Tierra Adentro

La editorial Cal y Arena ha lanzado una nueva colección llamada “Ensayo personal” que, salvo por la portada, en ninguna otra cosa se diferencia de la colección líder, la antaño fácilmente reconocible por las portadas blancas; tal vez, sólo su colección “Los imprescindibles” tenga su propia imagen. Al parecer, dado el nombre y el primer título, esta nueva colección estará dedicada a libros de memorias. Actualmente, hay un boom de los géneros autobiográficos (las memorias, la biografía, la autobiografía, incluso los diarios), más si estos están entreverados con el ensayo o la narrativa. Muchos escritores los practican con bastante éxito, aunque no es el caso de No hubo barco para mí, de Luis González de Alba (San Luis Potosí, 1944).

Para empezar, en principio no queda claro si es una reunión de artículos con un mismo tema o unas memorias fallidas. Si fueran memorias, le servirían a González de Alba para esclarecer muchos puntos, abundar en ellos, sin embargo, de un plumazo evita las explicaciones, o éstas son poco claras, sobre diversos episodios diciendo “eso ya lo escribí en su momento”, “búsquese en google”, “me han preguntado tanto sobre el tema que ya me choca”, “lo he dicho decenas de veces”, etcétera… No importa cuántas veces se hayan dicho, el punto es que queden en esas páginas totalmente aclaradas. Y una y otra vez un “no entendí y sigo sin entender”.

González de Alba divaga, empieza con una cosa que luego no termina, por ejemplo, al principio cuando trata de recordar una fecha y se va por las ramas para hablar de otros momentos de ese episodio pero la fecha nunca aparece. Y su supuesta salida del clóset, más bien tímida y para unos cuantos entendidos, no es muy clara para un lector cualquiera, en nada se compara con la rotunda e indiscutible de José Joaquín Blanco en su crónica “Ojos que da pánico soñar”, que publicó en 1979 desde las páginas del suplemento Sábado. De allí que el referente para muchos siempre sea esa crónica de Blanco y nadie recuerde o mencione nunca el artículo de González de Alba que él mismo tiene que rescatar. En algunas partes, es insoportablemente cursi, como sucede en sus peores novelas: Agápi mu (Amor mío) (1995), Cielo de invierno (1999) y El sol de la tarde (2009). Su ataque a Carlos Monsiváis también es insustancial, nada comparable, otra vez, con el que hace Blanco en sus Postales trucadas (Cal y Arena, 2007), que bien podría reeditarse ahora en la colección “Ensayo personal”.

De esa manera, resulta anticlimático el final de su participación en la creación de la Fundación para la Lucha contra el Sida. Así, a vuela pluma, muchos recuerdos quedan en simples viñetas. En No hubo barco para mí la mayoría queda ridiculizada menos él, él es el gay varonil que hacía gimnasio y al que todos se quieren tirar, que se madrea a la menor provocación, él es el único que no tergiversa, el único que abre comillas en sus diálogos y se olvida de ponerles a los de los demás… Cómo hacer para que el “yo” no sea odioso, se preguntó acertadamente Montaigne, y más cuando se trata del género autobiográfico, donde la delgada línea del ego se puede traspasar sin darse cuenta. Todo lo anterior con sus abundantes erratas (comas mal puestas, acentos que sobran, comillas que no se cierran o que no se abren), como si el libro no hubiera pasado por las manos de un editor y un corrector.

Ojalá que esta nueva colección de Cal y Arena mejore con futuros títulos pues el primero, por decir lo menos, ha sido decepcionante.


Autores
(Ciudad de México, 1981) es autor de La síntesis rara de un siglo loco publicado por el FETA.
Guillermina Bravo. Fotografía de Maritza López.

El pasado 6 de noviembre de este año, falleció a los 92 años la célebre bailarina y coreógrafa Guillermina Bravo.

Originaria de Chacaltianquis, Veracruz el 13 de noviembre de 1920. En 1939 comenzó sus estudios de ballet con la maestra Estrella Morales, durante este periodo fue descubierta por la famosa coreógrafa estadunidense Waldeen von Falkenstein. De 1940 a 1945 participó como bailarina en el Ballet de Bellas Artes, dirigido por la misma Waldeen, con quien inicia, también junto a otras bailarinas, la escuela de danza moderna en México. Como resultado de este crearon el Ballet Waldeen. Con apoyo de José Vasconcelos y el compositor Carlos Chávez, Bravo fundó la Academia de la Danza Mexicana. Finalmente, en 1948 fundó el Ballet Nacional de México. En 1960 la bailarina se retiro.

