Tierra Adentro
Fotografía: Pixabay

Hace poco más de un año estaba en la Central de Autobuses del Norte esperando mi autobús. Ser demasiado puntual, además de ser de buena educación, es muy aburrido. Siempre tienes que esperar, en especial en una ciudad, la de México, en la cual el caos funciona con una perfección de reloj suizo. Tenía que esperar una hora. Un rato me puse a ver pasar a la gente; luego me senté con el bolero para que me limpiara los tenis; por último me puse a husmear en un puesto de libros que estaba justo frente a mí. Escondido en los aparadores, rodeado de Best Seller de ocasión, de novelas rosas y libros de superación personal; debajo de libros para bajar de peso y ganar dinero encontré 20 poemas de amor y una canción desesperada. Sí, así es, adivinó, el autor es Pablo Neruda.

Por un momento me dio la impresión de haber olvidado que ese libro existía, pese a que lo había leído cuando era adolescente (a los ¿12 años?) hasta aprenderme casi todos esos poemas de memoria. Así como nos obligamos a despreciar cosas que nos gustan sólo porque no le gustan a la mayoría, supongo que así había acallado durante muchos años las voces que me inclinaban a citar cualquiera de sus versos. Creo que incluso lo había quitado de un lugar vistoso de mi biblioteca, para dejarle el lugar a los mamotretos de Historia Literaria o a los diccionarios de idiomas que ni siquiera hablo. Claro que las Residencias no necesitan el filtro del decoro y la contención y uno se siente seguro de su lectura, pero ¿los 20 poemas? La supuesta solemnidad que nos imponemos, de lectores pedantes, no nosotros, nos obliga a pensarlo dos veces.

El libro costaba 50 pesos. Ése, mejor que cualquier otra cosa, me pareció el mejor pretexto para comprarlo. Costaba lo que la mayoría de las revistas literarias o políticas del país. Son 21 poemas, tienen menos palabras que cualquier perorata de columna mensual. Pensé “si ya lo tengo, lo regalo. ¿A quién?”. No sólo el libro, sino también el gesto de regalarlo es un lugar común. Es más, podríamos decir que Neruda y Bécquer son el lugar común de la poesía amorosa en español. Quizá. Y todo por ese libro de juventud de don Pablo.

Como me lo propuse, leí el libro en la sala de espera con todo y prólogo en menos de una hora. A cada verso, se me revelaba con la misma novedad de antaño versos y palabras sabidas y resabidas. Había ciertamente pasión, tanta, que resultaba un poco menos que empalagosa. Pero el ingenio era evidente. Después del poema 9, ese parecía el único modo de hacer poesía en castellano (con un poco de ignorancia del antes y el después, claro). Sin duda, Neruda era desde entonces un poeta. Esos versos me recordaban a un amor juvenil, si es que yo había vivido tal cosa a la edad de Neruda: la primera vez de un beso, de unas caricias, de un cuerpo desnudo, de la primera obsesión, del primer dolor. El primer calor de un cuerpo, la extrañeza de los besos y las estrellas, y esto y aquello. El poemario, de apenas 40 cuartillas, apenas un libro para la UNESCO, me hizo sentirme un poeta juvenil enamorado, aunque no fuera poeta, ni fuera joven —enamorado sí estaba por entonces.

¿Qué edad tenía Pablo Neruda cuando escribió esos versos? Tenía 21 años, aproximadamente. Mientras yo leí esos poemas, estaba por cumplir 25. Sin duda, los 20 poemas y la canción desesperada nos convidan de su genio al hacernos sentir que nosotros también fuimos capaces de escribir, de concebir esos versos. Su genio, que es a la vez la clave de su condición común, es que parecen habernos sido robados. Todo aquello que nos convida de este reconocimiento, de esta preconcepción adelantada, tiene la desgracia de convertirse en un lugar común. El enamorado que regalaba a la querida el poemario de Neruda, sentía dentro de sí que la enamorada identificaría con él a la voz de los poemas, no con la voz del poeta chileno. En un libro como los 20 poemas, el enamorado usurpa al poeta para apropiarse de sus sentimientos, de sus palabras, de sus sensaciones. La familiaridad que provocan los versos de Neruda y su segunda persona del singular que se refiere a una mujer hipotética e identificable pero no específica, son la clave de su fama. La voz de Neruda le habla a quien sea y quien escucha esa voz escucha a quien quiere.

Mientras me acomodaba en el asiento del camión, pues ya había pasado una hora, puse a prueba mi memoria y recité todos los poemas o versos que recordaba del poemario. “Amo lo que no tengo, estás tú tan distante”. Son versos sencillos, como los conocidos “de otro será de otro, como antes de mis besos”, “ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise”. Sencilla retórica. Este último verso se parece a uno de Verlaine “Jadis déjà, combien pourtant je me rappelle”. De fácil relación y retención, estos versos son también muy generales. Hablan de mujeres rubias y morenas, parecidas a frutas y a cosechas, a paisajes de playa y bosque. ¿No podría ser el amor un verbo más general? ¿No podría dar la impresión de ser la poesía más sencilla que el amor? ¿No podría ser el amor un lugar común que no ofende a nadie o un lugar común en impune connivencia?

Nadie sabe a ciencia cierta la función de la poesía, y menos conoce su tono, su forma de hablar. “Del oro también se hace moneda”, decía Antonio Machado. En español, en forma de poemario, quizá los 21 poemas que Pablo Neruda escribió, a los 21 años, sean los versos más recitados en clase de español, el libro de poesía que más profesores de literatura hayan recomendado leer; el libro que más ha hecho reprobar o aprobar la clase de esa vergonzosa y absurda práctica llamada declamación. Pero detrás de este lugar común, también hay otro, aún más común que el propio poemario, un lugar común que quizá nos avergüenza más, que nos hace sentir vergonzosamente comunes: el estar enamorados.

