Tierra Adentro

 

A partir de Arnold Schöenberg y Alessandro Baricco, el ensayista Luis Arce habla acerca de la fugacidad de la nueva música. Asimismo establece un paralelo con una literatura que ha dejado de lado el tiempo y exalta las propuestas artísticas que pierden su sentido simbólico.

Pocas constantes, acaso ninguna, son tan afines a nuestro tiempo como la necesidad de las manifestaciones artísticas, y sus creadores, por desafiar cualquier convención o categoría. Si a esto sumamos la sobreproducción de propuestas, realizar una lectura de dichas manifestaciones resultan difusa, acelerada y escasamente crítica. En música, entendida más allá de la torpe distinción entre música popular y música culta, el fenómeno es aún más complejo. Con el arribo de internet y el surgimiento de plataformas destinadas a la promoción del trabajo musical, toda producción y estilo devinieron accesibles y aparentemente legítimos. Sin embargo, la gran mayoría de estas manifestaciones raramente son sometidas a una revisión necesaria.

En uno de los ensayos seminales de su Style And Idea, Arnold Schöenberg se decide a definir tres conceptos sumamente complicados para el entendimiento musical. Su propósito consiste en establecer los parámetros que se utilizan en diversas ocasiones para explicar los contenidos de una obra, sin que estos hayan sido entendidos en su totalidad. Tanto el estilo, como la idea y la new music, son abstracciones de relación que sólo existen en términos de otras abstracciones. Hasta ahora resulta imposible hablar de cualquiera de ellos sin recurrir a otros conceptos afines. El mismo Schöenberg precisa la existencia de una new music a partir de una diferenciación radical frente a lo que llama Outmoded music.
Para definirlo de una forma escueta pero inteligible, Schöenberg habla de los dos conceptos en términos de transformación, el escenario incierto donde el sentido se sustrae a un estrato teórico de constante movimiento. Puede, sin embargo, que este ideal no corresponda enteramente con la época donde ha surgido. Alessandro Baricco solía referirse a la música contemporánea, surgida bajo este pensamiento, como un «verdadero lujo», reprochándole que se había alejado de su público para convertirse en una escultura artificial, más cercana a la mentalidad que a la sensibilidad. Baricco, por supuesto, se refiere explícitamente a la música culta. Para él, su génesis y ruptura tiene un punto clave de comienzo, precisamente situado en uno de los primeros experimentos radicales de Arnold Schöenberg: «Drei Klavierstücke, Op. 11». En esta pieza, el austriaco representa dos instancias diferentes de transformación: de inicio, una estructural, pues la pieza es uno de los ejemplos tempranos de las implicaciones que la atonalidad podía ofrecerle a la música; en segunda instancia la pieza generó un modo de comprender una composición musical alejado de cualquier convencionalidad o sentencia del espíritu. Esta obra, para ser comprendida en su totalidad, y más aun, en la verdad de su totalidad, apelaba al ingreso de la inteligencia y no sólo al constante decantar de las emociones. El hecho es que, más allá de sus consecuencias en el mundo de la música culta, Schöenberg había creado una manera diferente de comprender el fenómeno musical: el sonido y la idea detrás de este, asumidos como injerencia, las consecuencias de dicho acto vistas como intervención.

No puedo imaginar una sensibilización más radical y coherente de esta fractura que la constante transformación de la forma en que entendemos la música actualmente. Aunque puede asumirse como un tropiezo de concentración y una triste presunción por la extraordinaria posibilidad de estar en toda tendencia y en todo momento relevante de la realidad musical, es un hecho que los escuchas se han diversificado de tal forma que toda clasificación se ha vuelto inútil. Esto no implica que el estilo o los métodos de manufactura de una obra sean ajenos a la estructura del catálogo, mucho menos quiere decir que estén exentos de observaciones puntuales, pero nos coloca frente a la necesidad de cuestionar dichas fracturas en la atención de los escuchas. Implica preguntarnos por qué las clasificaciones son, hoy día, una estructura poco menos que inútil.

Definir un estilo musical en particular tiende hacia una convención más terrible, implica la tentación de pensarlo en términos absolutos. Sin embargo, debe aclararse que cualquier aproximación difícilmente elude una categorización de estilo, el establecimiento de un centro de gravedad o la identificación de la índole de su riqueza. Ese algo no es más que su relación con otros métodos, lecturas y mecánicas de apropiación, algo que ha transformado la noción de estilo musical en una amplia gama de fracturas estéticas que pueden partir del extrañamiento o la experiencia, pero que buscan redefinir el concepto industrializado de la producción musical.

