A la mitad del rosario de los días me detengo apenas para entrar de lleno en el pozo diario: se parecen tanto las mañanas antes de despertarlas que me quedo más tiempo en la bruma, no recuerdo en dónde quedó el hilo y me prendo al vuelo de alguna señal, no sé todavía si es miércoles (los lunes son brote temprano y los domingos sin nubes no tienen raíz) y no me parece que ningún canto sobresalga de entre el verde que por ahora sólo es monocromía.