Demás está decir que hay cientos de poetas —muertos, vivos, franceses o malditos— a quienes les ofende u ofendía ser comprendidos. Ese discurso críptico, hecho para iluminados, pocas veces adopta un lugar tan comprensible como la declaración franca del amor, pocas veces busca ser recordado por amantes anónimos o por quienes sueñan con ser correspondidos, o por quienes simplemente añoran con impaciencia llegar a sentir ese, y no otro, lugar común. Hay un discurso de la poesía que busca afirmar lo poético a través de lo hermético.

Tomé la pluma cuando terminé el libro e hice un par de apuntes que ahora reescribo. Me gustó releer el poemario. Me gustó admitir que me gusta el poemario. También me di cuenta que sentí un poco de vergüenza de que los versos de Neruda me hubieran inspirado a escribir unos poemas de amor a la novia que entonces tenía. Pero los versos que se me ocurrieron se resistían a ser claros y evocativos; buscaban un Valèry o un Celan, no a un adolescente Neruda.

El poemario que escribió a los 21 años, lo supe entonces, era importante, pese a más de un verso cursi. Hizo común las metáforas que hasta entonces no eran tan comunes en una tradición donde la poesía apenas se abría al gran público. La poesía, menos frecuente que la prosa, a veces es moneda corriente. Puede no gustarnos por otra cosa, pero no porque ha estado en manos de todos.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Durango, 1988) es editor y traductor. Estudió Lengua y Literatura Francesas en la UNAM. Actualmente trabaja para el FCE.

Comunicado No. 742

México D.F., miércoles 7 de mayo de 2014

Estreno en la Cineteca Nacional

*** La producción, dirigida por Ricardo Poery, constituye la extensión de los contenidos de la revista Tierra Adentro hacia esta disciplina, en un esfuerzo del Conaculta para sumar nuevas opciones de difusión

*** La cinta se proyectará en función especial el jueves 8 de mayo a las 18:00 horas en la Sala 8 Hermanos Rodríguez

Anécdotas del día a día en la vida de la ciclista internacional de alto rendimiento, la regiomontana Ingrid Drexel; relatos del escritor Paco Ignacio Taibo II sobre los inicios de su padre como cronista de ciclismo en la España franquista; la organización y el trabajo de colectivos urbanos de bicicletas en México, y la historia del artista argentino Fernando Traverso, quien representó a los desaparecidos de la dictadura militar en su país de los años setenta y ochenta, mediante 350 pintas en forma de bicicleta en la ciudad de Rosario, Argentina, son parte del documental No son las bicicletas.

La producción, dirigida por Ricardo Poery, constituye la extensión de los contenidos de la revista Tierra Adentro hacia esta disciplina, en un esfuerzo del programa de la Dirección General de Publicaciones del Conaculta para sumar nuevas opciones de difusión. El documental presenta durante 42 minutos los contrastes sociales y humanos entre los muchos tipos de ciclistas que circulan por el país, a través de entrevistas, imágenes de archivo y escenas filmadas en diversas locaciones.

La cinta explora la dinámica de algo que No son las bicicletas, sino las infinitas causas e incertidumbres que se entretejen entre aquellos que las conducen y las que esperan a los ausentes atadas a cualquier viejo árbol.

No son las bicicletas analiza las experiencias sobre ruedas y aborda las relaciones entre aquellas y el mundo que les da existencia y sentido, y muestra que donde hay una bicicleta se encuentra también una historia humana de búsqueda, lucha, o fracaso, quizá aun de redención.

De esta manera, el documental emprende un viaje por los universos personales de múltiples seres humanos cuya vida se une a partir de este vehículo como medio de transporte, entretenimiento, subsistencia o anhelo inconcluso, y establece un paralelismo entre las diversas etapas de la vida humana y los múltiples usos que se le asignan.

Se trata de la primera incursión en la disciplina del cine del Programa Cultural Tierra Adentro, que busca sumar nuevas opciones a su objetivo de difundir el trabajo y expresiones de jóvenes creadores de toda la República Mexicana.

La producción completa estará disponible muy pronto a través del sitio tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com y se planean proyecciones en diversas sedes en la República Mexicana.

Nacido en la Ciudad de México en 1980, Ricardo Poery estudió Lengua y Literatura Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y Comunicación Social en la UAM-Xochimilco. Ha trabajado como guionista y realizador en diferentes medios de comunicación como Capital 21 y Canal 22.

Ricardo Poery ha sido profesor en la Facultad de Filosofía y Letras donde dio el seminario taller Producción de documental histórico, en la licenciatura de historia. Es director, guionista, fotógrafo, diseñador sonoro y postproductor de cortometrajes de ficción y proyectos documentales.

No son las bicicletas se estrena en función especial este jueves 8 de mayo a las 18:00 horas, en la Sala 8, Hermanos Rodríguez, de la Cineteca Nacional.

Fragmentos de No son las bicicletas pueden verse en la liga: https://www.youtube.com/watch?v=RvMjykOlpHs


Autores

“Yo soy el hermano más oscuro. Ellos me mandan a comer en la cocina / cuando la compañía llega, pero yo me río, y como bien, y crezco fuerte”. Así de francos y contundentes son los versos de Langston Hughes, poeta norteamericano que a partir de la mitad de los años veinte del siglo pasado encabezó una revuelta literaria desde el corazón del barrio de Harlem, en New York.

Nada sencillo le resultó a la cultura afroamericana obtener respeto dentro de la vida pública de los Estados Unidos; se trata de una causa que a tirones se ha hecho de espacios en la civilización occidental. Hughes (1902-1967) fue el impulsor del Renacimiento de Harlem, a través de su extensa obra, la cual incluye poesía, nutridas incursiones en el ensayo, historia, teatro y su autobiografía.

