El Museo Nacional de Arte (MUNAL) alberga desde el 23 de agosto y hasta el 17 de octubre la exposición fotográfica México a través de la fotografía, la cual plantea un recorrido por la historia de nuestro país. En ella, 300 imágenes de artistas como Manuel Álvarez Bravo, Nacho López, los hermanos Mayo, Graciela Iturbide, Jean F. Prelier, Luis G. Campa, Pedro Valtierra, Elsa Medina , Gerardo Suter, entre otros, refieren, por una parte, a dejar testimono del México en desarrollo, de la mano con el tránsito del uso y avance de nuevas técnicas fotográficas a lo largo de más de siglo y medio. La muestra tiene como pie de partida el año 1939 y concluye en el presente, dejando muestra de la memoria colectiva de un México pre industrializado, rural, desigual y lleno de matices visuales, hasta la metropolización del país y su presente inmediato, para dejar testimonio visual de un país multiforme.
Museo Nacional de Arte (MUNAL)
Tacuba 8, Centro Histórico,
México, D.F.
Teléfono: 51-30-34-00,
Correo electrónico: contacto@munal.inba.gob.mx
Fecha de término: 17 de noviembre de 2013
Sede: Sala de Exposiciones Temporales
Tijuana, again, ha despertado. Lo escribo celebrante, contenta. Siendo partícipe-artífice de esta época jovial. En el transcurso de doce años (que en realidad son pocos), he tenido la experiencia de vivir en esta ciudad algunas etapas urbano-sociales que aluden a contrastes específicos, fácilmente observables. Cómo olvidar las nubes negras de ceniza sobre el año 2003, o los secuestros pandecadadía en 2006, o las balaceras adentro de restaurantes, hospitales y guarderías en 2007. Puntos más, puntos menos, pero siempre “Leyenda negra”, full time. Claro, no dejo de lado la subjetividad de mis aportes. Visión personal; sin embargo, estos registros dan pie para celebrar —en este momento— las intensidades con las que una ciudad tan controversial, tan fatal y geográficamente trazada — con andrógina andréica falla—, denostada y por lo mismo, envidiada también, convive y hecha mano de su multiversatilidad y posibilidades para provocar y consecuentemente crear, construir cultura: Inmoral mito. Tijuana multiplicada no dividida. Amalgamadoramente Tijuana.
Presento por ahora sólo dos ejemplos culturales del actual contexto transfronterizo:
Cartel Bordocs. Foro documental
Desde el 6 al 14 de septiembre, se lleva a cabo BorDocs. Foro Documental, “un espacio pionero en México en el campo de la educación y exhibición especializada en formas emergentes del cine y el video agrupadas bajo el término documental”.Este año BorDocs festeja su décimo aniversario luego de una secuencia relevante de trabajo y esfuerzo en cinco emisiones. Trayectoria forjada en 2003 a partir de la idea de un festival de documental vinculando a las tres ciudades más importantes de California (San Diego, Los Ángeles, San Francisco) hasta la concreción de un foro comunal e incluyente que hoy vincula a varias instituciones nacionales e internacionales, y lo sitúa en el primer lugar de espacios especializados en este tópico en el norte del país.
Un equipo de producción lleva a cabo la realización de BorDocs. Foro Documental, bajo la dirección de Itzel Martínez del Cañizo en la programación, Adriana Trujillo en la dirección escénica y José Inerzia en la dirección ejecutiva.
Son diversas las actividades que este foro propone entre las ciudades de Tijuana, Mexicali y Ensenada. Talleres, conferencias y clases magistrales, exhibiciones de cortos y largometrajes, así como el primer rally documental RETO DOCS TJ. Los invitados especiales en esta edición son: Lynne Sachs (EU), Michael Renov (EU), Antonio Weinrichter (España), Christiane Burkhard (Alemania), Everardo González (EU-México), Nuria Ibáñez (España-México), Inti Cordera (México), Clementina Mantellini (México), Tarek Elhaik (Marruecos), Pau Montagud (España) y Fiamma Montezemolo (Italia).
En la presente emisión del foro, se lanzó por primera vez la convocatoria para producir un documental en cien horas entre el 29 de agosto y el 2 de septiembre. A esta dinámica le han llamado RETO DOCS TJ. Fueron seleccionados cinco equipos que realizaron una edición para distribución y una proyección especial para el jueves 12 de septiembre. Estos documentales serán proyectados en la cineteca Carlos Monsiváis del Centro Cultural Tijuana (Cecut). La convocatoria fue lanzada en colaboración con la Universidad de Baja California (UABC), El Colegio de la Frontera Norte (El Colef) y DOCSDF.
Dejo aquí la nota y dejo aquí el link para quien quiera entrar a consultar programa, calendario y todo lo relacionado con “BorDocs”: aquí.
Pasaje Gómez.
