Tierra Adentro
Fotograma de video campaña contra la piratería. Canacine, 2005.
Fotograma de video campaña contra la piratería. Canacine, 2005.

Esta es la historia del cinéfilo impaciente, tumbado en el sofá de su casa frente a la televisión. En la comodidad de su sala, hay un estreno de cine con un audio apenas comprensible. La definición de la imagen es aún peor: los actores aparecen desenfocados y son reemplazados por un par de sombras pequeñas, cuyos murmullos acompañan los diálogos de la película.

También es el relato del chico entusiasmado por ver el último éxito de taquilla, con ayuda de su reproductor DVD. Antes de disfrutarlo, tiene que toparse con un asalto a la moral en menos de dos minutos. Este llamado a la honestidad es un video, protagonizado por una madre que, sin quererlo, da un mal ejemplo a sus hijos tras comprar una película pirata, delito equivalente a un robo, según el cortometraje de la campaña antipiratería.

Esta es la historia de la sociedad mexicana con las películas pirata. Desde 2016, al menos 34.8 millones de mexicanos compraron DVDs apócrifos. En 2022, con la proliferación de blogs en línea, hubo 3.5 millones de visitas a sitios web piratas, de acuerdo con los análisis de México realizados por la empresa MUSO, dedicada a recopilar información sobre el consumo de piratería.

 

El romance con la piratería 

Debido a la incidencia en este delito, México ocupa el primer lugar en piratería en América Latina, conforme a Cámara Nacional de la Industria de Transformación (Canacintra). Los resultados del 2022 también indicaron que uno de cada tres productos vendidos en el país proviene del mercado ilegal.

La presencia de la piratería puede rastrearse en un testimonio de hace 30 años. Era 1989, mientras Michael Keaton conquistaba Hollywood con su traje musculoso de Batman, y Disney contaba la historia de una sirena obsesionada por formar parte del mundo humano; Claudia Gómez, una niña de 12 años en ese entonces, descubría el VHS pirata de El color Púrpura, disponible en una sala modesta como cualquier otra de Azcapotzalco, CDMX, tras la devaluación del peso 1982. 

“Mi tío Efrén organizaba los viernes de películas para alejar a los chicos de la violencia en las calles”, recuerda Claudia. Cada fin de semana, la chica esperaba emocionada el final de la escuela. Tenía una cita a las 5 p.m. para ver a uno de los amores de su vida: el cine. 

Una vieja videocasetera se convirtió en el proyector de grandes clásicos. Desde El mago de Oz hasta El niño de piedra, Claudia revivió las películas icónicas de Estados Unidos y México; ¿cuáles eran sus favoritas?, los filmes ochenteros de terror. 

De acuerdo con American Chamber Mexico en su estudio, Piratería en México: Diagnóstico de la oferta y de las acciones institucionales, publicado en julio del 2020, las décadas de los setenta y ochenta fueron considerados por los entrevistados como puntos de inflexión en la industria de la piratería mexicana.

En aquel entonces poco importaba de dónde venían los VHS, la cuestión era adónde llevarían cuando los reprodujeran, ¿a un cementerio maldito?, ¿a un pueblo pobre de Norteamérica con payasos en las alcantarillas?, ¿llevarían a los colmillos sanguinolentos de un perro San Bernardo con rabia o a la excursión de un cuarteto de amigos incondicionales? Claudia estuvo en esos lugares, a través de las copias piratas de las adaptaciones basadas en novelas de Stephen King.

Claudia, entre risas, confiesa que sus tíos tuvieron que comprar más de una vez varios casetes de su colección apócrifa. “Veía tantas veces las mismas cintas que se destruían, en especial la de El color púrpura”.

Los VHS piratas eran de menor calidad que los originales, o así lo eran hasta inicios de 1990, cuando Javier Nava trabajaba en una consolidada distribuidora VHS llamada Videomax. Conducía un auto de la empresa para distribuir películas de pequeñas productoras, recorría ciudades de otros estados mientras gozaba de la prosperidad de 1992.

Entre sus clientes, había uno que comparaba los VHS originales con los apócrifos. “La diferencia era notable porque las películas pirata comenzaban a desgastarse, o borraban fragmentos de una cinta después de reproducirla varias veces”, explica Javier. Respecto al costo, recuerda que un VHS original costaba lo equivalente a 500 pesos actuales; “mientras que uno pirata te salía de 90 pesos para abajo. Mucho más barato para cualquiera en ese tiempo”. 

Javier cumplió 33 años cuando dejó su trabajo en Videomax. Ahora, con 61 años, recuerda 1994 por una razón además de la crisis económica y su renuncia. El cliente de las películas pirata rechazó por primera vez, en dos años de negocios, comprar una cinta original. “Mejor yo te vendo una a ti”, dijo él con tanta seguridad que convirtió a su proveedor en su comprador.

