Al poco tiempo de haber escuchado por primera vez acerca de la banda (por un comentario de Vicente Jauregui, guitarrista de Capo, si la memoria no me traiciona), doy con el video de “Como Kerouac on the road” y me encuentro con un quinteto que recorre parte del Centro Histórico con ukelele (¿o será cuica?) y melódica, para finaliza con un set en la azotea de un edificio que deja ver en la lejanía la Torre Latinoamericana.
Luego me entero de sus proyectos actuales: arman un pequeño documental, afinan su disco debut ―de evocación literaria― y, el sábado 17 de mayo, formarán parte del Festival Marvin, que se enfoca en proyectar talento emergente. Con estos elementos llego a tener un acercamiento y conocer más detalles de esta agrupación que absorbe distintas expresiones del folk, al tiempo que se enorgullece del legado de Rockdrigo ―el profeta del nopal―. Le dirijo mis inquietudes a Israel Ramírez, el eje sobre el que se mueve este proyecto que está oxigenando al rock nacional y que destaca por lo impredecible (se puede presentar en vivo de solista o acompañado de un ensamble de hasta ocho músicos).
En general se entiende la palabra gazapo como mentira, pero también es el título de una novela de Gustavo Saínz ―miembro de la literatura de la Onda―. ¿Por dónde iban ustedes al momento de decidir usarla para titular su disco debut?
Primero, me enamoró la novela de Saínz: la historia de amor entre Menelao y Gisela y todas las aventuras que le suceden a ese adolescente en la Ciudad de México de los años sesenta. Me enamoró tanto que le hice una canción, una interpretación muy subjetiva de la novela y de cómo se relaciona con mi propia vida. Creo que todos fuimos alguna vez Menelao y algunas otras Gisela. Por otro lado, me atraparon los significados de gazapo: cosa malsonante, cría de conejo, embuste o mentira. Tres conceptos que introdujimos al sonido realizado por la banda y el productor, Jorge Atristain, y en el arte, realizado por Óscar Coyoli. Es el primer disco, un nuevo conejo, malsonante y mentiroso.
Belafonte Sensacional es, por decir lo menos, un nombre poco usual y divertido. ¿A quién homenajean con ese nombre?
Es una cadena de homenajes. En su película The Life Aquatic With Steve Zissou, Wes Anderson hizo un homenaje al gran explorador del mar Jacques Cousteau, quien viajaba por el mundo en su barco llamado Calypso. Wes Anderson bautizó al barco de Steve Zissou (otro gran explorador del mar) como el Rey del Calypso: (Harry) Belafonte. Yo terminé haciendo un pequeño homenaje a Wes Anderson al usar el nombre de su barco. Me pareció ideal que un proyecto musical tuviera el nombre de un barco: un objeto que está en movimiento constante, llegando a diversos puertos.
Lo Sensacional es definitivamente un tributo a Sensacional de Traileros y a todos esos comics con personajes de bigote fino y chichis enormes.
“Yo te quiero de aquí a Torreón” es una frase que alude a la provincia mexicana, pero el rock nacional sigue centralizado. Ustedes usan este motivo en una canción, aun cuando el D.F. concentra medios, espacios, etc. ¿Cómo ven ustedes tal situación?
El rock no está centralizado. Nadie puede centralizar el rock. En una colonia de un pueblo que no conocemos hay un carnal tocando la guitarra y sacando sus primeros covers, en el metro hay Mc’s que improvisan rimas entre los pasajeros mientras que un DJ está haciendo música en su cuarto; hay escenas chingonsísimas en Guadalajara, Monterrey, Chiapas, Tijuana, Xalapa, Puebla: desde rock progresivo hasta cumbia.
La que está centralizada es “la industria” y eso se combate con esfuerzos locales, entre las bandas, organizándonos para crear nuestra propia industria. Los Grises son un ejemplo de cómo se puede pasar del “Do it yourself” al “Do it together”. Y es un modelo que, yo creo, las bandas “independientes” debemos fomentar.
Su sonido tiene una parte que se adapta muy bien a lo acústico, suena completamente orgánico, ¿piensan que están surgiendo bandas que se interesan por ir en rumbos musicales distintos y ya no repetir los patrones existentes?
Creo que en estos momentos, como en toda la historia del arte, hay dos formas de hacer las cosas: una es fomentar los patrones existentes, formar parte de una tradición y la otra es romper con esos patrones a través de la experimentación. En este momento, la banda está en el proceso de reconocer sus propias tradiciones, de hacer una revisión de dónde venimos, qué música nos ha formado y cómo podemos apropiarnos de la tradición. Lo que sigue es romper con eso y tratar de crear algo nuevo. Ahí estamos.