Tijuana Art walk
El 11 de septiembre de 2013, se conmemoró el 40 aniversario del golpe militar en Chile. También se cumplieron doce años del ataque terrorista en Nueva York. El once de septiembre sin duda, lleva una fuerte carga histórica. La intención de mencionar esos dos datos, es precisamente, marcar el tiempo en relación a las dinámicas sociales, culturales y urbanas del contexto tijuanense. ¿Qué sucedió en Tijuana luego del atentado en Nueva York hace doce años? La Revolución se vino abajo. Hago hincapié en que con esta infeliz frase aludo únicamente a la arteria principal de esta ciudad: La avenida Revolución. Como bien sabemos, la otra revolución, se vino abajo en 1929, diecinueve años luego de su inicio.
Algunos meses después del 11 de septiembre de 2001, desolación, abandono, silencio fueron el único turismo local y extranjero que poco a poco habitó las calles. El turismo norteamericano de antaño tuvo que acatar las nuevas reglas y leyes de su país, que triplicó requisitos de salida y entrada tanto a sus ciudadanos como a visitantes. Durante los años 2007 y 2008 las guerras del narco, el pleito de plazas territoriales y el miedo fungieron como actores principales en el cotidiano de la ciudad. La gente prefería la seguridad de las casas, el salir y volver rápido de trabajos, escuelas, negocios. Parecía Tijuana en muchas áreas y recovecos la proyección de una película de Troma Entertainment, donde luego de una devastadora masacre, la ciudad en ruinas, apenas murmuraba.
Es significativo entonces que se reconozca no un auge precisamente sino un despertar social, luego de que los años más difíciles de la primera década del siglo XXI han pasado. A partir de 2009, cuando el narco decidió desplazarse hacia Tamaulipas, Zacatecas, Monterrey a pelear plazas de allá, Tijuana tuvo un respiro, una recuperación que si bien ha sido lenta, ha permitido que poco a poco, las dinámicas y actividades sociales se gesten y consoliden proyectos varios, incluso en el medio cultural. Una de las manifestaciones más visibles ha sido justamente en el centro de la ciudad. Este centro tijuanense tan particular porque precisamente no tiene centro. El trazo urbano se conforma a manera de cuadrícula, con calles paralelas y perpendiculares conectadas entre ellas también por angostos pasajes o callejones. Los pasajes aledaños a la avenida Revolución (alias La Revu), son los que ahora han tomado un papel protagónico en la escena cultural. En ellos se ha iniciado una serie de interacciones entre artistas, audiencia y comerciantes. Específicamente hablo del Pasaje Rodríguez y del Pasaje Gómez. Cada uno merece una entrada a este blog, desmenuzada y precisa. Por ahora comentaré sobre una de las actividades que se llevará a cabo este sábado 14 de septiembre, de 12:00 p. m. a 12:00 a. m.: la cuarta emisión del Art Walk.
Práctica común en los Estados Unidos desde hace varias décadas, como también en Latinoamérica, esta interacción denominada Art walk (“paseo del arte”) se ha llevado a cabo en la ciudad de Tijuana, ahora en el Pasaje Gómez (ubicado entre Avenida Revolución y calle Madero, entre calle 3ª y 4ª) con el objetivo principal de cultivar y promover colaboraciones entre artistas y comerciantes. El público como audiencia es el tercer elemento importante. La convivencia permite generar una aproximación con artistas locales y específicamente con su trabajo de manera orgánica. Talleres de artistas, galerías, centros culturales, cafeterías, pequeños restaurantes, músicos, se organizan comunitariamente para financiar la actividad; algunas dependencias culturales también participan con el apoyo a través de talleres específicos como los cuenta cuentos o talleres infantiles. No obstante, 90 % del financiamiento es un esfuerzo del comité organizador.
Los beneficios son varios, como los tacos. Entre ellos, la influencia e incidencia en la percepción del contexto social: dan más ganas de salir a la calle, hay propuestas interesantes activas, hay ruido, risa, expectación. Particularmente, como lo expliqué párrafos atrás, la zona centro había caído en una especie de catalepsia urbana. En estos días, estos meses, en los últimos cuatro años la ciudad se recupera, vuelve a transformarse, vuelve a otorgar a sus habitantes una sensación más viva, participativa, natural, comunal. Inmersa sí en su particular problemática de ciudad transfronteriza, pero acorde a su circunstancia. He de decir que no puedo dejar de lado el hecho de mencionar que existen colonias en esta ciudad donde ni pavimento, ni luz, ni agua, hay. En definitiva, queda mucho por hacer, pero actividades de esta naturaleza, estoy segura, ayudan poco a poco a sanar la herida.
Pasajes
*curios: Refiere al término curious, de mexican curious utilizado por los norteamericanos para definir los puestos y locales de artesanía típica mexicana.
Gilberto Owen fue, durante mucho tiempo, uno de los poetas menos reconocidos de la generación de Contemporáneos en la que hubo nombres como José Gorostiza, Carlos Pellicer, Xavier Villaurrutia o, el más mediático de todos, Salvador Novo. Tal vez eso sucedió como consecuencia de su poca producción literaria, de lo descuidado que era para conservar sus propios poemas, de sus viajes en misión diplomática que lo tuvieron lejos del ambiente literario y, finalmente, de su trágica y prematura muerte; el tomo de sus obras es el más magro de los integrantes de esa generación: poco más de 300 páginas. Owen no figura en algunas de las antologías de la poesía mexicana del siglo XX más importantes que se hicieron en los años sesenta y setenta y la crítica de poesía de esos años sólo le dedicó algunos breves e insustanciales comentarios; la encontraban demasiado enigmática, casi hermética, y por eso la marginaron. Pocos, tan pocos que pueden contarse con los dedos de una mano, han dedicado estudios profundos sobre su vida y su obra: Alí Chumacero, Jaime García Terrés, Tomás Segovia, Carlos Montemayor y, sobre todo, Vicente Quirarte.
