Tierra Adentro
Fotografía por Pixabay.

¿Qué es un país?

Un millar de caballos, negros y horribles

animales

como ruiseñores cancerosos,

un millar de piedras que no hablan,

dos millares de negras botas,

un millar de sucios relámpagos

que golpean la espalda del pobre.*

 

¿Qué es el bien?
…la flor que todos los días, como amante, acompaña mis sueños, misterios y palabras.*

 

¿Por qué poesía?
…es el recinto legítimo del sueño, es un amor, una violencia tierna que penetra en el alma con pasos de gacela. Es una estatua con el destino roto.*

 

¿Utopía o realidad?

La boina verde andaba a la caza de la orquídea salvaje / y el helicóptero buscaba con furia a la mariposa.*

 

¿Qué es dios?

Oh sordo, ciego y luminoso dios, / enciende alguna vez el rostro del pueblo, / de este bosque sin dueño, propiedad / de todos y de nadie. Patria de espejos / y mediodías, patria embriagada de muerte.*

 

¿Por qué las fronteras?

Son los hombres del alba.*

¿Fama?

Arriba del silencio, / con la luz en declive, / mi retrato de niebla.*

 

¿Eres libre?

Este es el panorama:
Botas, culatas, bayonetas, gases…
¡Viva la libertad!*

 

¿Qué es una ciudad?

Larga, larga ciudad con sus albas como vírgenes hipócritas, / con sus minutos como niños desnudos, con sus bochornosos actos de vieja díscola y aparatosa, / con sus callejuelas donde mueren extenuados, al fin, / los rostros emboscados y los asesinos de la alegría.*

 

¿Qué piensas de la relación entre poesía y política?

…rompamos
con un coro solemne de gracia y gratitud
el silencio espectral que todo lo mancilla.*

 

¿Cómo es la figura de un poeta en el presente?

En un ala / de la ciudad, bajo los escombros.*

 

¿Qué papel tiene lo poético en la vida cotidiana?

…la desolación y el polvo, / el sombrío monumento, / el cementerio, / pero también los nuevos y brillantes ladrillos, / los siete brazos nuevos del candelabro de oro, / los jardines ya trazados / y las pequeñas flores que surgirán / y las nuevas sonrisas que habrán de venir.*

 

¿Qué es el hogar?

El caballo rojo.*

 

¿Qué es el futuro?

Ellos y yo sabemos estas cosas:

que la gemidora metralla nocturna,

después de alborotar brazos y muertes,

después de oficiar apasionadamente

como madre del miedo,

se resuelve en rumor,

en penetrante ruido,

en cosa helada y acariciante,

en poderoso árbol con espinas plateadas,

en reseca alambrada:

en alba.*

 

¿Eres feliz?

 

 

 

 

 

 

 

*Fragmentos de poemas varios de Efraín Huerta.

Efraín Huerta (Silao Guanajuato, 1914-Ciudad de México, 1982). Poeta, periodista y crítico cinematográfico. Entre sus libros publicados están Absoluto amor (1935), Línea del alba (1936), Los hombres del alba (1944), La rosa primitiva (1950), Para gozar tu paz (1957), ¡Mi país, oh mi país! (1959), Elegía a la policía montada (1959), El Tajín (1963), Poemas prohibidos y de amor (19673), Transa poética (1980), entre otros.

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(ciudad de México, 1984). Poeta, narradora y editora. Ha publicado en diversas revistas literarias como Casa del TiempoDédaloSíncopeEste PaísPalestraMaldoror (Uruguay); la revista digital Valderrama y el suplemento cultural Guardagujas, de la Jornada Aguascalientes. Su primera obra poética Cosas que nunca dije antes de que estallaran las bombas fue publicada en 2012 por el sello editorial catalán Foc. Fue becaria en el área de narrativa por la Fundación para las Letras Mexicanas (2009-2010).
Fotografía por Tania Tlapanco.

El domingo pasado, los asistentes al ya famoso y recurrente Paseo Dominical en bicicleta, que se realiza en el D.F., tuvieron la oportunidad de presenciar algo poco común en su rutina: el desfile de un cortejo nupcial que, al parecer, no logrará su objetivo. En punto de las once de la mañana, al puro estilo del cine mudo, un grupo de teatreros y músicos amantes del ciclismo brindaron a las personas Tragedia sobre ruedas… un espectáculo sin frenos, proyecto que resultó beneficiado por la convocatoria que el año pasado lanzó el CENART, Centro Nacional de las Artes, con el objetivo de lograr nuevo público para el teatro, las intervenciones y las artes circenses.

