Tierra Adentro
Circles de Mac Miller, álbum póstumo (2020).

Hoy se lanzó la edición digital de Circles (17 de enero de 2020) con dos nuevos temas: “Floating” y “Right“; los vestigios de una voz retrospectiva, de una armonía entre la depresión y la voluntad de Mac Miller (1992-2018), quien intentó vivir “un día a la vez”.

La música es un escape de nuestra realidad: cuando nos sentimos tristes, refugiarnos tras unos audífonos es una de las formas más comunes y placenteras de desahogarnos; pero para los músicos como Mac Miller poner sus sentimientos en una obra no es algo tan sencillo, exponer algo tan personal podría ser abrumador.

 

El nacimiento de un concepto

Circlees el sexto álbum de estudio del rapero estadounidense, le precede Swimming (2018); antes de la muerte del músico, se tenía contemplado que las dos piezas fueran parte de una trilogía; esta segunda y última entrega se completó gracias al productor Jon Brion, quien, según sus propias palabras, tomó como base lo acordado con el intérprete, un concepto que se resume en: “Nadar en círculos”.

Se compone de 14 temas y cuenta con dos invitados (Guy Lawrence de Disclosure en algunos sencillos como productor, mientras que se especula la aparición de la voz de la cantante Ariana Grande en “I Can See), así como una versión de la canción de Arthur Lee “Everybody’s Gotta Live“, de su álbum debut Vindicator (1972).

El contexto en el que nació Swimming fue marcado por los problemas de Mac Miller con el uso de alcohol y drogas, el polémico accidente en auto que le provocó un altercado con la policía por intentar escapar e incluso su ruptura amorosa con Ariana Grande. Estas historias inspiraron sus letras, mismas que lograron posicionarlo en la industria de la música, pero derrumbaron su estabilidad emocional.

 

¿Adónde regresa Circles?  

Circles contiene indicios del ambiente autodestructivo en el que Mac Miller sobrevivía. La frase “¿Por qué tiene que ser todo tan complicado?” es una constante; a partir de esta cuestión revela el deseo de tener una vida sencilla, y que le gustaría tener permiso de sentirse mal, porque la prensa y la sociedad en la que vivimos solo da cabida para aquellos que tienen buenas noticias”, un mundo donde los trastornos mentales son mal vistos.

Las rimas que componen esta entrega no son del todo deprimentes, en ocasiones rapea acerca de continuar intentándolo y no dejarse caer, de aceptar los problemas y afrontarlos; aunque también en algunos versos admite que necesita ayuda, alguien que lo salve. Si bien expone sus excesos, su hartazgo y los problemas que enfrentaba, también transmite esperanza y trata de hacernos ver que, para salir de ahí, es importante “intentarlo un día a la vez”.

Musicalmente prevalece el bajo con arreglos sutiles de guitarra y sintetizadores que crean atmósferas melancólicas con ritmos reconfortantes para aquellos que desean curar su alma; en eso radica la importancia de este último trabajo, pues a pesar de su lírica desgarradora, la composición musical no envuelve al escucha en un momento doloroso, sino en uno de apreciación intrínseca.

 

De la furia a la depresión

El hip-hop se caracteriza por ser un estilo donde la pobreza y la desigualdad social son la base, y donde la furia y la energía son parte del performanceMac Miller combinaba el este género con otros estilos como el popel jazzel r&b y hasta música disco; pero en Circles  ya no tiene ganas de rapear, suena más a un susurro, y su voz se escucha fría, lo cual es importante porque al contar con pocos arreglos podemos sentir sus palabras y la intención que le daba a cada una.

En cuanto a las fusiones musicales que solía hacer con el hip-hop, esta vez  terminó por integrarlo a sonidos más lentos y profundos como el soul en su máximo esplendor, un cambio de suma importancia e inteligente decisión por parte del productor porque capturó las emociones del intérprete para deslizarlas suavemente en los paneos en los audífonos.

Ya no veremos a Mac Miller interpretar estas canciones en vivo; estábamos acostumbrados a verlo bailar y lanzar sus rimas con rapidez hasta perder el aire, con sonidos más vivos que invitaban a seguir la improvisación de una batería, un saxofón o una mezcla en el sintetizador.

Durante sus conciertos hacía contacto visual con el público y lo incitaba a levantar las manos y agitarlas como si fuesen olas con el clásico vaivén del hip-hop, obligaba a gritar a la gente y la bañaba con su energía; quizá con este disco hubiera optado por cantar en lugares más pequeños, donde la privacidad resulta vital.

 

El llamado de auxilio inaudible

Aunque este texto es una reseña del disco póstumo de Miller, también quisiera hacer un llamado a no normalizar la depresión; es momento de escuchar las palabras de aquellos que nos rodean. Es un grito a las personas cercanas a los artistas: managers, productores, ejecutivos, otros creadores, melómanos; no deberíamos pasar por alto la tristeza, la ansiedad y la soledad del otro.

Las grandes obras prescinden de un estado emocional en concreto (o de una sustancia psicotrópica), depende de la forma en cómo el artista busca manifestar sus emociones.

Aunque la trilogía de Mac Miller no vio la luz, con estas dos entregas encontró una forma de enfrentar aquello que también nosotros negamos; demostró cómo la música puede transgredir cualquier cosa, incluso lo que nos mantiene nadando en círculos.


Autores
Yuri Nava nació en la CDMX en 1994. Estudió la licenciatura en Comunicación y periodismo en la Facultad de Estudios Superiores Aragón. Colaboró en medios digitales como Ultramarinos Co. y Resistencia Radio; en la revista WARP y en el diario Milenio. Actualmente realiza ensayos, reseñas e investigaciones dedicadas a la representatividad de la música alternativa en México.
Michiel Sweerts: Plague in an Ancient City (1652 ). Imagen tomada de Wikimedia Commons.

 

La primera novela que me estremeció hasta lo insoportable fue La Peste (1947) de Albert Camus (1913-1960). Rondaba los 18 años y, gracias a este libro, mi espíritu envejeció radicalmente, pues conocí zonas de la existencia penumbrosa en su estado límite. Son memorables su comienzo y su final, dos cosas de esta magnífica cumbre del existencialismo francés (adscripción que el propio Camus expulsaría de sí).

La obra inicia con la premisa de que podemos conocer una sociedad por la forma en la que sus integrantes mueren, y culmina al enunciar la posibilidad latente de que hay algo terrible en cada pueblo y/o nación que está a punto de detonarse para derrumbar los cimientos de la humanidad. Puede ser un virus y su extensión catastrófica en forma de epidemia, o más desastroso aún, las decisiones que conducen a la extinción de la especie.

A partir de ello es posible establecer una serie de conexiones con nuestra actualidad, en tiempos en los que –ya en un sentido de alerta mundial– otra pandemia se adviene: el COVID-19, llamado popularmente “Coronavirus“. Su aparición dejó perplejos a los sistemas sanitarios en Asia, Europa y diversas regiones del mundo.

 

Diciembre 31 de 2019, nace el virus en Wuhan, China

Este es un momento idóneo para regresar a los argumentos filosóficos, poéticos y literarios: cuando los gobiernos y sus representantes principales no resuelven dudas, el panorama donde la ciencia se muestra endeble, superada por la violencia de la naturaleza, y el caos impera en cada sector social para dar lugar a un escenario de incertidumbre.

En situaciones así, no hay respuestas más precisas que las que emergen de la palabra, de su calmada sabiduría. Esto puede notarse gracias a la serie de opiniones distópicas que han repuntado gracias a las redes sociales, que con una lógica simplista especulan y dictan contextos inverosímiles, aunque aceptadas por las mentes conducidas –hoy más que nunca– por el miedo y la ignorancia.
Un virus común ataca las cavidades nasales, el Coronavirus, su principal objetivo: las vías respiratorias y los pulmones

El argumento central de la novela de Camus se desarrolla en una ciudad de Argelia, Onán. Rieux, un médico, es el protagonista. Ambos entes (médico y ciudad) construyen una relación para hacernos entender lo subjetivo y lo objetivo de la existencia entre una crisis patológica: una persona puede representar a la urbe entera y viceversa. Si nos remitimos al entorno encontramos que la metrópoli  tercermundista que plantea el autor no es distinta a nuestra capital, así como al tercer mundo en países que ostentaban ser equitativos o vanguardistas en términos de igualdad: Europa es un caso, como advirtió Slavoj Zizek.1

Desigualdad económica, falta de oportunidades laborales y un sistema de salud poco eficaz, forman la tormenta perfecta para el desarrollo de una crisis de salud. Las pandemias se originan en cualquier sitio –con ese temible principio de incertidumbre que mencionaba el también autor de El extranjero– pero adquieren potencia gracias a las condiciones sociales que facilitan su propagación.

 

El 30 de enero de 2020 la OMS declara alerta mundial por el nuevo y violento virus

Un indicador alarmante de la dispersión del Coronavirus en el mundo es que, ahora, los pueblos en carencia se encuentran en todas partes del orbe. A medida que la riqueza se concentra en sectores puntuales, la pobreza se difumina exponencialmente: esto no es nuevo, aunque comenzamos a ver tintes fáusticos en nuestra cotidianidad.

En el caso de la novela, las ratas infectaban a la gente. Con este virus (SARS-CoV-2) surgido en China, somos los propios humanos los que contagiamos a nuestros pares (se acusó falsamente al consumo o propagación animal al comienzo).

El origen de la patología  no se ha esclarecido aún. Existen tesis que apuntan a un ataque viral por parte de Estados Unidos, cuyo objetivo sería desestabilizar el orden mundial y legitimar al presidente Donald Trump ante las próximas elecciones de su país. También las acusaciones han incluido a las grandes compañías farmacéuticas, que podrían incrementar significativamente sus ganancias gracias a la pandemia.
Las ventas de cubrebocas y productos sanitarios asépticos estallaron en solo tres meses

El factor humano tiene mucho qué decir al respecto: ¿es necesaria la matanza y el sufrimiento para consolidar los intereses del poder plutócrata? La respuesta es un lamentable sí, que nos deja expuestos en tanto sociedades egoístas y desiguales. En tenor de ello podríamos preguntarnos: ¿cómo mueren las personas a nuestro alrededor? Para contestar, regresaremos a La peste, pues hay un símil preocupante: en soledad.