La poesía de Owen (El Rosario, Sinaloa, 1904- Filadelfia, Estados Unidos, 1952) fue la más moderna, como ellos querían, la más vanguardista de su grupo, por eso sólo con la popularización de algunos fenómenos modernos como el cine o el video, se hizo más comprensible para nuevas generaciones de lectores; si bien no numeroso, pues él siempre habló de sus “numerables lectores”, sí de un ferviente círculo de lectores. Estoy seguro que hoy en día Owen es más leído entre los jóvenes poetas que Carlos Pellicer o el mismo Novo. He podido atestiguar el deslumbramiento que los poemas de Owen despertaron en un poeta chileno que vive en España, en un argentino y un colombiano que se han llevado el tomo de sus Obras como si de un tesoro recién descubierto se tratara y sé de alguien que tuvo la beca del Centro Mexicano de Escritores para escribir también una novela sobre la vida de Owen. No es extraño ni casual entonces que Owen sea una de las figuras centrales de la primera novela de Valeria Luiselli (Ciudad de México, 1982).
Los ingrávidos está llena de personajes que pululan (Moby, Dakota, Pajarote, White…), que desaparecen así como aparecieron, excéntricos que nunca están cómodos donde están y tienen que huir a alguna parte, hasta sus sueños, las más de las veces. Fantasmas sin invitación al convite porque no necesitan invitación: irrumpen de pronto y después, cuando uno cae en la cuenta, ya han desaparecido. En Nueva York, donde sucede la mayor parte de la novela, es muy fácil desaparecer, perderse entre la gente, meterse por entre las calles, ser tragado por una discreta boca de entrada a la estación del metro. Owen desaparecía diariamente en la estación de la calle 116 (de la línea 1, aunque la de la portada de la novela es de Williamsburg, en Brooklyn), el metro que era tan simbólico en su obra pues, como él decía, habían nacido el mismo año: de allí su “Autorretrato o del Subway”. Nueva York es, al final, una ciudad que se va a dejar eventualmente, donde todos están de paso. Hasta aquí, Luiselli lo ha capturado todo con buen tino.
En cambio, en otros aspectos Luiselli no corrió con la misma suerte. Para empezar, el archifamoso verso de san Juan de la Cruz, “Un no sé qué que queda balbuciendo”, no es cacofonía, como afirma (pág. 38), sino aliteración; el mismo Owen tiene una igual de bella: “el amarillo amargo mar de Mazatlán”. A principios de 2011, en sus columnas sabatinas, Heriberto Yépez nos acusaba a los escritores nacidos en la década de 1980 de buscar un lenguaje purista, poco contaminado de lenguaje que se habla diario en las calles. Ante eso pienso cómo van a traducir a todas las lenguas a las que se supone que ya está contratada esta novela palabras y expresiones que Luiselli inserta a lo largo de Los ingrávidos, tales como: “tamales”, “chiflar”, “gringo”, “mocos”, “escondidillas”, “chanchullo”, “pirrín”, “cuataches”, “gordo tetón”, “ojo virolo”, entre varios otros.
Por otro lado, no creo que haya capturado bien el espíritu radical, lúdico de Owen, un personaje huidizo como pocos; menos aún el de su prosa, pienso sobre todo en el Owen epistolar, el de las fabulosas cartas que enviaba a su amada Clementina Otero o a amigos como Novo, Villaurrutia y Nandino, algunas de las cuales Luiselli cita en ocasiones y al sobreponerlas con su prosa, ésta muchas veces palidece. Además, Owen fantaseaba a base de mentiras para construir mundos paralelos, donde él era otro y la amada era otra pero aún así ella no lo amaba: esto es, sin duda, lo más difícil de capturar. Y sobre todo, las intervenciones del marido, quien “sigue leyendo en las mañanas lo que escribo en las noches”, son completamente innecesarias, una historia paralela que no aporta nada y acaba siendo irrelevante. Por estas razones la novela cae en picada al pasar la mitad, lo cual es mucho decir en una novela de apenas 143 páginas.
Durante los meses de agosto a octubre, el Festival Fotoseptiembre Sonora 2013 ofrece diversas actividades como un circuito de exposiciones, conferencias, pláticas y talleres, en diferentes sedes del estado de Sonara.
En la ciudad de HERMOSILLO:
13 de septiembre
Exposición fotográfica Desde adentro, resultados del taller de fotografía con jóvenes del ITAMA
Inauguración: 12:00 p.m.
