Tierra Adentro
Portada de "Manacled: Volume 2" de SenLinYu. PROFOUND WRITERS, 2024.
Portada de “Manacled: Volume 2” de SenLinYu. PROFOUND WRITERS, 2024.

El año pasado, una parte del mundo literario se conmocionó al saber que Penguin Random House, una de las mayores casas editoriales del mundo, publicaría dos de los fanfics más famosos del universo de Harry Potter: Manacled de SenLinYu y The Auction de Lovesbitca8. Las historias serían retrabajadas para sacarlas del universo creado por J.K. Rowling a uno original creado por cada autora. Aunque no será la primera vez que una obra sea adaptada de fanfiction a un trabajo original para abrirse paso hasta las editoriales comerciales, la noticia reenervó una discusión tan antigua como constante: ¿hay un lugar para los escritores de fanfiction en el mainstream del mundo literario?, y ¿será que el fanfiction también es literatura?

El término “fanfiction” nació en 1938 como una forma de llamar a la ciencia ficción escrita por autores amateur, en la publicación de 1944 Fancyclopedia, el término había cambiado para referirse a la ficción transformativa —el término bajo el cual se estudia al fanfiction— escrita por los fans de la ciencia ficción donde algunas veces aparecían personajes o mundos de otros autores, pero la ficción transformativa nos ha acompañado desde mucho antes.

Hubo un tiempo en que no había distinción entre ficción transformativa o ficción normal porque las historias y los libros mismos preceden al concepto de autor, los tenemos antes del copyright, antes de los derechos reservados. Esto es obvio, pero para hablar de ficción escrita por fans, debemos recordarlo. Antes de todas las normas para proteger los derechos de autor, soñábamos, escribíamos y creábamos historias con los protagonistas de leyendas que ya se nos habían contado; a nadie le importaba realmente si podían usar ciertos personajes o mundos. La literatura existía en el umbral de la ficción transformativa.

Solo basta con echar un ojo a la Ilíada o la Odisea —que según Kristina Busse, coeditora del journal de ficción transformativa de la Organización para las Obras Transformativas (Organization for Transformative Works o TWC por sus siglas en inglés), son las obras más antiguas de ficción especulativa con las que contamos— y sus historias de dioses y héroes para entender la naturaleza transformativa que siempre ha permeado en la ficción. También podríamos mirar los libros de caballerías medievales: las múltiples historias artúricas, las aventuras de Tristán, Lanzarote o Galahad con autores distintos que, sin embargo, construyen entre sí al canon de los libros y leyendas de caballerías. Los personajes permanecían, los autores cambiaban y las historias seguían y seguían, alimentándose entre sí.

Podemos, también, rastrear instancias de ficciones transformativas en 1421, con la publicación de John Lydgate de The Siege of Thebes, una secuela de los Cuentos de Canterbury de Chaucer, que a su vez estaba basado en el Decameron de Bocaccio. Quién puede olvidar, asimismo, la publicación en 1614 del Quijote de Alonso Fernández Avellaneda, que portaba muy orgulloso el nombre de Segundo tomo del Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, muy a pesar del mismo Cervantes, que tan solo un año después del Quijote de Avellaneda, publicaría la segunda versión “oficial” de su Quijote.

Por otro lado, en la lista de ficciones transformativas ilustres derivadas de la Biblia están El paraíso perdido de Milton y La Divina Comedia de Dante (y tal vez hasta podríamos nombrar a La Divina Comedia como el Ready Player One de su época).

Por su parte, en sus años correspondientes, Jane Austen, Lewis Carroll y Arthur Conan Doyle tuvieron también que lidiar con ficciones transformativas de sus obras, tal fue el amor que las Bennet, Alicia o Sherlock Holmes causaron en sus lectores. Ya para entonces la esencia transformativa de la literatura comenzaba a cambiar. Sherlock Holmes y John Watson pertenecían a Arthur Conan Doyle, todo lo demás eran simples versiones alternativas.