Aunque uno pensaría que la discriminación y el racismo están erradicados en la actualidad, la realidad es que los medios de comunicación, como el internet, nos muestran en tiempo real sucesos que contradicen nuestras ideas al respecto, por ejemplo: la brillante reacción del futbolista brasileño del Barcelona, Danni Alves, quien dio una mordida a un plátano que le fue arrojado por algunos aficionados del Club Villarreal. Casi al mismo tiempo se desató otro escándalo: Donald Sterling, dueño de los Clippers de Los Ángeles, fue grabado cuando daba un discurso racista, en él conmina a su novia de que no le pasara a sus amantes negros por la cara y mucho menos que los invitara a los partidos de basquetbol.

En términos sociales todavía queda mucho por arreglar para que el racismo desaparezca. Se trata de una causa abierta. A propósito de tales dislates difundidos de manera global, el periodista español José Luis Triviño publicó un texto titulado: “Todos somos monos”, en el que se lee: “Decía Miguel de Unamuno que el fascismo se cura leyendo y el racismo, viajando. Desgraciadamente ninguno de los dos medicamentos parecen haber curado esas dos grandes lacras sociales que todavía perviven en nuestras sociedades”.

Si hay que apostar por la lectura y los viajes como no revalorar la vida y el legado de un autor como Hughes, quien fue marino y recorrió África occidental y Europa antes de dejar el oficio e irse a París, donde conoció a escritores de la llamada Generación perdida: Ernest Hemingway y F. Scott Fitzgerald. Para luego establecerse en ese populoso barrio de Nueva York e impulsar una forma de arte influido absolutamente por el jazz, sus ritmos sincopados e improvisaciones.

Langston viajó, leyó y escribió mientras se regodeaba de sus orígenes raciales y del arte –especialmente de la música‒; fueron éstas sus fuentes de inspiración inagotables para crear.

Una muestra de la fuerza y belleza de su poesía:

“En un cabaret de Harlem

seis Jazzistas de cabeza alargada tocan.

Una bailarina con ojos  vivaces

se levanta lo más alto el vestido de seda de oro”.

Debido a todas estas circunstancias y aspectos de la vida de Hughes, su legado todavía es capaz de inspirar a una camada de jóvenes artistas interesados en el tema de la negritud. Como es el caso de Leyla McCalla, que procede de una familia de haitianos aunque ella nació en Nueva York. Guarda relación su novel biografía con la de Hughes, ya que ella también radicó un tiempo en África, particularmente en Ghana, antes de mudarse definitivamente a Nueva Orleans, otro lugar marcado por la migración y nada exento de descalificaciones raciales.

Desde allí preparó su debut discográfico a partir de una austera instrumentación: un banjo y un chelo. Tomó un puñado de versos de Langston Hughes y los cantó desde una perspectiva delicada y contenida. Así fue como surgió Vari-Colored Songs (Music Maker, 2014), que tiene un sello criollo y una sobria belleza. No en vano trabajó en una de las capitales del blues y el jazz; un sitio que transpira música por cada uno de sus poros.

Para su debut aprovechó su experiencia con los Carolina Chocolate Drops y en canciones como “Mesi Bondye” hay algo de confesional y autobiográfico. No se trata de una obra con un sólo eje temático, sino con varias líneas narrativas que coinciden en cierto punto de vista.

Lo que ha llamado poderosamente la atención es la creativa forma en la que toca el chelo: se deja llevar por lo que pide la canción y, en ocasiones, recurre al arco tradicional, pero también rasga sus cuerdas y hasta las acaricia. Y mientras canta entrevera el francés, el inglés y el creole con naturalidad. Hace que distintas tradiciones del folklore converjan en lo suyo; pasa de “Manman Mwen” a un “Love again Blues”.

De los 14 temas contenidos en el disco uno es de su autoría: “When I can see the valley”, que transcurre con pura voz y violonchelo; del poeta norteamericano toma siete poemas para musicalizarlos (vale la pena conocer el libro Blues, editado en 2004 por la editorial española Pre-textos) y por si fuera poco colabora con el compositor Kurt Weill, quien utilizara el tema “Lonely house” de Hughes para el musical Street Scenem, en 1947.

La artista ha podido trabajar bajo sus propias expectativas, pues los fondos para realizar la producción provienen de una exitosa campaña de crowdfounding. Pudo tributar a sus anchas al poeta y reivindicar al pasado a través de una forma de arte musical elegante y lleno de sensibilidad. Discos como éste no se dan todos los días… y menos los que tan decididamente ayudan a hacer frente al racismo y a la discriminación.

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
De los años sesenta tomó la inconformidad recalcitrante; de los ochenta una pasión crónica por la música; de los noventa la pasión literaria. Durante la década de los dosmil buscó la manera de hacer eclosionar todas sus filias. Explorando la poesía ha publicado: Loop traicionero (2008), Suave como el peligro (2010) y Combustión espontánea (2011). Rutas para entrar y salir del Nirvana (2012) es su primera novela. Es colaborador de las revistas Marvin, La mosca, Variopinto e Indie-rocks y los diarios Milenio Hidalgo y Reforma, entre otras publicaciones.
Fotografía: Pixabay

 Soñé que Georges Perec tenía tres años y visitaba mi casa. 

Lo abrazaba, lo besaba, le decía que era un niño precioso.

Roberto Bolaño

La cámara oscura es un libro que contiene 124 sueños de Georges Perec, escritos entre mayo de 1968 hasta agosto de 1972, cuatro años de transcripciones oníricas sobre situaciones absurdas o banales. Tener acceso a los sueños de Perec debiera, en teoría, darnos un acercamiento a su vida –si pensamos en los sueños como metáforas de la realidad– o su psique –sería un error suponer que basta una mera comparación del sueño con la vida despierta para evidenciar la relación existente entre ambos, dice Freud en su canónica interpretación.