Sede: Patios del Instituto de Tratamiento y Aplicación de Medidas para Adolescentes (ITAMA)
20 de septiembre
Exposición fotográfica colectiva Variaciones de Gastón Rocha Romero y Joel Verdugo-Córdova
Inauguración: 20:00 horas.
Sede: Centro Cultural Sociedad de Artesanos Hidalgo
Domicilio: Garmendia y Elías Calles, Col. Centro
Horario: 11:00 a 17:00 horas
Permanecerá hasta el 4 de octubre
21 de septiembre
Videoconferencia Conflicto armado, desaparecidos y derechos humanos en Colombia, con Natalia Botero (fotoperiodista y académica de Colombia)
Hora: 18:00 horas.
Sede: Galería Eusebio Francisco Kino de Casa de la Cultura de Sonora,
Domicilio: Bulevar Agustín de Vildósola y avenida Cultura, Col. Villa de Seris
Evento en colaboración con Agencia Número F. Periodismo Gráfico
25 de septiembre
Exposición Fausto Ibarra, In Memoriam. 16 años en la Fotografía
Inauguración: 20:00 horas.
Sede: Kiosco del Arte
Domicilio: Alatorre y José Gutiérrez, Col. Pitic
Permanecerá hasta el 8 de octubre
28 de septiembre
Videoconferencia Presentación del proyecto de fotografía participativa con migrantes “MigraZoom”, con Encarni Pindado
Hora: 18:00 horas.
Sede: Galería Eusebio Francisco Kino de Casa de la Cultura de Sonora
Domicilio: Bulevar Agustín de Vildósola y avenida Cultura, Col. Villa de Seris
Evento en colaboración con Agencia Número F. Periodismo Gráfico
30 de septiembre
Exposición Espacios, fotografía de arquitectura de la Universidad de Sonora, por alumnos de la carrera de Arquitectura de la UniSon
Inauguración: 18:00 horas.
Sede: Sala de Arqueología del Museo y Biblioteca de la Universidad de Sonora
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En el municipio de CAJEME:
26 de septiembre
Exposición fotográfica La vaquería de Flora Esther Cámara Duran
Inauguración: 19:30 horas.
Sede: Galería de Arte de la Biblioteca Pública Jesús Corral Ruiz
Permanecerá hasta el 2 de noviembre de 2013
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En la ciudad de NOGALES:
20 de septiembre
Exposición fotográfica Oscar Monroy Ávila (Retrospectiva 1978 – 2013), de Oscar Monroy Ávila
Inauguración: 19:30 horas.
Sede: Museo de Arte de Nogales
Domicilio: Avenida Alfonso López Mateos #120 Col. Centro
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En la ciudad de PUERTO PEÑASCO:
18 de septiembre
Exposición fotográfica Intromisiones, de Socorro González Barajas
Inauguración: 19:00 horas.
Sede: Antesala del Auditorio Institucional “Ing. Mario Luis Yeomans Macías” (edificio C, planta baja) del Instituto Tecnológico Superior de Puerto Peñasco
En 1899 Antón Chéjov publicó Tío Vania. Para 1900, el célebre director de teatro Konstantín Stanislavski montó la obra en Rusia.
Esta obra representa el interés repetido de Chéjov por retratar personajes inmersos en la vida monótona y reservada de la Rusia de finales del siglo XIX. Figuras de una sociedad quebrada por el declive de la vieja aristocracia, el ascenso de la burguesía y la imposición de nuevas reglas; bajo cuyas facetas asoman conflictos, pasiones y búsquedas humanas trascendentes.
En Tío Vania los personajes chejovianos desarrollan las intenciones recurrentes del autor: el autoengaño, la culpa, la soberbia, la hipocresía, la frustración, la contención y la mediocridad, en el escenario de una vieja hacienda rusa, donde viven Sonia y su tío Vania, los cuales trabajan al mando de Serebriakov (padre de Sonia), un profesor fracasado, sin nociones ni sensibilidad para su oficio, no obstante, orgulloso de su trabajo; que los explota con arduas tareas para mantener en pie la hacienda (herencia de su primera esposa, la madre de Sonia).
Bajo la dirección de David Olguín, este montaje parte de una adaptación del texto que décadas atrás tradujera Ludwik Margules, responsable de una de las puestas en escena más emblemáticas de esta obra en México.
Se presentará del 19 de septiembre al 3 de noviembre de 2013 en el teatro El Milagro, ubicado Milán 24, Col. Juárez, entre Lucerna y General Prim, México, Distrito Federal. Los días:
Durango, Dgo., 11 de septiembre de 2012. Con sorpresa descubro hoy en la mañana, de rebote en mi Facebook, que mientras yo hacía un café, se inauguraba el VII Coloquio Nacional “Historia del Cine Regional: cine y cultura en las regiones de México.
¡Caray, hubieran avisado! Básicamente el anuncio consistía en una foto con un escueto pie. Ni cómo salir corriendo, ¿a dónde? También de rebote di con Iris, la asistente de la directora de Turismo del municipio; averiguó que los investigadores —evidentemente se trata de un evento académico— se reunirían durante tres días en el Teatro Victoria.