Sin embargo, hasta la década de 1960, con la llegada de la televisión y programas como Star Trek, fue que el concepto de fanfiction cambió, ya no solo para referirse a la ficción transformativa escrita por amateurs o fans de un producto de entretenimiento; sino a una actividad cultural comunitaria que acercaría a los miembros de un fandom (una comunidad de fans de un producto de entretenimiento) entre sí y les daría productos culturales propios. La década de 1960 vio la llegada de los fanzines, las publicaciones amateurs por fans y para fans, la ficción transformativa se volvía comunitaria. Ya no sería Avellaneda escribiendo su Quijote para lanzarlo al mundo en soledad, sino todo un grupo de fans interactuando entre sí alrededor de la escritura, discusión y lectura de ficciones transformativas.

Las cosas se potenciaron gracias a la llegada del internet y el inicio de las páginas dedicadas expresamente al fanfiction: Fanfiction.net, creado en 1997, Wattpad, creado en 2006 (donde también se publican historias originales además de fanfiction), Archive Of Our Own (o AO3), creado en 2007 como parte del proyecto para la protección de obras de ficción transformativa, OTW. La escritura de fanfiction dio, entonces, un salto a la estratósfera.

Para 2013, el número mensual de fics (o “fanfic”, versión abreviada de “fanfiction”) publicados tan solo en Fanfiction.net rebasaba exponencialmente (más de veintidós veces) el número de publicaciones editoriales mensuales de todo Estados Unidos. Y para 2016, nos habría tomado más de 14,907 años leer todas las historias albergadas en esa misma web a un ritmo de un fic por día.

Fanfiction.net y AO3 se convirtieron en semilleros de historias. En Writers in the Secret Garden. Fanfiction, Youth and New Forms of Mentoring, Cecilia Aragon y Katie Davis discuten el papel de las webs dedicadas a la escritura de ficción transformativa en la formación de nuevos escritores.

Estas webs, señalan Aragon y Davis, ayudan a democratizar la escritura y permiten que miles de autores jóvenes —en su mayoría mujeres, miembros de la comunidad LGBT+ o de comunidades marginalizadas— puedan acceder a espacios seguros para practicar su escritura. Son, también, lugares llenos de prácticas escriturales “más ‘femeninas’ como la colaboración, el apoyo amistoso y un enfoque desacomplejado hacia tramas románticas”.

Conforme fue aumentando la producción y publicación de fanfics en la web, la industria editorial tomó nota. Era el inicio del boom del Young Adult, a inicios de la década de 2010. Los últimos libros de Harry Potter, Crepúsculo y Los Juegos del Hambre habían probado el potencial monetario de la ficción para adolescentes y las editoriales estaban en busca de su siguiente estrella. Voltearon a ver al fanfiction y la ficción transformativa hizo su regreso al mundo de las publicaciones formales con Fifty Shades of Grey (2011), originalmente Master of the Universe, un fanfic de Crepúsculo retrabajado para no infringir los derechos de autor de Stephenie Meyer.

Fue un éxito. Le siguió After, originalmente un fanfiction de la banda británica One Direction. El mundo veía nacer un nuevo tipo de ficción: ficción transformativa que se detransformaba para no infringir ninguna ley; fanfics camuflados; era el mundo de los fandoms y las webs traídas al mainstream literario.

Ahora, este año, veremos a dos de las autoras más queridas del fandom de Harry Potter, Selin Yu y Lovesbitca8, publicar dos de las series de fanfics más leídas: Manacled que llevará el nombre de Alchemised y The Auction ahora Rose in Chains. Será la primera vez en la que dos fics del fandom de Harry Potter, específicamente fics Dramione (cuya pareja principal, pairing o ship, es Hermione Granger y Draco Malfoy que en la obra original son enemigos la mayor parte del tiempo), verán el mundo editorial.

La decisión de publicar sus obras, que se conformarán, además, de trilogías, tuvo que ver con su enorme potencial como libros YA, el género en boga. Y por, como anota Elizabeth Minkel en “Lots of People Make Money on Fanfic. Just Not the Authors”, un deseo de evitar que otras personas se enriquezcan con sus obras.

