“Primera masturbación” Y “Juego de niños”
PRIMERA MASTURBACIÓN
Husmea no sin temor un joven
entre aquella ropa que arrinconó su primo
y al hallar la evidencia oscura
los textiles de una prenda usada
estruja en su pecho la hebra endurecida
de algodón con elástico
En la privacidad de esta alcoba
que ha quedado a merced del polvo
de atronadores murmullos en una casa vacía
los destellos del sol azuzan
estos minutos de pureza y crimen
la urgencia por irse aproximando la trusa
No ahonda él en razones sino
en la agitación amasando su cuerpo
vecindad de una carne desvanecida
cierta calidez en el aire
y esa erección floreciendo con premura
bajo la mano que entumece
No apura el ritmo de la sangre en expansión
la bestia que no para de crecer en su pecho
sino el deseo escurriéndose
con lentitud como herida
para cubrir su nombre bajo el silencio
acumulado entre la estera
Puede pensar después en excusas
justificaciones que resanen
las grietas de su coartada
ahora se engancha sin más en sí mismo
el placer una ventana al recuerdo
los días que el otro le enseñó a jugar fútbol
Y en un par de minutos
luego de recrear en la memoria
los brazos el pecho los muslos más grandes
descubrirá en los ojos
mudos de su primo
que éste olvidó al salir
su trabajo de biología
en la mesa de enfrente.
JUEGO DE NIÑOS
El niño juega a ponerse
los zapatos rojos de su madre
aunque lo acecha el temor
de que su hermano lo descubra
que espíe de nuevo
esa cintura quebrada
las manos que revolotean
mas rehúsan atrapar balones
ojos que buscan
contonearse
la última ocasión
lo sorprendió frente al espejo
lo delató con sus primos
le apedrearon voz y piernas
para hacerlo más hombre
después llegó el turno
de acusarlo con ella
lo llevó un tiempo con sus tíos
llamó al gabacho a su padre
cuando trajeron de vuelta
aquellas pupilas
seguramente labradas a puños
ese deseo enterrado
esa herida impuesta
ya usaba casquete corto
un paso más recto
cierta rabia ahuyentándole la voz
que le entumía la sangre
el niño juega a vestir
los zapatos rojos de su madre
mas no se imagina
que en esta ocasión
no fue su hermano
quien lanzó la advertencia
la terrible bengala a esa mujer
que regresó temprano a casa
y ahora permanece atónita
inmóvil
luego de abrir
la puerta
y petrificar un grito
en el aire.