Francia Castañeda, codirectora del espectáculo, nos cuenta cómo surgió la idea en la mente de Arnaud Charpentier, director y fundador de la compañía franco-mexicana, Teatro Entre 2.

 

Itzel Lara: ¿Cómo surge la idea de hacer esta intervención callejera?

Francia Castañeda: A partir del interés de Arnaud. Casi siempre trabajamos a partir de lo que la compañía sueña: integrar el trabajo de un artista plástico dentro del teatro, hablar de los fantasmas que habitan a una o varias personas, un principito hablando en otomí. Cada proyecto es una oportunidad para explorar un universo que sin ninguna razón nos atrae, y en el camino vamos encontrando respuestas.

 

IL: ¿Cuál es tu relación y la de los participantes en el proyecto con las bicicletas y el ciclismo?

FC: Varios de nosotros somos ciclistas. Unos por decisión, otros por mero accidente. Ser ciclista te hace vivir esta ciudad caótica desde otro punto de vista, te permite ver que aún hay aspectos humanos en esta urbe: puedes ver a los ojos a otros ciclistas, sonreír, atravesar un bosque y escuchar sus sonidos, nutrirte de ello. Se hace una ciudad mucho más vivible que la que normalmente conocemos.

 

IL: ¿Cuál fue la reacción de los asistentes al Ciclotón? ¿Les gustó?

FC: ¡Espero que sí! Fue una experiencia mutua: no teníamos idea de cómo iban a reaccionar, aunque ya habíamos hecho algunos experimentos. Pero llevar todo el aparato completo: vestuario, vehículos, personajes, músicos, generó una experiencia única para los ciclistas y para nosotros mismos. Es un tipo de teatro muy vivo, tienes que estar en el presente todo el tiempo, servirte de todos los factores que se atraviesan, del error; es muy juguetón y por fortuna nuestro equipo está con toda la disposición para jugar de este modo.

 

IL: Cuéntanos un poco sobre el apoyo que tienen de México en Escena. ¿En qué consiste? ¿Cómo ha enriquecido al proyecto?

FC: Es una convocatoria que lanzó el CENART para la generación de nuevos públicos, ellos dieron el dinero para producir este espectáculo y también nos abren su espacio para dar un par de funciones. Fue iniciativa nuestra presentarnos dentro del Paseo Dominical Muévete en Bici, ya que pensamos que era el escenario ideal: mucha gente interesada en trasladarse en diferentes vehículos aparte de un automóvil y que le daba visibilidad a este gran esfuerzo que hace el CENART para apoyar proyectos que están pensados como intervenciones tal cual. Gracias a este apoyo pudimos producir el espectáculo y se nos han abierto varias puertas, pero también ha dependido del trabajo que hemos realizado en gestión, producción y dirección; es un trabajo en conjunto que ha reforzado el proyecto.

 

IL: ¿Tienen planeadas algunas otras intervenciones?

FC: Arnaud es un gran apasionado de las intervenciones urbanas, casi todo empieza con un comentario, entre risas, que nos detona al resto del equipo imágenes o escenas. Así que seguramente trabajaremos esas dos vertientes de la compañía: el teatro en una sala completamente a oscuras para poder presentar proyecciones y las intervenciones urbanas.

 


Tragedia sobre ruedas… un espectáculo sin frenos se presentará, en su última función de esta temporada, el domingo 15 de julio a las 11:00 horas, en el Paseo Dominical “Muévete en bici” en la Glorieta de Colón, en Paseo de la Reforma.

Para más informes, consultar la página del evento en Facebook.


Autores
Ciudad de México, 1980. Dramaturga. Autora de Aún no recuerdo su rostro (FETA 2014). Fue Becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas (2009-2011) y de Jóvenes Creadores, FONCA, (2008-2009). Participó en los talleres de The Royal Court of London y realizó una residencia en la misma institución en marzo del 2013. Su obra Anatomía de la Gastritis, traducida al francés por David Ferré, fue editada por la editorial Le Miroir. Ha publicado Editorial El Milagro; Los Textos de la Capilla, segunda generación; Tierra Adentro, Buena tinta y la revista Este País. Su guion Distancias Cortas fue publicado en co-edición con IMCINE y Editorial Buena tinta, en 2012.

