Escribo para entender
En el ensayo Why I Write (¿Por qué escribo?), publicado por primera vez en 1976 en The New York Times Magazine y que aparece en el último libro que publicó en vida (Let Me Tell You What I Mean, 2021), Joan Didion ensaya la respuesta a esa pregunta —una pregunta que antes de ella se hizo George Orwell en un ensayo bajo el mismo título—: Escribo precisamente para entender qué es lo que estoy pensando, qué es lo que veo y qué significa, qué es lo que quiero y qué es a lo que temo. Didion plantea la escritura como un camino de entendimiento, de entendimiento del mundo en el que se está y de entendimiento de ese estar en el mundo.
Esas palabras en 1976, cuando se publicaron por primera vez, daban testimonio de una escritora perspicaz y observadora, de una de las voces del movimiento del nuevo periodismo. Tom Wolfe en 1973 incluyó a Didion en la antología New Journalism (Nuevo periodismo) junto a Truman Capote, Norman Mailler, Terry Southern, Gay Talese, Hunrter S. Thomson y John Gregory Dune, el esposo de Didion, entre otros. Cinco años antes se publicó Slouching Towards Bethlehem (1968) en el que Didion recopiló algunos de sus artículos escritos durante la década de los 1960 y en los que mostró su profunda y atenta mirada; en ellos muestra las diversas sociedades que viven en los Estados Unidos de la época; los jóvenes inmersos en la cultura hippie los describe en su complejidad, sin idealizarlos ni estigmatizarlos. Ese primer libro de no ficción, el género en el que la industria editorial anglosajona engloba tanto ensayos como crónicas y en los que gran parte del trabajo de Didion se ha etiquetado. La escritura de Slouching Towards to Bethlehem fue una forma en la que ella pudo entender la sociedad en la que vivía y entenderse como parte de esa sociedad.
Para alcanzar ese entendimiento Joan Didion buscó reducir su propio estilo al mínimo, desaparecerlo casi, para que la observación y lo observado fueran lo que imperaran. La aspiración de un estilo sin estilo la había adquirido de sus lecturas de Ernest Hemingway; desde edad muy temprana lo leyó y estudiaba cómo construía sus frases y párrafos. Así lo plantea en Last Words, el ensayo publicado en 1998 en el New Yorker con motivo de la publicación de la última novela inédita de Hemingway —obra que, junto al mencionado Why I Write se publicó en la colección Let Me Tell You What I Mean (2021)—. La mera gramática de una oración de Hemingway impuesta por cierta manera de ver el mundo, una manera de ver, pero no unirse, una manera de pasar por, pero no quedarse; he ahí la lección que Didion asimiló para su propia obra, tanto en la ficción como en la no ficción —a la cual llevó las herramientas propias de la ficción, como otros autores del nuevo periodismo estaban haciendo también—.
En las crónicas y artículos de Didion es posible encontrar metáforas, símiles y demás figuras retóricas que hasta mediados del siglo XX no se consideraban propios del periodismo. Pero, estos recursos nunca son para embellecer la prosa; su objetivo radica en la precisión, para que quien lea tenga un acercamiento preciso a lo observado por Didion.
Y aquí pienso en su penetrante mirada. Una mujer que fue fotografiada durante la mayor parte de su vida y que tuvo cercanía con el mundo del cine y de la moda sabía cómo ser vista por la cámara. Una mujer menuda que, sin embargo, domina la fotografía, el cabello castaño con corte bob con una penetrante mirada dirigida directo a la cámara, los ojos de alguien atento e inquisitivo; la fotografía puede mostrarla en sus primeros años en la década de 1960, cuando recién se casó con Dunne —en cuyo caso ella tiene un cigarro en la mano y él está al fondo de la biblioteca—, o ella en los 1990, ya sin el cigarro y con el cabello más claro; las fotografías pueden ser en blanco y negro o a color, con el cabello cubierto por una pañoleta, o con grandes lentes oscuros, que no impiden que se adivinen sus ojos dirigidos hacia nosotros. Como esa mirada lanzada a un tiempo a la lente y al futuro espectador de la foto, así es su prosa. Didion observa, muestra y devuelve la mirada; sabe, incluso, que la escritura es una imposición y que puede llegar a ser una imposición tiránica; así lo plantea en Why I Write. Pero es en la escritura donde encuentra comprensión. Pasar de la mera imagen al entendimiento.
Antes que un personaje, una trama, una historia, Didion confiesa que tiene una imagen, sobre todo para su ficción y explica cómo esa imagen es el germen que termina desarrollándose en una u otra novela, aunque esa imagen inicial termine apareciendo apenas insinuada. Conocía el poder de las imágenes, no por nada fue guionista, junto a su esposo, de películas como Confesiones verdaderas (1981), Nace una estrella (1976) o Pánico en Needle Park (1971). Pretty Nancy, aparecido por primera vez en el Saturday Evening Post en 1968, hace un retrato de la primera dama de California: Nancy Reagan, y muestra la imagen de jardinera y ama de casa ejemplar que construye para las cámaras y los reporteros la otrora actriz: la escenificación de la esposa del actor devenido político cortando flores mientras le toman fotos y los periodistas le hacen preguntas, ninguna muy profunda, mientras Didion observa.
Esa capacidad de observación se puede apreciar en otros de los textos que se reunieron en Let Me Tell You What I Mean (2021), aparecido en español como Lo que quiero decir. A Trip to Xanadu es un recorrido por el Herst Castle, el castillo que el magnate de los periódicos se construyó en San Simeon, California. Pero quizá donde se aprecia más la relación entre la imagen y la mirada que tanto le interesaba, en esa última colección de artículos de Didion, es en Somen Women, el prólogo al libro del mismo nombre de Robert Mapplethorpe, publicado en 1989.