Tierra Adentro lamenta la triste noticias y recuerda a una de las más grandes representantes del arte en México.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
Central Park. Verónica Valerio. Fotografía de Sergio Reyes.

Cancún, Quintana Roo, 7 de noviembre de 2013. Recibo a Verónica Valerio (Veracruz, 1981) en el aeropuerto, procedente de México, D.F., donde vive luego de dejar Nueva York. Llega con su arpa y una maleta ligera. El calor, la luz, la humedad y todos los encantos del Sureste/Caribe significan para ella un Viaje a su infancia; creció cerca del mar, por eso este paisaje aparece constante –en sentido literal y figurado– en su repertorio, sobre todo en sus canciones más recientes, casi todas escritas desde que volvió a México, y producidas por Santiago Ojeda, Ricardo Martín y Hernán Hecht gracias a un apoyo para la producción de música nacional del Instituto Nacional de Bellas Artes, y que conforman el disco “Viajes de ida y vuelta”, motivo de una gira en Quintana Roo, Yucatán y Campeche a partir de pasado mañana, 9 de noviembre, día de su cumpleaños. A la par, durante 2013, Verónica Valerio, armó otra propuesta inspiradora, ésta con el respaldo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes: “Canciones de puertos”, cuyos resultados presentó antes de tomar el avión a Cancún.

Cuando Verónica Valerio se propuso vivir sola en Estados Unidos, primero compró boleto a Nueva Orleáns: “Tenía en mente el blues, el deseo de escuchar conciertos de góspel en vivo, conocer la arquitectura de esta ciudad del Sur, y ser parte de esa historia”. Después, con determinación, llegó a Nueva York (trabajo en Manhattan – casa en Brooklyn) porque “pensé que la convergencia de culturas podría darle perspectiva a mis viajes anteriores, a mis vivencias y a mis sueños e ideales, es decir, a mi música”.

Así, entre viajes de ida y vuelta, esta mujer ha seguido –con disciplina– una línea –personal– que visualizó para llegar plena a la presentación estelar de su disco el 7 de diciembre en el Centro Cultural del México Contemporáneo, ahí junto a la plaza Santo Domingo, en el D.F.

¿Qué tanto abarca este camino?

–El regreso a mi país, el tiempo que me tomó volver a sentirme en casa porque llegué y me sentía perdida –aunque tal vez suene muy trágico–. Este proceso ha tomado dos años, tiempo en el que me cuestioné la mexicanidad desde diferentes contextos: la experiencia generacional y migratoria en contraste con la vida defeña, pues no hubiera sido lo mismo haber llegado a vivir al Sureste o al mismo Veracruz, o sea, ciudades con mar, calor y palmeras, que al D.F, que es asfalto y mares, pero de gente.

Verónica Valerio es perfeccionista hasta en su manera de enfrentarse al mundo real: con valentía, cualidad que –muy probablemente– el FONCA supo dimensionar cuando puso en sus manos la beca de Jóvenes Creadores (noviembre 2012 – noviembre 2013) que la llevó a encontrarse con más jóvenes que se plantean cuestionamientos similares frente a su vida y su obra.

¿Cómo qué?

–De identidad, momento en la vida y de la experiencia creativa. Mis compañeros de composición y yo tenemos muchas coincidencias: los tres venimos de ciudades puerto, uno de Baja California, otro de Tulum y yo de Veracruz, y venimos de experiencias familiares fuertes, que nos han marcado y que han tenido mucho que ver en nuestro proceso de liberación personal hacia nuestro camino en la música. Entonces, pasar tres días con estos dos compañeros hablando por quince horas al día: desayuno, comida y cena, levantándonos a las 7 para hacer yoga, etcétera, fue conmovedor y me reafirmó mucho en mi camino.

Musicalmente, ¿en qué consiste el proyecto de cada uno de ustedes?