Para Walter Benjamin, el intérprete cinematográfico no actúa de cara un público (como un bailarín, un actor de teatro o un músico) sino frente un jurado de expertos (director, vestuarista, escenógrafo, productor), quien, junto con un sistema de aparatos, juzga su desempeño. Un llanto se filma tres, seis, doce veces; el editor elige cuál de estas veces es la mejor o, en un movimiento muy del cine, puede juntar secciones de esas tomas y crear una irreal, es decir, una continuidad que el intérprete nunca interpretó.

Realmente, el que interpreta es el sistema de aparatos. Los actores son sólo una excusa para el despliegue tecnológico (grabación de sonido, iluminación, CGI). Es interesante pensar en escenas de cine contemporáneo donde un personaje humano habla con un monstruo: detrás de ese despliegue técnico de la imagen generada por computadora, en el germen de ese tipo de escenas, lo único que existió en el plató fue un humano que hablaba al vacío frente a una pantalla verde. Después, en la postproducción, se llena esa pantalla verde con un árbol parlante, con una araña gigante.

Una sensación extrañísima ha de ser ir al estreno de una película que uno ha protagonizado. En realidad, está en la misma situación que los otros espectadores. Tiene una idea del guion, del giro dramático de la historia, pero no sabe, en sentido estricto, cómo se ve la película, cuáles fueron los ángulos de cámara seleccionados; si eliminaron la secuencia que a él más le gustó actuar; si el extra que le aventó la pistola para matar al antagonista sigue ahí.

Quienes actúan son la cámara, las luces, el micrófono, el proyector, la computadora, las bocinas. Los actores, los humanos que están frente a todos estos aparatos, son una especie de partitura que el sistema de aparatos lee e interpreta.

Un profesor alguna vez dijo, siguiendo a Benjamin, que el cine era el arte capitalista por excelencia: enajenaba a los intérpretes y a los técnicos del producto global; cada ser humano era sólo una pieza en la elaboración de un producto que, al estar terminado, sus “creadores” no podían identificarlo como propio. Este profesor también decía que el trabajo del buen cine era mantener la humanidad de los actores evidenciando las costuras del arte fílmico (actuación de los aparatos, evaluación del desempeño calificable, pérdida de la actuación como tal).

Jigoku de naze warui? (Sion Sono, 2013) cuenta la historia de un jefe yakuza que quiere honrar a su esposa encarcelada con una película protagonizada por su hija. El jefe está en una situación crítica: su pelea con otro clan hierve a más no poder. Uno de sus compinches llega con una gran idea: filmar el asalto al cuartel enemigo y que esa sea la película. Para esto, consiguen un grupo de cineastas renegados (los Fuck bombers) que quieren hacer la quintaesencia de las cintas de acción samurái. Los dos bandos de yakuzas son convencidos por el director de cooperar en la filmación, es decir, el asalto será orquestado: hay cortes para cambiar la cámara de lugar, se apagan las luces y detienen la filmación, si el micrófono está introduciendo ruido se repite la escena (aunque algunos se estén desangrando).

El resultado son quince minutos de gore y uno que otro homenaje a Kill Bill (Tarantino, 2003). De una manera totalmente clara, Jigoku de naze warui? muestra que el sistema de aparatos es el verdadero actor del cine. Lo importante no es que los yakuzas se maten, sino que la cámara los filme, y de todos los ángulos posibles para crear la mejor escena, el mejor desempeño. No importa que uno ya no tenga un brazo o que el camarógrafo, mientras hace un dolly horizontal, tome una metralleta para asesinar a mafiosos de ambos bandos, o que el sonidista muera y que su sangre caiga sobre la cinta. Lo que importa es que los aparatos graben, que los aparatos tengan la materia prima para montarla y crear una película. La película que los Fuck Bombers esperaron diez años para hacer.

Al final, Hirata, el director y principal ideólogo de los Fuck Bombers corre por la calle, a mitad de la noche, con rollos de treinta y cinco milímetros. Grita que lo lograron, que por fin la mejor película japonesa está a punto de ser terminada. La secuencia se alarga demasiado, deja de sonar la música y, unos dos minutos después, se escucha una voz que dice “Corten”, y Hirata deja de ser Hirata para convertirse en el actor, quien, cansado, se retira a un lado del camino.

La película termina con un “Corten”. Es decir, el propio sistema de aparatos nos muestra que la película que hablaba sobre la primacía de un sistema de aparatos es un resquebrajamiento del sistema de aparatos. Recursividad que haría las delicias de Benjamin.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Chihuahua, 1986) vivió en Toluca y ahora en el Distrito Federal. Próximamente será maestro en filosofía. Ha publicado en las revistas Los bastardos de la uva, F.I.L.M.E., Icónica, Registromx y El portal de Toluca. En este momento forma parte de Kinotecnia cineclub.
Fotografía por Pixabay.