“Como Kerouac on the road” es otra evidencia de su veta literaria, ¿puede la literatura compaginar bien con la música?
Compaginan muy bien y ya llevan rato saliendo juntos. La literatura ha inspirado discos y canciones, y la música ha inspirado novelas y poemas.
¿De dónde viene la idea de dedicarle una canción a San Charbel, uno de los santos menos conocidos pero que tiene un templo en pleno Centro Histórico?
“¿Quién es San Charbel?” es una historia de hipocondría. Un domingo tuve una crisis, estaba solo en casa y se me metió la idea a la cabeza de una enfermedad terrible que me mataría. Mi doctor no estaba y no encontraba el teléfono de mi psicoanalista. Lo único que encontré fue un San Charbel que me tiró paro. No soy creyente pero me tiró paro. Me puse a rezar y después le hice una canción. Es, en realidad, una triste canción de despedida en el contexto de una hipocondría. Al rock mexicano, además de chichis y vergas, le hace falta una espiritualidad que no caiga en el jipismo barato ni en el proselitismo idiota, sino una espiritualidad de la que uno pueda hacer historias y reírse de uno mismo.
La cosa es que la mayoría de las canciones de Belafonte son autobiográficas, llenas de referencias de la Ciudad de México y sus personajes; cuentan historias tristes, cantadas desde una alegría inusual.
Se dice que Gazapo tendrá un tiraje en casete, ¿de dónde viene el interés por revivir un formato que parecía extinto?
Nostalgia y exploración de formatos para presentar nuestra música. El casete fue el primer medio donde escuché música, donde descubrí tanto a los Beatles como al Three Souls in My Mind y Rodrigo González. Ahora que la mayoría de los escuchas recolectan canciones en sus gadgets, me pareció que era buena idea darles un objeto coleccionable.
¿Cuáles son las figuras del folk contemporáneo que inciden sobre el sonido de Belafonte? ¿Son muy clavados con la música vieja?
En la banda nos gusta todo, del metal y el blues a la salsa y el reguetón. En lo particular me han influido a la hora de componer: Wilco, M. Ward, Bright Eyes, Bill Callahan; además nos gusta el folk viejito de Woodie Guthrie, The Kingston Trio, John Fahey, Vasthi Bunyan, Simon & Garfunkel, Bob Dylan, Nick Drake. Para este disco nos influyó mucho Jaime López, Rodrigo González y Trolebus.
La diferencia entre un hombre que mata y el que no se atreve a hacerlo es mínima. Imperceptible. Porque en esencia todos llevamos un espíritu criminal dentro, nace con nosotros, pero logramos esconderlo a fuerza de educación, amistad y un amorfo sentimiento de justicia. Mas en ocasiones se vuelve incontenible y se libera de su enclenque encierro para regarse por todas las venas. Caliente y sublime. Eso es lo que anima al asesino. Esa es la diferencia.
Lo mismo sucede al tratar de diferenciar locura y genialidad.
Según el IMSS, 25 millones de mexicanos padecen un trastorno mental. Se trata de la cuarta parte, aproximadamente. Uno de cada cuatro. Estremecedor, pero nos da una idea de cómo nos hemos acostumbrado a convivir con algún problema mental, sea de nosotros, o de quienes nos rodean.
El límite para traspasar esta cosa que conocemos como razón es transparente. Mas su regreso casi siempre es imposible.
Hay casos emblemáticos, como el de Daniel Johnston, quien nació en California en 1961. Durante su adolescencia comenzó a padecer trastornos mentales que a la postre lo llevaron a un trastorno bipolar. Pero Johnston se aferró a la música y nunca ha dejado de creer en ella. Grababa en cassettes mediante una grabadora casera y luego los obsequiaba a quienes se los pidieran. Poco a poco, sus cintas se volvieron de culto. Gente como David Bowie, Sonic Youth, Beck, The Flaming Lips, Matt Groening y Kurt Cobain alabaron e interpretaron sus melodías. Su música ha sido catalogada como “chispazos de lucidez”. Sus conciertos pueden llegar a ser tan irregulares que a veces sólo canta dos temas. En 2005, su vida fue llevada al documental: The devil and Daniel Johnston. Actualmente vive en Texas y sigue grabando, aunque ya de manera digital.
Hay muchísimos más locos geniales. Como el pintor Richard Dadd, quien, en 1842, degolló y desmembró a su padre; toda su obra posterior la hizo en el manicomio. José María Panero, el último poeta maldito que ha parido España; quien pasó los últimos años de su vida en varias clínicas mentales. Martín Ramírez, el migrante mexicano que, una vez en Estados Unidos y con una esquizofrenia paranoide deteriorada, pintó hasta morir en el albergue donde fue enclaustrado.