El problema fundamental de la ficción transformativa es que no puede ser publicada de forma tradicional, es un producto derivado de otro y, por lo tanto, cobrar por su lectura infringiría las leyes de derechos de autor de la obra original. Por esto, la ficción alternativa se lee en línea solamente. Sin embargo, cuando una obra especialmente buena aparece, no falta el fan que haga fanart de su fanfic favorito (esto ya es ser el fan del fan del fan, como una muñeca rusa de fans) y de ahí siempre aparece el listo que toma las ilustraciones y los fics y haga sudaderas, versiones impresas y encuadernadas de las historias, posters y toda clase de mercancía. Así sucedió con Manacled y The Auction. Sus autoras vieron cómo otras personas se enriquecían con sus obras por las que, legalmente, no podían hacer nada. Después de todo, solo les pertenecía la trama. El mundo y los personajes eran de J.K. Rowling. Así, decidieron detransformar sus ficciones, retrabajarlas, construirles su mundo, rebautizar a los personajes y convertirlas en algo nuevo que seguramente tendrá sus propios fandoms y sus propios fanfics.

El autor de fanfiction es libre de escribir lo que desea. Insertarse a sí mismo en el mundo de su elección; idear las tramas más raras; insertar personajes de una serie en el mundo de otra; crear realidades distópicas con los personajes de My Little Pony… el límite es su imaginación. Su comunidad recibirá su escritura con los brazos abiertos. Se le dará retroalimentación y se le brindará consejo para ayudarlo a mejorar; otros fans reirán, llorarán y recordarán su escritura. Si es realmente terrible, se le agregará al fanon (el canon de un fandom), y si es maravilloso se le amará.

Cada paso del escritor de fanfiction será más arropado por su comunidad que el del escritor usual. Sus talleres de escritura serán foros y comentarios en sus fics, formará parte de una comunidad de escritores donde podrá aprender a construir historias y personajes. Será libre de fallar, escribir terrible, mejorar y triunfar. Lo hará todo, además, tan pública o anónimamente como desee.

Hace un tiempo, platicando con un amigo editor, llegamos al tema del fanfiction y de aquello que identifica a un escritor como parte del grupo de autores que dieron sus primeros pasos en AO3, Wattpad, Fanfiction.net u otra web similar. “Son demasiado descriptivos en los momentos más extraños”, “se olvidan de sus subtramas y regresan a ellas en el último minuto”, “son demasiado autoindulgentes”, “su forma de describir a sus personajes es rarísima”, fuimos mencionando uno a uno, todo lo que se nos pudo ocurrir. Es cierto que la ficción transformativa no siempre es buena. Muchas veces sus autores son autoindulgentes y las obras originales que fueron primero fics o historias de Wattpad caen, bastante seguido, aunque siempre hay excepciones, en clichés y fallan en producir algo que se sienta relevante.

“Son chatarra”, le dije a mi amigo en esa ocasión, “son como comer una buena bolsa de papitas que no te nutrirá, pero te hará feliz”. Lo dije sabiendo que yo también empecé escribiendo fanfiction, lo dije sabiendo que todavía algunas de mis obras favoritas son fanfiction. Lo dije sabiendo que, de tanto en tanto, habrá un fic excepcional, maravillosamente escrito, que cambiará mi idea de lo que es escribir y otras en las que, simplemente, leeré algo para pasar el tiempo. Lo dije sabiendo que amo el fanfiction y a todas sus historias locas, extrañas y enternecedoras.

La virtud de la ficción transformativa no está en las herramientas escriturales que sus autores puedan o no tener, sino en el amor a la escritura y al mundo original que produjo en ellos el deseo de escribir. Un autor de fanfiction es alguien que escribe porque sí, porque quiere; lo hace sin miedo, lo hace sin esperar siquiera ser leído, no en realidad, el motor de su escritura está en la escritura misma. En una pregunta que se clavó en su mente al ver una película, una serie, un videojuego, un capítulo de anime, un libro o lo que sea, la pregunta fue “¿Y si…?”. Y eso le bastó para sentarse a crear algo.

Amo el fanfiction porque es libre. No le importa si puede o no, solo escribe. Admiro a sus escritores porque son capaces de hacer algo que envidio: escribir solo porque sí, porque nos dieron ganas, porque es importante que alguien diga lo que pasaría si Draco Malfoy se enamorara de Hermione Granger en un mundo distópico y destruido; o qué pasaría si el Doctor pudiera volver a encontrar a Rose Tyler; o si Tanjiro, Naruto y Luffy se conocieran.

Amo el fanfiction porque ejemplifica la naturaleza libre de la literatura. Solo es y ya está. Sin pedir permiso.