No. 52

Febrero de 1971

A la orilla del mar

Fue un relato rico en peripecias. Transcurría cerca de Niza, a la orilla del mar. Quizás en Menton. Era sobre Alain Delon, o sobre un amigo de Alain Delon. Cené en un restaurante cuyo dueño conocía a mi tío. Más tarde, quise volver; llamé por teléfono pero, finalmente, no reservé. Mi tío, recuerdo que de modo bastante seco, me lo reprochó, no sé por qué, quizás porque no le dije nada al respecto. He vuelto a París en un vehículo fantástico, ultra-moderno, muy de ciencia ficción. Me acuerdo de las ventanillas panorámicas. Velocidad vertiginosa.

Entonces, si juzgamos como génesis de los sueños las combinaciones entre realidad y psique, podríamos hablar de La cámara oscura como un lugar entre las situaciones y los símbolos y, por tanto, interpretarlo significaría buscar procurarles un sentidosustituirlo por algo que pueda incluirse en la concatenación de nuestros actos psíquicos como un factor de importancia y valor equivalentes a los demás que la integran, escribiera Freud. Ya sea que los sueños tengan como propósito la manifestación de pulsiones ocultas del inconsciente (Freud), o que tengan una función compensatoria (Jung), lo cierto es que ambas visiones dependen del análisis de los símbolos –el vehículo fantástico, ¿qué representa? Y más aún: ¿qué representa en relación con el resto?

Si pudiéramos movernos en dicha dimensión, si fuéramos expertos en Freud y Jung o, al menos, estudiosos de la vida y obra de Perec, dicho marco nos permitiría concatenar signos, hablar entonces de la condición de ser judío para Perec, de su afición por los pechos lindos –Perec y la mujer–, del absurdo y un largo etcétera.

Esto, sin embargo, no es materia común para el lector –descifrar la fenomenología de la psique y los hechos–, por lo que el libro se convierte en material de estudio para los que sí son capaces de hacerlo. Para el resto de nosotros, el texto resulta en un ejercicio, otro de los tantos que Perec, junto con Queneau y Calvino, propusieron. Hay que ser honestos: ser lectores de un sueño es brutalmente aburrido.

Perec advierte en el prefacio que, al transcribir los sueños, quedaron demasiado escritos. ¿Habría que juzgarlos, entonces, como cuentos o breves relatos? No, dado que el acto narrativo es inexistente  y uno se acerca al libro como se accede a un registro –¿qué tipo de interés me supone un texto a cuya lógica no tengo acceso? El autor responde: “mi experiencia de soñador se convirtió, de forma natural, en nada más que la experiencia de escribir: ni revelación de símbolos, ni ruptura del sentido, ni esclarecimiento de la verdad (aunque me parece que, muy en el fondo de aquellos textos, queda constancia del camino recorrido, de una búsqueda a tientas), sino el vértigo de poner lo que fuera en palabras, la fascinación de un texto que parecía producirse por sí solo”.

En la dimensión que corresponde –como experimento, como género híbrido– Cámara oscura es una lectura placentera, con notas propias del humor de Perec aquí y allá. No deja, sin embargo, de presentar retos: el texto conlleva una serie de instrucciones que permiten su recorrido –de ahí el epígrafe de Harry Mathews: porque el laberinto no conduce a ningún lado, salvo al exterior de sí mismo. Las primeras páginas dan la guía: el uso de la sangría determina un cambio en el espacio del sueño, los cambios tipográficos como las itálicas apuntan un elemento significativo, etcétera. Perec incluso señala las omisiones voluntarias con el signo “//”[1]. El apéndice, por su parte, permite la clasificación de los temas –u obsesiones– recurrentes a lo largo de esos cuatro años.

La contraportada señala que “Perec estaba convencido de que todo el mundo significativo está hecho de sueños”. Esta aseveración es difusa, si se contrasta con lo que el propio Perec dijo del libro más adelante:[2] “Ya casi no me acuerdo de que fueron sueños; no son ya más que textos, estrictos y turbios, enigmáticos para siempre, incluso para mí que no sé ya muy bien qué rostro asociar a qué iniciales, ni qué recuerdo diurno inspiró secretamente qué imagen desvaída, de la que las palabras impresas no volverán a dejar, ya fijadas para siempre, más que una traza opaca y limpia a la vez”.

Fuera toda metáfora e imagen, La cámara obscura se compone de cotidianidad y absurdo. Como tal, es una lectura prescindible entre tantas otras opciones que Perec tiene para nosotros.

 

 


[1] ¿Por qué? Tal recurso funciona para hacer hincapié en eso que no se comenta, lo oculto, lo –probablemente– importante, una manera más de hacer evidente que la idea de transcripción –por definición, una copia o registro fiel de un discurso o situación– es un artificio que, más bien, responde a la voluntad del narrador.

[2] Rodrigo Pinto tiene un texto interesante llamado “La lista de Bolaño y Perec” donde recupera todas estas notas.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
nació en Tampico, Tamaulipas, en octubre de 1982. A los dieciocho años se mudó a la Ciudad de México, donde estudió Ciencias de la Comunicación. Empezó su gusto por la ficción a partir de los comics. Convertido en un entusiasta de la literatura, mantiene ahora una bitácora de sus lecturas en El anaquel. Actualmente vive en San Francisco, California.

Este jueves 8 de mayo, a partir de las 19:30, inicia la quinta edición de La Feria del Libro Independiente en el Centro Cultural Bella Época. Aquí los detalles.

Para celebrar su primer lustro, la Feria del Libro Independiente ha decidido ampliar su catálogo editorial (ochenta casas) y sus actividades culturales (casi setenta), entre las cuales cabe mencionar la nueva serie de mesas de debate, talleres y diálogos entre autores y asistentes que se extenderá a lo largo de veinte.