Soberbio, amado, hambriento, odiado. Puro en la pura sinrazón que nos gobierna. País que del verde al rojo salta sin detenerse en el blanco porque el blanco, punto medio y perdido, es el infierno-paraíso que comparte los templos.

(Vivimos rodeados de pureza, Efraín: lavamos el dinero, tenemos drogas y mujeres blancas Y el territorio es un áspero edén de muerte cuartelaria donde la sangre de los buenos corre todavía.)

Es nuestro país el alcohol y el asco entre la prórroga de los préstamos y de los créditos. Es decir: ¿Qué le parece el mar de dólares, Mister President? Y es así como la patria deja de ser patria para volverse museo y sepulcro y jauría de huesos y divisas que la tierra reclama.

Y es piedra cíclica la Historia: vendrán los mismos gases, vejaciones y calumnias de otro tiempo. Nos quedaremos soñando la patria sin crímenes; viviremos vendados con banderas cobardes, bajo la negra niebla de las más negras condiciones.

(Ya escucho las botas de la Gestapo criolla, Efraín. ¿A dónde vamos ahora?)


Autores
(Chihuahua, 1987). Premio Binacional de Poesía Pellicer – Frost 2017 por el conjunto de poemas titulado Un montón de piedras (Mantis, 2017). Nada notable (Cuadrivio, 2018) es su último libro.
Villaurrutia, Pellicer, Huerta y Solana en El Toreo, ca. 1940. Archivo personal de Eugenia Huerta.

Notas sobre la escritura primera de Efraín Huerta

 

Efraín Huerta se hizo poeta en el epistolario que sostuvo con Mireya Bravo, su Andrea de Plata, a quien conoció el 3 de marzo de 1933 en una fuente pública mientras ella se lavaba las manos. Desde entonces no dejó de escribirle cartas, notas, tarjetas, telegramas, postales y cuadernos en los que incluía indistintamente ejercicios líricos y poemas. Todos esos envíos los conservó Mireya Bravo y son el cuerpo de dicho epistolario. Ahí habita la escritura primera de Efraín Huerta, su primera etapa de poeta. Este Huerta es prácticamente desconocido para sus lectores debido a que dichos textos forman parte de su obra privada, es decir, la que no estuvo destinada a las prensas. Poco a poco empezamos a descubrirlos gracias a que el grueso del epistolario está albergado en la Biblioteca Nacional. No obstante, una mínima parte permanece en el archivo personal de Andrea Huerta, hija y albacea del poeta, quien amablemente nos ha dejado consultar más de un documento para elaborar las presentes notas.

Entre 1933 y 1935 Huerta escribió el corpus más nutrido de su epistolario, porque tenía tiempo y un doble propósito: volverse poeta y enamorar a Mireya Bravo. Lo primero lo movía a lo segundo, y viceversa. Los poemas de entonces —los cuales conforman la poesía del espistolario— fueron entregados a su única destinataria. En esos años Huerta terminó el bachillerato en Filosofía y Letras y empezó sus estudios en la Escuela de Leyes. Iba un curso abajo que Octavio Paz y Rafael López Malo. Pronto se decepcionó del Derecho y prefirió las clases de Letras (su favorita era la de Carlos Pellicer). En los salones de San Ildefonso descubrió la poesía de Garcilaso y Rubén Darío, y en los pasillos la de Juan Ramón Jiménez y los Contemporáneos. Huerta no tenía dinero para libros. No tenía máquina de escribir, solamente una pluma negra: “Mi pluma ha vuelto por sus fueros, ¿la reconoces?” (carta de junio de 1934). En otro momento le cuenta a Mireya Bravo lo siguiente: “Porrúa con su aparador me salva. Encuentro La voz a ti debida, de Pedro Salinas, poema. Supongo que un magnífico libro, aunque demasiado caro. Y sólo tenía diez centavos en la bolsa del pantalón” (carta de agosto de 1934). Resulta sorprendente que, dada la austeridad, Huerta haya escrito y leído tanto: en una libreta de “Notas y selecciones” (1933-1934) encontramos una antología que revela las lecturas que hizo en ese periodo; incluye poemas de Piedra de sacrificios (1924) y Camino (1929), de Carlos Pellicer; de Biombo (1925), de Jaime Torres Bodet; de las Soledades gongorinas editadas por Dámaso Alonso (1927); de Marinero en tierra (1924) y Cal y canto (1929), de Rafael Alberti; de Huellas (1922), de Alfonso Reyes; de Estío (1916) y Eternidades (1918), de Juan Ramón Jiménez. Esta sección de la libreta termina con citas de verdaderas novedades editoriales de 1933: Huerta transcribe poemas de Nuevo amor, de Salvador Novo, de la revista madrileña Los Cuatro Vientos y del primer número de los Cuadernos del Valle de México (las “Tres partes de un diario”, de López Malo). Tales novedades dan prueba de que Efraín Huerta estaba al día de lo que sucedía en el cenáculo poético del Distrito Federal.