Let Me Tell You What I Mean fue una obra largamente esperada; reúne once textos de más de cuatro décadas, desde los años 1960 hasta el 2000. Es una buena forma de aproximarse a la obra de Didion, en la que se puede encontrar su pensamiento, esa forma de entender el mundo y a sí misma en él, con su estilo limpio. Resulta interesante que la expectativa por la publicación de este libro se debía, sobre todo, por los libros que publicó entre 2005 y 2010, así como el documental, Joan Didion: The Center Will Not Hold, que su sobrino Griffin Dunne dirigió en 2017; digo que resulta interesante porque justamente en esos libros ahonda en una dimensión que poco había explorado en su obra anterior a 2005: la personal e íntima.
The Year of Magical Thinking (2005), en español El año del pensamiento mágico, fue el primer libro de Didion que leí. Fue en 2020 en plena cuarentena por la pandemia de la COVID-19, mientras yo mismo estaba inmerso en el duelo por un amigo que fue casi un padre para mí. Señalo las circunstancias en las que lo leí porque su lectura significó mucho para mí y me permitió entender el duelo que estaba atravesando. Esa obra que fue publicitada bajo la etiqueta de no-ficción es una memoria del año que pasó a partir de la muerte de su esposo, John Gregory Dunne, el 30 de diciembre de 2003.
The Year of Magical Thinking hace un recuento no solo de cómo aconteció la muerte, en la sala de estar del departamento que compartían en Nueva York, luego de visitar a su única hija que estaba en el hospital en coma. Joan Didion, una mujer de sesenta y nueve años ve cómo los paramédicos atienden a su esposo, mientras su hija está inconsciente en el hospital.
La vida cambia de prisa.
La vida cambia en un instante.
Te sientas a cenar y la vida que conocías se acaba.
Así da inicio, frases que repite a lo largo de la obra, algunas veces con ligeras variaciones, para hacer hincapié en lo fortuito y en lo inesperado que son los accidentes: Un día normal y corriente. —Y de golpe… muerto. Didion no solo hace un recuento de su duelo, escribe para tratar de entender por qué piensa como piensa. Para entender porque se niega a regalar los zapatos de John o donar sus órganos, para entender de dónde viene el pensamiento que la hace creer que él puede volver. El pensamiento mágico del título es esa creencia de que quien ha partido puede volver, que la persona que falleció volverá y reclamará por lo que se ha hecho con sus cosas. Didion narradora observa a Joan la doliente y trata de entenderla, como lo haría si estuviera escribiendo alguno de sus artículos, con objetividad. Desmenuza los estados anímicos, el paroxismo, las cascadas de recuerdos —al duelo por John se sumó la condición de Quintana, la hija, que salió del hospital para en abril sufrir un derrame en un viaje a Los Ángeles, donde los Dunne-Didion vivieron más de veinte años y adoptaron a su hija—.
En esa búsqueda de entendimiento, entiéndase escritura, Didion confiesa que en la lectura trató de encontrar una guía, una luz, por insignificante que fuera, pero no le fue posible, o, mejor dicho, no encontró lo que buscaba. Teniendo en cuenta que el dolor por la muerte de un ser querido es la más general de las aflicciones, me sorprendió encontrar tan poca literatura al respecto.
En 2005 se publicó The Year of Magical Thinking y fue un éxito. Mientras lo promocionaba, su hija Quintana volvió al hospital y murió. En cuestión de veinte meses Joan Didion perdió a su familia inmediata, al hombre con el que estuvo casada casi cuarenta años y a la hija que ambos adoptaron, que ni siquiera alcanzó a cumplir los cuarenta.
Ante esa pérdida Didion hizo lo que sabía, entender su dolor a través de la escritura. En 2011 se publicó Blue Nights, el libro que da cuenta de la vida y la relación que Didion tuvo con su hija Quintana Roo —Joan y John la nombraron así por el territorio mexicano que en 1974 fue estado—. Quintana nació en Los Ángeles y fue adoptada nada más nacer por los Dunne en 1966, la pareja tenía dos años de haberse casado y mudado a la costa oeste. La adopción marcó a Quintana, el haber sido escogida fue un factor que se mantuvo de una u otra forma presente para ella a lo largo de su vida, el temor de que ya no la volvieran a escoger. Didion, en Blue Nights analiza su papel como madre, desmenuza su relación con su hija y cómo fue su muerte. Y aunque ahonda en el dolor y la pérdida, como en The Year of Magical Thinking, hay también una profunda mirada sobre la maternidad y las fallas que siempre implica —confiesa no haber tenido éxito como madre, una confesión nada sencilla para una mujer que a los setenta y cinco (escribió el libro en 2010) se ve sola— y hay, también, mucha ternura.
La lectura de Didion ha sido para mí de mucho aprendizaje, de aprendizaje de los temas y países que visita y ve, pero también sobre el oficio de escritor y de la escritura misma. Joan Didion me ha permitido apreciar que la escritura es un proceso, un proceso en el que se da el entendimiento, en el que podemos entender los temas sobre los que se escribe, pero también a nosotros como escritores, entender las razones que nos llevan a escribir sobre un tema y no otro o porque ese tema lo escribimos desde un ángulo particular. Escribo para entender, dejó escrito en Why I Write y abrazo esa afirmación porque la escritura se puede entender como una vía de entendimiento, de conocimiento.




