Tierra Adentro

I

Quizá el nacionalismo mexicano es el más apantallable de todos los que existen: basta la adulación mínima para volcar nuestros ánimos y devoción hacia quien la pronuncia. En ciertas parcelas de la Tierra abundan países aguerridos que piensan en la diplomacia como un ejercicio delirante del que siempre hay que desconfiar. Son muchos los pueblos que encuentran estéril la idea de compartirse con el mundo, convencidos generacionalmente de los motivos que respaldan su superioridad. Otros chauvinismos se arremolinan con recelo en el interior de una frontera, fusil en mano y grito por delante. No el mexicano. La mayor seña de nuestra frivolidad patriotera es la urgencia de admiración ajena, ridícula e inamovible.

Se necesita apenas una búsqueda para comprobarlo. Quien entre a YouTube puede malgastar semanas enteras de su existencia consumiendo un género de contenido que explota los vicios de nuestro nacionalismo caricaturesco, nuestra parafernalia de cempasúchil y papel picado, nuestras necedades vueltas tradición. Contenido sobre la mexicanidad hecho, en paradójica exaltación, por extranjeros.

Es suficiente teclear la misma fórmula en la barra de búsqueda para que broten videoblogs de europeos y asiáticos adulando al país, con cientos de miles de visualizaciones (millones en los casos más notables). De unos años a la fecha, las redes se colmaron de influencers a los que no les hizo falta más que darnos besitos en los tanates para que los cobijáramos con cariño y fama. Enumero ejemplos bochornosamente reales de videorreacciones disponibles en YouTube: 

GRINGOS SALTAMUROS: MILES DE ESTADOUNIDENSES MIGRAN A MÉXICO PARA VIVIR EL SUEÑO MEXICANO | REACCION

LA RAZÓN POR LA QUE RUSIA SIEMPRE APOYARÁ a MÉXICO en CASO de GUERRA | RUSOS REACCIONAN a MEXICO

ESPAÑOLES REACCIONAN a MEXICO en 5 MINUTOS **el MEJOR PAÍS del MUNDO!!!!**

COREANA TEMIA IR A MÉXICO HASTA QUE LO CONOCIÓ | AHORA QUIERE SER MEXICANA

¡No tenemos nada como esto en Japón! | Reacción al Grito de Independencia 2022 de López Obrador

Ad nauseam.  

Entiendo que esta gente graba sus videos zalameros por el mismo motivo que orilla a otros a robar con cuchillo en mano o trabajar dentro de una oficina: para no quedarse sin comer. Aprendieron que el nacionalismo es el más redituable de nuestros negocios y la más filosa de nuestras guillotinas.

II

Recuerdo el primero de los incidentes del que me enteré. Tenía diez años y, por fortuna, acceso limitado a internet. Las oleadas de indignación no llegaron a mí por comentarios en Facebook, sino por los gimoteos salidos de la radio y la televisión nacional. A inicios de 2011, los presentadores del programa inglés Top Gear dedicaron unos minutos a burlarse del Mastretta MXT: el primer auto deportivo mexicano de la historia. Aprovecharon la inercia para ironizar las posibles limitantes del auto, pues, al igual que los mexicanos, corría el riesgo de ser perezoso y flatulento.

En un país normal ⸺o al menos en uno en el que no faltasen personas con tres neuronas entre la frente y la nuca⸺ comentarios por estilo habrían sido ignorados o, en su defecto, contestados con un despliegue de ingenio que sirviera para refutar el chiste que resultó ofensivo en primer lugar. En un país normal ⸺o al menos en uno donde la prioridad de la agenda pública no fuera el crimen organizado y la corrupción en toda escala⸺ el tema habría pasado inadvertido. En un país normal, el embajador en turno no le habría escrito una carta a la BBC exigiendo disculpas públicas por unas cuantas burlas de mal gusto que hirieron una susceptibilidad común.

Nuestro orgullo se delató blandengue cuando un incidente tan frívolo nos obligó a justificar entre pataletas, las bondades gastronómicas, turísticas, culturales y arquitectónicas de este gran, grandioso país.  (Grandioso país que tiene la bandera más bonita y el segundo mejor himno del mundo, so-lo-por-de-trás-de-la-Mar-se-lle-sa).