En junio de 1934, Huerta le escribió a Mireya Bravo algunas impresiones sobre su círculo íntimo de amigos: “Todavía hay odio de niños entre nosotros; parecemos los de Contemporáneos, los que, según dijo Carlos Pellicer hace poco a Rafael Solana Saucedo, ‘se admiran y se detestan entre sí…’, pero nosotros somos tan poca cosa, tan petit chose, que no tenemos derecho siquiera a usar noblemente el odio”. Tempranamente Huerta supo hacerse de oídos sordos ante las sugerencias de sus amigos. Tal vez al único a quien prestaba atención era a Rafael Solana. (Después seguiría el consejo de José Alvarado y Enrique Ramírez y Ramírez: dar a las prensas los poemas de Absoluto amor). Por lo demás, el grupo de amigos se deshizo pronto. Efraín Huerta también tomó la distancia debida. En una carta fechada el 5 de julio de 1934, leemos: “Lo mejor es torcerle el cuello al cisne del snobismo; al búho de la pose; a la estatua de bronce opaco que es la frialdad. Ser hermosamente inconstantes; ser limpios. Ya que a muchos el tema mío de la pureza les parece ridículo. Y es que ellos no saben que me refiero a la sensibilidad poética pura”. Huerta está madurando sus ideas poéticas: el poeta en ciernes no sólo está al tanto de las modas líricas y sus lastres, sino de sus propias intenciones y temas, de su naciente estilo.

La carta que hoy damos a conocer, un poco anterior a las que hemos citado, es una invitación a acercarnos al primer Efraín Huerta. Se trata de una misiva fechada el jueves 15 de febrero de 1934, que nos permite observar el pequeño y, a su vez, ancho mundo del poeta de diecinueve años: sus lecturas formativas, sus influencias, afinidades estilísticas y ciertos procedimientos de imitatio. El contenido es admirable y de primer orden: la apropiación de las palabras de Novo; el proyecto de lecturas dramáticas; el retrato de una joven enferma que preconiza el enorme poema de “La muchacha ebria”; el intercambio de libros entre los cofrades; las lecturas recientes de El cementerio marino, Marinero en tierra y Estrella de día; las ganas de leer a Montaigne y a Supervielle; el poema que indaga en la poética marina de los andaluces Federico García Lorca, Vicente Aleixandre, Rafael Alberti e incluso del traductor de Valéry, Jorge Guillén; la confesión amorosa y sexual; la mención del poema “Glosa campesina”, recién publicado en Irapuato; la emoción auténtica cargada de zozobra ante la poesía y la amada. En fin, el perfume y la Remington; Andrea de Plata y la escritura. Todos estos temas nos ayudan a conocer al joven escritor, quien todavía no descubre, por ejemplo, el tópico del alba (no lo hará hasta principios de 1935).

Efraín Huerta en San Ildefonso, con su primer círculo de amigos, ca. 1933. Archivo personal de Eugenia Huerta.

Efraín Huerta en San Ildefonso, con su primer círculo de amigos, ca. 1933. Archivo personal de Eugenia Huerta.

No tenemos duda de que un estudio de la poesía del epistolario, y aun del epistolario entero, echará luces sobre el periodo de formación poética y sobre la adquisición de un estilo particular. La maestra norteamericana Helen Vendler tiene un magnífico libro titulado Coming of Age as a Poet, dedicado a estudiar cómo fue que se hicieron poetas John Milton, John Keats, T.S. Eliot y Sylvia Plath. Un ensayo que plantee las preguntas de Vendler respecto de la poesía de Huerta no sólo es posible sino pertinente. La carta que hoy reproducimos fue escrita hace ochenta años; su autor nació hace cien. Los años de su primer crecimiento intelectual y poético pueden ayudarnos a comprender de mejor manera la poesía de un autor tan querido, leído y celebrado por nosotros.