Y aquí la dimensión de aislamiento es más profunda que la entendida convencionalmente. Hablamos de un sentimiento de desolación comunitario y de relaciones inmediatas, así como de un abandono de parte del Estado y su brazo derecho, el poder empresarial.

Para Camus, esta es una situación deplorable: los enfermos –tanto más los terminales– tienen al menos un derecho primordial, estar acompañados. Los hombres y las mujeres de esta época no se distancian de los personajes en la novela, cuando al verse rebasados por una crisis sanitaria, se hunden en un profundo desamparo espiritual y material, égida de nuestro tiempo.

Últimamente he escuchado y leído, con mayor insistencia, argumentos a favor del malthusianismo. Personas con diatribas ilógicas sobre las bendiciones que podrían traer las pandemias y las guerras: en redes sociales no falta el ejemplo de quien justifica el virus como una conducta inherente a la naturaleza para equilibrar el orden biológico, como si pudiéramos establecer este tipo de juicios. He visto en contraste, pocas defensas de la vida. Tras revisar a diario las notas en relación al Coronavirus considero que hay dos factores imperantes en la opinión pública de los medios masivos, que ya mencioné en este ensayo: ignorancia y miedo.

El temor que hace violento al corazón humano y la intransigencia que destroza la solidaridad: hoy escuché en el transporte público a un par de jóvenes que decían: “que se mueran –los enfermos– pero que no entren a nuestro país”.

Inconciencia y pánico. Camus los retrata perfectamente en las páginas de la novela aquí retomada y, pienso, son estas condiciones las que a la postre consiguieron en más de una ocasión hacerme dejar la lectura por un sentimiento insostenible de náusea (en su sentido sartreano).2

No fueron los crudos escenarios de ancianos muertos, niños huérfanos o moribundos, hombres y mujeres en las cimas de la desesperación, sino los pasajes donde se exponía a detalle la iniquidad del alma y el camino hacia la barbarie, donde se perdía la esperanza en un agónico callejón sin salida. Eso, a diferencia de las consecuencias físicas de una pandemia, puede ser más dañino para nuestro mundo: ¿cuántas veces la falta de solidaridad y vínculos han llevado al declive a nuestra especie?

Camus pensaba en los temas que deambulan en su obra: la guerra de Argelia de mediados del siglo XX y la Segunda Guerra Mundial, su perjuicio al mundo Occidental, es decir, la catástrofe del capitalismo y sus guerras adscritas para servir a las clases dominantes y asfixiar a los más desprotegidos. Ninguna batalla asesina más que la desigualdad.

Nicolas Poussin: The Plague at Ashdod (1630). Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Nicolas Poussin: The Plague at Ashdod (1630). Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Han dicho que la población con obesidad y enfermedades respiratorias se encuentran en mayor vulnerabilidad, igual los niños y los ancianos. No se ha advertido ni se apuntará que son los pobres quienes una vez más sufrirán antes que los demás.

Los pobladores de Orán, al saberse desprotegidos por su Estado –pues se les condenó a cuarentena sin posibilidad de escape–, entran en una paranoia colectiva. Tanto por el miedo de contagiarse como la ignorancia al respecto, los obligó a realizar prácticas inhumanas.

La indiferencia ante los decesos ajenos han crecido a medida que las necesidades vitales se vuelven difíciles de satisfacer. Al ver a los demás morir, el espejo de la muerte se hace más nítido: nos aferramos a la vida casi siempre desde lo individual; olvidándonos así de la preocupación por el otro.

 

Italia, 2 de febrero: hay carencia de cubrebocas en las villas más pobres de Lombardía. Un alcalde en cuarentena anuncia que, por seguridad de los demás, no saldrá de su casa; causa la burla regional y mundial por usar incorrectamente un cubrebocas

Encuentro otro paralelismo entre la novela y la realidad. Por una parte, la ignorancia se evidencia al acotar de forma irreflexiva cualquier novedad sobre el tema: leemos mucho gracias a internet con una ínfima capacidad de comprensión lectora. Tenemos más información que nunca, aunque nuestro criterio procesa mal esa desmesura. Las mentiras se propagan más rápido que los virus, las habladurías generan malestar en la población, acrecientan las enfermedades más procaces de la actualidad: las mentales.

Es por ello que más de un gobierno en el mundo ha solicitado no generar mayor tensión psicológica de la que ya existe al compartir fake news. Sin duda, oportunistas y maliciosos abundan, incluso en calidad de figura política: en cualquier latitud se difunde este tipo de contenido sin saber las caóticas consecuencias que implica publicar falsedades con rostro de verdad.

Según Zizek, más allá de cualquier otro trastorno son la ansiedad, el estrés, la depresión y sucedáneas, enfermedades que vuelven proclive a la población de crisis mentales continuas, casi cotidianas. Situación que se acentúa explícitamente en las pandemias.

 

En este tipo de catástrofes, las mentiras son asesinas

Ansiedad y depresión encuentran un campo idóneo de repunte, y de esto no habla nadie en política pues, como demostró Michel Foucault en su Historia de la locura, estas patologías son un mecanismo de ordenamiento –y punición– de probada efectividad en la sociedad.3

A la par, crecen las fricciones entre individuos, se originan incidentes de racismo que incluso son considerados graciosos: un “chino” en un vuelo es motivo –al menos– de burla y desprecio. Regresamos a la deliberación mediante el prejuicio.

Dice Camus: “Estupidez. Las desgracias de los hombres provienen de no hablar claro”.4

Es verdad: nos encontramos ante la carestía de ciertos medios de subsistencia (enseres alimenticios y médicos, principalmente), también escasez de humanidad: falta de comprensión y empatía. No vemos que es la desigualdad una de las causas de cualquier crisis sanitaria: morirán personas de cualquier estrato social, cierto, pero quienes están más desprotegidos ante cualquier riesgo son las clases bajas.

Simultáneamente podemos ver un incremento del egoísmo como forma de supervivencia, mismo que no hace más que exponer el estado pútrido del espíritu de la época que vivimos. Lo acabamos de ver hace unos días, cuando el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, hizo hincapié en que daría auxilio –en caso de urgencia extrema– a embarcaciones con posibles personas contagiadas provenientes de Italia. Una horda de críticos más vulgares que informados, autonombrados “especialistas en salud”, salieron a defender a la patria y a sus habitantes.

¿De la misma forma están comprometidos con brindar apoyo y mostrar solidaridad con sus pares mexicanos cuando no haya pandemias?, ¿o solamente hablan ahora que existe un peligro para la población y pueden hacer uso del miedo?  No lo creo, tal vez solo se defenderán a sí mismos, a su ego investido de opinión. Destaca con preocupante regularidad la miseria individualista.

Quién sabe cuántos de los detractores en atender humanamente a los demás estén dispuestos a mirar en retrospectiva. Habría que preguntarles a ellos –y a nosotros mismos– qué tanta es nuestra preocupación por los demás en tiempos en los que, como dice Fito Paez, nadie escucha a nadie y todos contra todos.

La maldad, insiste Camus –evocando a Sócrates–, va en relación directa con la ignorancia.5

Un problema sanitario también es social, fenómeno que puede reflejar en su cauce las crisis del espíritu humano en un periodo histórico determinado. Así lo demostró este existencialista y podemos percibirlo ahora. Las posturas egoístas tienden su lazo con el individualismo, que es producto capitalista por antonomasia, dado que se liga a los valores de la propiedad y el éxito económico. No vemos más que consecuencias de un sistema de producción sólido en las endebles vidas de la población común.

La posibilidad de que una pandemia acabe con la vida en el planeta está inserta en lo cotidiano: es invisible igual que un virus. Está en relación directa con la lucha que podríamos entablar contra, precisamente, nosotros mismos.

No hay vacuna posible para atender el daño que pueden causar la intolerancia en el mundo. La naturaleza evidencia el caos humano y las pandemias no son un castigo sino una consecuencia de la muerte que privilegiamos sobre la vida.

México 28 de febrero: primer caso confirmado en el país

 


Autores
Escritor y sociólogo por la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, actualmente Maestría en Estudios Políticos y Sociales-UNAM (especialidad Arte y poder).

 

Desde que tengo memoria, mi madre deja 15 por ciento de propina a todos los meseros. Mi padre no comparte su idea y en cuanto traen la cuenta, él toma el cambio y se levanta de la silla. Siempre dejé el 15 por ciento ya fuera en el bar, el restaurante o la cafetería, hasta que después de varias malas experiencias, y quizás debido a mi personalidad que tiende a polarizar cualquier asunto, decidí que dejaría el 15 por ciento si el servicio fue bueno, y definitivamente nada si el mesero tuvo una inexistente actitud de servicio. La mirada sutil e incisiva de mis amigos desaprobando mi decisión en la mesa, y la de mi madre juzgándome de “duro”, ha hecho que cambie mi método. Ahora, opto por un dejar 10 por ciento de propina independientemente del desempeño del mesero. Tal vez responde a brindar un poco de equilibro o mera resignación. No estoy seguro. Al final del día, los comensales y, por qué no, muchas veces la poesía, suelen ser condescendientes con la mediocridad. Pero éste no es el caso de Restaurante Bar Familiar de Luis Lugo.

 

El primer poema que leí de Luis Lugo trata justo sobre un mesero que se rehúsa a llevar su comida a un hombre que está sentado a la mesa, acompañado de una mujer que no es la suya, y eso es algo que sólo el mesero sabe porque el hombre en cuestión es su padre. El mesero se niega a atenderlo o, mejor dicho, a confrontarlo. No así la voz de Luis Lugo, que en más de un poema de Restaurante Bar Familiar le pasa la cuenta a la figura paterna, a la casa familiar, a la infancia, a los años noventa y los recuerdos. El hombre del poema del que hablo no le deja propina al mesero en ese texto, pero yo supe al momento de leerlo que tenía entre las manos algo interesante, que me encontraba frente a una “intuición” auténtica de la poesía, algo que Marina Tsvietaieva define como “versos dados”, esos relámpagos, eso que ocurre súbitamente previo a la escritura del poema y cuya ausencia en un texto es lo que evidencia la falsa poesía. El libro de Luis Lugo tiene bastantes versos dados, digresiones que podrían ser también un kōan zen o líneas rotundas de una obra de teatro.