Al festejo se suman el ya octogenario Fondo de Cultura Económica, LOM Ediciones (dirigida por Paulo Slachevsky, la primera editorial extranjera que participa en la FLI) y un amplio número de escritores reconocido, entre ellos Mario Bellatin, Tedi López Mills, Francisco Hinojosa y Sandra Lorenzano.

Bajo el lema de “Lo marginal al centro”, esta edición de la Feria del Libro Independiente busca dirigir la atención del público hacia casas editoriales perimétricas y divergentes. Sirva de ejemplo la presencia de la editorial Eloísa Cartonera, presidida por el poeta argentino Santiago Vega (alias Washington Cucurto).

Pueden checar el calendario de actividades por acá:

programa


Autores
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Fotografía de Pueblo Bicicletero, por Odvidio Reyna.

El Área Metropolitana de Nuevo León comprende los municipios de Monterrey, Guadalupe, Apodaca, San Nicolás, San Pedro, Santa Catarina, García, Juárez y Escobedo. En estos municipios se concentra la mayoría de la población urbana y las fábricas, empresas e instituciones gubernamentales, privadas y educativas más importantes en el estado. Las continuas “mejoras” y reparaciones de las vialidades (que al final son más bien los “cochinitos” de los gobernantes en turno), más el intenso tráfico que se vive casi a cualquier hora son factores de estrés y demás padecimientos citadinos. La ciudad es un caos que nada tiene que ver con el canto glorioso a la urbe que hacían los estridentistas a principios del siglo XX, con aquello de: “Oh ciudad toda tensa / de cables y de esfuerzos, / sonora toda / de motores y de alas”. En este escenario un Colectivo llamado Pueblo Bicicletero (mote que comúnmente expresa de manera despectiva que una ciudad no vive en desarrollo, pero que ahora, de manera ingeniosa, se le da una vuelta de tuerca) se ha montado en dos ruedas y ha salido a las calles para reclamarlas e integrarse en ellas, buscar vías alternas ante la desesperación urbanística de una ciudad que a gritos pide ser reestructurada.

Aquí presentamos una entrevista realizada al Colectivo Pueblo Bicicletero.

Odvidio Reyna: ¿Qué es Pueblo Bicicletero? ¿De dónde nace? ¿Quiénes están detrás del proyecto?

Pueblo Bicicletero: El origen de Pueblo Bicicletero se dio en el 2do Festival de la Tierra organizado por el Colectivo La Bola. Luego, integrantes del Colectivo Frontera Cero convocaron, el 26 de abril de 2009, a una Protesta Rodante con el fin de manifestarse contra la falta de áreas verdes en la ciudad, para conseguir reducir la contaminación, espacios libres de autos, infraestructura para peatones y ciclistas, educación ecológica… ¡por una ciudad sustentable! A partir de esta pedaleada nació el interés de formar un colectivo para promover la bicicleta como un medio de transporte sustentable, a hacer ‘bicibles’ a los invisibles en ciudades construidas para el automóvil. Pedalear por el respeto a la vida, por una ciudad incluyente, por una movilidad sustentable. Somos un colectivo ciudadano y trabajamos en diversas trincheras de forma voluntaria. Somos arquitectos, biólogos, mecánicos, maestros, estudiantes, diseñadores, madres y padres; detrás del proyecto nos encontramos ciudadanas y ciudadanos sensibles a la realidad de nuestro entorno, interesados en hacer de Monterrey una ciudad más accesible.

OR: ¿Cuáles son sus objetivos?

PB: Promover el uso de la bicicleta como medio de transporte y realizar acciones para tener una movilidad sustentable en el Área Metropolitana de Monterrey (AMM).

Generar reflexiones, aprendizajes colectivos y cambios en el uso del espacio público, particularmente de las vialidades.

Aprender a compartir y respetarnos entre todas las personas que nos trasladamos por el AMM, ya sea en vehículos motorizados y no motorizados.

OR: ¿Cómo ven la ciudad desde la bicicleta?

PB: Cuando uno anda en la bici se mantiene en movimiento, en equilibrio. Por lo tanto, se busca que esa inercia se transmita y sea inherente al espacio por el que se mueve. En bici vemos a un Monterrey activo, en proceso de regeneración, o podría decirse de “resiliencia”. Cambiamos de piel para evolucionar en una ciudad más sana, accesible e incluyente.

OR: ¿Qué necesita Monterrey para que haya una mejor convivencia vial?

PB: Como habitantes: sentirnos, escucharnos, acompañarnos. Necesitamos salirnos de nuestra burbuja de metal y concreto y vivir las calles, intercambiar lugares para comprendernos, ser en momentos automovilistas y en otros tiempos también peatones, bicicleteros, gente en transporte público. Cuando pensemos cómo cubrir dignamente el derecho y necesidad de movilidad de mujeres, hombres, familias, ancianos, niños, de todos, entonces aprenderemos a compartir la calle. Pero no podemos hacerlo si no va de la mano con mejoras integrales en nuestra ciudad. Es por eso que es preciso implementar programas de cultura vial, respetar el derecho al espacio público que es de todos y crear o adecuar infraestructura para diferentes formas de movilidad, implementar políticas públicas que repartan justamente el erario público y que beneficien al resto de la población, ese gran 70% que no se mueve en coche particular. Suscribimos precisamente a la campaña del ITDP (Instituto de Políticas para el Transporte y Desarrollo) y Bicired “#77Urbano: lana para la ciudad humana”, en la que se le exigió a la Secretaría de Hacienda impulsar una Política Nacional de Ciudad que permita mejoras en la calidad de vida, sin embargo, peatones, ciclistas y usuarios de transporte público fuimos olvidados en el PEF 2014 (Paquete Económico para el Ejercicio Fiscal 2014). Para una mejor convivencia vial, necesitamos “vivir” primero la ciudad.