Pero también hay quienes enfocan su trastorno en otro tipo de experiencias. Por ejemplo, Armin Meiwes fue un niño normal en la escuela, algo retraído y apartado de sus compañeros. Dentro de su familia vivió las sucesivas separaciones de su madre y al final de su pubertad vivía solo con ella, sometido a una estricta disciplina. Cuando tenía 40 años, de común acuerdo, un 10 de marzo, mató al berlinés Bernd Brandes. Antes de morir, Brandes pidió a Meiwes que le cortara el pene y se lo comieran juntos tras sazonarlo en un sartén con cebolla y ajo. Después, Meiwes lo descuartizó y se comió algunas de sus partes durante los días posteriores.
Al ser detenido, Meiwes no mostró arrepentimiento. Sus vecinos no podían creer que éste, el Caníbal de Rotemburgo –como lo conoció todo el mundo– hubiera hecho semejante cosa. Los expertos que lo examinaron, concluyeron que Meiwes sufre una fuerte perturbación mental y que no podía ser curado por medio de terapia. Fue condenado a cadena perpetua.
Como ese hay muchos casos similares: Jeffrey Dahmer, Andrei Chikatilo o los hermanos Otis y Henry Lee Lucas. Todos ellos, individuos que encabezan las listas de caníbales famosos. ¿Qué motiva a estos hombres al homicidio con propósito de ingesta? Tal vez la última respuesta sea el hambre. Dicen los enterados que los mueve un desbordado afán de poder y control, de apropiación última de la víctima.
Como dice José Luis Zárate en su libro En el principio fue la sangre, “tal vez si los ciervos tuvieran una civilización le dedicarían tanto espacio a los leones, como nosotros se los dedicamos a los asesinos seriales”.
Tal es el caso del Heidnik’s House of Horrors, la obra cumbre de una banda de punk llamada Serial Killers. Grabado en 1988, este potente acetato es de esos que taladran los tímpanos sin piedad. Tras esta producción la agrupación se disolvió (antes grabaron un EP). Este disco es de culto por una macabra particularidad: como sello de autenticidad, se engrapó en cada una de las mil copias una bolsita con cenizas de algunos restos de las víctimas del asesino serial Gary Heidnik (cuyo método para someter a sus cautivas fue retomado en la novela de Thomas Harris, El silencio de los inocentes). De ahí el nombre del disco y la representación de Heidnik en la portada. Actualmente, este vinilo rojo sangre es una auténtica rareza y, literalmente, inconseguible.
Hace algunos ayeres comencé a leer un proyecto del periódico El Universal llamado “La Revista”, cada lunes me deleitaba con textos de mucha gente, ahí supe de un tipo llamado Alejandro Almazán. Me parecía y me sigue pareciendo que su labor periodística obedece a un olfato que poco a poco ha ido desapareciendo entre el gremio. Porque la inmediatez, las nuevas tecnologías y lo devaluado que resulta en estos días dedicarse al periodismo nos somete a una atmósfera monótona y aburrida. Esa que nos quita las ganas de ir a recoger historias que ocurren por todas partes, esas que sólo esperan a que uno vaya por ellas.
Los de Almazán son textos claros y dinámicos, que demuestran que el autor, además de periodista, es también un gran lector, un hábito que muchos reporteros han olvidado o lo que es peor, despreciado.
En uno de los textos de La Revista apareció, en ese entonces, la historia de Gumaro de Dios. Además de leerlo, se lo recité a mi novia en turno, mientras su mente estaba en alguna tienda departamental. Presté el ejemplar a cuanta gente se me puso enfrente hasta que ya no supe de él. En ese texto se cuenta la historia de un niño de campo que se convirtió en hombre y que en algún momento de su vida entró a la otra dimensión y, desde ahí, mató y se comió a su pareja.
En 2007, la historia se hizo un reportaje novelado (o una novela de no ficción). En Gumaro de Dios, el caníbal (Mondadori, 2007), Almazán amplía este personaje. Nos muestra su lado humano, su papel como humilde obrero, su fugaz paso por el Ejército, la pobreza de su familia y el lazo afectivo que sus parientes afianzan aún más, incluso después de que el caso aterrorizó a México.
Si en un comienzo podemos sentir repulsión por este hombre, al final del libro esta aversión se pulveriza. Como se evapora el odio que puede despertarnos Gary Gilmore, el protagonista de La canción del verdugo, de Norma Mailer, o también como sucede con Dick Hickock y Perry Edward Smith, los homicidas de A sangre fría, de Truman Capote.