Ejemplos de esto ocurre en el poema “Mudanza”, donde la familia comienza a meter todas sus cosas en un Tsuru viejo, incluyendo “las lámparas que ya no soportan la luz”. Otro ejemplo, es el “tráiler que pasa cimbrándolo todo” en medio de una fiesta de cumpleaños de un niño cuyos padres están recién divorciados. El índice del libro es también la carta que uno mira al llegar al restaurante, los poemas se ofrecen como platillos, y puedo decir que cada uno se ha ganado su lugar ahí. Frente a esos poemas que Lugo comenzó a escribir hace casi diez años, esos textos que fue horneando como hornea su pan en el restaurante o su departamento, supe que no sólo pagaría la cuenta y daría la propina justa, sino que, además, le saldría debiendo al establecimiento. Lugo sabe de esos golpes duros de la vida de los que habla Vallejo, “esos golpes sangrientos son las crepitaciones / de algún pan que en la puerta del horno se nos quema”.

 

La infancia, su recuerdo o reinvención, así como la ruptura de la familia son temas medulares de Restaurante Bar Familiar; poemas que surgen de la primera y la segunda infancia y se instalan ahí, no a la vista de todos, pero sí más adentro, como el reverso de una herida. Además de estos temas, en el libro están presentes la década de los años noventa con los Looney Tunes y Los Años maravillosos, los emblemáticos maratones de películas de Cine Permanencia Voluntaria de Canal Cinco; Toy Story y E.T., el extraterrestre; la cultura pop y el culto a la comida rápida (creo que el poema titulado Kentucky Fried Chicken puede definir la poética de Lugo), así como la pintura y la plástica, con Pollock, Warhol y Hooper, además de su propensión a la prosa de la mano de Raymond Carver. De hecho, los relatos de Raymond Carver, a quien Lugo lee con atención, me recuerdan muchos de los poemas de Restaurante Bar Familiar. Algo me pasa con Carver, difícilmente puede recordar o contar de qué tratan sus historias, pero siempre puedo señalar la sensación que me dejó después de leerlas. Así con los poemas de Lugo, donde los versos funcionan de manera anecdótica y terminan creando atmósferas igual de desconcertantes como las del narrador norteamericano.

 

En un episodio de la quinta temporada de los Los Simpson, Homero decide dar un curso de educación para adultos sobre “Cómo llevar un buen matrimonio”. Después de revelar muchos detalles de su vida marital, Homero lleva al límite la paciencia de su esposa y ésta termina echándolo de la casa. A la mañana siguiente, Marge Simpson prepara el desayuno para sus tres hijos, pone el jugo de naranja en la mesa. Homero no está ahí. Marge toma un respiro y les dice: “niños, su papá y yo estamos pasando por un momento muy difícil ahora, y no sé que va a pasar, pero recuerden que tanto papi como mami los quieren mucho…”, y sale de la cocina. Entonces, sucede algo que he descubierto que pasa muchas veces en Los Simpson y, por qué no decirlo, en varias ocasiones complicadas de mi vida, algo que me gusta llamar “el momento Lugo”; después de las palabras y retirada de Marge, Bart se gira para decirle a su hermana Lisa que nunca ha visto a mamá tan molesta con Homero, y Lisa le confiesa en secreto que cada vez que se preocupa por la relación de sus padres sube al desván y le da una vuelta a su bola de estambre gigante. Ambos niños se quedan en silencio, pasando saliva con trabajo. Viven “un momento Lugo”: el vacío que se asienta en el estómago, el quitarrisas, el silencio que se abre en medio de las conversaciones; esa manera de alterar sutilmente el orden de las cosas con tan sólo tres palabras o un verso; la tensión que se produce entre el tema de la poesía y la poesía del tema, como refirió Wallace Stevens. La reacción de los niños en esa escena hace que algo se paralice en nuestro interior y nos recuerde el peor castigo que sufrimos en la infancia, o ese día en que nuestros padres olvidaron recogernos, a Lugo y a mí que somos hijos de en medio, de una fiesta en el bosque o afuera del consultorio del psicólogo.


Autores
(Ciudad de México, 1985) Es un joven poeta mexicano que ha sido becario del Fondo Nacional para Cultura y las Artes de México y de la Fundación para las Letras Mexicanas y ha obtenido diversos premios de poesía con sus obras, destacando el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes en su edición del año 2014.
Imagen original de Anses.

 

ella
canta junto a una niña extraviada que es ella:
su amuleto de la buena suerte. Y a pesar de la
niebla verde en los labios y del frío gris en los
ojos, su voz corroe la distancia que se abre entre
la sed y la mano que busca el vaso.

-Alejandra Pizarnik.

 

Olga Orozco, la cantora nocturna[1], fue poeta, polifacética, periodista con ocho seudónimos, redactora de horóscopos y huracanes, actriz y médium de sus fantasmas y las cosas. Nació en Argentina en 1920, perteneció a la Generación del 40, aunque realmente nunca se sintió parte de ella, así como nunca sintió, en su totalidad, pertenecer a este plano que habitamos; ella prefirió descubrir su tercer ojo. Entre las páginas que escribió nos damos cuenta que nos hemos adentrado en una espesura, alejada de todo, donde al fondo se encuentra Olga Orozco colocando cartas en la mesa. Leer su poesía es una invitación al otro reino: el de las cosas que se mantienen boca abajo. Por tanto, hay que tener el oído (la mirada) más atento para este llamado a lo otro, lo que no se ve inmediatamente, ese más allá.

Si bien en el acto de leer poesía hay un desprendimiento del “yo”; con las poetas siempre nos queda un escalofrío de no entender (sin querer entenderlo por completo) el cómo llegan a ciertos lugares dentro de su escritura; pareciera que tocan el fuego. Alejandra Pizarnik, por ejemplo, discípula de Orozco, nos dirige de inmediato a una imagen: un recuerdo que quema. Además, comparte con Olga Orozco, el conflicto del peso de la palabra y los textos de sombras que no dejan de deambular en el mundo de los vivos. Hay una fotografía donde ambas salen sentadas en una banca; las dos llevan su gabardina y la mirada que trata de llenar un vaso, una hoja, lo inasible.

Con Olga Orozco podemos sentir que se nos habla desde otro reino, uno que ha dejado ya de existir, pero que se manifiesta en ella a través de ciertos hilos invisibles que vienen de distintos tiempos, de distintos cuerpos. Para hablar de la poesía de Orozco —y su polifonía— tendríamos que hablar de ella y sus fantasmas, que se presentan con un aroma antaño para recordarle que vienen y permanecen en ella.

A partir de su primer poemario, Desde lejos, existe ya la llamada compulsión a la repetición[2], un ejercicio surrealista. En el caso de Orozco, la compulsión genera que su voz lírica comience a multiplicarse. En su poesía, entonces, nos encontramos con seres que vuelven y vuelven a repetirse de manera insistente. En su poema “Lejos desde mi colina”, nos dice: “Reconocía en ellos distantes mensajeros / de un país abismado con el mundo bajo las altas sombras de mi frente”[3] para luego, guiarnos a través del jardín de sus edades, y darnos, en un poema siguiente, un enlistado de aquellas mensajeras:

Están aquí, reunidas alrededor del viento,
la niña clara y cruel de la alegría, coronada de flores polvorientas;
la niña de los sueños, con su tierno cansancio de otro cielo recién
abandonado;
la niña de la soledad, buscando entre la lluvia de las alamedas el
secreto del tiempo y del relámpago
la niña de la pena, pálida y silenciosa,
contemplando sus manos que la muerte de un árbol oscurece;
la niña del olvido que llama, llama sin reposo sobre su corazón adormecido,
junto a la niña eterna”.[4]

¿Es acaso esta su maniobra para asegurarse un lugar en el mundo? Los recuerdos que se tienen de la infancia los vuelve suyos, aún cuando son experiencias contadas por voces ajenas; con estos recuerdos forma un cúmulo de años para decir que fue de tal forma y, un cúmulo de años después, de otra. Se asegura un lugar, entonces, en tanto se recrea con las voces ajenas y plasma estas memorias en su tiempo: “He juntado vestigios, testimonios que acreditan quién soy / Credenciales irrefutables como un juego de espejos entorno a un fulgor, /Certezas como cifras esculpidas en humo.”[5] Gaston Bachelard, en La intuición del instante, nos dice cómo nos imitamos a nosotros mismos y cómo de esta manera adquirimos nuestro propio nombre.[6] Y, en esta sensación orozquiana, la imagino a ella juntando distintos tiempos sobre una mesa para comer de ellos, volverse presente y “darle consistencia a la copa”.[7]

¿Y, si además de ser todas cuantas fuimos, somos las personas con quienes hemos estado? Olga Orozco, como médium poeta, parece juntar a sus fantasmas a esa mesa que es su poesía para que no dejen de hablar a través de ella. Como comentamos anteriormente: la compulsión de instantes, que crean el tiempo para Orozco, vienen del pasado, es decir, son instantes desaparecidos. Bachelard los llama “la sinfonía de los instantes”; nos habla de estos ritmos (voces) que se van cayendo y, sin embargo, siguen inmersos en una sinfonía general. Para Olga Orozco, las niñas que fue, su madre, Pizarnik, Valerio Peluffo, y otros fantasmas, son esas notas que siguen resonando. Bachelard nos presenta el siguiente esquema para entender la caída de los instantes:

◑◑◑           ◑◑                ◑

◑◑◑◑◑  ◑◑◑◑◑  ◑◑◑◑◑   ◑◑◑◑◑[8]

Es decir, “Del tres por cinco se constituye en dos por cinco, luego en uno por cinco y luego en el silencio de un ser que nos deja cuando alrededor,[en] el mundo continúa resonando […] Un ritmo que continúa inmutable es un presente con duración […] Un sentimiento que perdura adquiere un sentimiento metafísico”.[9] Y este sentimiento metafísico que resuena en Olga Orozco, podríamos decir que fue un regalo de su madre, para “aquella niña de la soledad, la que busca el secreto del tiempo y del relámpago”.[10] El obsequio es precisamente el secreto del lenguaje en relación con la muerte. Como nos indica Tamara Kamnenszain, la madre es la primera que le entrega a Olga Orozco los vasos comunicantes para aprehender el idioma de ese otro reino: “Pero aquí estoy, sobre mi pedestal partido por el rayo, vuelto estatua de arena/ puñado de cenizas para que tú me inscribas la señal, / los signos con que habremos de volver a entendernos”.[11]

