizá nunca entienda lo que escribí en esta página.

13:25 Per 15 East River Esplanade. De aquí se ve el puente.

14:19 El memorial del 9/11 son dos agujeros enormes donde cae agua. Agua cayendo a ningún lado. Me acordé que no iba a clases porque estaba enfermo de varicela. Solo quería ver caricaturas. Cambiaba una y otra vez los siete canales, pero no había otra cosa en la televisión. Agua cayendo hacia ningún… Esta ciudad golpea como  caballo. Un caballo te puede patalear si te paras detrás de él.

 

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15:21 Llegué hasta aquí en un ferry. Cuando cruzo un cuerpo de agua recuerdo algo que aprendí de niño. Tengo algunas monedas en mi bolsa. O piedras. Mi padre se lanzaba por monedas en el malecón. Monedas como las que yo traigo ahorita en mi bolsa. O piedras. Tenía que atraparlas antes de que tocaran el fondo. Ese era el truco. ¿Qué forma tiene el oro?

 

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10:32 Encontré a Lowell y Plath en un parque. Entré a una tienda de espejos. ¿Qué es el cristal? Cubiertos revuelven el contenido de las tazas en los restaurantes. Cristal cayendo sobre unas piedras. Agua cayendo sobre agua. Miles de personas caminan, y otras miles de personas observan desde sus cuartos. Di algo importante sobre esta isla. Algo que funcione como una postal. Para qué decir algo. Sobre esta ciudad quién no ha escrito. Regresar tanto hasta desaparecer. Además, postales hay en cada esquina a $1.39, o ¢.89 en Chinatown. Puedo decir que es como estar contenido en un espacio aún más pequeño que tu cuerpo.

18:53 Llueve, y veo las luces de los edificios a través de la niebla. Trocas cruzando el campo 117 a través de la niebla de febrero, a eso de las seis o siete de la tarde.  De eso está llena la memoria, de conexiones imposibles. Como un cuarto en Manhattan y el campo menonita 117 en la carretera a Bachiniva. Eso, el resplandor de un edificio en medio de la niebla. Esa es mi postal. Los faros de dos trocas en medio de la terracería. La sombra es necesaria para conocer la forma de las cosas.

 

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12:18 Repetir una palabra tantas veces hasta que pierda su significado. Repetir una palabra tantas veces hasta volverla solo ruido. Una piedra pervirtiendo el cristal

13:53 Un museo solo es un índice. A veces hay más condición humana en el rostro cansado de los cuidadores de las galerías, que en la condición humana que se busca representar en cada una de las obras. Observar tanto un cuadro que al final se vuelva una mancha. Una mancha en un espejo de un baño. Mancha de pasta de dientes. Una plasta de pintura enorme en la pared. Una pared que se ha pintado tantas veces que su color en realidad son todos los colores. Abrir un poema como se abre un río. Que corra el agua, que se inunden los campos, que el cauce quede expuesto, y que cada moneda que se encuentre ahí, oxidada, y que a todo esto ahora se le llame poesía.

15:12 Una exposición fotográfica que se trate del reflejo de los espectadores en el cristal que protege las pinturas. Una intervención del espectador en la pintura. Remplazar todas las pinturas por fotografías de espectadores reflejándose en las pinturas. Un cuerpo que sangra o un lienzo de Pollock.

 

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10:17 Los números en sí mismos no contienen nada.

13:32 Veo el Hudson River y pienso en la esposa de Hopper fumando un cigarro mientras le da el sol. Ahora yo busco el sol también. El sol se repite en el Hudson River. Miles de soles siendo una sugerencia sobre el agua. ¿Qué hay de verdadero en los espejos?

13:47 66 scenes from America. Warhol pone cátsup al lado, no la unta dentro de la hamburguesa. Dobla el pan, lo dunkea, y luego le da una mordida.

 

Andy Warhol Eating a Hamburger,

  1. 1981. Running time: 4:15 mins

 

14:12 Cada vez que el video vuelve a empezar, hay alguien diferente a mi lado. Llevo aquí como veinte minutos. He visto a Warhol comiendo cuatro veces. Una señora con un bebé que llora. and I just finished eating a hamburger.  Un hombre que se acerca a la imagen, quizá demasiado. and I just finished eating a hamburger.  Una mujer que bloquea la vista de los demás mientras trata de tomarse una foto. and I just finished eating a hamburger. Un niño que se alejó un poco de su madre. and I just finished eating a hamburger.  Tengo una naranja en mi mochila.