La historia de las personas que Huerta menciona en la carta está aún por escribirse: de Héctor Montiel y Víctor Salinas no sabemos mucho. El primero escribía poesía, y el segundo era hermano de Adela María Salinas, “La Chata”, en cuya biblioteca Huerta y Solana leyeron una gran cantidad de libros. De Magdalena sólo conocemos lo que Huerta escribió en esta misiva. José Rodríguez fue un amigo íntimo, tanto de Mireya Bravo como de Huerta. “Nacho” es Ignacio Carrillo Zalce, uno de los más adinerados del grupo, junto con Cristóbal Sáyago; ambos escribieron poesía, aunque Huerta prefería la del segundo. El primero (magnífico pianista, según Huerta) pronto desertó de la poesía, mientras que Cristóbal Sáyago se suicidó a temprana edad. Otros de los amigos del primer círculo de Efraín Huerta son: Rafael “Lape” Solana, Carlos Villamil, Guillermo Olguín, Carmen Toscano y Enrique Ramos Valdés. No hemos logrado precisar quién es el “Migue” de los partidos de boliche. Y dejamos como tarea pendiente la identificación de los compañeros que aparecen en la fotografía de San Ildefonso al lado de Efraín Huerta en 1932. Estamos seguros de que son, precisamente, los amigos de nuestro poeta.

Sigue el enlace en la imagen para leer la carta (requiere, desafortunadamente, de Adobe Flash):

Carta de Efraín Huerta a Mireya Bravo.

Carta de Efraín Huerta a Mireya Bravo.

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Distrito Federal, 1988) es crítico y ensayista. Actualmente prepara la iconografía de Efraín Huerta para el FCE.

Los poetas, puestos a elegir su propia obra, son implacables. Podan a destajo, son demasiado exigentes con su poesía y sólo dejan a los lectores futuros una muestra muy exigua.  En 1980, dos años antes de morir, Efraín Huerta (Silao, Guanajuato, 1914- Ciudad de México, 1982) publicó su antología personal Transa poética, en la que incluyó poemas fundamentales como “La muchacha ebria”, “Buenos días a Diana Cazadora”, “Juárez-Loreto”, “El Tajín” o “Borrador para un testamento”. Sin embargo, en esa transa, el lector sale desfalcado no sólo porque los poemas aparecen sin la referencia al libro al que pertenecen sino porque en tan mínima antología se extrañan muchísimos buenos poemas y, sobre todo, los memorables poemínimos. El problema se soluciona, por fortuna, en el tomo de su Poesía completa.

En esta Transa poética, Huerta no incluyó un altísimo poema como “Declaración de odio”, ni ninguno de sus poemínimos que aunque pueden leerse en la Poesía completa allí aparecen distribuidos en tres apartados, de manera que la mejor edición para leerlos y disfrutarlos realmente es los dos pequeños tomos de Poemínimos completos (Verdehalago/ BUAP, 1999), edición que conocí gracias a que hace unos años me la regaló su hija Andrea. Sin embargo, en la nota de presentación a Transa poética el propio Huerta habla de los poemínimos:

Un poemínimo es un mundo, sí, pero a veces advierto que he descubierto una galaxia y que los años luz no cuentan sino como referencia, muy vaga referencia, porque el poemínimo está a la vuelta de la esquina o en la siguiente parada del Metro. Un poemínimo es una mariposa loca, capturada a tiempo y a tiempo sometida al rigor de la camisa de fuerza. Y no lo toques ya más, que así es la cosa. La cosa loca, lo imprevisible, lo que te cae encima o tan sólo te roza la estrecha entendedera –y ya se te hizo.

En los poemínimos se cumple cabalmente aquello de “lo breve si bueno, dos veces bueno” pues gracias a su contención hay un giro con sentido del humor al lugar común, al refrán, algunos son afortunados retruécanos y otros ingeniosos silogismos, tienen algo de aforismos y greguerías así como guiños irónicos a otras obras y, sobre todo, en ellos Huerta es sarcástico hasta consigo mismo. Pero, tal vez, quien mejor definió a los poemínimos fue el cubano José Lezama Lima, quien en una carta desde La Habana le escribió a Huerta en mayo de 1974:

Sus epigramas tienen la buena chispa y la mejor abeja. Son inteligentes y rápidos y se apoderan del instante sin esforzarse casi, con una ligera presión del pulso. Tuerce la fuerza milenaria del refrán y lo pone a pasear a nuestro lado, hasta que entramos en un cafetín que crece o se reduce según el ritmo de su respiración.