OR: ¿Cómo se da la interacción entre ustedes y el resto de la comunidad?

PB: Nosotros somos comunidad, somos parte de esta ciudad. Somos personas moviéndonos. Supongo que el resto de la ciudadanía a la que te refieres es aquella que no usa la bicicleta. En ese sentido, por nuestra parte procuramos mantener una postura franca, reconociendo qué somos entre la marea de personas que también se mueven en coche, en camión, a pie. En ocasiones el camino nos obliga a tomar una actitud a la defensiva, pues es complicado lidiar con automovilistas o camioneros que no están dispuestos a bajar la velocidad. Sin embargo, en general, la velocidad tras el manubrio bicicletero es menor, por lo que es más fácil voltear a ver quién se desplaza a un lado.

OR: ¿Quién puede formar parte de Pueblo Bicicletero?

PB: Quien guste hacerlo. Somos diversos en cuanto a posturas, gustos, ideologías, contextos. Hay quienes usan la bici a diario, quienes sólo como deporte, otros que quieren aprender a pedalear en la ciudad. No hay edades para la bici, menos para el Pueblo Bicicletero. ¡Bienvenidas todas y todos!

OR: ¿Hay más grupos bicicleteros en la ciudad? ¿Cómo es su relación con ellos?

PB: Actualmente hay entre nueve y once grupos en el área metropolitana. La gran mayoría tiene sus inicios en Pueblo Bicicletero. Colaboramos con algunos grupos, tanto en actividades recreativas, culturales, pedaleadas o fiestas, como en gestión pública y relación/asesoría con instituciones educativas.

OR: ¿Cuáles consideran que sean los logros más importantes que hayan tenido a lo largo de su existencia como colectivo?

PB: El logro más grande es que seguimos pedaleando, que somos un grupo cada vez más fuerte y consolidado. Aprendemos constantemente, nos profesionalizamos. Además de las rodadas y las actividades culturales, trabajamos con gobiernos municipales e instituciones educativas para la implementación de acciones y programas de movilidad sostenible que contemplan a la bicicleta, al transporte público y a peatones; tales como el caso de la Ecovía, el proyecto del Distrito Tec, o la red San Pedro Gran Vía, las vías recreativas en San Pedro y Monterrey, y la oportunidad de poder subir la bicicleta al metro. Para más información, se puede visitar la página de Pueblo Bicicletero.

OR: ¿Cuáles son los obstáculos a los que se enfrentan con mayor frecuencia?

PB: La velocidad, la apatía, la ignorancia, el individualismo. Velocidad no sólo de los autos, si no del ritmo al que crece (o decrece humanamente) nuestra ciudad. Apatía por parte de la ciudadanía y el gobierno. Ignorancia que se rinde ante prejuicios y miedos al cambio. Individualismo que no permite ver a la otra forma de vida.

OR: ¿Ser parte de un grupo bicicletero significa una ruptura total con el automóvil o cómo ven al resto de los medios de transporte desde su perspectiva?

PB: Ruptura total sería caer en un juego sin sentido. Nosotros buscamos crear lazos, aprender a compartir. No estamos peleados con el uso del coche, más bien reconocemos que en ocasiones es necesario. El problema en todo caso es el uso desmedido del auto, que es lo que genera altos niveles de contaminación, tráfico, enfermedades. No estamos peleados con nada ni nadie, al contrario buscamos que seamos beneficiados justamente todos. Queremos medios de transporte sostenibles, intermodales, poder mezclar la bici con el metro o camión y tener vialidades de baja velocidad para movernos en coche y poder respetar al mismo tiempo a peatones. ¡Queremos ver calles completas, vivas y diversas!

OR: ¿Cuál es la frecuencia con la que se reúnen y dónde ocurre esto? ¿Organizan rodadas?

PB: Las pedaleadas domingueras de Pueblo Bicicletero son todos los domingos a las 6 pm. Nos reunimos en la Explanada de Colegio Civil, en Juárez, entre Washington y 5 de mayo, en el Centro de la ciudad. En Pueblo Bicicletero nos gusta vincular los recorridos con actividades culturales, musicales, de reflexión, sobre diversas temáticas como el medio ambiente, los derechos humanos, la salud. Nos gusta colaborar con otras organizaciones o colectivos e ir a lugares de interés.

Fotografía por Pixabay.

Entrevista a Rubén García, de Mundo Ceiba

 

Durante el 2004, Rubén García, sociólogo originario de la ciudad de Oaxaca, fundó Mundo Ceiba –asociación civil sin fines de lucro que tiene como objetivo “Cuidar el medio ambiente”–. En un inicio realizaron proyectos de reforestación, campañas para evitar la producción de residuos sólidos y, en la medida que esto fuese posible, evitar la quema de combustibles fósiles. Así, en el 2007 iniciaron con la promoción de la bicicleta como medio de transporte. Organizaron paseos dominicales. Por cada uno de éstos pegaron 500 carteles y realizaron una “muy ardua” campaña de difusión por medios electrónicos. Pelearon con las autoridades municipales para conseguir “cierto” apoyo. En un inicio llegaron entre 40 y 50 personas. Eran pocas. Muy pocas si las comparamos con las 200 que actualmente asisten, no sólo a los paseos dominicales, sino también a los nocturnos –paseos cuya periodicidad fue mensual, luego quincenal, después semanal y actualmente tres veces a la semana‒. Esto, asegura el sociólogo, es signo y síntoma de la vitalidad del proyecto. Porque no queda duda: tiene energía propia. Mucha.

Aquí, un fragmento de la conversación con Rubén García, ciclista y fundador de Mundo Ceiba, asociación que trabaja en la promoción de la bicicleta como medio de transporte: uno a escala humana, sin ventanas como intermediarios.