–Orlando Infinito tiene un proyecto de seis canciones dedicadas al paisaje de Baja California, ya que nos explicaba que son muy marcados los cambios de estación, y Leonardo hizo una suite para cítara cuyos momentos coinciden con la vida del ser humano: nacimiento, desarrollo, conflicto y muerte. Y lo mío son canciones inspiradas en los puertos, lo que significa recibir la llegada de algo o alguien y la despedida: dejar ir, eso mismo. La condición de los puertos que es recibir y ver partir.

Se nota la poesía.

–Perdóname, pero tengo 31 años. No puedo tomar esa frase en el aire y hacerla dinamita.

Durante el último año, Verónica estuvo involucrada con dos penínsulas, cuatro puertos, varias playas, el metro, re-encuentros con su madre y sus hermanas, Bellas Artes, partidas y llegadas de amigos viajeros, fiestas, romance y muchas clases de enseñanzas: ella es maestra de canto y toma clases de arpa, por mencionar algo de su vida diaria… Todo esto ayuda a comprender su estilo: canciones muy sentidas y vivenciales con música que huele a tradición sonera condimentada con matices contemporáneos y, lo mejor, una voz privilegiada, verdaderamente bonita.

Final

Siento que llega mi final Hay cosas que dije sin pensar Bebo un café sin endulzar Sentada, varada en la terminal Hoy no lo puedo ocultar Hay algo en mí que le duele que no estás Mi último adiós no fue real Apenas un final improvisado Ay, ese día hablé por un cuento Y te fuiste callado. No quise herirte, Mi verdad fue el miedo de encontrarte enamorado Me salí del cuento Y hoy te busco en todos lados. Hoy no lo puedo ocultar Hay algo en mí que le duele que no estás. Mi último adiós no fue real Apenas un final improvisado. Bebo un café sin endulzar Sentada, varada en la terminal.

Esta es la letra de una de las doce canciones que presentará en Veracruz el 29 de noviembre en el Jardín del Instituto Veracruzano de Cultura, y que también aparecerá en el disco “Viajes de ida y vuelta”. La leo y me pregunto si la improvisación propia de la tradición del son jarocho le influye cuando escribe sus composiciones.

Y Verónica Valerio, nieta de don Pánfilo, un maestro arpista muy querido en el Puerto de Veracruz, me dice de la improvisación: “es la ventana que me ha permitido abrirme a la experimentación de mis propias emociones en mi manera de decir las cosas, de recontextualizarme”.

¿Tu manera de decir las cosas?

–Femenina, urbana y paisajista…

No hemos hablado del arpa, tu instrumento, y llegarás a Veracruz con él, así como llegaste a Cancún hoy, ¿qué arpa es?

–Es un arpa veracruzana, precisamente, que mandé a hacer hace tres años. Es un arpa de 36 cuerdas, pero a diferencia de las jarochas con las que solamente se puede tocar en un tono, ésta tiene unas palancas que me permiten tocar en cualquier tono. Y uso el arpa para acompañar mi voz. Me gusta mucho el danzón, la canción, el son y la música electroacústica. Cuando compongo, trato de que –de alguna u otra manera– eso esté presente, rítmica o metafóricamente. No podría acompañarme de ningún otro instrumento.

¿Llegaste al arpa o ella llegó a ti?

–Llegué al arpa. Con decisión.

¿A dónde viajas cuando compones?

–A mis situaciones recurrentes: miedos, inseguridades, deseos, y a los símbolos mexicanos: los animales, el paisaje, los colores…

Imagínate que tienes frente a ti varios boletos de avión abiertos, míralos bien, ¿por cuál te decides?

–Portugal.

Ah, ¡qué bien! Yo también iría a Lisboa ahora mismo, sin pensarlo demasiado. Allá el mar se mira desde otra perspectiva por la poesía que suscita y la paz que fluye de él hacia la gente. Pero Verónica no se irá mañana ni pasado. Aún le falta cerrar el círculo D.F. –que no sabemos cuánto tiempo tendrá abierto–, ya que también aquí es la casa del trío Playa Magenta, integrado este año por ella, Quique Castro y René Torres. Su instrumentación: marimba midi, arpa, jarana, interfaces y violín eléctrico, aparte de la voz de Verónica Valerio, de timbre fuerte, airosa, transparente, para dejar ver la total armonía entre esa gran proyección que alcanza y los sentimientos profundos que la llevan a pararse frente a otros a cantar, con un arpa en torno a la cual gravitan las olas.

*

Viajes de ida y vuelta

Planetario Ka’Yok’ de Cancún: 9 de noviembre, 8 p.m.