Llegué cuando Humberto Salas Córdova hablaba de cómo la sacrosanta sala de cine en muchos lugares del mundo —no sólo en México— es el escenario perfecto para el faje. Fue muy elocuente en la exposición, y cerró su intervención con el video de Joaquín Sabina, autor de una canción que es apología del tema: “Una de romanos”. Enseguida le tocó el turno a Felipe Morales Leal, con la historia resumida de la transición por la que ha pasado la exhibición de películas en ciudad de México. Mostró fotos de cines emblemáticos que se han convertido en bodegas, y expuso cómo portentosos edificios construidos expresamente para el Séptimo Arte fueron reemplazados por los complejos multipantalla. Desde luego, la nostalgia invadió a la numerosa concurrencia, más aún cuando el duranguense Pedro Raigosa Reyna rememoró magníficas funciones de Matiné en el Cine Principal, a unos pasos de donde estábamos. Yo también me divertí en El Principal, claro, pero no había vuelto a entrar hasta hoy, aunque sí me imaginaba por dentro el edificio convertido en el elegantísimo Teatro Ricardo Castro. Tomé fotos y le platiqué al afanador Adrián Mejía García lo que los investigadores acababan de decir en conferencia. Él me dio muchotota (sic) información, y para más detalles me sugirió hablar con un admirado amigo suyo: Eleuterio Rivera González, mejor conocido el cácaro Tello.
¡Cómo no se me había ocurrido entrevistarlo!
Teatro Ricardo Castro, antes Cine Principal. Fotografía: Eugenia Montalván
Tello tiene experiencia de sobra; es más, hace poco vino un cácaro de la Cineteca Nacional, lo caló en medio de una plática aparentemente casual, y al final acordaron que haría las pruebas necesarias en D.F. para obtener un certificado oficial, algo inusitado para un hombre sencillo, pero inteligente. Noten cómo lo ha influido el cine; habla de su vida como si nos contara los diálogos de una película.
¿Cuándo te iniciaste…?
¿En el mundo de la cinematografía? Exacto.
Mi primera vez fue hace como 28 años en el Cine Santiago, de Santiago Papasquiaro (uno de los municipios más grandes del estado, famoso por su corrido y por ser la tierra de los Revueltas), porque nací allá (en 1970). Vivía cerquita del cine, bueno al principio me metía de trampa, y me sacaban; estaba morrillo, era terco, tenía como 15 o 16 años, y así empecé a meterme hasta que cansé a la dueña del cine, y un día me dijo:
—Cómo me da la lata. Ya me tiene harta, ¿quiere ver la película completa? Bárrame y trapéeme aquí.
Era el lobby del cine: un espacio como de unos 50 metros cuadrados.
—¿Dónde está la escoba y el recogedor?
Y luego ya que acabé, dijo:
—Le quedó muy bien, ahora sí métase a ver la película.
Era Titanic, versión blanco y negro, todavía; esa fue la primera película que vi completita, de 3 horas 40 minutos. Entonces, cuando ya llevaba como media hora adentro, va el guardia y me saca.
—Vas pa’ fuera.
La señora ya me tenía palomitas, “chesco” y hot dog, y luego me dijo:
—Usted no trabaja, no va a la escuela. Véngase a trabajar aquí conmigo todos los días.
Eleuterio Rivera González “Tello”
En aquel tiempo me daba cuatro pesos diarios. Ya de ahí me agarré a trabajar todos los días, más bien todas las tardes, y ahí cumplí los 18 años, así nomás, y me dedicaba a hacer la limpieza. Era una sala grandísima. Tenía mil quinientas butacas, y haga de cuenta que cuando hacía la limpieza, me asomaba a la caseta, y el cácaro me corría, pues no quería que lo perturbara, ya que antes las máquinas eran de carbones, y era una lata proyectar una película rollo por rollo, se batallaba mucho, se usaban dos máquinas para pasar una película completa; eran máquinas de 35 milímetros, y en aquel tiempo no había posibilidades de pasar una película completa de un jalón porque el celuloide era medio corrientón, tenía uno que tener mucho cuidado con las películas porque se quemaban muy seguido. Yo me asomaba a la caseta porque al principio me gustaba ver las máquinas, pero mi ilusión era trabajarlas yo. Ya al último cansé al cácaro, por andar de terco, y al final me dijo:
—Ven, ¿quieres aprender a proyectar?
—Sí, sí quiero.
—Muy bien, mañana empezamos. Mañana aquí te quiero a las 3:30 de la tarde.
Cuando llegué, él ya estaba ahí, y me tenía una escoba y un trapeador, y dije: ¡otra vez desde abajo! Y parecía que lo hacía adrede, viera cómo tiraba basura. Después de eso, ya me dijo:
—Ahora sí vente a pegar películas.