Aquel día, regresó a casa con un VHS pirata de 70 pesos que llevaba por título La Máscara. Cuando terminó de verla, Javier tuvo una certeza además de que el largometraje se convertiría en un clásico en la filmografía de Jim Carrey: la copia había alcanzado calidad de original y mantenía la cinta en buen estado después de varias reproducciones. El negocio de las películas llegaba a su fin.

 

Un negocio basado en pérdidas para el cine

Con la llegada de los DVD a México en 1999, la piratería tuvo que adaptarse al nuevo formato. Para el 2005, 8 de cada 10 películas compradas en el país fueron pirata, lo equivalente a 3 mil 800 millones de pesos en pérdidas. El cine tuvo 40 millones de butacas vacías, de acuerdo con Francisco Guerra, el entonces director del Programa Antipiratería en México de la Motion Picture Association of America (MPA).

El problema fue tan grave que, en marzo de ese mismo año, la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica y del Videograma (Canacine) lanzó una campaña de publicidad antipiratería. Se trataba de comerciales para televisión y cine, dirigidos por Carlos Sama (Sin ton ni Sonia), de la productora Catatonia Films, con la participación de la agencia de publicidad Euro RSCG, a cargo de Pepe Beker.

Los cortos buscaban concientizar a la población sobre los daños de este delito, sin satanizar a quienes incurren en él. La campaña fue popular, aunque por razones distintas. Los DVDs piratas fueron el medio ideal para propagar los comerciales, pero tuvieron una baja efectividad en la población.

Los tipos de películas pirata que mostraban estos cortos son conocidos como clones, cuyo formato llamado RIP alcanza una mayor fidelidad a la calidad de los DVDs originales y su contenido. El “ripping”, proceso en el que una persona graba con una cámara la película desde la sala de cine, había quedado en el pasado; aunque nunca salieron del mercado ilegal.

Carlos es un exvendedor de películas pirata, y decidió usar este pseudónimo para hablar de los siete mil pesos que obtenía en dos días de comerciar DVDs apócrifos, tanto formato RIP como ripping. El hombre recuerda cómo el 2005 estuvo marcado por sus viajes a Tepito, CDMX, para surtir su mercancía y revenderla en su puesto de nueve metros de su natal Michoacán.

“Era un negocio muy redituable, comenzó como un experimento hasta que las personas iban exclusivamente a comprarme películas”. Carlos asegura que conseguía los DVDs en tres pesos, y en Michoacán los vendía en 10 pesos, “era una ganancia de cinco mil pesos, un poco más cuando la mercancía se terminaba en una tarde”.

En opinión de Carlos, uno puede conocer a cualquier sociedad a través del cine que consume. En Michoacán, “la gente normaliza la violencia del crimen organizado, por eso compraban películas de los hermanos Almada, sobre balaceras a cada rato”. Los tiroteos y enfrentamientos entre cárteles en ese estado se intensificaron en 2006, un año marcado por el inicio de la Guerra contra el narco.

Carlos resintió la presencia de las redes criminales desde los últimos meses del 2005, cuando escuchó rumores de que una banda delictiva tomaría el control del mercado donde trabajaba. “A nosotros nos dijeron que pasarían a visitarnos”, cuenta el antes vendedor de piratería.

Como medida preventiva, Carlos dejó a sus hijos en casa, pues con ellos solía armar su puesto de películas. “Un domingo, llegaron tres fulanos y me enseñaron las armas que llevan en sus cinturones”. Los hombres obligaron a sentarse al comerciante mientras ellos permanecían de pie, para reafirmar su autoridad.

Uno de ellos tomó otra silla del puesto y se inclinó hacia Carlos mientras explicaba que el puesto comenzaría a vender películas pirata producidas en otro lugar. “Me entregó un papel en el que venía una dirección”. El sitio era una bodega donde se distribuían productos apócrifos. Antes de que los tres hombres se fueran, el mismo sujeto los presentó: “nosotros somos gente de la última letra del abecedario”.

El entonces vendedor se enteró después que los Zetas querían expandir su dominio en el territorio de la Familia Michoacana. Desde ese día, decidió dejar de vender piratería. Han pasado casi 18 años y Carlos aún está inseguro de hablar sobre el tema. No teme a la policía; sino al narco. “Las cosas están muy mal aquí en Michoacán”.

Es cierto, el panorama es el mismo desde el 2005 hasta la fecha. Los Zetas y la Familia Michoacana demarcan puntos de distribución y controlan el tráfico de piratería en las fronteras de su estado.