A lo largo de sus casi cincuenta años de productiva labor poética, Huerta fue muchos poetas como puede notarse claramente en su Poesía completa: primero el de los sórdidos amaneceres en Los hombres del alba, su primer libro importante, y sobre el cual José Joaquín Blanco dice en su Crónica de la poesía mexicana: “Una poesía dura, con algo de comisaría política, engolosinada en su capacidad permanente de cólera, que encuentra en la sordidez de la ciudad el espacio poético efectivo”; después, el activo militante político, cardenista y antiimperialista que escribió poesía social en “¡Stalingrado en pie!”, “¡Mi país, oh mi país!”, “Cantata para el Che Guevara”, entre otros; el intenso poeta que cantaba el amor a la mujer y que no pocas veces me recuerda al chileno Gonzalo Rojas y, finalmente, el desparpajado que escribe deslumbrantes poemas con bastante humor.

Huerta perteneció a la generación literaria conocida como Taller, nombre de la revista que publicó junto con Octavio Paz, Rafael Solana y Alberto Quintero Álvarez entre 1938 y 1941, aunque la amistad más fructífera, su verdadero cómplice fue José Revueltas, con quien incursionó en el cine durante la Época de Oro del cine mexicano y de quien en noviembre próximo también se conmemorará el centenario de su nacimiento. Al final de su vida, Huerta fue el poeta tutelar del grupo “La espiga amotinada” (Lizalde, González Rojo, Bañuelos y Labastida) y de los Infrarrealistas (en Los detectives salvajes, Bolaño lo retrata como Amadeo Salvatierra, el poeta con el que los muchachos pasan largas noches de conversación mientras beben el tan recordado mezcal “Los suicidas”). “El Cocodrilo” Huerta vuelve en este mes, como todos los junios que aparecen a lo largo de obra poética, para refrendar el lugar que ocupa en la poesía mexicana del siglo XX:

Cuando yo vuelva, en junio,

a la hora de siempre,

en tus manos doradas dejaré una paloma.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Ciudad de México, 1981) es autor de La síntesis rara de un siglo loco publicado por el FETA.
Fotografía por Pixabay.

Vardiente, armagro, marcialiento, deshonrado cuello de embudo, hemorragia divina, raíz de páramo y selva, raíz y racimo: país-infierno, infierno enraizado, cruel río de asfalto, acre hierba llorosa. Raíz mía y nuestra, my bunch, bunch me, please!, como el desliz de tu patria perdida. Odio el refulgente rayo del cristal del edificio y la ceguera en el paso del campesino. Véanseles correr de noche y morir de día, xilemas, agonizar en tren o en la andada, floemas, morir de sed como se muere de angustia la lejanía. ¿Por qué corre aún la sangre en los versos caídos presos? Do you know what I mean? Mina de sombras, cofias que se hallan en la raíz y en el racimo, en el desliz. ¡Oh mi raíz! Hay miedo en tus caliptras y nadie escribe y nadie quiere saber nada de nada, si acaso las palabras serpentean huertas. Siñor, sí, Siñor, hermano mío, huero en la savia que solía llegar hasta los huesos. Sabía llegar sin GPS, sin Google Maps. Viva la mexicana fanfarronería mía, viva Mex-ínico, Viva su clorofila, su blanca memoria, y su roja poesía, que de a ratos se racima o se enraíza bajo la premisa de ser malditos: manzanas —vardientes, armagras, marcialientas— caídas no lejos del árbol.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Distrito Federal, 1983) realiza un doctorado en Letras en la Universidad de Potsdam, Alemania. Ha colaborado con algunas revistas de poesía y de cine en México.
Imagen por Wikimedia Commons.

Descenderá al sepulcro vuestra soberbia. Y echados seréis de él como troncos abominables, vestidos de muertos pasados a cuchillo, que descendieron al fondo de la sepultura. Y no seréis contados con ellos en la sepultura: porque destruisteis vuestra tierra, y arrasasteis vuestro pueblo. No será nombrada para siempre la simiente de los malignos.