Al paso del tiempo, Olga no solo logra entender y comunicarse con su pasado y su madre incorpórea, sino también con los objetos: “Aléjate, memoria de pared, memoria de cuchara, memoria de zapato. / No me sirves, memoria, aunque simules este día. /No quiero que me asistas con mosaicos, ni con palacios, ni con catedrales”.[12]

Valerio, otro personaje elemental en la vida y obra de nuestra poeta, es quien, tiempo después, le otorga el corazón secreto de las cosas, para que, tras su muerte, puedan comunicarse a través de ellas: encontrarse en su tiempo presente.  Este nuevo lenguaje lo vemos claramente en Con esta boca, en este mundo, poemario donde Orozco logra hacer uso de la herramienta de nombrar para poder realmente beber al decir “agua” y comer al decir “pan”. Los objetos, por lo tanto, dejan de ser inanimados:

He conseguido ver el resplandor con que te llevan cuando te persigo;
he aspirado también, señor de las plantaciones y las flores,
el aroma narcótico con que me abrazas desde un rincón vacío de la casa,
y he oído en el pan que cruje a solas el pequeño rumor con que me nombras,
tiernamente, en secreto, con tu nuevo lenguaje.
Lo aprenderé, por más que todo sea un desvarío de lugares hambrientos,
una forma inconclusa del deseo, una alucinación de la nostalgia.”[13]

Se crea desde la nostalgia la contraseña del lenguaje entre Olga Orozco y las cosas. Lo que acaba de desaparecer, fallecer, vuelve al siguiente instante. Orozco junta los objetos cercanos para darles su carácter vivo. Es quizá este poder que tiene nuestra poeta mística de admirar todo cuanto ocurre ante sus ojos: lo mínimo, el instante de nuevo, el “ínfimo insecto que conserva su lugar de honor en su muestrario[14]. Todo objeto es, por ende, valioso y también un puente hacia algún recuerdo, hacia el otro reino.

“Si nuestro corazón fuera suficientemente vasto para para amar la vida en el detalle, veríamos que todos los instantes son a la vez donadores y expoliadores, y que una novedad joven o trágica, repentina siempre, no deja de ejemplificar la discontinuidad esencial del tiempo.”[15] Al leer a Olga Orozco pareciera que terminamos con un sexto sentido y esto es quizá uno de los fines de la poesía: levantar las cartas, prender fuego al agua, y juntar todas las voces en un mismo cuerpo.

 

Bibliografía

Gaston Bachelard, La intuición del instante. México, Fondo de Cultura Económica, 2002.

Olga Orozco, La voz de Olga Orozco. Poesía en la residencia. España, Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, 2003.

Tamara Kamenszain (prol.), Olga Orozco. Poesía completa. Buenos Aires, Adriana Hidalgo editora, 2012.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] “Cantora nocturna”, nombre del poema que Alejandra Pizarnik le dedica a Olga Orozco.

[2] Tamara Kamenszain (prol.), Olga Orozco. Poesía completa, p. 7.

[3] Ibíd, p. 23.

[4] Ibíd, pp. 26-27.

[5] Olga Orozco, La voz de Olga Orozco. Poesía en la residencia, p. 12.

[6] Gaston Bachelard, La intuición del instante, p. 74.

[7] Tamara Kamenszain (prol.), op, cit., p. 16.

[8]Gaston Bachelard, op. cit., 47.

[9]  Ibíd., pp. 47- 48.

[10]  “Esos seres extraños”

[11] Tamara Kamenszain (prol.), op, cit, p. 129.

[12] Ibíd.,p. 416.

[13] Ibíd., p. 417.

[14] Olga Orozco, op. cit., p. 12.

[15] Gaston Bachelard, op. cit., p. 13.


Autores
Egresado de la Universidad del Claustro de Sor Juana en la licenciatura de Escritura Creativa y Literatura. Ha sido publicado en el Periódico de Poesía, Tierra Adentro, Sin embargo, Taller Igitur, Este País; entre otros. Publicó, junto con otras poetas, en Novísimas. Reunión de poetas mexicanas (1989-1999) de la editorial Los libros del perro. Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de poesía (2021-2022).
Karl Marx, painted portrait. Galería de Thierry Ehrmann. Flickr

 

Este 14 de marzo se conmemoró el 137 aniversario de la muerte de Karl Marx (1818-1883). Su obra y perspectiva sobre las formas de la acumulación del capital, la división del trabajo, así como los modos de producción sustentaron un cambio absoluto en la mirada antropocéntrica del mundo. Es preciso admitir que su enfoque del trabajo planteó proyecciones que a lo largo del siglo pasado y el presente son verdades, el arma mortal de la humanidad es la epidemia capitalista.

La obra del filósofo, en conjunto con Friedrich Engels (1820-1895), consiguió crear una genealogía de la explotación y esclavismo desde la institución familiar, donde se observa el trabajo femenino como un medio para que las horas hombre fueran cumplidas en los sistemas fabriles.

Repensar la vigencia del marxismo nos permite no solo criticar de manera objetiva (es decir, ligada a su contexto) la invisibilidad de las mujeres en su propia lectura histórica, sino criticar al interior de nuestras líneas de pensamiento la manera en que hemos creado islas, a veces falsas, respecto a la voluntad de cambiar la era que vivimos.

La visión cíclica de la historia facilita ver cada proceso como el trazado de la segmentación de las civilizaciones, habitadas por sujetos oprimidos y círculos de acumulación —de poder y capital—, dinastías que han creado la extinción del contrato social hasta nuestros días.

El capital (1867) puede que sea uno de los libros más citados en la región latinoamericana, donde las fuerzas comunistas y socialistas dictaron buena parte de las tesis, manuales guerrilleros, actas de defunción, contraataques y lecturas opuestas que se han originado en México.

Siempre propongo leer antes El 18 Brumario de Luis Bonaparte (1852), desde luego no en un afán de que sea una guía o un resumen millennial (algo así como Los conceptos de la historia marxista para dummies),  sino porque antes de leer El capital es necesario reconocer que la lectura marxista de la historia y el origen de la explotación es resultado también de la concentración del poder sobre los demás seres humanos.

De ahí que la interpretación que hace Marx de Hegel expone la idea de que para comprender las formas de explotación es necesario mirar detenidamente la manera en que Occidente ha creado sus figuras y procesos históricos, tales como las estructuras monárquicas, la construcción de las Repúblicas y Estados, pero principalmente las estructuras “revolucionarias”, por eso resulta sumamente atractivo analizar el peso de la burguesía en las rupturas sociales —incluso contra la monarquía— para obtener un beneficio propio.

La historia siempre se presenta dos veces —“primero como tragedia, luego como farsa”, indica el propio Marx—, pero es en ese proceso cuando el desequilibrio de un momento histórico guerras y revoluciones, por ejemplo actúa como el dispositivo ideal para comenzar el proceso de explotación de los individuos mediante su fuerza de trabajo, es decir, las horas hombre.

Mediante la promesa de progreso, incluso de igualdad, las clases bajas y trabajadoras sostienen la maquinaria primero de la revolución burguesa, después de los Estados democráticos y posteriormente del tardocapitalismo. De esta forma, vemos cómo Occidente ha consolidado su hegemonía mediante diversas formas de explotación, también gracias a la invención de estructuras políticas verticales, incluso en el caso de los Parlamente o la propia democracia.

Lo que puede leerse al inicio como un infortunio, como lo es la guerra y la perdida de vidas, finalmente se vuelve un medio con múltiples réplicas para salvaguardar su lugar en el mundo político y económico. Mientras la masa sucumbe —como se ve de manera sumamente detallada en la historia que Marx cuenta sobre Luis Bonaparte y la extensión de la revolución burguesa—, el origen de rebeliones similares son cuentos de hadas para dormir mientras se acelera el enriquecimiento de muy pocos individuos. Desde un principio, Marx admite que si bien el hombre hace su propia historia, existen fuerzas externas que impiden el sustento del libre arbitrio:

Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla en el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionarias es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, su consigna de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal.

La farsa a la que hemos sobrevivido nos obliga a repensar la figura del Estado, las instituciones privadas y el mercado, también los grandes y pequeños fenómenos. El pensamiento marxista ha sido uno de los continentes de filosofía del cual he podido establecer puntos de contacto entre movimientos sociales que sin duda tienen un carácter urgente, como es el caso de las formas de explotación en el trabajo femenino, las maneras en que le generación del capital se vincula de manera directa con los feminicidios y la violencia de género, y desde luego la manera en que el feminismo en su cuerpa interna se ha visto fragmentada ante la articulación de clase y fenotípico.

*

Desde luego que si hablo del feminismo como un tema que sale de la lupa de los grandes problemas del mundo no es porque no comprenda el momento histórico desde el cual escribo, sino precisamente por haber llegado al punto límite de la vida de las mujeres, donde enfrento esta realidad.

Ante las estadísticas de explotación en el trabajo de hora/mujer, de acuerdo a la Organización Internacional del Trabajo, se advierte que no solo las múltiples diferencias salariales que se encuentran entre el trabajo de hombre y mujeres, sino las maneras en que el trabajo doméstico, del cuidado de las hijas y otros no permiten una verdadera equidad.

Son alarmantes los índices mundiales de feminicidios, como puede verse en el informe creado por la oficina dedicada al análisis de criminalidad de la ONU, donde cada dos horas y media se registra un feminicidio en Latinoamérica y uno de cada tres mujeres ha sufrido violencia sexual.

Una práctica tan cotidiana como salir de casa para trabajar se vuelve una trampa, por ello exigimos que nuestra lucha se integre de manera real a la agenda política y económica del Estado y las iniciativas privadas.

En términos actuales, Estado y Mercado están prácticamente del mismo lado, valga decir que no existe esperanza en un país donde las actividades delictivas han sido mecanismos reguladores, tanto en la política interna como en la economía, del mismo modo que mediante la economía gore, como lo denomina Sayak Valencia en su libro Capitalismo gore, se han sentado las bases para definir el valor de la vida.

Vivimos una tragedia producto de la serie de farsas que los grandes “cñores” han impuesto en nuestra vida. Y cuando escribo “cñores” también integro en su núcleo el trabajo de mujeres que han decidido regirse bajo tales praxis con privilegios que desde las altas esferas políticas y económicas igualmente han recreado las dolorosas huellas en nuestras cuerpas. La explotación de mujeres, ya de por sí oprimidas por su clase o por su color de piel, ha llevado desde el norte hasta el sur la generación de una cartografía de explotación laboral y sexual, así como el encuentro con la vida nula.