El estilo puede negarse totalmente a una reducción racional. A veces surge por una espontaneidad impropia y hasta grosera ante aquello que parece enteramente razonable. Ningún acto del llamado american underground, surgido a mediados de los ochenta como un gesto repulsivo contra la identidad corporativa de Norteamérica, se entiende sin el conocimiento de esta negativa: todo proceso que ha transformado la música lo ha hecho mediante una lectura precisa de lo acontecido anteriormente, partiendo desde ese punto para realizar algo completamente discrepante.

Devolver la pertinencia del pensamiento respecto a estos procesos requiere de una consistencia crítica casi imposible porque el periodo en el que fabricamos herramientas y expresiones musicales se ha convertido en una abstracción difícil de encapsular, ajena a las categorías y con una capacidad impresionante para reinventarse sin mucho alarde. Dondequiera que exista una mención de lo nuevo y arriesgado, existe necesariamente una alusión, tácita o no, a aquello que no lo es. Esta relación se ha hecho cada vez más evidente debido a la proliferación no tanto de propuestas, sino de sitios para divulgarlas.

Desde la revolución protagonizada por MySpace a mediados de la década pasada, la utilización parcial o completa de los espacios destinados a la difusión de propuestas musicales ha estado saturada de una forma que cualquier criterio curatorial consideraría irresponsable. Toda clase de agrupaciones ha actuado bajo la sombrilla de este acontecimiento. Esto motivó una lenta transformación para la parte más corporativa de la industria musical. De pronto las grabaciones de estudio resultaron irrelevantes en términos monetarios, privilegiando las presentaciones en vivo, simplemente porque resultaban más rentables. Esta relación beneficia al músico y al corporativo, y en última instancia al escucha, que puede disfrutar, en mayor número de ocasiones, sus actos predilectos en vivo. Esto habría alegrado a una mentalidad como la de Benjamin, quien prefería la música en vivo a la grabada. Por supuesto, Benjamin trataba con una confección musical totalmente distinta a la nuestra. El suyo era un espacio de apropiación directamente relacionado con la música culta. La música popular, en cambio, debe gran parte de su evolución al material grabado. Bastaría recordar que la apropiación de una pieza musical, al ser realizada en vivo, abre un intervalo entre la expectativa y la emoción. Es un conocimiento que en ciertos momentos sucumbe ante la preeminencia de lo emocional o contradice valores estilísticos que apreciamos en la inteligencia. La máxima propuesta por Alex Ross, «listen» en lugar de «hear», se contraviene aquí, debido a que ningún festival de música popular va más allá de las emociones. En él, manifestaciones y estilos conviven de forma natural, pero raramente incluyen inteligencia que consiga cuestionarlos, es decir, un escucha atento.

Así, el fenómeno musical ha comenzado a decantarse por la prepotencia del espectáculo. Cada vez se realizan más festivales y se apuesta más por las giras extensas de los artistas, otorgándoles a estos menor tiempo de reflexión y desde luego, menor tiempo en el estudio. Creer que las personas escogerán la atención y la crítica sobre la vigencia y el aprovechamiento de la oferta es algo que parece ir en contra de nuestro momento histórico, en el que estilo y criterio son dos valores cada vez menos relevantes.

Uno de los atributos más interesantes de nuestra época es la transformación de la ansiedad en un efecto ordinario y común de la realidad. Necesitamos sentirnos presentes en una amplitud de situaciones y vivencias que ya no pertenecen a la suspensión del instante; sino a la consolidación de un pensamiento altamente acelerado. Por supuesto, esto no quiere decir que apreciaciones profundas y significativas no puedan suceder o desarrollarse, pero aparentemente encontrarse con ellas es sólo factible en los territorios de la atención y la pausa, no así en la incesante persecución de la tendencia.