Almazán nos ofrece una especie de documental narrativo, en el que Gumaro le cuenta de sus demonios, de sus aberraciones, de sus recuerdos, pero también de sus sueños y sus tristezas. Percibimos el calvario de una familia humilde y abatida por los señalamientos, las carencias y la pena de que a Gumaro le tocara ese cruel destino. Casi visualizamos las condiciones inhumanas de las cárceles de provincia, así como su corrupción y su ineficacia como centros de readaptación social.
Para nuestra fortuna, ahora la editorial independiente Nitro Press reedita esta historia, corregida por el autor y con un valioso plus: el epílogo donde Almazán cuenta sobre la muerte de Gumaro. Sin duda, Nitro Press sabe que las verdaderas historias no están detrás de una lista con los mejores libros del año. Cuando esta novela salió tuvo poco eco. Con la reedición, se le hace justicia y la editorial se coloca como una de las más valientes de la escena.
A Gumaro no le tocó ser pintor, músico o poeta. Su obra cumbre fue el canibalismo. Pero el de verdad, no el que fabricaron los notarrojeros, quienes lo dieron a conocer como el “Poeta caníbal”. Aunque en realidad no era lo uno, ni lo otro.
Cuántos Gumaros en potencia habrá en cada ciudad. A cuántos los tenemos por compañeros de clase, vecinos, amigos, profesores, tíos o gobernantes. Con cuántas de estas atormentadas personas nos sentamos a lado en el camión, conversamos con ellos en un bar o son nuestros amigos en el Facebook.
Eso lo sabremos en breve. Cuando el siguiente de estos seres se atreva a cruzar la frontera más transparente.
¿Alguna vez viste una película que empiece como una genialidad sólo para convertirse en un complaciente e intrascendente producto más? Yo sí: The World’s End (Wright, 2013).
Me explico: una lección moralista de la dignidad humana puede crear una gran película; el problema con The World’s End es que la lección moralista de la dignidad humana con la que termina parece sacada de otra película.
La historia de The World’s End es grande: enmarca un tema universal (crecer y dejar de reconocerse en los pares, aferrarse al pasado para evitar responsabilidades, la sensación de que la vida nunca se sentirá mejor que cuando uno tenía 17 años) con una atmósfera de ciencia ficción. La película no trata de extraterrestres que sustituyen a los pobladores de una ciudad pequeña. La película trata, en cambio, del reencuentro y la nostalgia dentro de un marco de extraterrestres que sustituyen a los pobladores de una ciudad pequeña.
Una buena narrativa respeta sus límites. No saca conejos ni soluciones de la manga, sino que, como cualquier organismo vivo, crece dentro de sus propias posibilidades. Una historia efectiva es una lección de aristotelismo: un huevo de gallina podrá llegar a ser una gallina, unos huevos a la mexicana o un huevo lleno de confeti, pero nunca un elefante. Es una cuestión de acto y potencia.
Otra lección de aristotelismo: cuidado con el deus ex machina. Este plot device se refiere a la resolución de un arco narrativo por medio de una figura que no tiene relación directa con lo que se nos viene contando, o que subvierte los personajes de una narración hasta el punto de hacerlos incompatibles con su primera presentación. (Aquí, un par de tíos con acento horrible retoman algunos de los más famosos deus ex machina en el cine). Así lo dice el Estagirita: “Es, por lo tanto, evidente, que la solución de la trama, y de las peripecias, debe surgir de la trama misma, y no de una argucia (deux ex machina)”, (aquí la Poética completa, por si gustan).
Un esquema simple: una familia pobre lucha para pagar el tratamiento contra el cáncer de su hijo menor. Los personajes son impulsados a comportamientos extremos: la madre vende droga y desarrolla una adicción por la cocaína, el padre se vuelve asaltante, la hija se prostituye. Hacia el final, cuando todos han caído en un espiral de autodestrucción, el padre gana el Melate (y eso que el padre nunca compraba el Melate; simplemente se levantó ese día y decidió comprarlo). De repente, 400 millones de pesos resuelven los conflictos que se construyeron desde el principio: el padre deja su vida criminal, a la esposa la mandan a una clínica de rehabilitación, el hijo recibe el mejor tratamiento médico y la hija puede salir del negocio sexual. Todos felices; vamos a negros y créditos con música de Phil Collins.
Esta historia es una muestra de pereza narrativa. El escritor no supo o no quiso pensar cómo resolver la historia de manera orgánica, es decir, qué elementos del desarrollo tenían, desde el principio, la posibilidad de crecer y convertirse en una solución. Es como escribir “Una cosa llevó a la otra (one thing led to another)” o “pasaron muchas cosas”. ¿Qué son esas cosas? ¿No se supone que, como escritores, deben decirme cómo una cosa llevó a la otra y cuáles fueron esas cosas que pasaron?