Libro del profeta Isaías

Ardiente, amado, hambriento, desolado, bello como la dura, la sagrada blasfemia; país de oro y limosna, país y paraíso, país-infierno, país de policías. Largo río de llanto, ancha mar dolorosa, república de ángeles, patria perdida. País mío, nuestro, de todos y de nadie. Adoro tu miseria de templo demolido y la montaña de silencio que te mata. Veo correr noches, morir los días, agonizar las tardes. Morirse todo de terror y de angustia. Porque ha vuelto a correr la sangre de los buenos y las cárceles y las prisiones militares son para ellos. Porque la sombra de los malignos es espesa y amarga y hay miedo en los ojos y nadie habla y nadie escribe y nadie quiere saber nada de nada, porque el plomo de la mentira cae, hirviendo, sobre el cuerpo del pueblo perseguido. Porque hay engaño y miseria y el territorio es un áspero edén de muerte cuartelaria. Porque al granadero lo visten de azul de funeraria y lo arrojan lleno de asco y alcohol contra el maestro, el petrolero, el ferroviario, y así mutilan la esperanza y le cortan el corazón y la palabra al hombre— y la voz oficial, agria de hipocresía, proclama que primero es el orden y la sucia consigna la repiten los micos de la Prensa, los perros voz-de-su-amo de la televisión, el asno en su curul, el león y el rotario, las secretarias y ujieres del Procurador y el poeta callado en su muro de adobe, mientras la dulce patria temblorosa cae vencida en la calle y en la fábrica. Éste es el panorama: Botas, culatas, bayonetas, gases… ¡Viva la libertad!

Buenavista, Nonoalco, Pantaco, Veracruz… todo el país amortajado, todo, todo el país envilecido, todo eso, hermanos míos, ¿no vale mil millones de dólares en préstamo? ¡Gracias, Becerro de Oro! ¡Gracias, FBI! ¡Gracias, mil gracias, Dear Mister President! Gracias, honorables banqueros, honestos industriales, generosos monopolistas, dulces especuladores; gracias, laboriosos latifundistas, mil veces gracias, gloriosos vendepatrias, gracias, gente de orden. Demos gracias a todos y rompamos con un coro solemne de gracia y gratitud el silencio espectral que todo lo mancilla. ¡Oh país mexicano, país mío y de nadie! Pobre país de pobres. Pobre país de ricos. ¡Siempre más y más pobres! ¡Siempre menos, es cierto, pero siempre más ricos! Amoroso, anhelado, miserable, opulento, país que no contesta, país de duelo. Un niño que interroga parece un niño muerto. Luego la madre pregunta por su hijo y la respuesta es un mandato de aprehensión. En los periódicos vemos bellas fotografías de mujeres apaleadas y hombres nacidos en México que sangran y su sangre es la sangre de nuestra maldita conciencia y de nuestra cobardía. Y no hay respuesta nunca para nadie porque todo se ha hundido en un dorado mar de dólares y la patria deja de serlo y la gente sueña en conjuras y conspiraciones y la verdad es un sepulcro. La verdad la detentan los secuestradores, la verdad es el fantasma podrido de MacCarthy y la jauría de turbios, torpes y mariguanos inquisidores de huaraches; la verdad está en los asquerosos hocicos de los cazadores de brujas. ¡La grande y pura verdad patria la poseen, oh país, país mío, los esbirros, los soldadones, los delatores y los espías! No, no, no. La verdad no es la dulce espiga sino el nauseabundo coctel de barras y de estrellas. La verdad, entonces, es una democracia nazi en la que todo sufre, suda y se avergüenza. Porque mañana, hoy mismo, el padre denunciará al hijo y el hijo denunciará a su padre y a sus hermanos. Porque pensar que algo no es cierto o que un boletín del gobierno puede ser falso querrá decir que uno es comunista y entonces vendrán las botas de la Gestapo criolla, vendrán los gases, los insultos, las vejaciones y las calumnias y todos dejaremos de ser menos que polvo, mucho menos que aire o que ceniza, porque todos habremos descendido al fondo de la nada, muertos sin ataúd, soñando el sueño inmenso de una patria sin crímenes, y arderemos, impíos y despiadados, tal vez rodeados de banderas y laureles, tal vez, lo más seguro, bajo la negra niebla de las más negras maldiciones…

 

4 de abril de 1959

 

Tomado de Poesía completa, 2ª edición, Fondo de Cultura Económica, México, 1995, pp. 226-229.

Agradecemos al Fondo de Cultura Económica las facilidades para la reproducción de este texto.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Silao, Guanajuato 1914) poeta y periodista, autor de Absoluto amor y editor de Taller.