Esta reactividad es un defecto de formación. Lunes tras lunes amontonamos a nuestros niños y niñas bajo la excusa del performance cívico. Tratando de convencerlos de que son los soldados que el cielo le dio a su patria, los convertimos más bien en un ejército de linchadores acomplejados.

Desde la infancia entendemos que el amor por la patria debe ser absolutista. Quizá es por esto que buena parte de la pantomima mexicana consiste en mostrar desprecio por las manifestaciones liminales de la identidad nacional. Recelosos de sus actas, en este lado de la frontera les negamos su mexicanidad a los nacidos en el extranjero y, al mismo tiempo, nos burlamos de sus facciones y de sus apellidos, tan innegablemente iguales a los nuestros.

Al igual que muchas otras, la familia de Yahritza Martínez sufrió de primera mano la cólera del resentimiento mexicanista. A inicios de 2023, los hermanos Yahritza, Jairo y Armando se habían posicionado alto entre los charts de música del país gracias a las canciones con las que fusionaron los géneros del regional mexicano y el sierreño urbano: mezcla común entre otros artistas que comparten la condición de ser hijos de migrantes. El 29 de julio, incluso, el presidente recomendó a la audiencia de su conferencia Mañanera que escuchara Frágil, sencillo en el que los hermanos colaboraron con Grupo Frontera.

Las cosas iban bien hasta que llegó agosto y con él la resurrección de una entrevista vieja que Yahritza y sus hermanos presentaron durante una gira a inicios de año. Con el desenfado esperable en tres jóvenes de dieciséis, dieciocho y veinticinco años, al ser cuestionados sobre su experiencia en Ciudad de México respondieron que no les agradaba el ruido y que no terminaban de acostumbrarse a la comida, pues tenía una diferencia de sazón con la de Washington. De nuevo: en un país normal, sus comentarios habrían pasado inadvertidos. Pero no en este. Tras una viralización desafortunada de la entrevista, surgieron memes que pronto abandonaron la comedia y se empotraron en las holguras del racismo que nos es tan familiar. ¿Cómo era posible que hijos de migrantes michoacanos no aprovecharan la ocasión mínima para llenar de halagos una tierra en la que no se criaron y una cultura de la que no forman parte? ¿Cómo se atrevieron a quejarse de nuestro picante?

Su experiencia de la mexicanidad es tan genuina como cualquier otra y, sin embargo, fue despreciada por no encarnarse del modo fársico que nuestras fantasías exigen. Más les habría valido mentir, simular un amor inexistente por una ciudad ajena, manifestar una nostalgia ficticia por una infancia que no vivieron. Bajo el signo de esta contradicción, nació el fenómeno del que hablé en los primeros párrafos de este texto: de forma acrítica, alabamos a quienes nos alaban, sin importar que sus cumplidos patrioteros sean una versión deformada y más bien patética de la realidad.

III

La escena es dolorosamente común, caricaturesca casi. Un tío —a veces dos— dilata la espera del postre durante alguna cena familiar mientras se pregunta, sobándose el vientre o la mancha de su alopecia, cómo comenzar una discusión innecesaria. ¿Se quejará acaso de la última manifestación de la que se enteró por las noticias? ¿Mirando el tinte del cabello de una de sus sobrinas dirá que a las feministas lo que les hace falta es que se las cojan? ¿Le preguntará al sobrino de al lado por qué siempre viene acompañado por su roomie?

Si la fortuna es amable, se limitará a quejarse de algo abstracto, como el gobierno o la moral en turno. Con la patente del agua tibia en mano, asegurará que las cosas andan mal porque nos rigen políticos corruptos e incompetentes. Y peor: gente que no ama a nuestro país. Iluminado, antes de darle un trago a su Carta Blanca le dirá a quien tenga la desgracia de escucharlo:

—¿Saben qué es lo que necesitamos? Que nos gobierne un cabrón que ame a México, que dé la vida por él. Necesitamos un Maximiliano, otra vez.—