El deus ex machina es, dentro de estas perezas narrativas, la peor de todas: un mal final puede darle al traste a cualquier película (por otro lado, un buen final puede salvar un bodrio). Quien haya escrito el artículo de la Inciclopedia sobre este dispositivo tiene demasiada razón: “En pocas palabras, un Deus Ex Machina ocurre cuando o los protagonistas son débiles o los malos son muy fuertes, pero en cualquiera de los dos casos es porque el autor es un idiota” —cofcofelfinaldeHowImetyourMothercofcof—.
The World’s End tenía todo para ser un clásico: nostalgia de amistades rotas, un maratón de borrachera, bodysnatchers, un soundtrack bien inglés, Rosamunda Pike, Simon Pegg, Nick Frost… Hasta los últimos minutos, en que la película se desvía del camino del señor y termina en una lección moralista de la dignidad humana.
La historia va así: Gary King (Simon Pegg) es un alcohólico de cuarenta años que nunca ha logrado nada. Después de un intento de suicidio, reúne a sus compinches de parranda para terminar una noche de juerga preparatoriana: la milla dorada, un recorrido de los 12 pubs del pueblo, con su correspondiente bebida en cada uno. El problema es que los compinches han seguido con sus vidas: están casados, tienen trabajo, han dejado de beber, son responsables. Gary está atrapado en los noventas: el mismo look, el mismo automóvil y la percepción de sí mismo como si fuera adolescente.
King los convence, emprenden la aventura y descubren que los habitantes del pueblo (ninguno de los protagonistas vive ya ahí) están siendo sustituidos por máquinas de sangre azul. La pandilla decide seguir la juerga para no despertar sospechas en los invasores.
Al final, se revela que existe La Red, una confederación intergaláctica que se dedica a brindar tecnología digital y convertir a los habitantes de los planetas conquistados en autómatas ecológicos y sustentables.
Después de casi ochenta minutos de bromas de borrachera y escenas de acción a la buena usanza del sci-fi, Gary llega al último pub: The World’s End. Resulta que La Red, una súper inteligencia más allá de todos los límites humanos, se pone a dialogar con un borracho. Y el borracho gana: La Red decide dejar a los humanos solos.
¿Por qué? Porque no se les ocurrió nada mejor. “Tenemos el derecho a ser fracasados. ¡Toda la civilización se funda en fracasos”. Es una gran cita de Andy Knightly (Nick Frost), desvirtuada totalmente por la manera y el lugar en que está dicha: un contrapicado, luz azul sci-fi y Frost y Pegg que hablan hacia el cielo. Y de repente, Steve (Paddy Constantine), que llevaba sus buenos diez minutos fuera de la película, evita la vigilancia de La Red, se cuela en su guarida y aparece del cielo. ¿Cómo? Nadie sabe. ¿Para qué? Para apoyar el discurso moralino y políticamente correcto de Gary y Andy: los humanos valemos la pena por nuestros errores y a través de ellos es como mejoramos.
Esto es un deus ex machina de los peores: el que subvierte a los personajes. La Red está ligeramente relacionada con la trama, es decir, sí nos creemos que detrás de toda la sustitución de los habitantes hay una red intergaláctica, ¿pero que sea convencida por argumentos (tan chafas) de un trío de borrachos? ¿Que lo que nos salve de la invasión (benéfica, por cierto) sea un lógica terriblemente mal construida?
Y sí, Gary King cambia, pero no en un sentido “narrativamente positivo” ‒es decir, un cambio orgánico que se desprenda de lo que nos han contado‒, sino que cambia para terminar la historia, para atar cabos y poder ponerle fin a la película.
La falta de X no es tan desesperante como la escasez de ese X. Piénsese en la conexión a internet: si no hay, somos pacientes y esperamos; si está lenta, podríamos matar a nuestra madre de pura furia. Si una película es mala desde el principio, no hay problema; si las primeras tres partes prometían una de las mejores películas del 2013 y tiene un final así de malo, entonces, algo se rompe dentro de nosotros, algo que no se va a poder reparar.
Era un sábado en la tarde. Era un maratón de películas malas. Al final, vimos sin muchas expectativas The World’s End. Me equivoqué, alegremente me equivoqué. Durante 80 minutos.
Al final, no queda más que repetir la frase de Gary King: “Iba a ser la mejor noche de mi vida. Todas esas promesas y optimismos. Esa sensación de conquistar el universo. Era una gran mentira. No pasó nada”.
Supongamos que no existen las coincidencias, que desde el momento de nacer hay una persona destinada para cada ser humano y que a eso es a lo que se le llama “el amor de mi vida”.