Teatro Joaquín Lanz de Campeche, 10 de noviembre, 7 p.m.

Facultad de Ingeniería de la Universidad Autónoma de Yucatán (Mérida), 12 de noviembre, 7 p.m.


Autores
Es autora del libro Premio Casa de las Américas. 50 años – 11 entrevistas, investigación con la que se tituló como antropóloga con especialidad en lingüística y literatura por la Universidad Autónoma de Yucatán. Para 2014 prepara un libro testimonial sobre los contrastes culturales entre Yucatán y Durango, proyecto que surgió por iniciativa del programa Tierra Adentro.
“Cazadora de estrellas”, “Mujer saliendo del psicólogo” (homenaje a Remedios Varo). “Monja coronada”. Fotografía de Amaranta Caballero.

Oriunda del estado de Sinaloa, Vanessa Salas Orduño llegó al estado de Guanajuato en el año 1994. Durante una primera estancia vivió en San Miguel de Allende donde acudió a talleres varios en el centro cultural El Nigromante. Luego, mudó a la ciudad de Guanajuato para inscribirse a la licenciatura en Artes Plásticas; Fue en 1999 cuando tuve la oportunidad de conocerla –e incluso trabajar unos meses con ella y otras compañeras artistas en diversos géneros–, cuando nos organizamos para realizar un proyecto al cual titulamos “Gestación: nueve meses creando.”

Si bien aquella primera experiencia nos puso en contacto inicial, el paso de los años, las amigas en común, además de las características propias de la ciudad nos han vuelto a reunir algunas veces. Sin embargo, por primera vez, tuve el privilegio de compartir una espléndida tarde de conversación profunda así como hacer una visita a su taller, y ojo: es aquí donde se abre una puerta especialísima, pues considero que conocer el interior del taller de un artista es prácticamente entrar al centro de la Tierra, en el sentido de “origen”.

Dentro del taller pude observar entre los materiales que Vanessa utiliza para la elaboración de sus piezas, maravillas como: telas de diversos colores, hilos varios, tijeras, tubos, mangueras, alambres, botones, pinturas en frasco, pinturas en barra, pinceles, botes chiquitos, botes grandes, agujas, un rollo con hojas del apreciadísimo papel liberón, carboncillos, lápices, algodón, cajas y más cajas que contenían parte del elaborado universo que una artista como Vanessa Salas ha construido a partir de la disciplina, la entrega, la pasión. No es gratuito enumerar esas tres palabras fundamentales, Vanesa Salas, como buena norteña, ejerce los tres conceptos desde la raíz y los traduce ya sea a través de sus pinceles, sus trazos, sus construcciones, sus híbridos, sus juguetes.

Durante esa tarde, entre su par de gatos, café, y el sonido de la máquina de coser, le hice muchas preguntas. Las mismas que Vanessa respondió con la franqueza que la caracteriza. Nunca pasa de largo además, la tranquilidad del tono de su voz, en contraste con la sonoridad entera de su carcajada. Disfruté muchísimo observar y escuchar a una mujer completa, satisfecha, realizando en cada momento las cosas que le preocupan y que le apasionan. Todo aquello por lo cual hace algunos años decidió para sí.

Hago la descripción porque sin duda, esas mismas características forman parte de las personalidades que sus muñecas y muñecos adquieren. Entre sirenas, tritones, monjas coronadas, Fridas venaditas, bicéfalos, dragones, unicornios, corazones, calacas, diablitos, personajes inspirados en la pintura de Remedios Varo o de Leonora Carrington, el arte de Vanessa Salas Orduño trasciende y se corresponde con una elección de vida: la creación.

Taller de Vanessa Salas Orduño (detalle). Fotografía Amaranta Caballero Prado.

Taller de Vanessa Salas Orduño (detalle). Fotografía Amaranta Caballero Prado.

 

Lo siguiente es un mero asomo a lo que conversamos mas, aproximación o no, estas palabras contienen una decisión de ver y hacer la vida. Les dejo pues algunas de las preguntas, algunas de las respuestas:

¿Cuál fue tu primera idea del arte y cómo tu primer deseo de ser artista?