Si bien el marxismo clásico —entendido como el análisis sin modificaciones del pensamiento de Karl Marx, tanto en sus conceptos como en las herramientas de análisis económico e histórico— se quedó corto en la manera de comprender el trabajo de las mujeres, la idea es que este funcione como una forma de establecer una voz crítica al interior del feminismo insurgente, joven y absolutamente necesario, pero también volátil.

La perspectiva histórica del feminismo permite establecer puentes entre los conceptos del marxismo clásico y las maneras en que estos, en específico los referentes a la idea de trabajo remunerado, se integraron al feminismo desde hace más de un siglo, es decir en las formas de explotación laboral fuera de casa y al interior, así como en los modos de producción, incluso de manera contemporánea el acceso a la educación universitaria y a la especialización en las áreas.

Hay que decirlo, el marxismo no era un entusiasta del feminismo, en parte porque suponía que, dentro de la división del trabajo por género se detenía una vez que las mujeres se embarazaban y se quedaban en casa.

Engels argumentaba que la división del trabajo era en absoluto espontánea, por que hombre y mujeres debían trabajar en los espacios y con los instrumentos propios de sus labores por género, porque “la economía doméstica es comunista, común para varios y a menudo varias familias”; sin embargo, cambiaría en la misma transición hacia el capitalismo, donde el intercambio de dinero mediante el labor masculino ponía en un plano inferior a la mujer.

Este tema no solo será el punto de quiebre para el posterior análisis sobre el trabajo de las mujeres fuera de casa, como es el caso de Olive Schreiner, autora pionera del feminismo, quien con su libro Woman and labour, de 1911, expuso “el problema del trabajo femenil” a partir de las condiciones en las que las empleadas trabajaban fuera de casa, situadas desde su visión de finales del siglo XIX.

Imagen tomada de Flikr.

Adolescencia comunista de Enrique Molina. Flickr

En general, Schreiner pone en tensión el espacio doméstico. Desde luego que la bibliografía acerca del cuidado del otro y su relación con la generación de capital es basta, incluso los análisis contemporáneos son esperanzadores y ofrecen formas de pensar políticamente el trabajo doméstico, como Silvia Federici y Alejandra Eme Vázquez. Cabe decir que el libro Su cuerpo dejarán, de Eme Vázquez, es una de las mejores reflexiones en cuanto a aquello denominamos trabajo no remunerado, es decir, el cuidado de los demás, pues marca en el mapa del pensamiento feminista en México, una discusión que se ha ido postergando.

De la mano del pensamiento feminista, muchas mujeres sostuvieron que además de hablar de clase, era necesario hablar de raza. El feminismo radical e incluso interseccional ha leído el marxismo como una forma de crear desde un mismo concepto el problema de clase y fenotipo, pero no es suficiente en nuestro contexto, porque tenemos una sociedad compleja constituida por diversos grupos y experiencias de lo que se traduce como la cuerpa social o el ser mujer en México, más allá de las condiciones del feminismo en la CDMX, como lo analiza Dahlia de la Cerda en su texto Separatismo, la mayonesa feminista.

Es una tragedia saber que el problema es más lacerante, y la labor para ayudarnos a nosotras mismas es más dura que el de los pequeños “cñores” que intentan que los dejemos pasar a nuestra cuerpa mediante su discurso deshonesto, mediante su farsa de “soy hombre, pero también soy feminista”. El quehacer político que nos resta como mujeres comprometidas y concientes de nuestro contexto es de base, política y orgánica, es decir, desde la cuerpa, de fondo y con orientación hacia las comunidades pauperizadas, desfasadas de la perspectiva de las clases altas y, hay que decirlo, separatista. Todo esto supone una crítica profunda a los privilegios que poseemos, por lo menos desde una lectura marxista.

Sabemos que buena parte de la producción de pensamiento feminista ha sido creado por mujeres blancas de esferas sociales altas, razón por la cual las mujeres de color, indígenas o de clase trabajadora no se encuentran contempladas desde este amplio marco de análisis.

Luego del paro del pasado 9 de marzo, el análisis marxista me cosquilleó la razón al ver que existen mujeres que no pudieron decidir porque el faltar o no incide de manera directa en su economía y no en la de sus empleadores, puesto que no trabajan en grandes empresas, en medios de producción de bienes culturales, artísticos o educativos, incluso como freelanceras.

La autocrítica desde un análisis de clase y formas de explotación laboral es absolutamente urgente en el sentido de que podemos mirar y escuchar las experiencias y saberes de otras compañeras en distintos contextos para reformular la idea de prácticas inclusivas. No dudo de las buenas intenciones, pero sí creo que no hemos escuchado a las mujeres que no cuentan con ningún privilegio y que dependen absolutamente de su fuerza de trabajo.  Sus cuerpos y de saberes indiscutiblemente fortalecerán nuestros feminismos.

El paro laboral es una práctica que genera presión, como lo vimos, consigue la obtención de permisos por parte de diversos empleadores que propusieron su idea de feminismo, spoiler de momento fársico, incluso de empatía, pero hasta que el feminismo en México no se genere de manera horizontal y ayude a romper la pirámide clasista, sea por privilegios de educación, clase o fenotipo, la lectura de la obra de un hombre del siglo XIX seguirá en las agendas para comprender lo que los cientos de mujeres del siglo XX aprendieron de él.

Ciertamente el feminismo como la lengua es un ser vivo, se gesta en nuestros cuerpos, se abre en nuestros pulmones, se regodea en los muros, en las calles y plazas de este país, y su urgencia nos exige el fin de las farsas.


Autores
(Ciudad de México, 1984) Investigadora, docente, escritora y crítica. Es maestra en Estudios Latinoamericanos por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y Doctora en Sociología por la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco. Realizó una estancia de investigación en la Universidad de Buenos Aires y ha publicado artículos y reseñas en revistas como Este País, Pliego 16, Fundación, Casa del Tiempo, Revista de la Universidad, Écfrasis, Tierra Adentro. En 2011-2013 fue Becaria de la Fundación de Letras Mexicanas en el área de ensayo y en 2019 fue Becaria Fonca en el área de ensayo. Fue finalista en el Premio Internacional de Literatura Aura Estrada en su edición 2020 y aceptada por Ucross Foundation para hacer una estancia artística en el verano del 2021.
Fotos de Alejandro Espinosa Fuentes.
Fotos de Alejandro Espinosa Fuentes.

 

La chica que está en la mesa de al lado estornuda. En México se responde a cualquier estornudo (hasta los de pimienta) con un: ¡Salud!, pero en España solo se replica en confianza y nunca más de una vez. Además aquí dicen ¡Jesús!, y ese es un nombre que algunos prefieren evitar.

La chica estornuda de nuevo. Calculo en mi mente si la distancia que nos separa es superior a la estatura de Michael Jordan; así suelo estimar los dos metros. El basquetbolista mide 2.02, por lo que hay un mínimo rango de error. La prensa indica que en un trecho menor a dos metros el virus se propaga con facilidad, en un avión estás jodido, lo mismo en un autobús, en una sala de cine, en una manifestación.

Aparento calma, pero mi mano busca de manera inconsciente un caramelito de propóleo que me traje de México. Según mi hermano, filósofo apicultor, las abejas producen el propóleo para desinfectar cualquier sustancia intrusa que entre al panal. Imagino que el dulce hace lo mismo en mi garganta.

Estoy en la terraza de un café en el centro de Madrid, la temperatura oscila entre los 15 y los 5 grados, hay fuertes vientos y oleadas de polen primaveral, lo que justifica tantas narices rojas, gargantas carrasposas y ojos irritados. Pero pocos saben con seguridad qué bicho tienen, tal vez solo los que dieron positivo en la prueba descansan felices, como los tuberculosos en La Montaña mágica. Los demás enfermos buscan a los de su categoría, quienes están sanos no quieren acercárseles, pero de ninguna manera se quieren juntar con los que pueden estar peor.

Sólo hay una verdad en esta ciudad cercada, nadie quiere estar solo en el Apocalipsis. Ya lo dijo Jim Jarmusch: “sólo los amantes sobreviven”. La chica me mira. Me dedica una sonrisa que ya me sé de memoria, una que significa: “se te cayó algo” o “¿me regalas un cigarrillo?” Se acerca a mi mesa, es bonita, tiene el look mitad bohemio mitad Inditex que prolifera en las ciudades españolas; sus ojos azul Cómex me dibujan una sonrisa, pero no puedo dejar de ver su nariz respingona, roja y humedecida. Me pregunta por la calle del Príncipe. Sé que está a tan solo unas cuadras, nace en la plaza de Santa Ana donde está el Teatro español, incluso tengo entradas para la función del miércoles de Diálogo del amargo de Federico García Lorca; sin embargo, me paralizo, una gotita de saliva brota de sus labios y finjo no entender su idioma, cabeceo como un demente y huyo.

¿A quién le importa el teatro? Todo se va a cancelar: las clases, los conciertos, el futbol, las presentaciones de libros, el cine, los mercadillos. Sin actividades culturales ni cerveceo, Madrid es tal vez la ciudad más aburrida del mundo. Corro de vuelta a casa, aunque esa “casa” sea una pequeña habitación sin luz por la que pago una cifra mensual con la que viviría bien durante todo un año en una playa oaxaqueña.

Fotos de Alejandro Espinosa Fuentes.

Fotos de Alejandro Espinosa Fuentes.

Apuro el paso cuando veo caras enfermizas; si oigo un acento italiano o un carraspeo, agacho la cabeza; si distingo rasgos orientales, cambio de calle. En mi habitación hay el mismo clima que allá afuera, ni siquiera es frío, solo es una destemplanza de ideas. Preparo un té inspirado por los tantos remedios de abuelita que se me ocurren. La olla se convierte en un caldo de ajo, jengibre, cebolla, cúrcuma, pimienta y miel.

Me hago a la idea: leeré hasta que todo pase, estoy preparado para este tipo de situaciones, se supone que a eso me dedico, a estar solo; la literatura es el arte de domesticar la soledad. Pobres de los otros: los maratonistas, los cocainómanos, los chicos antro, los bailadores, los entrenadores de gimnasio. No sé si sobrevivan al aislamiento.