Detengámonos ahora a pensar lo siguiente: la multiplicidad y aceleración de nuestra vida cotidiana ha transformado el entendimiento en algo más parecido a un parpadeo que a la apreciación de la luz. La información ha dejado de ser un sinónimo de conocimiento y se ha convertido en un símil de data. Para entender eso quizá baste con echar un vistazo a nuestra bandeja de entrada. Toda clase de mensajes y correos basura sobreviven ahí, a pesar de la intrascendencia y el despropósito de sus contenidos. En ellos se resguardan recuerdos, apostillas, ridículas cadenas de mensajes que nadie se atrevió a finalizar, un abrumador inventario de lo acontecido en nuestras vidas en su forma más irrisoria. Resulta imposible, para cualquiera con un razonamiento más o menos equilibrado, una revisión bien pensada de lo acontecido en esta bitácora. De manera similar, la enorme cantidad de revistas supuestamente especializadas, blogs de contenidos y páginas que procuran siempre mantener mayores argumentos para conseguir followers que una curaduría mínimamente interesante y asumida con una mentalidad crítica, han decantado en una severa falta de pensamiento en torno a la exposición continua de la cultura musical.

 

Portada 2

 

Gran parte de la música contemporánea es también un no-lugar.[1] Pasamos entre sus canciones, podemos verlas, estar dentro y luego ignorarlas. Esta música ha comenzado a petrificarse en el estado que corresponde a los edificios. De alguna manera, en nuestra apreciación empieza a superponerse una aceleración fortuita a nuestra capacidad de darle sentido al escucharla. ¿Cómo podemos entonces concentrarnos en realizar un ejercicio que la industria misma ha decidido rechazar? ¿Cómo podemos ir más allá de la tendencia y explicar nuevamente las relaciones y fracturas entre diversos estilos musicales sin caer en el angosto río de la futilidad?

Me atreveré, de alguna forma, a proponer una idea: ningún paradigma en la cultura popular ha probado ser lo suficientemente puro como para evadir el sentido de la diferencia. Y ninguna inteligencia lo suficientemente atenta encontraría algún paradigma carente de lagunas. Son estas aberturas —casos como los de blogs dedicados únicamente a la difusión de obras editadas en el pasado, como el legendario Mutant Sounds, uabab, e incluso UbuWeb— y estos síntomas —la imposibilidad del público contemporáneo para escuchar un álbum en su totalidad, por ejemplo— los que lentamente transgreden hacia un espacio de armonía donde la música puede adquirir un estilo que la torna precisa y, finalmente, le entrega una forma definitiva, tan única que es reconocible más allá del gusto o los cuestionamientos estéticos. Aunque esto suceda a una velocidad ridícula, la solución ante el deterioro de la atención y la sensibilidad parte de una noción sorprendentemente simple: Maurice Blanchot explicó alguna vez que «la lectura es un acto que exige mucha más inocencia que consideración»; lo mismo sucede con la música que escuchamos. Y esta, asumida como uno de los motores elementales de la cultura, siempre nos invita recobrar la inocencia para escucharla, inocencia que alguna vez nos impulsó a explorar un blog, comprar un disco compacto o asistir completamente emocionados a un concierto. Dichas emociones suceden cada vez con menor frecuencia, pero si nos detenemos para encontrar estas fracturas tan únicas, es probable que lleguen a constituir un valor característico de nuestra forma de escuchar, una abstracción construida a partir de la revisión y el cuestionamiento, y a la que podamos considerar genuina. Un acto, finalmente, de intervención.

 

[1]Los «no-lugares», en términos de Marc Augé, resultan ser aquellos sitios dispuestos para transición acelerada de las personas. Vías rápidas, aeropuertos, así como medios de transporte o centros comerciales. Otra forma, más asequible para entenderlos, es nominarlos simplemente como lugares de paso.


Autores
(Ciudad de México, 1989) es escritor y publicista.

El Festival Internacional Cuatro X Cuatro es un es un laboratorio de artistas y creativos fundado de manera independiente en el 2009 en la ciudad de Xalapa, Veracruz por el colectivo de arte escénico contemporáneo CUATRO X CUATRO.

Inició como un espacio de producción entre artistas, creadores, investigadores, productores, promotores, gestores y estudiantes de artes escénicas contemporáneas; y con una asistencia de más de 20,000 espectadores. Se ha formado como el punto de encuentro de diferentes creadores a nivel internacional, convirtiendo a Xalapa en un eje para las artes escénicas.

En su octava emisión, el festival tendrá lugar en dos ciudades y siete sedes: del 26 de mayo al 2 de junio en San Cristóbal de las Casas, CESMECA y Centro Cultural José López Arévalo; y en la Ciudad de México (del 5 al 12 de junio) en el Centro Cultural España, Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, Centro Cultural Border, La Cantera y Teatro El Milagro.