Me enseñó a pegar las cintas con acetona, el líquido que usan las mujeres para quitarse el color de las uñas, luego —durante varios días— me enseñó a montar la cinta en las máquinas, y después me enseñó a prender las máquinas con los carbones, y al último me enseñó a arrancar la proyección. El primer día sentí un nerviosismo tremendo cuando ya me soltó el par de máquinas para trabajar una película completa con él, pero después se metió en la sala a ver la película y me dejó completamente solo. Me sudaban hasta las manos. Era una película de dos horas y media más o menos (no recuerda el nombre), en total catorce rollos que tenía que pasar máquina por máquina. La primera vez, no le miento, sí la regué dos o tres veces, estaba nerviosote pero sí logré sacar adelante la película. Y luego el cácaro me dijo:
—Tuviste dos o tres errores, pero fueron simples. Sí supiste sacar la película. ¿Te vienes a trabajar conmigo de proyeccionista todos los días?
—Sí.
Habló con la jefa y le dijo:
—Este muchacho se va a la caseta. Ya lo quiero allá arriba.
Era el año 89; así me inicié en el cine. Con algunos tropezones, me imagino…
En una de ésas sí pasé tres rollos de una película al revés. ¿Cómo le diré? Se veía bien pero no se escuchaba porque el sonido estaba invertido. ¿Cómo reaccionó la gente?
Me gritaban:
—Cácaro, suelta a la dulcera.
Eran mis primeros pasos en la proyección; de hecho allá en Santiago había tres salas: Sala México, Cinema Santiago y Cinema Impala 71, y a las tres les di vueltas; empecé en Cinema Santiago y terminé en el Impala 71, el último que cerramos; tenía mármol en las paredes, y la sala estaba tapizada con cáscara de huevo; estaba bien grande, abarcaba de una calle a otra y era de dos plantas. ¿Qué significó para ti ver morir el cine en Santiago Papasquiaro?
Me sentí bien mal cuando vi que cerramos el Impala.
Mi patrona me dijo:
—Este es el último día que abrimos, Chirulillo, así me decía ella.
En ese tiempo salieron las videocaseteras, y eso hizo decaer el cine. ¿En tu casa tenían videocasetera?
No. Éramos tan pobres que ni tele teníamos. ¿Pero si llegaste a ver una película en videocasetera en esa época?
Mi patrona tenía una zapatería, y esa zapatería la convirtió en videoclub, y empezó a rentar películas. Yo le dije:
—¿Me voy o qué?
—Usted sigue conmigo, usted es de mi confianza.
Estar nomás sentado esperando que lleguen a rentar películas no es para mí. Pero sabías de cine, podrías hacer recomendaciones, sugerencias…
Sí, claro, de hecho, en lugar de preguntarle a ella, me preguntaban a mí, y sí me hacían caso: se las llevaban. ¿Cuándo das el brinco a Durango?
Mi ingreso a Durango fue cuando tenía 23 años. Llegué, y pensé: “ahora qué hago, ¿en qué voy a trabajar? Mejor los primeros tres meses me los tomo de barra conociendo la ciudad”. Salía nomás en la colonia donde vivía y trabajé de albañil, una friega tremenda, pero después pensé que era mejor trabajar en un lugar más limpio. Hablé con el mismo hombre de allá de Santiago.
—Oiga, don Genaro (q.p.d.), ¿cómo le hago para entrar a los cines de Durango a trabajar?
—Vete al STIC (Sindicato de Trabajadores de la Industria Cinematográfica). Te vas a topar con el secretario general, se llama Bernabé Alvarado. —Lo apunté en caliente, y al otro día llegué al STIC. Pregunté por don Berna. Era un señor chaparrito, moreno, todavía vive. ¿Qué pasó?
—Vengo a conseguir trabajo.
—¿Qué sabes de cine?
—Bueno, sé trapear, barrer, proyectar, pegar películas y arreglar los proyectores.
—¿Todo eso sabes? ¿De dónde vienes?
—De Santiago Papasquiaro.
—Esos cácaros son los que quiero. Tráeme una carta de recomendación.
—¿De dónde? No conozco a nadie.
—Pues ya te dije. Si quieres trabajar aquí en los cines, necesitas una carta.
En ese tiempo estaba bien difícil conseguir trabajo aquí en Durango.
—¿Quién te enseñó allá en Santiago? —Me preguntó.
—Genaro Maya.
—Tráeme una carta de recomendación de él.
—Présteme, ¿no?
Me prestó cien pesos. Llegué con don Genero, me redactó la carta, y me dijo:
—Con esto tienes las puertas abiertas en Durango.
Me fui un lunes y regresé el siguiente lunes. Le entregué la carta.
—¿Por qué te tardaste tanto? —la leyó.
—Vienes bien recomendado, a ver si es cierto. Te presentas a las 4 de la tarde en el Estudio 2001; vas a hacer la limpieza.
Este cine estaba en 20 de noviembre, cerquita de la Soriana.
La primer película que vi ahí: El último gran héroe con Arnold “Pocas letras” (Schwarzenegger). En ese tiempo éramos varios haciendo méritos: nos decían “meritorios”. Y yo no tardé mucho en conseguir planta de cácaro. Esos fueron mis primeros pasos aquí en Durango, ya de cácaro, en el Cinema Dorado 70. Era el cine más importante de entonces.