Leo el nuevo Premio Herralde de Novela, Nuestra parte de noche de Mariana Enriquez, avanzo cincuenta páginas antes de darme cuenta de que no me estoy involucrando con la lectura. Hay muchos distractores: ¿por qué los rusos no se han enfermado?, ¿de verdad sirve el propóleo?, ¿por qué me aterra tanto que no haya una mente maestra detrás de esta pandemia?, ¿y por qué está otra vez de moda el terror fantástico?, ¿qué chingados hago leyendo una novela de fantasmas? Nunca me gustó el género del terror, ¿debo de forzarme a leerlo solo porque el fin del mundo está a la vuelta?

Paso mejor a La tentación del fracaso, los diarios de Julio Ramón Ribeyro, y busco si en algún momento vivió algo parecido como emigrante latinoamericano en Europa. No encuentro ninguna pandemia pero sí una frase que me retrata: “A los 28 años uno se vuelve estúpido, mezquino, terriblemente egoísta. Antes de resolverse a la acción piensa en mil detalles insignificantes”. Estoy a pocos días de cumplir 29 —probablemente celebre mi cumpleaños en cuarentena—  y me siento más insignificante que nunca.

Decido salir, ser parte de algo, existir en conjunto tal vez por última vez. Lo primero que veo sobre la Gran Vía, en la manifestación del día de la mujer, es a un viejito desubicado que enarbola un enorme cartel no sé si en contra o a favor del coronavirus, al otro lado tiene un mensaje que acusa a Pablo Iglesias de mentiroso.

Fotos de Alejandro Espinosa Fuentes.

Fotos de Alejandro Espinosa Fuentes.

Me uno al contingente sin ánimos de gritar, porque muchas consignas quedan mal con voz grave (¡escucha, hermana, aquí está tu manada!), pero sobre todo por temor a los microorganismos que salen expulsados de miles de gargantas al unísono. La marcha es festiva e internacionalista, se habla de Chile, de Argentina, de Kurdistán, no obstante, resulta desangelada si se compara con las de otros años. El clima no ayuda, tampoco el miedo.

Tres días después, Irene Montero, ministra de Igualdad, da positivo en la prueba de coronavirus. Algunos se preguntan si no se habrán contagiado todos en la manifestación. Cierran las escuelas, prohíben las reuniones de más de mil personas. Se desatan las compras de pánico: el Mercadona vacío, el Carrefour sin carne ni verduras, en el Lidl escasean los enlatados.

Fotos de Alejandro Espinosa Fuentes.

Fotos de Alejandro Espinosa Fuentes.

Madrid ha caído. Resulta estúpida la comparación, pero el ambiente de pánico no deja de repetirme la caída de Madrid en la Guerra Civil frente a las tropas franquistas. Encuentro más tarde una de esas coincidencias inverosímiles que nos facilita Wikipedia: a la ciudad de Wuhan, epicentro del brote de coronavirus, se le conoce como “el Madrid del este” por las similitudes en su asedio durante la Segunda Guerra Sino-Japonesa.

No queda más, hay que huir de aquí. Suspenden todos los vuelos a Europa, ya no hay escape. Regreso a mi habitación, leo en un post de Patricio Pron una brillante idea de Paul Virilio que define lo que está pasando: “Nos enfrentamos a una situación de emergencia provocada por un verdadero delirio colectivo que está, a su vez, reforzado por la sincronización de las emociones, es decir, por la súbita globalización de los afectos en tiempo real que golpea a la humanidad en el mismo instante”.

Clausuro mi atención cibernética con esa cita, apago los aparatos y le doy otra oportunidad a la novela de Enriquez. Es el día uno de mi cuarentena. Tengo la creencia de que estos encierros hipocondriacos tendrán a la larga un efecto positivo en la sociedad. Leo en paz y sin ninguna prisa, ¿no era esto lo que quería desde hace tanto tiempo?

Fotos de Alejandro Espinosa Fuentes.

Fotos de Alejandro Espinosa Fuentes.

 


Autores
(Ciudad de México, 1991) Narrador, poeta, editor, traductor y ensayista. Estudió la carrera de Letras Hispánicas en la UNAM, la maestría en la Universidad Complutense de Madrid y el doctorado en la Universidad Autónoma de Madrid. Ha publicado los libros Los designios del imaginero (2012) y Agenbite of inwit (2018). Ganador del Premio Nacional de Novela “José Revueltas” por Nuestro mismo idioma (FETA, 2015) y el Premio Nacional de Cuento “Julio Torri” 2019 por Sonámbulos. En 2023 publicó su tercera novela Mundo anclado (NitroPress, prólogo de Enrique Vila-Matas). Ha colaborado en diversas antologías como Covid: Narrativa mexicana joven, desde y contra la pandemia (FCE, 2021) y La lectura al centro: 55 autobiografías lectoras (UNAM, 2022), así como en la revista Quimera, Barcarola, El Universal, Excélsior,Tierra Adentro y Luvina. Como editor ha elaborado las antologías narrativas Lo fantástico no existe (Ediciones Periféricas, 2020), De narcos a luchadores (Contrabando, 2019) y El misterio de los seres espaciales (Deliria, 2023). Es profesor de literatura en la UNAM y en Literaria: Centro Mexicano de escritores.
Blair Lee

En tiempos como estos, en los que el feminismo está alcanzando cada vez a más mujeres mexicanas, en donde nuestra sociedad comienza a cuestionarse más sus machismos, es importante voltear a ver las otras trincheras feministas para hacer alianzas, fomentar los diálogos, aprender de otros movimientos y apoyarnos mutuamente aunque estemos a cientos de kilómetros de distancia. Me acerqué a Blair Lee de 22 años, una estudiante de Administración de Artes en Seúl, para platicar sobre las luchas a las que se enfrentan las feministas en Corea. Blair, cuyo verdadero nombre permanecerá oculto por motivos de seguridad, nos muestra un feminismo radical en un país ampliamente conservador y la esperanza de un cambio necesario. La sororidad que me unió a Blair en nuestro emocional, pero breve intercambio de correos, surgió de un entendimiento mutuo de que aunque las expresiones machistas y la forma de combatirlas son distintas en Corea y en México, la lucha es la misma: alcanzar una vida digna, libre y segura para todas las mujeres del mundo.

 

Isabel del Valle: ¿Cómo decidiste ser feminista?

Blair Lee: Mientras crecía, siempre fui consciente de cómo la sociedad oprime a las mujeres, pero no llegué a conocer la existencia del movimiento feminista hasta que se volvió relevante en Corea del Sur en 2016. Muchas mujeres sintieron que tomaron la  “píldora roja” 1 después de un asesinato ocurrido en la estación de metro Gangnam en Seúl al que llamamos “el caso de asesinato de la estación Gangnam”.

Esa estación de metro es uno de los lugares más concurridos de Seúl, capital de Corea del Sur. Hay muchos bares y restaurantes a su alrededor, por lo que es un lugar popular para pasar el rato y es concebido como un lugar seguro. El 17 de mayo de 2016, un hombre mató a una mujer en el baño de un edificio cerca de la estación, el hombre no conocía a su víctima. Este asesinato impactó mucho a la sociedad y a quienes consideraban los lugares cercanos a la estación como seguros; la personas normalmente creen que Corea es un país con buena seguridad pública porque el índice de violencia es bajo para su población y los ciudadanos no tienen derecho a portar armas.

La gente decía que el asesino había cometido el crimen porque tenía esquizofrenia, pero esperó escondido en el baño dejando ir a seis hombres  hasta que entró una mujer. Además, confesó después que había cometido el crimen porque muchas mujeres lo habían ignorado durante toda su vida. Sin importar el desorden mental que tenía, está claro que su odio y misoginia lo impulsaron a cometer el asesinato. Pero la policía no admitió el papel que la misoginia jugó en el crimen, así que muchas mujeres se enojaron y pusieron post-its con mensajes en la salida 10 de la estación para honrar a la víctima. Creo que ese asesinato fue el catalizador necesario para despertar a muchas mujeres y llevarlas al feminismo, yo fui una de ellas. Después de aceptar que vivía en un mundo con problemas serios de inequidad, decidí ser feminista a los 18 años.

 

IDV: Para nuestros lectores que no están familiarizados con la sociedad Coreana, ¿cómo es crecer siendo mujer en Corea?¿A qué estándares de escrutinio se te somete?¿Qué es lo que se espera de ti?¿Cuáles son tus perspectivas de vida en el futuro?

BL: Muchas personas creen que la situación ahora está mucho mejor para mi generación que como lo estuvo en la generación de mi madre. Siempre dicen que no existe la misoginia porque las mujeres ya podemos ir a la universidad y obtener trabajos como los hombres. En el pasado, las mujeres debían trabajar para financiar la colegiatura de la universidad de sus hermanos; se esperaba que se convirtieran en buenas amas de casa y que tuvieran por lo menos un hijo. El infanticidio femenino era común hasta 1990 por la preferencia marcada hacia tener hijos hombres y debido a que el aborto era ilegal, aún lo es. Muchas bebés fueron abortadas o asesinadas después de nacer solo por su género.

Quizás sea cierto que en teoría el estatus social de las mujeres ha mejorado, pero la realidad es muy diferente. Como mujer, me han dicho desde pequeña que debo ser obediente, tímida y cuidadosa. Se espera de mí que tenga el cabello largo, un cuerpo delgado y que sea hermosa y use maquillaje. Se espera que sea buena en matemáticas, ciencias y manejando. Cuando empecé a menstruar dudé si usar tampones ya que se considera sucio que ponga algo en mi vagina que no sea un pene. No debo ser como una zorra porque es vergonzoso hablar de llevar una vida sexualmente activa, pero al mismo tiempo debo de querer tener relaciones sexuales con hombres cuando ellos quieran que lo haga a pesar del riesgo de contraer una ETS.

Muchas empresas prefieren contratar hombres aún cuando hay mujeres aplicando para los mismos puestos con trayectorias mucho más competitivas, pues piensan que inevitablemente dejarán de trabajar cuando tengan hijos; y si sí lo hacen, después regresar a trabajar es casi imposible, así que las mujeres terminan en trabajos inestables de medio tiempo. Incluso cuando son contratadas por buenas empresas, es poco probable que puedan ser promovidas de sus puestos de trabajo iniciales y la brecha salarial entre los empleados hombres y mujeres es evidente.