Dentro del festival se contará con la participación de artistas iberoamericanos, así como con la presencia de ocho compañías: cuatro nacionales y cuatro internacionales. Además, se llevarán a cabo nueve funciones, cuatro talleres, tres mesas redondas en las que se tiene como objetivo generar un tipo de discusión  en torno al quehacer escénico que no sea estéril y llevarlo a la acción.

Este festival será un sensible homenaje a Nadia Vera, quien produjo por siete años el festival y a Rubén Espinosa, exintegrante de la comunidad, para continuar difundiendo su labor y pensamiento.

CONTACTO:

WEB: cuatroxcuatro.org

FACEBOOK: festival internacional cuatro x cuatro

TWITTER: @cuatrox4danza

INSTAGRAM: cuatroxcuatro

E–MAIL: leonormaldow@gmail.com


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.

Como parte de nuestro número del agua, pedimos al fotógrafo Balam-ha’ Carrillo que se adentrara a lo que aún existe de líquido no entubado en el valle de México. En este portafolios vemos una inesperada relación del agua con los habitantes de la región más transparente.

 

 

Durante cientos de años los recursos acuíferos del valle de México han sido desperdiciados y contaminados. En la época de Tenochtitlán cuarenta y cinco ríos descendían de las montañas y volcanes para nutrir a los cinco antiguos lagos: Chalco, Xochimilco, Texcoco, San Cristóbal, Xaltocan y Zumpango. Actualmente sólo quedan el Zumpango y Xochimilco, tres manantiales y los ríos completamente contaminados o entubados.

Este trabajo fotográfico se centra en mostrar esos pequeños momentos de vida y belleza que pasan con el agua en la ciudad capital del país, desde la gente que se divierte en las fuentes del monumento a la Revolución, hasta las aves marinas que se ven en el Canal Nacional y en Xochimilco. Todas las imágenes fueron capturadas a escasos metros del ruido de los autos, donde el único flujo, también detenido, parece ser el de los carros.

Los cabellos de Ofelia ondulan como amas bajo el agua. Antes de que el vestido, a cada instante más pesado, termine de empujarla hasta el fondo del río, sus manos, que habían permanecido sujetas sobre su pecho, se desenlazan y todo su cuerpo se anemona en un vaivén apacible. El agua no tiene prisa, su tiempo no pertenece a este mundo. Dicen que si no te resistes es casi como un abrazo, el cuerpo recupera lentamente su memoria anfibia, los pulmones ya no duelen, recuerdan que el verdadero medio hostil es el aire. Ofelia se deja mecer hasta quedarse dormida, como una niña sobre el regazo de su madre.

 

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Autores
(Ciudad de México, 1984) es egresado de la Escuela Activa de Fotografía. Actualmente se dedica a su trabajo documental.

Los cruces entre literatura y música son de sobra conocidos. Hoy la música se articula a partir de procesos creativos digitales y multimedia, y la literatura, siempre expandible, es la columna vertebral y eje de este número de Tierra Adentro. Atahualpa Espinosa, Luis Arce, Bárbara González Miranda, Bartolomé Delmar, Paul Medrano y Osfabel Diteos Rendón, aproximan al lector al caos ordenado de la sinfonía popular, los gustos culpables, la alta cultura y la fama. A propósito del tema, en portada presentamos una ilustración de Juan Palomino, colaborador regular de estas páginas que recientemente obtuvo el vii Premio Internacional de Ilustración Feria de Bolonia-Fundación SM.

Como en cada número, acompaña a esta edición una crónica acerca de una convención celebrada el 14 de febrero sobre cómics y anime, una entrevista con Alejandro Magallanes que habla sobre el arte del diseño y su estrecha relación con la literatura, y una tira cómica de Rich Zella.

Cerramos con un cuento de Atenea Cruz, un ensayo de Diego Casas Fernández y poemas de Patricia Arredondo, Dominique Christina y Mariene Lufriú Rodríguez.

