Sin afán de apelar a una autoridad inmerecida frente a mi lector, le cuento que, revisando un cuaderno de apuntes, di con algo que Eliot Weinberger me dijo en una conversación fortuita en Banff, Canadá, en 2011: “El ensayo nunca ha tenido una vanguardia”.
Cada calle es una calle sola sin otras que a simple vista la crucen por amenazantes, son pocas y bien largas, lo suficiente para huir a tiempo si vivís justo en el medio de una calle que está en una manzana larguísima equivalente a tres cuadras y escuchás el ruido de los invasores o de los que quieren deportarte, llevarte a una guerra matarte de frío, de hambre, de venenos buscarte para ir a lugares desconocidos que tienen demasiadas calles, tres calles donde en las colonias hay una sola, con el número correspondiente de esquinas por donde doblan y pueden acceder rápido a todas las casas robar chicos, secuestrar comida, usurpar violar a las rubias, rayar los pisos, desparramar las piedritas, arrastrar macetas romper los jardines y las verjas pintadas.
¿Qué veíamos en los perros?
¿Qué veíamos en los perros? La agilidad de los galgos no alcanzaba y los hombres necesitaban meter sustancias en sus cuerpos.
Dos poemas
Así como si no hubiese transcurrido el día que limpió el polvo del aire, las cenizas dentro del viento frío que parece estático pero que en verdad está en movimiento, las estrellas una por una aparecieron y nosotros vimos nuevamente el cielo.
2001
Me acuerdo de que una tarde de sábado del año 2001, debe haber sido octubre o noviembre… no, creo que más bien, fines de noviembre, me vestí con un traje color turquesa que tenía un estampado de caballos.