 

Saúl Hernández: ¿Cuál es el objetivo de los paseos en bicicleta?, ¿cómo se ha modificado con el paso del tiempo?

Rubén García: El objetivo inicial era cuidar el medio ambiente. Nos importaba que la gente dejara de contaminar y que utilizara la bicicleta como medio de transporte. Ése sigue siendo nuestro objetivo principal, pero le sumamos otros que tienen que ver con calidad de vida. Con el uso de la bicicleta deja de haber congestión vial y contaminación. Las personas tienen un beneficio económico y en su salud… Si invitamos a utilizar la bicicleta, adquirimos un compromiso para brindarle espacios a la gente. No nada más es hacer así: “Dale a la bicicleta y ocúpala como medio de transporte”. También trabajamos en el tema de infraestructura que el mismo programa nos exige. Hemos estado instalando bici estacionamientos. Estuvimos impulsando y se logró que, a través de un equipo de trabajo, se concluyera una parte de una ciclovía que ahora está por llegar al Tule. (Ciclovía que va de la colonia 5 señores a la del Tule). Antes era una ciclovía que no tenía un inicio ni un fin.

SH: Entonces, ¿los proyectos que han realizado han repercutido en políticas públicas?

RG: Exacto. Nos dimos cuenta de que existen otras organizaciones a nivel nacional, prácticamente en todas las ciudades de México, en las más grandes, las capitales, que fomentan el uso de la bicicleta. No necesariamente son asociaciones civiles (de éstas sólo somos dos o tres): son colectivos, grupos de chavos, con quien tenemos en común impulsar el uso de la bicicleta. Realizamos actividades simultáneas. Esto nos ha ayudado mucho, porque a través de dicha red hemos aprendido sobre la infraestructura ciclista. Hemos tomado diplomados, visitado otras ciudades, visto otras experiencias. Parte de esas vivencias las hemos aplicado en el programa que hacemos. Al principio no nos interesaba trabajar en la gestión de espacios para la bicicleta y actualmente es algo que tenemos agendado. A través de la bicired supimos qué tipo de diseño necesitaban los bici estacionamientos.

SH: Y, ¿a través de esta bicired han discutido sobre qué conversaciones tener con gobiernos locales?

RG: Discusiones locales no. Tenemos el respaldo. Más bien tiene que ver con políticas nacionales. Por citarte un caso: existe un fondo que se llama Fondo metropolitano, y nosotros estamos viendo que parte de ése esté totalmente etiquetado para infraestructura ciclista.

SH: En Oaxaca, por ejemplo, se han involucrado en las protestas contra la construcción de infraestructura carretera o en la promoción de otro tipo de transporte público: uno que mueva a más personas con menos costos ecológicos y sociales.

RG: Todo eso tiene que ver con las enseñanzas de la bicired. Ya estamos mirando con un lente que nos permite reconocer la ciudad de otra manera. Muchos tenemos el lema de “Una ciudad humana”. Si yo no estuviera en el fomento de la bicicleta o formara parte de la bicired no me hubiera dado cuenta. Pero ahorita con toda esta información sabemos que ese tipo de obras carreteras no benefician en nada al medio ambiente, a la calidad de vida, a que la ciudad sea para las personas. Hemos visto experiencias de otras ciudades en donde esa infraestructura solamente fomenta el uso del auto privado. Y lo que se tiene que hacer es desincentivar el uso de éste.

SH: ¿Cuál ha sido el mayor obstáculo para promover el uso de la bicicleta?

RG: El cambio de pensamiento. Vamos contra corriente haciendo paseos en bicicleta. Por ejemplo, ahorita pensamos hacer más paseos; prácticamente habría todos los días de la semana. Eso lo hacemos porque ha sido la herramienta que nos ha permitido crear una necesidad pública. ¿Qué es lo que piensa alguien cuando ve muchos carros? Dice: hay que hacer más carreteras porque ya hay muchísimos carros. Y nosotros vamos en esa lógica, pero con otro sentido: ya hay muchas bicicletas, entonces, ¿qué vamos a hacer?: crear infraestructura para que toda esa gente que tiene bicicleta la ocupe.

SH: ¿Podría correrse el riesgo de que toda esa infraestructura quede centralizada?

RG: Sí. Es muy delicado estar pidiendo y pidiendo infraestructura ciclista porque también estamos generando una diferenciación del espacio. Podríamos segregarnos y no convivir. Sí es necesaria la infraestructura pero hasta cierto punto. Es importante la infraestructura en vialidades de alta velocidad. Ahí sí es necesario, pero no en los espacios en donde la gente circula a 40 km/h, 20 km/h.

SH: ¿Qué hacer para no subutilizar toda esa infraestructura?

RG: Es muy peligroso hacer obras para bicicleta, porque pueden quedar como elefantes blancos. “No la ocupa la gente”, dicen. Siempre que se hace algo en la ciudad debe intervenir un consejo, urbanistas, sociólogos, antropólogos; un equipo de gente que diga en dónde es necesario construir. Tengo un mapa para crear infraestructura ciclista: solamente en avenidas grandes y de alta velocidad. En el centro de la ciudad estamos sugiriendo un carril a la derecha, solamente con pintura, y que diga: “Preferencia el ciclista”. Si viene un auto o una moto puede pasar, pero si viene un ciclista éste debe tener preferencia. ¿Por qué el ciclista debe tener preferencia?: porque es el medio de transporte más frágil. Por ejemplo, cuando tú como ciclista llegas a un crucero, tienes preferencia porque para volver arrancar haces un esfuerzo doble. También, es muy importante que la bici circule a la derecha porque es el carril de baja velocidad.

SH: Regresando un poco: hace rato dijiste algo muy interesante: una ciudad más humana. ¿Podrías hablar un poco más sobre esto?