Posiblemente algún dibujo o pintura, que no recuerdo con claridad. Cuenta mi mamá que muy chica me acerqué a ella y le dije que de grande sería artista, entonces me preguntó (para estar segura que sabía lo que decía): “¿Cómo quien hija?”, y yo le respondí: “Ay mamá, pues como Leonardo DaVinci.”

Si la disciplina del deporte fue determinante durante tus años como gimnasta ¿cómo defines hoy “disciplina”?

Como un buen hábito.

¿Cuál es la diferencia que observas o piensas entre “arte” y “artesanía”?

Creo que en concepto, la artesanía está ligada a hablar de las preocupaciones de la comunidad, y el arte habla de asuntos más individuales. Fuera de esa diferencia considero que arte y artesanía van de la mano, y que en mucho su diferencia radica en los ojos de quien lo ve. Como sinaloense que soy, al llegar a Guanajuato me sentí sorprendida por la belleza de la ciudad, por las tradiciones y objetos artesanales. Esta impresión me ha llevado a echar mano de éstas técnicas y fusionarlas como parte de mi lenguaje plástico, como un híbrido.

¿Cuál fue el momento decisivo para desarrollar la construcción de muñecas?

En 2001. Era el mes de diciembre y tuve la oportunidad de participar en una venta navideña, invitada por el profesor Humberto Espinosa. Para esa venta hice diez sirenas, y el primer día casi se vendieron todas. Ahí decidí dejar el trabajo que en esa época tenía en la Casa de Cultura, para dedicarme de lleno a los juguetes.

Además de Lucian Freud, Remedios Varo y Leonora Carrington, ¿qué otros artistas te marcan y te seducen?

Ron Mueck, William Kentridge, Louis Bourgeoise.

¿Cómo defines el concepto “influencia”?

Es algo que no sólo te llega, sino que te marca, que te ayuda a clarificar algún pensamiento brumoso sobre el quehacer artístico.

¿Alguna anécdota particular en relación al desarrollo de tu trabajo en los últimos diez años?

En el año 2007 viajé a la ciudad de México para formar parte del desnudo masivo que realizó Spencer Tunick; al final de la sesión de fotos busqué a los integrantes de su staff para que me permitieran entregarle un regalo. Era una muñeca desnuda, morena, que tenía su bikini marcado por el sol. Muy amablemente me indicaron dónde esperar y cuando lo vi, lo alcancé al subir una escalera rumbo al salón donde daría una charla, ahí se detuvo, lo saludé y le entregué la muñeca. Me sonrió y me dijo: “Wow, ¿tú eres la artista?”, respondí: “sí. “ Luego comentó: “No te vayas, tengo un regalo para ti.” Después de la plática con las mujeres que integrarían la foto de las Fridas, nos sentamos en un sillón rojo. Se paró y sacó su cartera de la bolsa trasera del pantalón. Al abrirla, sacó una fotografía del tamaño de una credencial. Una impresión de plata/gelatina, arrugadita en una esquina. En ella se ve a una pareja desnuda cubierta de café caminando hacia una cafetería. La firmó por la parte trasera y afirmó: “es uno de mis primeros desnudos.” Al momento me dijo: “Si consigues una peluca larga y oscura te pongo en el primer plano de la siguiente foto.” Eso fue un domingo. Busqué la peluca con una amiga, pero no encontramos ninguna. De cualquier forma obtuve mucho más de lo que pude imaginar.

Vanessa Salas Orduño. Fotografía de Amaranta Caballero.

Vanessa Salas Orduño. Fotografía de Amaranta Caballero.

Define: “templanza”, “ego”, “éxito”.

La templanza es un ejercicio, el ego es un motor y un estorbo (si lo dejas crecer demasiado), el éxito es la satisfacción que da el disfrutar la vida y el quehacer.

¿Qué recomiendas a los artistas jóvenes en relación al arte y el contexto nacional?

Ser artista requiere de un gran compromiso y entrega, de introspección; hacer preguntas profundas sobre la vida, la existencia y buscar la respuesta de las mismas a través de la creación. Generar una propuesta que parta de la honestidad, de tu realidad.

¿Cuáles son los lugares donde se pueden encontrar tus piezas?

En “El Viejo Zaguán” (Guanajuato, Gto.), Tienda del Museo La Esquina (San Miguel de Allende), Random (León, Gto.), El bazar de las Bruxas (Guadalajara, Jal.), y en La Canasta. Tienda de Artes de México (México, D. F.)