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Dossier

Pensar lo escuchado
Por Luis Arce
Orfeu Muracai, el duque tecnicolor
Por Bárbara González Miranda
Breves apuntes sobre «O Superman» de Laurie Anderson
Por Bartolomé Delmar
El mal gusto es mi señor, nada me faltará
Por Paul Medrano
Confesiones de un oído perverso
Por Osfabel Diteos

Crónica

Dual City
Por Luis Reséndiz

En primera persona

Alejandro Magallanes
Por Marianna Stephania

CUENTO

Un viaje
Por Atenea Cruz

ENSAYO

¿Desea guardar los cambios?
Por Diego Casas Fernández

POESÍA

Tres poemas
Por Patricia Arredondo
Cinco poemas
Por Mariene Lufriú Rodríguez
Karma
Por Dominique Christina

PORTAFOLIOS

B to B. Retratos documentales
Por Brenda Moreno

CRITICA: LIBROS

Sobre «Memorias de un hombre nuevo»
Por Eduardo de Gortari
Sobre «Mi nunca jamás»
Por Lauri García Dueñas
Sobre «Desmemoria del rey sonámbulo»
Por Rodrigo Círigo

FORMAS BREVES

¿De qué estás hecho?
Por Rich Zella


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.

Escribir poemas es tener pocas certezas. Aceptar lo indeterminado. No saber con seguridad lo que es un poema; de saberlo se llegaría a un punto muerto, el final de la carretera. Es posible, claro, guardar nociones, exigencias; cuidar que algunos elementos estén presentes en la escritura, pero tiene que quedar lugar para lo inesperado. Las poéticas que bus­can delimitar lucen desfasadas con respecto al tiempo que corre, ignoran el devenir de las sociedades y del lenguaje mismo. Se rompen la cadera y se pudren lentamente en el suelo.

Los imperativos marcan un círculo de tiza en el suelo del que escribe. Afuera está “lo que no es”, dentro “lo que sí es”. A mayor cantidad de imperativos, más pequeño será el círculo. ¿En dónde habrá más espacio para maniobrar?

Una estructura de corales. Peces amarillos rodeándola. Se mue­ven con gracia de arriba hacia abajo. Luego de observarlos por algunas horas, es posible adivinar cuáles serán sus próximos mo­vimientos. También hay peces rojos. Nadan en zigzag horizontal. Algunos brillan.

Bajando algunos kilómetros, habitan criaturas de grandes col­millos. Su apariencia es monstruosa. A diferencia de los peces que viven cerca de la superficie, su comportamiento es inespera­do (para nadie es un secreto que la luz determina la conducta de todas las especies). ¿Qué quiere decir esto acerca de la profundi­dad? ¿Qué sobre la escritura?

Lo vivo está en constante cambio. El poeta que se aleja de lo abier­to se convierte en taxidermista. Sus materiales son cadáveres.

¿Es naturaleza muerta? ¿Es decorativa? ¿Es inservible? ¿Es simi­lar a alguno de los siguientes objetos?

1. Ciruelas. 2. Flores de plástico. 3. Una concha espiral. 4. Pie­dras. 5. Un cuadro en el que un rectángulo gris y dos líneas negras representan un paisaje desolado. 6. Troncos medianos. 7. Una ca­beza de ciervo. 8. Fetos en formol.

¿Es posible que un dron haya tomado una fotografía de estos objetos cuidadosamente ordenados formando una enorme letra P sobre un terreno agreste?

La poesía no es si no es peligrosa, dice Bonnefoy. Limitarse a con­tar anécdotas, a describir estados de ánimo y a fingir que el poeta es una pira que arde arroja poemas tan peligrosos como conejos bebés. Hay que fabricar minas con el lenguaje. Elaborar estructu­ras conceptuales que luego sostengan construcciones complejas. Ensuciar las formas.

¿Traen la presencia de una ausencia? Entonces son fantasmas. Entonces gritaré cuando los vea. Sus ojos de círculo. Sus túnicas blancas. Voces. Me cierran la puerta. Me tocan los pies. Entran a mi cerebro a bailar. Cavo un hoyo en el jardín. Los guardo en una caja.

El poema no tiene que ser entendido forzosamente como un objeto monolítico, acabado, intocable. Mucho menos, creo yo, como un espacio sagrado. Me gusta pensar en él como una zona para realizar pruebas nucleares, aunque por lo general se parez­ca más a una sala de estar en la que todo está acomodado de for­ma aburrida, y el único riesgo posible es el de quedarse dormido en un sillón.

Para muchos poetas la corrección y edición del poema se tra­ta de un ejercicio de perfeccionamiento y domesticación: pulir los filos, ocultar la estructura, meter todo a la máquina de en­decasílabos, etc. La mayoría de los textos resultantes de este tipo de procesos me parece poco interesante. Tal vez se me acuse de consumidor de basura, pero prefiero siempre poemas imperfectos, ásperos, inestables. Prefiero esbozos y tachaduras. Palimpsestos.