 

Un fantasma de la década anterior 

Carlos reconoce que el negocio de los DVDs pirata dejó de ser rentable como hace una década atrás, debido a la llegada de los servicios streaming; sin embargo, el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) aseguró 3.4 millones de productos falsificados en 2021, además alertó que México es el segundo país con mayor número de descargas de películas apócrifas.

Esta situación ha sido constante desde los últimos ocho años. En 2014, el MPA reportó que debido a este delito, el cine perdió 340 millones de dólares. En 2017, la Encuesta para la Medición de la Piratería en México reveló que 41.9 millones de mexicanos compraron piratería física y online de música, películas, libros, pintura y escultura.

En el 2019, este delito representó el 1.2% del PIB y costó 43,000 millones de pesos anuales a nuestro país, de acuerdo con la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo de los Estados Unidos Mexicanos (Concanaco). Durante ese mismo año, los resultados de la Encuesta Nacional Hábitos Consumo Piratería arrojaron que los productos piratas más consumidos son las películas, con el 39% de los encuestados que admitieron comprarlas.

Para el 2021, el Estudio Nacional sobre Hábitos de Consumo de Piratería concluyó en que el 22% de los encuestados aceptó haber comprado películas pirata. Respecto a estos índices, Carlos y Claudia los explican de forma pragmática, al asegurar que la compra de estos productos se debe al escaso poder adquisitivo de las familias mexicanas.

Claudia ahora es madre de dos hijos, a quienes compartió los clásicos que vio cuando niña, solo que esta vez lo hace por medio de DVDs piratas. Ella admite que es una mala conducta comprar este tipo de productos, “pero son un mal que le regala un momento mágico a quienes no tenemos para comprar las películas originales”.

Las películas piratas son el fantasma de la sociedad mexicana. Revelan testimonios de la marginalidad presente a lo largo de casi 30 años y los daños que ha ocasionado a la industria cinematográfica.

La relación de México con este delito es un relato complejo, como los problemas estructurales de la contemporaneidad. Claudia, ahora una mujer de 45 años, puede percatarse de ello y se abruma por el papel que el narco interpreta en la trama de la piratería. Esa cercanía con el horror es la que revive cuando se sienta a ver sus películas de terror favoritas. Aquellas historias terribles abrieron puertas en su alma cuando era niña.

Al preguntarle sobre su filme preferido de aquellos años, ella evoca un relato clásico sobre un hotel embrujado, donde los fantasmas intentan destruir a un niño con poderes psíquicos. Contrario a lo esperado, el chico logra sobrevivir por su extraordinario don, una representación del poder de la niñez.

Quizá por esa metáfora, cada vez que Claudia ve una película, vuelve a su pasado. El faro de aquellas memorias es un cúmulo de VHS piratas, cintas que alimentaron el resplandor de su infancia ante una colonia ensombrecida por la violencia.

 

Fuentes y referencias: 

https://www.jornada.com.mx/2006/01/26/index.php?section=espectaculos&article=a12n1esp 

https://www.google.com/amp/s/www.eleconomista.com.mx/amp/arteseideas/Cine-pierde-US340-millones-por-pirateria-20160321-0016.html 

https://idconline.mx/corporativo/2022/06/23/mexico-en-los-primeros-lugares-de-pirateria 

https://www.jornada.com.mx/2019/01/06/economia/014n1eco 

https://www.google.com/amp/s/www.eleconomista.com.mx/amp/arteseideas/Mexicanos-aceptan-la-pirateria-20171025-0173.html 

https://contralinea.com.mx/interno/semana/redes-criminales-controlan-pirateria-en-mexico/ 

https://cio.com.mx/mexico-ocupa-el-puesto-13-en-el-ranking-mundial-de-accesos-a-sitios-web-de-pirateria/ 

http://bibliodigitalibd.senado.gob.mx/bitstream/handle/123456789/1950/CI-22.pdf?sequence=1&isAllowed=y 

https://www.eleconomista.com.mx/arteseideas/Mexicanos-aceptan-la-pirateria-20171025-0173.html 

https://contralinea.com.mx/interno/semana/por-pirateria-impi-destruyo-1-8-millones-de-productos-y-aplico-multas-por-43-millones/https://www.jornada.com.mx/2005/03/02/index.php?section=espectaculos&article=a12n1esp 

https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/763744/Encuesta_Nacional_Ha_bitos_Consumo_Pirateri_a._cuantitativo_2021_compressed.pdf 

https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/538431/Encuesta_Nacional_RESULTADOS_CUANTITATIVOS_2019_compressed.pdf 

https://elpais.com/mexico/2022-12-19/el-terror-de-la-familia-michoacana-el-longevo-cartel-mexicano-que-aun-busca-imponer-su-ley-de-plomo.html

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Fotografía cortesía de la autora
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