Autores
(Guanajuato, 1973). Realizó estudios de licenciatura en Diseño Gráfico y la maestría en Estudios Socioculturales. Ha publicado los siguientes libros: Libro del Aire (Editorial De la Esquina, 2011), Okupas (Letras de Pasto Verde, 2009), Todas estas puertas (Tierra Adentro, 2008), Entre las líneas de las manos (en el libro Tres tristes tigras, Conaculta, 2005) y Bravísimas Bravérrimas. Aforismos (Editorial De la Esquina, 2005). Participó en el Laboratorio Fronterizo de Escritores/Writing Lab on the Border (2006), participó en el Festival de Poesía Latinoamericana LATINALE 2007 con sede en Berlín. Recibió la beca del FONCA para escritores en 2007. En Mayo de 2012, participó en las jornadas literarias “Los límites del lenguaje” con sede en Moscú. Su trabajo escrito y gráfico ha sido incluido en varias antologías así como en revistas nacionales e internacionales. Desde el año 2001 vive en Tijuana. Ama la música y ama dibujar.

El año 2013 está por terminar. El siglo XXI corre con toda intensidad. ¿Alguien se hubiera planteado que la figura de un cantante de folk parado detrás de un micrófono subsistiera? Cierto es que Dylan aún se encuentra en la carretera; que Devendrá Banhart ha sabido trovar para los más noveles. El primero es un veterano auscultando la música de raíz de su patria, mientras que el texano nutre sus canciones con sonidos provenientes de América Latina —donde creció—. Entre el pasado y la actualidad quedan figuras que se instalan a mitad de camino y pretenden una enésima vuelta de tuerca al country rock.

Tomemos en cuenta que existen dos figuras cruciales para que este binomio se desarrollara: Gram Parsons y Jhonny Cash. Ambos conocían a detalle la historia musical yanqui y la llevaron un paso adelante. En ellos había respeto y heterodoxia por partes iguales. Hoy día tal combinación pareciera darse con buena fortuna en una tercia de músicos por demás interesantes: Bonnie Prince Billy, Bill Callahan y Cass McCombs. Cada uno a su manera se apega al formato clásico de la canción y pretende hallar una peculiar forma de narrar que afirme su personalidad y lo distinga.

En México no llevamos una relación cercana con el country alternativo o Americana —como también le llaman—. Se pone más atención a propuestas que nos remontan a un cosmopolitismo tecnológico, pero no se puede negar que en lo profundo de ese país existe un modo de vida más cercano a lo rural con expresiones muy particulares de sus culturas. No en vano Nashville es uno de los centros neurálgicos de la música y cantidad de grupos y solistas marchan hasta allí para grabar sus producciones.

Aunque nació en Concord, California, en 1977, este singer-songwriter decidió formarse recorriendo de cabo a rabo el país y durmiendo en trenes, zonas de acampada, orillas de carretera y donde más se fuera dando. Lo curioso es que al momento de la caída de las Torres gemelas estaba en Nueva York componiendo. Tras el suceso decidió marcharse en autobús a San Francisco y asumir la grabación de su disco debut. Primero publicó un ep, Not the way en 2002, y un año después A; ambos con un pequeño sello de Baltimore: Monitor Records (aunque para Europa contactó con la prestigiada 4AD).

Desde que arrancó se ha mantenido girando con banda, editando periódicamente y sin establecer una residencia por demasiado tiempo. Ese ánimo nómada no deja de alimentar su repertorio. A estás altura va por su séptimo Lp, que tiene antecedentes brillantes, como Dropping the Writ (2007) y Catacombs (2009), incluido en la lista de Pitchfork entre lo mejor de su año.

Lo interesante es que McCombs se apropia del blues, del rock lento o de una balada sin perder identidad. Su arte consiste en estructuras simples, repetitivas, armonías poco complicadas que le permiten dejar en claro lo que quiere decir. Se ha destacado como un contador de historias que se apoyan en la soledad y el hecho de vivir en las zonas oscuras de la existencia.