Ahora bien, una mañana por fin encuentras a esa persona y ambos inician una historia en donde se juran no habrá un final, sin importar el precio que eso tenga. ¿Pero qué sucede si en el momento de calmar al corazón, cuando la euforia pasa, descubren que sus caminos son diferentes y que quizá lo que se tiene no alcanza?
La disyuntiva entre el amor y los planes y anhelos de vida son el tema central de la obra Heimweh estaciones, escrita por Myriam Orva y dirigida por Isael Almanza.
Sol y Jakob son dos amantes que se encuentran entre miles de personas en un país europeo y que una vez traspasada la barrera del idioma se enamoran.
El espectador retoma su historia en un momento en el que, parece, se están jugando el último boleto al que apostaron todo. La premisa es interesante, pero el resultado es un trabajo tibio que deja la sensación de que no se profundizó en ella.
Y aunque es verdad que hay momentos bien logrados, llenos de gracia y emotividad, en general la dirección es ilustrativa y se desperdicia el subtexto que muchas de las escenas requieren.
Por otro lado, el juego que se establece desde la obra con el idioma ―Jakob habla alemán y Sol castellano― pareciera no tener más objetivo que dejar en claro todo el tiempo la diferencia cultural, más allá de ser un elemento dramático importante.
Los personajes, en efecto, tienen características peculiares que al conjuntarse muestran con éxito una relación de pareja donde queda claro que el amor no es el problema, sino las aspiraciones de cada uno de los protagonistas. Aunque también hay otras particularidades que, como el factor de la diferencia de idioma, no se explotan lo suficiente. Por ejemplo: ¿por qué es importante que Sol sea escritora?, o ¿cómo afecta su profesión dramáticamente hablando?
Y aunque si bien es cierto que uno no sale a disgusto de la obra, sí se queda con la sensación de que se podía dar más, porque se tenían todos los ingredientes para lograrlo.
Heimweh estaciones es un trabajo del Colectivo Escénico El arce, el cual se formó en 2012 con la finalidad de crear un grupo que fuera capaz de ofrecer al espectador un repertorio amplio, lleno de compromiso, creatividad, disciplina y rigor.
La obra se presenta en el teatro La Capilla, Madrid 13, Coyoacán, todos los domingos a las 6 pm y estará en cartelera hasta el 15 de junio.
El precio general es de $150; para estudiantes, maestros e INAPAM es de $100.
Las cinco películas nominadas al Ariel en la categoría de Mejor Película prometen una competencia muy reñida pues sin duda la calidad de estos largometrajes hará que, contrario a lo que generalmente sucede, al final no resulte una sorpresa que gane la peor película sólo porque obtuvo más votos de los miembros de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas. Como en todos los premios del cine mundial, siempre sucede que a lo largo de la ceremonia la película que ha arrasado en prácticamente todas las categorías es opacada por otra muy inferior en la categoría más importante de todas, la de mejor película. Por otra parte, lo curioso este año es que, específicamente en esta categoría, este año varias cintas son operas primas, o bien sus directores son muy jóvenes. A continuación, las comento en el orden en el que creo que tienen mayor probabilidad de ganar.
1.- Heli (2013), la tercera cinta de Amat Escalante (Sangre, Los bastardos), llega con el antecedente de haber ganado en Cannes como Mejor Director. Aunado a eso, esta película del joven director muestra una realidad que no nos es ajena o, para decirlo con otras palabras, un retrato estremecedor de las actuales circunstancias que aún vive el país por la guerra contra el narcotráfico. La manera tan realista pero a la vez tan estética con la que Escalante muestra esa realidad hacen de Heli una obra maestra del llamado Nuevo Cine Mexicano. Otro premio indiscutible que le será adjudicado será el de Mejor Fotografía, hecha por Lorenzo Haggerman, pues para quienes pudimos verla en una pantalla de buena calidad, el registro visual de la estremecedora historia en verdad nos dejó sorprendidos. Esta es, pues, la cinta con todas las probabilidades de ganar en la categoría.
2.- La jaula de oro (2013), extraordinaria opera prima de Diego Quemada-Díez, también presenta una realidad que no nos es ajena, la conocemos de sobra pues todos los días se difunden noticias sobre los maltratos a los que son sometidos los migrantes en su camino al “sueño americano”, pues si los mexicanos nos quejamos de lo que le hacen a nuestros indocumentados en Estados Unidos, los mexicanos debemos estar conscientes de los maltratos que infringimos a los inmigrantes centroamericanos durante su paso por nuestro territorio en pos del poderoso país del norte. Sin embargo, La jaula de oro presenta toda esa realidad desde otro punto de vista: centrándose en la odisea de cuatro, primero, y después tres adolescentes guatemaltecos, la película es también un juego de emociones que estremecen, hacen reír e incluso con sus paisajes preciosistas tranquilizan a cualquier espectador (en este sentido, también tiene altas probabilidades de ganar en Mejor Fotografía, hecha en este caso por María José Secco). La jaula de oro a la que hace referencia es la inocencia que no se pierde a pesar de las crudas circunstancias que se viven, la amistad que se consolida por los hechos vividos y la aridez de los territorios que se cruzan en su camino. Una road movie recién estrenada en nuestro país pero que ha ganado infinidad de premios en los festivales en los que se ha presentado, empezando por Cannes también.