¿Qué ocurre cuando llevamos a cabo un ejercicio de manipula­ción sobre algún poema que no es de nuestra autoría? ¿Arruina­mos o enriquecemos? ¿Destruimos o hablamos de una versión distinta a la que podríamos añadir nuestro nombre? Pound juega a ser Li Bai. Spicer a ser Lorca. Daniel Durand y Matías Heer tra­ducen al rioplatense a John Berryman. Todos ellos entendieron que el poema es potencia, posibilidad.

Un término muy utilizado en nuestros tiempos: actualización. ¿Podríamos aplicarlo a un poema? ¿Sería posible actualizar poe­mas para que recibieran dentro de sí algunos elementos que no estuvieron disponibles en el momento de su construcción?

Me comí

el polonio

que estaba

en el congelador

y que

probablemente

guardabas

para envenenarte

perdóname,

estaba delicioso

tan áspero

y frío

Alterar el poema de otro es explorar sus latencias. Poner en él una fuerza extraña.

En algunos casos, estropearlo todo.

Existe, por supuesto, la poesía fuera de la página. La poesía no escrita. Pienso en Jaap Blonk y en Arnaldo Antunes. En Ricardo Castillo. Pienso en impurezas. Poesía que en algún momento sa­lió de sus supuestos márgenes y se (re)encontró con materiales y medios que en apariencia le correspondían a otras disciplinas (experimentación visual, vuelta a la oralidad y al movimiento, apertura a los recursos tecnológicos). Los que busquen sólo be­lleza en su sentido más convencional es posible que no queden satisfechos. Los que busquen fuerza, extrañamiento y densidad tendrán más posibilidades.

Una pesadilla:

Me doy cuenta de que efectivamente la poesía se trata de una forma estática —y armoniosa— cuyo único objetivo es alcanzar lo bello y lo sublime. Entonces la mando a la mierda y declaro mi amor a la no-poesía. Gnomos de jardín eléctricos emitiendo sonidos guturales: no-poesía. Cráneos animales atados entre sí con hilos de seda: no-poesía. Estructuras metálicas gigantes que cambian de color siguiendo los patrones rítmicos ocultos en los Cantos de Pound: no-poesía. La no-poesía es al comienzo algo marginal, pero conforme pasan los años surgen miles de no-poetas que invaden las calles con sus artefactos y sus representaciones delirantes. Incluso un armadillo en un zoológico de Inglaterra hace no-poesía. Decido entonces escribir sonetos.

Midiendo

El libro del polvo habla del polvo verde, infinitesimal en las frondas de los helechos, la luz desperdigada de una vela, en la luz moteada intermitentes los cuerpos, reunidos en la luz solar, una cama de tarde cuya costura es el trabajo de ser, cómo cuando volteaste tus ojos sugirieron economías personales conocidas fuera de las palabras. Atrapada en el tiempo esta historia es un guiño al futuro cuyo pasado sigue reflejando cómo los orfebres que martillan oro y enhebran plata en la antigua Florencia habrían interrumpido su trabajo para fijarse en nuestros ojos incandescentes mientras pasábamos bajo su ventana.

Rasgo

Tu techo, cubierto de plumas de pájaros extraños, extintos en el catálogo, tu suelo de cristal y plomo, nunca hollado por pies, los ojos entran al mundo, caja de destellos y cordón, sombras en vez de significado en la oscuridad con ventanas –quién sabe dónde hará su nido el cisne imaginado si, avanzada la tarde, el sauce junto al cornejo se inclina hacia el hombre que se sienta en el pasto anegado y se pregunta qué significa tendedero en un siglo nuevo como la renuncia– carta vacía, sábana pálida donde la luz del sol desgarra la prisión acuosa de la tarde no eres un rasgo o una referencia, ni una bitácora al viento, eres el veneno en el trébol el despegue y el aterrizaje aquí, donde encontré tu respiración.