Si las mujeres deciden casarse y formar una familia, después de criar a sus hijos deberán hacerse cargo de cuidar a sus esposos cuando decidan retirarse; ellos probablemente gastarán todo su dinero en prostitutas o engañando a sus esposas. El divorcio, aunque existe, no es una opción real para muchas mujeres, ya que no podrían sostenerse económicamente sin sus esposos debido a las precarias condiciones laborales.

Para resumir brevemente lo que significa ser una mujer en Corea, puedo decir esto: sufrimos de cada estereotipo y discriminación posible. Gracias a mis hermanas feministas, las viejas costumbres están cambiando para bien; así que espero que mi generación pueda tener por delante un futuro distinto.

 


IDV: ¿Qué significa ser feminista en Corea y cuál es la percepción de los hombres y mujeres coreanos hacia el movimiento?

BL: Puede significar cosas distintas para cada persona, pero todas las feministas compartimos una idea general: el feminismo es un movimiento para mujeres. Si eres mujer y te identificas como feminista, eso es todo lo que necesitas. Ya que es un movimiento nuevo en Corea, las personas no están acostumbradas a escuchar hablar de feminismo, así que todo el tiempo tenemos que lidiar con estereotipos negativos como: “Las feministas odian a los hombres”, “seguramente nunca han sido amadas por un hombre”, “deben ser gordas y feas”, “pobrecitas”, “deben ser lesbianas todas”, “no todos los hombres son malos”, “dejen de impulsar conflictos entre géneros”. Estamos tan acostumbradas a escuchar cosas de ese tipo que ya no nos molestan. Al mismo tiempo, es cierto que esos estereotipos impiden que muchas mujeres hablen sobre feminismo aunque ya se sientan representadas por movimiento.

A diferencia de algunos países Occidentales, ser feminista es un concepto ampliamente malentendido en Corea del Sur. Por ejemplo, si una actriz famosa de Hollywood dice que es feminista, las personas dirán: “Sí, ¿y luego?”. En Corea, la gente no puede ni imaginarse algo así. Por supuesto algunas hermanas valientes se muestran abiertamente feministas, pero en algunos campos laborales corremos el riesgo incluso de ser despedidas si hablamos de feminismo. Una actriz de voz perdió su trabajo después de usar una playera que decía “Las chicas no necesitan un príncipe”. Esto demuestra lo difícil que es ser abiertamente feminista aquí.

La mentalidad general en el país es relativamente conservadora y convencional comparada con otros países desarrollados. La cultura del confucianismo se ha desarrollado de una manera extraña a través del tiempo y se ha utilizado para hacer sufrir a mujeres, personas jóvenes y aquellos más débiles. Eso ha resultado en que los roles de género tradicionales y las opiniones negativas sobre el feminismo se potenciaran hasta llegar a la situación que tenemos ahora. 

La mayoría de los hombres creen que en la sociedad actual hay equidad de género y que elllos son víctimas que sufren de discriminación inversa, lo cual creo que está completamente equivocado. Es más fácil encontrar un grupo de hombres anti-feministas que un hombre que apoye el feminismo. Algunos confunden a las feministas con un grupo de personas antisociales que odian a los hombres. Incluso si alguno afirma que apoya al feminismo, al final del día, quiere casarse con una mujer “buena y bonita”, tener una familia “ordinaria” y tener bebés, estabilizando el patriarcado. Algunos incluso lo dicen solo para ser populares entre las mujeres.

Puedo decir que la mayor parte de las mujeres jóvenes (entre 10 y 30 años) están de acuerdo con el feminismo. Están muy conscientes de la misoginia y quieren romper las reglas antiguas. Algunas personas perciben la inequidad, pero no les gusta la palabra “feminista” por la manera en que es percibida por otras personas. Sin embargo, también hay mujeres que no se sienten como parte del movimiento feminista; algunas simplemente no terminan de entender el problema, mientras que otras han sido manipuladas por tanto tiempo que ni siquiera se dan cuenta que viven oprimidas, como mi mamá y sus amigas.


IDV: ¿Es sencillo encontrar a otras feministas o formar colectivos?

BL: Es más fácil encontrar colectivos en línea que en la vida real. Como es bastante peligroso decir libremente que eres feminista, muchas personas prefieren mantenerse anónimas. He hecho muchas amigas feministas por Internet y las he conocido en persona, pero aún no sé cuáles son sus nombres o trabajos reales. Las youtubers coreanas feministas tienden a usar sus nicknames y no muestran sus rostros en línea; es poco común que alguien lo haga, ya que aquellas que se atrevieron a revelar sus rostros o nombres, sufrieron de acoso cibernético y recibieron amenazas. Fueron atacadas por hombres y mujeres por igual.

Sin importar estas duras condiciones, hay varios intentos de formar comunidades offline como clubes o reuniones sociales. En estos lugares, la idea es compartir ideas, escribir revistas, jugar deportes o estudiar juntas. Sin importar las actividades que se realicen, lo realmente importante es que se forman espacios en donde nos podemos sentir seguras e inspiradas al convivir con otras feministas. Aunque no son muy comunes, puedes encontrar estos clubes o reuniones si las buscas.

 


IDV:¿Con qué rama del feminismo te sientes más identificada?

BL: Creo que comparto más opiniones con las feministas radicales coreanas. Nuestra meta principal es romper el patriarcado y convertirnos en mujeres completamente independientes que no requieran el apoyo financiero o mental de los hombres. Seguimos cuatro reglas fundamentales conocidas como 4B(4非), en las que nos rehusamos a casarnos, tener hijos, salir en citas y tener relaciones sexuales con hombres en la mayor parte de los casos. Además, estamos en contra de los estándares de belleza que nos han sido impuestos solo a las mujeres, esta postura es conocida como “Escape the Corset”.

 

IDV: ¿Qué es el movimiento de resistencia “Escape the Corset”?¿Cómo te manifiestas contra el Patriarcado de maneras cotidianas que quizás en Occidente podrían estar ya normalizadas?

BL: Es un movimiento que se opone a los dañinos estándares de belleza, que no son diferentes de un corset, en el sentido de que reprimía los cuerpos de las mujeres. La K-beauty2 fuerza a las mujeres a tener ojos encantadores, nariz perfecta, labios jugosos y cabello sedoso como una muñeca Barbie. La cirugía plástica es tan común que las personas no se toman en serio el asunto de que algunos de los efectos secundarios pueden ser letales. Mujeres jóvenes se enferman por dejar de comer para perder peso; pues está de moda que se use ropa ajustada y reveladora.

Para romper con esas expectativas, algunas feministas coreanas dejaron de seguir estas costumbres. En ese movimiento, cualquier cosa considerada femenina está diseñada para convertirnos en ciudadanas de segunda clase. En este contexto, incluso ser una misma de manera natural puede ser una protesta en contra del patriarcado. Ahora tenemos cabello corto, no nos ponemos maquillaje y usamos pantalones cómodos. Liberamos nuestros pezones y hacemos ejercicio para tener músculos. Estos actos muestran a las mujeres que pueden ser ellas mismas sin tener que encajar en los ideales, ni gastar dinero en cosméticos o ropa. Ser hermosa no es una idea con la que las mujeres nacen, sino un lavado de cerebro con el que tienen que lidiar toda la vida. Para apoyar el movimiento y liberarnos, algunas de mis amigas y yo nos cortamos el cabello y dejamos de usar ropa femenina desde hace dos años. Las personas están participando gradualmente, a su propio ritmo, y podemos ver el declive de la industria de la belleza. Ahora estoy ahorrando dinero, en lugar de gastarlo en eso, para mi futuro y no podría sentirme más feliz con mi vida.


IDV: ¿Es fácil en Corea encontrar o publicar textos feministas?

BL: No es difícil encontrar libros feministas en librerías o bibliotecas. En los años recientes, muchos libros han sido traducidos o publicados en Corea, el más famoso es una novela llamada Kim Ji-young, nacida en 1982 de Cho Nam-joo, ha sido traducida a más de 37 idiomas distintos e incluso la adaptaron en una película. Aún así, la mayoría de los textos feministas disponibles en Corea, no fueron escritos por autores coreanos. Personalmente, creo que el feminismo de Primer Mundo, o el feminismo Occidental, no es 100% adecuado para la sociedad Coreana y definitivamente necesitamos más libros y estudios escritos exclusivamente por autoras feministas. Muchos de los libros y revistas fueron financiados por medio de plataformas de crowdfunding, otros, fueron y están siendo producidos por editoriales feministas. Además de los textos, existen creadoras de contenido en video o animación digital. Conforme pasa el tiempo están surgiendo más y más creadoras de contenido feminista y no creo que la producción vaya a decaer.


IDV:¿A qué procesos necesita someterse la sociedad coreana para cerrar la brecha de género?

BL: Deben suceder cambios  drásticos en el sistema. En primer lugar, el país debe dejar de forzar a las mujeres a ser la muñeca sexual de sus futuras parejas. Todas las leyes deben ser justas para las mujeres,  así como la educación y los agresores de mujeres deben ser castigados. Es necesario que se muestre que el potencial de las mujeres es igual al de los hombres y así considerarlas ciudadanas de igual calidad.

Las mujeres deben tomar el poder que ahora está reservado únicamente para los hombres, deben convertirse en líderes: CEOs o funcionarias con altos cargos, para darle más oportunidades a otras mujeres, de cualquier edad. Las mujeres debe tomar el control de, al menos, el 50% de todas las grandes industrias. Finalmente, después de esto, cuando la sociedad establezca la equidad o sea dominada por las mujeres, las mujeres deben ser parte del ejército. Para todos los hombres es obligatorio hacer servicio militar durante 18 meses en caso de guerra en contra de Corea del Norte. Por ello, tienen beneficios sociales exclusivos y seguirán manspleineando 3 hasta el día que se mueran. Las mujeres pueden unirse al ejército si así lo desean, pero por el momento, sufren de acoso sexual e inequidad si lo hacen. En el futuro, todas las mujeres necesitarán aprender cómo usar armas y protegerse a sí mismas en caso de una emergencia nacional, igual que los hombres.

 

IDV: En México, una de las principales luchas es en contra de la violencia feminicida que ha azotado el país, ¿a qué violencias se te somete por ser mujer en Corea?¿Qué ha hecho el feminismo para combatirlas?