RG: La bicicleta genera algo muy interesante: cohesión social. Cuando vas en el auto no puedes convivir con los demás. No puedes. No puedes ver a quien está a tu lado. En cambio, si vas en bicicleta, si alguien va junto a ti sí lo ves, la velocidad es muy parecida. […] Al menos en donde crecí, jugábamos en la calle futbol, y si pasaba alguien en bicicleta seguías jugando. No sentías miedo, ni peligro ni nada. Tú seguías en lo que estabas haciendo, pero cuando se convirtió en una calle en donde pasaban carros ya no te dejaban jugar en la calle, ya era peligroso, tenías que agarrar la pelota y quitarte hasta que pasara el carro. La gente deja de convivir en las calles. Entonces ya no se ve como se hacía antiguamente: la gente jugaba en las calles, las hacía suyas. Ahora son espacios peligrosos. La bicicleta no significa ningún peligro para nadie. Es como una cosa que te permite una mejor convivencia y tiene que ver con una cosa: nadie dice te atropelló una persona, todos dicen te atropelló el carro, como si el carro fuera como un ente extraterrestre, como si dejaras de ser una persona cuando te subes a un carro. Inconscientemente para la gente es así. Si logramos hacer que haya menos carros en las ciudades o en las calles, haremos que la gente conviva mejor: que camine, que utilice la bicicleta, que se sienta más cómoda, más segura.  La gente deja de caminar en las calles porque son inseguras.

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Ciudad de México, 1982). Es artista visual y editor. También escribe. Actualmente trabaja en edicionespatito.org. Vive en la frontera norte.
La tragedia de Macbeth, fotografía tomada del facebook del Teatro el Milagro.

“La vida no es más que una sombra en marcha;

un mal actor que se pavonea y se agita una hora en el escenario

y después no vuelve a saberse de él:

es un cuento contado por un idiota,

lleno de ruido y de furia, que no significa nada”

Acto V, escena 5.

 

 

“La obra durará dos horas con veinte, sin intermedio y una vez adentro, nadie puede salir” es la observación que se da antes de ingresar al teatro e inmediatamente se le sugiere al público dos cosas: ir al baño y no colocar bolsas o bultos en el suelo, todo debajo de los asientos, ya que “se corre el riesgo de obstaculizar los trazos de los actores”.

Al buscar el asiento, lo primero y lo único que el espectador tiene ante sí son las dos hileras de sillas en medio del escenario, una frente a la otra en una enorme caja negra, minutos después se da la tercera llamada y las luces se apagan…

Es así como inicia “La tragedia de Macbeth”,  un espectáculo de Laura Almela y Daniel Giménez Cacho.

¿Con qué se va a encontrar el público en esta obra? Con un montaje interesante, arriesgado y una exquisita muestra de lo que es la Actuación, con mayúsculas.

Un Shakespeare enorme.

¿Y a qué me refiero con “enorme”? A que estos dos señorones toman a Macbeth en su versión original y deciden actuar  ellos solos a todos los personajes, sin escenografía, y con un vestuario reducido a unos pantalones, una camisa y unas botas tipo militar en tonos completamente grises que buscan mimetizarse con el resto del escenario.

Desde el primer diálogo, es notorio que se divierten, disfrutan la misión casi heroica propuesta por ellos mismos,  incluso se dan el lujo de jugar por momentos, como en una especie de partido de ping pong con los papeles: en una escena Laura Almela es Duncan, el rey de Escocia y al siguiente, toca el turno a Giménez Cacho.

Si bien es cierto que al principio cuesta trabajo a los presentes entrar en “la convención”, pues ésta exige toda su atención y por instantes hay desconcierto, inquietud y por qué no mencionarlo, uno que otro bostezo; en unas cuantas escenas, se les puede ver completamente inmersos en la historia gracias a los trazos necesarios y los elementos escénicos ―escuetos e indispensables, como una vela y una manta, entre otros―.

El diseño sonoro corre a cargo de Rodrigo Espinosa, quien consigue crear una atmósfera llena de fuerza y decisiva en escenas cruciales como la ya famosa aproximación del bosque.

La iluminación, a cargo del talentoso Gabriel Pascal, es intimidante y coloca al espectador en una tensión que complementa los ligeros “contactos físicos” que los actores tienen por instantes con el público.

Cuando el final se acerca, uno puede mirar hacia cualquiera de los ahí presentes y comprobar el éxito del montaje: rostros atentos, tensos por lo que será la resolución de esta historia, una de las más conocidas de Shakespeare en donde la ambición permea cada una de los acciones del protagonista  y cuando el oscuro final se hace presente, los aplausos de pie no se hacen esperar.

“La tragedia de Macbeth”, un trabajo dedicado a los maestros Juan José Gurrola y Ludwik Margules, se presenta en el Teatro El Milagro ubicado en Milán 24, colonia Juárez, con los siguientes horarios:

Jueves y Viernes 8:30hrs.

Sábados 19 hrs.

Domingos a las 18 hrs.

Aplican los descuentos habituales  y estará en cartelera hasta el 25 de mayo.

Sin duda una de las mejores puestas en escena que hay en estos momentos en la oferta teatral.

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
Ciudad de México, 1980. Dramaturga. Autora de Aún no recuerdo su rostro (FETA 2014). Fue Becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas (2009-2011) y de Jóvenes Creadores, FONCA, (2008-2009). Participó en los talleres de The Royal Court of London y realizó una residencia en la misma institución en marzo del 2013. Su obra Anatomía de la Gastritis, traducida al francés por David Ferré, fue editada por la editorial Le Miroir. Ha publicado Editorial El Milagro; Los Textos de la Capilla, segunda generación; Tierra Adentro, Buena tinta y la revista Este País. Su guion Distancias Cortas fue publicado en co-edición con IMCINE y Editorial Buena tinta, en 2012.