 

*Traducción por Aurelia Cortés Peyron


Autores
(Estados Unidos, 1952) es directora del programa de Escritura Creativa de San Francisco State Univesity. Editora de la revista New American Writing junto con Paul Hoover. Autora de seis obras de ficción y catorce libros de poesía, su poemario más reciente es Here (Counterpath Press, 2013). Fue ganadora del premio pen de traducción (2009) y acreedora de una beca del National Endowment for the Arts Fellowship en el área de poesía (2013).

dibujé un insecto en el suelo yo dibujé su pico y la parrilla de nieve dibujé joroba-piernas-ancla-tablero se movió dibujé insectos en el suelo y me miraron me llevaron a través del suelo porque ellos me aman miles

tengo poca confianza en mi pa un marinero él tenía verdaderos insectos en su piso su Hoover se rompió hace años él no tenía confianza

Mi ma limpia insectos de la pared no lo hace pero debería está en deuda hay fuerza en los números

soy un burro Mis padres fueron porno mis abuelos se bajaron en los basureros Thar perdió su dinero en parrillas de nieve y puños descubiertos si no estoy enferma dentro de la cerámica quién lo estará Mis padres son parrillas de nieve

un hombre hace a un hombre libertino cantar gastó todo su dinero en mujeres que bebían ginebra su sombrero botas abrigo tenían cañerías el alegre alegre bill es un océano sin descanso ¿Qué es lo que quiere ese hombre? cada año que es Essex olvido por qué las mujeres beben ginebra ella cosió su miserable diario en una almohada

¿pueden cobrar? ¿pueden cobrar? ¿pueden cobrar? ¿pueden cobrar? ¿pueden cobrar? ¿pueden cobrar? ¿pueden cobrar?

Un diagrama por un nuevo escritorio es un nivel de mejora y optimismo y cerámica con lo que me siento cómoda

por hacer/hacer

obra de acción performativa que sirve como performance de algún tipo de ciencia o arte también el performance de los signos que han dejado de hacer una operación para trabajar y laborar parámetros y entran en efecto al actuar para provocar una acción que en efecto es una ópera trabaja tu trabajo los sentidos quirúrgicos detienen una serie de movimientos y los sentidos militares una serie de movimientos y actos especialmente musicales trabajar fabrajar fregar trabajar talachear entrarle buscar aire versión social surge versión surgida seriamente trabajar a mano hecho a mano trabajando ahí y luego seguir para demandar mandar manar mano non mamón mona a una persona permanente que presione duro presione para evitar duro esta vez trabajar trabar tras traba tralala realizado por todos o por una sola persona cansada que intenta apretarnos seguro de presionar duro apretar para llegar al trabajo bajo traba rata rota que aprieta prieta pri pi presiona duro para obligar a trabajar jara araba ja-traba-baja-tra actividad ergo orgía órgano herramienta para ver amarrar asegurar exprimir vargas braga verga enemigo vra-bo vircan trabajo vitra vitros cazar vircan trabajo entran en efecto presionada por el trabajo urgente especialmente musical durante el trabajo y la labor y la presión unción excreción algo de trabajo producido en ejercicios extensos practicados para fabricar fabricar el poder en tal ópera trabajo por hacer con toda la potencia para hacer y hacer una ópera de 30 horas.

 

 

*Traducción por Rocío Cerón


Autores
(Colchester, Inglaterra, 1982) es poeta sonora e investigadora. Su trabajo experimenta con frecuencias del discurso, la canción y el ruido articulado. Fue escritora en residencia durante la dOCUMENTA (13).

Never tear us apart

El café de madrugada, de fondo INXS interpreta Never tear us apart, en tu viejo tocadiscos. ¿Quién le contó a esa canción sobre lo nuestro? Todavía huele a otoño, y a ti. La vida me mira por la ventana está nublado, nada se mueve, esta ciudad nunca tiembla, yo tiemblo a diario. Nada sucede. Nada calienta, en esta cama donde antes nos cabía todo el verano. Despiertas, como si nada y miras la vida por la ventana, Sé que no te quedarás. Sabes que no te detendré. Sal de mi vida si quieres, pero te advierto que afuera es invierno, y hace frío.

Tregua

No volver a preguntar. El día transcurre sin canción, he abierto las ventanas y el sol acaricia mi nostalgia. Tengo un libro nuevo. Afuera el viento vuela palabras viejas. Madre traerá la comida. Saboreo el café. Pienso en Victoria, y sonrío. La memoria me ha hecho una tregua.


Autores
(San Luis Potosí, México,1982) actualmente imparte la asignatura de Literatura infantil y creación literaria en la Benemérita y Centenaria Escuela Normal del Estado de S.L.P., además de desempeñarse como Directora Académica y es integrante del Cuerpo Académico.