En ése empecé de cácaro, pero de todas maneras todavía seguía haciendo méritos para agarrar plaza definitiva. Hasta que en el 96 agarré planta en Salas Centauro (se localizan en una plaza comercial, junto con Gigante). Yo llegué a manejar las dos salas: las gemelas. Estaban en conjunto esos dos y la Sala Dolores del Río (Gómez Palacio y Pasteur), que también conocí muy bien. Eres muy hábil.
Gracias a Dios, y así sigo a mis 43 años. Todavía me siento liviano. ¿Cómo te sentiste al empezar a manejar una nueva tecnología?
En ese tiempo ya no se trabajaron los carbones, sino que trabajábamos con lámparas de 2 mil watts, y las máquinas tenían resistencia para pasar una película completa, todavía se pegaba la cinta pero pasaba de un tirón toda la película. Ya no teníamos que usar dos máquinas. ¿Cuál fue la diferencia para el público?
Audio y video mejoraron mucho porque tiene mucho más ganancia la lámpara que los carbones, y falla menos. Tiene más brillo. El audio era de bulbos, y en los cines Centauro se trabajó por primera vez el transistor, así que el audio salía más limpio.
“Tello” con Dolores del Río. Fotografía: Eugenia Montalván
¿Cuál fue el siguiente paso en cuanto a la calidad de la proyección?
En noviembre del 97 se inauguró Cinépolis, y yo entré en abril del 98, como barrendero, otra vez. Pero está bien, pues llega el momento en que uno en las casetas se siente solo, encerrado, y esa vez cuando me bajé de la caseta del Dorado 70, al irme a Cinépolis andaba muy a gusto barriendo y trapeando mis tres salas, yo solo. Entonces, nunca falta un chismoso, de los mismos compañeros que entraron a trabajar allá, y le dijo al jefe, era un licenciado, que yo sabía de proyección, y se me acercó.
—¿Qué pasó licenciado?
—Súbete a las casetas.
—¿A qué?
—Por ahí me dijeron que sabes proyectar.
—No sé, quién le dijo.
—Súbete. Ahí arriba anda un muchacho, que le llaman “El Maniaco”, dile que te enseñe lo que no sabes de casetas. No tenías escapatoria.
—No, no había escapatoria.
Arriba pregunté:
—¿Quién es “El Maniaco”?
—Oye, me dijo el licenciado que viniera a enseñarte lo que te falta saber de las casetas.
—¿Tú, enseñarme?
—Así me dijeron, si quieres pregúntale al licenciado.
—Cabrón, dijo, yo soy el que te va a enseñar lo que te falta.
Lo que me llamó mucho la atención de la caseta es que las nuevas máquinas ya no traían bobinas, sino unos platos grandísimos en los que cabe facilito una película de cuatro horas. Fue cuando aprendí lo más nuevo. ¿Eso ha sido lo más novedoso en tecnología a tu alcance?
—Sí, máquinas digitales, pero todavía con cinta. En Cinépolis me aventé siete abriles chambeando, y de allá me vine para acá, a la Cineteca Silvestre Revueltas (bajo el auspicio del Instituto Municipal de Arte y Cultura), aunque todavía estando en Cinépolis venía aquí a suplir a un compañero, y también trabajaba de vez en cuando en el cine Durango, donde pasé la nueva versión de Titanic, con Leonardo “Del Carpio” DiCaprio. Toda una vida en el cine.
No he trabajado en otra cosa. Puro cine. Casi treinta años, ¿verdad? ¿Qué te hizo dejar Cinépolis y venir a la Cineteca?
Es que salía muy tarde y era poco el salario por manejar cuatro salas. Entonces, aquí me ofrecieron un poquito más de dinero, una sola sala, y horario de 4 a 11 p. m., mientras que en Cinépolis, con Harry Potter y Matrix llegué a salir a las 2 y media de la mañana. Fue Rodrigo Ibarra, el encargado de la Cineteca, quien me pidió que viniera a trabajar aquí de planta porque desde la primera vez que vine le gustó mi trabajo y la responsabilidad que demostraba. Aparte de tu buen carácter, que siempre ayuda.
Eso es aparte, sí, y por eso me vine para acá. De hecho, yo le dije:
—Oiga, Rodrigo, ¿cuántos días voy a trabajar en la Cineteca? En Cinépolis ya llevo seis años.
Él me dijo:
—En la Cineteca vas a estar hasta que tú quieras.
Era el 2004; un jueves me salí de Cinépolis, y la siguiente semana empecé aquí. En febrero del año que entra me aviento diez años. ¿Ha aumentado el público cinéfilo? ¿Ha disminuido? ¿Qué piensas?
Antes las salas se llenaban a diario: lleno total, y se ve con tristeza que, al pasito al pasito, sí ha bajado la afluencia de la gente. El video, el cable y todo eso le ha bajado público a las salas, y no nada más aquí en la Cineteca. Me acuerdo de que cuando estaba en Cinépolis se llenaban las salas, y ahora que me doy la vuelta por allá, veo muy poco carro estacionado, muy poca gente acudiendo a las salas. Tú también has visto, y me imagino que con tristeza, la decadencia de una sala como el Dorado 70 o, peor aún, la destrucción del Cine Durango para convertirlo en estacionamiento, ¿qué piensas de eso?