3.- Los insólitos peces gato (2013), es la opera prima de Claudia Saint-Luce, se estrenó durante la 55 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional en noviembre pasado y hace poco se estrenó comercialmente con gran éxito en parte, creo, por la historia tan íntima, tan cercana, tan humana que cuenta este largometraje. Los personajes son todos tan variados y la historia es en apariencia sencilla que parece muy difícil que no haya tocado las fibras más sensibles de los espectadores. Pero estoy convencido de que quienes realmente tiene probabilidades de ganar son Ximena Ayala (Perfume de violetas) como Mejor Actuación Femenina y Lisa Owen como Mejor Coactuación Femenina.
4.- No quiero dormir sola (2012), la opera prima de la joven cineasta Natalia Beristáin, es una cinta que, debo confesar, en principio me pareció de una factura impecable, pero al estrenarse las dos cintas anteriores ese lugar fue decayendo y es por eso que de las cinco películas nominadas ahora le veo muy pocas probabilidades. Además, no está nominada como Mejor Dirección, sólo su guionista y sus dos actrices protagónicas. No obstante, Beristáin con su primera cinta se ha colocado como una buena directora que promete mucho más en sus siguientes realizaciones.
5.- Club sándwich (2013), otra de las cintas que se estrenó durante la 55 Muestra de Cine, es la tercera película de Fernando Eimbcke (Temporada de patos y Lake Tahoe), creo que es el largometraje con menos probabilidades de ganar en esta categoría no sólo porque Eimbcke ya ganó antes sino porque es su película menos afortunada, sin la frescura que mostró en Temporada de patos. En cambio, María René Prudencio puede erigirse con el Ariel como Mejor Actuación Femenina.
Sin embargo, la pregunta sigue en el aire: ¿cuál será el largometraje que se alce con el Ariel como Mejor Película del cine mexicano durante 2013? Eso sólo lo sabremos el próximo 27 de mayo, día en que será la ceremonia de entrega del Ariel en el Palacio de Bellas Artes.
Fotografía de Colectivo CicloTurixes por Matias Contreras T.
Poco a poco nos fuimos dando cuenta, más allá del cambio climático, o tal vez a consecuencia de éste, que la voluntad viene en dos ruedas. Así es como se ha dejado sentir en la ciudad de Mérida, en el país, en el mundo. Ha dejado de ser un reclamo de las comunidades rurales, de aquellos que por carecer de automóviles y sólo disponer de bicicletas, exigían a los gobiernos que se les construyera una ciclo pista que los salve de los golpes y aplastones que los automovilistas y choferes ocasionaban a la gente en bicicleta. Esto va más allá. La idea de las bici rutas fue aumentando y esta debe ser una buena señal. Así, un día, decidieron explorar otras rutas que las ya establecidas y se percataron de que la ciudad está hecha para los automotores, no para los peatones, no para las bicicletas. Que la ciudad está hecha sobre el asfalto, que los árboles se van haciendo menos y que el trinar de los pájaros va desapareciendo detrás del ronquido de los motores. Asfalto, humo y ruido, he ahí la ciudad, dirá el poeta, y el niño tendrá que acostumbrarse. No lo permitiremos, está hecho el llamado.
Al respecto presentamos aquí una pequeña entrevista con el Colectivo CicloTurixes de Mérida (Turix es la denominación maya para las libélulas).
¿Cuándo nace el proyecto CicloTurixes?
El proyecto lleva tres años. Comenzó cuando nos sumamos a una pedaleada por el día mundial de las soluciones contra el cambio climático, el 10 de octubre de 2010. Después de eso, algunas personas se reunieron para formar “Un Auto Menos” y realizar el primer paseo nocturno, el 2 de febrero de 2011. Tiempo después nos cambiamos el nombre a CicloTurixes y actualmente (noviembre de 2013), hemos celebrado 145 paseos nocturnos de manera ininterrumpida.
¿Qué objetivos persiguen?
Nuestro objetivo es lograr una ciudad más humana, a través de la difusión del uso de la bicicleta como medio de transporte económico, social, no contaminante y saludable; porque consideramos que si se hace un uso más equitativo de la calle se puede tener una mejor convivencia y una movilidad sustentable en la ciudad.