17:03 Manhattan Bridge. A la mitad de la placa. Un puente es el espacio entre una palabra y otra. ¿Entonces, qué es el silencio? Lo que hay entre una persona y otra.

17:39 Después de ver a Warhol vine hasta Park Slope. Sé que por alguna de estas calles vive Paul Auster. El mismo lo dice en su diario. 16th St and Prospect Park. Se supone que aquí estaba el estanco de la película Smoke. Warhol comiéndose una Whopper cuatro veces. Cada una de las veces puedo decir que era una hamburguesa distinta. and I just finished eating a hamburger.  Negar este hecho, sería como decir que el poema siempre es el mismo cada vez que se lee. O que una moneda corroída en el fondo de un río siempre es la misma moneda. Me pregunto si Auster podría llegar de la nada. Le preguntaría que si sabe por qué Warhol dunkea su hamburguesa en la cátsup en vez de ponerla en medio del pan. Señor Paul Auster, vine desde Chihuahua. Sí, para preguntarle qué debo hacer con mi vida. O mejor, antes de que me responda, dónde tomo el subway para regresar Times Square. Imagina que te dije algo importante sobre vivir en Park Slope, sobre vivir en Brooklyn o sobre cruzar puentes. Y después de un silencio que es como cruzar un puente, me agradeces. La estación está entre la séptima y la 3rd St. Regresas a Manhattan, dejas New York al día siguiente, y mientras te pierdes en alguna ventana, confirmas cómo la ciudad se vuelve solo una mancha en un espejo. Mancha de pasta de dientes. Y si nada de lo que diga te satisface, vuelves a escribir este diálogo las veces que sean necesarias, tomas el subway las veces que sean necesarias, caminas por la séptima avenida las veces que sean necesarias, guardas tus cosas las veces que sean necesarias, llegas a LaGuardia las veces que sean necesarias, aterrizas en Detroit las veces que sean necesarias, te despides de tu hermana las veces que sean necesarias, llegas a Chihuahua las veces que sean necesarias, y vuelves a leer todo esto las veces que sean necesarias. Como Warhol comiendo una hamburguesa. Una y otra vez en el tercer piso del Whitney.

19:07 ¿Apagarán todas las exhibiciones del museo cuando lo cierran? No lo sé. Warhol comiendo una hamburguesa a oscuras, sin que nadie lo vea.

21:56 Línea 1 con dirección al Bronx. Hay un vagabundo, tiene un charco de orina debajo de su asiento. Por primera vez en el día el sujeto que ha pasado horas siendo invisible se ha vuelto el protagonista del vagón, reclamando las miradas de todos nosotros. Ese olor no es otra cosa más que el olor a sujeto disminuido.

01_PUENTE-SILENCIO_ÉDGARMT_ROTHKO

1002

 

Edward Hopper

b.1882; Nyack, NY

  1. 1967; New York, NY

Early Sunday Morning, 1930

Oil on canvas.

 

Lexington Av/59st Una rata con el lomo tan brillante como un perro bien alimentado. Como esos que se pasean en Washington Square Park antes del desayuno, un domingo por la mañana. Son las 6:19 a.m. a la mitad de una isla o a la mitad de algo.  Dime el nombre de una figura que al dividirse no se vuelva otra. En el vagón hay varias personas dormidas. Esto no es alegoría de nada.

7:40 Las ciudades y sus periferias. La basura al lado del camino. Así es el mundo. Tensión entre las orillas y el centro. Entre calles sucias, y un pasto bien recortado para el verano.

 

Esto no es alegoría de nada.

 

02_REFLEJOREPETICIÓN_ÉDGARMT_ROTHKO


Autores
(Chihuahua, 1992) Escribí La pérdida de voluntad en el agua. Me gustan las nutrias, que Pascal Quignard procure el silencio y sobre todo el poema 135 de Emily Dickinson.

Ilustrador
Édgar MT
(Guadalajara, 1988) es ilustrador y artista visual. Ha exhibido sus dibujos en diferentes ciudades del país y del extranjero