El Durango era un cine bonito, elegante, grandote, y tenía un sonidazo tremendo. Era muy buena sala, y ahora es un triste estacionamiento. El que no se queda atrás es el Estudio 2001, era un cinazo, en aquellos tiempos, de lujo, pero a partir de que empezó a sonar Cinépolis, optaron por hacer cuatro salas en el mismo inmueble para hacerle competencia a Cinépolis, y se llamó Multimax 4, pero no les funcionó porque Cinépolis venía con todo. Entonces, desde mi punto de vista, Cinépolis es un cinazo, ni pa’ qué: trae las mejores máquinas y el mejor equipo de audio, y las salas están muy cómodas. Se cuentan anécdotas de las parejitas que van al cine a hacer sus travesuras, ¿tú has presenciado algo así?
A mí no me ha tocado ver nada. ¿A tu esposa le gusta tu trabajo?
No, porque no paso mucho tiempo con mi familia. ¿Qué tipo de cine es el que más te gusta?
Las películas de acción y, por otra parte, las románticas. ¿Qué dirías tú acerca del cine que se hace en Durango?
Lo de antes estaba hecho con toda la mano, era más difícil hacer una película pero se veía más real. Ahora es más fácil hacer cine, pero se ve más ficción. Me tocó ver cuando filmaron La muerte cruzó el Río Bravo, y la vi porque la filmaron en Santiago Papasquiaro, en el 85. ¿Quiénes actúan?
Maribel Guardia (de a tiro delgadita en ese tiempo), Narciso Busquets, Erick del Castillo, Eduardo Yáñez, a todos ellos los conocí ahí en Santiago. Es más, en la película sale el Cine Santiago, donde me inicié. ¿Y qué te pareció esa película cuando la viste en el cine?
Fíjese que vi mucha diferencia, porque en tiempos de mayo todo el pasto está seco por el calor que hace, y hay una escena en donde matan a Narciso, y se ve cuando lo sepultan, todo el pasto estaba seco, amarillo, y en la película se ve verde: ¡lo que hacen los editores!
Tello mira una vez más la pantalla de su celular preocupado por la hora; está a punto de terminar la película, y él debe correr a darle Play al reproductor de DVD oportunamente. Ni hablar. Dejamos para la próxima sus anécdotas con Roberto Gómez Bolaños “Chespirito”, Mario Almada y Rodolfo de Anda, a quien cantinflesco, le preguntó:
—¿Se quiere tomar una foto conmigo?
—Cómo no. —Contestó él, minutos después de dar autógrafos por La gran aventura del zorro.
Hoy 11 de septiembre se cumplen 40 años del golpe militar que derrocó el gobierno democrático de Salvador Allende y la Unidad Popular en Chile. Con el paso de las décadas este acontecimiento histórico ha dado pie a numerosas reflexiones en el ámbito político, académico, artístico y cultural en todo el mundo. En el espacio de la creación, se han producido desde entonces abundantes trabajos pictóricos, literarios, musicales y cinematográficos, entre los cuales destaca La batalla de Chile, documental de Patricio Guzmán, ampliamente premiado y cuyo nombre es referente del género en cualquier latitud.
En épocas recientes el papel de la memoria en el mundo presente es una vez más objeto de debate, en una reflexión que involucra no sólo a los chilenos, sino a toda América Latina; procesos como la revisión de las causas del fallecimiento del poeta Pablo Neruda y del propio Salvador Allende; así como las controversiales declaraciones del presidente Sebastián Piñera, en torno a los antecedentes y consecuencias de la dictadura, han puesto nuevamente el tema en primera línea.
Así, en el contexto de esta conmemoración, se ha convocado en México al ciclo A 40 años. Tener memoria para el futuro, que tendrá como sede diversos espacios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM); y la Universidad Veracruzana (UV), entre otros.
Programa
-11 de septiembre, 19:00 hrs., concierto homenaje “Víctor Jara Sinfónico”, con la participación del tenor chileno Miguel Ángel Espinoza Pellau, en Jardín Centenario de Coyoacán, ciudad de México.
-12 de septiembre, 18:00 hrs., mesa “Los golpes de Estado en Latinoamérica”, en UACM, campus Del Valle, ciudad de México.
-13 de septiembre, 10:00 hrs., Auditorio Gonzalo Aguille Beltrán. “Seminario Internacional: a 40 años del golpe militar en Chile: memoria y balance”, en la Universidad Veracruzana, Boca del Río, Veracruz.
-17 de septiembre, 18:00 hrs., Exposición plástica “Memoria Viva”, en la UACM, campus Del Valle, ciudad de México.
-18 de septiembre, 18:00 hrs., “Diario de una tortura”, Danza Contemporánea Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, ciudad de México.
-23 de septiembre, 18:00 hrs., “Memoria y Justicia”, UACM, campus Del Valle, ciudad de México.
-Del 5 al 27 de septiembre, Ciclo de cine “A 40 años del golpe militar en Chile”, Radio UNAM. Los jueves a las 18:00 hrs.