BL: He visto algunas noticias sobre las protestas en contra del feminicidio en México. Aunque aquí no podemos ver manifestaciones tan intensas y fuertes, definitivamente sufrimos casos de feminicidio y violencia en contra de la mujer. La violencia más común es la que se ejerce en el ámbito familiar y en las relaciones afectivas. Novios y esposos violentan a sus parejas física y mentalmente, pero la policía no se toma estas agresiones en serio. Cuando hay un feminicidio, les reducen la sentencia a los feminicidas por razones ridículas como que estaban borrachos cuando cometieron el crimen, que tienen algún tipo de enfermedad mental o que parece que se arrepienten. ¿Qué mundo tan loco, no? No obstante, el año pasado, cuando pasó lo contrario (una mujer mató a su marido debido a violencia intrafamiliar), ella se convirtió inmediatamente en un enemigo nacional. Muchas personas que antes no mostraron interés en lo absoluto cuando las víctimas eran mujeres, reaccionaron fuertemente frente a esta situación. 

Las mujeres estamos en peligro todo el tiempo, podemos ser asesinadas como el caso del asesinato de la estación Gangnam. Además, los crímenes relacionados con las cámaras espía y el acoso digital son problemas que se acentúan cada día que pasa. Los hombres graban a las mujeres en cualquier espacio público o comparten en línea el cuerpo de sus parejas sin su consentimiento. Aquellas personas que suben constantemente estos videos, ganan mucho dinero en los sitios web dedicados al acoso y la reproducción de ese tipo de videos continúa. Las víctimas tienen que pagar un precio muy alto para que borren sus videos, pero todas las compañías de limpieza en línea están conectadas con los sitios pornográficos. Hacen mucho dinero de esta manera, es un negocio redondo. Algunas chicas escogen quitarse la vida porque no reciben el apoyo adecuado. Estos casos se están incrementando de manera tan drástica que prácticamente están fuera de los límites de la ley. Aquí hay un artículo donde pueden consultar más información sobre un nuevo caso llamado Nth Room chats

 

IDV: ¿Cuál sientes que es el mayor reto al que se enfrenta el feminismo en Corea?

BL: Es bastante difícil pensar en un solo reto; sin embargo, lo que no podemos resolver nosotras mismas es que nuestro gobierno no muestra una actitud de cooperación. Para ser más específica, el presidente prometió durante el periodo de elecciones ser feminista, pero creo que desde entonces mi vida no ha mejorado en lo absoluto. Aunque cientas de mujeres se han congregado para protestar en contra de las grabaciones ilegales y los feminicidios durante los últimos dos años, la situación sigue siendo la misma y parece que la agenda feminista sigue siendo lo último en considerarse. Esto es frustrante y la razón por la cual las feministas surcoreanas están cansadas del país. 

Cada vez más hermanas escogen irse de Corea del Sur para vivir en países donde ser mujer es más sencillo. Saben que no hay una utopía para mujeres pero creo que es más rápido mudarse que cambiar la situación desesperanzadora de nuestro país. No las culpo porque yo también estoy considerando mudarme de manera permanente a otro país si la situación aquí no mejora. Personalmente, creo que esto puede llevar a un hartazgo en el movimiento feminista parecido al brain drain en el país4. Por otra parte, hay muchas hermanas que luchan día y noche por hacer este país mejor para las mujeres. Yo trato de apoyarlas lo más que puedo porque son acciones necesarias. Incluso si logro irme a vivir lejos de aquí en el futuro, seguiré en contacto con ellas y recordaré siempre cuánta ayuda me dieron. Para terminar la entrevista, me gustaría agradecer a todas mis hermanas feministas coreanas que me guiaron para ser yo misma. 

 

Blair Lee

Blair Lee


Autores
(Ciudad de México, 1995) Es dramaturga y editora. Estudió Escritura Creativa y Literatura en la Universidad del Claustro de Sor Juana.
Fotografía por Miranda Guerrero

 

Hay libros que se constituyen en la teoría y aparecen como espectros en los modos de vida; palabras que archivan un secreto, signos a punto de confesar algo. Son escrituras que se presentan, a primera vista, como códigos cerrados e inaccesibles, pero que, al mismo tiempo, guardan elementos reconocibles.

Así podría narrar mi primera aproximación a El género en disputa (1990) de Judith Butler. Una obra inscrita en su propia marca genérica: la teoría; es decir, poseedora de un hermetismo que requiere de esas herramientas que usualmente se adquieren en las academias.

Sabía, por recomendaciones que recibía de esas feministas que iban marcando mis lecturas y prácticas, que se trataba de una obra que posibilitaría modificar algunas de las preguntas que ya comenzaban a surgir sobre el género, y sabía, también por ellas, que abrir cuestionamientos siempre resulta en controversias y rivalidades.

Y sí, la disputa no solo surgió en torno al género, sino a las formas de abordarlo. Es importante recordar que el título completo de la publicación es: El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. Lo que a simple vista parece una figura retórica de los sujetos del feminismo resultó en una puesta en abismo sobre la concepción misma de género, y un reto para su apropiación en algunas prácticas feministas.

Fotografía por Miranda Guerrero

Fotografía por Miranda Guerrero

Butler, en este texto, no apela a las formas disolutivas de la identidad, sino precisamente a la dislocación de este concepto y se pregunta: “¿Hay una región de lo ‘específicamente femenino’, que se distinga de lo masculino como tal y se acepte en su diferencia por una universalidad de las ‘mujeres’ no marcada y, por consiguiente, supuesta?” (Butler, 2007, pág. 50).  Bajo la perspectiva de la filósofa, hacer evidente lo “performativo” del género es, entonces, reconocer como meta política “la construcción variable de la identidad” (Butler, 2007, pág. 50).

Han pasado 30 años desde la publicación de El género en disputa y el escenario de las violencias parece no modificarse tan rápido; sin embargo, lxs participantes de las diversas formas de cuestionar las relaciones de poder, incorporan los planteamientos que han logrado salir de las academias para performar en las calles.

La subversión de la identidad se expresa en resistencias y manifestaciones políticas que se revelan en el cotidiano, sobre todo de los cuerpos no binarios y/o transexuales. Por mencionar sólo el ejemplo más evidente, la revisión coercitiva del género propuesta por Butler, ha posibilitado que los aportes teóricos y académicos acompañen las propuestas sobre leyes en torno al cambio de identidad sexo genérica.

El inicio de la reflexión no significa el agotamiento de la misma; Butler propició una controversia académica que ha disputado la categorización, no solo de las narrativas del sexo/género, sino que, al recuperar las reflexiones de Michel Foucault (1926-1984), focaliza sus cuestionamientos en torno a cómo “el poder, más que la ley, incluye tanto las funciones jurídicas (prohibitivas y reglamentadoras) como las productivas (involuntariamente generativas) de las relaciones diferenciales” (Butler, 2007, pág. 90). Esta aportación al debate ha permitido reconocer que no son solo las alteraciones ‘materiales’ o sus versiones institucionales las que posibilitan modificar las configuraciones de la violencia de género.

Fotografía por Miranda Guerrero

Fotografía por Miranda Guerrero

Para algunxs, en esa década de los noventa, que hoy parece lejana, el texto de Butler resultaría básico para el desarrollo de propuestas teóricas y de acción que se alejaran de los que comenzaban a gestarse como espacios cerrados, con guiños a modos de vida disciplinares e incluso hegemónicos.

Butler, con su desestabilización de algunos pensamientos fundacionales del feminismo, puso en movimiento los debates en torno a las corporalidades y lxs sujetxs políticos alejadxs de la definición biologicista como eje de la expresión subjetiva de la identidad. Es decir, El Género en disputa permitió pensar en más de una categoría, por tanto, pone en tensión lo que hasta ese momento se pensaba como un sujeto político estable del feminismo. Sin embargo, ese guiño alegre por la posibilidad de construcción de sociabilidades otras que no quedaran fuera de los funciones jurídicas y productivas se observan, hoy, como un horizonte lejano.

Si la palabra es ese bien mayor que se pretende en Occidente, Butler apunta justo al centro del lenguaje para exponer que en consecuencia de una “performatividad sutil y políticamente impuesta, el género es un «acto» que está abierto a la parodia (…) y a las exhibiciones hiperbólicas de «lo natural» que, en su misma exageración, muestran su situación fundamentalmente fantasmática” (Butler, 2007, pág. 283). La promesa política y subversiva de Butler se disimula en un texto filosófico que, al mismo tiempo, satisface algunos paladares académicos, abriendo un espacio para el cuestionamiento y la hegemonía.

Fotografía por Miranda Guerrero

Fotografía por Miranda Guerrero

Aprovechar la data, ese recordatorio temporal de la aparición del texto, me obliga a la pregunta: ¿se ha modificado en algo, el orden que (im)posibilita la vivencia, no sólo de los cuerpos que obedecen a la norma, sino de aquellxs que se articulan fuera de los márgenes integradores? La obra de Butler, al rescatar las reflexiones y debates de otras teóricas feministas, se propone como un detonante para configurar las estrategias y las acciones que hoy resultan urgentes, frente a los cuerpos que se violentan en lo gramatical y en lo operativo.

Propongo que la (re)lectura de El género en disputa se efectúe a manera de un juego espiral que permita ir y venir: por sus métodos, por el contexto que evoca a los acontecimientos y a lo que reprimen, por sus estrategias para la formulación de gramáticas disidentes y, sobre todo, por la posibilidad de la reescritura de disputas que contemplen no solo las violencias, sino las experiencias que hoy ocupan las calles, a la expectativa de más pasos.

 

Referencias

Butler, J. (2007). Género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad . Barcelona: Paidós.

 


Autores
Maestría en Comunicación y Cultura, Universidad de Buenos Aires. Profesora de asignatura de la UACM y de la Universidad del Claustro de Sor Juana. Colaboradorx del diagnóstico de violencia de género en Ecatepec. Ha diseñado y gestionado: talleres, exposiciones, jornadas, podcast, conferencias y otras acciones para problematizar la naturalización de las prácticas sexo genéricas. Coordinadorx del círculo de lectura “Incomodar el género y descolocar el cuerpo”, Biblioteca Vasconcelos.

Ilustrador
Miranda Guerrero
Artista visual y escritora. Se licenció en la carrera de Letras Hispánicas por la UAM-Iztapalapa. Ha publicado sus fotografías y collages en Tierra Adentro.