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Quizá el nacionalismo mexicano es el más apantallable de todos los que existen: basta la adulación mínima para volcar nuestros ánimos y devoción hacia quien la pronuncia.
Esa mañana del 23 de mayo de 1982, luego de abrir infructuosamente y por última vez el buzón de su casa en el 4 rue Martel, en París, Julio Cortázar y Carol Dunlop entendieron que dos semanas eran más que suficientes para responder a la modesta petición que habían hecho al Señor Director de la Sociedad de las Autopistas.