¿Cómo perciben la aceptación ciudadana de la movilidad en bicicleta?
Consideramos que poco a poco se está logrando una mayor aceptación; sobre todo como medio de transporte. Cada vez es mayor el número de personas que deciden usar la bicicleta como su medio principal de transporte. Sin embargo, pensamos que todavía hay mucho que lograr para que se respete a la persona que decide moverse en bicicleta.
¿Es Mérida una ciudad hecha para andar en bicicleta?
Aunque las condiciones actuales de la ciudad, planeación urbana y el uso indiscriminado del automóvil, hacen que moverse en bicicleta sea todo un reto, en el colectivo creemos que Mérida tiene todo el potencial para ser una ciudad amigable con los ciclistas y que con la voluntad política y las acciones adecuadas, puede llegar a ser una ciudad ideal para moverse en bicicleta.
¿Qué tienen que decirle a todos aquellos que piensan que andar en bicicleta puede derivar en una incomodidad para los automovilistas?
Solamente invitarles a que experimenten la ciudad desde una bicicleta y que reflexionen al respecto. Porque estamos convencidos que todavía se sigue considerando al automóvil como un símbolo de estatus, lo que deriva en que las personas que lo utilizan como su medio principal de transporte, consideren que tienen prioridad en la calle.
¿Cómo definen los derroteros de las rodadas?
Los paseos nocturnos son un espacio para visibilizar (o darnos cuenta) que somos muchas personas las que usamos la bicicleta como medio de transporte y, a su vez, se convierten en un espacio de convivencia para personas que disfrutan moverse por este medio.
¿Cuántas rodadas realizan al mes?
Se realizan cuatro rodadas al mes, una cada semana, todos los miércoles.
¿Cómo se puede participar en una rodada?
Es tan sencillo como asistir al paseo con tu bicicleta. Tenemos una páginaen internet donde avisamos dónde será la rodada y de dónde partirá.
¿Existen otros grupos que realicen rodadas en Mérida?
Existen algunos grupos que realizan rodadas fuera de la ciudad; pero que realicen paseos nocturnos dentro de la ciudad, somos dos: nosotros y Bike Rides Mérida.
¿Ocurre situaciones de “celo” sobre el desarrollo de las actividades en el ciclismo dentro de la ciudad?
No, para nada. Al menos nosotros no lo pensamos así. Al contrario, pensamos que hacen falta más grupos/colectivos que se dediquen al tema del ciclismo urbano y de la movilidad sustentable en nuestra ciudad y en todo el estado.
¿El ciclismo de rodadas en grupo se ha vuelto “elitista”, “chic”? ¿O puede llegar a todos los sectores de una ciudad, incluso a personas de los sectores más humildes?
Algo que nos gusta mucho de los paseos nocturnos, además de ser un espacio que reúne a una gran cantidad de personas en bicicleta, es que es un espacio en el que convergen personas que viven en diferentes partes de la ciudad; y como colectivo, siempre procuramos visitar parques de diversas colonias, aunque a veces nos resulta complicado llegar a los extremos de la ciudad.
Los logros de los colectivos ciudadanos acerca de la movilización en bicicleta comienzan a rendir sus frutos. El 25 de julio de 2013, apareció publicado en el Diario Oficial del Gobierno del Estado de Yucatán el dictamen número 83 que contiene la “Ley de fomento al uso de la bicicleta en el Estado de Yucatán”, un logro para todos los que, desde la sociedad civil organizada promueven el uso de la bicicleta y la protección de los derechos de las personas que la utilizan como medio de transporte.
El Programa Cultural Tierra Adentro informa que el resultado del Premio Nacional de Cuento Joven Comala 2014 será dado a conocer el mes de junio del año en curso en los principales diarios de circulación nacional y en esta página, por cuestiones administrativas y de logística.
Los invitamos este 13 y 14 de mayo a la Feria Universitaria del Libro Independiente, que organizan los estudiantes de la Universidad del Claustro de Sor Juana.
A través de un amplio número de actividades, que incluirá mesas de diálogo, lecturas dramatizadas, una obra de teatro y dos bandas musicales, la FULI concede al público la seguridad de formar parte de un evento importante entre estudiantes, escritores y académicos. Esta mezcla difumina sus fronteras y fomentaa el debate entre todos. Para ejemplo basta la mesa de diálogo “Del cine a lo literario o al revés: cultura exige más imagen”, entre el periodista y escritor Miguel Cane y Fabrizio Cossalter, doctor de investigación en Historia por la Universidad de Padua.
Chequen el programa completo en su página de Facebook.