Y vuelve con Big Wheel and Others, en el que enfrenta su reto creativo más exigente, pues ofrece un álbum doble y 22 canciones. Actualmente ya casi no se dan ese tipo de exigencias. Casi todo mundo acepta las reglas comerciales (que dictan que 10 canciones bastan) y no apuestan el resto de lo que tienen o pueden dar. Como es usual en Cass, busca plantear las cosas de una manera distinta, por lo que ha explicado que no se trata claramente de un disco doble sino de: “un paquete, un fardo de heno y un barril de petróleo de canciones de carretera, de rock, populares, de blues, de country, de R&B, de cine de culto, de poesía y baladas”.

85 minutos que abogan porque se les repita varias veces para soltar su esencia. McCombs está fuertemente atado a Estados Unidos y explora su relación con una actualidad compleja haciéndonos sentir que suspende el tiempo; suena con total consciencia muy vintage, se acompaña de instrumentaciones escuetas para desarrollar episodios variopintos.

De entrada nos regresa a la infancia desde el comienzo a través de una conversación con un niño acerca de asuntos casi triviales. El pequeño de 4 años se llama Sean y es el centro del documental epónimo estrenado por Ralph Arlyck en 1970. Una vez dentro puedes dejar correr el primer sencillo “There can only be one”, un tema trotón pero muy efectivo o dejarte llevar por el flow de “Big Wheel” –grasosa y polvorienta, llena de blues- y la belleza a baja velocidad de “Angel blood”.

Aunque la polémica ya se ha desatado por “Satan is my toy”, uno de los temas más rock, que paradójicamente contiene una letra propia de una fanático religioso: “Satan is my toy, and Jesus is my boy”; cierto sector de la prensa se escandaliza, pero lo cierto es que es toda potencia. La otra joyita, es la colaboración vocal de la recién fallecida Karen Black en la segunda versión de “Brighter” (un rocanrolito oldie).

Siempre arriesgada y ecléctica, la disquera inglesa Domino Records ha acertado al fichar a un trovador nómada que por alguna razón no ha llegado a las alturas de Beck o Damien Jurado, pero transita por la misma senda. Aferrado a su arte y al vagabundeo, Cass McCombs no se cansa; intenta que sus canciones se mantengan errantes –la vida es el viaje-. Sólo se detendrá cuando tenga una cita con la muerte… es por eso que tiene listo su epitafio: “En casa al fin”.


Autores
De los años sesenta tomó la inconformidad recalcitrante; de los ochenta una pasión crónica por la música; de los noventa la pasión literaria. Durante la década de los dosmil buscó la manera de hacer eclosionar todas sus filias. Explorando la poesía ha publicado: Loop traicionero (2008), Suave como el peligro (2010) y Combustión espontánea (2011). Rutas para entrar y salir del Nirvana (2012) es su primera novela. Es colaborador de las revistas Marvin, La mosca, Variopinto e Indie-rocks y los diarios Milenio Hidalgo y Reforma, entre otras publicaciones.
Cártel de la MNT

En 1978 nació la Muestra Nacional de Teatro (MNT) en León, Guanajuato, auspiciada por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Instituto Nacional de Bellas Artes y es coproducida con una entidad federativa distinta cada edición.

El propósito de esta esta emisión es promover el crecimiento del teatro mexicano a nivel nacional e internacional; dar cabida a una amplia gama de participantes como dramaturgos, críticos, especialistas y programadores. Esta muestra reúne distintas agrupaciones teatrales del país; además, presenta exposiciones abiertas al público; venta de libros especializados, capacitación y actividades académicas.

Para más información visita el sitio web:

http://www.muestranacionaldeteatro.com/muestra.php?leng=0


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.

El grupo de Julián Herbert se presenta mañana en el Distrito Federal. En Tierra Adentro publicamos “Huracán”, un poema de Julián que es también una canción de Las Madrastras.

Integrado por Héctor García (guitarra), Julián Herbert (voz), Adalberto Montes (batería), Javo Salas (bajo) y Héctor Zárate (guitarra). Han tocado juntos desde hunio de 2003.

Además de tocar, todos trabajan en disciplinas relacionadas con el ámbito cultural: literatura, artes plásticas, programación, promoción cultural, diseño gráfico. Tienen un disco titulado El diablo es un jardín. Han tocado en distintas plazas de México: Guadalajara, Querétaro, Monterrey, etc. y en Holguín, Cuba. En 2013 se publicará Desde la torre, su segundo trabajo discográfico. Su música puede escucharse en http://pakistanrecords.bandcamp.com/

6 de noviembre, 20:30 horas
Entrada libre


Autores
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